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¿Una nueva feminidad?

Francesc Torralba Roselló Preparar para imprimir Enviar por correo

¿Una nueva feminidad?

Contra la teoría de género, hay algo esencial en el ser de la mujer y en el ser del hombre que nunca jamás se puede borrar o transformar

La teoría de género puede ser considerada, sin duda, una de las aportaciones más novedosas y más discutibles a las ciencias sociales de las últimas décadas. Si bien la teoría de género es fruto del pensamiento feminista, no debe confundirse con éste, puesto que no se trata de una teoría sobre las mujeres sino que aborda la construcción identitaria de las personas al utilizar la palabra género en contraposición a sexo.

Según esta teoría, el género es una construcción cultural a la que se adscriben roles sociales, aptitudes y actitudes a las personas en función de su sexo biológico. Podemos llegar a decir, por tanto, que hombres y mujeres se desarrollan simultáneamente: se llega a ser hombre o mujer a lo largo de todo un proceso en el cual intervienen agentes socializantes como la familia, la escuela y otras instituciones sociales.
En nuestra cultura se han considerado tradicionalmente mujeres y hombres con características distintas e incluso opuestas, lo que ha generado creencias sobre lo que es femenino y masculino que sólo recientemente se han empezado a cuestionar.

Estas creencias o estereotipos tradicionales adscriben a la mujer ciertos valores y cualidades tales como la pasividad, paciencia, abnegación, ternura, sensibilidad, acción orientada a la familia, emotividad. Por el contrario, en el caso del varón el modelo tradicional le otorga las siguientes cualidades: racional, capaz de ejercer el control sobre su entorno medioambiental y social extradoméstico, amplia movilidad por el espacio público, independiente, egocéntrico, agresivo, sexuado, activo, dominador y con gran capacidad para ejercer autoridad y poder.

Para algunos autores como el sociólogo Parsons, encontraríamos dos tipos de roles de género definidos institucionalmente, a saber: el rol instrumental y el rol expresivo. El rol masculino o instrumental estaría definido por características como la productividad, la eficacia, la inhibición de emociones, la actuación en busca del interés personal, la evaluación de los demás a partir de su rendimiento y la utilización de los demás como un medio y no como un fin en sí mismo.
El rol femenino o expresivo, por el contrario, se definiría por la búsqueda de integración, la realización emocional, la cohesión de grupo, la estabilidad, la consideración del interés colectivo, la evaluación de los demás a partir de sus cualidades personales y la aceptación del otro como un fin en sí mismo y no como un medio. Según Parsons estos roles deben estar bien diferenciados para asegurar la propia supervivencia del sistema social.
Sin embargo, desde hace unas décadas y sobre todo en el momento actual, aparece un nuevo modelo de feminidad, más vinculado al estereotipo de transgresora y que representa un valor en alza debido a su compatibilidad con las necesidades del mercado y del capital, que precisa incorporar mujeres como mano de obra de mercancía y como consumo. Esta nueva mujer se caracteriza por otras cualidades: ser independiente, tomar la iniciativa y dirigir su vida, combinar belleza con inteligencia y orientar la acción según sus propios intereses.
La cuestión que uno se formula es si este nuevo modelo de feminidad resulta real y auténticamente expresivo de lo que es la feminidad o, simplemente, es la elaboración de otro tópico que, posteriormente, será también barrido.

El primer feminismo, el de Simone de Beauvoir y otras, convirtieron a la mujer en una especie de hombre amputado. El feminismo de segunda generación, el que se está articulando hoy, muy unido a la sensibilidad ecológica, explora de nuevo la esencia de la feminidad y descubre elementos genuinos en el ser de la mujer que no responden a estímulos educativos y culturales. Quizás porque, contra la teoría de género, hay algo esencial en el ser de la mujer y en el ser del hombre que nunca jamás se puede borrar o transformar. Vamos por buen camino.

FEMINISMO DE GÉNERO

FEMINISMO DE GÉNERO (FG)

Eugenio Dorao Herrero


El Feminismo de Género (FG) es una Ideología dogmática creada y promocionada por la Fundación Ford con el diseño y apoyo financiero del primer curso de Women´s Studies en la Universidad de San Diego (California) en Septiembre de 1969 e implantada desde la Universidad USA a través de “nuevas disciplinas” cómo los Women´s Studies con los grandes recursos de las Fundaciones Filantrópicas Americanas ( la citada Fundación , el “Conseill of Foundations”, etc.)


Esta teoría se basa en la deconstrucción de las estructuras “patriarcales” (familia, religión, ciencia, lenguaje), entendidas como meras “construcciones sociales”.En la relación heterosexual es atribuida a la mujer una “superioridad moral” frente al hombre, y un carácter de “víctima” debido a la “opresión patriarcal” e histórica de la masculinidad. La palabra “Género” define los “roles masculino o femenino” con posibilidad social de cambio”. “Sexo” sería sin embargo una simple diferencia morfológica. Las principales autoras del FG identifican relación heterosexual con violación, llegando a afirmar del lesbianismo que es la condición natural de la mujer.


Una de sus reivindicaciones es la de entender el aborto -matar al propio hijo- como el “Derecho de la Mujer a la Salud Reproductiva “, en relación con las políticas eugenésicas. Su máxima teórica fue la enfermera Margaret Sanger , fundadora en 1915 de la primera clínica abortista de USA, de la revista “eugenesic” y de la fundación de la Liga Americana de la Planificación Familiar , germen de lo que sería la “Internacional Planeed Parenthood Federation” (IPPF) de la que sería su primera presidenta. Actualmente la IPPF es una pieza clave del “Lobby de Mujeres”, de gran influencia en Naciones Unidas, la Unión Europea , el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.
Henry Ford, fundó en 1936 la Ford Foundation , apoyada por otras como la Rockefeller Foundation , la Carnegie Foundation , la Turner Foundation , la McArthur Foundation , la Bill y Melinda Gates Foundation y George Soros Foundation, todas ellas vinculadas a la cultura hipercapitalista americana y estrechamente relacionadas entre si. La Fundación Ford , en especial a partir del año 1947, fue utilizada como “Fachada Filantrópica de la CIA “, en palabras del profesor James Petras. Los altos cargos de la CIA eran compatibles con altos cargos en la Fundación Ford. Documentos desclasificados de la CIA prueban su relación con la imposición de la política imperialista americana en el mundo, actuando bajo las directrices de la CIA , y con el apoyo de instituciones públicas de la política exterior de USA, tales cómo el CFR (”Conseil of Foreing Relations”) el USAID (Cooperación Exterior) y el NED (Nacional Endowemt for Democracy). La Fundacion Ford financia con becas más de 1000 proyectos de los cuales unos 550 se basan en el apoyo directo y específico a movimientos Feministas de Género y prohomosexualidad. La indú Irene Kahn (presidenta de Amnistía Internacional) y Kofi Annan (Presidente de Naciones Unidas) realizaron sus estudios con becas de la Fundación Ford. En su promoción del Tribunal Penal Internacional, fundó la Coalition for The International Criminal Court, en la que participa junto a la Palanethood Foundation , John D. and Catherine T. MacArthur Foundation y que ha sido apoyada con importantes recursos por el Open Society Institute (G.Soros), Fundación Palanethood, Paul and Daisy Soros Foundation, Reebok Foundation y Third Millennium Foundation.


La periodista Gloria Steinman es la Feminista de Género que más ha promocionado dicha ideología en los Medios de Comunicación controlados por Estados Unidos (CNN, New York Times). Fue cofundadora en 1971 del NWPC National Women’s Polític Caucus (con el apoyo financiero de la Fundación Ford ) y de la revista Ms (la más antigua y primera revista del Feminismo de Género).


Actualmente España se ha convertido en el líder mundial de las Políticas de Género, con la aprobación en 2004 de la denominada “Ley de Violencia de Género” al discriminar negativamente al hombre ante la ley por su exclusiva razón de sexo.


El nuevo sexo discriminado

El nuevo sexo discriminado
(Por: Aceprensa / Mercatornet.com, 2008-05-09)

Barbara Kay es una conocida comentarista del National Pos, uno de los principales diarios de Canadá. En una reciente conferencia en la McGill University, resumida aquí, subrayó la necesidad de superar el viejo feminismo de la confrontación con los hombres1.

Kay comenzó contando algunas experiencias vitales que enmarcan sus ideas. En primer lugar, habló de su padre, hombre carismático y emprendedor que, tras haber sufrido extrema penuria en su juventud, estaba obsesionado con dar seguridad económica a su mujer y a sus tres hijas. Su vida de trabajo extenuante le llevó a una muerte prematura. Kay dice que su padre fue un héroe para ella, y que en su vida ha conocido otros hombres magníficos, entre los que cuenta a su marido, con el que lleva casada 42 años, a su hijo y a su yerno.

Así, dice, “estoy bien dispuesta hacia los hombres, a no ser que vea buenas razones en contra”. Su experiencia le ha permitido comprobar que “los hombres normales, psicológicamente sanos, educados en una sociedad respetuosa de las mujeres, como la canadiense, en su relación con las mujeres se rigen por el instinto de protegerlas, no de hacerles daño”.

El segundo elemento biográfico que menciona Kay es su condición de judía. “Crecí en una época de creciente aceptación de los judíos como iguales en la sociedad, consecuencia directa del movimiento mundial de compasión hacia los judíos tras el Holocausto”. La historia del pueblo judío inspiró a Kay una “desconfianza instintiva hacia cualquier grupo –ya sea una raza, una etnia, una religión o un sexo– que recurre a planteamientos maniqueos y usa a una colectividad entera de chivo emisario para explicar los fracasos de sus propios miembros”.

En las últimas décadas, Kay ha observado un cambio. Antes el ambiente era favorable a la diversidad intelectual y empezaba a serlo también a las mujeres. La época actual, dice, se ha vuelto desfavorable a la diversidad intelectual y no muy favorable a los hombres no homosexuales, pero extraordinariamente favorable a las mujeres. De todos esos nuevos fenómenos escribe en el National Post desde el año 2000.

Libertinaje

Al principio se ocupó a menudo de la “moda de la chica mala”. Escribió, por ejemplo, un artículo sobre la aparición de niñas vestidas de manera provocativa, como si fueran show girls de Las Vegas, con el consentimiento y aun el estímulo de sus madres; más tarde, publicó otro sobre mujeres educadas en universidades de elite que ponían en marcha revistas pornográficas; también unos cuantos sobre la degradante promiscuidad sexual. En esos artículos sostenía que “lo que para las mujeres comenzó como liberación sexual había degenerado en un libertinaje sexual irresponsable y adormecedor de la intimidad, que constituía una tendencia insana para las mujeres y para la sociedad”.

Para Kay, este fenómeno tuvo su icono cinematográfico en El diario de Bridget Jones, que supuestamente era una puesta al día de Orgullo y prejuicio. Pero mientras en la novela de Jane Austen “Elizabeth Bennet, gracias a su marcada personalidad, su integridad y su inteligencia, cautiva el corazón del estirado y cortés Mr. Darcy”, Bridget Jones es “una zángana impulsiva, fumadora empedernida, que no da muestra de inteligencia ni de comprensión de la naturaleza humana, totalmente volcada al sexo y disponible para cualquier hombre de buena apariencia que se cruza en su camino”.

Curiosamente, anota Kay, el Mark Darcy de la película es una fiel recreación del Mr. Fitzwilliam Darcy de Austen: un hombre inteligente, refinado, de buen gusto, discreto y templado. Por eso la película es inverosímil, pues en la vida real un hombre así no tomaría en serio a una joven como Bridget. De modo que la película, comenta Kay, “ilustra una extraña diferencia de géneros en materia de modelos morales, pues el caballero sigue siendo un caballero, pero la dama se ha convertido en una golfa”.

Feminismo y demografía

Después Kay se interesó para sus artículos en “las dramáticas consecuencias demográficas del feminismo”. “Las feministas promovieron la igualdad con los hombres en materia de carrera profesional y fomentaron la experimentación sexual, en vez de alentar a comprometerse joven y ser fiel; a consecuencia de todo eso, las mujeres tienen menos hijos y más tarde, y muchas no tienen ninguno”.

Ahora no pocas mujeres descubren que les gustaría tener hijos, pero se dan cuenta cuando ya es demasiado tarde. “Ni las clases de Estudios sobre la Mujer ni las comentaristas feministas les avisaron que la fertilidad alcanza su máximo en torno a los 25 años, ni que los embarazos a edad tardía entrañan más riesgo, ni que los abortos provocados aumentan la probabilidad de partos prematuros en embarazos posteriores”.

“El aborto es ahora tan común aquí que se ha convertido en el último recurso para el control de la natalidad. En los últimos diez años, la tasa de abortos en Quebec casi se ha multiplicado por dos: el 16% de los embarazos en 1998, el 30% hoy. No hace falta ser un cristiano fervoroso para considerar preocupante ese dato”.

De la misoginia a la misandria

Kay también se ha interesado por las consecuencias del feminismo en los hombres. Una de ellas es la extensión de la misandria o aversión a los hombres (la actitud inversa a la misoginia; la misantropía, como aclara la propia Kay, es la aversión al trato humano), que “hoy está arraigada en nuestro discurso público, en nuestro sistema educativo y en los servicios sociales”. Sin embargo, “la misandria no es detectada por la mayor parte de nosotros, porque nos hemos amoldado a aceptar teorías que no tienen nada que ver con la realidad, así como al lenguaje que acompaña a esa tendencia”.

Podemos ver un ejemplo de la misandria dominante, dice Kay, en el favoritismo hacia la mujer que se ha asentado en el derecho de familia. “La misandria en el derecho de familia es fruto de una ideología que considera a los niños como propiedad de las mujeres, pese a que muchos estudios muestran que los niños quieren y necesitan a sus dos progenitores, y ni uno solo permite concluir que sea beneficioso para el niño estar a cargo de la madre sola”.

Pero hoy, en las causas matrimoniales, cuando no hay acuerdo sobre la custodia de los hijos, en el 90% de los casos los jueces la conceden exclusivamente a la mujer, por mediocre madre que sea ella y por buen padre que sea él, y aunque el resultado sea que los niños pasen el día entero al cuidado de canguros o en la guardería. También, dice Kay, ella puede acusarlo falsamente de conducta violenta para que le prohíban acercarse a sus hijos, pues “sin necesidad de pruebas, cualquier denuncia o aun simple expresión de temor de malos tratos por parte de una mujer provocará la actuación inmediata de la policía y de los tribunales, sin que el hombre pueda defenderse”. O si ella impide al padre ejercer el derecho de visita, nunca será castigada.

A la inversa, si él deja de pasar la pensión, aunque se haya quedado sin trabajo y no tenga más recursos para pagar, será condenado, y si va a la cárcel, como muy bien puede suceder, cumplirá una condena más larga que un traficante de cocaína.

“Y sin embargo, todos los estudios sociológicos dignos de crédito que se conocen muestran sin lugar a dudas que si existe un indicador seguro de éxito en la vida adulta, es la presencia del padre desde que el niño o la niña tiene edad bastante para salir a la calle. Si existe un indicador seguro de fracaso (abandono de los estudios, drogas, promiscuidad, delincuencia), no es la pobreza: es la ausencia del padre en la última fase de la infancia y en la adolescencia”.

Kay concluye recordando una frase de Oscar Wilde: “Hace cien años, el amor homosexual era el amor que no se atrevía a decir su nombre. Hoy el amor homosexual ruge, y es la virilidad la que susurra en las sombras. (…) No necesitamos silenciar las voces de los hombres para que se oigan las de las mujeres. Necesitamos más conversación y menos monólogo. (…) El humanismo lleva al respeto y a la confianza entre los sexos. Y la colaboración entre los sexos lleva al ‘dorado árbol de la vida’ [Goethe] que todos debemos esforzarnos por alcanzar: una sociedad sana”.

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(1) La versión original íntegra está disponible en MercatorNet

http://www.mujernueva.org/articulos/articulo.phtml?id=7216&td=0&tse=ANA