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“ES ASÍ”

La lucha por tener razón es uno de los mecanismos que, desde mi punto de vista, tenemos más arraigados los seres humanos. Aparece en muchas de las conversaciones cotidianas. Y, si profundizamos en él, podremos tener acceso a una de las raíces de los grandes desencuentros entre los seres humanos: la incomunicación, las peleas, los conflictos, la discriminación, el etnocentrismo, el autoritarismo, la descalificación y, en parte también, la violencia.

Cuando estamos segur@s respecto de algo – una idea, un hecho, una interpretación -solemos convencernos de que las cosas son de una determinada manera y no de otra. Decimos “Esto es así” y, de manera consciente o no, comienza un particular mecanismo de comunicación, que se transforma, en definitiva, en una particular forma de ser.

La manera de defender nuestras certezas varía entre matices de mayor o menor rigidez. Aceptamos que pueden existir otros puntos de vista o los rechazamos. Entramos en un juego por tener razón. El principal objetivo es “ganar la batalla”, que la otra persona reconozca que está equivocada y que nuestra certeza, y nosotr@s mism@s, salgamos triunfantes.

¿Qué decimos cuando remarcamos que las cosas son de una determinada manera y no de otra? Decimos, entre otras cosas: “Mi punto de vista es el único válido”, “Lo que digo yo es la verdad”. “L@s otr@s están equivocados”. Este “Es así” que parece una frase “simple”, trae aparejadas consecuencias, que hacen no sólo a nuestra comunicación y a nuestra convivencia, sino también a la forma en la cual cada persona vive su vida. Y en lo social, hace al tipo de sociedad que vivimos.

Sostiene Humberto Maturana en su libro “La objetividad, un argumento para obligar” que la cuestión central que la humanidad enfrenta hoy en día es la pregunta acerca de lo que es la realidad o la verdad, independientemente de si estamos enterados o no de ello. Y agrega que, la respuesta que cada uno de nosotros le da a la pregunta por la realidad, determina cómo vivimos nuestra vida, así como nuestra aceptación o rechazo de otros seres humanos en la red de sistemas sociales que integramos.

Si decimos “esto es así” le estamos dando supremo valor a nuestra realidad, por encima de todo, por encima de cualquier diferencia, y sin importar otra opinión. Pero ya vimos: hay tantas observaciones de la realidad como personas. Cada persona la observa con su propia experiencia de vida. Y esto es lo más difícil de aceptar.

Tendemos a defender la idea de la “realidad” o “la verdad” con carne y uña, con toda nuestra emoción, con nuestro cuerpo. Como si al no tener este sustento, nuestro mundo se fuera a derrumbar por completo. Y de hecho, cuando cuestionamos que nuestra realidad puede ser una más, de las tantas observables, nuestro mundo tiende a tambalear. Y se requiere quizás una cuota de valentía y humildad para aceptarlo.

Cuando defendemos nuestra certeza, no sólo estamos negando otros puntos de vista, estamos negando al otro. No es un juego de palabras. Negando sus ideas, lo negamos como persona.

Dice Rafael Echeverría, autor de Ontología del Lenguaje: “el que se cree poseedor de la verdad tiende a despreciar al que piensa distinto, tiende a descalificarlo, tiende a invalidarlo y solamente cuando sospechamos que ninguno en este mundo es poseedor de la verdad, podemos tratarnos, mirarnos a la cara y convivir juntos desde el respeto.”

Varios autores, y nuevas teorías sostienen que la verdad como tal no existe. Al decir de Echeverría, “la verdad es un recurso que hemos inventado, pero en rigor sólo tenemos interpretaciones, interpretaciones que cambian con el tiempo como todo cambia. Incluso las respuestas que teníamos hechas, luego, descubrimos que eran insuficientes, que tenían errores”.

¿Qué ocurre cuando peleamos por esta Verdad? Confrontamos con el que plantea una opción diferente a la nuestra, creemos que la nuestra está por encima, que es la mejor, en algunos casos no aceptamos otro punto de vista, lo negamos, lo destruimos, lo censuramos. Todo esto puede ir acompañado o no de violencia física. Pero sin lugar a duda, se trata igual de un tipo particular de violencia. Al negar a otro ser humano estamos ejerciendo violencia sobre él, discriminación, “negación del otro como un legítimo otro”(como cita Maturana).

¿Se puede salir de este mecanismo? ¿Cómo salimos de él? ¿Cuál sería una opción a este juego de pelear por tener razón?

Si aceptamos que puede existir una múltiple cantidad de realidades – nuevamente citando a Maturana- un “multiverso”, en lugar de un “universo” estamos avanzando en el camino a la pluralidad.

Si “a la verdad, oponemos la noción de observador, somos observadores distintos, ninguno es poseedor de la verdad, sólo tenemos interpretaciones de acuerdo al tipo de observador que somos y la pregunta frente a las interpretaciones no es cuál es la verdadera, sino cuál es la que nos permite vivir mejor, ser más efectivo, tener vidas más satisfactorias, establecer modalidades de convivencias más armónicas. Y a la razón, oponemos el lenguaje y de ahí emerge la noción de conversación. Y decimos, si queremos entender cómo los seres humanos somos, preguntémonos por la forma como conversamos, nuestras conversaciones nos constituyen, somos nuestras conversaciones, yo soy y tengo la vida que tengo de acuerdo a como converso con los demás y como converso conmigo mismo, mi forma particular de ser, lo que llamo mi alma, cada uno tiene una forma particular de ser y, por tanto, en particular un alma, que está constituida de manera fundamental por nuestras conversaciones” ( Conferencia de Rafael Echeverría).

Si aceptamos que existen tantas realidades como personas, podemos aceptar otros puntos de vista, aún cuando no los compartamos. La lucha no sería por vencer al otro. El camino sería encontrar los puntos de acuerdo, y ver cómo transitarlo respetando las diferencias. Sin anular al otro, sin que el otro me anule a mí.

Aceptar a las demás personas, saber que tod@s somos iguales, que todas nuestras ideas son legítimas, respetarnos, convivir pacíficamente, escucharnos. Igualdad, mecanismos dialogados para enfrentar los conflictos, comunicación amplia, son alguna de las alternativas a la pelea por tener razón. Quizás, motivos más que cotizados, como para intentar esta elección.

Sólo requiere una profunda reflexión, convertirnos en diferentes observadores, aceptar las diferencias y abrirnos a un cambio.

Nuestra convivencia con nosotr@s mism@s y con l@s demás, sin duda, logrará una profunda transformación y se verá beneficiada.

Hasta la próxima!

Laura



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