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Violencia y Comunicación en la Convivencia Cotidiana (segunda parte)

Aquello que “detona” la violencia parte de una conversación con nosotros mismos, de nuestro pensamiento, de lo que nos decimos respecto de nosotros mismos o de algo, o alguien. Esto íntimamente relacionado con otros dos factores: un estado emocional que nos impide evaluar opciones y nos predetermina a accionar de esa manera. Y además, una respuesta física que se corresponde tanto con la conversación como con la emoción.

Pero, si no es genético y se aprende, ¿Dónde se aprende? Aprendemos la violencia en nuestra convivencia cotidiana. Los seres humanos vamos conformando desde que nacemos nuestra forma de actuar y nuestro propio marco de interpretaciones referido a todo cuanto nos rodea. Lo hacemos a partir de nuestro hogar, nuestra familia, de nuestra sociedad, de nuestra escuela. Hasta lo conformamos a partir de los programas de televisión y de los estereotipos que aparecen en determinada época. Todo esto, en una compleja trama que nos lleva a “ser quienes somos”.

En un sentido amplio, cuando manifestamos la violencia respecto de nosotros mismos podemos hablar de acciones que tienden a la autodestrucción, adicción, desvalorización con conductas destructivas. Si es hacia los demás: desvalorización del otro, discriminación, amenaza, agresividad, y por supuesto violencia física, entre otras.

¿Cómo se manifiesta la violencia en la comunicación? De variadas maneras. Hay comunicación violenta cuando discriminamos por cualquier criterio, racial, religioso, de género, por cuestiones de clase social, o de estatus, de estereotipo de belleza, por cuestiones físicas, de edad o políticas. A partir de la discriminación generamos maneras de actuar frente a la persona discriminada y establecemos con ella un tipo de relación particular. Usted me dirá: “pero eso es sólo una expresión”. Las expresiones, las palabras generan una realidad. Cuando discriminamos negamos al otro, a otro ser humano que es distinto a uno. Al negarlo, estamos generando diferentes grados de violencia. ¿Qué le ocurre a usted cuando lo/la discriminan?

Generamos violencia también cuando negamos los sentimientos del otro, cuando no escuchamos lo que tiene para expresar, cuando nos creemos superiores, cuando descalificamos y juzgamos, y a partir de allí le negamos posibilidades. Cuando nos burlamos del otro en su ser, cuando abusamos de nuestra autoridad, de nuestra posición social, cuando no aceptamos al otro, cuando faltamos el respeto, cuando exigimos una determinada conducta, en lugar de hacer pedidos. Cuando creemos que tenemos razón y descalificamos al otro diciendo que no la tiene y cerramos el diálogo. Cuando negamos que la otra persona tiene sus propias necesidades y ponemos las nuestras por encima a cualquier precio. Esta violencia que se genera a partir de la comunicación en un aspecto individual, también se extiende a los grupos de personas. En todos los ámbitos que se le ocurra pensar, hasta en el político y el social.

Hay diferentes formas y diferentes grados de violencia que aparecen en nuestra comunicación cotidiana, que predisponen a un estado emocional específico – incluyo sentimientos, emociones, estados de ánimo-. Si me refiero a alguien a quien siento como superior o inferior, esto me produce un determinado sentimiento o emoción a partir del cual actúo, generalmente con alguna manifestación física desproporcionada. Se vive en una permanente tensión respecto a esa persona, en permanente conflicto, aún cuando éste sea sólo “interno”. La palabra, los estados emocionales y el cuerpo tienen una inseparable relación en el ser humano, en una coherencia de la cual iremos hablando en futuras notas. Todas se retroalimentan en “escaladas” ascendentes, por lo que el conflicto es cada vez mayor. Si éste no se trabaja, puede detonar hacia acciones violentas, en algunas personas, tanto por quien discrimina, niega, abusa, burla como por quien es discriminado, negado, abusado, burlado.

Usted me dirá ¿cómo “desaprendemos” la violencia? ¿Se puede “desaprender”?¿No debería desaprenderla sólo el violento? La persona que es violenta necesita hacer un profundo trabajo terapéutico con profesionales que lo ayuden a desaprender su conducta y desarticular su enojo y su agresividad. La persona que recibe la violencia de manera habitual o esporádica debe pedir urgentemente auxilio a personas que la ayuden a salir de ese entorno y también a aprender nuevas conductas que le impidan aceptar la violencia nuevamente para ellas. En ambos casos se debe encarar una acción concreta, ya que la violencia no desaparece sola.

En relación con la comunicación violenta, el cambio y el aprendizaje son necesarios. Muchas veces creemos que este “ser quien somos” es inmodificable. Y no nos damos cuenta que tenemos la posibilidad de ir aprendiendo, a lo largo de nuestras vidas, formas de ser diferentes, cuando la que “somos” nos destruye o destruye a otros, o no nos ayuda a lograr lo que queremos o en definitiva no nos deja ser felices. A partir de nuestra comunicación creamos nuestra vida. Podemos crear una vida con armonía o contribuir a la generación de más violencia. Todo cambio proviene de uno mismo y cada uno de nosotros es responsable de hacerlo. Confío en que, comenzando por nosotros, podremos multiplicar estos cambios hacia los demás y crear juntos, formas no violentas de relacionarnos.