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VIOLENCIA 2: YA NO HABLEMOS, CAMBIEMOS

La violencia aparece. Está. Nos atrapa. Nos busca. Nos mata. Nos hiere. Nos destruye. La creamos. Nos crea. Nos envuelve. Nos confunde. Estalla. Disminuye. Emerge. Explota. Desangra. Se oculta. Se invisibiliza. Se esconde. Se tapa. La aprendemos. La desaprendemos. Nos vence. La vencemos. Nos violenta. La apaciguamos.

Somos testigos, víctimas o victimari@s. Es física, es psicológica, es sexual. Es social. Es individual…

Y hablamos… seguimos hablando de ella, sin que hacerlo signifique un cambio. Este post es uno más, con palabras que no lograrán cambios. Lo digo igualmente con la esperanza de que en algún momento hagamos algo más que hablar de cambios y simplemente, cambiemos.

Decía en uno de mis primeros post: “ La violencia no existe ni en nuestros genes, ni en nuestro cerebro. Creer que es algo instintivo o, por el contrario, creer que se debe exclusivamente a factores externos, tales como el alcohol o la droga, hace que nos desentendamos de observar las causas y nos aleja de la posibilidad de encontrar respuestas diferentes. Innumerables teorías coinciden en que la violencia es un comportamiento aprendido, un hacer reiterado que no es cuestionado. No se “es” violento por naturaleza, si fuera así ya nos hubiéramos destruido entre todos los seres humanos. La violencia es una forma de acción y de reacción aprendida, tomada como normal o habitual; unida a estados emocionales que no encuentran un cauce y “estallan”. Existe en nuestra conducta, en nuestra acción, en nuestras maneras de interpretar el mundo que vivimos, en nuestra comunicación.

http://blogsdelagente.com/comunicandonos/2008/4/22/comunicacion-y-violencia-la-convivencia-cotidiana

Dice Johan Galtung, especialista en temas de paz que “El potencial para la violencia, así como para el amor, son propios de la naturaleza humana; pero las circunstancias condicionan la realización de dicho potencial”

La violencia no está en nuestra biología sino en nuestra cultura. Aprendemos de nuestra sociedad, nuestra educación, la familia, los medios de comunicación…y es allí donde debemos abordarla.

El violento se hace” afirma José Sanmartín, catedrático de la Universidad de Valencia, director del Centro Reina Sofía.

¿ Pero qué es la violencia? La definición depende de la cultura, del país, de la sociedad. Lo que en algunas es un hecho violento, en otras no lo es. Asimismo, ha evolucionado con el tiempo. Se coincide que se trata de un acto (u omisión) voluntario que causa o puede causar un daño.

Existen distintos tipos de violencia, conforme la teoría que se aplique para explicarla. Una de ellas, la de Arun Gandhi, nieto del Mahatma remarca “ la necesidad de comprender la multiplicidad de formas en las cuales los seres humanos practicamos la violencia. Además de la violencia física – guerras, matanzas, golpizas, asesinatos, violaciones, etc. – cometemos una extraordinaria cantidad de actos de violencia pasiva tanto conscientes como inconscientes que adoptan la forma de odio, prejuicio, discriminación, opresión, apodos, burlas, miradas de arriba abajo a la gente, palabras desatentas dichas a otras personas, clasificación de la gente por su religión, su nivel económico, su género, sus hábitos y millones de otras maneras en las que nuestras acciones o aún la inacción lastiman a las personas.” (http://them.polylog.org/5/fga-es.htm)

Hay entonces varios planos para abordar la temática: El social, el cultural, el educativo, el familiar, el de los medios de comunicación. En todos ellos debería encararse una acción urgente que implique no trabajar sobre los resultados que provoca la violencia, sino hacerlo sobre la PREVENCIÓN.

¿Se puede prevenir? SI. Se puede trabajar sobre aquellos factores aprendidos que hacen que una persona ante un determinado hecho actúe de manera violenta, cruzando una línea de acción que otra no cruzaría.

En todos los casos, se debe tratar con personas. Con emociones, aprendizajes de valores, interpretaciones, mandatos, que tienen que ver siempre, o casi siempre, con cuestiones de poder. La violencia es un tema de poder. Y básicamente es un tema de autoestima, valoración personal y valores éticos.

Obviamente el cambio depende de las personas. Hay estrategias de prevención que abordan aspectos emocionales: el enojo, la ira, la agresividad, la comprensión, la empatía, la posibilidad de ponerse en el lugar del otro. Educar para la paz, para la resolución pacífica de conflictos, para la comprensión de las emociones, para la comunicación y el diálogo, para la igualdad entre los seres humanos, para la dignidad.

Hay un amplio trabajo que debería hacerse desde la educación no sólo en escuelas y desde pequeños, sino además mediante campañas, trabajos con medios de comunicación, capacitación a docentes, en organizaciones comunitarias. También hay que “educar al Soberano”. Esto es básico. Y parecería una de las mayores utopías. ¿Imposible de lograr? La educación para la paz, la creación de una cultura de paz y la no violencia son trabajos que se encaran desde diferentes organizaciones en el mundo. Y son una realidad para muchas sociedades.

El tema no se agota.

¿Creen ustedes que puede aprenderse la no violencia o la paz? ¿Somos conscientes de la violencia aprendida por cada un@ de nosotr@s? ¿Podemos prevenirla?

¿Cuál sería el primer paso?

Post anteriores referidos a la violencia en relación con la comunicación:

http://blogsdelagente.com/comunicandonos/2008/4/23/violencia-y-comunicacion-la-convivencia-cotidiana-segunda

http://blogsdelagente.com/comunicandonos/2008/4/22/-cambiamos-violencia-comunicacion-

¡Hasta la próxima!

Laura

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Ojo por ojo…

Y se cegará el mundo, decía Gandhi.

Hoy me gustaría que veamos un video y compartamos una reflexión.

http://www.youtube.com/watch?v=xwjO1G8Kq6c

Cuántas veces somos nosotros “las conductoras”. Cuántas veces respondemos de la misma manera con que nos tratan o peor. ¿No pasa esto en nuestra vida cotidiana?¿No pasa con los conflictos que ocurre en la sociedad?¿O entre la sociedad y el estado?¿No ocurre en los conflictos que vemos en la actualidad?

Así suelen ser nuestras peleas y ¿a dónde nos conducen?¿Cómo imagina el final del video?

Muchas veces sucede esto con nuestras discusiones. Nuestras palabras, son el golpe en la puerta, en el paragolpes, en el frente. Y nuestra emoción es la que guía nuestros actos.

No nos creemos capaces de enfriar la situación para que no pase a mayores. No se nos cruza ni siquiera la necesidad de poner paños fríos. Reaccionamos y punto. “Que el otro se la aguante”.

Les cito un fragmento de mi libro “Comunicación. Una danza para mejorar nuestras relaciones”

“A lo que se nos presenta por parte de los demás sole­mos contestar con la misma moneda. “Si me tratan bien, lo trato bien”. “Si me trata mal, lo mato o lo voy a reventar”

El famoso “Ojo por Ojo, diente por diente”

¿Su conducta depende de los demás? ¿Si el otro es violento soy violento o violenta? ¿Si el otro es agresivo me convierto en una persona agresiva? ¿Si el otro no tiene edu­cación me convierto en alguien maleducado? ¿Si el otro es terrorista y mata me convierto en asesino y mato?

¿Qué opción hay? Me preguntará. “No me voy a que­dar callado”.O si el otro me sale a patotear no me voy a quedar quieto. Automáticamente salta también la frase: “¡ Me tengo que defender!”

Le pregunto: ¿no hay otra opción? “


Cada día me convenzo más de que siempre hay opciones. Hay mecanismos para no “engancharnos” en las conductas del otro. Hoy sólo vamos a hablar de los conflictos individuales. No me voy a referir a los conflictos sociales. Pero creo que esto es absolutamente aplicable.

Una de las posibilidades que tenemos es hacernos absolutamente responsables de nuestras acciones. Responder a nuestra convicción de no entrar en un conflicto sin sentido. Para que haya una pelea, tiene que haber dos que la busquen.

¿Y si la situación se presenta qué podemos hacer?

Primero, saber que no debemos reaccionar ante el enojo de la otra parte. Es el enojo del otro, no tiene por qué ser el suyo.

¿Y si lo que ocurre nos enoja a nosotros?

Debemos ser capaces de trabajar nuestro enojo para que no estalle de manera violenta. ¿Cómo? Esto es un trabajo interior muy grande, que ya lo hemos visto en los boletines

( ver en mi página en boletines anteriores) y en mi libro. Y seguramente lo seguiremos tratando en este espacio.No es que se trabaja solamente en el momento en que estalla la emoción. Es un trabajo que si usted tiene interés debería comenzar ya mismo.

Segundo: Siempre elegir la comunicación, hay conversaciones para tener, siempre que hay un conflicto.

SI la otra persona nos arremete verbalmente, podemos preguntar:

¿Qué es lo que estás sintiendo? ¿Qué es lo que te enoja? ¿Querés que lo conversemos.? Estoy dispuesta a que lo hagamos.

Esto descomprime la situación. Y se puede encarrilar una conversación en un marco de respeto mutuo.


Tercero: Dele espacio a la otra persona a que cuente la causa de su enojo- Esto libera de la carga emotiva. No juzgue ni se enganche con el enojo del otro.

Si hay violencia, córrase de la situación. Si es una situación en la que está enmarcada alguna cuestión física (golpes, agresiones) pida ayuda inmediatamente y no se quede metido en ese contexto.

¿Esto es salir corriendo? Y …si.

¿Siente que va a ser menos “Macho”o menos “fuerte” si lo hace? ¿No cree que ese concepto está un poco pasado de moda? ¿Necesita sentir que puede reaccionar fuertemente a una agresión para sentirse más fuerte? ¿Tiene algún sentido? La fortaleza de una persona se demuestra de mil maneras diferentes. El poder elegir una emoción constructiva en lugar de una destructiva, demuestra mucha más fortaleza aún.

La idea es dejar el espacio de violencia o conflicto mientras el enojo del otro no se reduzca. Esto es enfriar la situación.

Todo esto lo preserva de entrar en una conflicto violento que no se sabe dónde puede terminar y evita que siga cargando de violencia todo lo que lo rodea. Y resguarda las relaciones que nos importan.

L@ invito a que veamos entre tod@s más opciones. Y lo sigamos pensando…

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