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COMUNICARNOS CON NOSOTR@S MISM@S

¿Cuántas veces nos ocurre que nos desconectamos de nosotr@s mism@s? Parece que vamos manejado nuestra vida como autómatas, respondiendo a los estímulos de los demás, contestando sumisamente a lo que nos proponen l@s otr@s, haciendo solamente lo necesario para cumplir con las obligaciones, poniendo la mejor sonrisa para comunicarnos con el mundo exterior aún sin tener el mínimo interés, corriendo apurados, siempre sin que nos alcance el tiempo, de un lado hacia el otro.

¿Les ocurrió? ¿Les ocurre?

Y todo esto transcurre en medio de una sensación de tristeza, desánimo, falta de energía, poca motivación para hacer absolutamente nada, resignación y hasta apatía, cuando no, cierto enojo y ansiedad que nos acompaña todo el día.

Esto nos pasa cuando estamos totalmente desconectados de nuestro propio ser. ¿Qué quiere decir desconectados? No creamos el contexto adecuado para conversar, comunicarnos, escucharnos a nosotr@s mism@s. Saber qué queremos, qué soñamos, saber si deseamos continuar con nuestro camino tal como está o necesitamos un profundo cambio para nuestras vidas. Nos desconectamos de las emociones que nos pueden causar placer, alegría, o entusiasmo.

No nos atrevemos a preguntarnos qué queremos. Y si lo hacemos, quizás tenemos temor de la respuesta. Tenemos miedo de no alcanzar nuestros sueños y nos resignamos a no tenerlos. Tenemos miedo de encontrarnos con partes nuestras que no nos gustan y por eso, no nos miramos. Tenemos pánico de contestarnos que estamos yendo en una carrera sin sentido, y por lo tanto continuamos el ritmo vertiginoso que no nos permita detenernos.

Si se ponen a pensar, en algún punto, en algún momento, nuestra desconexión es total. Transcurrimos por la vida. Sólo eso. Y nos dominan las circunstancias, sentimos que el mundo nos controla, que todo nos domina. Que la vida nos pasa por encima.

Si estamos en esta situación, es hora de revertirlo.

¿Por qué? Porque hay otra opción. Tomar las riendas de nuestra vida. Lograr lo que nos proponemos. Generar los cambios necesarios. Porque una buena comunicación con nosotr@s mism@s nos brinda las herramientas adecuadas para una vida con sentido, con relaciones sanas con los demás y enfocados en lo que realmente queremos a cada momento.

¿Cómo hacerlo?

Ø Primero estando dispuest@s a hacerlo. A encontrar un tiempo para comunicarnos a solas con nosotr@s. Sin ruidos, sin interrupciones, sin intervenciones de los demás. Solo nosotr@s. En lo posible estar en silencio un buen rato. Encontrarnos con el silencio es una excelente páctica, porque en él aparecen solas las preguntas necesarias y las respuestas.

Ø Escucharnos atentamente, sin críticas, con compasión, sin filtros que censuren aquello que no queremos escuchar. Todo lo que tengamos para decirnos, es parte de nuestro crecimiento.

Ø Estar dispuestos a brindarnos la contención necesaria sabiendo que si hay cosas que no nos gustan podemos cambiarlas.

Ø Saber que nuestros estados emocionales son modificables. Que podemos tomar la decisión de cambiar nuestros estados de ánimo, nuestras emociones. ¿Cómo? Haciendo alguna actividad diferente, sea física, salir, hacer algo que nos guste, hablar con gente que nos haga bien, leer algo que nos motive. Pidiendo ayuda, si es más profundo el estado en el que estamos y creemos que no podemos salir solos de él.

Ø Saber que las herramientas para generar cambios están dentro de nosotr@s. Aún cuando sintamos que ahora no las tenemos. En la medida que mejoremos la comunicación con nosotr@s mism@s nos iremos encontrando con ellas.

Ø Comunicarnos de manera positiva, que nos abra posibilidades, que nos permita crecer, impulsarnos hacia nuestros objetivos personales, es una elección. Podemos elegir este tipo de conversaciones en lugar de boicotearnos, de tirarnos siempre para abajo, de castigarnos y enjuiciarnos todo el tiempo. Si los mecanismos de comunicación que tenemos tienden siempre al boicot, a tirar abajo nuestra autoestima, pidamos ayuda a alguien que nos permita vernos desde otra mirada.

Es importante lograr una buena comunicación con nosotr@s mism@s. Más que importante resulta vital. Todo lo que logremos para nosotr@s depende de ello. Buenas relaciones con los demás. Éxito en nuestro trabajo y en nuestros proyectos. Felicidad. Armonía. Plenitud. Encontrarnos con la pasión necesaria para emprender cada día. Gratitud por estar viv@s a cada momento.

¿Vos te sentís comunicad@ con vos mism@?¿Qué te hace falta para hacerlo? Espero tu comentario.

Hasta la próxima!

Laura

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EL ENOJO

El estado emocional es un factor determinante en la co­municación con las personas. Nos referimos a los esta­dos de ánimo, a nuestras emociones, nuestros sentimientos. El enojo es una de las emociones más comunes a la hora de las peleas o de los conflictos. Es una de las que impiden comunicarnos con los demás.

Aparece cuando algún hecho que no nos agrada nos detona una reacción automática. Surge cuando sentimos frustrado un deseo, cuando otra persona dice o hace algo que no me gusta o con lo cual no concuerdo, cuando inter­preto que lo que ella hace me perjudica o me lastima. Pue­de surgir por diferentes razones.

¿Qué es lo que lo enoja a usted? ¿Lo puede distin­guir? Hay veces que tenemos muy identificadas las cosas que nos enojan, y reaccionamos cuando interpretamos que ellas aparecen. Otras veces nos irritamos y no podemos identificar qué es lo que lo hace.

Todos reconocemos nuestra “sensación” cuando es­tamos enojados. Reconocemos en el cuerpo sensaciones diferentes, temblores, transpiración, nudos en el estóma­go, en algunos casos dolor de cabeza.

Vamos a ver qué ocurre en las relaciones cuando apa­rece el enojo. Cuando dos personas se traban en una discu­sión y el enojo es la emoción presente en ellas, cuando en una conversación que venía desarrollándose “tranquila­mente”, una de las personas hace referencia a algo y la otra persona se enoja.

Esta situación es muy común analizarla como que “lo que uno dijo provocó el enojo del otro”. Es muy común decir “Me enojó lo que hiciste”.

No nos ponemos a pensar que es una emoción que le pertenece a cada uno. Nadie puede hacernos enojar a menos que nosotros lo permitamos.

¿Podemos evitar el enojo?

En parte sí. Podemos hacer algo cuando aparece el enojo. No “controlarlo”.Hacer algo con él, que no me afec­te a mi, no afecte a la otra persona y no afecte la relación entre ambos.

Por qué digo “no controlarlo”.Los estados de ánimo y las emociones son como “ollas a presión” van incrementándose si queremos taparlos. Cuando aparece un huequito para que éste se manifieste, sale por allí con más intensidad o toda esa presión hace ebullición hacia aden­tro.

Si yo “controlo” mi enojo, guardo rencores con la otra persona o conmigo mismo. “No puedo perdonar lo que me hizo” es una típica expresión de cuando queda un enojo que no fue transformado. O “Siempre soy yo quien tiene que ceder” es otra, que muestra en alguna parte enojo con uno mismo.

De una manera u otra, la situación que lo detonó nos mantiene atados. Permitimos que esa situación tenga un peso o una trascendencia que supera el momento. Y evita que podamos aprender algo de ella o que podamos utili­zarla como una oportunidad para crecer junto al otro con­solidando aún más la relación (recuerde que siempre me refiero a todo tipo de relaciones).

Decíamos que no es controlarlo, sino hacer algo. Esto es poder ver primero qué ocurre cuando nos enojamos.

Cuando aparece el enojo, desaparece el otro como persona. ¿Qué quiero decir con esto?

El enojo hace que dejemos de escuchar. Me dirá: “NO, si yo lo escucho”. Lo que escuchamos está filtrado por el enojo. Todo lo que interpretamos de lo que dice el otro lo refuerza y le damos la forma que en ese momento lo hace lógico. Lo legitima, le da validez. Cuando estamos enoja­dos no interpretamos al otro, sólo interpretamos nuestro enojo.

Dijimos muchas veces que escuchar es oír (el estímu­lo biológico, el ruido) más interpretar. Ese interpretar es el que se resiente cuando nos enojamos. Nuestra interpreta­ción selecciona lo que refuerza nuestro estado, y luego sólo recordamos eso.

Endilgamos a la otra persona cosas que no dijo. Las tergiversamos. Esto lo hacemos todos los seres humanos en esos momentos.

Además generalizamos, agrandamos, el otro dejó de ser nuestra pareja, nuestro amigo, nuestro familiar, nues­tro socio, para convertirse en ese momento en el peor ad­versario o verdugo. Nos preguntamos cómo puede ser que el otro sea tan….y lo llenamos de calificativos. Y también decimos ¿Cómo puede estar tan equivocado o ser tan in­justo? O en casos extremos nos preguntamos ¿Cómo pue­do seguir al lado de esta persona? o “No escucha” o “ No me entiende”.

En estos casos podríamos decir que es el enojo el que habla. Y cuando se calma podemos empezar a recapacitar y reordenar lo que pasó. Es como un huracán que pasó y arrasó el terreno y hay que volver a reconstruir.

Del libro: “Comunicación: Una danza para mejorar nuestras relaciones”

Hasta la Próxima!

Laura

HABLANDO DE ENOJO

Veníamos hablando del enojo. Y en el próximo post les había prometido hablar de lo que nos puede ayudar a crecer el enojo si logramos transpasarlo de otra manera.

Pero en el medio se me ocurrió preguntar: ¿Estamos enojad@s l@s argentin@s con lo que está ocurriendo?¿Qué nos pasa con todo esto que pasa?

¿Se animan a contarnos?

Hasta la próxima!

UN HURACAN LLAMADO ENOJO

¿Qué hacemos cuando estamos enojad@s?¿Cuántas cosas salen de nuestra boca sin que podamos hacer nada para frenarlas?¿Qué pasa con nosotr@s y con l@s otros cuando nos enojamos?

El enojo es una emoción que influye de manera directa en nuestra comunicación. Es parte de ella. Ayer hablábamos de las palabras que destruyen, y casi todas ellas surgen de un contexto en el que el enojo es el protagonista. O quizás son palabras que lo generan.

No tod@s reaccionamos igual frente a situaciones que nos enojan. No a todos nos ocurre lo mismo en el cuerpo. Un@s transpiran, a otr@s se les hace un nudo en el estómago. A otr@s se les quiebra la voz o lloran de impotencia.

¡Y ni hablar de lo que somos capaces de decir!!! ¡O hacer!…

¿Se animan a ver entre tod@s qué nos ocurre cuando nos enojamos?

Porque la maravilla del ser humano, que nos hace tan diferentes y tan únic@s, en temas específicos nos hace similares. Nos hace reaccionar o accionar de maneras similares.

Les propongo que compartamos qué nos pasa cuando nos enojamos, qué nos pasa en el cuerpo, qué pasa con lo que decimos… ¿es lo que queremos decir o después nos arrepentimos?¿qué pasa con lo que escuchamos? ¿escuchamos textualmente lo que nos dice la otra persona o escuchamos cosas que no se dijeron? ¿y qué nos pasa con lo que no decimos?

Vamos a ver después entre tod@s si podemos hacer que el huracán llamado ENOJO, se convierta en sólo una leve brisa que nos ayude a crecer.

Espero sus comentarios!!

Laura

Ojo por ojo…

Y se cegará el mundo, decía Gandhi.

Hoy me gustaría que veamos un video y compartamos una reflexión.

http://www.youtube.com/watch?v=xwjO1G8Kq6c

Cuántas veces somos nosotros “las conductoras”. Cuántas veces respondemos de la misma manera con que nos tratan o peor. ¿No pasa esto en nuestra vida cotidiana?¿No pasa con los conflictos que ocurre en la sociedad?¿O entre la sociedad y el estado?¿No ocurre en los conflictos que vemos en la actualidad?

Así suelen ser nuestras peleas y ¿a dónde nos conducen?¿Cómo imagina el final del video?

Muchas veces sucede esto con nuestras discusiones. Nuestras palabras, son el golpe en la puerta, en el paragolpes, en el frente. Y nuestra emoción es la que guía nuestros actos.

No nos creemos capaces de enfriar la situación para que no pase a mayores. No se nos cruza ni siquiera la necesidad de poner paños fríos. Reaccionamos y punto. “Que el otro se la aguante”.

Les cito un fragmento de mi libro “Comunicación. Una danza para mejorar nuestras relaciones”

“A lo que se nos presenta por parte de los demás sole­mos contestar con la misma moneda. “Si me tratan bien, lo trato bien”. “Si me trata mal, lo mato o lo voy a reventar”

El famoso “Ojo por Ojo, diente por diente”

¿Su conducta depende de los demás? ¿Si el otro es violento soy violento o violenta? ¿Si el otro es agresivo me convierto en una persona agresiva? ¿Si el otro no tiene edu­cación me convierto en alguien maleducado? ¿Si el otro es terrorista y mata me convierto en asesino y mato?

¿Qué opción hay? Me preguntará. “No me voy a que­dar callado”.O si el otro me sale a patotear no me voy a quedar quieto. Automáticamente salta también la frase: “¡ Me tengo que defender!”

Le pregunto: ¿no hay otra opción? “


Cada día me convenzo más de que siempre hay opciones. Hay mecanismos para no “engancharnos” en las conductas del otro. Hoy sólo vamos a hablar de los conflictos individuales. No me voy a referir a los conflictos sociales. Pero creo que esto es absolutamente aplicable.

Una de las posibilidades que tenemos es hacernos absolutamente responsables de nuestras acciones. Responder a nuestra convicción de no entrar en un conflicto sin sentido. Para que haya una pelea, tiene que haber dos que la busquen.

¿Y si la situación se presenta qué podemos hacer?

Primero, saber que no debemos reaccionar ante el enojo de la otra parte. Es el enojo del otro, no tiene por qué ser el suyo.

¿Y si lo que ocurre nos enoja a nosotros?

Debemos ser capaces de trabajar nuestro enojo para que no estalle de manera violenta. ¿Cómo? Esto es un trabajo interior muy grande, que ya lo hemos visto en los boletines

( ver en mi página en boletines anteriores) y en mi libro. Y seguramente lo seguiremos tratando en este espacio.No es que se trabaja solamente en el momento en que estalla la emoción. Es un trabajo que si usted tiene interés debería comenzar ya mismo.

Segundo: Siempre elegir la comunicación, hay conversaciones para tener, siempre que hay un conflicto.

SI la otra persona nos arremete verbalmente, podemos preguntar:

¿Qué es lo que estás sintiendo? ¿Qué es lo que te enoja? ¿Querés que lo conversemos.? Estoy dispuesta a que lo hagamos.

Esto descomprime la situación. Y se puede encarrilar una conversación en un marco de respeto mutuo.


Tercero: Dele espacio a la otra persona a que cuente la causa de su enojo- Esto libera de la carga emotiva. No juzgue ni se enganche con el enojo del otro.

Si hay violencia, córrase de la situación. Si es una situación en la que está enmarcada alguna cuestión física (golpes, agresiones) pida ayuda inmediatamente y no se quede metido en ese contexto.

¿Esto es salir corriendo? Y …si.

¿Siente que va a ser menos “Macho”o menos “fuerte” si lo hace? ¿No cree que ese concepto está un poco pasado de moda? ¿Necesita sentir que puede reaccionar fuertemente a una agresión para sentirse más fuerte? ¿Tiene algún sentido? La fortaleza de una persona se demuestra de mil maneras diferentes. El poder elegir una emoción constructiva en lugar de una destructiva, demuestra mucha más fortaleza aún.

La idea es dejar el espacio de violencia o conflicto mientras el enojo del otro no se reduzca. Esto es enfriar la situación.

Todo esto lo preserva de entrar en una conflicto violento que no se sabe dónde puede terminar y evita que siga cargando de violencia todo lo que lo rodea. Y resguarda las relaciones que nos importan.

L@ invito a que veamos entre tod@s más opciones. Y lo sigamos pensando…