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Política con alma: ¿Legado de Alfonsín y de la Naturaleza?

Arco iris sobre la cúpula del Congreso de la Nación en el amanecer del jueves 2 de abril de 2009, cuando aún se velaban los restos de Raúl Alfonsín ( Gracias Javier Ramos por la foto)

Es hora de ver otras cosas. El universo se rige por almas, señales, valores que están por encima de lo que miramos muchas veces. Raúl Alfonsín puso alma en su vida. Y tuvo un espíritu superior guiando su tarea. Cumplió con su misión y el Universo, Dios, la visión de ese “algo” superior que cada uno quiera tener, se lo agradeció con un nítido arco iris.

Creo que l@s polític@s tiraron una máscara de ell@s mism@s abajo. Una que será importante que no se vuelvan a poner. ¡Lloraron! L@s vimos llorar, sensibilizarse, dolerse, conmoverse. Y personalmente estoy agradecida por eso. Eso que tanto evitan. Eso que tanto los asusta: mostrarse con sentimientos y emociones ligadas al amor. Mostraron que aman, que son capaces de tener gestos de grandeza ante el dolor, olvidar rencores, guiarse por sentimientos y no por prejuicios o historias pasadas. Y estuvieron del lado de la gente… que también sufría, que también estaba dolida, que necesitaba ver pares y no tipos subidos a una tarima. Mostraron su alma. ¡La gente espera que muestren su alma! Política con alma. Con amor. Con servicio, con entrega.

Más allá… y además del legado de Alfonsín, hay un legado de amor, de valores, de espiritualidad que la sociedad está reclamando. Que estemos todos del mismo lado, con sueños y utopías. Junt@s, como decía Alfonsín, en aquella campaña donde tod@s estábamos codo a codo. Sin seres “superiores”, con caretas, ocultando seres de carne y hueso, mostrándose con armaduras para que nadie los ataque, ocultando sentimientos. Claro, una persona que ama sinceramente al prójimo no puede robar. Al menos, no podría robarle a su prójimo y mirarlo a la cara. Una persona comprometida con ayudar al otro, no se olvidaría de políticas solidarias y distributivas, porque en ese compromiso le iría su propia alma.

Me gustaría pensar que el arco iris, es un mensaje que manda Dios, el Universo, quien ustedes crean, para decirnos algo; quizás que recuperemos el legado de un hombre con valores y nos recuperemos a nosotr@s mism@s, en valores que tienen que ver con esa espiritualidad profunda. Con aquella espiritualidad que es capaz de sorprenderse con lo mágico que se vivió ese triste día, espiritualidad que escucha a la naturaleza, porque ella es nuestra madre que nos da mensajes. Espiritualidad que nos dice que si no tomamos otro camino, epidemias, crisis de mercados, guerras entre hermanos, desastres naturales, nos seguirán esperando en nuestro camino.

Se escuchó decir nuevamente y, me emocionó escucharlo: Somos la vida, somos la paz. Pensemos eso desde una mirada diferente. Que esa idea de ser la vida y ser la paz nos atraviese en el alma, con amor. Creo, sin temor a equivocarme, que si lo hacemos, seguramente estaremos en el legado con mayúsculas para la Argentina. Y sin duda, ese día, con ese arco iris, con esa partida, algo nuevo se gestó. Algo habrá cambiado,más allá de los partidos. Ese día, algo nos dijeron nuestras almas.

Hasta la próxima!

Laura

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COMUNICARNOS CON NOSOTR@S MISM@S

¿Cuántas veces nos ocurre que nos desconectamos de nosotr@s mism@s? Parece que vamos manejado nuestra vida como autómatas, respondiendo a los estímulos de los demás, contestando sumisamente a lo que nos proponen l@s otr@s, haciendo solamente lo necesario para cumplir con las obligaciones, poniendo la mejor sonrisa para comunicarnos con el mundo exterior aún sin tener el mínimo interés, corriendo apurados, siempre sin que nos alcance el tiempo, de un lado hacia el otro.

¿Les ocurrió? ¿Les ocurre?

Y todo esto transcurre en medio de una sensación de tristeza, desánimo, falta de energía, poca motivación para hacer absolutamente nada, resignación y hasta apatía, cuando no, cierto enojo y ansiedad que nos acompaña todo el día.

Esto nos pasa cuando estamos totalmente desconectados de nuestro propio ser. ¿Qué quiere decir desconectados? No creamos el contexto adecuado para conversar, comunicarnos, escucharnos a nosotr@s mism@s. Saber qué queremos, qué soñamos, saber si deseamos continuar con nuestro camino tal como está o necesitamos un profundo cambio para nuestras vidas. Nos desconectamos de las emociones que nos pueden causar placer, alegría, o entusiasmo.

No nos atrevemos a preguntarnos qué queremos. Y si lo hacemos, quizás tenemos temor de la respuesta. Tenemos miedo de no alcanzar nuestros sueños y nos resignamos a no tenerlos. Tenemos miedo de encontrarnos con partes nuestras que no nos gustan y por eso, no nos miramos. Tenemos pánico de contestarnos que estamos yendo en una carrera sin sentido, y por lo tanto continuamos el ritmo vertiginoso que no nos permita detenernos.

Si se ponen a pensar, en algún punto, en algún momento, nuestra desconexión es total. Transcurrimos por la vida. Sólo eso. Y nos dominan las circunstancias, sentimos que el mundo nos controla, que todo nos domina. Que la vida nos pasa por encima.

Si estamos en esta situación, es hora de revertirlo.

¿Por qué? Porque hay otra opción. Tomar las riendas de nuestra vida. Lograr lo que nos proponemos. Generar los cambios necesarios. Porque una buena comunicación con nosotr@s mism@s nos brinda las herramientas adecuadas para una vida con sentido, con relaciones sanas con los demás y enfocados en lo que realmente queremos a cada momento.

¿Cómo hacerlo?

Ø Primero estando dispuest@s a hacerlo. A encontrar un tiempo para comunicarnos a solas con nosotr@s. Sin ruidos, sin interrupciones, sin intervenciones de los demás. Solo nosotr@s. En lo posible estar en silencio un buen rato. Encontrarnos con el silencio es una excelente páctica, porque en él aparecen solas las preguntas necesarias y las respuestas.

Ø Escucharnos atentamente, sin críticas, con compasión, sin filtros que censuren aquello que no queremos escuchar. Todo lo que tengamos para decirnos, es parte de nuestro crecimiento.

Ø Estar dispuestos a brindarnos la contención necesaria sabiendo que si hay cosas que no nos gustan podemos cambiarlas.

Ø Saber que nuestros estados emocionales son modificables. Que podemos tomar la decisión de cambiar nuestros estados de ánimo, nuestras emociones. ¿Cómo? Haciendo alguna actividad diferente, sea física, salir, hacer algo que nos guste, hablar con gente que nos haga bien, leer algo que nos motive. Pidiendo ayuda, si es más profundo el estado en el que estamos y creemos que no podemos salir solos de él.

Ø Saber que las herramientas para generar cambios están dentro de nosotr@s. Aún cuando sintamos que ahora no las tenemos. En la medida que mejoremos la comunicación con nosotr@s mism@s nos iremos encontrando con ellas.

Ø Comunicarnos de manera positiva, que nos abra posibilidades, que nos permita crecer, impulsarnos hacia nuestros objetivos personales, es una elección. Podemos elegir este tipo de conversaciones en lugar de boicotearnos, de tirarnos siempre para abajo, de castigarnos y enjuiciarnos todo el tiempo. Si los mecanismos de comunicación que tenemos tienden siempre al boicot, a tirar abajo nuestra autoestima, pidamos ayuda a alguien que nos permita vernos desde otra mirada.

Es importante lograr una buena comunicación con nosotr@s mism@s. Más que importante resulta vital. Todo lo que logremos para nosotr@s depende de ello. Buenas relaciones con los demás. Éxito en nuestro trabajo y en nuestros proyectos. Felicidad. Armonía. Plenitud. Encontrarnos con la pasión necesaria para emprender cada día. Gratitud por estar viv@s a cada momento.

¿Vos te sentís comunicad@ con vos mism@?¿Qué te hace falta para hacerlo? Espero tu comentario.

Hasta la próxima!

Laura

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EL ENOJO

El estado emocional es un factor determinante en la co­municación con las personas. Nos referimos a los esta­dos de ánimo, a nuestras emociones, nuestros sentimientos. El enojo es una de las emociones más comunes a la hora de las peleas o de los conflictos. Es una de las que impiden comunicarnos con los demás.

Aparece cuando algún hecho que no nos agrada nos detona una reacción automática. Surge cuando sentimos frustrado un deseo, cuando otra persona dice o hace algo que no me gusta o con lo cual no concuerdo, cuando inter­preto que lo que ella hace me perjudica o me lastima. Pue­de surgir por diferentes razones.

¿Qué es lo que lo enoja a usted? ¿Lo puede distin­guir? Hay veces que tenemos muy identificadas las cosas que nos enojan, y reaccionamos cuando interpretamos que ellas aparecen. Otras veces nos irritamos y no podemos identificar qué es lo que lo hace.

Todos reconocemos nuestra “sensación” cuando es­tamos enojados. Reconocemos en el cuerpo sensaciones diferentes, temblores, transpiración, nudos en el estóma­go, en algunos casos dolor de cabeza.

Vamos a ver qué ocurre en las relaciones cuando apa­rece el enojo. Cuando dos personas se traban en una discu­sión y el enojo es la emoción presente en ellas, cuando en una conversación que venía desarrollándose “tranquila­mente”, una de las personas hace referencia a algo y la otra persona se enoja.

Esta situación es muy común analizarla como que “lo que uno dijo provocó el enojo del otro”. Es muy común decir “Me enojó lo que hiciste”.

No nos ponemos a pensar que es una emoción que le pertenece a cada uno. Nadie puede hacernos enojar a menos que nosotros lo permitamos.

¿Podemos evitar el enojo?

En parte sí. Podemos hacer algo cuando aparece el enojo. No “controlarlo”.Hacer algo con él, que no me afec­te a mi, no afecte a la otra persona y no afecte la relación entre ambos.

Por qué digo “no controlarlo”.Los estados de ánimo y las emociones son como “ollas a presión” van incrementándose si queremos taparlos. Cuando aparece un huequito para que éste se manifieste, sale por allí con más intensidad o toda esa presión hace ebullición hacia aden­tro.

Si yo “controlo” mi enojo, guardo rencores con la otra persona o conmigo mismo. “No puedo perdonar lo que me hizo” es una típica expresión de cuando queda un enojo que no fue transformado. O “Siempre soy yo quien tiene que ceder” es otra, que muestra en alguna parte enojo con uno mismo.

De una manera u otra, la situación que lo detonó nos mantiene atados. Permitimos que esa situación tenga un peso o una trascendencia que supera el momento. Y evita que podamos aprender algo de ella o que podamos utili­zarla como una oportunidad para crecer junto al otro con­solidando aún más la relación (recuerde que siempre me refiero a todo tipo de relaciones).

Decíamos que no es controlarlo, sino hacer algo. Esto es poder ver primero qué ocurre cuando nos enojamos.

Cuando aparece el enojo, desaparece el otro como persona. ¿Qué quiero decir con esto?

El enojo hace que dejemos de escuchar. Me dirá: “NO, si yo lo escucho”. Lo que escuchamos está filtrado por el enojo. Todo lo que interpretamos de lo que dice el otro lo refuerza y le damos la forma que en ese momento lo hace lógico. Lo legitima, le da validez. Cuando estamos enoja­dos no interpretamos al otro, sólo interpretamos nuestro enojo.

Dijimos muchas veces que escuchar es oír (el estímu­lo biológico, el ruido) más interpretar. Ese interpretar es el que se resiente cuando nos enojamos. Nuestra interpreta­ción selecciona lo que refuerza nuestro estado, y luego sólo recordamos eso.

Endilgamos a la otra persona cosas que no dijo. Las tergiversamos. Esto lo hacemos todos los seres humanos en esos momentos.

Además generalizamos, agrandamos, el otro dejó de ser nuestra pareja, nuestro amigo, nuestro familiar, nues­tro socio, para convertirse en ese momento en el peor ad­versario o verdugo. Nos preguntamos cómo puede ser que el otro sea tan….y lo llenamos de calificativos. Y también decimos ¿Cómo puede estar tan equivocado o ser tan in­justo? O en casos extremos nos preguntamos ¿Cómo pue­do seguir al lado de esta persona? o “No escucha” o “ No me entiende”.

En estos casos podríamos decir que es el enojo el que habla. Y cuando se calma podemos empezar a recapacitar y reordenar lo que pasó. Es como un huracán que pasó y arrasó el terreno y hay que volver a reconstruir.

Del libro: “Comunicación: Una danza para mejorar nuestras relaciones”

Hasta la Próxima!

Laura

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