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VIOLENCIA 2: YA NO HABLEMOS, CAMBIEMOS

La violencia aparece. Está. Nos atrapa. Nos busca. Nos mata. Nos hiere. Nos destruye. La creamos. Nos crea. Nos envuelve. Nos confunde. Estalla. Disminuye. Emerge. Explota. Desangra. Se oculta. Se invisibiliza. Se esconde. Se tapa. La aprendemos. La desaprendemos. Nos vence. La vencemos. Nos violenta. La apaciguamos.

Somos testigos, víctimas o victimari@s. Es física, es psicológica, es sexual. Es social. Es individual…

Y hablamos… seguimos hablando de ella, sin que hacerlo signifique un cambio. Este post es uno más, con palabras que no lograrán cambios. Lo digo igualmente con la esperanza de que en algún momento hagamos algo más que hablar de cambios y simplemente, cambiemos.

Decía en uno de mis primeros post: “ La violencia no existe ni en nuestros genes, ni en nuestro cerebro. Creer que es algo instintivo o, por el contrario, creer que se debe exclusivamente a factores externos, tales como el alcohol o la droga, hace que nos desentendamos de observar las causas y nos aleja de la posibilidad de encontrar respuestas diferentes. Innumerables teorías coinciden en que la violencia es un comportamiento aprendido, un hacer reiterado que no es cuestionado. No se “es” violento por naturaleza, si fuera así ya nos hubiéramos destruido entre todos los seres humanos. La violencia es una forma de acción y de reacción aprendida, tomada como normal o habitual; unida a estados emocionales que no encuentran un cauce y “estallan”. Existe en nuestra conducta, en nuestra acción, en nuestras maneras de interpretar el mundo que vivimos, en nuestra comunicación.

http://blogsdelagente.com/comunicandonos/2008/4/22/comunicacion-y-violencia-la-convivencia-cotidiana

Dice Johan Galtung, especialista en temas de paz que “El potencial para la violencia, así como para el amor, son propios de la naturaleza humana; pero las circunstancias condicionan la realización de dicho potencial”

La violencia no está en nuestra biología sino en nuestra cultura. Aprendemos de nuestra sociedad, nuestra educación, la familia, los medios de comunicación…y es allí donde debemos abordarla.

El violento se hace” afirma José Sanmartín, catedrático de la Universidad de Valencia, director del Centro Reina Sofía.

¿ Pero qué es la violencia? La definición depende de la cultura, del país, de la sociedad. Lo que en algunas es un hecho violento, en otras no lo es. Asimismo, ha evolucionado con el tiempo. Se coincide que se trata de un acto (u omisión) voluntario que causa o puede causar un daño.

Existen distintos tipos de violencia, conforme la teoría que se aplique para explicarla. Una de ellas, la de Arun Gandhi, nieto del Mahatma remarca “ la necesidad de comprender la multiplicidad de formas en las cuales los seres humanos practicamos la violencia. Además de la violencia física – guerras, matanzas, golpizas, asesinatos, violaciones, etc. – cometemos una extraordinaria cantidad de actos de violencia pasiva tanto conscientes como inconscientes que adoptan la forma de odio, prejuicio, discriminación, opresión, apodos, burlas, miradas de arriba abajo a la gente, palabras desatentas dichas a otras personas, clasificación de la gente por su religión, su nivel económico, su género, sus hábitos y millones de otras maneras en las que nuestras acciones o aún la inacción lastiman a las personas.” (http://them.polylog.org/5/fga-es.htm)

Hay entonces varios planos para abordar la temática: El social, el cultural, el educativo, el familiar, el de los medios de comunicación. En todos ellos debería encararse una acción urgente que implique no trabajar sobre los resultados que provoca la violencia, sino hacerlo sobre la PREVENCIÓN.

¿Se puede prevenir? SI. Se puede trabajar sobre aquellos factores aprendidos que hacen que una persona ante un determinado hecho actúe de manera violenta, cruzando una línea de acción que otra no cruzaría.

En todos los casos, se debe tratar con personas. Con emociones, aprendizajes de valores, interpretaciones, mandatos, que tienen que ver siempre, o casi siempre, con cuestiones de poder. La violencia es un tema de poder. Y básicamente es un tema de autoestima, valoración personal y valores éticos.

Obviamente el cambio depende de las personas. Hay estrategias de prevención que abordan aspectos emocionales: el enojo, la ira, la agresividad, la comprensión, la empatía, la posibilidad de ponerse en el lugar del otro. Educar para la paz, para la resolución pacífica de conflictos, para la comprensión de las emociones, para la comunicación y el diálogo, para la igualdad entre los seres humanos, para la dignidad.

Hay un amplio trabajo que debería hacerse desde la educación no sólo en escuelas y desde pequeños, sino además mediante campañas, trabajos con medios de comunicación, capacitación a docentes, en organizaciones comunitarias. También hay que “educar al Soberano”. Esto es básico. Y parecería una de las mayores utopías. ¿Imposible de lograr? La educación para la paz, la creación de una cultura de paz y la no violencia son trabajos que se encaran desde diferentes organizaciones en el mundo. Y son una realidad para muchas sociedades.

El tema no se agota.

¿Creen ustedes que puede aprenderse la no violencia o la paz? ¿Somos conscientes de la violencia aprendida por cada un@ de nosotr@s? ¿Podemos prevenirla?

¿Cuál sería el primer paso?

Post anteriores referidos a la violencia en relación con la comunicación:

http://blogsdelagente.com/comunicandonos/2008/4/23/violencia-y-comunicacion-la-convivencia-cotidiana-segunda

http://blogsdelagente.com/comunicandonos/2008/4/22/-cambiamos-violencia-comunicacion-

¡Hasta la próxima!

Laura

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“ES ASÍ”

La lucha por tener razón es uno de los mecanismos que, desde mi punto de vista, tenemos más arraigados los seres humanos. Aparece en muchas de las conversaciones cotidianas. Y, si profundizamos en él, podremos tener acceso a una de las raíces de los grandes desencuentros entre los seres humanos: la incomunicación, las peleas, los conflictos, la discriminación, el etnocentrismo, el autoritarismo, la descalificación y, en parte también, la violencia.

Cuando estamos segur@s respecto de algo – una idea, un hecho, una interpretación -solemos convencernos de que las cosas son de una determinada manera y no de otra. Decimos “Esto es así” y, de manera consciente o no, comienza un particular mecanismo de comunicación, que se transforma, en definitiva, en una particular forma de ser.

La manera de defender nuestras certezas varía entre matices de mayor o menor rigidez. Aceptamos que pueden existir otros puntos de vista o los rechazamos. Entramos en un juego por tener razón. El principal objetivo es “ganar la batalla”, que la otra persona reconozca que está equivocada y que nuestra certeza, y nosotr@s mism@s, salgamos triunfantes.

¿Qué decimos cuando remarcamos que las cosas son de una determinada manera y no de otra? Decimos, entre otras cosas: “Mi punto de vista es el único válido”, “Lo que digo yo es la verdad”. “L@s otr@s están equivocados”. Este “Es así” que parece una frase “simple”, trae aparejadas consecuencias, que hacen no sólo a nuestra comunicación y a nuestra convivencia, sino también a la forma en la cual cada persona vive su vida. Y en lo social, hace al tipo de sociedad que vivimos.

Sostiene Humberto Maturana en su libro “La objetividad, un argumento para obligar” que la cuestión central que la humanidad enfrenta hoy en día es la pregunta acerca de lo que es la realidad o la verdad, independientemente de si estamos enterados o no de ello. Y agrega que, la respuesta que cada uno de nosotros le da a la pregunta por la realidad, determina cómo vivimos nuestra vida, así como nuestra aceptación o rechazo de otros seres humanos en la red de sistemas sociales que integramos.

Si decimos “esto es así” le estamos dando supremo valor a nuestra realidad, por encima de todo, por encima de cualquier diferencia, y sin importar otra opinión. Pero ya vimos: hay tantas observaciones de la realidad como personas. Cada persona la observa con su propia experiencia de vida. Y esto es lo más difícil de aceptar.

Tendemos a defender la idea de la “realidad” o “la verdad” con carne y uña, con toda nuestra emoción, con nuestro cuerpo. Como si al no tener este sustento, nuestro mundo se fuera a derrumbar por completo. Y de hecho, cuando cuestionamos que nuestra realidad puede ser una más, de las tantas observables, nuestro mundo tiende a tambalear. Y se requiere quizás una cuota de valentía y humildad para aceptarlo.

Cuando defendemos nuestra certeza, no sólo estamos negando otros puntos de vista, estamos negando al otro. No es un juego de palabras. Negando sus ideas, lo negamos como persona.

Dice Rafael Echeverría, autor de Ontología del Lenguaje: “el que se cree poseedor de la verdad tiende a despreciar al que piensa distinto, tiende a descalificarlo, tiende a invalidarlo y solamente cuando sospechamos que ninguno en este mundo es poseedor de la verdad, podemos tratarnos, mirarnos a la cara y convivir juntos desde el respeto.”

Varios autores, y nuevas teorías sostienen que la verdad como tal no existe. Al decir de Echeverría, “la verdad es un recurso que hemos inventado, pero en rigor sólo tenemos interpretaciones, interpretaciones que cambian con el tiempo como todo cambia. Incluso las respuestas que teníamos hechas, luego, descubrimos que eran insuficientes, que tenían errores”.

¿Qué ocurre cuando peleamos por esta Verdad? Confrontamos con el que plantea una opción diferente a la nuestra, creemos que la nuestra está por encima, que es la mejor, en algunos casos no aceptamos otro punto de vista, lo negamos, lo destruimos, lo censuramos. Todo esto puede ir acompañado o no de violencia física. Pero sin lugar a duda, se trata igual de un tipo particular de violencia. Al negar a otro ser humano estamos ejerciendo violencia sobre él, discriminación, “negación del otro como un legítimo otro”(como cita Maturana).

¿Se puede salir de este mecanismo? ¿Cómo salimos de él? ¿Cuál sería una opción a este juego de pelear por tener razón?

Si aceptamos que puede existir una múltiple cantidad de realidades – nuevamente citando a Maturana- un “multiverso”, en lugar de un “universo” estamos avanzando en el camino a la pluralidad.

Si “a la verdad, oponemos la noción de observador, somos observadores distintos, ninguno es poseedor de la verdad, sólo tenemos interpretaciones de acuerdo al tipo de observador que somos y la pregunta frente a las interpretaciones no es cuál es la verdadera, sino cuál es la que nos permite vivir mejor, ser más efectivo, tener vidas más satisfactorias, establecer modalidades de convivencias más armónicas. Y a la razón, oponemos el lenguaje y de ahí emerge la noción de conversación. Y decimos, si queremos entender cómo los seres humanos somos, preguntémonos por la forma como conversamos, nuestras conversaciones nos constituyen, somos nuestras conversaciones, yo soy y tengo la vida que tengo de acuerdo a como converso con los demás y como converso conmigo mismo, mi forma particular de ser, lo que llamo mi alma, cada uno tiene una forma particular de ser y, por tanto, en particular un alma, que está constituida de manera fundamental por nuestras conversaciones” ( Conferencia de Rafael Echeverría).

Si aceptamos que existen tantas realidades como personas, podemos aceptar otros puntos de vista, aún cuando no los compartamos. La lucha no sería por vencer al otro. El camino sería encontrar los puntos de acuerdo, y ver cómo transitarlo respetando las diferencias. Sin anular al otro, sin que el otro me anule a mí.

Aceptar a las demás personas, saber que tod@s somos iguales, que todas nuestras ideas son legítimas, respetarnos, convivir pacíficamente, escucharnos. Igualdad, mecanismos dialogados para enfrentar los conflictos, comunicación amplia, son alguna de las alternativas a la pelea por tener razón. Quizás, motivos más que cotizados, como para intentar esta elección.

Sólo requiere una profunda reflexión, convertirnos en diferentes observadores, aceptar las diferencias y abrirnos a un cambio.

Nuestra convivencia con nosotr@s mism@s y con l@s demás, sin duda, logrará una profunda transformación y se verá beneficiada.

Hasta la próxima!

Laura



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LA ETERNA LUCHA POR TENER RAZÓN

¿Vieron cómo estamos condicionad@s por las consignas previas? Preguntarles en el post anterior por la joven mujer condicionó a muchos a ver sólo eso. Así ocurre en nuestra vida. Nuestras experiencias, nuestras creencias, nuestra forma de ver las cosas nos condiciona a ver de determinada manera. Y este “ver” implica accionar, comunicarnos, expresarnos a partir de una historia previa. Es muy difícil que cuestionemos nuestras propias suposiciones o nuestras interpretaciones. El cuestionarlas forma parte de un aprendizaje, pero muchas veces no nos tomamos el tiempo suficiente para realizarlo. O ni siquiera tenemos la intención de hacerlo.

¿Qué hacemos cuando otra persona cuestiona nuestra creencia? Imagínense si dos personas se enfrentan frente a la consigna del post anterior: una argumentando que se ve sólo la mujer joven y la otra diciendo que se ve la anciana con cara de bruja. He visto grandes peleas en los cursos que doy por esta diferencia. Hay hasta experiencias realizadas por Universidades, donde se evalúa la influencia que estas consignas previas tienen en los conflictos internacionales. Si 5 minutos de consigna condicionan de esta manera: ¡Imagínense una vida viendo las cosas de la misma manera sin cuestionarlas!

“Las interpretaciones pueden ser un obstáculo en el tema de las relaciones humanas. ¿Qué pasa cuando las personas nos centramos en defender nuestra interpretación por encima de todas, la constante lucha por tener razón?

¿Se animan a ver qué nos pasa cuando queremos “tener la razón”?

¿Son ustedes de defender su “posición”, su interpretación? ¿Cómo la defienden? ¿Cuando dicen: “Esto es así” admiten otro tipo de idea?

¿Se sienten atacad@s en su persona, cuando cuestionan sus creencias? ¿Se enojan? ¿Hasta qué punto lo hacen? ¿Pueden contenerse?¿Siguen escuchando lo que les dicen?¿Se dan cuenta de que dejaron de escuchar a la otra persona? ¿O entran a atacarla para “defenderse”?¿Qué les pasa en el cuerpo?

¿Les ocurre algo de esto?

Les propongo que entre tod@s veamos cómo y dónde se inician gran parte de los conflictos, desde los personales más simples hasta los conflictos internacionales más complejos: en este tema del PELEAR POR TENER LA RAZON. Y en el próximo post vemos cómo se sale de este juego.

L@s espero!!!

Hasta la próxima!


Laura



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CONSTRUYENDO PUENTES

Una de las principales causas de los conflictos se da cuan­do defendemos nuestra posición como si fuéramos noso­tros mismos, como si nuestro ser se estuviera defendiendo por encima de todo. Se cree generalmente que se ataca nues­tro ser, cuando en realidad lo que se cuestiona es el hacer. Y seguramente este cuestionamiento es sólo por la interpre­tación diferente que se tiene. Creemos que alguien nos dice que somos torpes, cuando únicamente nos observan que lo que hicimos está mal hecho.

En este punto, se afianzan más las posiciones, se vuel­ven más rígidos los planteos. Entran en juego las emocio­nes: bronca, enojo, impotencia, exaltación. El cuerpo se pone tenso, se pone rígido. Cada planteo en contrario se siente como un ataque personal, la lucha pasa a ser entre dos com­batientes. La otra persona se pone a la defensiva, y deja de escuchar, cierra su escucha en la comunicación. Y una vez que se cerró la escucha se pierde la posibilidad de solu­cionar algo.

La lucha por tener razón nos cierra en nuestro propio mundo, nos aísla, hace que sólo escuchemos y respetemos nuestra propia voz como la que vale, como la dueña de la verdad.

Es un juego muy sutil, que quizás pasa desapercibi­do.

En este punto, la solución a esta situación, lo que destraba el conflicto es la aceptación del otro. Aceptar que piensa diferente. La pregunta deja de ser quién tiene razón. Y pasa a ser: Si no sabemos quién tiene razón, o los dos la tenemos o ninguno de las dos la tiene, ¿cómo continuamos avanzando juntos en lo que sea que haya que hacer?

Construyendo Puentes

No hace mucho tiempo, dos hermanos que vivían en gran­jas adyacentes cayeron en un conflicto. Este fue el primer conflicto serio que tenían en cuarenta años de cultivar juntos hom­bro a hombro, compartiendo maquinaria e intercambiando cosechas y bienes en forma continua. Esta larga y beneficiosa colaboración terminó repentina­mente. Todo comenzó con un pequeño malentendido y fue creciendo hasta llegar a ser una diferencia mayor entre ellos; hasta que explotó en un intercambio de palabras amargas seguidos de semanas de silencio. Una mañana alguien llamó a la puerta de Luis. Al abrir la puerta, encontró a un hombre con herramientas de carpin­tero: “Estoy buscando trabajo por unos días”, dijo el extra­ño; “quizás usted requiera algunas pequeñas reparaciones aquí en su granja y yo pueda ser de ayuda en eso”. “Sí”, dijo el mayor de los hermanos, “tengo un trabajo para usted”. Mire al otro lado del arroyo aquella granja, ahí vive mi ve­cino, bueno, de hecho, es mi hermano menor. La semana pasada había una hermosa pradera entre nosotros, él tomó su máquina y desvió el cauce del arroyo para que quedara entre nosotros, como una separación. Bueno, el pudo hacer esto para enfurecerme, pero le voy a hacer una mejor. ¿Ve esa pila de desechos de madera junto al granero? Quiero que construya una cerca. Una cerca de dos metros de alto. No quie­ro verlo nunca más”.

El carpintero le dijo: “Creo que comprendo la situación. Muéstreme dónde están los clavos y la pala para hacer los hoyos de los postes y le entregaré un trabajo que lo dejará satisfecho. El hermano mayor le ayudó al carpintero a reunir todos los materiales y dejó la granja por el resto del día para ir por provisiones al pueblo. El carpintero trabajó duro todo el día, midiendo, cortando, clavando. Cerca del ocaso, cuando el granjero regresó, el carpintero justo había terminado su trabajo. El granjero quedó con los ojos completamente abiertos. Su mandíbula cayó. ¡No había ninguna cerca de dos metros!!!! En su lugar, había un puente, un puente que unía las dos granjas a través del arroyo. Era una fina obra de arte, has­ta con pasamanos. En ese momento su vecino, su hermano menor vino desde su granja, y abrazando a su hermano le dijo: ¡Eres un gran tipo! ¡Has construido este hermoso puente después de lo que he hecho y dicho! Estaban en su reconciliación los dos hermanos, cuando vie­ron que el carpintero tomaba sus herramientas. “No, espe­ra, ¡Quédate unos cuantos días! Tengo muchos proyectos para ti”, le dijo el hermano mayor al carpintero, “Me gustaría quedarme”, dijo éste, “pero tengo muchos puentes que construir”…

De mi Libro: Comunicación Una danza para mejorar nuestras relaciones.

Hasta la próxima!!!

Laura

CONFLICTO AL LÍMITE

¿Pueden dos personas o dos grupos de personas que piensan totalmente opuesto, alguna vez comunicarse y lo­grar un acuerdo?

Cuando existe un conflicto, una pelea, una disputa en la cual hay dos partes enfrentadas, solemos ver:

· POSICIONES EXTREMAS.

· PLANTEOS MUY RÍGIDOS

· EMOCIONES MUY MARCADAS.

· AGRAVIOS PERSONALES

· DIFICULTADES PARA COMUNICARSE.

· COSAS QUE SE DICEN DE MANERA DESCONTROLADA.

· COSAS QUE SE ESCUCHAN AUN CUANDO NO FUERON DICHAS

· EL PLANTEO ES: YO GANO/EL OTRO PIERDE

· NO HAY SOLUCION NI ACUERDO POSIBLE

Estas características se ven no sólo en los conflictos personales, se ven también en los conflictos sociales, políticos y aún en los conflictos internacionales.

Tenemos que tener en cuenta que los conflictos siempre son vividos por seres humanos.

Cada uno de nosotros tenemos una particular forma de vivir los conflictos y por sobre todo, de atravesarlos o de buscar resolverlos.

En algunos casos, las partes suelen quedarse estancadas en una posición extrema, donde uno mantiene el reclamo contrario al otro.

Cuando las emociones se refuerzan, es muy difícil que las posiciones varíen. Hay una concordancia entre la emoción y la posición que se plantea. Y se transforma en un círculo vicioso muy difícil de cortar, al menos por las mismas partes que participan del conflicto.

Cuando se fija la posición, esto es, el planteo inicial por el cual se presenta el conflicto, esto va acompañado de una emoción: enojo, ansiedad, temor, inquietud.

Cuando esto ocurre, todo lo dicho por el otro, puede enervar las emociones a punto tal de descontrolarlas. Cuando la emoción se enerva, se endurecen aún más las posiciones. Las posiciones ya no son sólo el planteo inicial, ahora se suma, el honor, la defensa de la dignidad. Mantener lo dicho se transforma en una cuestión de poder. Con lo cual, si se cede, puede ser vista esta actitud como debilidad. El correrse de la posición inicial pasa a ser visto como dejar de lado una cuestión absolutamente personal, diría que hasta la personalidad se siente afectada por el conflicto.

Sin embargo, el conflicto y la personalidad son cuestiones diferentes. Cuando las personas se encuentran inmersas en la disputa, esto no lo llegan a ver.

Algunas veces el conflicto toma tal intensidad que estalla de manera violenta por alguna o ambas partes.

Hoy no vamos a hablar de lo que ocurre cuando estalla el enojo de manera violenta. Vamos a hablar de lo que puede ocurrir para que este círculo vicioso se corte.

Para que el conflicto logre atravesarse, esto es buscando su resolución, o bajando un punto de tensión, o llegando a un acuerdo, debe necesariamente lograrse una transformación de las situaciones que planteábamos al comienzo.

· ACERCAR POSICIONES

· PLANTEOS MAS FLEXIBLES

· TRABAJAR LAS EMOCIONES

· TERMINAR CON LOS AGRAVIOS PERSONALES

· FACILITAR LA COMUNICACIÓN.

· INTERPRETAR MUY BIEN LO QUE SE DICE.

· ESCUCHARSE MUY BIEN AMBAS PARTES

· EL PLANTEO ES QUE AMBAS PARTES GANEN

· HAY ACUERDO ( O SE ACUERDA LA FORMA DE MANEJAR LAS DIFERENCIAS)

¿Es posible pasar de la primera situación a esta última? A veces Sí.

Por encima de todo, debe haber una profunda vocación de lograr una situación donde la violencia no sea la protagonista.

Si un conflicto sigue la escalada ascendente, puede llegar a la violencia. Cuando esto se sabe de antemano, ambas partes deben tener claro que ese es un techo del conflicto que NUNCA debe alcanzarse.

Ese ya constituye un primer punto de acercamiento para ambas partes. Y un primer acuerdo.

Otro punto importante, es que ambas se den cuenta de las dificultades para comunicarse entre ellas y que pidan ayuda a un tercero neutral para facilitar el diálogo.

¿En qué ayuda un tercero o una tercera posición en el conflicto?

El tercero ayuda a encuadrar la comunicación, da lugar a las emociones, pero ayuda a que ellas no interfieran en la posibilidad de un acercamiento. Ayuda a separar lo que son agravios personales, de lo que es el conflicto real. Y presenta un panorama más amplio del que se les presenta a las partes, pudiendo ayudarlas a encontrar más alternativas de las que ellas al comienzo visualizaban. Las pone a trabajar con un objetivo en común de lograr un acercamiento. Las hace protagonistas del acuerdo. Al ampliarse el panorama, se buscan formas en las cuales todos salgan ganando.

La mediación, la presencia de un tercero neutral, es una nueva forma de encarar los conflictos. En nuestro país se aplica para las causas judiciales y comunitarias desde hace más de 10 años, lográndose en muchos casos acuerdos satisfactorios. Esto es un corto tiempo, con lo cual el cambio en la forma de encarar los conflictos que tenemos l@s argentin@s, va a llevar un poquito más…y los ámbitos en los cuales se aplica la mediación se irán extendiendo también. La mediación no es la única manera de que un tercero colabore en la resolución de un conflicto. Hay otras, que las dejaremos para otra oportunidad.

La forma de resolución de conflictos es cultural: Culturalmente la forma en que uno aprende a resolver sus conflictos, desde pequeños , en nuestra sociedad es muy diferente a otras culturas, en las que ya está establecido que algún anciano, o un tercero con prestigio en la sociedad, o un grupo de “notables” colabore a que las partes hablen. Hay sociedades en que es mal visto que las partes tengan un conflicto y sientan a las partes a que hablen y hablen, hasta que logren ponerse de acuerdo.

¿La posibilidad de un acuerdo en conflictos que están al límite es una utopía?

NO.

Hay numerosas técnicas que ayudan a que se pase de la primera situación a la segunda. Y miles de conflictos se han resuelto de esta manera. En conflictos internacionales se han evitado guerras gracias a estas formas.

¿Será una utopía que en la Argentina, las partes que hoy están enfrentadas se sienten a negociar con una visión diferente o pidan ayuda para poder sentarse a negociar?

Eso ya no lo sé.

¿Ustedes qué opinan?

Hasta la próxima!!!

Laura


PONERSE EN LOS ZAPATOS DEL OTRO

COMPRENDER PARA SER COMPRENDIDO

Hoy les propongo un viaje en la comunicación. Un viaje fantástico que pocas veces realizamos y para el que no utilizamos nuestros zapatos, sino los zapatos del otro. Un viaje hacia quien se está comunicando con nosotr@s: Ponernos en el lugar del otro ¿Qué significa?

¿Se pone usted alguna vez en el lugar de la persona que se comunica con usted? Se preguntará ¿para qué? L@ invito a preguntarse: ¿usted siente que l@s demás l@ comprenden? ¿Siente que alguna persona no lo hace? ¿En qué circunstancias?

¿Le pasó alguna vez entrar en una discusión con otra persona y que esta “pelea” quede estancada porque ni un@, ni otr@ salen de los mismos argumentos?

¿Le ocurrió alguna vez que habló y habló para explicarle a otr@ lo que le pasaba y no logró sentirse comprendid@? ¿Le plantean a usted a menudo “Con vos no se puede hablar o vos no me entendés?

Esto es muy frecuente entre los seres humanos. Y lo es en diferentes ámbitos. No sólo en el familiar. Ocurre en organizaciones tales como empresas, o entre maestr@s y alumn@s, etc; ocurre también entre gobernantes y naciones.

Generalmente cuando esto ocurre, miramos hacia l@s demás: “ El otro no me entiende, ella es la cerrada, el otro es necio , etc, etc.”. Y no nos damos cuenta que la llave para abrir esa comunicación está en nosotr@s.

Si. En nosotr@s.


¿Probó alguna vez tratar de ver la forma que ve el otro?¿Trató de ponerse en sus zapatos, de “caminar un poco con sus sandalias”?

Para lograr una buena comunicación con l@s demás es importante saber cómo está viendo la otra persona las cosas, ver cuáles son las interpretaciones, cuáles son sus motivaciones, cuál es su punto de vista y algo que es más que importante y pocas veces lo hacemos, observar cuál es su estado de ánimo, cuáles son sus emociones, ver qué está sintiendo.

Esto no sólo es en pos de una buena comunicación, sino que también lo es para resolver los conflictos que se plantean con l@s demás. ¿Por qué se logra con esto una buena comunicación? Porque procurar comprender al otro es una base fundamental de respeto y reconocimiento del otro, como alguien diferente, distinto a mí, con su propia forma del ver el mundo. ¿Qué quiero decir con esto? Puedo no compartir lo que la otra persona piensa, pero tiene derecho a pensar como piensa. Aunque a mi no me guste, aunque no lo comparta.

Si me quiero comunicar con otra persona, y lograr con ella una buena relación, no puedo pretender ni imponerle mi propio punto de vista, ni dejar de reconocer que puede tener un punto de vista diferente al mío. Eso es respetar su integridad, su dignidad, su derecho como ser humano.

La pregunta sería: ¿Qué es importante para la otra persona? ¿Qué cosa no lo es? Lo que puede ser importante para el otro, quizás no lo sea para mí. Esa diferencia puede hacer que no logremos entendernos, o no logremos comprender por qué algo toma tanta dimensión en una conversación, y detona tantas emociones, como el enojo, la tristeza, la rabia! Le suena alguna discusión entre parejas diciendo “Te olvidaste de nuestro aniversario!!!”. Quizás para uno de los dos es importante recordar las fechas y para el otro no. Y nada tiene que ver eso con el amor.


Otra pregunta es ¿Si estuviéramos un ratito en su lugar, cómo veríamos las cosas? Si podemos, en ese análisis debemos incluir su forma de ver habitualmente, su historia, y mejor aún si conocemos sus emociones, sus sentimientos, sus estados de ánimo? ¿Conocemos sus miedos? ¿Qué l@ enoja? ¿Qué l@ deprime? ¿Podemos comprender su emoción? Y si no conocemos todo esto ¿Podemos mantener una conversación para preguntarle y acercarnos a comprender al otro?

Cuando la otra persona se siente escuchada, atendida, comprendida, tiene una apertura mayor a la comunicación, se predispone diferente, cambia su emoción, deja de defenderse si se siente atacada, se siente segura. Se promueve una apertura para que ella también escuche (Nos escuche, nos comprenda).Se produce un verdadero intercambio donde amb@s tratamos de comprendernos y escucharnos. Y esto construye respeto, cimiento para la relación.

Es un tema muy amplio y tienen muchísimas aristas, como decimos siempre.

Por ejemplo:

  • Sirve para reducir los conflictos
  • para lograr empatía, una mayor comprensión del otro
  • para no dar por sentado lo que piensa
  • para no dar por obvios sus sentimientos
  • para reconocer sus emociones y estados de ánimo
  • para ayudar a ver los diferentes puntos de vista que puede tener una misma situación
  • para desestancar un conflicto
  • puede abrir conversaciones que antes no hubiésemos podido realizar
  • para lograr mejores resultados en una organización
  • puede ayudar a mejorar las relaciones

Si hablamos de ventas, sirve para comprender mejor al cliente y realizar una venta en la que se sienta satisfecho. Si es en una empresa con sus empleados, sirve para lograr una mejor relación de trabajo, donde el empleado se siente contenido y no un “engranaje” de una máquina.

Sirve, por sobre todo, para comprender que todos somos diferentes, y que allí radica la maravilla del ser humano y la vida, y que en la diferencia podemos coexistir, construir juntos y emprender caminos compartidos para recorrer, sabiendo que en alguna parte nos podemos prestar los zapatos e intercambiarlos por un rato, para que amb@s podamos ver que el mundo es mucho más grande de lo que lo estamos viendo.

Hasta la próxima!!

Nos vemos el Domingo 11 de mayo en la Feria del Libro de Buenos Aires, a partir de las 16 hs. En el stand de la Provincia del Chaco, Pabellón Ocre.

Laura

De los conflictos personales a las grandes guerras

Alguna vez se puso a pensar qué son los conflictos. ¿En este momento cuál es el conflicto que se le presenta en su mente? El primero que se le cruza. ¿Hoy se peleó con su hij@, su marido le contestó mal, su señora se enojó con usted? ¿Su jefe lo trató mal, un empleado no hizo lo que usted le pidió?¿Su alumno le faltó el respeto?¿O se le presenta en su mente la guerra entre Irán y Líbano, o el conflicto entre el campo y el Gobierno o cualquier otro de la tapa del diario de hoy?

Todos ellos son diferentes tipos de conflictos. En distintos niveles, todos son producto de una confrontación entre dos posiciones diferentes. Son, o bien una tensión, una lucha o una pelea entre dos partes (o más), que pueden tener un igual o desparejo nivel de violencia. Puede haber conflicto sin violencia, pero no violencia sin conflicto. Aún cuando éste sea interno, de una sola de las partes. Esto es, que no se manifiesta violencia así porque sí, sin estar atravesando un conflicto interno muy fuerte.

Pero, se puso a pensar que lo que hay en común en los conflictos es que todos son producto de interpretaciones diferentes. En cada conflicto está en juego la interpretación sobre un mismo acontecimiento. Y ésta puede confrontar a las personas, o hasta a los estados en tal punto, que se puede llegar a las guerras.

Los intereses y las expectativas respecto de algún hecho, la interpretación respecto a un tema, a un objeto, a una opinión, son capaces de generar conflictos que en la vida de una persona pueden significar una ruptura con algún ser querido, un cambio en el trabajo, en las sociedades, tensiones muy fuertes y entre los países puede significar un conflicto armado.

En todos ellos, la matriz fundamental es la comunicación y la forma en que ella se establezca. Y, una parte esencial, es el componente emocional. La forma en que vivamos los estados de ánimo, nuestras emociones, nuestros sentimientos y la forma en la que nos comuniquemos va a lograr la diferencia en cómo resolvamos nuestros conflictos.

Y la manera en la que logremos resolver nuestros conflictos va a hacer la diferencia en nuestras vidas.

Es por ello fundamental saber que los conflictos nacen en la mente de las personas, en su comunicación, en la forma en la que cada un@ aprenda a resolver sus propios conflictos con un@ mism@.

Tod@s enfrentamos el desafío de la convivencia, en familia, en sociedad, en relación. Tod@s enfrentamos conflictos a lo largo de nuestras vidas. Aprender a resolver las diferencias, a comunicar nuestros intereses sin violencia o sin destruirnos en un conflicto, vivir junt@s aprendiendo a comunicarnos, son parte de los grandes desafíos de la época actual.

¿Cómo lo hacemos? Aprendiendo a respetar nuestras interpretaciones de las cosas, aún cuando sean diferentes. Saber que ellas corresponden a otra persona, a la que debemos respetar como tal, en su dignidad, en su integridad.

Aún cuando no compartamos estas interpretaciones, compartimos el ser humanos, compartimos emociones, sentimientos. Y siempre hay posibilidades de encontrar puntos de encuentro. Y aún cuando estos no se hallen, existe la posibilidad de aprender a convivir a pesar de los intereses opuestos. Esto que parece una utopía no lo es. Sólo tiene que haber una decisión. Basta una decisión para que el conflicto no estalle de manera violenta o destructiva.


En los próximos blogs lo vamos a ir analizando. Hoy sólo le dejo pensando una pregunta: ¿Cómo resuelve usted sus conflictos? ¿Qué emociones están en juego cuando tiene un conflicto?¿Qué hace con ellas? ¿Cómo se trata usted mism@ cuando está enojad@ por algo?

Siempre está la posibilidad de transformar un conflicto en un gran aprendizaje de vida.

La transformación del mundo comienza “ hoy” en vosotros y verán cómo inmediatamente el mundo se transforma en torno vuestro.

Juan Pablo II

Usted va a ver el símbolo de la @ en un montón de palabras. NO es un error. Fíjese que son palabras que hacen alusión a las mujeres y a los varones de manera indistinta.

Con el lenguaje podemos construir. Y con él podemos construir una realidad que nos englobe a todos y a todas, o una que deje a algun@ afuera. En los últimos tiempos se está utilizando este símbolo para englobar tanto a hombres como a mujeres en el lenguaje.

¡L@ invito a ver cómo cambia la lectura de un texto con la @ para englobar a todos y a todas!

Hasta la próxima!

Nos vemos en la 34º Feria del Libro de Buenos Aires. 3 y 4 de mayo a partir de las 20 hs. En el stand de la Provincia del Chaco, pabellón Ocre.

Laura Barrera

Abogada, Mediadora y Coach.. Autora del Libro “Comunicación, una danza para mejorar nuestras relaciones”.

Ojo por ojo…

Y se cegará el mundo, decía Gandhi.

Hoy me gustaría que veamos un video y compartamos una reflexión.

http://www.youtube.com/watch?v=xwjO1G8Kq6c

Cuántas veces somos nosotros “las conductoras”. Cuántas veces respondemos de la misma manera con que nos tratan o peor. ¿No pasa esto en nuestra vida cotidiana?¿No pasa con los conflictos que ocurre en la sociedad?¿O entre la sociedad y el estado?¿No ocurre en los conflictos que vemos en la actualidad?

Así suelen ser nuestras peleas y ¿a dónde nos conducen?¿Cómo imagina el final del video?

Muchas veces sucede esto con nuestras discusiones. Nuestras palabras, son el golpe en la puerta, en el paragolpes, en el frente. Y nuestra emoción es la que guía nuestros actos.

No nos creemos capaces de enfriar la situación para que no pase a mayores. No se nos cruza ni siquiera la necesidad de poner paños fríos. Reaccionamos y punto. “Que el otro se la aguante”.

Les cito un fragmento de mi libro “Comunicación. Una danza para mejorar nuestras relaciones”

“A lo que se nos presenta por parte de los demás sole­mos contestar con la misma moneda. “Si me tratan bien, lo trato bien”. “Si me trata mal, lo mato o lo voy a reventar”

El famoso “Ojo por Ojo, diente por diente”

¿Su conducta depende de los demás? ¿Si el otro es violento soy violento o violenta? ¿Si el otro es agresivo me convierto en una persona agresiva? ¿Si el otro no tiene edu­cación me convierto en alguien maleducado? ¿Si el otro es terrorista y mata me convierto en asesino y mato?

¿Qué opción hay? Me preguntará. “No me voy a que­dar callado”.O si el otro me sale a patotear no me voy a quedar quieto. Automáticamente salta también la frase: “¡ Me tengo que defender!”

Le pregunto: ¿no hay otra opción? “


Cada día me convenzo más de que siempre hay opciones. Hay mecanismos para no “engancharnos” en las conductas del otro. Hoy sólo vamos a hablar de los conflictos individuales. No me voy a referir a los conflictos sociales. Pero creo que esto es absolutamente aplicable.

Una de las posibilidades que tenemos es hacernos absolutamente responsables de nuestras acciones. Responder a nuestra convicción de no entrar en un conflicto sin sentido. Para que haya una pelea, tiene que haber dos que la busquen.

¿Y si la situación se presenta qué podemos hacer?

Primero, saber que no debemos reaccionar ante el enojo de la otra parte. Es el enojo del otro, no tiene por qué ser el suyo.

¿Y si lo que ocurre nos enoja a nosotros?

Debemos ser capaces de trabajar nuestro enojo para que no estalle de manera violenta. ¿Cómo? Esto es un trabajo interior muy grande, que ya lo hemos visto en los boletines

( ver en mi página en boletines anteriores) y en mi libro. Y seguramente lo seguiremos tratando en este espacio.No es que se trabaja solamente en el momento en que estalla la emoción. Es un trabajo que si usted tiene interés debería comenzar ya mismo.

Segundo: Siempre elegir la comunicación, hay conversaciones para tener, siempre que hay un conflicto.

SI la otra persona nos arremete verbalmente, podemos preguntar:

¿Qué es lo que estás sintiendo? ¿Qué es lo que te enoja? ¿Querés que lo conversemos.? Estoy dispuesta a que lo hagamos.

Esto descomprime la situación. Y se puede encarrilar una conversación en un marco de respeto mutuo.


Tercero: Dele espacio a la otra persona a que cuente la causa de su enojo- Esto libera de la carga emotiva. No juzgue ni se enganche con el enojo del otro.

Si hay violencia, córrase de la situación. Si es una situación en la que está enmarcada alguna cuestión física (golpes, agresiones) pida ayuda inmediatamente y no se quede metido en ese contexto.

¿Esto es salir corriendo? Y …si.

¿Siente que va a ser menos “Macho”o menos “fuerte” si lo hace? ¿No cree que ese concepto está un poco pasado de moda? ¿Necesita sentir que puede reaccionar fuertemente a una agresión para sentirse más fuerte? ¿Tiene algún sentido? La fortaleza de una persona se demuestra de mil maneras diferentes. El poder elegir una emoción constructiva en lugar de una destructiva, demuestra mucha más fortaleza aún.

La idea es dejar el espacio de violencia o conflicto mientras el enojo del otro no se reduzca. Esto es enfriar la situación.

Todo esto lo preserva de entrar en una conflicto violento que no se sabe dónde puede terminar y evita que siga cargando de violencia todo lo que lo rodea. Y resguarda las relaciones que nos importan.

L@ invito a que veamos entre tod@s más opciones. Y lo sigamos pensando…

Violencia y Comunicación en la Convivencia Cotidiana (segunda parte)

Aquello que “detona” la violencia parte de una conversación con nosotros mismos, de nuestro pensamiento, de lo que nos decimos respecto de nosotros mismos o de algo, o alguien. Esto íntimamente relacionado con otros dos factores: un estado emocional que nos impide evaluar opciones y nos predetermina a accionar de esa manera. Y además, una respuesta física que se corresponde tanto con la conversación como con la emoción.

Pero, si no es genético y se aprende, ¿Dónde se aprende? Aprendemos la violencia en nuestra convivencia cotidiana. Los seres humanos vamos conformando desde que nacemos nuestra forma de actuar y nuestro propio marco de interpretaciones referido a todo cuanto nos rodea. Lo hacemos a partir de nuestro hogar, nuestra familia, de nuestra sociedad, de nuestra escuela. Hasta lo conformamos a partir de los programas de televisión y de los estereotipos que aparecen en determinada época. Todo esto, en una compleja trama que nos lleva a “ser quienes somos”.

En un sentido amplio, cuando manifestamos la violencia respecto de nosotros mismos podemos hablar de acciones que tienden a la autodestrucción, adicción, desvalorización con conductas destructivas. Si es hacia los demás: desvalorización del otro, discriminación, amenaza, agresividad, y por supuesto violencia física, entre otras.

¿Cómo se manifiesta la violencia en la comunicación? De variadas maneras. Hay comunicación violenta cuando discriminamos por cualquier criterio, racial, religioso, de género, por cuestiones de clase social, o de estatus, de estereotipo de belleza, por cuestiones físicas, de edad o políticas. A partir de la discriminación generamos maneras de actuar frente a la persona discriminada y establecemos con ella un tipo de relación particular. Usted me dirá: “pero eso es sólo una expresión”. Las expresiones, las palabras generan una realidad. Cuando discriminamos negamos al otro, a otro ser humano que es distinto a uno. Al negarlo, estamos generando diferentes grados de violencia. ¿Qué le ocurre a usted cuando lo/la discriminan?

Generamos violencia también cuando negamos los sentimientos del otro, cuando no escuchamos lo que tiene para expresar, cuando nos creemos superiores, cuando descalificamos y juzgamos, y a partir de allí le negamos posibilidades. Cuando nos burlamos del otro en su ser, cuando abusamos de nuestra autoridad, de nuestra posición social, cuando no aceptamos al otro, cuando faltamos el respeto, cuando exigimos una determinada conducta, en lugar de hacer pedidos. Cuando creemos que tenemos razón y descalificamos al otro diciendo que no la tiene y cerramos el diálogo. Cuando negamos que la otra persona tiene sus propias necesidades y ponemos las nuestras por encima a cualquier precio. Esta violencia que se genera a partir de la comunicación en un aspecto individual, también se extiende a los grupos de personas. En todos los ámbitos que se le ocurra pensar, hasta en el político y el social.

Hay diferentes formas y diferentes grados de violencia que aparecen en nuestra comunicación cotidiana, que predisponen a un estado emocional específico – incluyo sentimientos, emociones, estados de ánimo-. Si me refiero a alguien a quien siento como superior o inferior, esto me produce un determinado sentimiento o emoción a partir del cual actúo, generalmente con alguna manifestación física desproporcionada. Se vive en una permanente tensión respecto a esa persona, en permanente conflicto, aún cuando éste sea sólo “interno”. La palabra, los estados emocionales y el cuerpo tienen una inseparable relación en el ser humano, en una coherencia de la cual iremos hablando en futuras notas. Todas se retroalimentan en “escaladas” ascendentes, por lo que el conflicto es cada vez mayor. Si éste no se trabaja, puede detonar hacia acciones violentas, en algunas personas, tanto por quien discrimina, niega, abusa, burla como por quien es discriminado, negado, abusado, burlado.

Usted me dirá ¿cómo “desaprendemos” la violencia? ¿Se puede “desaprender”?¿No debería desaprenderla sólo el violento? La persona que es violenta necesita hacer un profundo trabajo terapéutico con profesionales que lo ayuden a desaprender su conducta y desarticular su enojo y su agresividad. La persona que recibe la violencia de manera habitual o esporádica debe pedir urgentemente auxilio a personas que la ayuden a salir de ese entorno y también a aprender nuevas conductas que le impidan aceptar la violencia nuevamente para ellas. En ambos casos se debe encarar una acción concreta, ya que la violencia no desaparece sola.

En relación con la comunicación violenta, el cambio y el aprendizaje son necesarios. Muchas veces creemos que este “ser quien somos” es inmodificable. Y no nos damos cuenta que tenemos la posibilidad de ir aprendiendo, a lo largo de nuestras vidas, formas de ser diferentes, cuando la que “somos” nos destruye o destruye a otros, o no nos ayuda a lograr lo que queremos o en definitiva no nos deja ser felices. A partir de nuestra comunicación creamos nuestra vida. Podemos crear una vida con armonía o contribuir a la generación de más violencia. Todo cambio proviene de uno mismo y cada uno de nosotros es responsable de hacerlo. Confío en que, comenzando por nosotros, podremos multiplicar estos cambios hacia los demás y crear juntos, formas no violentas de relacionarnos.