De la fama efímera al ”Alto Guiso”

Con cierta frecuencia ciertos personajes ignotos saltan a la fama gracias a la difusión que adquieren sus videos en You Tube y otros similares. ¿Quién no recuerda al tano Pasman y su catarata de insultos el día que mi querido Club Atlético River Plate descendió de categoría? O cuando las cámaras del programa “Policías en Acción” tomó al Chipi inmortalizando la pregunta  “¿Y Candela?”.

Unos pocos meses atrás el joven hincha del Granate, Elías respondía a una pregunta en el programa de TyC Sport sobre el precio de una hamburguesa en los puestos ambulantes del estadio. “¡15 peso sale un paty acá! Con 15 peso me hago alto guiso!”

El video subido a YouTube con la frase del joven, recibió alrededor de 1.200.000 mil visitas en una semana. Luego se sumó la difusión de un billete falso de $15 pesos con el rostro de Elías.

Rápidamente nacieron una tema de cumbia y uno de música electrónica tomando el ”alto guiso” como inspiración para sus letras. Por hubo quienes, parodiando la situación en diversos contextos, subieron sus videos a la red, llevándolo a un plano internacional, uno de los cuales aparenta ser un argentino que reside en España y que reemplaza el “15 pesos” por “5 euros

Y aunque la fama es efímera, “alto” se instauró en el lenguaje coloquial de ciertos grupos como sinónimo de “bueno, excelente”. Los meses han transcurrido y la frase parece que se inmortalizó, ya que puede ser escuchada diariamente en la calle o en el transporte público sin que necesariamente se esté hablando de comida.

Pero con los primeros fríos del otoño a uno le vienen esas ganas de comer algo caliente, sustancioso, como una sopa, un locro o un guiso. Y como no escapo a las generales de la ley me dí el gusto de hacerme un sencillo pero llenador Guiso de Lentejas. La verdad que me salió riquísimo y no pude menos que exclamar “¡alto guiso!” al ver el resultado final.

Les paso mi receta, un video de humor sobre el tema y la foto del último plato que serví y disfruté al mediodía

(alto) Guiso de Lentejas económico

INGREDIENTES

1/ 4 kilo de lentejas remojadas durante 4 horas o toda la noche

3 cucharadas de Aceite (del tipo que prefiera)

100 g de panceta ahumada cortada en tiras finas

2 dientes de ajo picados fino

1 cebolla grande cortada en aros

1 ají morrón chico, sin semillas cortado en juliana

2 puerros enteros sin hojas

150 g de chorizo colorado cortado en ruedas

2 papas grandes peladas, y cortadas en dados

250 gr de calabaza, anco o zapallo sin semillas ni cáscara, cortado en dados.

Pimienta y sal a gusto

Caldo (del sabor que prefiera) cantidad necesaria.

PREPARACIÓN

Hervir las lentejas en agua con sal y el chorizo colorado cortado en ruedas colar durante unos 30 minutos y reservar. En una olla grande calentar el aceite y dorar las tiritas de panceta, luego incorporar la cebolla, el morrón y el ajo hasta que la cebolla esté transparente.

Agregar las lentejas escurridas, y los puerros enteros, cubriendo todo con la cantidad de caldo que sea necesaria. Dejar hervir 15 minutos.

Retirar los puerros y adicionar las papas y la calabaza o anco cortados en dados. Salpimentar a gusto y dejar cocinar hasta que la papa esté cocida, revolviendo cada tanto y agregando caldo para que la preparación no se seque.

Alto guiso

Algunas variantes: (puede usar una, todas o ninguna)

Junto con el chorizo colorado agregar carne de pollo sin piel cortado en cubitos.

Una vez cocinada la cebolla incorporar una taza de tomate cortado en daditos o la misma cantidad de puré de tomate.

Puede adicionar una taza de arroz blanco grano largo al incorporar las verduras, siempre cuidando de que no se seque la preparación caldo.

Para obtener un color y sabor más intenso condimentar con dos cucharadas de pimentón dulce.

Imagen de previsualización de YouTube

Sobre la caída de Blackberry y la verdad de la Milanesa

¡Buenas! ¿Que tal queridos lectores? Tal vez a varios de ustedes les sorprenda mi repentina aparición en la blogósfera luego de casi 400 días sin postear. Si, más de un año en que han pasado muchas cosas malas y buenas, pero que no minaron mi interés por la lectura y la escritura. Pero lo que me trae de vuelta a estos senderos de posteas, comentarios y feedback con amigos, conocidos y desconocidos es un tema tecnológico.

La tecnología ha sido mi aliada y herramienta los últimos 20 años en el ámbito laboral y social. Con muchos de ustedes transitamos un camino que nos conectaba a través de los blogs y los comentarios, luego el crecimiento de Facebook nos permitió interactuar otro poco y últimamente nos vemos también en Twitter (a través de mi user @josebetha). Eso desde lo social, pero hay un factor tecnológico importante que permitió que perduraran estos lazos: la gran red global de Internet, el crecimiento de los protocolos WiFi, la modernización de la red celular y los equipos Smatphone y la mayor cantidad de usuarios de Blackberry (o BB, como gustamos decirle) ha permitido que estemos on line las 24 horas (por lo menos para locos como yo)

Y llegamos al tema: hace tres días que Blackberry no funciona y la compañía canadiense no daba mayores explicaciones, cosa que aumenta la frustración de los usuarios y el temor de que estos fallos se vuelva a repetir. Pero según información aparecida en un diario digital (http://www.infobae.com/notas/610727-BlackBerry-afirma-que-caida-de-servicio-se-debe-a-fallo-de-un-interruptor.html) las deficiencias se deben a un interruptor averiado. Pero ¿que tipo de explicación es esa?, ¿es el motivo real? ¿Tiene algo que ver la muerte de Steve Jobs en todo esto? ¿Cuál es “la verdad de la milanesa”?

Esta frase tan repetida por los argentinos es aplicable a cualquier situación donde la respuesta a una pregunta no es completa, o desconocida, o cuando se hace una revelación, o se destapa algo oculto .Como ocurre con tantas invenciones culinarias hay un largo debate sobre el origen de la  tan sabrosa y apetecible “milanesa”, de la cual parece que nunca sabremos su real origen.

Y hoy mi retorno a este blog tiene que ver con Twitter, aunque parezca una paradoja, porque mi amigo Juan (@yTipocualquiera) publicó el siguiente tweet “¿¿Quién tiene la verdad de la milanesa?? No, en serio, necesito una buena receta…”, y como 140 caracteres no son suficientes para contestarle lo hago desde mi PC, conectada a la red con Internet provista por Fibertel mientras espero que el servicio Blackberry se restablezca y me permita estar conectado mientras estoy en el baño…

He leído por ahí que la carne empanizada nació en Viena, como “schnitzel”, una preparación muy similar a nuestra milanesa y que después fue conocido como “wiener schnitzel” o “escalope vienés.”

Pero en 1848, el austriaco mariscal Radetzky, enviado al norte de Italia para aplastar la rebelión contra los Habsburgo, descubrió en Milán la “receta original”, la de los lombardos, para preparar un escalope, impregnándolo en huevo, pan rallado y frito en manteca. Luego Radetzky volvió a Viena con la novedad de la receta, por supuesto más antigua que la del “wiener schnitzel”. Y de esta manera comenzó la controversia sobre su origen, donde luego intervinieron los alemanes, exhibiendo un manual de cocina berlinesa de 1838 donde describían la técnica de empanizar la carne y con ello reclamaban la paternidad de la “milanesa”.

Hasta 1900, la preparación figuraba en los menús europeos con su nombre austriaco, “escalope a la viennoise”. Pero con el tiempo se fue usando el término “milanesa” y por extensión, todas las comidas bañadas en huevo y posteriormente empanizados se definen como “milanesa de”.

Sobre la variación a “la napolitana”, es decir milanesa bañada con pasta de tomate y ajo, coronada con prosciutto, abundante mozzarella espolvoreada con orégano y luego gratinada era innegablemente de origen italiano hasta que no faltó el argentino que se adjudicó la paternidad.

La  tan deliciosa “milanesa a la napolitana” resulta ser más argentino que el Diego, y el dulce de leche. Adjudicándose su nacimiento hacia 1950, en el restaurante de José Nápoli, frente al Luna Park, en Buenos Aires, donde Don José, en un acto “desesperado”, utilizó jamón crudo, queso y salsa de tomate para disfrazar unas milanesas que se le habían pasado de dorado a un descuidado chef.

Así que no sé cuál es la verdad de la milanesa, pero le cuento como las preparo: Para 2 kilos de carne (prefiero el corte “cuadrada”, de carne de vaca) Desgrasar cada filete y salarlo a gusto. Luego bañarlos y dejarlos reposar por lo menos una hora en una mezcla preparada con 1 huevo, 1 diente de ajo picado muy fino, 1 pizca de pimienta blanca molida, 1 cucharada de perejil picado muy fino, 1 cucharadita de sal, 1 cucharada de leche

Luego cubrirlas con pan rallado (pueden usar algún “rebosador”, pero prefiero el pan rallado) al que puede agregarse 2 cucharadas de fécula de maíz (“Maizena”) como variante. Cocinarlas en horno caliente en una placa aceitada y rociadas con un chorro de aceite, o freírlas en abundante aceite bien caliente. En ambos casos cuidar de que no se dore demasiado y darlas vuelta para completar el dorado de las dos caras.

BB_MILANESA

De la poética y la buena cocina


Si, ya sé, “¿Qué tendrá que ver la escritura con la cocina?” Es que no hablo de escritura poética. No, poesía no siempre es sinónimo de “Manifestación de la belleza o de los sentimientos por medio de la palabra, que genera determinadas emociones en el lector u oyente”.

Existe también la “poesía visual” que es un género híbrido, en la frontera entre el ver y el leer. En la Argentina, a lo largo del siglo XX, encontramos las grafías plasti-útiles de Xul Solar, las escrituras de León Ferrari, las Lecturas públicas de Mirtha Dermisache.

También se conoce la “poesía experimental”. Y como dice una tesis publicada en El Surmenage “Su primera ocurrencia tuvo lugar en la Patagonia, 10.000años a.C., en la Cueva de las Manos. Las manos no son dibujos sino huellas, signos de uno mismo “como tales próximas a la firma, y por lo tanto a la letra” que al inscribir una plasticidad visual ofrecen la primera síntesis de lo que la poesía experimental considera su práctica posible”

Bueno, nos vamos metiendo en terrenos cada vez más abstractos y es muy probable que a la mayoría le resulte más amena una poesía tradicional, de esas melosas y de ritmo entrecortado, como esta que improviso para ustedes:

Dibuja la luna llena

plata sobre el mar

seduciendo las olas

cautivando gaviotas.

 

 Su faz bella y luminosa,

recuerda a tu sonrisa,

la dulzura de tu voz

el brillo de tus ojos.

 

 Vuela mi alma liberada

portando mil recuerdos,

veloz hasta tu ventana,

prendida en rayo de luz.

 

 Vuelve luego hacia mi.

perfume de canela y miel,

robado de tu nívea piel,

conjurando el corazón.

 

 Si, hasta suena cursi, pero no me van a negar que más de uno tuvo en alguna época de su vida vocación de juglar y se ha puesto divagante y meloso.

Meloso (del latín mellosus) refiere a la “miel” y es sinónimo de apacible y dulce. Pero la miel tiene diversas propiedades que son valoradas especialmente en invierno cuando el cambio de clima termina irritando la garganta y endulzamos un té o cuando pensamos en algo rico para acompañar una bebida caliente.

¿y la canela? No, no me refiero a la premiada locutora y conductora Gigliola Zecchin, más conocida como “Canela”, sino a la baya del Cinnamomum verum  que  molida es usada en muchos platos de cocina y también espolvorearla sobre la crema del capuchino de Starbucks…

Pero para no desviarme tanto del tema les dejo una receta tan fácil que es un poema….

 Pan de Canela, Miel y Anís             pan_canela_miel

Ingredientes:

1 1/2 taza de miel de abejas

1 1/2 taza de azúcar moreno

4 tazas de harina común

1 taza de leche

2 huevos

4 cucharaditas de polvo de hornear

1 cucharadita de bicarbonato

2 cucharaditas de canela

1/4 cucharadita De anís

Nuez moscada

 Preparación:

Se bate la miel con el azúcar moreno, se agregan los huevos, luego los ingredientes secos alternando con la leche. Se coloca esta mezcla en molde para budín engrasado y enharinado, se hornea por 25 minutos a 180º C

Estamos en la Era de Hielo…

¡¿En la era de Hielo?! ¿Qué le pasó a José Luis? ¿Se volvió loco?, se preguntarán mis fieles lectores. Pero no, yo estoy loco hace rato. Lo que pasa es que parece que no hay otro tema de conversación más importante que la “alerta naranja”, “la sensación térmica”, “¡que calor que hace!”, “¡está terrible!” y otras expresiones semejantes que tienden a monopolizar y cansar de repetitivas.

Entonces considerando la persistencia de la temática me pareció muy apropiado contarles acerca de un hombre sumamente persistente, tozudo y testarudo: Frederic Tudor. Este joven de 20 años vivía en la fría Boston, pero podía darse el lujo de viajar a países caribeños. Al regreso de uno de sus viajes bromeando con su hermano dijo que vender bebidas frescas al Caribe sería un buen negocio que les permitiría ser millonario.

¿Y que tenía de extraordinaria esa idea, si todo el mundo toma bebidas frías? Sí, es una costumbre común ahora. Pero hace 190 años pensar en  poner trozos hielo dentro de una bebida era considerado algo sumamente estrafalario. Pero esa era, justamente, la idea con la que se obsesionó Tudor, quien comenzó a  aserrar hielo de las congeladas aguas de los lagos de Massachusetts y lanzarse a la aventura:

Claro que los comienzos no fueron muy sencillos. Mostrándose escépticos por lo extraño del cargamento, ningún dueño de buque mercante aceptó transportar la fría carga de Tudor, quien se vio forzado a consumir todos sus ahorros en la compra de un navío propio. Su primer objetivo consistió en exportar los bloques de hielo a la isla de Martinica, en donde pensaba obtener el monopolio de las bebidas refrescantes.

En 1806, el “Favorite” llegó a Martinica llevando 80 toneladas de hielo pero la operación comercial resultó un fracaso absoluto. Los lugareños no estaban dispuestos a estropear el sabor de sus bebidas locales y se negaron a comprar el hielo de Tudor, quien veía con desesperación cómo su mercadería se derretía sin remedio.

Durante los años siguientes, las cosas fueron de mal en peor. La situación política, el caluroso clima y la falta de ventas conspiraron contra su sueño. La gente no se animaba a mezclar sus bebidas con un trozo de hielo; la idea les asqueaba y se burlaban del pobre Frederic, a quien creían loco de remate. Su hermano William se retiró del negocio y las deudas lo agobiaron a tal punto que Frederic estuvo preso tres veces entre 1809 y 1813. Pero la obstinación de Tudor era inquebrantable, e hizo lo imposible para convencer al mundo de que comprasen sus cubitos de hielo.

En la década de 1820, recurrió a todas las técnicas de marketing que se le ocurrieron para demostrar las bondades de su producto, incluyendo la degustación de “muestras gratis”. Tenía por costumbre invitar a cenar a personajes distinguidos, a los que servía bebidas en vasos de cristal con frescos cubos de hielo flotando en su interior. Pese a la resistencia inicial de la gente a beber los preparados de Tudor, una vez “roto el hielo” los invitados adoptaban para siempre el hábito de agregar hielo a sus bebidas.

Tudor viajó por todo el país ofreciendo su original producto. Poco a poco, convenció a los dueños de los bares para que vendiesen las bebidas con hielo al mismo precio que al natural, enseñó a los restaurantes cómo fabricar helados usando sus bloques de hielo y hasta dialogó con los médicos en los hospitales para explicarles que el hielo resultaba una cura ideal para los pacientes afiebrados. Lo cierto es que las personas jamás habían necesitado el hielo hasta que Tudor se los hacía probar. De allí en adelante, no podían vivir sin él.

Los negocios prosperaron a partir de entonces y Tudor no sólo consiguió vender bloques de hielo en el Caribe sino que también transportó su producto a toda Europa e incluso hasta la India. En su época de mayor esplendor, las compañías hieleras de Tudor realizaban embarques de más de 180 toneladas de hielo hacia Calcuta.

Frederic Tudor murió el 6 de febrero de 1864, sin alejarse jamás de de la máxima que escribió en la primera página de su primer diario el 1 de agosto en 1805, justo antes de empezar su aventura: “He who gives back at the first repulse and without striking the second blow, despairs of success, has never been, is not, and never will be a hero in war, love or business” que mas o menos se traduce: “Aquel que ante la primera dificultad, sin intentarlo otra vez, pierde la esperanza de triunfar. No ha sido, no es y nunca será un héroe en la guerra, el amor o los negocios”.

cubitos-de-hielo

¿Les gustó la historia? A mí me dejó pensando en lo importante de luchar por lo que uno quiere y además me dieron ganas de tomar algo con mucho hielo. ¿me acompañan?

Bananas Breeze

  • 20 cc de Licor de Banana
  • 30 cc de Cognac
  • 10 cc de Brandy
  • 40 cc de Jugo de Naranja
  • 10 cc de Curaçao

En el vaso de la licuadora agregar mucha cantidad de hielo. Luego agregar las bebidas y mezclar muy bien. Por último servir en vaso de trago largo.

¡SALUD!

De los cambios y las ensaladas…

Cada vez que  llega el cambio de la primavera al verano suele traer aparejado renovación de promesas de cambio en los hábitos. Principalmente cambios en la forma de alimentarse, y en segundo lugar en las rutinas para agregar alguna actividad física y para pasar más tiempo al aire libre. El objetivo de todo este conjunto de cambios es sentirse y lucir mejor para llevar a cabo planes de viajes, encuentros y vacaciones.

Para muchos que no tienen posibilidad de vacacionar sus planes apuntan a leer algún buen libro o, como en el caso de quienes disfrutamos de escribir en un blog, volcar por escrito ideas que rondan por nuestras mentes.

Muchos de mis lectores son también bloggers en Clarin y el cambio de plataforma con la incorporación de WordPress y luego pasar a ser Blogs de la Gente, más el uso creciente de Facebook y Twitter les ha resultado una verdadera ensalada. Así como le pasa a algunos que empiezan a hacer dieta estricta y comer ensaladas generando malhumor, así también le ha pasado a algunos escritores de blogs y twiteros novatos. Otros lo han tomado con mucho humor y resignación, dando ánimos a quienes sufren síntomas de abstinencia.

Yo no soy nuevo en esto de la informática pero también tuve que aprender y hechar mano a los recursos que encontré o me resultaban familiares. Mas o menos igual me pasó cuando abrí la puerta de mi heladera esta mañana buscando algo para comer al mediodía en mi trabajo. La verdad que había de todo, pero poco comestible: Granadina, sidra, hígado, queso cremoso, dulce de membrillo, yogur, sobrecitos de mayonesa, salsa de soja, etc, etc.

Pero en el cajón de abajo de todo, sí el de las verduras, había varias cosas comestibles que dedicí meter en una bolsa e inventarme una ensalada. Hay un viejo refrán que dice: “la necesidad tiene cara de hereje”, lo que quiere ilustrar que cuando se trata de solucionar algo a veces hay que recurrir a lo menos ortodoxo.

Generalmente cuando se diseña un plato los grandes cheff le dan un nombre siguiendo ciertas reglas de etiquette o convencionalismos del mundo culinario. Como no soy cheff les invito simplemente a preparar esta: …

Ensalada oficinista

Ingredientes

  • 1 zanahoria mediana cortada en daditos
  • 1 Pepino mediano cortado en rodajas
  • 2 Tomates medianos cortado en cubos
  • 1/2 Manzana roja cortada en daditos
  • 100 gr. Repollo blanco cortado en juliana
  • 1 cucharada de Mayonesa

Preparación

Mezclar todos los ingredientes en un bol, salar a gusto y comer lentamente acompañado de dos rodajas  de pan negro imaginándose su comida preferida

Del gas “subvencionado” al sol “regalado”

Las familias que vivimos en lugares de Argentina donde hay provisión de “gas natural” tuvimos una sacudida al recibir la factura hace dos meses donde los valores se habían multiplicado por cuatro. La factura que me ha llegado ahora tiene una leyenda que aclara que los precios tienen subvención del Gobierno. Tal vez le ha pasado como a mí: la primera es imposible de pagar y la segunda difícil también.

Siendo algo tan cómodo girar una perilla y tener gas a granel me puse a pensar en que pasaría si cortaran el servicio por falta de pago. Y hablamos solo de utilizar gas para cubrir las necesidades primarias de cocinar, calefaccionar y tener agua caliente. Pero para no ser egoísta me preguntaba cómo se arreglan las personas que no tienen gas natural y deben recurrir a gas envasado, leña, o kerosene. Y por casualidad llegó a mis manos un folleto que habla de “Cocina Solar”. No podía dejar de contárselos y despertarles la curiosidad para que luego se hagan un tiempito y visiten el enlace y el video que les dejo al final.

COCINA SOLAR PARABOLICA

La cocina parabólica familiar es un concentrador de la luz solar. Sobre un marco metálico, se sujetan planchas de aluminio pulido, que tienen alta capacidad para reflejar la luz solar. La pantalla tiene un diámetro de 1,4 metros, lo que equivale a una superficie reflectora de 1,5 mts. cuadrados. La forma paraboloide refleja los rayos solares de modo que todos ellos se concentren en un punto llamado “foco” donde el calor es tan potente, que se puede encender un papel o una madera. La temperatura en el foco puede alcanzar los 400 grados La cocina solar funciona únicamente por radiación solar directa, es decir, cuando está enfocada hacía el sol. Su mejor rendimiento es cuando el sol está radiante y el cielo despejado.

En la Puna, las condiciones climáticas son excelentes para el uso de la energía solar, porque al mediodía se registran valores de insolación directa superiores a mil cien Vatios por metro cuadrado de superficie plana.

En estas condiciones, la energía que genera la cocina solar es de aproximadamente 700 Vatios. Tres litros de agua fría alcanzan el punto de ebullición en veinte o treinta minutos. Si el cielo está parcialmente nublado, también funciona, con un rendimiento de la cocina solar más bajo y con tiempos de cocción más largos.

Guiso solar de trigo para ocho comensales.

A las 9:30 de la mañana, se coloca la parábola al sol. Sobre el sostén que está en el centro de la misma, se pone una olla de color negro. En esta olla se vierte agua y un kilogramo de trigo, que ha sido remojado en agua desde la noche anterior. Luego de medía hora aproximadamente, la preparación llega al punto de hervor y se la deja hervir durante una hora más.

Mientras el trigo se cocina, se preparan los demás ingredientes: se corta un kilogramo de carne blando (de llama, de cordero o de vaca) en trozos pequeños y si se puede, un cuarto de kilo de panceta. Además, se cortan en cuadraditos unas papas peladas, zanahorias, un pedazo de zapallo, una cebolla y unos dientes de ajo. Pasada una hora se retira el trigo de la cocina y se coloca otra olla grande y de color oscuro en la parábola.

Con un poco de aceite, se dora la carne y la panceta, De a poco, se agrega la cebolla, el ajo y la verdura picada. Se sigue revolviendo con cuchara de madera para que los ingredientes se doren y no se quemen con el calor que proporciona la cocina solar. A continuación, se agregan los granos del trigo cocidos anteriormente y la cantidad de agua necesaria. Se condimenta con sal, pimiento y con las especies que se tengan como romero, orégano, tomillo u otras.

Con la energía del sol se deja cocinar despacito este guiso unos cuarenta minutos más, hasta que se incorporen bien todos los distintos alimentos. Al mediodía, el guiso está listo. Se sirve bien caliente en platos hondos, decorados con verdeo, cebollín y perejil muy picado). Si le gusta el picante, puede agregarle una cucharita de “llajua” (salsa picante de tomate y ají locoto) Buen apetito!!

Para más información sobre este proyecto y otras aplicaciones de energia no convencional los invito a visitar www.ecoandina.org

Una explosión de sabor

Viajemos al año 1510, nos encontramos con el conquistador Hernán Cortés y sus hombres desembarcando en la America precolombina. Los nativos nos ofrecen unos collares confeccionados con sus manos que descubrimos luego que son igual que los extraños amuletos que los sacerdotes aztecas portaba en las ceremonias. ¿Acaso nos ofrecen oro, perlas, piedras preciosas? ¡NO! Estos valiosos adornos están hechos con sartas de POCHOCLOS

SI, leyó bien. P-O-C-H-O-C-L-O. Desde hace más de 6.000 años los habitantes americanos habían notado que los granos que contenían una cierta cantidad de agua estallaban en el calor. Un Técnico en Alimentos nos diría que el maíz debe tener un 14 por ciento de agua para que por acción del calor la humedad se evapore y ejerza presión hasta romper la cáscara del grano en un estallido. El resultado es una masa blanca y esponjosa que son las flores de maíz conocidas también como “palomitas de maíz” o “pororó”, palabra que deriva del guaraní y que significa “estruendo, ruido violentó”.

Pero los aborígenes no solo hacían collares, obviamente que se lo comían y constantemente. Y yendo un poco más allá algunos fabricaban corpiños que ofrecían como mercadería a la tripulación de Cristóbal Colón. (Habrá que ponerse a enhebrar…)

Pero otros estudios antropológicos y arqueológicos han demostrado que el “maíz pisingallo”, en alguna de sus 700 variedades, se cultivaba antes del descubrimiento de America en Sumatra, la India y China. (Lo que me hace reflexionar sobre el origen de los nombres de las personas en ese último país, ¿estarán relacionados con los sonidos del maíz al estallar?)

Por supuesto que con el correr de los años se fue conociendo en todo el mundo y se buscó la forma de producir pochochos industrialmente. Las primeras máquinas especialmente concebidas para la fabricación de pochoclo aparecieron en 1885 gracias a la inventiva de Charlie Cretors, quien de esta forma pudo ofrecer de forma ambulante un alimento rico y económico.

Pero recién para 1910 se popularizó su venta en los teatros y cines de Estados Unidos, implantando una costumbre que dio la vuelta al mundo a tal grado que las palabras cine y pochoclo parecen inseparables. A quienes lo disfrutamos parecemos pollos insaciables capaces de consumir un balde de 5 litros durante el transcurso de la primera mitad de una proyección.

Atento a la crisis económica y la epidemia de gripe porcina se incrementó la afluencia de clientes en los locales de alquiler de videos y la venta de maíz pisingallo en los comercios especializados. Sin embargo muchos no saben como hacer pochoclo en casa y los que sí saben protestan porque “no sale igual que los que venden en el cine” a precio de oro. Otros recurren a unos paquetitos que puestos en microondas, de acuerdo a las instrucciones, le devuelven una pochoclo casi instantáneo.

Este post lo dedico especialmente a Lauris y Leandro quienes en tono humorístico desde su blog, y emulando gráfica promocional de películas, muestran las caras de muchos escritores de esta comunidad. Así que les recomiendo que una vez que tengan listo el pochoclo se sienten en la PC a reírse un rato con las ocurrencias de Blogsbuster. Mi agradecimiento a Diego que me dió la idea del titulo y con quien he compartido tardes de cine comiendo pochoclo.


¡POCHOCLOS COMO LOS DEL CINE!

Usar una olla alta. Esto es sumamente importante para evitar que se llene toda la cocina de pochoclos

Colocar 3 puñados de maíz pisingallo en la olla, agregar media taza de té de aceite (común de cocina)

Encender una hornalla a máximo, poner sobre ella olla sobre el fuego, tapar y sacudirla cada 10 segundos (para evitar que se quemen)

Cuando empiezan a estallar seguir sacudiendo, más seguido, hasta que pasen unos segundos sin que explote ningún maíz.

Retirar la olla del fuego, colocar 3 o 4 cucharadas de azúcar Bajar el fuego a medio.

Colocar la olla nuevamente en el fuego y revolver con cuchara de madera constantemente hasta que los pochoclos tomen color y no se vea más azúcar en el fondo. El azúcar se pone líquido, por eso es importante mezclar bien para que ese caramelo cubra todos los pochoclos.

El punto justo solo se va a lograr con la práctica y va a depender del material y tamaño de la olla, la cantidad de maíz y azúcar usada y la intensidad del fuego

NOTA: En el año 2006 Argentina era el principal exportador de maiz pisingallo del mundo.

Lenguaje y cocina

Como ocurre con otras “tribus” los que gustamos de jugar en la cocina tenemos nuestro propio lenguaje. Usamos palabras diferentes, únicas que fuera de la cocina sonarían sin sentido. Sin embargo, a diferencia de los gestos o las sonrisas, estás no conforman un “idioma universal”. Para ilustrarlo: tome un libro de recetas editado en México, otro de España y uno de Narda Lepes o Martiniano. Aunque usen ingredientes y procedimientos similares lo expresan con palabras tan diferentes que a uno le da la sensación de a alguno de ellos se le olvidó el idioma materno. Y en realidad estas diferencias, esta variedad es lo que añade belleza a la lectura, a la vida.

En mi caso alimenta mi curiosidad, mi imaginación y el deseo de aprender más, escribir mejor y expresarme con claridad .A veces esto se convierte en un desafío porque, aunque este blog está dentro de un medio de Argentina, tengo lectores en varias partes del mundo, y mi deseo es que al leerme puedan pasar un buen momento, aprender algo nuevo, o motivar algún recuerdo.

Me llevé una sorpresa cuando quise buscar información para contarles algo relacionado con la receta que les voy a dejar más abajo. Esta la he extraído de un libro de “Pasta y cocina italiana” que compré por un impulso. ( señoras, a veces los hombres tenemos esas reacciones).

Fuí al supermercado para comprar algunas cosas necesarias para la oficina y por casualidad pasé frente a un exhibidor de libros cuya temática era “Cocina”. No me pude resistir y me entretuve un rato hojeando varios de ellos hasta que llegué a la contratapa de éste en particular y quedé prendado de su precio. No podía pedir más: 240 recetas ilustradas en una encuadernación de lujo, en un español bastante comprensible y a un costo de revista de chimentos.

Volviendo al punto que quiero ilustrar. Toda mi vida conocí y comí “budín”, pero aquí se habla de “pudin“. Y a pesar de que invertí una buena cantidad de horas buscando el origen de esta preparación y las causas de la deformación idiomática consecuente no pude satisfacer mi curiosidad. Así que si alguien tiene información al respecto voy a estar gratamente agradecido si la comparte.

Ahora les dejo y recomiendo esta receta que he “traducido” al español usado en Buenos Aires. ¿cuentan después que les pareció?.

Pudín italiano de pan

Ingredientes

15 gr. de manteca

2 manzanas pequeñas, peladas, sin corazón, cortadas en aros

1 taza de azúcar blanco

4 cucharadas de vino blanco o moscazo

100 gramos de rebanadas de pan francés o baguette sin corteza. Si es del día anterior mejor.

300 cm cúbicos de crema de leche

2 huevos batidos

Ralladura de cáscara de naranja o limón

Preparación

Enmantecar bien un molde savarín o para torta de 21 cm

Poner las rodajas de manzana sobre la base y espolvorear con la mitad del azúcar

Mojar la manzana azucarada con el vino o moscazo

Cubrir esta preparación con rodajas de pan, presionándolas un poco.

En un recipiente aparte colocar la crema, agregar los huevos, el resto del azúcar y la ralladura de cáscara de naranja o limón.

Verter esta mezcla uniformemente sobre el pan y dejar reposar 30 minutos para que quede bien embebido.

Luego hornear el pudín durante media hora a temperatura media.

Desmoldar y servir caliente.

Del tambo al gallinero

Cuando yo era un niño inocente y sin tecnificar, la leche la traían desde un tambo en un carro tirado por un caballo y uno iba con su olla u hervidor a buscarla a la puerta de casa, luego la hervía y recién se podía tomar. Cuando se iba enfriando se forma encima una “tela” que era especial para sacarla con un pedazo de pan y degustarla. Era la famosa “gordura” que muchos rechazaban porque les daba asco y exigía a las madres abnegadas a colar la leche.

Luego llegó la época en que venía envasada en botellas de vidrio de boca ancha cerradas con una tapa de papel metálico. En general, en el barrio de clase media donde vivía. todos las íbamos a buscar a un almacén de esquina. Con su ochava cubierta por un techo de aluminio o chapa que por un extraño mecanismo de manivelas giraba sus paneles para que entre el sol, era el lugar donde uno encontraba todo lo necesario para su cocina.

Como decía, la leche venía en botella de vidrio. No había muchas marcas, ni variedades, ni era adicionada. Al sacar la tapita uno se encontraba con una firme capa de crema lista para ser extraída con una cucharita luego de pelearse con otros integrantes de la familia para ganar el derecho a comerla.

Y el yogur, que tenía característica de lujo, era provisto por “La Vascongada” en envase de vidrio. Y el aceite, venía en envase de vidrio retornable y cuando la economía apretaba uno lo llevaba a don José y éste accionaba una bomba manual inserta en un tambor para extraer el dorado líquido a un precio más accesible.

La harina, la polenta, el azúcar y otros alimentos se encontraban en bolsones de papel enormes y uno podía pedir menos de un kilo. Al igual que la manteca, la levadura, la margarina y el Mantecol que venían en panes enormes y uno compraba solo lo necesario

De esta época cuando llegaba el invierno llegaban los “sabañones” y las “garlochas”¿alguien se acuerda? Y las consabidas recetas para gripes y resfríos que las viejas imponían a la fuerza y uno terminaba tomando cada cosa asquerosa que ni los nombres quedan en el recuerdo.

Pero había un preparado mágico para recuperar energías y librarse de la gripe que siempre se hacía en casa y que hace pocos días en otro blog supe cual era su nombre Se hace con el ovoide producto de la gallina: el huevo. Este remedio que, según la señorita “Sugus” comentara en el blog de Maia, se llama “Leche de gallina”, ha llevado a más de uno a preguntarse: ¿Cómo se hace para ordeñar un pollo? Aquí les dejo la respuesta:

LECHE DE GALLINA (para la gripe no aviar , o simplemente para el paladar)

Ingredientes:
1 yema de huevo (de gallina)
¼ litro de leche entera, común (de vaca)
Azucar, cantidad necesaria (sobre la marcha se dará cuenta)
Oporto: dos cucharaditas (u otra bebida espirituosa)

Preparación:

Batir la yema con un tenedor dentro de un tazón brevemente hasta que pierda cohesión. Agregar una cucharada de azucar y volver a batir hasta que se una bien. Agregar una cucharadita de oporto y seguir batiendo. Agregar otra cucharada de azucar, seguir batiendo. Poner la otra cucharadita de oporto y batir enérgicamente. Ahora agregar otra cucharada de azucar y batir hasta que tome consistencia bien cremosa, como si fuera un Mouse. Si está muy líquida agregar más azucar de a poco.

Calentar la leche hasta que llega su primer hervor, volcarla sobre la preparación del tazón y tomarla metida en la cama con una buena película para disfrutar o una buena compañia para dormir abrazados..

Escuchar la radio sin Peña

Mis lectores habituales saben que esto no es un blog culinario profesional y técnico como el que pueden encontrar administrado por grandes chef. Les cuento siempre de algo que leído, escuchado o vivido y termino relacionando con alguna receta que conjugue o contraste con lo expresado.

Este es un post que escribo con un estado de ánimo diferente al de otras veces. No lo hago con la alegría habitual. Estoy cargado de melancolía por la desaparición de una persona muy talentosa e inteligente que ha acompañado cientos de mis mañanas desde hace 10 años.

Trabajaba en la década de los 90 en un obrador de una empresa constructora contratista de Edenor, en una oficina grande, con pisos de cemento, paredes de ladrillo pintadas y una rara mezcla de sillas, mesas, escritorios, ficheros y estantes que conformaban el mobiliario tosco pero práctico necesario para la obra.

Por supuesto no faltaba el dispenser con botellón de agua que surtía a los termos, tazas y mates que circulaban cada mañana entre la decena de compañeros. A este ritual matinal lo acompañaba una vieja y vetusta radio sintonizada siempre en una emisora donde una troupe de personajes nos deleitaban con sus ocurrencias, chistes, críticas y peleas, con la participación de los oyentes que llamaban o dejaban mensajes.

Nos llevó varios meses darnos cuenta que el taxista Mario Modesto Sabino siempre sabio y reflexivo, el pibe de la calle Rubén Ramón Sixto Alegre (Palito) con su rudeza e ingnorancia, la locutora Cristina Megahertz que pregonaba su travestismo y el conductor Ricardo Alfredo Nuñoa Cruz (Dick Alfredo), mexicano culto y verborrágico eran todos una misma persona: Fernando Peña, uruguayo, comisario de a bordo y actor.

La charla mantenida entre ellos cada mañana, con un ritmo frénetico y sin contradicciones eran solo un pequeño reflejo del talento de Peña que no solo daba voz a sus personajes, sino que les daba vida. Era imposible que todo lo que pasaba estuviera estructurado en un libreto. La improvisación continua e inteligente nos dejaba admirados y nos llevó a ser seguidores fieles, “escuchadores” del programa “El parquímetro”.

No era un simple programa de entretenimiento, porque cuando personajes como Roberto Flores, Martín Revoira Lynch, Rafael Orestes Porelorti, Monseñor Lago, Johatan Bermúdez, Delia Dora Fernández de Fernandez o Elisa Rufino aparecían en el éter radial podíamos estar seguro que tras su actuación exagerada había una crítica seria, mordaz, un poco irrespetuosa pero necesaria hacia ciertas estrucuturas o mandatos culturales que nos condicionan día a día.

No siempre me sentí cómodo escuchandolo, y en más de una ocasión pensé que se excedía en sus dichos. Pero nunca pude despegarme de escucharlo cuando tenía la ocasión. Y ahora que siento la ausencia en la radio me doy cuenta que no hay nadie que puede reemplazar su gran carisma y talento.

Por primera vez en mi vida derramé lágrimas por la muerte de un famoso. Quien lo siguió siempre me entenderá. Quien recién lo estaba conociendo nunca podrá medir el impacto que tuvo en la vida de miles de “escuchadores”.

Y como corolario de este post y siendo fiel a mi estilo les dejo una receta. No una receta culinaria, ni una receta mía. Un pequeño atisbo a la “receta” que hizo a Fernando Peña alguien inolvidable.

http://elparquimetro.metro951.com/2009/05/13/la-receta-de-pena-para-la-garganta-miel-y-crema-mmm/