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Agradezco que (no) me agradezcas…

El coaching ontológico, que toma entre sus fundamentos la teoría de los “actos del habla” destaca, entre otros, al “acto de declarar”.

La declaración es una herramienta poderosa mientras exista el compromiso de coherencia con uno mismo en quien emite la declaración y de validez, en relación con los demás, cuando el que la hace actúa en consecuencia.

Terminando este año 2009 y entrando en época de festejos, de cierres, de comienzos, de conclusiones e inconclusiones, de descanso para proseguir o de “borrón y cuenta nueva”… me parece oportuno revalorizar una de las declaraciones más importantes y universales que podemos hacer los seres humanos: la declaración de GRACIAS.

Es costumbre agradecer el esfuerzo o sacrificio ajeno y como respuesta muchas veces escuchamos un “no es nada” o un “no hay nada que agradecer”. Recuerdo el dicho pintoresco de mi padre que decía “gracias hacen los monos“. Encuentro esta típica respuesta cuando el destinatario de las gracias siente que no hubo tal esfuerzo, incomodidad o postergación para dar lo que ha ofrecido, sino que lo que hizo fue con inmenso o intenso placer, con ganas, con alegría…

Sin embargo, creo que siempre es valioso y oportuno el dar las gracias, por el poderoso significado contenido en ello y la realidad que genera entre los que se las prodigan.

GRACIAS: la declaración de gracias es poderosa, como la de BASTA, la de AMOR, la de PERDÓN, la de INDEPENDENCIA o la de GUERRA…

Las gracias se dan, se entregan para exaltar la presencia viva del destinatario (incluso cuando está ausente). Es tan fuerte decir gracias que casi no puede interpretarse mal, salvo acaso cuando se le agrega un “¡¿eh?!” al final y se dice con tono irónico, como una queja mal hecha…

Si nó, simplemente está el “gracias”, para nutrir la relación, para que el hablante exprese la importancia de la presencia del otro en una maravillosa coincidencia del espacio-tiempo.

Cuando damos sinceramente las gracias, expresamos la intención de “hacer saber al otro la alegría que su presencia nos produce“, por ser simplemente quien es y ofrecer lo que ofrece, por lo que se vive en el estar juntos. Esto nos recuerda al gran filósofo Spinoza, cuando definía al amor como: “la alegría acompañada de la idea de una causa exterior”. Esa alegría del encuentro que se produce gracias a ese otro-que-no-soy-yo y que se ha hecho presente es lo que se expresa en la gratitud.

Todo eso y mucho más está detrás de la palabra GRACIAS.

Incluso cuando alguien nos regala amor en sus actos o con sus palabras, bueno es agradecerle, porque es una forma de compartir ese amor, de hacerlo mutuo, de ampliar el alcance de su perfume y rociarlo al universo en un grito silencioso. No se agradece solo lo que se pide, sino lo que se recibe, como un rito de entrega mutua.

Las gracias crean “relación”, no simplemente constituyen una formalidad vacía para cerrar “educadamente” una transacción.

Entonces dar las gracias no es tampoco devolver lo recibido ni aceptar simplemente el “don” o “lo dado” como al pasar. Tampoco es considerar que solo es merecedor el que, según mi parecer, ha hecho un sacrificio. Se trata de compartir y vivificar un sentir…

En mis GRACIAS yo expreso que “es importante para mi esto que me das, que lo tomo alegremente porque viene de tu persona, valiosa, única y porque así de valioso y único es este encuentro”.

No dar las gracias es dejar en el vacío de la obviedad algo demasiado bello para destacar del trasfondo… Y es bueno para que en la comunicación se refuerce la relación.

Por eso, para mí, las gracias son importantes y por eso las doy a menudo.

También por eso quiero agraceder aquí a quienes amo, por estar, y a quienes me aman, por lo mismo y permitirme estar: esta reciprocidad es un maravilloso regalo de la vida que, como una invitación a un cómodo hogar, es conveniente tomar y valorar.

Y doy gracias a quienes me acompañaron desde distintos lugares y en distintos momentos este año, a los lectores advenedizos que pasearon por aquí, a mis colegas y a los que han oficiado de guía en mi proceso de formación continua, y a quienes compartieron vivencias, actividades y talleres conmigo, por contribuir con su presencia y su mirada a mi aprendizaje cotidiano. También a mis consultantes y coachees por confiar y por regalarme su escucha atenta y, especialmente, agradezco que me hayan entregado algo tan valioso como su tiempo y un fragmento de sus vidas.

GRACIAS. GRACIAS. GRACIAS.