CONCIERTO PARA LA CARTA DE UNA DESCONOCIDA (de la banda sonora de mi vida)
Hay melodías,acordes que se graban indeleblemente en el subconsciente,listos para aparecer en el momento menos pensado…
Un atardecer casi otoñal para la época,un cielo de claroscuros nubarrones australes,los últimos vestigios rojo salmón del sol poniente; el mar ya está en sombras y bate indómito contra las rocas del paseo Dávila,desparramando su aroma salino de océano revuelto. Alguien ha detenido su vehiculo junto a la costa,y a través de la ventanilla surge el sonido de un violín,una orquesta… ¿Dónde,cuándo esta música estuvo presente en mi existencia? Es como un “dejà vu”…
Y súbitamente recuerdo. Un libro,una película,un día cualquiera de mi adolescencia frente al viejo Zenith blanco y negro…
El libro era una novela: “Carta de una desconocida” del escritor austríaco Stefan Zweig,y la película,un dramón de la época de oro del cine mexicano,basada en dicha novela,llamada “feliz año amor mío”…¿Cómo era aquella novela? Ah,ya recuerdo…
Viena, 1900, después de tres días de excursión por la montaña, un hombre se dirige a su casa. Una carta está esperándole. Una carta de una mujer que revela su gran amor hacia él, una pasión que ha durado toda una vida y que ni el tiempo ni la distancia han logrado deteriorar. Un amor del que nunca supo. Le recuerda su breve aunque apasionado romance en su juventud, la dureza de criar ella sola al hijo de ambos, y su último encuentro, durante el cual el hombre no la reconoce y la sume en la desesperanza. Tras la perdida de su hijo, el único lazo que le unía al hombre que amaba, no le quedaban fuerzas para vivir. Solo en una carta, es capaz de contarle toda la verdad. Por primera y última vez. Estremecido por la carta, el hombre busca desesperadamente en sus recuerdos a esa mujer cuyo nombre desconoce.Ya es demasiado tarde…Ella ha muerto,y él arrastrará el resto de su vida el remordimiento de no haber presentido a ese su único gran amor.
Y la música…En la última escena de la película,el protagonista,Arturo de Cordova,devenido en violinista famoso por obra y gracia del argumento,llora sobre la tumba de aquella desconocida,mientras se escucha esa misma melodía que hoy, tantos años después, vuelve a mí a través de la ventanilla de un auto cualquiera,un atardecer más que fresco de febrero junto al mar.
FRAGMENTO DE LA CARTA
“Pero recuerdo, querido mío, el día y la hora en que quedé para siempre enamorada de ti. Acababa de dar un paseo con una amiga del colegio y estábamos las dos charlando delante de la puerta. Llegó un auto y descendiste tú para entrar en tu cuarto. Algo dentro de mí me impulsó a abrir la puerta, y nos cruzamos el uno con el otro. Me lanzaste una suave, cálida y en-volvente mirada, llena de ternura, me sonreíste —sí, no puedo decirlo de otra manera— afectuosamente, al mismo tiempo que decías en voz baja y casi familiar: “¡Muchas gracias, señorita!” Eso fue todo, querido, pero desde el instante en que sentí la suavidad y ternura de tu mirada quedé locamente enamorada de ti. Sólo más tarde he comprendido que esa mirada atrayente, y al mismo tiempo desnuda; esa mirada de seductor nato que diriges a cualquier mujer que se halle junto a ti, a la vendedora de tienda o a la sirvienta que abre la puerta; esa mirada no es en ti consciente ni significa ninguna especial inclinación, sino que tu ternura hacia todas las mujeres hace tu mirar siempre dulce y agradable. Pero yo, una niña de trece años, lo ignoraba: me hallaba sumergida en fuego. Pensaba que aquella ternura estaba dedicada a mí solamente, y en aquel instante, en mi derredor, en lo íntimo de aquella criatura todavía a medio formar, se despertó la mujer, una mujer enamorada de ti para siempre.”
**************************************************************************************************

