LOS 7 PECADOS CAPITALES (IV): La avaricia
Hasta ahora reflejamos apenas en algunas letras y un poco de buena música aquellos pecados capitales que no vacilamos en cometer con fruición, a sabiendas que no ofendemos realmente los preceptos bíblicos ni ninguna otra regla humana o divina posible, por el contrario son aquellos que nos conducen precisamente a ese estado de gracia que tan necesario es al placer de los sentidos en nuestra modesta condición humana.
Pero ahora le toca el turno a los otros, aquellos que sí debemos evitar, para no ser rebajados a la miserable condición de parásitos que se arrastran en el barro degradante de las miserias que contaminan el espíritu y el cuerpo… He aquí el primero de ellos.
O Fortuna (CARMINA BURANA – Carl Orff)
Versión de HAL9000
LA AVARICIA
Recoje el chacarero la simiente madura, el vendimiador la uva que estalla pletórica en dulzura…
La simiente se tornará en alimento, la uva en vino, y así la madre Naturaleza generosa y desprendida devuelve con sus dones el favor divino de la mera existencia.
Toda ella está dispuesta para brindarse pródigamente… Una maravillosa, inestimable lección de vida que el hombre, que se supone la obra mas perfecta de la creación, se niega sistemáticamente a asimilar.
Efectivamente, el ser humano, supuesto amo del planeta, el pensante , el racional, el que todo lo puede y todo lo sabe, goza también del triste privilegio de ser único creador y ejecutor de uno de los vicios mas destructivos de su propia naturaleza: la avaricia.
Hermana y ladera de la codicia, la avaricia corrompe, destruye, arrasa con escrúpulos y sentimientos, pudre la conciencia y envilece a quien la experimenta y la ejerce, llevándolo a la más sombría degradación y a uno de los mas bajos escalones de la condición humana.
“Caminante de nuestro universo que te detienes a leer estas líneas, no ocultes en tu bolsillo aquella inútil moneda de oro con la que no se logra comprar la ansiada felicidad, no escondas tu riqueza, no entierres en el cofre de de tus preciados bienes materiales la inconsistencia de tu alma, no te condenes al infierno de la soledad y la muerte en vida temblando cada vez que oyes pasos extraños ante tu puerta, pensando que alguien viene a arrebatarte aquello que tan trabajosamente ocultas…
Por el contrario, ya que tienes la dicha de poseer tanto, disfrútalo, compártelo, déjalo fluir, y haz de él a la vez el puente y el río, la barca y el navegante, el camino a la vida y el pasaporte a la dignidad, y solo entonces serás verdaderamente rico y poseerás el auténtico poder.”
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