Simplemente, Buenos Aires (El pecado de la nostalgia)
Nuevamente, la gran ciudad…
Cada vez que vengo a esta inmensa, caótica, infernal urbe, cada vez que me sumerjo en el remolino de sus ruidos, sus olores, en la densa marea humana que me arrastra y me envuelve absorbiendo toda posibilidad de pensamiento racional y dejándome en tal estado de gracia que no me permite reconocer otra voz y otra imagen que no sea la suya propia, siempre siento la inmensa y gratificante necesidad de rendirle un pequeño y modesto homenaje en esta página, solo para reconocerme y reconocerla, con la garganta cerrada, en este cotidiano reencuentro con las raíces de mi vida y con el origen de mis más profundas emociones.
Buenos Aires, por abrazarme otra vez, por dejarme transitar tus calles tan viejas y tan nuevas, por permitirme elevar la mirada a las antiguas imágenes que mis ojos atesoraron alguna muy lejana vez, por dejarme en la piel, en las manos, en todo mi cuerpo, la sensación de la aspereza de tus muros y la sensual cadencia de tu música, y por tu gente, mi gente, ese refugio de mi soledad… Gracias una vez más!
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