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ROMANCE DEL AMOR NEGADO (Letras tristes para una tarde gris)

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Érase una princesa en una torre cautiva, y del guardián que la guardaba estábase ella enamorada. Mas el gallardo soldado por la fermosa joven nada sentía, ni le hablaba ni su mirada en ella posaba…
Triste y abandonada, a la vera del alto ventanal perdía en lontananza su mirada, y dolida de su suerte la desventurada así lloraba y se lamentaba:

Dícese del amor que duele y es dolido,
Alegre canto y dulce llanto,
Mano que aprieta y corazón que suelta,
Y en medio de tanta afrenta
Estas tú, el amor mío, causándome este quebranto.
Camino que nos juntó, camino que nos separa,
No nos midió el amor con la misma vara,
Y hoy tú que te ríes y yo
Que me hundo en esta pena tanto y tanto!
Te quise como se necesita el aire,
Y porque te quiero como te quiero,
Ahora es que el aire me falta y me muero…
Me niegas tu amor, me quitas la vida!
Ay de tu altivo desdén… Donde guardas tus puñales,
Tormento de mis tormentos?
Dicese del amor que duele y es dolido…
Dolor me causan estas heridas, que tu amor ya está perdido!

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CUENTOS PARA LEER EN INVIERNO: La loca de amor

La loca de amor

Conozco a Hélène de toda la vida. Nacimos y nos criamos juntas…Vivíamos en el mismo pueblo,en los confines de la Bretagne, y en casas contiguas durante muchos años,hasta que nuestras existencias se separaron por el devenir del tiempo. Ella fue la primera en casarse; de ese matrimonio,armado por su familia y del cual tuve el triste privilegio de ser testigo,solo le quedó el recuerdo de aquel hombre desgraciado al cual había estado unida y que la humillaba pública y privadamente de todas las formas posibles,destruyéndole sistemáticamente durante casi cuarenta años la autoestima y hasta el deseo de vivir.

Pasó el tiempo,mucho tiempo,y corrió mucha agua bajo el puente…
Prófuga de su pasado,y lejos,muy lejos del pueblo escenario de aquellas obscuras y desangeladas pesadillas reconstruyó con los fragmentos que le quedaban algo parecido a una vida normal; pero ay! en los últimos meses de su vida una sombra comenzó a rondar dentro de ella,una sensación indefinida de poseer un todo incompleto,el vacío,la desazón.
Acababa de cumplir setenta y seis años.Siempre serena,con una sonrisa espontánea a flor de labios,amable,aristocrática,se estaba gestando sin embargo en su interior una tempestad que finalmente en las últimas semanas estalló con una fuerza incontenible… Y fue entonces que me escribió esta carta,la cual hoy puedo reproducir porque ella ya no está entre nosotros,y en el primer aniversario de su desaparición es mi mejor homenaje a esta bellísima mujer que tanto amó y sufrió,y para ejemplo de lo que el amor causa cuando llega a destiempo y no somos capaces de luchar por él,porque nuestra incapacidad de adaptarse a tan puro sentimiento está agotada por el dolor y los prejuicios:

Sainte- Marie-de-Ré,9 de noviembre de 1908
Querida Aimée:
Han pasado dos meses desde tu última visita,y no olvido los estupendos momentos que pasamos junto a tu familia en el mar. ¡Ay,queridísima amiga,porque no me fuí con ustedes,porque no abandoné esta ciudad cuando el corazón me avisaba que estaba por traicionarme! Hace una semana,desperté a la mañana con una súbita angustia que me cerraba la garganta,con una confusión terrible que no conseguía definir,algo así como la sensación del advenimiento de alguna catástrofe terrible y sin embargo deseada,lo que me espantó soberanamente haciéndome pensar que estaba verdaderamente enferma;y sin embargo al mismo tiempo me embargaba un sentimiento de felicidad inexplicable…

Me vestí,desayuné,y salí con un impulso incontenible de caminar sin rumbo fijo. Como era de esperarse mis pasos me llevaron a la playa;te acuerdas? la que te enseñé el último día, aquella,donde dicen que en días de niebla se divisan las sirenas. Terminé sentada en una de las rocas de la costa… No había casi gente,apenas un par de personas a lo lejos,y sin poner contenerme comenzé a llorar.No a los gritos claro,simplemente las lágrimas comenzaron a rodar incontenibles por mi cara,en silencio,despejando la confusión y las telarañas de mi cabeza. ¿Cuánto hace que no lloraba? Años… yo estaba como congelada,detenida en aquel lejano tiempo del sufrimiento cotidiano,y ahora el desahogo me llegaba de la mano de una revelación que me paralizó entera: recordé súbitamente haber experimentado estas mismas sensaciones hace cincuenta años.

La angustia,aquello de “las mariposas en el estómago” de las que tanto hablábamos en aquellos tiempos,el llanto,la necesidad de correr,de reír y llorar al mismo tiempo,en fin,todo lo que estaba atormentándome esa mañana,era pura,simplemente, EL AMOR!! y Lo peor de todo,Dios mío,es que ese sentimiento tiene un rostro,un nombre,un destinatario… Alguien a quien conocí precisamente después que ustedes se marcharon de aquí,al mismo tiempo que comenzaron mis desvelos. ¡Que locura,que desatino!

Aimée,esto no puede estar pasándome a mí,no,no,por Dios,no hay derecho,no tengo derecho a cometer semejante disparate! Me miro en el espejo a cada momento,tengo setenta años,la cabeza casi blanca,las arrugas del rostro… El tiene menos años que yo,no tanto como para decir que es joven,pero indudablemente los necesarios para que diferencia sea notoria. Su sola presencia me desequilibra,busco los pretextos mas inverosímiles para aparecerme en su camino,o en su trabajo,y cuando lo veo se me aflojan las piernas y soy incapaz de hilar dos frases seguidas. Lo peor de todo,no sé nada de él;si es casado,soltero,viudo o separado,si tiene hijos,o familia…nada,excepto su nombre y el lugar donde desempeña su profesión,adonde un hecho fortuito me llevó a conocerlo,para desgracia de mi existencia,cuando yo creía estar ya a salvo de estas desventuras. Los otros días me dirigió unas palabras… Te juro Aimée,se me aflojaron las rodillas,me tuve que apoyar en la pared,deseé que en ese momento se abriera la tierra y me tragara…

Me trata cordialmente,con la misma condescendencia que utilizaría con su propia madre! Unos días después volví a encontrarlo,una reunión en casa de Mme.D’Ardillières; él estaba de espaldas conversando con el vicario Lussant…saludé a la dueña de casa,y aterrorizada,antes que me viera me escabullí como un delincuente,rogando que no advirtiera mi presencia,porque no iba a poder con mi alma,si me miraba no respondía de mí.

Querídisima Aimée,esto es un delirio,la locura total de una vieja desquiciada que camina por las paredes y se bebe los vientos por alguien que ni siquiera conoce mi nombre. Siento tanta vergúenza,tengo terror que alguien se dé cuenta,camino por las calles como si pisara algodones y tengo la impresión que todos me miran como si llevara estampada en la frente una declaración pública de este sentimiento que me está consumiendo.No puedo más…Me muero,me muero de amor por él,me acuesto con su nombre en la boca y me despierto creyendo que está a mi lado y cuando no lo veo me desespero y ando errando por la calle buscando encontrarlo y al mismo tiempo vivo huyendo de su presencia,me pongo a cantar y acabo llorando como si algo se me hubiera muerto… ¡Soy una joven de quince años en el cuerpo de una anciana de setenta,y no puedo remediarlo!

No sé cuanto podré resistir esto… No puedo pasar por el mismo dolor de nuevo, no he de tropezar con la misma piedra dos veces,antes la muerte. Perdón Aimée, millones de veces perdón! Tantas veces enjugamos mutuamente nuestras lágrimas por desventuras de amor en el pasado,que creí eras la única con derecho a conocer este desvarío de mi cuerpo y de mi alma. Quiera Dios podamos vernos muy pronto,cuando yo haya conseguido vencer estos demonios que me atormentan,y el sol del verano nos ilumine otra vez… Un abrazo muy grande y todo el cariño de tu hermana del alma y de la vida,Hélène”

No pudo ser… Dos meses después su hijo me escribió desde Rennes para decirme que Hélène había muerto. No se explicaban lo sucedido;la encontraron en su cama,como dormida,tan serena que no podían convencerse del desenlace. El diagnóstico fue simple: “Fue el corazón…” dijo el médico,y sí,pero no saben hasta que punto lo fué. Solo yo sé que ella había muerto de amor…Así de simple,se dejó morir para ahorrarse el dolor y la vergúenza de un sentimiento tan intenso y no correspondido a una edad en que las mujeres ya hemos olvidado el color de la pasión para internarnos en el ocaso de la vida. Lo que ella nunca intentó imaginar siquiera,y fue quizás su único gran error,es que a lo mejor él hubiera podido amarla a pesar de esa no tan gran diferencia de edades,porque ella era excepcional,soberbia,bellísima a pesar de los años,mucho mas de lo que ella se imaginaba,y digna de inspirar una pasión tan fuerte y consistente como para hacer desaparecer cualquier obstáculo. Pero eso,ya no lo sabremos nunca… Donde quiera que estés querida amiga,espero hayas finalmente conseguido la paz!

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LETRAS PARA CHOPIN (Preludio op.28 Nº 15 “Raindrops”)

gotas de lluvia

En ese momento del atardecer, cuando deseamos despegar del mundo que nos circunda, apenas unas notas musicales, el aroma de una humeante taza de café, y la lluvia, siempre la lluvia… Una pequeña y triste historia, un gran amor.

Madrid, 15 de abril de 1902

Eugenia se asemeja a un cuadro de Monet…
Al contraluz de la ventana su imagen se recorta, sentada al piano y la silueta difusa emite destellos áureos en al penumbra del cuarto.
Breve, lánguida, desliza apenas sus dedos por el teclado y todo en ella es sutil, translúcido…
Del color de marfil es su vestido, y de marfil son también sus manos que se prolongan en las teclas, integrada al instrumento y al instante mismo de un crepúsculo primaveral, mientras diminutas gotas de lluvia resbalan por el cristal como pequeñísimos escarabajos transparentes, y el aroma de las fresias recién florecidas por la llovizna se despabila y asciende en espiral bajo el influjo mágico de las ondas musicales.

Quién lo diría… Eugenia se muere, pero muere de amor, y en cada nota del preludio vierte una gota de su sangre, llanto sin lágrimas que agota su alma y sus sentidos.
Y la lluvia que no cesa en esta tarde teñida de rosa y nácar, los duendes ocultos del arco iris desatados y furiosos, los riachuelos de agua desbocándose en la tierra, tornándose en torrentes para ir a morir al mar.

(Allá muy lejos, al,otro lado del horizonte, donde la arena se torna en bosque, los caminos se vuelven rectos como flechas y el invierno anida eternamente un hombre cualquiera vive, simplemente vive, ajeno al dolor y a la tristeza, al amor y a la lluvia, extraviado en sus recuerdos, enredado en amores vanos, sin el aroma de las fresias y sin escuchar aquel preludio de Chopin…)

Eugenia se muere de amor, y nada podrá evitarlo. Con el último acorde el vestido de encaje marfil se desplomará como una catarata de luces y sombras sobre la alfombra del salón ya en penumbras, y su alma finalmente liberada, mezclada con la lluvia se elevará dichosa hacia paraísos desconocidos, lejos del desamor y el olvido, definitivamente a salvo de todo dolor.
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El ruiseñor y la rosa (Oscar Wilde)

librodepajarosol7

No hay mal de amores que no sane,ni locura que no se torne en cordura alguna vez…Un día un ruiseñor se cruzará en tu camino,y quizás gracias a su sacrificio volverás a sonreír…

PURPLE WAVES – Christopher Franke
HAL9000

EL RUISEÑOR Y LA ROSA (Oscar Wilde)

- Dijo que bailaría conmigo si le llevaba rosas rojas -exclamó el joven estudiante-; pero no hay ni una sola rosa roja en todo mi jardín.

Desde su nido en la encina le oyó el ruiseñor, y miró a través de las hojas y se quedó extrañado.

- Ni una sola rosa roja en todo mi jardín -exclamó el estudiante; y sus hermosos ojos se llenaron de lágrimas.

- ¡Ah, de qué cosas tan pequeñas depende la felicidad! He leído todo lo que han escrito los sabios, y son míos todos los secretos de la filosofía; sin embargo, por no tener una rosa roja, mi vida se ha vuelto desdichada.

- He aquí por fin un verdadero enamorado -dijo el ruiseñor.

- Noche tras noche le he cantado, aunque no le conocía; noche tras noche he contado su historia a las estrellas, y ahora le estoy viendo. Tiene el cabello oscuro como la flor del jacinto y los labios tan rojos como la rosa de sus deseos; pero la pasión ha hecho que su rostro parezca de pálido marfil, y el dolor le ha puesto su sello sobre la frente.

- El príncipe da un baile mañana por la noche -musitó el estudiante-, y mi amada estará entre los invitados. Si le llevo una rosa roja, bailará conmigo hasta el alba Si le llevo una rosa roja, la tendré entre mis brazos, y reclinará la cabeza en mi hombro, y su mano estará prisionera en la mía. Pero no hay ni una sola rosa roja en mi jardín, así es, que estaré sentado solo, y ella pasará desdeñándome. No me prestará atención alguna y se me romperá el corazón.

- He aquí ciertamente el verdadero enamorado -dijo el ruiseñor.

- Lo que yo canto, él lo sufre; lo que es para mí alegría es dolor para él. En verdad el amor es maravilloso; es más precioso que las esmeraldas y más costoso que los finos ópalos. No se puede comprar con perlas ni con granates, ni está a la venta en el mercado, no lo pueden comprar los mercaderes, ni se puede pesar en la balanza a peso de oro.

- Los músicos estarán sentados en su estrado -dijo el joven estudiante-, y tocarán sus instrumentos de cuerda y mi amada danzará al son del arpa y del violín. Danzará tan ligera que sus pies no rozarán el suelo, y los caballeros de la corte, con sus trajes alegres, estarán todos rodeándola. Pero conmigo no bailara, pues no tengo una rosa roja para darle.

Y se arrojó sobre la hierba, y ocultó el rostro entre las manos y lloró.

- ¿Por qué llora? -preguntó una lagartija verde, cuando pasaba corriendo junto a él con el rabo en el aire.

- Eso, ¿por qué? -dijo una mariposa que revoloteaba persiguiendo a un rayo de sol.

- Sí, ¿por qué? -susurró una margarita a su vecina, con una voz suave y baja.

- Está llorando por una rosa roja -dijo el ruiseñor

- ¡Por una rosa roja! –exclamaron-; ¡Qué ridículo!

Y la lagartija que era algo cínica, se rió abiertamente.

Pero el ruiseñor comprendía el secreto de la pena del estudiante, y permaneció posado silencioso en la encina, y pensó en el misterio del amor.

De pronto desplegó sus alas pardas para emprender el vuelo y hendió los aires. Pasó por la arboleda como una sombra, y como una sombra voló a través de jardín. En el medio del césped crecía un hermoso rosal, y al verlo voló hacia él y se posó sobre una rama.

- Dame una rosa roja –exclamó-, y te cantaré mi más dulce canción.

Pero el rosal negó con la cabeza.

- Mis rosas son blancas –respondió-, tan blancas como la espuma del mar, y más blancas que la nieve de la montaña. Pero ve a ver a mi hermano, el que trepa alrededor del viejo reloj de sol y te dará tal vez lo que deseas. Así es que el ruiseñor se fue volando hasta el rosal que crecía en torno al viejo reloj de sol.

- Dame una rosa roja –exclamó-, y te cantaré mi más dulce canción.

Pero el rosal negó con la cabeza.

- Mis rosas son amarillas -respondió-, tan amarillas como el cabello de la sirena que se sienta en un trono de ámbar y más amarillas que el narciso que florece en el prado antes de que llegue el segador con su guadaña. Pero ve a ver a mi hermano, el que crece al pie de la ventana del estudiante, y te dará tal vez lo que deseas. Así es que el ruiseñor se fue volando hasta el rosal que crecía al pie de la ventana del estudiante.

- Dame una rosa roja –exclamó-, y te cantaré mi más dulce canción.

Pero el arbusto negó con la cabeza.

- Mis rosas son rojas –respondió-, tan rojas como los pies de la tórtola, y más rojas que los grandes abanicos de coral que se mecen y mecen en la sima del océano; pero el invierno me ha congelado las venas, y la escarcha me ha helado los capullos, y la tormenta me ha roto las ramas, y no tendré rosas este año.

- Una rosa roja es todo lo que necesito -exclamó el ruiseñor-, ¡sólo una rosa roja! ¿No hay ningún medio por el que pueda conseguirla?

- Hay un medio -respondió el rosal-, pero es tan terrible que no me atrevo a decírtelo.

- Dímelo -dijo el ruiseñor-, no tengo miedo.

- Si quieres una rosa roja -dijo el rosal-, tienes que hacerla con música, a la luz de la luna, y teñirla con la sangre de tu propio corazón. Debes cantar para mí con el pecho apoyado en una de mis espinas. A lo largo de toda la noche has de cantar para mí, y la espina tiene que atravesarte el corazón, y la sangre que te da la vida debe fluir por mis venas y ser mía.

- La muerte es un alto precio para pagar una rosa roja -exclamó el ruiseñor-, y la vida nos es muy querida a todos. Es grato posarse en el bosque verde, y contemplar al sol en su carro de oro y a la luna en su carro de perla. Dulce es la fragancia del espino, y dulces son las campanillas azules que se esconden en el valle y el brazo que el viento hace ondear en la colina. Sin embargo, el amor es mejor que la vida, ¿y qué es el corazón de un pájaro comparado con el corazón de un hombre?

Así es que desplegó las alas pardas para emprender el vuelo y hendió los aires. Pasó veloz sobre el jardín como una sombra, y como una sombra atravesó volando la arboleda.

El joven estudiante todavía estaba echado en la hierba, donde le había dejado, y las lágrimas aún no se habían secado en sus hermosos ojos.

- ¡Sé feliz! -exclamó el ruiseñor-, ¡sé feliz! ; tendrás tu rosa roja. Te la haré de música a la luz de la luna y la teñiré con la sangre de mi propio corazón. Todo lo que te pido a cambio es que seas un verdadero enamorado, pues el amor es más sabio que la filosofía, por sabia que ésta sea, y más fuerte que el poder, por potente que sea éste. Del color de la llama son sus alas, y de color de llama tiene el cuerpo. Sus labios son dulces como la miel y su aliento es como el incienso.

El estudiante alzó los ojos de la hierba y escuchó, mas no pudo entender lo que le estaba diciendo el ruiseñor, pues sólo sabía las cosas que están escritas en los libros.
Pero la encina comprendió y se puso triste, porque quería mucho al pequeño ruiseñor que había hecho su nido entre sus ramas.

- Cántame una última canción -musitó-: me sentiré muy sola cuando te hayas ido.

Así es que el ruiseñor cantó para la encina, y su voz era como el agua que sale a borbotones de una jarra de plata.

Cuando hubo terminado su canción, el estudiante se levantó, y sacó un cuaderno y un lápiz de su bolsillo.

- Él tiene estilo -dijo para sí, mientras caminaba a través de la arboleda-, eso no se le puede negar, pero ¿tiene sentimientos? Me temo que no. De hecho, es como la mayoría de los artistas, es todo estilo, sin ninguna sinceridad. No se sacrificaría por los demás. Piensa tan sólo en la música, y todo el mundo sabe que las artes son egoístas. Sin embargo es preciso admitir que hay notas hermosas en su voz. ¡Qué lástima que no signifiquen nada, ni tengan ninguna utilidad práctica!

Y entró en su habitación y se echó sobre el pequeño jergón, y se puso a pensar en su amor, y al cabo de un tiempo se quedó dormido.

Y cuando la luna brilló en el cielo, fue volando al rosal el ruiseñor y puso su pecho contra la espina. Cantó toda la noche con el pecho contra la espina, y la luna de frío cristal, se asomó para escucharla. A lo largo de toda la noche estuvo cantando, y la espina penetraba más y más profundamente en su pecho, y la sangre, que era su vida, fluía fuera de él.

Cantó primero el nacimiento del amor en el corazón de un adolescente y de una muchacha. Y en la rama más alta del rosal floreció una rosa admirable, pétalo a pétalo, a medida que una canción seguía a otra canción. Pálida era al principio, como la bruma suspendida sobre el río; pálida como los pies de la mañana, y de plata, como las alas de la aurora. Como la sombra de una rosa en un espejo de plata, como la sombra de una rosa en el estanque, así era la rosa que florecía en la rama más alta del rosal.

Pero el rosal gritó al ruiseñor que se apretara más contra la espina.

- ¡Apriétate más, pequeño ruiseñor! -gritaba el rosal-, ¡o llegará el día antes de que esté terminada la rosa.!

Así es que el ruiseñor se apretó más contra la espina, y su canto se hizo cada vez más sonoro, pues cantaba el nacimiento de la pasión en el alma de un hombre y de una doncella.

Y un delicado arrebol rosado vino a los pétalos de la rosa, como el rubor del rostro del novio cuando besa los labios de la novia. Pero la espina no había llegado aún al corazón del pájaro, así que el corazón de la rosa seguía siendo blanco, pues sólo la sangre del corazón de un ruiseñor puede teñir de carmesí el corazón de una rosa. Y el rosal gritó al ruiseñor que se apretara más contra la espina.

- ¡Apriétate más, pequeño ruiseñor! -gritaba el rosal-, ¡o llegará el día antes de que este terminada la rosa!

Así es que el ruiseñor se apretó más contra la espina, y la espina tocó su corazón, y sintió que le atravesaba una intensa punzada de dolor. Amargo, amargo era el dolor, y más y más salvaje se elevó su canto, pues cantaba al amor que se hace perfecto por la muerte, al amor que no muere en la tumba.

Y la rosa admirable se volvió carmesí, como la rosa del cielo en el oriente. Carmesí era el ceñidor de pétalos, y carmesí como un rubí era su corazón.

Pero la voz del ruiseñor se volvió más débil, y sus pequeñas alas empezaron a batir, y un velo le cubrió los ojos. Más y más débil se tornó su canto, y sintió que algo le ahogaba en la garganta.

Moduló entonces un último arpegio musical. La luna blanca lo oyó y se olvidó del alba, y se quedó rezagada en el cielo. La rosa roja lo oyó, y tembló toda de arrobamiento, y abrió sus pétalos al aire frío de la mañana. El eco se lo llevó a su caverna púrpura de las colinas, y despertó de sus sueños a los pastores dormidos. Flotó a través de los juncos del río, y ellos llevaron su mensaje al mar.

- ¡Mira, mira! -gritó el rosal- ¡La rosa ya está terminada!

Pero el ruiseñor no respondió, pues yacía muerto en la hierba alta, con la espina en el corazón. Y al mediodía el estudiante abrió la ventana y se asomó.

- ¡Mira!, ¡Qué suerte tan maravillosa! –exclamó- ¡he aquí una rosa roja! No había visto en mi vida una rosa semejante. Es tan bella que estoy seguro que tiene un largo nombre latino.

Y se inclinó y la arrancó. Se puso luego el sombrero y se fue corriendo a casa del profesor con la rosa en la mano.

La hija del profesor estaba sentada en el umbral, devanando seda azul alrededor de un carrete, con su perrito echado a sus pies.

- Dijiste que bailarías conmigo si te traía una rosa roja. -exclamó el estudiante-. He aquí la rosa más roja del mundo entero. La llevarás prendida esta noche cerca de tu corazón, y cuando bailemos juntos ella te dirá cuánto te quiero.

Pero la muchacha frunció el ceño.

- Temo que no me vaya bien con el vestido -respondió- y, además, el sobrino del chambelán me ha enviado joyas auténticas, y todo el mundo sabe que las joyas cuestan mucho más que las flores.

- ¡Bien, a fe mía que eres una ingrata! -dijo el estudiante muy enfadado.

Y arrojó la rosa a la calle, donde cayó en el arroyo, y la rueda de un carro pasó por encima de ella.

- ¿Ingrata? -dijo la muchacha-. Y yo te digo que tú eres un grosero, y, después de todo, ¿quién eres tú? Sólo un estudiante. !Cómo!, No creo que tengas ni siquiera hebillas de plata para los zapatos, como tiene el sobrino del chambelán.

Y se levantó de la silla y entró en la casa.

- ¡Qué cosa tan necia es el amor! – -se dijo el estudiante mientras se marchaba-. No es ni la mitad de útil que la lógica, pues no prueba nada, y siempre nos dice cosas que no van a suceder, y nos hace creer cosas que no son ciertas. De hecho, es muy poco práctico, y como en estos tiempos ser práctico lo es todo, me volveré a la filosofía y estudiaré metafísica.

Así es que volvió a su habitación, y sacó un gran libro polvoriento, y se puso a leer.
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CONCIERTO PARA LA CARTA DE UNA DESCONOCIDA (de la banda sonora de mi vida)

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Hay melodías,acordes que se graban indeleblemente en el subconsciente,listos para aparecer en el momento menos pensado…
Un atardecer casi otoñal para la época,un cielo de claroscuros nubarrones australes,los últimos vestigios rojo salmón del sol poniente; el mar ya está en sombras y bate indómito contra las rocas del paseo Dávila,desparramando su aroma salino de océano revuelto. Alguien ha detenido su vehiculo junto a la costa,y a través de la ventanilla surge el sonido de un violín,una orquesta… ¿Dónde,cuándo esta música estuvo presente en mi existencia? Es como un “dejà vu”…
Y súbitamente recuerdo. Un libro,una película,un día cualquiera de mi adolescencia frente al viejo Zenith blanco y negro…
El libro era una novela: “Carta de una desconocida” del escritor austríaco Stefan Zweig,y la película,un dramón de la época de oro del cine mexicano,basada en dicha novela,llamada “feliz año amor mío”…¿Cómo era aquella novela? Ah,ya recuerdo…
Viena, 1900, después de tres días de excursión por la montaña, un hombre se dirige a su casa. Una carta está esperándole. Una carta de una mujer que revela su gran amor hacia él, una pasión que ha durado toda una vida y que ni el tiempo ni la distancia han logrado deteriorar. Un amor del que nunca supo. Le recuerda su breve aunque apasionado romance en su juventud, la dureza de criar ella sola al hijo de ambos, y su último encuentro, durante el cual el hombre no la reconoce y la sume en la desesperanza. Tras la perdida de su hijo, el único lazo que le unía al hombre que amaba, no le quedaban fuerzas para vivir. Solo en una carta, es capaz de contarle toda la verdad. Por primera y última vez. Estremecido por la carta, el hombre busca desesperadamente en sus recuerdos a esa mujer cuyo nombre desconoce.Ya es demasiado tarde…Ella ha muerto,y él arrastrará el resto de su vida el remordimiento de no haber presentido a ese su único gran amor.
Y la música…En la última escena de la película,el protagonista,Arturo de Cordova,devenido en violinista famoso por obra y gracia del argumento,llora sobre la tumba de aquella desconocida,mientras se escucha esa misma melodía que hoy, tantos años después, vuelve a mí a través de la ventanilla de un auto cualquiera,un atardecer más que fresco de febrero junto al mar.

FRAGMENTO DE LA CARTA
“Pero recuerdo, querido mío, el día y la hora en que quedé para siempre enamorada de ti. Acababa de dar un paseo con una amiga del colegio y estábamos las dos charlando delante de la puerta. Llegó un auto y descendiste tú para entrar en tu cuarto. Algo dentro de mí me impulsó a abrir la puerta, y nos cruzamos el uno con el otro. Me lanzaste una suave, cálida y en-volvente mirada, llena de ternura, me sonreíste —sí, no puedo decirlo de otra manera— afectuosamente, al mismo tiempo que decías en voz baja y casi familiar: “¡Muchas gracias, señorita!” Eso fue todo, querido, pero desde el instante en que sentí la suavidad y ternura de tu mirada quedé locamente enamorada de ti. Sólo más tarde he comprendido que esa mirada atrayente, y al mismo tiempo desnuda; esa mirada de seductor nato que diriges a cualquier mujer que se halle junto a ti, a la vendedora de tienda o a la sirvienta que abre la puerta; esa mirada no es en ti consciente ni significa ninguna especial inclinación, sino que tu ternura hacia todas las mujeres hace tu mirar siempre dulce y agradable. Pero yo, una niña de trece años, lo ignoraba: me hallaba sumergida en fuego. Pensaba que aquella ternura estaba dedicada a mí solamente, y en aquel instante, en mi derredor, en lo íntimo de aquella criatura todavía a medio formar, se despertó la mujer, una mujer enamorada de ti para siempre.”

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