Archivo para la categoría ‘Relatos de ficción’
13/03/2012 | Por penelope © | Claves: muerte, sueños, vida espiritual | # Enlace permanente
Ahí está, otra vez… Esa sensación, errática, oscura, como una resaca que va y viene cada mañana al despertar. Poco a poco, como una mancha de humedad que va contaminando y extendiéndose en un muro, cada amanecer abro los ojos al vacío de mi yo interior, y entonces asoma la opresión de las ideas confusas que no logro erradicar pese a los esfuerzos que hago para lograrlo.
No solo me sucede en ese momento de la vigilia prematura; en las últimas semanas también me persiguen cuando camino por la calle. Es una imparable marejada de pensamientos que expresan la certeza de estar caminando hacia un inevitable destino final… Como si la huesuda (como la llamaba mi madre) caminara dos pasos detrás mío apoyando su mano descarnada sobre mi hombro, transmitiéndome también algo de su invisibilidad. Porque suele ocurrirme que las personas parecen no verme, pasan a mi lado empujándome como si no me vieran, o peor aún, ni siquiera se hacen a un lado cuando vienen de frente, y solo cuando chocan con mi humanidad se percatan que existo, que estoy ahí. Me deslizo entonces, mansa, ingrávida, caminando junto a las paredes, con la mirada baja y el pensamiento en otra dimensión, para evitar el dolor de tener que reconocer que ya no existo.
Convengamos que no salgo mucho… Poco a poco he ido abandonando mis costumbres callejeras, y he reducido mis salidas a lo mínimo indispensable: trámites, pagos, y la inevitable adquisición de algunos comestibles para alimentar más el espíritu que el cuerpo. Después de meditarlo largamente he llegado a la conclusión que allí afuera no hay nada para mí, nada que me importe demasiado o que tenga que ver con lo que alguna vez fuí.
Este mundo de ahora me es ajeno. No reconozco en esta gente a aquella que formaba parte de mi universo, ni encuentro en sus voces y sus costumbres algo que se me sea familiar, que me genere los afectos y emociones que antaño eran el combustible con el que el todo que era mi ser se nutría para existir.
Y entonces vuelve esa sensación. Estoy viva porque mi corazón late, mis arterias sangran, tengo los cinco sentidos activos y en ejercicio, pero mi alma, mi energía, esa que era motor y núcleo de mi espíritu se ha ido. cada mañana despierto, y no estoy. Solo mi cuerpo, o lo que queda de él, y la peor carga sobre mis espaldas… esta discreta inconveniencia de vivir.
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30/11/2011 | Por penelope © | Claves: amores imposibles, Romancero medieval | # Enlace permanente

Érase una princesa en una torre cautiva, y del guardián que la guardaba estábase ella enamorada. Mas el gallardo soldado por la fermosa joven nada sentía, ni le hablaba ni su mirada en ella posaba…
Triste y abandonada, a la vera del alto ventanal perdía en lontananza su mirada, y dolida de su suerte la desventurada así lloraba y se lamentaba:
Dícese del amor que duele y es dolido,
Alegre canto y dulce llanto,
Mano que aprieta y corazón que suelta,
Y en medio de tanta afrenta
Estas tú, el amor mío, causándome este quebranto.
Camino que nos juntó, camino que nos separa,
No nos midió el amor con la misma vara,
Y hoy tú que te ríes y yo
Que me hundo en esta pena tanto y tanto!
Te quise como se necesita el aire,
Y porque te quiero como te quiero,
Ahora es que el aire me falta y me muero…
Me niegas tu amor, me quitas la vida!
Ay de tu altivo desdén… Donde guardas tus puñales,
Tormento de mis tormentos?
Dicese del amor que duele y es dolido…
Dolor me causan estas heridas, que tu amor ya está perdido!
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14/11/2011 | Por penelope © | Claves: Sindrome de Down | # Enlace permanente

Me hubiera gustado llamarme Ana, como mi abuela…
Me hubiera gustado nacer en otro tiempo, en otro lugar.
Tener las pestañas largas y tupidas, el cabello lacio, los dientes derechos, las piernas esculturales de la tía María Esther, la belleza mediterránea de mi madre, la inteligencia de mi padre…
Me hubiera gustado conocer a esa hermana que murió antes que yo naciera, la que era perfecta, la que se parecía a mi mamá, no como yo, que nací colorada, hinchada y pelona, y que al año todavía no lucía un cabello en la testa…
Me hubiera gustado ser bailarina clásica, escritora, benefactora de la humanidad, famosa y admirada…
Me hubiera gustado viajar. Conocer París, Roma, Venecia, Nueva York, o recorrer mi país con la mochila en la espalda y los sueños a flor de piel…
Me hubiera gustado amar y ser amada, tener sexo y recibir besos, parir hijos y amamantarlos, verlos crecer y partir…
Pero por sobre todas las cosas, me hubiera gustado que mi familia no se avergonzara de mí, que no me ocultaran a la vista del mundo como a algo indigno de ser mostrado y conocido…
Me hubiera gustado que creyeran en mí y en mis capacidades, que comprendieran que soy capaz de realizar las mismas cosas que todos hacen, que acaso puedo llevar a cabo acciones que superan a las de otras personas…
Me hubiera gustado que confiaran en mí.
En suma, me hubiera gustado, me hubiera conformado APENAS con ser normal. Aunque… Qué es lo normal? Quien decide, quien mide los parámetros por los cuales alguien es considerado digno de integrarse a esta frívola, mediocre sociedad? Muchas preguntas, ninguna respuesta…
Ahora es demasiado tarde. Cargo sobre mis espaldas todos los años mal vividos que el Destino me quiso deparar, y mirando para donde mire, sea hacia atrás o hacia adelante, no hay un pasado para recordar y lo que es peor, mucho menos un futuro al cual aferrarme y en el cual depositar las esperanzas que pese a todo aún alberga mi corazón.
Desde este lugar adonde me depositaron hace mucho tiempo como algo de lo cual debían desprenderse como si fuese una carga ominosa y vergonzante, les regalo estas palabras.
Para que mi historia no se vuelva a repetir.
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19/10/2011 | Por penelope © | # Enlace permanente
En tres años y medio de transitar (virtualmente claro está) por esta plataforma fueron muchos los temas abordados en mi blog. Varios post fueron eliminados por ser meramente anécdoticos o intrascendentes, otros porque solo reproducían textos ajenos o carecían de valor literario, unos pocos fueron archivados en otro blog con un propósito que luego se frustró… Finalmente quedaron a la fecha 113 publicaciones, lo que no es poco para alguien que recién se iniciaba en ese momento en este sorprendente y no pocas veces accidentado oficio de blogger, hoy bastante devaluado por cierto.
Cada uno de estos temas tuvo su origen, su raíz. No fueron elegidos ni concebidos al azar; su motivación parte de vivencias, dolores, experiencias de vida, amores de toda índole, pasiones, insatisfacciones, frustraciones, sueños y porque no, alguna que otra alegría… Ya que es mucho mas fácil hacer lagrimear que reír al público lector. En el camino conocí gente nueva: algunos son hoy mis amigos, otros no hicieron méritos para merecerlo, pero en suma todos contribuyeron de una u otra forma a forjar en parte la personalidad de quien hoy les escribe.
De todos esos post algunos me son especialmente preferidos, ya por haber sido elaborados en determinadas circunstancias de la vida, o simplemente porque, redactados visceralmente y desde lo más íntimo de mi espíritu, representan esa parte más privada que tanto nos cuesta revelar.
Uno de ellos particularmente me llena de satisfacción, porque aborda una temática difícil de abordar como es la del erotismo, sin caer en lo chabacano o meramente pornográfico, dificultades que logré esquivar en su momento con bastante destreza a juzgar por el éxito obtenido en ese entonces.
Inspirado en un texto del poeta tunecino del siglo XVI, Cheikh Nefzaoui, relata el encuentro entre un pintor bohemio y una dama alegre de la noche…
Los árabes, como todas las culturas orientales, son especialistas altamente calificados en todo lo relacionado con el sexo y el erotismo, y en homenaje a esa delicadeza y poesía puestas al servicio de algo tan…humano, tan fisiológico, llevándolo a niveles casi celestiales, es que reproduzco hoy nuevamente estas líneas. De la serie denominada “Los Siete Pecados Capitales”, he aquí:
“LA LUJURIA”.

“La mujer es como una fruta que solo exhala su fragancia cuando la frotan con la mano. Toma por ejemplo, la albahaca: a menos que la calientes con los dedos no emite su perfume. ¿Y sabes por ejemplo, que al menos que el ámbar sea entibiado y manipulado no retiene su aroma?
Es igual con la mujer: si no la animas con las caricias y besos, con mordiscos en sus muslos y abrazos apretados, no obtendrás lo que deseas, no experimentarás placer cuando ella comparta tu diván, y ella no sentirá afecto por tí.”
“EL JARDÍN PERFUMADO” ( Cheikh Nefzaoui – Túnez, 1535)
Nos conocimos esa noche, en la azul grisácea frialdad de una calle cualquiera, húmeda y solitaria. Nos bastaron apenas cuatro palabras, una mirada, la llama de un fósforo, la espiral de humo del cigarrillo recién encendido, e inmediatamente supimos que no teníamos otro camino, ni otro destino…
Subimos aquella larga escalera besándonos de a ratos, acariciándonos frenéticos en cada descanso, tragándonos las palabras y transformándolas en gemidos, arrastrándonos casi hasta llegar a la puerta de tu cuarto, allí donde llenabas los minutos de la existencia recreando con tus pinceles ese mundo fantástico de sátiros maliciosos y ninfas desnudas que brotaban del seno de tu locura.
Todo parecía premeditado, perfecto, casi un escenario teatral… La tenue luz de las velas profusamente dsitribuídas, las dos copas a medio llenar del sanguíneo y denso licor destilado para incentivar nuestra pasión, la música sutil brotando de los muros, y aquel lecho inmenso, infinito, poblado de telas tenues como celajes, de sedas crujientes y perturbadoras, de almohadones profundos en abismos listos para recibir nuestros cuerpos sudorosos y estremecidos.
Rodamos enredados en nuestra propia carne, desnudos y palpitantes, deseando morir para no acabar, llorando y riendo como niños que descubren un nuevo y viejo juego, y fuimos lluvia, trueno, centella, exhalando con los cuerpos el aroma salvaje de flores desconocidas y antiguos olores guardados en cofres de nácar y oro…
Durante horas ejecutamos la danza ancestral de los amores compartidos, hasta que la claridad de ese inevitable amanecer aborrecido y execrado por generaciones de amantes nos sorprendió exhaustos, anestesiados por una superficial felicidad, tu mano sobre mi pecho, mis piernas entrelazadas a las tuyas, las almas anudadas en un beso postrero.
Supe en ese momento que como siempre, te había perdido antes de encontrarte, y sin esperar a que tus ojos terminaran de abrirse con la primera luz del día partí quedamente en silencio, dejando sobre la almohada una rosa arrancada al rosal de mi delirio, aquél que florece cada noche que me entrego a cualquiera en un absurdo juego del amor por el amor mismo, la locura infinita del erotismo y el goce de la lujuria como placer cotidiano, la devoradora venganza del sexo… Sin un antes y sin un después.
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03/10/2011 | Por penelope © | Claves: apocalipsis, Edgar Allan Poe, intriga, misterio | # Enlace permanente

Almudena está absorta en la lectura. Alumna becada en la Universidad de Yale y devota concurrente a su biblioteca, aun no domina bien el complejo idioma inglés, tan distinto de su lengua natal, el árabe que hablan sus padres, y se esfuerza más en comprender y descifrar la gramática que en ahondar en el obscuro mundo del texto que tiene entre sus manos, en este caso un antiguo ejemplar de los cuentos de Edgar Allan Poe.
Curiosamente, se encuentra inmersa en los vericuetos del relato titulado “Manuscrito hallado en una botella” del susodicho autor, cuando al dar vuelta la página 69 algo cae al suelo… Un fragmento de papel manuscrito, amarillento, exactamente la mitad de lo que aparentemente debió ser una carta, pero rasgada al medio, por lo cual el texto original queda reducido a un galimatías absurdo, que sin embargo delata en algunos de sus términos algún terrible suceso que debió suceder en el siglo pasado, cercano a al fecha que porta la misteriosa misiva:
13 de diciembre de 1930
Trinity College, Oxford
…urado sucesor:
…Seas quien seas, leyendo
…nsignar en esas
…mento por mí, porque si
…sin duda estaré metido
…muerto, o algo peor.
…to por tí, mi todavía
…ue sólo alguien que
…ón tan horripilante
…lía. Si no es mi
…sentido, pronto será mi
…ansmitir a otro ser
…de la maldad, acaso
…ué la heredé, pero espero
…tal vez mientras
…vez en el curso de (…)
Hasta alli el enigmático texto. Nada que aclare o arroje un rayo de luz sobre la inexplicable charada que componen estas palabras. La joven lee y relee las líneas, pero no les encuentra sentido y coherencia… ¿Quién las escribió, como llegaron hasta ese lugar, porqué solo un fragmento de la curiosa misiva parece haberse salvado de la destrucción y el olvido? Muchos interrogantes pero ninguna respuesta…
Respuesta que Almudena jamás podría obtener, porque no puede percibir a través de la esencia de ese viejo papel lo que allí se oculta, una trágica historia, un misterio no ofrecido al conocimiento de todos.
Solo unos pocos esclarecidos tenemos la facultad de develar estos enigmas, y es precisamente a mí a quien el director de la biblioteca ha encomendado hoy tan difícil tarea.
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Mis dedos se deslizan sobre el amarillento papel, la cabeza me da vueltas. Palabras sueltas, piezas de un rompecabezas que se resiste a ser armado…
“…urado sucesor” - (¿Quizás “desventurado”?)
“…estaré metido” – (anuncia algo inevitable… A qué es arrastrado el protagonista?)
“…muerto” – (Sea lo que sea, el final se anuncia trágico, terrible!)
“…horripilante” – (Espantosa palabra…Anuncia torturas, una muerte sangrienta, quizás envenenamiento, sucidio, o… Noo, una mutilación!)
Los últimos párrafos parecen arrojar algo de luz sobre el significado:
“…ansmitir a otro ser”, “…de la maldad”. “…ué la heredé” – (Sin duda esto significa: “ Transmitir a otro ser esta semilla de la maldad, acaso nunca sepa porqué la heredé, pero espero…” ¿Que esperaba este hombre tan desesperado, sobre que trataba de prevenir a su “desventurado sucesor”?!)
Lentamente, como si fuesen las luminarias de la calle encendiéndose en el crepúsculo mi mente comienza a aclararse, las letras me hablan, el papel me transmite sus vibración por tantos años oculta… A ochenta años de distancia en el tiempo la verdad me es develada, y la incógnita de la carta cortada deja caer el velo de su misterio para mostrarse en toda una cruel y espantosa realidad.
Realidad que me es vedado repetir. Tan feroz, tan horrorosa que de develarla expondría a la Humanidad a ser cubierta por el manto de un pánico sin límites… Se me exige que calle, y eso es lo que haré.
Pero mi silencio, y el de los pocos que conocen finalmente el secreto no detendrá lo inevitable. El no tan “desventurado” sucesor y sus descendientes, provistos de aquel gen de la maldad que tanto atormentara al desconocido autor de la extraña misiva transitan libremente en estos tiempos sobre la Tierra… Algo terrible está por suceder, y yo, tan supuestamente llena de poderes, tan sabia y vieja como la misma Humanidad, no lo habré podido evitar.
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21/09/2011 | Por penelope © | Claves: 1976, 2011, Madres | # Enlace permanente

Ella no tuvo la culpa. De arranque llegó al mundo con pocas chances; piba de barrio, o más bien dicho de arrabal, su horizonte no iba más allá de las charcas suburbanas y del negocio paterno, una de esas verdulerías chiquitas, de extramuros, con la cortina de tiras de hule y la mercadería en la vereda.
Todavía no había aprendido Rita a caminar y ya su madre la colocaba en un cajón de manzanas acolchonado con hojas de diario arriba del mostrador, a guisa de corralito y cuna. Allí balbuceó sus primeras palabras y se acostumbró al contacto con la gente, adquiriendo el particular vocabulario popular de los habitantes que por aquellos años colmaban esa zona fabril de Avellaneda.
Pasó como todos los chicos del lugar por la única escuela primaria que había en esa época en la zona, cumpliendo sin pena ni gloria el ciclo elemental, y luego, más que nada por la voluntad materna (el padre la quería en el negocio, no perdiendo el tiempo entre libros) siguió el secundario, por cierto a los ponchazos, ya que a los dieciséis años todavía cursaba el 2º año.
Ella quería ser peluquera, y no le cabía en la mente el como podían el teorema de Pitágoras o la orografía de Portugal ayudarle a poner una docena de ruleros o fabricar una buena permanente, así que vivía esquivándole el bulto al estudio, entre los rezongos maternos y una incipiente independencia callejera que le daba libertad para ciertos actos nada recomendables para una chiquilina de su edad.
En ésas andaba cuando lo conoció al Polo, Leopoldo Arizábal para más datos… Sin oficio conocido, seis años mayor que ella, estudiante crónico de alguna carrera “rara” de las que se cursaban por aquel entonces en Filosofía y Letras,y por supuesto, militante.
Había frente a la plaza del barrio un localcito chico, en realidad un garage que la viuda de Gauna alquilaba por unos pesos para engordar la magra pensión estatal. Un cartel blanco con el escudo peronista colgaba al frente, y abajo unas desparejas letras negras rezaban: “Juventud Peronista Revolucionaria, Unidad Básica, circunscripción 15”. Ahí se lo podía encontrar al Polo Arizábal todo el día, entre mate,asado, vino tinto y bizcochos de grasa, rodeado de algunos compinches más o menos de su edad y condición, discurriendo doctrinas que ellos denominaban “de avanzada”, leyendo cuanta literatura “ad hoc” les caía en las manos, y naturalmente tratando de hacer proselitismo a troche y moche entre la juventud de la zona, convencidos de ser los “illuminati” destinados a reformar la vida política y social del país, el continente, el mundo y galaxias circundantes.
Allí aterrizó la Rita en función de vagón de cola del Polo, y poco a poco y a fuerza de escuchar las prédicas del susodicho comenzó a adherir con toda su alma a las mismas, desterrando a las nubes de Úbeda el proyecto de la peluquería propia, el estudio, el mostrador de la verdulería paterna y todo lo que tuviera que ver con la vida “burguesa” y acomodada que había llevado hasta entonces.
Así andaban las cosas hasta que llegó aquella noche… Primavera del 76, el aire tibio y el anticipo de las madrugadas cada vez más tempranas demoraban a la muchachada revolucionaria en el pequeño local, entre discursos fervorosos, manifiestos ardientes, risotadas y puñetazos sobre la mesa, cuando un tumulto confuso de frenadas, gritos y golpes interumpió abruptamente la reunión… Tres Ford Falcón y dos camionetas cerradas se detuvieron bruscamente frente a la casa de la viuda de Gauna, descendiendo de los vehículos un grupo de hombres fuertemente armados y vestidos de civil. Como hacía calor los muchachos habían dejado el portón abierto de par en par, amparados en la tranquilidad de la barriada y la paciencia de los vecinos, muchos de cuyos hijos eran ya habitués a esas reuniones. De modo que los desconocidos invasores no tuvieron dificultad en irrumpir violentamente, golpeando, destruyéndolo todo, y reduciendo rápidamente a la concurrencia entre amenazas, gritos e insultos del peor calibre.
Cayó en la volteada la Rita, amañada como siempre al Polo… Algún vecino, desvelado por el bochinche y oculto tras las persianas en la penumbra, contaría después como los habían subido a todos a las camionetas, las manos amarradas a la espalda, muchos de ellos a la rastra, sangrando y con marcas de golpes en el cuerpo.
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Han pasado treinta y cinco años… Treinta y cuatro de ellos la madre de Rita ha caminado religiosamente todas las semanas la ronda de las Madres en Plaza de Mayo, rogando más que exigiendo por esa hija díscola, soñadora, culpable e ilusa junto con su pareja y amigos de haber creído que se podía soñar con una vida y un país mejores, aunque fuera a los tiros y volteándolo todo del revés.
Cuando vuelve a su casa doña Matilde se queda largo rato mirando lo único que le queda de la Rita (todo lo demás, hasta las bombachas, se lo llevaron cuando le allanaron la casa…) Esa foto, pequeña, ajada ya por el manoseo, la que le tomaron el día que cumplía los quince en el fondo de la casa mientras preparaban la fiesta, y que le alcanzara un día la madre del Polo. La había encontrado de casualidad, quién sabe en que recoveco de la pieza de su hijo, y ahí estaba, mudo y casual testimonio de que alguna vez había existido una muchacha de barrio llamada Rita… La Rita de Avellaneda.
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13/08/2011 | Por penelope © | Claves: Entre Ríos, Islas Lechiguanas, policial, surubí | # Enlace permanente

Eduardo Grande… Así llamaban al alemán los isleños del arroyo Martínez, para diferenciarlo del hijo al que habían bautizado como Eduardo Chico, y porque el apellido del viejo era impronunciable para la paisanada, acostumbrados al patronímico ítalo-hispano imperante en esa zona de Las Lechiguanas.
Abundaban los Villarreal, los Montes, los Sosa, había una familia Mazzuchieli que tenía chacra y monte de álamos, y luego estaba don Bairolatti, el dueño de las lanchas colectivas, pero nadie portaba semejante apelativo germánico, más parecido a un escopetazo que a un nombre de cristiano, así que habían zanjado la cuestión agregándoles los respectivos adjetivos.
Los vecinos mas antiguos recordaban que don Eduardo había llegado a las islas allá por 1921 o 22 aproximadamente. Por unos pocos pesos, ahorrados trabajosamente tras diecisiete años de inmigrante forzoso, había comprado la plantación de sauces del finado Benito Reynoso. En esa época la madera de sauces era muy cotizada para la fabricación de los clasicos cajones de fruta, y allí apuntaba el alemán, creído una vez más en el mito que en esta tierra de salvajes uno sembraba arena y crecía oro.
Junto con la propiedad venía incluída en el paquete la viuda del Benito, en realidad viuda no oficial, porque al difunto se le había pasado por alto lo del Registro Civil, el cura y demás accesorios, y allí estaba la Rosalía, sin edad predecible, mujer de muchos hombres, mitad india y mitad criolla, con cinco hijos machitos de padres distintos colgados de las polleras, hosca, huraña, las mechas de azabache puro atadas en un rodete tirante, la mirada perdida vaya a saber en que lejanías, parada en la puerta del rancho esperando con sumisa resignación al próximo patrón para calentarle la comida en el día y el catre en la noche, como había venido haciendo desde que tenía memoria con todos los que le habían arrimado más o menos de prepotencia una palabra de cariño o una urgencia más física que espiritual.
Al Eduardo Chico se lo veía poco. Vivía en Buenos Aires con Anna, su madre, estudiaba en la Universidad y últimamente se decía que hasta tenía novia. En el verano subía a las islas, y pasaba los tres meses con el viejo, rito que venía cumpliendo desde que tenía doce años y sus padres habían separado caminos para seguir cada uno por su lado.
Y fué en una de esas vacaciones cuando aconteció el sucedido que aquí se relata…
La Rosalía era mujer de ley, y desde que formara yunta con don Eduardo no había faltado un solo día a todos los deberes impuestos por las circunstancias. Hasta le había dado una hija, la Lucía, primera hembrita (y última) en la camada, mientras los muchachos más grandes, ya mozos, habían pasado a engrosar la escasa tropa de peones que el alemán empleaba en la isla.
Lavaba, cocinaba, cuidaba del gallinero, mantenía en orden la ranchada, le peleaba a las crecidas inesperadas del arroyo, y cuando no tenía más tarea se la veía sentada a la sombra de la enramada en verano, o en la tenue penumbra invernal de la cocina cosiendo alguna camisa, remendando un pantalón o bordando las alpargatas nuevas del patrón, totalmente ausente de toda otra comunicación que no fuera la que mantenía con sus propios pensamientos.
Había llegado ese año a la isla un forastero, Alicio Quiróz, correntino, decían las malas lenguas que mozo taimado, cuchillero y mal entretenido, más amigo de los naipes y la bebida que del hacha y el machete… Pasaba las horas rondando boliches y canchas de bochas, y sea por capricho, por necesidad de pelearle a alguien de mucho respeto, o simplemente por no tener otra cosa que hacer dió en arrastrarle el ala a la Rosalía, pese a ser ya grande y no demasiado agraciada, habida cuenta que las demás mujeres de Paranacito y aledaños ya le habían dado el esquinazo, anoticiadas de la mala fama del galán.
Las contadas veces que la pobre bajaba a la villa por compras, o para llevar a alguno de los mas chicos al dispensario, se le aparecía como por arte de magia el muy ladino, siempre de negro, el chambergo requintado, las crines largas y renegridas, mascando al desgaire un palito, la palabra fácil endulzándole el oído con algún piropo atrevido… Rosalía disparaba, se le hacía humo, pero cuanto más se alejaba la prenda mas empecinamiento ponía.
Envalentonado,un día se le había aparecido de golpe en la ranchada del alemán, aprovechando que éste andaba por el Uruguay con su lancha pescando, era temporada de surubí y no se podía desaprovechar. De no ser porque ese día estaba en las casas el Eduardo Chico, Crespín,el hijo mayor, y dos de los peones mas viejos que lo corrieron a planazo limpio, la Rosalía lo hubiera pasado muy mal…
Despechado, el muy desgraciado dió entonces por alardear en cuanto lugar quisieran escucharlo de lo fácil que le iba a resultar esa conquista, habida cuenta de los antecedentes de la nombrada, de la seguridad que tenía que al viejo “ya no se le paraba ni pa’ miar…” y hasta prometía regalarle un guachito al gringo “pa’ que completara la colección!” decía.
Se caía de maduro que el Eduardo Grande tarde o temprano se iba a enterar… (Hay que señalar que el hombre no salía dos pasos más allá de su propiedad sin calzar en el hombro la vieja carabina con la que había abatido más de un ciervo de los pantanos cuando recién había llegado a las islas.)
La gente del lugar presentía mal final al asunto, y hasta el comisario Gollán, de ordinario hombre tranquilo y hasta despreocupado de sus funciones, había empezado a parar las antenas y masticaba la posibilidad de darle un sermón de advertencia al alemán antes que la cosa se saliera de madre y terminara desgraciándose alguien.
Y se enteró nomás… Una noche que el Alicio, entonado con dos ginebras de más descargaba en el mostrador del boliche su habitual monserga de fanfarronería sexual, tuvo la mala pata de no presentir más que ver al alemán, parado en el vano de la puerta y escuchando todo, ante el azoramiento de los parroquianos, algunos de los cuales se precipitaron inmediatamente en una retirada prudente en previsión del bochinche inminente.
El viejo, como si nada… Entró pausado, hosco como siempre, se dirigió al bolichero y tras intercambiar con éste algunas palabras en voz baja emprendió la retirada, indiferente a la mirada desafiante del correntino, en medio de un silencio tan espeso y compacto que se podía cortar con el facón que el imprudente mozo calzaba a sus espaldas.
Durante dos días el incidente no pasó de ser un chimento más en el devenir cotidiano de los isleños, pero al tercero la cosa cambió…
Como a la diez de la mañana más o menos entró a las disparadas en la comisaría Avelino Felices, botero y pescador, agitado, tartamudeando y asustado como chico que ha visto al cuco:
- Don Gollán, comisario, comisario…!!!!!
El milico, apoltronado con el mate en la mano, de gran charla con el agente de turno, se enderezó de golpe… El olfato de perdiguero viejo le decía que el incidente de las otras noches traía consecuencias. Que otra cosa podía ser sino?
- A ver,che, sosegate… Tomá un mate y largá el rollo.Que t’ianda aconteciendo?
- Vea don Gollán, mire lo que m’ia pasao!!!! Venía de cruzarla a la máistra de la escuela para el lao de Paranacito, y cuando estaba por subir de nuevo al bote y largarme para esta orilla, no viene y se me dispara el cuzco, usté sabe que el Batata no se me despega ni que venga tormenta de las bravas…
Paciente, el comisario le dió una chupada a al bombilla:
- Y de ahi…? Abreviando che… Que más?
- El dijunto don Gollán, el dijunto!!! Que el Batata se me perdió entre los yuyos de la costa, y siguiéndolo lo encuentro gruñendo y con lo pelos paraos, y al mozo ése, el Alicio, el correntino, mas finao que surubí a la parrilla, boca abajo entre el barro y los juncales, pura sangre en la jeta, justito ahí donde el arroyo se junta con el canal que bordea el sauzal del alemán… A ése lo disgraciaron seguro de amanecida, de no los perros hubieran alborotado en la noche!!
Ni hablar el alboroto que se armó en las islas… para el mediodía todo el mundo había largado lo que estaba haciendo, y los corrillos se sucedían en todas partes, comentando y haciendo conjeturas de las más diversas sobre el suceso.
El comisario no tenía dudas… Pero tampoco pruebas, y no las iba a buscar. Entre la vida de un forastero vago, desconocido, mal llevado y cuchillero, y la de un antiguo vecino, honesto, trabajador, buen amigo, jefe de familia propia y ajena, que nunca había molestado a nadie ni causado bochinche alguno en tantos años, elegía a este último sin duda…
La investigación duró menos que una misa. Al Alicio le habían borrado la cara de un escopetazo, y en aquellos tiempos todo el mundo andaba calzado con arma larga cuando entraba al monte… Andar chequeando cada carabina, cada escopeta del pueblo y alrededores era cosa de locos, que lo hicieran los porteños vaya y pase, pero ésto era el arroyo Martínez, que embromar!
La única pista era un alpargata blanca con una flor azul bordada en el empeine. Medio enterrada en el barro la había encontrado un oficial de Prefectura que había venido para ayudar en el asunto, y Gollán la desestimó enseguida… Muchos mozos usaban alpargata bordada, y sabían andar por el monte de caza o de pesca… Quién podía afirmar con seguridad a quién pertenecía?
El juez de Paranacito, acostumbrado a litigios de cuchillo y muertes por honor, y más ocupado en asuntos de la política local que en administrar justicia liquidó el asunto de dos plumazos, sello y firma:
“Muerte por arma de fuego de origen desconocido, no hallándose pruebas que señalen a vecino alguno como autor de la misma, se cierra la causa disponiendo se entregue el cadaver a algún familiar reclamante, caso contrario se dispondrá su inhumación en el cementerio local, con cargo del sepelio al Municipio correpondiente.”
Nadie pidió por el finado, y en cajón de pino cepillado fue a dar con sus huesos en un rincón al fondo de la necrópolis isleña, adonde la creciente cada tanto removía los féretros y los hacía navegar arroyo abajo rumbo al río Uruguay, remedando involuntariamente antiguos ritos paganos de inhumación.
Siete años después del suceso le tocó el turno al Eduardo Grande de aposentarse en el cementerio, pero no el de la isla, sino en la Chacarita, en Buenos Aires. Había bajado a la capital para operarse de la próstata, tenía 82 años. Salió bien del trance, y a los dos días se bajó de la cama y se puso a bailar para demostrarle a los otros pacientes de la sala lo bien que estaba. Una hemorragia interna se lo llevó en unas horas, y el hijo consideró mas cómodo inhumarlo en el cementerio Alemán que andar trasladando los restos de vuelta a Entre Ríos. Con su desaparición quedaba liquidado definitivamente el misterio de aquel asesinato, el del correntino provocador y cuchillero que había terminado sus días bebiendo su propia sangre entre los juncales de las islas, ahí nomás cerquita del río Uruguay…
Dias después de su muerte Eduardo Chico viajó a las islas para liquidar los asuntos del viejo. La isla con plantación incluída se la cedía a la Rosalía y a su media hermana, y de las pocas pertenenencias personales guardadas en un antiguo baúl solo retiró algunos papeles y fotografías, el resto que las mujeres hicieran lo que creyeran mas conveniente. Entre las prendas de ropa, lavadas, remendadas y prolijamente dobladas había una alpargata, solitaria, blanca y con una flor azul bordada en el empeine…
Cuando alguien le preguntaba al comisario Gollán si había interrogado alguna vez al alemán sobre su paradero la madrugada del crimen siempre daba la misma respuesta en tono socarrón:
- No estaba en su casa… Había salido de madrugada a poner los espineles, andaba pescando surubises… Surubí e’ melena larga agarró!
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04/08/2011 | Por penelope © | Claves: Jasón y Medea, Lars von Trier.Lisa Gerrard, leyendas griegas | # Enlace permanente
La casualidad puso en mis manos hace poco mas de un año este singular video que combina trágicas imágenes del film “Medea” (1988) del director danés Lars von Trier,con la insuperable voz de la contralto australiana Lisa Gerrard,en una amalgama estupenda que no alcanzan a desvirtuar algunos fallos originales de edición. Publiqué entonces este post, y tal fué el siniestro encanto que entonces me produjo que aún hoy me estremece su lectura y la imagen que lo acompaña.
Me pareció tan fantástico el tema,y tan tremenda la tragedia que retratan las imágenes,que para justificar su presentación me atreví a introducirme en el personaje de la protagonista,y a través de la imaginación representar en el siguiente texto que hoy rescato para quienes no lo leyeron en su momento, el mea culpa de esta mujer que destruyó todo aquello que la rodeaba consumida por un amor enfermo y posesivo,dejando a su paso solo sangre y muerte.


Yo,Medea,hija de Idía y de Eetes rey de la Cólquide,nieta de la gran hechicera Circe,tengo mis manos tintas en sangre…
Traicioné a mi padre,engañé cruelmente a las hijas del rey Pelias incitándolas a ocasionar la muerte de su propio padre,asesiné a mi hermano Apsirto arrojando sus restos al mar,y a la princesa Glauce,prometida de Jasón, y a su padre Creonte rey de Corintia,quienes murieron abrasados por un fuego que ocasioné con mis artes de hechicera,y finalmente,¡¡horror de horrores!!,ahorqué a mis propios hijos,de Jasón y míos,a quienes previamente había utilizado como mensajeros de la muerte de Glauce y Creonte…
Y todo esto porqué? Por amor…Por el maldito y envenenado amor que siento por Jasón,traidor y apóstata de sus propios sentimientos,el hombre que me abandonó,a mí,madre de sus hijos,por una corona y una mujer de carnes mas frescas e inocentes que las mías!
Por él traicioné mi propia sangre,maldije mi destino y destruí cuanta vida se atravesó en mi camino para retener a mi lado la entraña viva de un hombre que no merecía finalmente transitar su destino junto a mí…
¿Dioses poderosos,amos del Olimpo,porque permitisteis tanta sangre derramada en vano,tanto espanto acumulado,toda esta venganza feroz que atormenta mi alma y me condena a la infelicidad eterna?
Condenada estaba ya cuando me miré por vez primera en el espejo de sus ojos, aquel funesto día en las puertas del templo…
Allí fué cuando decidí,para mi mal y el de todos,que solo mía sería la posesión de aquél entonces desconocido que las malas artes de Hades atravesaran en mi senda.¡ Lo amé como solo se ama una vez en la vida,con todo lo profano y lo sagrado del amor sin límites,y arrojé al mar de los Infiernos todoe escrúpulo,toda redención posible para amarrarlo a mi destino por toda la eternidad!
Mia es hoy la condena,mío el desgarramiento de las entrañas hasta lo más profundo del ser. Debería morir abrasada en las llamas de mi propia culpa,incinerada por el odio y los celos,pero sería tan fácil!
No,Medea,tú,mala hija,mala hermana, peor madre…Debo vivir,la vida será mi muerte,el dolor y la mortificación de no poder arrepentirme me acompañarán por toda la eternidad,flagelarán mi carne hasta verter la última gota de sangre sobre la memoria de aquellos cuyos sepulcros ayudé a construir.De marmol se volverá también mi corazón…!
Fría,eterna,inmutable,transitaré los universos obscuros de la conciencia humana,hasta hundirme un día para siempre en las profundidades recónditas del reino de Hades.
Así será!
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22/07/2011 | Por penelope © | Claves: amor, amores imposibles, Emerson Lake y Palmer | # Enlace permanente

Conozco a Hélène de toda la vida. Nacimos y nos criamos juntas…Vivíamos en el mismo pueblo,en los confines de la Bretagne, y en casas contiguas durante muchos años,hasta que nuestras existencias se separaron por el devenir del tiempo. Ella fue la primera en casarse; de ese matrimonio,armado por su familia y del cual tuve el triste privilegio de ser testigo,solo le quedó el recuerdo de aquel hombre desgraciado al cual había estado unida y que la humillaba pública y privadamente de todas las formas posibles,destruyéndole sistemáticamente durante casi cuarenta años la autoestima y hasta el deseo de vivir.
Pasó el tiempo,mucho tiempo,y corrió mucha agua bajo el puente…
Prófuga de su pasado,y lejos,muy lejos del pueblo escenario de aquellas obscuras y desangeladas pesadillas reconstruyó con los fragmentos que le quedaban algo parecido a una vida normal; pero ay! en los últimos meses de su vida una sombra comenzó a rondar dentro de ella,una sensación indefinida de poseer un todo incompleto,el vacío,la desazón.
Acababa de cumplir setenta y seis años.Siempre serena,con una sonrisa espontánea a flor de labios,amable,aristocrática,se estaba gestando sin embargo en su interior una tempestad que finalmente en las últimas semanas estalló con una fuerza incontenible… Y fue entonces que me escribió esta carta,la cual hoy puedo reproducir porque ella ya no está entre nosotros,y en el primer aniversario de su desaparición es mi mejor homenaje a esta bellísima mujer que tanto amó y sufrió,y para ejemplo de lo que el amor causa cuando llega a destiempo y no somos capaces de luchar por él,porque nuestra incapacidad de adaptarse a tan puro sentimiento está agotada por el dolor y los prejuicios:
Sainte- Marie-de-Ré,9 de noviembre de 1908
Querida Aimée:
Han pasado dos meses desde tu última visita,y no olvido los estupendos momentos que pasamos junto a tu familia en el mar. ¡Ay,queridísima amiga,porque no me fuí con ustedes,porque no abandoné esta ciudad cuando el corazón me avisaba que estaba por traicionarme! Hace una semana,desperté a la mañana con una súbita angustia que me cerraba la garganta,con una confusión terrible que no conseguía definir,algo así como la sensación del advenimiento de alguna catástrofe terrible y sin embargo deseada,lo que me espantó soberanamente haciéndome pensar que estaba verdaderamente enferma;y sin embargo al mismo tiempo me embargaba un sentimiento de felicidad inexplicable…
Me vestí,desayuné,y salí con un impulso incontenible de caminar sin rumbo fijo. Como era de esperarse mis pasos me llevaron a la playa;te acuerdas? la que te enseñé el último día, aquella,donde dicen que en días de niebla se divisan las sirenas. Terminé sentada en una de las rocas de la costa… No había casi gente,apenas un par de personas a lo lejos,y sin poner contenerme comenzé a llorar.No a los gritos claro,simplemente las lágrimas comenzaron a rodar incontenibles por mi cara,en silencio,despejando la confusión y las telarañas de mi cabeza. ¿Cuánto hace que no lloraba? Años… yo estaba como congelada,detenida en aquel lejano tiempo del sufrimiento cotidiano,y ahora el desahogo me llegaba de la mano de una revelación que me paralizó entera: recordé súbitamente haber experimentado estas mismas sensaciones hace cincuenta años.
La angustia,aquello de “las mariposas en el estómago” de las que tanto hablábamos en aquellos tiempos,el llanto,la necesidad de correr,de reír y llorar al mismo tiempo,en fin,todo lo que estaba atormentándome esa mañana,era pura,simplemente, EL AMOR!! y Lo peor de todo,Dios mío,es que ese sentimiento tiene un rostro,un nombre,un destinatario… Alguien a quien conocí precisamente después que ustedes se marcharon de aquí,al mismo tiempo que comenzaron mis desvelos. ¡Que locura,que desatino!
Aimée,esto no puede estar pasándome a mí,no,no,por Dios,no hay derecho,no tengo derecho a cometer semejante disparate! Me miro en el espejo a cada momento,tengo setenta años,la cabeza casi blanca,las arrugas del rostro… El tiene menos años que yo,no tanto como para decir que es joven,pero indudablemente los necesarios para que diferencia sea notoria. Su sola presencia me desequilibra,busco los pretextos mas inverosímiles para aparecerme en su camino,o en su trabajo,y cuando lo veo se me aflojan las piernas y soy incapaz de hilar dos frases seguidas. Lo peor de todo,no sé nada de él;si es casado,soltero,viudo o separado,si tiene hijos,o familia…nada,excepto su nombre y el lugar donde desempeña su profesión,adonde un hecho fortuito me llevó a conocerlo,para desgracia de mi existencia,cuando yo creía estar ya a salvo de estas desventuras. Los otros días me dirigió unas palabras… Te juro Aimée,se me aflojaron las rodillas,me tuve que apoyar en la pared,deseé que en ese momento se abriera la tierra y me tragara…
Me trata cordialmente,con la misma condescendencia que utilizaría con su propia madre! Unos días después volví a encontrarlo,una reunión en casa de Mme.D’Ardillières; él estaba de espaldas conversando con el vicario Lussant…saludé a la dueña de casa,y aterrorizada,antes que me viera me escabullí como un delincuente,rogando que no advirtiera mi presencia,porque no iba a poder con mi alma,si me miraba no respondía de mí.
Querídisima Aimée,esto es un delirio,la locura total de una vieja desquiciada que camina por las paredes y se bebe los vientos por alguien que ni siquiera conoce mi nombre. Siento tanta vergúenza,tengo terror que alguien se dé cuenta,camino por las calles como si pisara algodones y tengo la impresión que todos me miran como si llevara estampada en la frente una declaración pública de este sentimiento que me está consumiendo.No puedo más…Me muero,me muero de amor por él,me acuesto con su nombre en la boca y me despierto creyendo que está a mi lado y cuando no lo veo me desespero y ando errando por la calle buscando encontrarlo y al mismo tiempo vivo huyendo de su presencia,me pongo a cantar y acabo llorando como si algo se me hubiera muerto… ¡Soy una joven de quince años en el cuerpo de una anciana de setenta,y no puedo remediarlo!
No sé cuanto podré resistir esto… No puedo pasar por el mismo dolor de nuevo, no he de tropezar con la misma piedra dos veces,antes la muerte. Perdón Aimée, millones de veces perdón! Tantas veces enjugamos mutuamente nuestras lágrimas por desventuras de amor en el pasado,que creí eras la única con derecho a conocer este desvarío de mi cuerpo y de mi alma. Quiera Dios podamos vernos muy pronto,cuando yo haya conseguido vencer estos demonios que me atormentan,y el sol del verano nos ilumine otra vez… Un abrazo muy grande y todo el cariño de tu hermana del alma y de la vida,Hélène”
No pudo ser… Dos meses después su hijo me escribió desde Rennes para decirme que Hélène había muerto. No se explicaban lo sucedido;la encontraron en su cama,como dormida,tan serena que no podían convencerse del desenlace. El diagnóstico fue simple: “Fue el corazón…” dijo el médico,y sí,pero no saben hasta que punto lo fué. Solo yo sé que ella había muerto de amor…Así de simple,se dejó morir para ahorrarse el dolor y la vergúenza de un sentimiento tan intenso y no correspondido a una edad en que las mujeres ya hemos olvidado el color de la pasión para internarnos en el ocaso de la vida. Lo que ella nunca intentó imaginar siquiera,y fue quizás su único gran error,es que a lo mejor él hubiera podido amarla a pesar de esa no tan gran diferencia de edades,porque ella era excepcional,soberbia,bellísima a pesar de los años,mucho mas de lo que ella se imaginaba,y digna de inspirar una pasión tan fuerte y consistente como para hacer desaparecer cualquier obstáculo. Pero eso,ya no lo sabremos nunca… Donde quiera que estés querida amiga,espero hayas finalmente conseguido la paz!

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06/07/2011 | Por penelope © | Claves: ciencia ficción, constelaciones, estrellas, galaxias, universo | # Enlace permanente
Hace billones de años nuestro Universo no era como lo conocemos ahora… Estrellas infinitamente lejanas, y diez veces más grandes que el sol arrastraban tras de sí extraños sistemas planetarios que deambulaban al azar por el inconmensurable espacio celeste. Otros mundos y otras vidas se desarrollaban mas allá de cualquier dimensión conocida, y su configuración tenía increíble similitud con la que hoy conocemos de nuestro propio sistema, el Solar.
Una de estas innumerables estrellas, llamada Kealoibii, poseía cuatro planetas que giraban a su alrededor, formando parte de la constelación de Cygnus. Y es en uno de éstos, llamado Wub Jijuru, que transcurre nuestra historia, este relato que aún hoy los descendientes de aquellos antiquísimos seres extraterrestres, exiliados en laTierra tras la destrucción de su sistema galáctico, cuentan en secreto a sus hijos para hacerlos dormir.

Cae la noche sobre la comarca…Espesos copos de nieve empiezan a caer,y en la Duebeisa (taberna) los hombres,reunidos en torno a las viejas y curtidas mesas comienzan a desgranar sagas de relatos en los cuales,dioses,reyes, gigantes y seres fantásticos se entremezclan con los “jugs” de negra y tibia cerveza y el humo de las pipas.
El pequeño Tomi,sentado en una banca junto a la puerta y con los pies recogidos sobre ella,escucha,silencioso y concentrado…La barbilla apoyada sobre las rodillas,los brazos abrazando sus piernas,parece ausente y distraído,pero toda su atención está en realidad concentrada en aquellas voces y lo que ellas dicen.
El anciano Naugiohed,sacando su pipa de la boca,mira a su alrededor…Carraspea,se asegura de tener a pleno la atención del auditorio,y comienza el último relato de la noche:
“En los tiempos en que los cinco emperadores de la Quinta Constelación (la dinastía de los Xaago Dé Kuuyo) competían entre sí por la supremacía en la galaxia,la mayoría de ellos acordó elegir a Joebibei Dag Haawizi para encarnar el máximo poder… Sólo el rey Haahavoih de Wub Jijuru se negó a aceptar el acuerdo.
Demostrando buen talante,el nuevo rey de la poderosa formación estelar,en lugar de ordenar la destrucción de su rival le ofreció como esposa a una de sus tres hijas adoptivas como gesto de rconciliación.
Entre Vojujee, Veyaca y Jicaway (así se llamaban las tres princesas), Haahavoih escogió a la mayor de ellas,con la que tuvo dos hijos gemelos,una niña llamada Zoahoar y un niño al que nombraron como Wevileus; tuvieron luego otros dos gemelos,Mueduth y Bimoini,viviendo un corto pero feliz matrimonio.
Lamentablemente la reina Vojujee muere en el parto de éstos últimos,quedando Haahavoih desolado y sin rumbo. Viendo la tristeza de su yerno,el rey Joebibei le ofrece entonces la mano de su segunda hija, Veyaca, a modo de consuelo.
Veyaca no tuvo hijos propios,pero ejerció como una verdadera madre para los cuatro niños,a quenes amaba realmente…Hasta que poco a poco el veneno de los celos comenzó a corroer su alma y a apoderarse de ella.
La desquiciada madrastra había comenzado a sentirse desplazada por el amor que Haahavoi demostraba a los niños y el talento que éstos demostraban emitiendo con sus gargantas sonidos inigualables que utilizaban para improvisar maravillosas canciones, y comenzó a tramar un siniestro plan. Con la excusa de llevarlos a pasar una temporada en la casa de su abuelo el rey Joebibei Dag Haawizi,los sacó del castillo de Paheoxeux, y durante el viaje,mientras se bañaban en el lago Tiemeipuu, en un momento de descanso la reina Veyaca, poseedora de poderes mágicos,les arrojó una maldición a los niños,transformándolos en cisnes,condenándolos además a permanecer en ese lago 3000 años,otros 3000 en el mar de Xoozet, entre Paheoxeux y el continente llamado Roohueti, y 3000 más en la costa oeste.
Como generosa pero a la vez cruel concesión les permitió conservar sus voces angelicales diciéndoles:- “No habrá música en el mundo que iguale a la vuestra,la lastimera canción que vosotros cantaréis!”
Pronto Joebibei y Haahavoi decubrieron la verdad. El rey como castigo transformó a Veyaca en demonio del aire por toda la eternidad,y Haahavoi se retiró a vivir a orillas del lago,donde pasó el resto de sus días escuchando el desdichado canto de sus hijos.
Pasaron 3000 años,y los cisnes,cumpliendo la maldición emigraron al frío mar de Xoozet…Todos los que habían conocido siendo humanos ya habían desaparecido,y el paso del tiempo iba acercando los sucesos prometidos.
Los cisnes buscaron refugio junto a un hechicero, Raobium Ujeirit,discípulo del Supremo Patriarca Teixaat. La reina de la comarca,llamada Siehaan,oyó hablar de los cisnes y se encaprichó con ellos,exigiéndole a su esposo el rey Vueuraum Gean que los trajera al castillo. Cuando fueron a buscarlos cumpliendo el deseo de la frívola reina,los cisnes por arte de magia comenzaron entonces a recobrar su forma humana…Pero ya no eran niños,sino ancianos a punto de morir.
Vueuraum se asustó al verlos…La princesa Zoahoar, ahora una anciana agonizante de largos cabellos blancos,le pidió al hechicero Raobium que la bendijera a ella y a sus hermanos y luego los elevara al espacio todos juntos, transformados en cuatro nuevos planetas…Así fué.
Así se cumplió el destino de los hijos de Haahavoi.”
El anciano relator ha callado…Las lámparas titilan su llama casi consumida; lentamente comienzan a levantarse los parroquianos,y salen en grupos,silenciosos,como queriendo escuchar en el silencio de la fría noche el triste canto de los príncipes encantados….
Tomi se ha dormido,la cabeza contra la pared…Sueña,y en sus sueños una bandada de blancos cisnes se eleva hacia la eternidad.
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