"Momentos de la vida aprisionó mi pluma,/ Momentos de la vida que se fugaron luego,/ Momentos que tuvieron la violencia del fuego,/O fueron más livianos que los copos de espuma"/Del poema "Este libro" (1919) Alfonsina Storni
Muere el verano,y sobre la mesa el último plato de ciruelas descansa,sabiendo que hasta el otro año no volveremos a morder la jugosa y morada miel que de ellas mana.
Con la madrugada partiremos…Hace frío a pesar del almanaque,y mi madre clausura las ventanas,que ya no se abrirán hasta que vuelvan a sonar las campanas de la próxima Nochebuena.
Casa de verano,querida y recordada,con su jazmín de leche derramado sobre mi ventana! Que solos se quedan los ciruelos,que desnudos estarán cuando el invierno arroje su torrente de nieve sobre ellos!
La noche es fría,como fría la luna que alumbra el camino…Partimos,y atrás queda el chalet solitario y mustio,como reprochándonos el abandono.
Sobre mi falda de niña reposa el ultimo plato de ciruelas,y su aroma penetrante y agridulce se graba en mi memoria para perfumar el recuerdo de aquellos veranos de la infancia en la quinta de los ciruelos.
Ya no volveré… Solo me quedan estas palabras, y nada más.
La casualidad puso en mis manos hace poco mas de un año este singular video que combina trágicas imágenes del film “Medea” (1988) del director danés Lars von Trier,con la insuperable voz de la contralto australiana Lisa Gerrard,en una amalgama estupenda que no alcanzan a desvirtuar algunos fallos originales de edición. Publiqué entonces este post, y tal fué el siniestro encanto que entonces me produjo que aún hoy me estremece su lectura y la imagen que lo acompaña.
Me pareció tan fantástico el tema,y tan tremenda la tragedia que retratan las imágenes,que para justificar su presentación me atreví a introducirme en el personaje de la protagonista,y a través de la imaginación representar en el siguiente texto que hoy rescato para quienes no lo leyeron en su momento, el mea culpa de esta mujer que destruyó todo aquello que la rodeaba consumida por un amor enfermo y posesivo,dejando a su paso solo sangre y muerte.
Yo,Medea,hija de Idía y de Eetes rey de la Cólquide,nieta de la gran hechicera Circe,tengo mis manos tintas en sangre…
Traicioné a mi padre,engañé cruelmente a las hijas del rey Pelias incitándolas a ocasionar la muerte de su propio padre,asesiné a mi hermano Apsirto arrojando sus restos al mar,y a la princesa Glauce,prometida de Jasón, y a su padre Creonte rey de Corintia,quienes murieron abrasados por un fuego que ocasioné con mis artes de hechicera,y finalmente,¡¡horror de horrores!!,ahorqué a mis propios hijos,de Jasón y míos,a quienes previamente había utilizado como mensajeros de la muerte de Glauce y Creonte…
Y todo esto porqué? Por amor…Por el maldito y envenenado amor que siento por Jasón,traidor y apóstata de sus propios sentimientos,el hombre que me abandonó,a mí,madre de sus hijos,por una corona y una mujer de carnes mas frescas e inocentes que las mías!
Por él traicioné mi propia sangre,maldije mi destino y destruí cuanta vida se atravesó en mi camino para retener a mi lado la entraña viva de un hombre que no merecía finalmente transitar su destino junto a mí…
¿Dioses poderosos,amos del Olimpo,porque permitisteis tanta sangre derramada en vano,tanto espanto acumulado,toda esta venganza feroz que atormenta mi alma y me condena a la infelicidad eterna?
Condenada estaba ya cuando me miré por vez primera en el espejo de sus ojos, aquel funesto día en las puertas del templo…
Allí fué cuando decidí,para mi mal y el de todos,que solo mía sería la posesión de aquél entonces desconocido que las malas artes de Hades atravesaran en mi senda.¡ Lo amé como solo se ama una vez en la vida,con todo lo profano y lo sagrado del amor sin límites,y arrojé al mar de los Infiernos todoe escrúpulo,toda redención posible para amarrarlo a mi destino por toda la eternidad!
Mia es hoy la condena,mío el desgarramiento de las entrañas hasta lo más profundo del ser. Debería morir abrasada en las llamas de mi propia culpa,incinerada por el odio y los celos,pero sería tan fácil!
No,Medea,tú,mala hija,mala hermana, peor madre…Debo vivir,la vida será mi muerte,el dolor y la mortificación de no poder arrepentirme me acompañarán por toda la eternidad,flagelarán mi carne hasta verter la última gota de sangre sobre la memoria de aquellos cuyos sepulcros ayudé a construir.De marmol se volverá también mi corazón…!
Fría,eterna,inmutable,transitaré los universos obscuros de la conciencia humana,hasta hundirme un día para siempre en las profundidades recónditas del reino de Hades.
Así será!
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Conozco a Hélène de toda la vida. Nacimos y nos criamos juntas…Vivíamos en el mismo pueblo,en los confines de la Bretagne, y en casas contiguas durante muchos años,hasta que nuestras existencias se separaron por el devenir del tiempo. Ella fue la primera en casarse; de ese matrimonio,armado por su familia y del cual tuve el triste privilegio de ser testigo,solo le quedó el recuerdo de aquel hombre desgraciado al cual había estado unida y que la humillaba pública y privadamente de todas las formas posibles,destruyéndole sistemáticamente durante casi cuarenta años la autoestima y hasta el deseo de vivir.
Pasó el tiempo,mucho tiempo,y corrió mucha agua bajo el puente…
Prófuga de su pasado,y lejos,muy lejos del pueblo escenario de aquellas obscuras y desangeladas pesadillas reconstruyó con los fragmentos que le quedaban algo parecido a una vida normal; pero ay! en los últimos meses de su vida una sombra comenzó a rondar dentro de ella,una sensación indefinida de poseer un todo incompleto,el vacío,la desazón.
Acababa de cumplir setenta y seis años.Siempre serena,con una sonrisa espontánea a flor de labios,amable,aristocrática,se estaba gestando sin embargo en su interior una tempestad que finalmente en las últimas semanas estalló con una fuerza incontenible… Y fue entonces que me escribió esta carta,la cual hoy puedo reproducir porque ella ya no está entre nosotros,y en el primer aniversario de su desaparición es mi mejor homenaje a esta bellísima mujer que tanto amó y sufrió,y para ejemplo de lo que el amor causa cuando llega a destiempo y no somos capaces de luchar por él,porque nuestra incapacidad de adaptarse a tan puro sentimiento está agotada por el dolor y los prejuicios:
Sainte- Marie-de-Ré,9 de noviembre de 1908
Querida Aimée:
Han pasado dos meses desde tu última visita,y no olvido los estupendos momentos que pasamos junto a tu familia en el mar. ¡Ay,queridísima amiga,porque no me fuí con ustedes,porque no abandoné esta ciudad cuando el corazón me avisaba que estaba por traicionarme! Hace una semana,desperté a la mañana con una súbita angustia que me cerraba la garganta,con una confusión terrible que no conseguía definir,algo así como la sensación del advenimiento de alguna catástrofe terrible y sin embargo deseada,lo que me espantó soberanamente haciéndome pensar que estaba verdaderamente enferma;y sin embargo al mismo tiempo me embargaba un sentimiento de felicidad inexplicable…
Me vestí,desayuné,y salí con un impulso incontenible de caminar sin rumbo fijo. Como era de esperarse mis pasos me llevaron a la playa;te acuerdas? la que te enseñé el último día, aquella,donde dicen que en días de niebla se divisan las sirenas. Terminé sentada en una de las rocas de la costa… No había casi gente,apenas un par de personas a lo lejos,y sin poner contenerme comenzé a llorar.No a los gritos claro,simplemente las lágrimas comenzaron a rodar incontenibles por mi cara,en silencio,despejando la confusión y las telarañas de mi cabeza. ¿Cuánto hace que no lloraba? Años… yo estaba como congelada,detenida en aquel lejano tiempo del sufrimiento cotidiano,y ahora el desahogo me llegaba de la mano de una revelación que me paralizó entera: recordé súbitamente haber experimentado estas mismas sensaciones hace cincuenta años.
La angustia,aquello de “las mariposas en el estómago” de las que tanto hablábamos en aquellos tiempos,el llanto,la necesidad de correr,de reír y llorar al mismo tiempo,en fin,todo lo que estaba atormentándome esa mañana,era pura,simplemente, EL AMOR!! y Lo peor de todo,Dios mío,es que ese sentimiento tiene un rostro,un nombre,un destinatario… Alguien a quien conocí precisamente después que ustedes se marcharon de aquí,al mismo tiempo que comenzaron mis desvelos. ¡Que locura,que desatino!
Aimée,esto no puede estar pasándome a mí,no,no,por Dios,no hay derecho,no tengo derecho a cometer semejante disparate! Me miro en el espejo a cada momento,tengo setenta años,la cabeza casi blanca,las arrugas del rostro… El tiene menos años que yo,no tanto como para decir que es joven,pero indudablemente los necesarios para que diferencia sea notoria. Su sola presencia me desequilibra,busco los pretextos mas inverosímiles para aparecerme en su camino,o en su trabajo,y cuando lo veo se me aflojan las piernas y soy incapaz de hilar dos frases seguidas. Lo peor de todo,no sé nada de él;si es casado,soltero,viudo o separado,si tiene hijos,o familia…nada,excepto su nombre y el lugar donde desempeña su profesión,adonde un hecho fortuito me llevó a conocerlo,para desgracia de mi existencia,cuando yo creía estar ya a salvo de estas desventuras. Los otros días me dirigió unas palabras… Te juro Aimée,se me aflojaron las rodillas,me tuve que apoyar en la pared,deseé que en ese momento se abriera la tierra y me tragara…
Me trata cordialmente,con la misma condescendencia que utilizaría con su propia madre! Unos días después volví a encontrarlo,una reunión en casa de Mme.D’Ardillières; él estaba de espaldas conversando con el vicario Lussant…saludé a la dueña de casa,y aterrorizada,antes que me viera me escabullí como un delincuente,rogando que no advirtiera mi presencia,porque no iba a poder con mi alma,si me miraba no respondía de mí.
Querídisima Aimée,esto es un delirio,la locura total de una vieja desquiciada que camina por las paredes y se bebe los vientos por alguien que ni siquiera conoce mi nombre. Siento tanta vergúenza,tengo terror que alguien se dé cuenta,camino por las calles como si pisara algodones y tengo la impresión que todos me miran como si llevara estampada en la frente una declaración pública de este sentimiento que me está consumiendo.No puedo más…Me muero,me muero de amor por él,me acuesto con su nombre en la boca y me despierto creyendo que está a mi lado y cuando no lo veo me desespero y ando errando por la calle buscando encontrarlo y al mismo tiempo vivo huyendo de su presencia,me pongo a cantar y acabo llorando como si algo se me hubiera muerto… ¡Soy una joven de quince años en el cuerpo de una anciana de setenta,y no puedo remediarlo!
No sé cuanto podré resistir esto… No puedo pasar por el mismo dolor de nuevo, no he de tropezar con la misma piedra dos veces,antes la muerte. Perdón Aimée, millones de veces perdón! Tantas veces enjugamos mutuamente nuestras lágrimas por desventuras de amor en el pasado,que creí eras la única con derecho a conocer este desvarío de mi cuerpo y de mi alma. Quiera Dios podamos vernos muy pronto,cuando yo haya conseguido vencer estos demonios que me atormentan,y el sol del verano nos ilumine otra vez… Un abrazo muy grande y todo el cariño de tu hermana del alma y de la vida,Hélène”
No pudo ser… Dos meses después su hijo me escribió desde Rennes para decirme que Hélène había muerto. No se explicaban lo sucedido;la encontraron en su cama,como dormida,tan serena que no podían convencerse del desenlace. El diagnóstico fue simple: “Fue el corazón…” dijo el médico,y sí,pero no saben hasta que punto lo fué. Solo yo sé que ella había muerto de amor…Así de simple,se dejó morir para ahorrarse el dolor y la vergúenza de un sentimiento tan intenso y no correspondido a una edad en que las mujeres ya hemos olvidado el color de la pasión para internarnos en el ocaso de la vida. Lo que ella nunca intentó imaginar siquiera,y fue quizás su único gran error,es que a lo mejor él hubiera podido amarla a pesar de esa no tan gran diferencia de edades,porque ella era excepcional,soberbia,bellísima a pesar de los años,mucho mas de lo que ella se imaginaba,y digna de inspirar una pasión tan fuerte y consistente como para hacer desaparecer cualquier obstáculo. Pero eso,ya no lo sabremos nunca… Donde quiera que estés querida amiga,espero hayas finalmente conseguido la paz!
Llueve en Buenos Aires. Cosa normal para ésta época, pero que de la mano del frío y la temprana oscuridad refuerza ese sentimiento de melancolía y desgano que suele aquejarnos en esta época a los dolientes habitantes de la ciudad.
Paso por el café camino a casa. Bajé del colectivo hace unos minutos, pero no me seduce la idea de llegar a casa, humilde morada de un solitario a quien solo espera el meneo afectuoso de la cola del Tachuela, perro de raza “perro” que desde hace no sé cuantos años se digna acompañarme en esta patriada del cotidiano vivir.
“Bar y Billares La Nueva Unión, salón para familias”. El cartel de neón repetido en las letras doradas de la vidriera atrae como un imán. Alguien acaba de salir, y por la puerta entreabierta el aroma del café recién hecho flamea ante mis narices como el velo de una odalisca… - Hola pibe, que hacés por acá?
Siento la presión de una mano sobre mi hombro, y reconozco sin verlo en esa voz áspera de tabaco y años al amigo de mi viejo, el único que lo sobrevive, el último de aquel grupo que el imparable huracán de los años cabó por diezmar. - Chau don Julio, que hace usted por acá con este fresquete? Venga, nos tomamos un cafecito, eh?
- Vamos pibe, vamos…
(No puedo dejar de sonreirme… Para este veterano, el devaluado cuarentón que suscribe estas líneas sigue siendo el mismo cachilo de rodillas peladas a quien la vieja mandaba al café a buscar al padre para cenar, demorado el quía en interminables partidas de truco y porotos, entre el humo de los 43 Auténticos y la ginebra como incentivo.)
Nos sentamos en una de las desgastadas mesas junto a la vidriera, cortado de por medio… No sé por qué, pero me siento como una letra de tango, solo falta el gato jugando con el cordón de mi zapato, y Cacho Castaña sentado en la mesa de al lado. - Don Julio, se acuerda del Sebastián, el hijo del Nicola? Pobre tipo… Cumplió cincuenta pirulos hace poco. Me lo encontré hace veinte días… La verdad, está hecho pelota! Se acuerda como era?
Don Julio revuelve el pocillo, menea la cabeza y esboza apenas una sonrisa…Prosigo, necesito desembuchar: - Mire, la cosa es que al Seba le pegó el viejazo, o algo así… Era el típico pibe de barrio venido a más, la venía peleando desde hace años, desde que se recibió, se acuerda? Se casó, terminó la carrera, pasaron como veinte años… Noo, más! Veinticinco casi, si las cuentas no me fallan…Es, o era, el típico porteño canchereador, simpatico, ansioso, acelerado, un poco depresivo de a ratos… Tenía todo lo que se supone hay que tener para ser feliz: mujercita hacendosa y práctica, cuatro hijos, dos autos, perro, un buen laburo, casa bien puesta con pileta y cerco de ligustrina, vacaciones dos veces al año,en fin, estaba como equipado para atravesar la vida sin mayores inconvenientes, pero mire lo que son las cosas, llegó a los cincuenta, y chau!!
El viejo parece reaccionar: - Y… Que le pasó?
- Yyyy… Como que se encontró de golpe en el borde de una cornisa, en la terraza de un edificio de treinta pisos. De un lado el suelo firme, asegurado, la vida pasada, y del otro el futuro, el porvenir, el resto de su vida… Y no le gustó. Se acuerda que él siempre tenía la manía de escribir? De pibe le daba por la poesía, después se dedicó a los cuentos, y hasta alguna vez habló de publicar una novela… El asunto es que las cosas se le dieron de otra manera. Don Nicola no creía en eso de la literatura, lo mandó a estudiar, en medio de la carrera embaraza a una noviecita que tenía, se casa de apuro…La historia de siempre. En el medio quedó la vocación, o como se llame, trunca, a lo mejor hubiera sido buen escritor, que sé yo! En los últimos tiempos había vuelto a ese trajín, mas bien como un escape de la rutina, lo cotidiano que empezaba a asfixiarlo, algo que le diera un pretexto para no tener que sentarse en el sofá del living con la doña por las noches y bancarse obligado a Susana Giménez o a Tinelli…
Se me enfría el café. Lo termino de un tirón, y sigo. Mi interlocutor, no sé si me oye o no, pero mueve la cabeza como diciendo: “Mirá vos!”, dándome el pie para continuar. - Así que después de cenar se iba a otro cuarto y y le daba a las teclas, pero de una computadora. Empezó a subir lo que escribía, y de paso se metió en eso de las redes sociales que le dicen ahora… O sea, él se metió, y el diablo metió la cola. Letra va, mensaje viene, chistecito de acá, piropo por allá, y se dió cuenta que aquello era un almácigo de minas dispuestas a todo, o por lo menos bien dispuestas, y se le dió al muy pelotudo por hacerse el picante y dedicarse a cosechar, picotear y desechar candidatas como si fueran rabanitos. Tuvo uno que otro encuentro no tan virtual, hasta que le salió un domingo siete, y ahí se le armó. Usted vió esa película “Atracción fatal”? No? Bueno no importa. El asunto es que la minita lo empezó a corretear fiero, acoso que le dicen, y el Seba que quería librarse de ella y no podía, se empezó a chiflar… Que podía pasar peor que eso?
- Y qué, hubo algo más?
- Y de no! No le entendí bien como, se había puesto como loco mientras me lo iba contando, pero resulta que no viene y se entera de todo el cachengue su mujer, la Nancy… Ahí sí que fué como la tercera guerra mundial, todos contra uno, y uno contra todos!! Total, y para no alargarla, casi se le viene encima el divorcio de nuevo… Pudo zafar, pero al diablo la literatura, la computadora,todo. De vuelta al sofá con Tinelli, calladito y manso como caballo de mateo, y encima con control de horario… De casa al trabajo, y del trabajo a casa!
Don Julio menea la cabeza de nuevo, pero ahora sonríe francamente (¿Será por aquello de “quien a solas se ríe, de sus picardías se acuerda?”): - Mirá vos, pobre pibe, en que lío se metió!
- Y sí, la verdad… Ahora parece que se le hubieran venido todos los años encima.Si casi no lo reconocí! No sabe la lástima que me dió…Uuhhh, don Julio, mire la hora! Yo no tengo apuro, pero me imagino que su señora ya debe estar inquieta. No tengamos otro lío, a ver si también le piden el divorcio, ja, jaa!!
- No m’hijo, tanto como eso no… Este mancarrón ya no está para esos trotes, y mi Carmencita lo sabe. Pero lo mismo vamos andando, porque los miedos ahora son otros. Uno no sabe si a la vuelta de la esquina no lo están esperando con un chumbo para sacarle aunque más no sea las cuatro chirolas que lleva en el bolsillo! Vamos nomás…
Pago la consumición y salimos. El golpe de la puerta vaivén nos arroja a la inclemencia de esta noche otoñal, y el frío nos pega un bruto cachetazo que nos devuelve a la realidad. Una despedida apresurada, circustancial, y cada uno enfila para su casa: Don Julio al calor del hogar, yo a la soledad de mi departamento de soltero empedernido y al cariñoso lengüetazo del Tachuela, única compañía de mis horas vacías.
Total, ésto solo fué eso…Otra charla de café.
Y el gran día llegó…
Como lo prometido es deuda (decía mi santa y difunta madre, que en gloria esté) hoy la vamos a emprender contra el bendito mole y el desplumado y destripado guajolote. Por ser hoy domingo y fiesta de guardar lo podríamos saborear al mediodía, pero si no fuera así, lo mismo da… Bodas, bautizos, onomásticos y hasta divorcios (¿porque no?)servirán de pretexto para degustar este sabroso platillo, en este caso nacido de los decires y la mano diestra de la nana Chayo.
Preparación:
Limpiar el guajolote, cortarlo en piezas y freírlo o cocerlo en caldo de verduras (ésto a gusto de la cocinera… y de los comensales) en una cazuela grande. Mientras el avechucho cambia de color y consistencia ahorita sí, manos al mole propiamente dicho…
Se abren los chiles, se desvenan, quitándoles también las semillas.
Se fríen un poco hasta dejarlos de color dorado; se fríe el anjojolí, dejando una parte para tostar y agregarlo al servirse.
Los plátanos se parten a lo largo con todo y cáscara, y se fríen hasta que se doren. A las pasas se les da una ligera pasada por la manteca, en cuanto se inflen (las pasas, no usted) se retiran.
A estas alturas la cocinera ya empezó a traspirar como mula arriera…
Tómese un respiro, un vasito de limonada, y adelante mis valientes, que todavía falta lo mejor!
Los cacahuates se pelan y se doran en manteca. El jitomate se parte en pedazos y se fríe también, dejándolo sazonar bien.
El cilantro y el anís se tuestan en una sartén sin manteca, y los ajos se asan.
Una vez hecho todo ésto como se indica, se hace una mezcla agregándole el azúcar y el chocolate, todo ésto se muele en un metate o molino, y cuando esté bien remolido se echa en una cazuela con un poco del caldo donde se coció el guajolote, y se pone en la lumbre para que dé unos hervores, procurando mover constantemente esta pasta con una cuchara de palo para desbaratarla; se le agrega más caldo para que vaya sazonando y cuando éste se haya consumido se le pone otro poco, haciendo lo mismo tres o cuatro veces, hasta que el mole esté del espesor que se desee. Allí entonces se le echa sal a gusto… Pero ojo! que no sea pretexto para mojar el pancito y atracarse de salsa, que todavía no es la hora.
A estas alturas el difunto guajolote estará bien cocido, se raciona en presas y ya para servirse se echan éstas al mole únicamente para que den unos hervores.
El ajonjolí restante se tuesta en un comal y se le pone al mole al servirlo y según el gusto de cada persona. Si algún valiente lo quiere más picante (que la Virgen lo asista!) se le agrega un poco de chilpotle molido… (Y una cubeta de aguas frescas, las va a necesitar!)
Por último las tortillas bien quemadas en la lumbre, de acompañamiento y para darle color.
Con este manjar como plato principal, mutiplicado como el vino de Jesús en las bodas de Canaan por las hábiles e infatigables manos de la nana Chayo, se celebró el banquete de esponsales de Gracita y Joaquín. Cuentan las malas lenguas que en la noche de bodas el poblado tembló, se cayeron los cuadros de las paredes y las copas de las mesas, y una lluvia de estrellas se vió en toda la comarca, tal el ardiente efecto que produjo en quienes lo habían probado. Dicen que fué la excitante mezcla de los chiles con el chocolate, algo que todos aunque sea una vez en la vida debiéramos probar…
Procuren ustedes seguir al pie de la letra esta receta, y obtendrán el exquisito y genuino mole poblano, y algo más también. Que otra cosa podría agregar…
Ah síii!
¡BUEN PROVECHO!! **********************************************************************************************************************************************
GLOSARIO: (Breve guía para entender de que se trata todo ésto):
Guajolote:
Nuestro gentil, escandaloso y emplumado amigo, el pavo.(El perteneciente al género “aves”, no el que algunas llevan del brazo el día de su boda…)
Ajonjolí:
semillas de sésamo.
Chile:
Ají, pimiento, morrón, depende en que parte de la Argentina o América viva.
Jitomate:
El común, reconocido y universal tomate, que en bajando de América del Norte a América del Sur perdió la “ji” en el camino.
Plátano:
Fruto comestible de una planta musácea de origen indo-malayo, llamada higuera de Adán, muy cultivada hoy en África tropical. Es mucho más grande, encorvado y verde al exterior. (Bah, una banana tamaño XXXL. Lo de “higuera de Adán” es obvio…Je!)
Cacahuates:
Maníes, o manises, como decía el tío Minguito.
Metate:
Piedra sobre la cual se muelen manualmente con el metlapil el maíz y otros granos. En España se empleaba para hacer el chocolate a brazo. Acá sería “mortero”, y sirve para los mismos fines.
Comal:
Disco de barro o de metal que se utiliza para cocer tortillas de maíz o para tostar granos de café o de cacao. Si usa una sartén es lo mismo, y si es con teflon mejor… Nadie se va a dar cuenta!
Este post va especialmente dedicado a los queridos amigos mexicanos que a diario visitan este blog (3773 entradas al 4 de abril), por su paciencia y tolerancia para con esta aventurera de las letras, y con el perdón de sus mercedes si algún error se hubiera deslizado en el siguiente texto. Para ellos, con todo mi respeto y amor.
- Que no don Jorge, que no es lo mismo! Aquello era la tinga, éste es el mole, el mismísmo mole poblano!
- …
- No hombre, si no me enojo…Nomás le quiero poner a cada cosa su nombre, y a cada una darle su lugar. Y déjeme de monsergas, siéntese un tantito, y déjeme que le platique a mis amigas del aire, las que me piden más recetas, más historias y más humor, que no solo de amores truncos, tristeza y lamentos se vive, también la risa y la buena vida engordan al hombre!
Con esta receta preparada por las manos santas de doña Chayo, la nana de la niña Gracita, se inauguró la fiesta de esponsales de la joven con el galán de sus sueños, aquél que la esperaba con muchas ansias y poca esperanza todos los domingos, a la salida de la misa de once.
Así, de la mano del mole poblano, con la bendición de los dioses de sus antepasados y el amparo de Nuestra Señora de Guadalupe, Gracia de los Dolores Montesinos y Alarcón y su prometido Joaquín de Santana entraron a una nueva vida por la puerta santa del matrimonio.
Y ahora, basta de cháchara, manos a la obra!
Ingredientes:
Para un buen mole habrán de conseguir los siguientes ingredientes:
1 guajolote grande, forzudo pero no viejo, de carne firme, huesos duros y piel lisa, desplumado y destripado como Dios manda.
1 kilo de chile mulato del mejor.
1 kilo de manteca de buena leche, amarilla y fresca.
400 gramos de ajonjolí.
9 plátanos “largos”.
200 gramos de pasas de las grandes, de uva reina.
1 rajita de canela.
1 kilo de jitomates.
2 litros de cacahuates (así reza la receta, cualquier duda pregúntenle a doña Chayo)
4 tablillas de chocolate
10 clavos (de olor, los otros sólo sirven para clavar ataúdes)
10 gramos de pimienta (si lo desean y se les antoja, échenle más, que lo que abunda no daña!)
10 tortillas quemadas.
2 cabezas de ajo ( a estas alturas, a quién le preocupa?)
2 cucharadas de azúcar.
Cilantro y anís a gusto.
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Bien, ya tienen todo? Pues ahorita hagan ésto:
Pongan el guajolote al fresco para que no se abombe, las verduras y la manteca también, el chocolate bien escondido para que no lo arrebaten los golosos de la casa, lo demás se guarda en la alacena, y luego de beberse una jícara de buen pulque para entonar el alma y atraer los mejores sueños, se me van derechito a dormir. Eso sí, no sin antes escuchar a la simpática de Lila Downs, esta música predispone también!
Ya es muy tarde… Más luego, otro día, cuando asome otra vez el sol les pasaré el procedimiento para su preparación.
Bendiciones, nos veremos en el próximo post!
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Este relato, en parte ficción y en parte realidad, fue posteado hace exactamente un año. Para quienes no lo leyeron, y para refrescar la memoria de los demás, lo vuelvo a traer, porque me parece lo mejor, y es algo de lo poquito que tengo hoy para aportar por aquellos a quienes no podemos ni debemos olvidar. Por y para ellos, aquí está.
“Vuelvo a Las Glicinas después de treinta años… La casa está abandonada,invadida por las malezas que avanzan en tropel desde el campo. Me abruma el recuerdo de otro tiempo,y el perfume del pasto húmedo por el rocío del amanecer me retrotrae a aquellas vacaciones hechas de veranos tórridos y siestas interminables,de las cuales escapábamos con mi hermano para pescar mojarritas con un alfiler doblado,un piolín y una potra lombriz,o para comer duraznos que arrancábamos calientes,trepados como monitos en los árboles de la chacra. Y sobre todo las imágenes de mi abuelo,mi padre y mi tío… Al despuntar el alba me despertaban los ruidos provenientes de la cocina; mientras tomaban unos mates aprontaban los aparejos de pesca,serios y silenciosos como monjes. Con el primer rayo de sol partían rumbo a la cercana laguna,envueltos en la bruma matinal. Alguna vez quise acompañarlos,y mi padre me detuvo en seco con severidad: “Esto no es cosa de mujeres…!” Y yo regresaba cabizbaja a la tibieza del café con leche espumoso y la mermelada casera de la abuela Evangelina.
Hasta que una noche el encanto se quebró. Ya estábamos acostados los más chicos,y nos llegaba lejano el murmullo de las voces familiares,cuando el sonido brusco de varios vehículos,frenadas,gritos,luces que traspasaban las persianas nos arrancaron del descanso. Bruscamente apareció mi madre en el cuarto,nos arrebató literalmente de las camas y sin decir palabra nos encerró en el ropero cubriéndonos con mantas, La oímos,más que verla,abrir la ventana y saltar por ella hacia el campo.
No sé cuanto tiempo pasó hasta que se hizo un silencio absoluto y nos animamos a salir… En la galería estaba mi abuela,sentada en uno de los sillones de mimbre,rígida,la mirada perdida en la nada,las lágrimas silenciosas surcándole el rostro; al acercarnos, nos abrazó tan fuerte que creímos nos iba a quebrar…
Estábamos en la cocina desayunando cuando apareció mi madre con el cabello revuelto,sucia de barro y abrojos; nos contó que había pasado la noche agazapada en los juncales de la laguna,esperando que desapareciera todo vestigio de aquel desconocido peligro que tanto nos había perturbado. A mi abuelo,mi padre y mi tío no los volvimos a ver…
Treinta años después,de vuelta en el país y parada en la tranquera de Las Glicinas,en este frío amanecer,creo divisar a lo lejos sus difusas siluetas con las cañas al hombro y envueltas en la niebla del pasado,alejándose con paso cansino rumbo a la laguna.” **********************************************************************************************************************************************
Todo transcurrió como en una puesta en escena de la mejor obra de teatro. Ante un carraspeo disimulado de la nana, Gracita (que hasta ese momento había permanecido fija la mirada en el plato, silenciosa y ausente de la conversación y de la molestosa presencia del coronel) levantó sus ojos e inclinándose hacia él le dedicó subita y tierna sonrisa acompañándola de algunas palabras de circunstancia, mientras el proyecto de galán se atusaba satisfecho el bigote, viéndose ya en ganador de los favores de la joven… Lo que ni él ni don Salustio advirtieron es que mientras se producía esta distracción la nana había tomado el plato del coronel (como visita correspondía el privilegio de ser servido en primer lugar)y rápidamente en una maniobra maestra volcó el cucharón de la temible y fogosa salsa en él. Luego hizo un movimento brusco dejando caer el utensilio, y mientras mascullaba confusa disculpa procedió a reemplazarlo por uno limpio, que esperaba adrede sobre el bargueño del comedor.
El incidente no promovió mayor atención en los comensales, atentos una a distraer al coronel, éste embelesado y enredado en las trenzas y la sonrisa de Gracita, y el pobre de don Salustio, a quien los nervios le estaban jugando una mala pasada, apurando copa tras copa de vino y vigilando que su hija no fuera a salir con algún despropósito, tan extraño le parecía el brusco cambio de actitud en su revoltosa descendiente…
Superado el primer escollo la nana continuó sirviendo el plato, esta vez con el cucharón limpio y desde la humeante cazuela, colocándolo delante del invitado, mientras la criada procedía a hacer lo mismo atendiendo a padre e hija.
- Con permisito, mi coronel… Pruebe… Pruebe usted esta delicia, está para un banquete de reyes… Y lo preparó mi niña con sus propias manecitas, quería agasajarlo como se merece!
(Ayyyy…Me apena relatar el final de esta historia!)
Se abalanzó Tabarez glotonamente sobre el plato, y sin esperar a que sus anfitriones lo hicieran, como las buenas costumbres lo indicaban, comenzó a devorar estrepitosamente la tinga…
Y al tercer bocado sucedió la catástrofe:
- AJJJJJJJJJ!!!!!!!!!!GÑAFFFFFFFF,AJAJAJJJJJJJJ!!!!!!!!!!!!GRRRRRRAJJAYYYY!!!!!!!!!!!!!
Semi sentado, semi parado, las manos al cuello y los ojos como brasas a punto de salírsele de las órbitas, el desdichado pugnaba por escupir el resto del bocado, ahogándose en el intento y vociferando al mismo tiempo las peores obscenidades en memoria de las madres y hermanas de todos los presentes y ausentes, para escándalo y asombro de don Salustio, que no conseguia entender la magnitud de lo sucedido, y por supuesto el regocijo no disimulado de Gracita, triunfadora en su propósito, y las risas ahogadas de la nana Chayo y las criadas, que ocultas tras una puerta habían sido testigos del “accidentado” y breve almuerzo del ilustrísimo coronel don Pedro Francisco Tabarez de la Riestra, devenido en ese instante apenas un pobre diablo a punto de morir transformado en volcán humano.
Volteando la silla salió disparado y trastabillando sin rumbo definido, salvándose de estamparse contra el muro gracias a la mano diestra y ligera de la nana, que prestamente acudió solícita e hipocritamente en su auxilio, arrastrándolo a la cocina, adonde con varios jarros de agua procedió a apagar el incendio que ardía en las entrañas del susodicho.
Demás está decir que el bochornoso comportamiento propio, mas lo que consideró una manifiesta descortesía cometida contra él, catapultaron al coronel fuera de la casa y de la vida de Gracita… Era tonto, pero no tanto como para no comprender el mensaje, y si así había sido la recepción proporcionada por su enamorada, no quería imaginarse la vida junto a semejante demonio.
Atrás quedaba don Salustio, intrigadísimo por lo sucedido… No cesaba de probar la tinga desde la cazuela, y si bien estaba algo picosa, no lo era mas de lo normal a lo que estaban acostumbrados, y no podía creer que el coronel fuera tan mariconazo como para dejarse atragantar por un poco de chile chilpotle, caray!
(Por cierto el plato contaminado con la “Sangre del Diablo” había desaparecido prestamente rumbo al fregadero…)
Finalmente Gracita, liberada del yugo del indeseable Tabarez podría por fin dedicarse a rendirle su corazón a cierto mozo del lugar, hijo de reconocido comerciante y estudiante de leyes, con quien llevaba intercambiando miradas, sonrisas y reverencias a la salida de misa de 11, desde hacía varios meses y con la anuencia y complicidad de la nana Chayo, siempre lista a atender los caprichos y necesidades de su amada niña.
No fué tan poético el final para el ilustrísimo y frustrado pretendiente… No pudo evitar que parte de lo que había ingerido fuera a parar al último tramo de su tracto digestivo, lo que lo mantuvo “en ascuas” literalmente durante varios días, con frecuentes visitas al retrete, la imposibilidad de sentarse o montar a caballo por un tiempo, y unas brutas almorranas que le duraron hasta el final de sus tristes días.
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Rumiando pensamientos y dándole la vuelta al cocido Gracita dejó que corrieran las agujas del reloj…
Y ya estaba casi listo cuando la nana Chayo, que había desaparecido en la fresca penumbra del sótano que cumplía las funciones de despensa, reapareció desde aquellas profundidades llevando en sus manos un gran bote de vidrio. Contenía éste un misterioso menjunje espeso, rojioscuro, casi amarronado, tan denso que parecía imposible que se pudiera extraer de modo alguno.
- Niña, no te me pongas así, mira que te me vas a volver viejita antes de tiempo… Las penas no llevan a buen puerto, solo traen mas amargura, pa’ qué ahogarse antes de haber pisado el agua! Anda, anda a vestirte, y déjeme a mí a ese desgraciao, ya va a ver lo que le espera…
Se quedó mirándola Gracita. Iban sus ojos de la nana al frasco, y del frasco a la nana, no atreviéndose ni siquiera a imaginar que maquinaba doña Chayo…
-No será veneno, verdad?!
-Ni Dios permita niña, que no soy bruja de ésas, no ando en componendas par arrimarle almas al diablo! Nomás es para pegarle un respingo al coronel, ya verás!
- Ni modo nana, me dices que piensas hacer, o no me voy… Si encima que mi padre me tiene al salto con su maldito coronel, tú vienes y armas algún desaguisado, nos ejecutan a las dos!
- Que desaguisado ni que niño muerto… Óyeme, ésto no es mas que una salsa, la receta viene de mis antepasados… La llaman “Sangre del diablo” o “de los cuatro chiles”, y en épocas de don Cortés y la Malinche, mas de un regimiento español se volvió a su Reino con el trasero florecido como xoconostle en primavera. Y no eches maldiciones delante mío, o el domingo le cuento al padre Benito y te hace barrer la iglesia toda la semana!
Mientras hablaba la nana colocó el bote sobre la mesa, y destapándolo se inclinó sobre él aspirando profundo y lento, cerrando los ojos y murmurando en voz baja algo en lengua indígena que Gracita no alcanzó a comprender, y luego prosiguió:
- Esto hay que usarlo con prudencia, no se le puede dar a cualquiera…Para una olla grande debes mojar apenas la punta de un cuchillo con esta salsa y luego lo metes en el guisado, basta y sobra para que le haga echar tacos al más macho! Es comida de hombres solos, a las mujeres no se les da, les puede cortar el mes, ja,jaa!
- Nana, que zafadurías, y tú no quieres luego que maldiga… Y que será al fin que piensas hacer?
- Mira, te lo digo y te marchas… El primer plato se le sirve al invitado, no? Pues bien, yo me encargo. Lleno el cucharón con la Sangre del Diablo, lo llevo a la mesa y con disimulo se lo echo en el plato como que estuviera sirviendo ya la tinga, luego como que se me cae al suelo, ahí tú levantas presto y me traes uno limpio que ya estará dispuesto y al alcance, y sigo sirviendo los platos como si nada. Por supuesto, el primero se lo pondremos a tu coronel, bien adobado con los cuatro chiles… Ni toda el agua de la fuente va a apagar ese mero incendio, ya verás!
Y así fué… Gracita con su mejor vestido, el blanco, el que estrenara en el bautizo de su primo Felipe, don Salustio en traje de de ir a misa, la mesa con su mejor mantel y la vajilla de los días especiales… Y el coronel! Era de cantado que a los postres y después del último brindis se haría la petición de mano, de modo que todos, y por las más diversas razones estaban sobre ascuas, lo cual en el caso del pretendiente no parecía haberle quitado el apetito, tal era el gusto y el acomodo que hizo de la servilleta alrededor de su cuello, y los comentarios intencionados y jocosos en torno al aroma que provenía de la cocina, cosa que aprovechó el atribulado y servil don Salustio para comentar como al pasar que la propia Gracita era la autora del manjar que estaban por degustar, lo que valió una sonrisa de sátiro del coronel, y un gesto de furia contenida de la muchacha, que sentía hormigas en el cuerpo y plomo en el alma.
Y alli fue que hizo su entrada una criada con la cazuela humeante, y la nana Chayo enarbolando el cucharón “endiablado”, presto a caer con su ardiente contenido en el estómago del ilustre comensal. (Continuará)
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“Frutos de la tierra” (Frida Kahlo – México, 1907-1954)
Para alejarnos un poco de la tristeza, alegrar el corazón y aligerarlo de penas y pesares, porque sí, porque es verano caray!, y como presente de bienvenida a una nueva amiga de este blog que se comunica desde lejanas tierras aztecas, va este pequeño relato inspirado en un cuadro de la célebre pintora mexicana Frida Kahlo y dividido en dos capítulos, para no cansar al lector…
Para tí tocaya, Penélope de Guadalajara… Aquí va (perdón!):
LA TINGA POBLANA “Un pollo trozado y hervido; cuando esté bien tierno se pasa a una cazuela con una salsa salteada en base a tres tipos diferentes de chiles (chiles mulatos, chilpotles y chiles rojos poblanos), jitomate, ajo y perejil, y concentrada con un poco de fécula de maíz disuelta en caldo frío hasta que la carne se ponga roja. Se acompaña con una ensalada de lechuga y aguacate.”
- Ni que fuera tan fácil…!- Gracita cerró el cuaderno con furia.
Allí la prolija caligrafía de la nana Chayo había plasmado con minuciosidad a lo largo de su prolífica existencia una suerte de biblia culinaria familiar, producto del acumulo de experiencias en cincuenta años de matrimonio y servicio, la crianza de catorce hijos propios y ocho ajenos y el manejo discrecional del fogón y las ollas, de las cuales seguía siendo hasta hoy ama y señora.
- Tranquila niña, serénese pues…- La nana sonreía mientras Canela, la negrita de los mandados, le clavaba sendos codazos en los costillares a Gracita, que bufaba como gato escaldado.
- Vea niña, no se aflija,después de esta noche al viejo mostachudo no le van a quedar mas ganas de andar jeringueando con sus baboseadas… Le vamos a dar una lección que lo va a dejar ardido y sin ganas de volver! -
“El viejo mostachudo” era nada menos que el coronel Tabarez, molesto y cargoso visitante que don Salustio, viudo y padre de Gracita, había recibido como inesperada e ineludible carga devenida de la Revolución, y que él, como uno de los más ricos hacendados de la región, con cargo político y apellido de sonora prosapia, no podía esquivar si quería seguir montado en sus cuartos a pesar del brusco cambio de autoridades luego de la última trastada militar.
La cosa es que esta invasión mas o menos apremiante de los dominios de don Salustio había acontecido hace siete años, cuando Gracita contaba con la edad de nueve primaveras, y era apenas una niña pecosa y escuálida, ojiverde, con la mota colorada de la difunta madre irlandesa y el pellejo cobrizo del padre, herencia ésta de un sospechado mestizaje que el pobre hombre se esforzaba en disimular a toda costa.
Pero ahora la niña había crecido y florecido por todos los espacios que su cuerpo podía albergar, y el coronel, sesentón, con mas cicatrices que medallas y con una remarcada y reconocida debilidad por las pollitas tiernas y el pastito fresco, revoleaba los ojitos achinados y se atusaba el canoso bigotazo carraspeando sonoramente cada vez que Gracita atinaba (muy contra su voluntad) a ponerse al alcance del cascado donjuán.
Sabida era ya por todos la intención del coronel de caerle como gavilán pollero a la jovencita, y como no había modo ni por dónde, el atribulado padre había cedido a regañadientes a recibir ese día al nefasto proyecto de yerno, obligado éste a su vez a enarbolar una formal propuesta matrimonial, comilona mediante, como único medio de vencer la tenaz resistencia de Gracita.
Y allí estaba la pobre, revolviendo la cazuela con el cucharón, enfurruñada y asustada, confuso el pensamiento y rabiando a mas no poder… De solo pensar en la proximidad del viejo, apestoso de tabaco y sudor rancio y añejado, se le revolvían las tripas y le sobrevenía un irrefrenable deseo que iba desde escupir dentro de la olla hasta arrojar al guiso una culebra venenosa para acabar más pronto con todo aquel enojoso asunto.
(Continuará)
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Ésto es tan dulce,que me pareció ideal como consigna para comenzar el nuevo año...No lo escribí yo,sino un buen amigo, de caparazón dura y algo maldito, pero de corazón blando:
"Los hombres y las mujeres nos necesitamos mutuamente ; aunque por cosas distintas.
Las mujeres nos necesitan ; para sentirse seguras, para no sentir angustia existencial, para sentirse menos viejas, para tener alguien a quien cuidar, alguien a quien pelear.
Están armadas así.
Los hombres las necesitamos, para tener alguien que nos cuide, para que nos haga la comida, para que nos lave la ropa, para que comparta nuestra cena, para que nos revolotee, para que nos escuche.
Uds. son insoportablemente necesarias."
Y sí,algo de eso hay...
Amanecer de un nuevo día… Amanecer con imagenes de mi vida,de mi banda sonora,con los mejores recuerdos y con algunas tristezas… Palabra con perfume de jabón en la ducha,con aroma de café y tostadas y de rocío en el pasto mañanero. Color de naranjas recién exprimidas en un vaso y naranja del cielo recién iluminado,y el sonido esperado de un beso de buenos días. Amaneceres obscuros de invierno,de tormentas furiosas de verano,amaneceres con borrasca en el cielo y en el alma… Amanecer sobre el mar,los pies en la arena,los labios salados,los ojos en el horizonte esperando esa nave que no llega al puerto de nuestra vida. Amanecer en los brazos del ser amado,amanecer en soledad en un lecho para siempre medio vacío,o amanecer en tumulto matando tristezas en un baile sin fin… finalmente,un amanecer por siempre inolvidable…Amanecer de hace años,con ese primer hijo recién parido en los brazos,los ojos grandes abiertos a un mundo nuevo,las manitas inquietas atrapando sus primeros sueños,el llanto demandante y el amor recién nacido. Amaneceres y música de mi vida…Huellas que dejo para que otros las transiten:
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