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13/03/2012 | Por penelope © | Claves: muerte, sueños, vida espiritual | # Enlace permanente
Ahí está, otra vez… Esa sensación, errática, oscura, como una resaca que va y viene cada mañana al despertar. Poco a poco, como una mancha de humedad que va contaminando y extendiéndose en un muro, cada amanecer abro los ojos al vacío de mi yo interior, y entonces asoma la opresión de las ideas confusas que no logro erradicar pese a los esfuerzos que hago para lograrlo.
No solo me sucede en ese momento de la vigilia prematura; en las últimas semanas también me persiguen cuando camino por la calle. Es una imparable marejada de pensamientos que expresan la certeza de estar caminando hacia un inevitable destino final… Como si la huesuda (como la llamaba mi madre) caminara dos pasos detrás mío apoyando su mano descarnada sobre mi hombro, transmitiéndome también algo de su invisibilidad. Porque suele ocurrirme que las personas parecen no verme, pasan a mi lado empujándome como si no me vieran, o peor aún, ni siquiera se hacen a un lado cuando vienen de frente, y solo cuando chocan con mi humanidad se percatan que existo, que estoy ahí. Me deslizo entonces, mansa, ingrávida, caminando junto a las paredes, con la mirada baja y el pensamiento en otra dimensión, para evitar el dolor de tener que reconocer que ya no existo.
Convengamos que no salgo mucho… Poco a poco he ido abandonando mis costumbres callejeras, y he reducido mis salidas a lo mínimo indispensable: trámites, pagos, y la inevitable adquisición de algunos comestibles para alimentar más el espíritu que el cuerpo. Después de meditarlo largamente he llegado a la conclusión que allí afuera no hay nada para mí, nada que me importe demasiado o que tenga que ver con lo que alguna vez fuí.
Este mundo de ahora me es ajeno. No reconozco en esta gente a aquella que formaba parte de mi universo, ni encuentro en sus voces y sus costumbres algo que se me sea familiar, que me genere los afectos y emociones que antaño eran el combustible con el que el todo que era mi ser se nutría para existir.
Y entonces vuelve esa sensación. Estoy viva porque mi corazón late, mis arterias sangran, tengo los cinco sentidos activos y en ejercicio, pero mi alma, mi energía, esa que era motor y núcleo de mi espíritu se ha ido. cada mañana despierto, y no estoy. Solo mi cuerpo, o lo que queda de él, y la peor carga sobre mis espaldas… esta discreta inconveniencia de vivir.
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14/11/2011 | Por penelope © | Claves: Sindrome de Down | # Enlace permanente

Me hubiera gustado llamarme Ana, como mi abuela…
Me hubiera gustado nacer en otro tiempo, en otro lugar.
Tener las pestañas largas y tupidas, el cabello lacio, los dientes derechos, las piernas esculturales de la tía María Esther, la belleza mediterránea de mi madre, la inteligencia de mi padre…
Me hubiera gustado conocer a esa hermana que murió antes que yo naciera, la que era perfecta, la que se parecía a mi mamá, no como yo, que nací colorada, hinchada y pelona, y que al año todavía no lucía un cabello en la testa…
Me hubiera gustado ser bailarina clásica, escritora, benefactora de la humanidad, famosa y admirada…
Me hubiera gustado viajar. Conocer París, Roma, Venecia, Nueva York, o recorrer mi país con la mochila en la espalda y los sueños a flor de piel…
Me hubiera gustado amar y ser amada, tener sexo y recibir besos, parir hijos y amamantarlos, verlos crecer y partir…
Pero por sobre todas las cosas, me hubiera gustado que mi familia no se avergonzara de mí, que no me ocultaran a la vista del mundo como a algo indigno de ser mostrado y conocido…
Me hubiera gustado que creyeran en mí y en mis capacidades, que comprendieran que soy capaz de realizar las mismas cosas que todos hacen, que acaso puedo llevar a cabo acciones que superan a las de otras personas…
Me hubiera gustado que confiaran en mí.
En suma, me hubiera gustado, me hubiera conformado APENAS con ser normal. Aunque… Qué es lo normal? Quien decide, quien mide los parámetros por los cuales alguien es considerado digno de integrarse a esta frívola, mediocre sociedad? Muchas preguntas, ninguna respuesta…
Ahora es demasiado tarde. Cargo sobre mis espaldas todos los años mal vividos que el Destino me quiso deparar, y mirando para donde mire, sea hacia atrás o hacia adelante, no hay un pasado para recordar y lo que es peor, mucho menos un futuro al cual aferrarme y en el cual depositar las esperanzas que pese a todo aún alberga mi corazón.
Desde este lugar adonde me depositaron hace mucho tiempo como algo de lo cual debían desprenderse como si fuese una carga ominosa y vergonzante, les regalo estas palabras.
Para que mi historia no se vuelva a repetir.
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27/10/2011 | Por penelope © | Claves: escribas, escribidores, escritores, Marcelo Di Marco, Puto el que lee, Roberto Fontanarrosa, talleres literarios | # Enlace permanente

Puto el que lee”
Nunca encontré una frase mejor para comenzar un relato. Nunca, lo juro por mi madre que se caiga muerta. Y no la escribió Joyce, ni Faulkner, Ni Jean Paul Sartre, ni Tennessee Williams, ni el pelotudo de Góngora.
Lo leí en una estación de servicio de la ruta. Eso es literatura. Eso es desafiar al lector y comprometerlo. Si el tipo que escribió eso, seguramente mientras cagaba, con un cortaplumas sobre la puerta del baño, hubiera decidido continuar con su relato, ahí me hubiera tenido a mí como lector consecuente. Eso es un escritor. Pum y a la cabeza. Palo y a la bolsa. El tipo no era, por cierto, un genuflexo dulzón ni un demagogo. “Puto el que lee ésto”, y a otra cosa. Si te gusta bien y si no también, a otra cosa mariposa. Hcete cargo y si no, jodete. . Hablan de aquel famoso comienzo de “Cien años de soledad”, la novelita rococó del gran Gabo. “muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento…” Mierda. Mierda pura. Ésto que yo cuento, que encontré en un baño público, es muy superior y no pertenece seguramente a nadie salido de un taller literario o de un cenáculo de escritores pajeros que se la pasan hablando de Ross Macdonald.
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Así comienza “Usted no me lo va a creer”, libro de cuentos del querido y siempre recordado humorista rosarino Roberto Fontanarrosa, editado en 2003. Y así defendía en ese momento el derecho a expresarse de quienes, abocados al complejo arte de la escritura literaria, lo hacen visceralmente, desde las tripas, sin academicismos ni reglas, exponiendo sus ideas en ejercicio de la libertad a la que todo ser humano tiene derecho en el noble oficio de la creación.
Y esto viene a cuento de otro libro que acabo de leer en estos días: “Taller de corte y corrección”, editado en 1997, del escritor Marcelo Di Marco,a quien no tenía el gusto de haber leído con anterioridad. Tenía numerosas obras publicadas al momento de la edición, dice ser especialista en literatura fantástica y de horror,y su especialidad eran, o son diversos talleres literarios.
Exactamente la contraposición a lo que predicaba Fontanarrosa… En su libro Di Marco establece las formales reglas académicas a las cuales se debe atener todo pichón de escriba que desee trascender a la posteridad con sus textos. Reglas que van desde la puntuación hasta la sintaxis, pasando por toda una purga de adjetivos, proverbios, verbos, párrafos enteros y otras menudencias, quedando como resultado postrero un artículo híbrido, formal, correcto, exacto como flechazo de indio, blanco y aséptico, enjuagado con la lavandina que las circunstancias de la formal creación literaria provee en estos casos.
Para afirmar y validar sus conceptos se vale de numerosos ejemplos prácticos de escritores famosos, algunos de ellos traducidos del inglés, (lo cual automáticamente le quita validez, porque todos sabemos que hasta el más conspicuo autor extranjero pierde jirones de su obra por más exacta y perfecta sea la traducción). En cuanto a los otros, los hispanoparlantes, si escribieron lo que escribieron, es porque les brotó de su insuperable y maravillosa capacidad de crear la urdimbre de letras que formó la obra de cada uno, y no porque lo hicieron con un compendio bajo el brazo, como quien trata de arreglar una canilla con el “Manual del plomero” a mano.
En el medio quedan la inspiración, la espontaneidad, y muchas veces el talento de los aspirantes literarios, constreñidos a redactar sus textos según “las reglas”, so pena de ser exiliados del cenáculo de los dioses editorialistas por el pecado de querer ser ellos mismos… Casi nada!
No me imagino a Fontanarrosa o a Roberto Arlt concurriendo a uno de estos talleres para pulir su estilo o enriquecer su contexto… Arlt aprendió en la escuela de las redacciones de los diarios lo poco que necesitó para amasar su obra, y el querido rosarino lo hizo en la universidad de la calle. Las canchas de fútbol, los cafés, las esquinas de Rosario lo dotaron del material necesario, y el resto lo condimentó con el lenguaje popular de todo los días, el que se escucha en la calle y en la vida, al aire y al sol, y no en obscuros recintos aislados de toda realidad. Y como ellos muchos otros, en distintas épocas, con distintos orígenes y escuelas, pero todos iluminados por esa llama que se brinda a unos muy pocos… La del talento que conduce a la inmortalidad.
Esto no quiere decir que no sirvan los talleres literarios. Son útiles, en tanto y cuanto son útiles para aprender a redactar un poquito mejor que bien, algo que en estos tiempos está bastante descuidado. Basta con leer los textos subidos a Internet, ya sea en las redes sociales, en los blogs, o simplemente en los sms y mails que recibimos a diario para comprobar que ésto es irrefutable. Encontramos errores garrafales en diarios, avisos publicitarios, y hasta en los videograph de la televisión, donde se supone que deberían dictar cátedra de buen hablar y no confundirnos más de lo que ya estamos en asuntos de nuestra baqueteada lengua…
Todo aquel que desee hablar y escribir decentemente debería pasar por uno de esos talleres alguna vez. Pero de ahí a creer que en esos sitios le van a dar la llave mágica de la puerta que abre paso al talento y la fama… Craso error. Aunque llegue eventualmente a editar algún texto, éste no pasará de gozar de eterno reposo en un cajón o un estante en casa de sus familiares, y en el mejor de los casos acabará arrumbado en alguna librería de segunda mano. Si conocen algún caso que refute ésto, me retracto inmediatamente!
¿Y nosotros. los bloggers, (incluída desde luego quien suscribe) donde quedamos se preguntarán ustedes…?
Los habemos de todas clases. Talleristas y no talleristas, espontáneos o elaborados, pero todos bajo una misma bandera, la de los eternos desconocidos, los don nadie de la literatura “www”. Apenas “escribidores”. Una clase especial, y nada más.
En lo estrictamente personal, me enrolo plenamente en el axioma que predica Fontanarrosa. Como algún otro amigo cercano de esta comunidad escribo “visceralmente, o sea desde las tripas” (Ésto ya lo puse antes, no? pero me encanta la expresión!), como me salga y por donde salga, sin corregir demasiado, tal cual se pare un hijo: con sangre, sudor, mocos y lagrimas, pero sobre todo sin devolución posible. Y como a un humilde recién nacido, apenas lo envuelvo en pañales espumosos y le pongo un poquito de agua colonia, para que se vea bonito, y huela bien.
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21/09/2011 | Por penelope © | Claves: 1976, 2011, Madres | # Enlace permanente

Ella no tuvo la culpa. De arranque llegó al mundo con pocas chances; piba de barrio, o más bien dicho de arrabal, su horizonte no iba más allá de las charcas suburbanas y del negocio paterno, una de esas verdulerías chiquitas, de extramuros, con la cortina de tiras de hule y la mercadería en la vereda.
Todavía no había aprendido Rita a caminar y ya su madre la colocaba en un cajón de manzanas acolchonado con hojas de diario arriba del mostrador, a guisa de corralito y cuna. Allí balbuceó sus primeras palabras y se acostumbró al contacto con la gente, adquiriendo el particular vocabulario popular de los habitantes que por aquellos años colmaban esa zona fabril de Avellaneda.
Pasó como todos los chicos del lugar por la única escuela primaria que había en esa época en la zona, cumpliendo sin pena ni gloria el ciclo elemental, y luego, más que nada por la voluntad materna (el padre la quería en el negocio, no perdiendo el tiempo entre libros) siguió el secundario, por cierto a los ponchazos, ya que a los dieciséis años todavía cursaba el 2º año.
Ella quería ser peluquera, y no le cabía en la mente el como podían el teorema de Pitágoras o la orografía de Portugal ayudarle a poner una docena de ruleros o fabricar una buena permanente, así que vivía esquivándole el bulto al estudio, entre los rezongos maternos y una incipiente independencia callejera que le daba libertad para ciertos actos nada recomendables para una chiquilina de su edad.
En ésas andaba cuando lo conoció al Polo, Leopoldo Arizábal para más datos… Sin oficio conocido, seis años mayor que ella, estudiante crónico de alguna carrera “rara” de las que se cursaban por aquel entonces en Filosofía y Letras,y por supuesto, militante.
Había frente a la plaza del barrio un localcito chico, en realidad un garage que la viuda de Gauna alquilaba por unos pesos para engordar la magra pensión estatal. Un cartel blanco con el escudo peronista colgaba al frente, y abajo unas desparejas letras negras rezaban: “Juventud Peronista Revolucionaria, Unidad Básica, circunscripción 15”. Ahí se lo podía encontrar al Polo Arizábal todo el día, entre mate,asado, vino tinto y bizcochos de grasa, rodeado de algunos compinches más o menos de su edad y condición, discurriendo doctrinas que ellos denominaban “de avanzada”, leyendo cuanta literatura “ad hoc” les caía en las manos, y naturalmente tratando de hacer proselitismo a troche y moche entre la juventud de la zona, convencidos de ser los “illuminati” destinados a reformar la vida política y social del país, el continente, el mundo y galaxias circundantes.
Allí aterrizó la Rita en función de vagón de cola del Polo, y poco a poco y a fuerza de escuchar las prédicas del susodicho comenzó a adherir con toda su alma a las mismas, desterrando a las nubes de Úbeda el proyecto de la peluquería propia, el estudio, el mostrador de la verdulería paterna y todo lo que tuviera que ver con la vida “burguesa” y acomodada que había llevado hasta entonces.
Así andaban las cosas hasta que llegó aquella noche… Primavera del 76, el aire tibio y el anticipo de las madrugadas cada vez más tempranas demoraban a la muchachada revolucionaria en el pequeño local, entre discursos fervorosos, manifiestos ardientes, risotadas y puñetazos sobre la mesa, cuando un tumulto confuso de frenadas, gritos y golpes interumpió abruptamente la reunión… Tres Ford Falcón y dos camionetas cerradas se detuvieron bruscamente frente a la casa de la viuda de Gauna, descendiendo de los vehículos un grupo de hombres fuertemente armados y vestidos de civil. Como hacía calor los muchachos habían dejado el portón abierto de par en par, amparados en la tranquilidad de la barriada y la paciencia de los vecinos, muchos de cuyos hijos eran ya habitués a esas reuniones. De modo que los desconocidos invasores no tuvieron dificultad en irrumpir violentamente, golpeando, destruyéndolo todo, y reduciendo rápidamente a la concurrencia entre amenazas, gritos e insultos del peor calibre.
Cayó en la volteada la Rita, amañada como siempre al Polo… Algún vecino, desvelado por el bochinche y oculto tras las persianas en la penumbra, contaría después como los habían subido a todos a las camionetas, las manos amarradas a la espalda, muchos de ellos a la rastra, sangrando y con marcas de golpes en el cuerpo.
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Han pasado treinta y cinco años… Treinta y cuatro de ellos la madre de Rita ha caminado religiosamente todas las semanas la ronda de las Madres en Plaza de Mayo, rogando más que exigiendo por esa hija díscola, soñadora, culpable e ilusa junto con su pareja y amigos de haber creído que se podía soñar con una vida y un país mejores, aunque fuera a los tiros y volteándolo todo del revés.
Cuando vuelve a su casa doña Matilde se queda largo rato mirando lo único que le queda de la Rita (todo lo demás, hasta las bombachas, se lo llevaron cuando le allanaron la casa…) Esa foto, pequeña, ajada ya por el manoseo, la que le tomaron el día que cumplía los quince en el fondo de la casa mientras preparaban la fiesta, y que le alcanzara un día la madre del Polo. La había encontrado de casualidad, quién sabe en que recoveco de la pieza de su hijo, y ahí estaba, mudo y casual testimonio de que alguna vez había existido una muchacha de barrio llamada Rita… La Rita de Avellaneda.
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06/09/2011 | Por penelope © | Claves: Candela Rodríguez, Fernanda Aguirre, Martita Stutz, Sofía Herrera | # Enlace permanente
La reciente desaparición y posterior hallazgo de la pequeña Candela Rodríguez, la trágica y obscura trama que rodeó a este hecho y todo el suceso en sí que terminó del modo que menos hubiéramos deseado removió en mi memoria hechos semejantes que, por una atroz casualidad (o no…) desarrollaron similares características y conmovieron en su momento a la opinión pública.
A modo de demostración, para probar que no hay nada nuevo bajo el sol, y que estamos muy lejos, a pesar del tiempo transcurrido, de lograr soluciones y resultados positivos en estos casos de desaparición, éstos son… Juzguen ustedes.
1ª Historia: MARTA OFELIA STUTZ

Las once y cuarto de la mañana del sábado 19 de noviembre de 1938.
-Mamita, ¿me das veinte centavos para comprar el Billiken? -preguntó Marta Ofelia.
-Sí Martita, acá tenés. Tené cuidado al cruzar la calle.
Martita Stutz vivía en la ciudad de Córdoba, más exactamente en barrio San Martín. Corrían los tiempos de la gobernación de don Amadeo Sabattini, radical neto, y la urbe mediterránea, lejos de la agitación actual, mantenía esa serenidad provinciana entreverada con resabios de una cultura colonial que se resistía a desaparecer.
Ese día al niña salió de su casa, solo tenía que recorrer unas pocas cuadras hasta el kiosco de revistas, trayecto que por otra parte conocía muy bien…
Jamás regresó. La historia de su desaparición, las denuncias, el proceso, toda la confusión y el desorden que rodearon a la investigación se pueden leer en detalle entrando al siguiente link:
http://principiodeidentidad.blogspot.com/2008/11/la-desaparicin-de-marta-stutz.html
Fué uno de los caso mas resonantes de secuestro y desaparición de un niño en aquellos tiempos, donde toda una ciudad del interior se vió conmovida por un suceso que salía de todo lo previsto en el orden delictual, sobre todo porque la pequeña Martita jamás volvió a aparecer, ni muerta ni viva… Con ella pareció iniciarse una sucesión de delitos semejantes que evidentemente al día de hoy siguen en plena vigencia.
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2ª Historia. FERNANDA AGUIRRE

“Fernanda Aguirre, de 13 años de edad, fue secuestrada, el 25 de julio de 2004 en la Provincia de Entre Ríos, cuando regresaba caminando a su casa desde el puesto de flores que sus padres tienen en las inmediaciones del cementerio de San Benito.
Su madre María Inés Cabrol, y toda su familia y vecinos la buscaron desde el primer día con desesperación.
Su familia recibió llamadas extorsivas y pagó en el Puente de Hierro, uno de los accesos a la capital entrerriana, 2.000 pesos por su liberación. Pero Fernanda nunca regresó.
Se desestimaron pruebas fundamentales. La principal hipótesis de los investigadores es que la niña fue capturada por Miguel Ángel Lencina, quien ese día gozaba de una libertad transitoria otorgada por la Justicia de Paraná, a pesar de que estaba condenado a 20 años de prisión por el asesinato de dos mujeres
Lencina fue detenido en agosto de 2004 y pocos días después apareció ahorcado en la celda de la comisaría Quinta de Paraná, donde permanecía alojado. Mirta Chávez, su esposa, fue condenada como coautora del hecho. En tanto un hombre que fue juzgado como partícipe del secuestro fue absuelto por la Justicia. Su nombre es Raúl Monzón, primo de Lencina.”
Fuente de información:
notiSignos
Blog de noticias de Signos del Topo (creaciones / críticas / culturas) – Buenos Aires – Argentina.
http://notisignos.blogspot.com/2010/09/fernanda-aguirre-secuestrada-25-julio.html
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3ª Historia: SOFÍA HERRERA

“Sofía tenía cuatro años de edad cuando desapareció de la vista de sus padres María Elena Delgado y Fabián Herrera el 28 de septiembre de 2008, en el camping John Goodall, a 60 kilómetros de Río Grande, a donde la familia había ido a pasar el fin de semana con amigos.
En pocas horas la alarma desató un gran operativo de búsqueda de la policía fueguina, Prefectura Naval -el camping está cerca del océano Atlántico- y Gendarmería Nacional, a las que se sumaron fuerzas militares, policías de otras provincias, de Chile, e incluso investigadores del FBI.
La causa judicial está desde el inicio a cargo del juez de instrucción penal Eduardo López -fiscal Guillermo Garone-, quien en principio ordenó detener al cuidador del camping, Alberto Urrutia (73), por sospechas de que podría haberla secuestrado, aunque luego lo liberó por “falta de mérito”.
Una investigación de Radio Fueguina, de Río Grande, recabó datos sorprendentes de una investigación que está entre las más intensivas encaradas en el país: entre otros números, se recorrieron 2.900 kilómetros a pie o a caballo, y otros 100.900 en vehículos, en un minucioso rastrillaje en toda la provincia.
La investigación periodística revela también que sólo en el primer mes de búsqueda hubo 53.146 cruces telefónicos y 69.000 vehículos requisados íntegramente; y que hubo 28 allanamientos de viviendas o edificios en un sólo día.
Entre otros datos curiosos, la causa llevó a detectar en toda la provincia a 19 ciudadanos titulares de un VW Gol gris, quienes además poseen un perro boxer, porque esa fue la característica señalada por un niño que aseguró haber visto cómo un hombre alzó a Sofía y se la llevó en un auto.
Sin embargo, para la madre, hoy “es un día más de angustia, no tenemos nada”. “Mi marido estuvo en Bolivia, Perú difundiendo la foto de Sofía, se está haciendo la web también. Ahora nos queda esperar”, señaló en declaraciones radiales.
“No hay absolutamente nada, no hay una sola pista. Hoy el teléfono ya no suena. Al principio, hubo llamados bienintencionados, malintencionados”, agregó al referirse al proceso de investigación y reconoció: “Seguramente algo falló, si se hubiera hecho todo bien mi hija estaría acá. De todos los rastrillajes que se hicieron algo falló”.
Fuente de información:
AMBITO.COM
http://www.ambito.com/noticia.asp?id=545253&seccion=Informaci%F3n%20General&fecha=28/09/2010
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Hasta aquí las historias, la información sucinta de tres casos reales. Tres ubicaciones geográficas dentro del territorio argentino pero distantes entre sí, tres fechas diferentes, una en la primera mitad del siglo pasado, las otras dos dentro de la primera década del presente, pero todas con un denominador común: sus protagonistas, y su hasta hoy trágico y desconocido paradero.
No sucedió lo mismo con Candela Rodríguez, quien fue encontrada muerta a los pocos días, pero este hecho no hace al resultado final que parece siempre desembocar en lo mismo: confusión, caos, impericia judicial y policial, chicanas políticas, el canibalismo de los medios de comunicación y la histeria pública combinados para enturbiar y finalmente distorsionar el resultado final, dejando a las víctimas, reales, últimas y legítimas destinatarias de justicia, en la eterna nebulosa de un limbo de donde evidentemente ya nunca se las podrá rescatar.
No tanto para polemizar, como para informarse, y reflexionar…
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29/06/2011 | Por penelope © | Claves: astronauta, futuro, hijo, mujer, nacimiento, Stanley Kubrick, universo | # Enlace permanente

Imagen: 2001,A Space Odyssey – Directed by Stanley Kubrick (1968)
Se revolvió con suavidad en su habitáculo…No es que estuviera incómodo,pero ésto de estar cabeza abajo permanentemente no lo convencía; pero así lo habían dispuesto,y debía obedecer…
Abrió un ojo,luego el otro,se desperezó muy lentamente,sacudió los brazos;tenía la sensación que el espacio circundante se había achicado…O era él que había engordado en estos largos meses de encierro?
Por cierto,tenía hambre. El largo tubo que le proveía de alimento parecía agotar por momentos su función,y una mariposa gigante empezaba a agitarse en su estómago…Nervioso llevó el puño cerrado a la boca. Magro consuelo! Una bocanada de turbio líquido invadió su garganta,y tuvo que toser y escupir para recuperar el equilibrio.
Estaba concentrado en estos menesteres cuando algo llamó su atención…En medio de la penumbra rosada del estrecho espacio que lo contenía creyó vislumbrar un destello de luz,algo que desde su cabeza estallaba hacia los pies.Quizás era solo una ilusión,el efecto del hambre…Casi al mismo tiempo un estremecimiento,como la remezón de un terremoto lo sacudió; se removió inquieto,fastidiado,¿qué estaba pasando?! Otra vez la luz,y otra,y otra…Los sacudones se intensificaban,cada vez mas frecuentes. Alarmado,intentó cambiar de posición pero no tuvo tiempo;como si se hubiese abierto una compuerta al vacío comenzó a deslizarse irremediablemente,siempre cabeza abajo…Algo lo succionaba,y el espacio se iba achicando,lo comprimía, y cada compresión lo desbarrancaba más y más hacia la nada,hacia ese desconocido,infinito y temido espacio exterior.
Sintió que se asfixiaba…Algo duro,como una gigantesca tenaza comenzó a comprimirle la cabeza,y el miedo lo invadió hasta los huesos; la luz,cada vez más intensa lo cegaba,y se sintió perdido,aterrorizado por el dolor,por la inminencia de algo que estaba por suceder,una angustia inexplicable que lo oprimía tanto como el estremecido entorno.
Y entonces sucedió.Fué un estallido,la explosión de todas las vidas y todos los universos al mismo tiempo,el desgarramiento de sí mismo…Náufrago de un naufragio mil veces repetido,cerró los ojos,inspiró con toda la fuerza que sus pulmones le permitían,y abriendo la boca exhaló ese grito,único e irrepetible, en el que se comprimió el total de las voces conocidas,las del pasado y las del presente,voces de las galaxias y voces de la tierra,el sonido perfecto y el canto de los ángeles,el rumor del amor y y el himno a la creación.
(¡Mujer, tu hijo acaba de nacer!)
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20/06/2011 | Por penelope © | Claves: Adán, hombre, hormonas.andropausia, mujer, sexo, sor juana inés de la cruz | # Enlace permanente
“Sabe Dios por que misteriosa acción de la Naturaleza se determina en algún momento de la división celular embrionaria el reparto de cromosomas, pero una cosa es por cierto bien segura: sin nosotras ellos no podrían existir (no se valen cigüeñas ni repollos) y nosotras sin ellos tampoco (¿quien sino cambiaría el cuerito de la canilla o el neumático desinflado?)”
“CATECISMO DE LOS SEXOS” – Santa Penélope de los Santos Dolores (de cabeza)
Argentina, beata y mártir, pero no virgen… (se ignora fecha de nacimiento).

“Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:
si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal? ”
Sor Juana Inés de la Cruz, (Nepantla, 12 de noviembre de 1651-Ciudad de México, 17 de abril de 1695)
Linda manera de expresarse, sobre todo si tenemos en cuenta que quien escribió estas estrofas era monja, para colmo mexicana, y en pleno siglo XVII! En todas partes se cuecen habas, y ya en aquella época parece que el sexo masculino estaba en el banquillo de los acusados, listo para ser destripado por una horda de furibundas damas cansadas de ser el último orejón en el tarro de esta bendita humanidad.
Lo cierto es que nada mejor como preámbulo a la segunda parte sobre los avatares de los descendientes de Adán y Eva que el célebre poema de la rebelde religiosa, quien se autodenominaba “yo, la peor de todas”, una premonitoria definición que recaería a través de los siglos sobre las cabezas de todas las generaciones de sufridas féminas vivientes.
Pero no es sobre nosotras que quiero hablar hoy, sino sobre “ELLOS”…
Ahhhh, ellos, hombres necios!! Llegan a este mundo con un pan bajo el brazo, y una coronita en la testa. Así como el padre se despachó con un resignado “es nena…” cuando le nació la mujercita, la llegada del ansiado vástago varón le provoca una euforia solo comparable a la que le genera el fútbol cada vez que su equipo gana un campeonato (lo cual no suele suceder muy a menudo…). Sale a los saltos aullando como un lobo en celo, se abraza hasta con el vigilante de la esquina, y al día siguiente da cátedra en cuanto lugar se encuentre con más de dos congéneres masculinos sobre “como se hace para fabricar un varón, pregunten que yo tengo la receta!”.
Total, que el pequeño engendro, que llegó como nosotras a este mundo desnudo y gritando (cosa que TAMBIÉN seguirá haciendo en diversos momentos de su existencia), viene (en desmedro y para perjuicio de las representantes del sexo opuesto) provisto de un aditamento extra, algo que va a regir absolutamente y en definitiva el resto de su vida, más que la religión, la raza y cualquier otro factor a posteriori: “ESO”. Pitulín, manguerita, chizito, como quieran llamarle caritativamente la mamá y las tías cuando la hermanita pregunta “¿que es eso?, por lo pronto solo le sirve para regar fastidiosamente al prójimo cuando le cambian el pañal. Pero aay! Cuando el tierno infante comienza a madurar sus reflejos y coordinar el movimiento de los bracitos, un día comienza la self-exploration, descubre “eso” ahí abajo, y se empieza a tocar… Parece que le gusta, porque haciendo caso omiso a las prevenciones maternas y a la canción de Serrat, se sigue tocando, y convengamos chicas, lo va a seguir haciendo por el resto de su conflictuada vida…
Pasan los años, pasa la infancia, y la manguerita, por esas cosas inevitables de la biología, evoluciona, y se transforma en una traviesa lombricita lista para asomar su cabeza al misterioso universo femenino, hasta entonces terreno vedado.
Y allá va, de travesura en travesura… Pero no anda sola: como buena artista que es, la siguen sus productoras y guardaespaldas, popularmente conocidas como “las compañeras”. Este inefable trío, con vida independiente y criterio propio, será quien rija en definitiva cada acto en la existencia del varoncito devenido por obra del almanaque en eso que conocemos como “el gran macho argentino, salud!” (Para lectoras del extranjero, cambiar la nacionalidad por la que más le apetezca).
De ahí en más, sálvese quien pueda… Hombres, al poder!
Pero… Siempre hay un pero. ¿Cual puede ser la principal preocupación, la inquietud de susodicho macho, todopoderoso, implacable, rey de la jungla contemporánea, dueño de la verdad y de cuanto camine o se arrastre por el planeta? Los conflictos mundiales, la crisis económica, o la insoportable levedad del ser?
No señora, ni modo… En sucesiva continuidad y en forma aleatoria dos items ocupan durante el 99.9% del tiempo disponible el cerebro (y otras partes…) del espécimen masculino: el sexo, y el fútbol. De éste último no vamos a hablar, ya nos saturan todos los días desde los medios,suficiente.
Pero lo otro…Ahhh, lo otro! La lombriz traviesa, las compañeras y su producto hormonal, y todo lo que de ellas se nutre, rigen no solo la vida del hombre en sí, sino que en su nombre y para satisfacción de los muy cachondos se creado toda una industria que abarca productos tan disímiles como los teatros de revistas, las muñecas inflables, los almanaques de gomería, las chicas y chicos de “vida aireada” (O “airada”? Ma sí, ustedes saben a lo que me refiero…)hasta llegar a la más reciente invención, el Viagra.
De este modo pasan nuestros caballeros andantes por esta vida, obsesionados y afligidos permanentemente por la inquieta bicha, dominados por la continua preocupación acerca de su actividad y funcionamiento, acatando sus mandatos a rajatabla y observando con creciente preocupación como la edad, el estrés, la falta de uso y otras yerbas van disminuyendo in crescendo su utilidad, lo cual adquiere en la mayoría de los casos visos de verdadera tragedia shakesperiana (¿To be or not to be?), solo que en vez de la célebre calavera de Hamlet otro es el despojo que sostienen en sus manos.
Y no paran ahí, porque cuando ya se están resignando a la inevitable jubilación de la parte mas importante de su cuerpo, aparece una bruja, doña Próstata, y con una maldición bien administrada borra de un plumazo los últimos vestigios de la alicaída dignidad masculina.
Así, de la mano de este inevitable decaimiento conocido popularmente entre la mujeres de mi familia (o sea mi hija y yo) como la “pitopausia”, contemporánea y acompañante ineludible de la menopausia femenina, allá van “ELLOS” también, sufridos beduinos sobre el lomo de no menos sufridos camellos, peregrinos de la misma caravana en el desierto, con su propia carga de penurias y virtudes… Pobrecitos ellos los hombres, mártires de la humanidad!
Chicos, hombrecitos queridos, no se enojen… Todo ésto es verdad, pero como lo anterior, tomado con humor y santa resignación, que para eso somos humanos y no divinos. Y porque reírnos de nosotros mismos forma parte de un buen humor que puede ser aprovechado como eficiente terapia contra la malaria reinante en estos tiempos revueltos que nos tocan vivir. O no?
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07/06/2011 | Por penelope © | Claves: diferencias, hombre, hormonas, mujer, ovarios, parto, sexo | # Enlace permanente


“Las mujeres somos muy complicadas en comparación con los hombres, tan rectos en sus mentiras, tan infantiles en sus contradicciones… Tan consecuentes en sus vilezas. (…) Por Dios que hay facturas que se pagan despacio!”
“La piel del tambor” -Arturo Pérez Reverte (escritor español – Cartagena, Murcia, 25 de noviembre de 1951)
Desde que el mundo es mundo, o sea a partir de aquel momento hace millones de años cuando dejamos de ser amebas acuáticas para arrastrarnos sobre terreno firme, y empezamos a desarrollar extremidades, cerebro y algunos otros atributos físicos, la Naturaleza determinó que la incipiente raza humana se dividiera en dos sexos, diferenciados básicamente por un pequeño trocito extra de tejido y hueso en el exterior, algunos detalles mínimos como pilosidades varias, curvas y pectorales, y ciertas glándulas secretoras de hormonas destinadas a afianzar y asegurar dicha diferencia. Con el devenir de los siglos algunas de estas características, vaya a saber porqué, sufrieron mutaciones y comenzaron a producir inexplicables alteraciones genéricas y genéticas… Pero esto es tema para otra ocasión.
Lo cierto es que a partir de la era del garrote y el dinosaurio comenzamos a diferenciarnos en nenes y nenas, hombres y mujeres, o sea sexo masculino y sexo femenino. (o al revés, porque catzo tienen que ir ellos primeros siempre?! Ahhh, ya sé… “El burro adelante pa’que no se espante”, decía mi viejita…)
Y aquí estamos, sufridas mujeres regidas por el destino incierto que nos determina, dividiéndonos taxativamente en lindas y feas, santas y pecadoras, inteligentes y burras, honestas y no tan honestas…
Por lo pronto llegamos a este mundo desnudas y chillando, (lo cual seguiremos practicando luego en diversas etapas de la vida) y de entrada nos reciben con dos palabras, pronunciadas con indisimulada resignación por el progenitor biológico que la lotería astral nos designó: “¡Es nena…!”. (Ahora con ésto de la ecografía, ya nos defenestran antes de nacer!). O sea, bienvenida seas, pero no sos el varoncito, el machito ansiado encargado de prolongar en tiempo y espacio el apellido, el honor y los testículos de la familia… No importa, la proxima vez será.
Ni hablar si el susodicho machito llegó antes que nosotras, personificado en el guardabosques hermanito mayor,ahí fuimos. A lo sumo seremos motivo para la clásica cargada de los amigos del “pater familiae”: – “Che, anda comprando la escopeta…!”, presuponiendo desde ya con catorce o quince años de anticipación que la recién nacida será inexorablemente una vil hembra promiscua, solo apta para el tarascón sexual.
Pero para compensar tanto bajón y tanta misoginia, ahí están nuestras madres, tías, abuelas, madrinas y parientas varias dispuestas a levantarnos la autoestima tan precozmente devaluada. Y en aras del reafirmamiento de esa femineidad apenas despuntada procederán a revestir nuestra diminuta humanidad con un fondant de color rosa que, conforme pasen los meses y los años se irá incrementando en tinte desde el rosita pálido de las primeras batitas, a un estridente rosa-chicle… Zapatillas rosa-chicle, mochila rosa-chicle, campera rosa chicle, gorrito rosa-chicle, bombachita rosa-chicle… Et voilà el primer trauma a desembuchar ante el analista en la edad adulta!
Pero más allá de esa infancia teñida de rosácea tilinguería nos aguarda agazapado el momento inevitable, temido, el terror de las madres y el espanto de la rama masculina de la familia: el estreno del primer tampón.
Las mujeres hemos igualado a los hombres en casi todos los aspectos, y aún superado en muchos de ellos, no solo en el plano laboral sino también en todos los ámbitos; pero ayyy…!! Arrastramos un estigma, una maldición bíblica, un error fatídico de la madre Natura: aquel que conocemos como el “asunto”, el período, la regla, la menstruación, como más les guste o acostumbren llamarlo.
Ella va a marcar inexorablemente cada acontecimiento de nuestra existencia durante un promedio aproximado de cuarenta años, a través de los cuales estaremos a merced del capricho de los ovarios y sus hijitas dilectas las hormonas (mujeres tenían que ser!), en una sucesión de hechos sin solución de continuidad… Si “te vino”, porque te vino, (arruinándote mas de un acontecimiento), si se te adelantó, peor… (siempre te agarra desprevenida, y ay si estás fuera de tu casa!). Si sos mas o menos equilibrada, en “esos días” te salís de carril, y si sos un poco neura, mejor ni hablar. Pagan el pato todos! Y el dolor de ovarios… Ahhh, inefable dolor de ovarios, fuente inagotable de ingresos para los fabricantes de cuanto analgésico ad-hoc se encuentre en el mercado!
Y si no te vino, tenés un “atraso”, y ahí sí, agarrate Catalina, porque puede ser un desequilibrio hormonal momentáneo, pero cuando el test primero y el médico después te confirman que vas a tener que comprar un cochecito para sacar a pasear al “desequilibrio” la cosa se complica, porque a veces no estaba en tus planes esta explosión generacional y reproductiva. Explosión que pasa de ser virtual a totalmente literal cuando se prolonga el “atraso” y culmina en ese acto universal conocido comunmente como “parto”. No del verbo “partir” como sinónimo de irse, viajar, sino en la real acepción de “partirse al medio”, que es lo que siente en ese instante. Claro, está la opción de la cesárea, pero no sé que es peor, porque te cambian los retortijones propios del hecho natural por los entuertos de una operación con costuras varias incluídas que nos obligan a caminar encorvadas y agarrándonos la panza por varias semanas.
Y finalmente, después de mantenernos a flote más o menos indemnes durante varias décadas, llegamos con toda la pompa y circunstancia del caso a la culminación del heroico período de la fertilidad: la menopausia.
Tragedia si las hay, que previamente ha sido precedida por otros acontecimientos: “sofocones” o calores, frigidez, aumento de peso (¡¿más todavía?!), depresiones varias coincidentes con replanteamientos generacionales de los hijos y crisis y rupturas de pareja y/o matrimoniales, y lo peor de todo, el artero y solapado ataque a mansalva de la ley de gravedad (sí, la de Newton…) contra nuestra ya de por sí devaluada humanidad. Claro, a este señor le cayó una manzana en la cabeza, pero si hubiera sido mujer, se hubiera callado la boca… Con solo mirarse al espejo, y de cuerpo entero, se hubiera dado cuenta. Desde las ojeras para abajo, todo tiende a caerse a una velocidad alarmante. Pechuga, panza, pompis,etc.etc, todo baja, baja, baja… Junto con nuestra autoestima, el cuero femenino desciende a las catacumbas, y entonces le llega el momento de actuar a los apóstoles de la estética. Según los medios económicos con los que cada afectada cuente, hay diversas opciones, algunas de las cuales son:
1º) Cirujanos plásticos (caro, pero el mejor!)
2º) Gimnasios, personal trainers, profesores de yoga, tai-chi y otras disciplinas orientales (estos últimos dirigidos mas a pacificar nuestro alicaído ego que a levantarnos la masa muscular).
3º) Aparotologías varias, que incluyen desde la tradicional bicicleta fija hasta misteriosos artilugios electrónicos muy promocionados en la TV y que se descomponen a una velocidad totalmente inversa al alto precio que pagamos por ellos.
4º) La heladera. Si no podemos contra la ley de gravedad, ataquemos entonces al tradicional artefacto doméstico. No es lo mas aconsejable, pero por lo menos rescataremos una parte de nuestro cuerpo… Masticar mucho ejercita la musculatura del rostro, por lo menos tendremos menos arrugas!
En fin, ahí vamos, sufridas féminas cual camellos de una caravana en el desierto, de a una en fondo, con nuestra carga de penurias y virtudes… Pobrecitas nosotras las mujeres, mártires de la humanidad!
¡¿Y “ELLOS” se preguntarán?! Ahh no!! Hoy ya no hay espacio… Les toca la próxima vez, jaaa!
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30/04/2011 | Por penelope © | Claves: 1º de Mayo, Blogsdelagente, Buenos Aires, Clarín, Feria del Libro 2011, piquetes | # Enlace permanente

Experiencia inenarrable ésta de sufrir la brusca transición de salir de una ciudad de provincia, populosa en temporadas turísticas pero relativamente tranquila el resto de año, para pasar al alienante vértigo de una caótica Buenos Aires, y justo el día en que se le ocurre al “Padrino” hacer una movilización sindical para conmemorar el Día del Trabajador, que vaya despiste, recién tiene fecha oficial el próximo 1º de Mayo… Se ve que al tata Hugo le vendieron un almanaque fallado.
Imposibilitada de hacer el trámite previsto para el viernes, cercada por columnas y piquetes compuestos por dudosa muchedumbre de “trabajadores” que justo ayer no trabajaban (¿o sí…) zafé como pude del quilombo (única palabra que se me ocurre para describir el día de ayer), rumbée para pagos mas tranquilos, o sea que tuve que patear desde San Telmo hasta Congreso previa estación en un boliche de Avda. de Mayo, adonde repuse fuerzas y energías tomando un grosso cortado y leyendo “Clarín”, el bienamado progenitor de esta zarandeada y devaluada plataforma, rebautizada como Clarinete.
A la tarde la opción inexcusable era pasar por la Feria del Libro. Venir a Buenos Aires y no ir a semejante evento sería como darse una ducha de media hora, pero sin jabón… Imperdonable!
Previo agenciamiento de acompañante masculino oficiando de ladero, asesor y eventual guardaespaldas tomé rumbo con viento a favor. Pero aquí me tengo que detener para hacer un aparte: como chorean con los taxis en la capi… Desde Congreso hasta Plaza Italia me empernaron con la bonita suma de 33$, suma de la tarifa original (28$) mas un plus de 5$ por ser radio llamada desde el hotel. Encima me tuve que bancar la charla del conductor sobre sus preferencias gastronómicas (pa’ lo que me importaba!) No hay caso, no hay como ser pajuerana en esta ciudad!
Ahora sí, ya estábamos dentro de la Feria. Me sentía como personaje de un cuento de Landriscina, perdida, boleada y aturdida… Sin un plano del lugar imposible orientarse, y al acompañante no le iba mucho mejor, así que empezamos a recorrer stands al azar, hojeando libros, criticando como expertos literatos que somos (ja…), mientras de reojo tratábamos de ubicar el “Rincón de lectura”, donde Argentores auspiciaba una charla sobre Televisión. No que nos importara deamsiado el tema, pero la lectura de un capítulo de “Ciega a Citas” estaba a cargo de Muriel Santana, Rafael Ferro, Georgina Barbarrosa, María Abadi, Mario Pasik, Jorge D´Elía, Rita Terranova, Nicolás Mateo, Alejo Ortiz… Me salía la cholula por todos los poros, y finalmente brújula en mano llegamos al lugar. JAAAAA!! Varios habían tenido la misma idea, y componían una cola de una cuadra para ingresar. Habida cuenta que la capacidad del lugar indicaba 150 personas, un simple relojeo permitia comprobar que de integrar dicha fila no íbamos a llegar ni a placé… Ni modo, alzamos vuelo mascullando contra la superpoblación urbana y proseguimos el vagabundeo literario, cosa que le sirvió a mi amigo para comprobar gratamente que tres ejemplares de su libro descansaban en un estante del stand de la Editorial Dunken, lo cual le significó un estimable masaje a su autoestima, un poco devaluada por circunstancias ajenas a este post.
Pasando por la sala José Hernández escuchamos la voz de una mujer con acento español hablando algo sobre su próxima novela, y como la curiosidad mató al gato, me asomé, ví que la mayoría de las butacas estaban vacías, y nos ubicamos. Menos mal, porque de haber estado de pie me hubiera desplomado… La voz tenía una dueña, y la dueña era…nada menos que Rosa Montero!! Si señores, ella en carne y hueso, simpática, dialogando con el escaso público que ocupaba la sala…
Y aquí cabe un comentario aparte… No es prueba cabal de nuestra incultura y falta de raciocinio el hecho que la presencia de un señor ex-ministro de frondosa melena involucrado con promiscua y mediática nieta de conocida figura prócer del espectáculo nacional haya convocado a una multitud, mientras que la señora Montero, una de las figuras mas destacadas de la literratura iberoamericana contemporánea solo haya contado con la presencia de unos pocos oyentes para explayarse sobre su obra, y que encima algunos empezaran a retirarse antes de concluída la presentación? Cosas veredes Sancho en esta "culta" ciudad…
19:30 hs: Ya casi en retirada, hicimos una última estación en el stand de Clarín… Charla interesante pero escasa también de público a cargo nada menos que del editor en jefe de Clarin.com, la versión digital del conocido diario.
-"Ajaaaa!!!!!!!!" me dije, esta es la mía!! Arrastré a mi asesor y me ubiqué frente al disertante, a sabiendas que al final de la exposición vendría el inevitable ping-pong de preguntas, y ahí la bruja Penélope iba a dar rienda suelta a su lengua…
Efectivamente, cuando el incauto señor terminó su presentación alzé mi manita como alumna bien educada, y comencé…
Pero esto se está extendiendo demasiado. Por hoy la dejo picando… La conclusión vendrá en el próximo post. Y de paso me aseguro que vuelvan, jaa, jaa!
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16/04/2011 | Por penelope © | Claves: arriesgar, convicciones, fe, Jerusalem, religión, Semana Santa | # Enlace permanente

Sebastián ha llegado a Jerusalem. Aún está confundido, no sabe bien porqué, cuales han sido sus designios para llegar hasta aquí. Solo tiene en claro que su abandono del Seminario faltando pocos meses para ordenarse sacerdote tiene que ver con una rabia recóndita, este rencor que lo aturde y lo embriaga, con la pérdida de su fe y sus convicciones, y una atroz confusión que lo destroza más aún en este trance.
La muerte súbita de sus padres y su hermana en aquel terrible accidente desataron en él una avalancha de oscuros sentimientos que nada tenían que ver con el espíritu que lo animaba hasta hace poco. Y justo en ese instante la aparición de Diana en su perspectiva, la primera mujer que lograba mirar con ojos de hombre y que lo había logrado perturbar hasta el paroxismo… No, era demasiado!
Desde muy pequeño la íntima convicción de tener que agradecer del mejor modo a Dios por todo lo bueno y hermoso que la vida le había brindado hasta entonces lo impulsó a brindarse en la vocación sacerdotal ni bien entrado en la adolescencia, pero ahora la vida lo ha desbordado, y extraviado en un mundo que no es precisamente el que sus sueños juveniles habían concebido, se ve arrojado a él sin más defensa que su mente y su corazón para reencontrar la senda perdida.
Hace dos días, al subir al avión su mentor y amigo, el padre Clavell, un jesuíta de aquellos, enérgico y pleno de sabiduría, poniéndole una mano en el hombro le había dicho:
“Hijo, nadie mas que tú conoce los recodos de tu espíritu… En este viaje a las fuentes mismas de nuestra fe encontrarás sin duda el camino correcto, y cualquiera que él sea, Dios lo aprobará y te colmará de bendiciones, porque sabe que eres incapaz de acción alguna que pueda ser reprobada. Hay un destino escrito para tí en el libro del inconmensurable universo, busca tu página, y te habrás encontrado finalmente a tí mismo.”
Y ahora está aquí, en medio de esta muchedumbre cosmopolita. Es víspera de Semana Santa, Domingo de Ramos, y un enjambre de rostros y de lenguas distintas lo circunda, lo asfixia… Turistas japoneses con sus infaltables cámaras se mezclan con clérigos en sus mantos gregorianos y sacerdotes con pulcras sotanas blancas, mientras soldados israelíes armados hasta los dientes patrullan atentamente y ciudadanos palestinos con sus chilabas y sus turbantes le ponen una nota de color y de riesgo al ya de por sí pintoresco paisaje.
Sebastián se siente realmente aturdido. Ha llegado hasta el Muro de los Lamentos, donde los creyentes judíos de todo el mundo vienen a depositar sus ruegos, y tratando de escapar de todo aquel aquelarre toma por una callejuela lateral, estrecha y sombría, apenas interrumpida su uniformidad por algunos pequeños ventanucos y una que otra puerta, todo silencioso y hermético, como si de golpe lo hubieran trasladado a otro territorio.
Extrañado por esa súbita ausencia de movimiento, encuentra en el primer recodo una pequeña plazoleta, y en ella una fuente cantarina, que contrasta su música de agua burbujeante con el silencio del lugar. Un poco más allá terminan las viviendas, y se eleva el empedrado transformado en una senda que conduce a una apenas elevada colina, como una ola que se elevara mansa en un mar sereno. Por sobre ella comienza el sol su camino al poniente, entre nubes anaranjadas y grises, y el reflejo deslumbra a Sebastián.
Al mismo tiempo un ruido extraño pero familiar comienza a sentirse… Como si alguien arrastrara algo pesado, una piedra, o quizás un madero. Encandilado por ese sol que comienza a deslizarse hacia el horizonte solo vislumbra una sombra, algo que parece, pero no es… o sí?
Un hombre, o mas bien la silueta de un hombre, vestido con una burda túnica artesanal, se acerca llevando a cuestas un madero que en cierto modo se parece a una cruz. Pero no, no puede ser. La cruz que Sebastián conoce es la que se encuentra en todas las iglesias, y ésta tiene otra forma, parece mas una T que un crucifijo clasico.
Envuelto en estas reflexiones se percata subitamente que el extraño personaje se ha detenido frente a él. No logra distinguir sus facciones porque el sol, cada vez mas bajo y mas rojo, como sangrando, se lo impide.
Antes que pueda reaccionar más que ver siente que el peregrino le extiende algo. Es un papel grueso y rústico, doblado en cuatro. No logra percibir ni siquiera el brillo de aquellos ojos, pero “siente” que la mirada de ese hombre le quema la piel y le llega hasta lo más profundo de su ser, y cuando logra reponerse, la imagen del caminante y su madero ya son una sombra difusa alejándose en la penumbra del crepúsculo.
Alguien ha encendido una farola junto a una de las puertas. Sebastian se dirige apresuradamente hacia allí, y bajo la débil luz despliega el papel y comienza a leer:
ARRIESGARSE
Hacer algo por alguien, es arriesgarse a involucrarse.
Expresar sentimientos, es arriesgarse a mostrar tu verdadero yo.
Exponer tus ideas y tus sueños, es arriesgarse a perderlos.
Reír, es arriesgarse a parecer un tonto.
Llorar, es arriesgarse a parecer un sentimental.
Amar, es arriesgarse a no ser correspondido.
Vivir, es arriesgarse a morir.
Esperar, es arriesgarse a la desesperanza.
Lanzarte, es arriesgarse a fallar.
Pero los riesgos deben ser tomados, porque el peligro más grande en la vida es no arriesgarse.
La persona que no arriesga, no hace, no tiene, no pretende, no anhela…
Se pueden evitar sufrimientos y preocupaciones, placeres y alegrías pero te estarías perdiendo de aprender, sentir, cambiar, crecer, amar y vivir…
SOLO UNA PERSONA QUE SE ARRIESGA ES LIBRE.
TE ARRIESGARIAS A CORRER RIESGOS?
Le tiemblan las manos…Gruesas y tupidas lagrimas corren por su rostro. No sabe, o no quiere saber en realidad quien era el misterioso peregrino, porqué estaba allí, porqué sus coordenadas se acababan de cruzar en ese instante con las de él. Pero ahora sí tiene la íntima y plena convicción de cual es el camino que debe seguir, y un arrepentimiento profundo y estremecedor hace a un lado todo lo funesto y sombrío que su corazón albergaba.
Lentamente retorna al centro de Jerusalem… Esta Semana Santa Sebastián ha conocido finalmente el rostro de su destino, y marcha hacia él.
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