Algo más que un pecado capital: LA LUJURIA
En tres años y medio de transitar (virtualmente claro está) por esta plataforma fueron muchos los temas abordados en mi blog. Varios post fueron eliminados por ser meramente anécdoticos o intrascendentes, otros porque solo reproducían textos ajenos o carecían de valor literario, unos pocos fueron archivados en otro blog con un propósito que luego se frustró… Finalmente quedaron a la fecha 113 publicaciones, lo que no es poco para alguien que recién se iniciaba en ese momento en este sorprendente y no pocas veces accidentado oficio de blogger, hoy bastante devaluado por cierto.
Cada uno de estos temas tuvo su origen, su raíz. No fueron elegidos ni concebidos al azar; su motivación parte de vivencias, dolores, experiencias de vida, amores de toda índole, pasiones, insatisfacciones, frustraciones, sueños y porque no, alguna que otra alegría… Ya que es mucho mas fácil hacer lagrimear que reír al público lector. En el camino conocí gente nueva: algunos son hoy mis amigos, otros no hicieron méritos para merecerlo, pero en suma todos contribuyeron de una u otra forma a forjar en parte la personalidad de quien hoy les escribe.
De todos esos post algunos me son especialmente preferidos, ya por haber sido elaborados en determinadas circunstancias de la vida, o simplemente porque, redactados visceralmente y desde lo más íntimo de mi espíritu, representan esa parte más privada que tanto nos cuesta revelar.
Uno de ellos particularmente me llena de satisfacción, porque aborda una temática difícil de abordar como es la del erotismo, sin caer en lo chabacano o meramente pornográfico, dificultades que logré esquivar en su momento con bastante destreza a juzgar por el éxito obtenido en ese entonces.
Inspirado en un texto del poeta tunecino del siglo XVI, Cheikh Nefzaoui, relata el encuentro entre un pintor bohemio y una dama alegre de la noche…
Los árabes, como todas las culturas orientales, son especialistas altamente calificados en todo lo relacionado con el sexo y el erotismo, y en homenaje a esa delicadeza y poesía puestas al servicio de algo tan…humano, tan fisiológico, llevándolo a niveles casi celestiales, es que reproduzco hoy nuevamente estas líneas. De la serie denominada “Los Siete Pecados Capitales”, he aquí:
“LA LUJURIA”.
“La mujer es como una fruta que solo exhala su fragancia cuando la frotan con la mano. Toma por ejemplo, la albahaca: a menos que la calientes con los dedos no emite su perfume. ¿Y sabes por ejemplo, que al menos que el ámbar sea entibiado y manipulado no retiene su aroma?
Es igual con la mujer: si no la animas con las caricias y besos, con mordiscos en sus muslos y abrazos apretados, no obtendrás lo que deseas, no experimentarás placer cuando ella comparta tu diván, y ella no sentirá afecto por tí.”
“EL JARDÍN PERFUMADO” ( Cheikh Nefzaoui – Túnez, 1535)
Nos conocimos esa noche, en la azul grisácea frialdad de una calle cualquiera, húmeda y solitaria. Nos bastaron apenas cuatro palabras, una mirada, la llama de un fósforo, la espiral de humo del cigarrillo recién encendido, e inmediatamente supimos que no teníamos otro camino, ni otro destino…
Subimos aquella larga escalera besándonos de a ratos, acariciándonos frenéticos en cada descanso, tragándonos las palabras y transformándolas en gemidos, arrastrándonos casi hasta llegar a la puerta de tu cuarto, allí donde llenabas los minutos de la existencia recreando con tus pinceles ese mundo fantástico de sátiros maliciosos y ninfas desnudas que brotaban del seno de tu locura.
Todo parecía premeditado, perfecto, casi un escenario teatral… La tenue luz de las velas profusamente dsitribuídas, las dos copas a medio llenar del sanguíneo y denso licor destilado para incentivar nuestra pasión, la música sutil brotando de los muros, y aquel lecho inmenso, infinito, poblado de telas tenues como celajes, de sedas crujientes y perturbadoras, de almohadones profundos en abismos listos para recibir nuestros cuerpos sudorosos y estremecidos.
Rodamos enredados en nuestra propia carne, desnudos y palpitantes, deseando morir para no acabar, llorando y riendo como niños que descubren un nuevo y viejo juego, y fuimos lluvia, trueno, centella, exhalando con los cuerpos el aroma salvaje de flores desconocidas y antiguos olores guardados en cofres de nácar y oro…
Durante horas ejecutamos la danza ancestral de los amores compartidos, hasta que la claridad de ese inevitable amanecer aborrecido y execrado por generaciones de amantes nos sorprendió exhaustos, anestesiados por una superficial felicidad, tu mano sobre mi pecho, mis piernas entrelazadas a las tuyas, las almas anudadas en un beso postrero.
Supe en ese momento que como siempre, te había perdido antes de encontrarte, y sin esperar a que tus ojos terminaran de abrirse con la primera luz del día partí quedamente en silencio, dejando sobre la almohada una rosa arrancada al rosal de mi delirio, aquél que florece cada noche que me entrego a cualquiera en un absurdo juego del amor por el amor mismo, la locura infinita del erotismo y el goce de la lujuria como placer cotidiano, la devoradora venganza del sexo… Sin un antes y sin un después.
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Es cierto lo de Cheikh Nefzaoui pero hay muchas formas de encender la fogata.
Uf. como hago, estoy lejos de mi casa…Esta historia supera cualquier relato pornográfico, en el sentido que dice tanto y más que ver esas imágenes vulgares…igualmente no me voy a hacer el pulcro, de vez en cuando miro…eso si con mi esposa, en fin. Vi esos cuerpos sedientos, arrugando sabanas, retorcer almohadas y te vi yendo antes de que él despierte, abandonando cualquier responsabilidad y mejor dejar ese momento en la mente y el cuerpo, por el temor a enamorarse? Que bueno es sofocar la sed de los cuerpos mutuamente sin dejar lugar al descubierto, todo se vale…
Amiga penny, me encantó este relato y creo que mereces un aplauso y que no sea un día de miercoles