De pobres y ausentes: Imágenes de la Argentina que no queremos mostrar

Frente a tanta manifestación populista y sensiblera sobre las ingratas realidades que aquejan a nuestra diversificada sociedad latinoamericana, que mejor que mostrar algo que responda al interrogante tan común de: “Y por casa, ¿como andamos?
Quienes transitamos a diario el barro y la pobreza de nuestros semejantes, hermanos en Dios y en Patria, tratando de poner un parche al inmenso agujero por donde se escapan nuestras mejores intenciones, de la mano del hambre, la miseria, el abandono del Estado, la discriminación y el olvido de gran parte de la sociedad. El resto del mundo ríe y baila, total, todo el año es carnaval…

El video aquí publicado corresponde a una realidad incontrastable de esa Argentina que vive en el patio de atrás, entre el barro y el olvido… Sus imágenes no difieren mucho de la realidad que transito todas las semanas en Las Retamas, la única diferencia es que la vinchuca no prospera en Mar del Plata porque el clima mayormente frío y marítimo no favorece su desarrollo… Todo lo demás, es igual o peor.

La semana pasada algunas mujeres se acercaron al comedor a buscar comida…tuvieron suerte, habían concurrido pocos chicos y pudieron llevarse una ración de ravioles y una de arroz con salsa, apenas suficiente para alimentar dos personas… y sabemos de sobra que en cada casa (casa?) viven mucho mas que dos!
Me tocó entregarles la vianda, y también dos panes frescos, del día, y juro que se me hizo un nudo en la garganta, tuve que aguantarme para no largame a llorar… Me pareció algo tan tremendo, tan simbólico, una imagen bíblica de entregar ese pan que no sirve para paliar el hambre ni proveer seguridad, salud y educación, apenas rellenar el estómago por un día, para volver a empezar al siguiente…

Mientras recorría hace un rato los blogs amigos me llegó un mensaje de texto de Betty, la cocinera del comedor, preguntándome que voy a llevar mañana, porque no tienen nada más que arroz y fideos… Le aseguré que chicos y grandes “algo” van a comer.
Mañana saldré temprano… Como dicen en la Iglesia: “Dios proveerá!”

Por ésto, y por todo lo demás, reniego de las manifestaciones, las proclamas, los discursos, la música y la mar en coche… La realidad se vive desde adentro, con los pies en el barro y las manos sucias, con el calor, las moscas, el tufo de la basura amontonada metiendose en lo mas profundo de nuestros sentidos y esa desesperanza incrustada en los ojos de las eternas víctimas de la desigualdad social. Esa es la única verdad. Lo demás…? Pura cháchara amigos, pura cháchara nomás.

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FOTOGRAFÍAS: La clase del ‘70

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Nacieron al amparo una década muy especial.
Sus padres, que veníamos de los ‘60, arrullados por el Wincofon y el roce de la púa en el vinilo de Joan Báez y Bob Dylan, acabábamos de atravesar la marejada del peronismo y el gorilismo, las primeras remezones de una tambaleante democracia, el “flower power”, la hecatombe de Woodstock, éramos testigos privilegiados del Mayo francés, la primavera de Praga, el Cordobazo.

Y entonces amanece el 1º de enero de 1970… Con el despuntar del sol comienza esa década tan diversamente infame como pródiga. Y ella será quien asista el parto de esta generación, los chicos de los ‘70.


(Letra y música de María Elena Walsh)

Los acuna una canción desconocida, hecha de acordes y de fuego, nutrida de nuevas y extrañas ideologías, de sangre, lucha y miedo.
Pero Ellos son aún muy pequeños… No saben de guerras ni de muertes; los protege la inocencia, y a la noche se duermen con la familia Telerín o la nana del Topo Gigio, mientras la madre ansiosa espera con inquietud el regreso del padre, demorado en la noche por vaya a saber que imprevistos encuentros.
Para algunos no habrá dolor, ni miedos. Para otros, menos afortunados, la vida es un vuelco del destino, y arrancados prematuramente al tronco familiar, desde su nacimiento se verán marcados por el hierro de un origen robado a su propia sangre.

Afuera el carnaval sigue…
Pese a la inevitable saña del hombre contra el hombre Ellos crecen. Son los tiempos de aprender a leer en la tele con Plaza Sésamo, de ir a la guardería y al jardín, de las canciones de María Elena Walsh y de las banderas celebrando un Mundial de fútbol sobre los huesos de los muertos víctimas de la ignorancia y el horror.
Por ser demasiado jóvenes aún zafan de las Malvinas, pero vivirán el no regreso de algún hermano mayor, algún vecino, algún amigo…

Vendrán luego las primeras “compus”: la Sinclair, la Spectrum TK90, la Commodore (antepasadas ilustres de las hoy sofisticadas consolas de juego), los radiograbadores con pasacasettes, y empezarán a martillar nuestros entendimientos con Pappo, los Beatles, los Rolling, Pink Floyd!
Luego el secundario, la universidad, LA VIDA…Pero esa ya es otra historia.

Extraña época para nacer…
Vieron morir una dictadura y renacer la democracia, y hoy, Ellos, los sobrevivientes del terror, amos y señores de las más avanzadas tecnologías, con edades que oscilan entre los treinta y los cuarenta años, están ahí, sentados frente al mundo para contarles a las generaciones siguientes como fué, eso de nacer en los ‘70…
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FOTOGRAFÍAS: Phan Thi Kim Phuc

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De las docenas de miles de fotos de la guerra del Vietnam, sin duda la que más impactó las conciencias de Occidente, marcó un hito en el rechazo social a la guerra, cambió la forma de ver lo que sucedía en Vietnam y se convirtió por derecho propio en un símbolo e icono del siglo XX, fue la famosa foto de “la niña de Vietnam”. La niña, de nueve años, se llamaba Phan Thi Kim Phuc, y el fotógrafo, de veinte, Huynh Cong (más conocido como Nick Ut).

El 8 de junio de 1972, un avión de Vietnam del Sur bombardeó con napalm la población de Trang Bang. Allí se encontraba Kim Phuc con su familia. La niña de nueve años corrió fuera de la población, quitandose su ropa en llamas, fue luego de ese momento, que el fotógrafo Nic Ut registró la famosa imagen. Luego, Nic Ut la llevaría al hospital. Permaneció allí durante 14 meses, y fue sometida a 17 operaciones de injertos de piel. Cualquiera que vea esa fotografía puede ver la profundidad del sufrimiento, la desesperanza, el dolor humano de la guerra, especialmente para los niños. Hoy en día Pham Thi Kim Phuc, la niña de la fotografía está casada y con 2 hijos y reside en Canada. Preside la ‘Fundación Kim Phuc’, dedicada a ayudar a los niños víctimas de la guerra y es embajadora para la UNESCO.

Obtenido de “http://es.wikipedia.org/wiki/Phan_Th%E1%BB%8B_Kim_Ph%C3%BAc”

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Huellas de las guerras… Odio del hombre contra el hombre, las inocentes víctimas de siempre, y la cicatriz indeleble que dejan en el cuerpo y en el alma, como éstas que portará hasta el fin de sus días Kim Phuc.
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FOTOGRAFÍAS: Ernesto Guevara de la Serna

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1º de enero
El calor sofoca… Lo he dicho alguna otra vez, debo tener genes de murciélago porque el sol encandila hasta la ceguera mi único ojo viviente, y hace brotar sarpullido allí donde tengo la desgracia de ser “acariciada” por sus rayos.
Me amparo en la segura reclusión de mi cuarto, bajas las cortinas, las aspas del ventilador arrullando con su monótono runrún la modorra siestera. La música apenas audible, retomo el libro que descansaba sobre la mesa de luz… Sigo leyendo:

“La Habana, Plaza de la Revolución, marzo de 1960.
Un barco ha estallado en el puerto. Setenta y seis obreros muertos. El barco traía armas y municiones para la defensa de Cuba, y el gobierno de Eisenhower ha prohibido que Cuba se defienda.
La multitud cubre las calles de la ciudad.
Desde el podio, el Che Guevara contempla tanta furia reunida.
Tiene la multitud en los ojos.
Korda toma esta foto cuando los barbudos llevan poco mas de un año en el poder.
Su diario no la publica. El director no le ve nada especial.
Pasarán los años. Esa foto será un símbolo de nuestro tiempo.”

“ESPEJOS” (Eduardo Galeano – © 2008)

Apenas un momento, un soplo de brisa en el inmenso huracán que constituye la historia de Latinoamérica, soplo que nuestra generación tuvo el privilegio de respirar, y presenciar…
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