"Momentos de la vida aprisionó mi pluma,/ Momentos de la vida que se fugaron luego,/ Momentos que tuvieron la violencia del fuego,/O fueron más livianos que los copos de espuma"/Del poema "Este libro" (1919) Alfonsina Storni
Nuevamente, la gran ciudad…
Cada vez que vengo a esta inmensa, caótica, infernal urbe, cada vez que me sumerjo en el remolino de sus ruidos, sus olores, en la densa marea humana que me arrastra y me envuelve absorbiendo toda posibilidad de pensamiento racional y dejándome en tal estado de gracia que no me permite reconocer otra voz y otra imagen que no sea la suya propia, siempre siento la inmensa y gratificante necesidad de rendirle un pequeño y modesto homenaje en esta página, solo para reconocerme y reconocerla, con la garganta cerrada, en este cotidiano reencuentro con las raíces de mi vida y con el origen de mis más profundas emociones.
Buenos Aires, por abrazarme otra vez, por dejarme transitar tus calles tan viejas y tan nuevas, por permitirme elevar la mirada a las antiguas imágenes que mis ojos atesoraron alguna muy lejana vez, por dejarme en la piel, en las manos, en todo mi cuerpo, la sensación de la aspereza de tus muros y la sensual cadencia de tu música, y por tu gente, mi gente, ese refugio de mi soledad… Gracias una vez más!
SUMMERTIME – (George Gershwin)
Ella Fitzgerald – Louis Armstrong
Hoy, que siento más que nunca mi cuerpo negándose al más mínimo movimiento, hoy que mi mente divaga por intrincados laberintos astrales, escribo apenas unas pocas líneas como pretexto… Cinco minutos, una canción, nada más que el mínimo instante de desvanecerse en el aire para relajar cuerpo y espíritu pecando una vez más…
Pereza… Supremo ejercicio de un arte exquisito que se nutre del ocio y del deseo de abandono del propio cuerpo en pos de un reposo infinito, que emborracha como un licor ardiente frenando la sangre de nuestras arterias, relajando los músculos y coronando nuestro desgano con un bostezo que no alcanzamos a disimular en el remolino de sensaciones placenteras que nos invaden cuando este pecado nos atrapa con su embrujo.
Sensaciones que se delizan a veces subrepticiamente entre las sábanas, que invaden mi piel y mis huesos proyectándome delicadamente a ese secreto escondite donde la delicia del “dolce far niente” es la única opción posible…
(Recuerdos de tardes de verano, del sol ardiente quemando los techos pajizos, de frescura de cuartos en penumbra y el cuerpo desnudo, sin prisas ni urgencias, atravesado sobre aquel amplio lecho donde navego un sueño solitario de ansias reprimidas y esperas eternas, buscando en la quietud del momento el consuelo a mi desconsuelo.)
Pereza… Madre de otros pecados, privilegio de pecadores, bienvenida seas, al fin y al cabo eres mujer!
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Comer!
Porque viver é se empapuçar.
Engole tudo que der pra traçar.
Se a farinha “tá” pouco o pirão vai pirar.
Fritar!
O mundo é um kibe feito no dendê,
e põe pimenta que você vai ver
vai arder no começo mas dá prazer.
Porque se não
a vida é pizza sem “tumate”, mussarela.
Eu quero é molho, porque a coisa fica boa quando mela.
Não existe colesterol, isso é papo de “besteirol”,
Eles não querem engordar.
Eu vou me empanturrar.
Que o planeta “tá” afim de ramgar
e mamar!!!
YANTAR A BAHIANA, O EL BANQUETE DE LOS DIOSES
En la semántica primaria de todos los pueblos, el amor y el sentido oral se ligan indisolublemente, pero nunca tanto como alli donde el trópico y la influencia afroindígena prevalecen…
Es entre el Amazonas y las fuentes del Paraná donde esta conjunción, la síntesis total, se encarna en Yemanyá,la orixá, diosa y sirena a la vez, pagana y santa; reina de las aguas,del mar en calma y del estuario dulce, protectora de amores y amantes, desnuda, toda carne y escamas.
Flota su espíritu en el arco iris y conjura máximos poderes para alentar todo aquello en que haya pasión, amor, alegría, ternura, goce y consuelo, y su gracia está presente siempre en todo festejo, danza o yantar. Ríe, canta y baila en la gota de agua, en la flor que se abre, en la mariposa que vuela, en el pájaro que trina y en el pez que recorre las aguas que inundan su reino submarino.
Desde su vaporoso halo azul y con el abobé mágico en su diestra preside todo lo que es placentero y festivo, y por ello Xangó, espíritu de la fuerza que maneja el fuego y comanda vida o muerte, que domina rayo, viento y tormenta, consintió a nuestra bienamada Yemanyá presidir hoy sábado nuestra mesa y nuestra fiesta, y y deleitarnos a nosotros, sus protegidos, y excitar nuestros sentidos, emociones y pasiones con o quitute, el excelso manjar bahiano, o yantar de los dioses.
Bajo su grata tutela, pondremos sobre blancos manteles acarayé, carurú, efó, oximxim, vatapá, mocotó, sarpatel, moqueça de peixe, frigideira de camarôes, bañados en densos y fragantes molhos de nagó, acarayé o pimento e limaô.
No faltarán a los postres el dôce de chouriço, el pé de moleque, los beijos de cabocla, unas quejaidinhas de yayá, las babas de moça y aquellos infalibles e infaltables pasteis de Santa Clara que hacen temblar de amor a las niñas púberes en edad de merecer…
Pero a lengua seca no le brotan palabras, y deberemos regarla con el espíritu malicioso de los alcoholes vernáculos, guardado como el genio de Aladino en botellones de brillante barro cocido: como aperitivo cachaça (aguardiente del peor), luego vinho de dendezeiro, vinho de cajueiro, januaria en calda (lo más parecido al combustible de una nave interplanetaria), meladinha ( 8 de aguardiente, 2 de miel, una bomba espirituosa capaz de resucitar a un muerto) y como remate el feroz licor de genipapo, especie de clericó preparado con frutas tropicales y la susodicha cachaça, un final a toda orquesta para un concierto culinario digno de un emperador.
…Y será entonces que exahaustos, repletos, mareados, desbordantes pero felices, entraremos en el éxtasis supremo de la gula satisfecha y la lujuria urgente y necesaria, bajo la sonrisa socarrona y picaresca de nuestra traviesa Yemanyá, deidad suprema y proveedora de estos excesos de la cocina y el amor.
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Vamos a introducirnos con esta nueva serie de post en un tema siempre vigente, complicado, muy especial y apasionante, una nueva visión de algo tan antiguo y universal como la historia de la humanidad: los 7 pecados capitales.
Imagen, sonido y letras para deleitar el espíritu, perturbarlo, o simplemente estimularlo a través de lo que considero un pasaje directo al conocimiento íntimo de las pasiones ocultas que invaden y agitan nuestras almas. Disfrútenlos… sin culpa!························································································································································································
Primer pecado capital: LA LUJURIA
“La mujer es como una fruta que solo exhala su fragancia cuando la frotan con la mano. Toma por ejemplo, la albahaca: a menos que la calientes con los dedos no emite su perfume. ¿Y sabes por ejemplo, que al menos que el ámbar sea entibiado y manipulado retien su aroma?
Es igual con la mujer: si no la animas con las caricias y besos, con mordiscos en sus muslos y abrazos apretados, no obtendrás lo que deseas, no experimentarás placer cuando ella comparta tu diván, y ella no sentirá afecto por tí.”
Nos conocimos esa noche, en la azul grisácea frialdad de una calle cualquiera, húmeda y solitaria. Nos bastaron apenas cuatro palabras, una mirada, la llama de un encendedor, la espiral de humo del cigarrillo recién encendido, e inmediatamente supimos que no teníamos otro camino, ni otro destino…
Subimos aquella larga escalera besándonos de a ratos, acariciándonos frenéticos en cada descanso, tragándonos las palabras y transformándolas en gemidos, arrastrándonos casi hasta llegar a la puerta de tu cuarto, allí donde llenabas los minutos de la existencia recreando con tus pinceles ese mundo fantástico de sátiros maliciosos y ninfas desnudas que brotaban del seno de tu locura.
Todo parecía premeditado, perfecto, casi un escenario teatral… La tenue luz de las velas profusamente dsitribuídas, las dos copas a medio llenar del sanguíneo y denso licor destilado para incentivar nuestra pasión, la música sutil brotando de los muros, y aquel lecho inmenso, infinito, poblado de telas tenues como celajes, de sedas crujientes y perturbadoras, de almohadones profundos en abismos listos para recibir nuestros cuerpos sudorosos y estremecidos.
Rodamos enredados en nuestra propia carne, desnudos y palpitantes, deseando morir para no acabar, llorando y riendo como niños que descubren un nuevo y viejo juego, y fuimos lluvia, trueno, centella, exhalando con los cuerpos el aroma salvaje de flores desconocidas y antiguos olores guardados en cofres de nácar y oro…
Durante horas ejecutamos la danza ancestral de los amores compartidos, hasta que la claridad de ese inevitable amanecer aborrecido y execrado por generaciones de amantes nos sorprendió exhaustos, anestesiados por una superficial felicidad, tu mano sobre mi pecho, mis piernas entrelazadas a las tuyas, las almas anudadas en un beso postrero.
Supe en ese momento que como siempre, te había perdido antes de encontrarte, y sin esperar a que tus ojos terminaran de abrirse con la primera luz del día partí quedamente en silencio, dejando sobre la almohada una rosa arrancada al rosal de mi delirio, aquél que florece cada noche que me entrego a cualquiera en un absurdo juego del amor por el amor mismo, la locura infinita del erotismo y el goce de la lujuria como placer cotidiano, la devoradora venganza del sexo… Sin un antes y sin un después.
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