UN MÍNIMO ACUERDO
Destellos eléctricos.
Locas chispas invisibles rebotan y chillan alrededor de las cabezas.
Orejas sensibles que esperan.
Palabras incoherentes y lava salen como vómitos de las bocas.
Pieles brotadas.
Frases cortadas, bosques talados, ideas a medias, defendiéndose de sus miedos.
Gestos disecados.
Todos encerrados en sus órbitas, creyéndose universales.
Manos que callan.
Un mínimo grado de compromiso, pequeño, conciso.
Ojos abiertos que ven sin mirar.
Un mínimo grado de compromiso es lo que flota en el aire, como deseo sin pedir.
Miradas furtivas.
Un ponerse de acuerdo en cazar sólo las propias debilidades.
Ideas blindadas.
Algo tan simple como una disculpa. Algo tan grande como un abrazo reparador.
Ceños adustos.
Solamente relajar las garras bajo el cielo, sólo calzar un poco sus zapatos.
Corazones rotos.
Una simple respuesta aliviadora. Un acuerdo tácito.
Planeta ultrajado.
Un mínimo grado de compromiso para que la oportunidad retorne, y se quede por un rato.
Cla9
5/9/10
(foto de Sigurour Stefnisson)

