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SINFONÍA DE LAS MARMOTAS (en 9 movimientos)

 

otro ceremonial 2

Lo pensó triste, lo pensó solo. Imaginó su noche, caminado por los lagos de Palermo, recorriendo los caminos, irregulares del lugar. Lo imaginó como en un laberinto, siguiendo a su suerte. Lo vio entre la gente y lo sintió solo. Pensó en como eligió su árbol. En como se ensució las rodillas para subir. Y hasta como hizo el nudo de la soga que lo ahorco. Creyó verlo llorar, al escribir su carta a Sofía. Y lo recordó muerto y solo.

PÓSTUMA, por LAURIS

Los cuadros que pintaba a las apuradas luego de despertar se amontonaban en uno de los rincones. Algunos eran trazos incoherentes; otros, esbozos de algo que podrían llamarse personas si no fuera por su extrema delgadez, amen de la palidez blancuzca que rezumaban y esas manos de tres dedos, parecidos a ramas secas de árboles que, seguramente, pertenecerían a viejos bosques embrujados.
Había comenzado a llamar a esos seres “Beatrices”.

LAS BEATRICES, por ADRIÁN

Caminamos un día, hombro con hombro, risa con risa. Parecía que nada podía con el todo que fuimos en ese tiempo. Ni las crecidas ni los incendios. Pero el devenir de las mañanas chocándose de frente con los deseos perdidos, las mentiras piadosas, los derrumbes de caretas, la sordera insaciable de quien no quiere saber, la etapa idiota que te pilla, alguna vez y para siempre, hizo el resto.

YA SOY EL CIELO, por GLORIA

Primero distinguí ojos, redondos, grandes, bellos. Luego sonrisas brillantes, pequeñas. Eran mas o menos media docena, y se acercaban, sin prisa, levitando. Mi asombro iba en aumento y finalmente pude ver a los seres causantes de que yo no estuviera tomando mate tranquilamente.

Eran unas criaturas asexuadas, sumamente delgadas y de un altura extraordinaria. Sus largas extremidades terminaban en un grupo de tres dedos en las manos y cinco dedos en los pies. Estaban constantemente en contacto entre ellos y no parecía que tuvieran un líder.

TRANSMISIÓN, por EL JUSTICIERO

Con sus manos blancas ellas atenazan mi alma. Intentan vencerme. Marchitarme. Son fantasmas blancos recorriendo mi cuerpo y mi alma. Sin saberlo me impulsan a tomar el camino contrario. Cuando Tristeza, Miedo, Depresión y las demás me acarician, no logran derrumbarme. Como gusanos que me recorren, dejan rastros en mi cuerpo. Para lavarlo, elijo sus manos, sus labios, su lengua. Cada caricia, cada beso, cada estremecimiento, borra sus heladas huellas de mi cuerpo. El ardiente calor de su cuerpo sobre el mío, derrite el hielo. Las aleja. Asi enredados entre sabanas claras. Compartiendo sudores. Piel con piel.

SENTIRES, por ANY

Apenas un instante después, y absorto en las palabras que le retumbaban todavía en la cabeza, Hernán tomó la bufanda y atándola a la araña de hierro del comedor, volvió a observar la pintura creyendo comprender absolutamente todo en el preciso momento en que dejaba caer la silla que lo mantenía firme al suelo y soltando apenas una lágrima….

TANGENTE, por EL SIR

Lo despertó el silencio de la madrugada. Demasiado silencio. Las luces de los edificios estaban opacadas por una extraña niebla, como cenizas flotando densamente. No se atrevió a abrir la ventana, sentía frío, helaba, los copos de ceniza seguían cayendo, el tiempo estaba detenido. Tenía la rara sensación de estar dentro de un reloj de arena, así de lento…

EL HOMBRE QUE FUE AGOSTO, por MARCELA SEGAL

Pablo se paró en el centro del atelier y miró las paredes mientras giraba en el sentido de las agujas del reloj, tratando de encontrar algo que le llamara la atención. De pronto se detuvo un instante y percibió  algo que lo movilizó: una de las lamparitas titilaba como a punto de quemarse, pero no lo hacía nunca.

SEÑALES EN ÓLEO, por DR. FERNET

Ser libre no es tan fácil. Vivimos rodeados de estímulos que nos confunden. Entonces descubrí que para serlo, tenía que buscar en mi interior. A veces lo logro, a veces no. Es muy difícil ser una mujer-naranja LIBRE. Pero serlo es maravilloso.

MUJER NARANJA, por ANILA

FIN

ALGO TRANSPARENTE CAE EN EL AIRE..


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Imagino que lanzo, con un gesto extraído del desconocimiento;

que lanzo, digo, un enorme color que usurpa la propia falta de objetos que separan el espacio interior de lo que los pájaros identifican como la sangre en que navega la seda de sus plumas.

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Nosotros vemos aire; viento; el impulso de la sed de algún dios en el ángulo transversal del frío;

eso que sólo las paredes altas y grises pueden aceptar.

Yo, yo solo me detengo a observar los detalles deshechos

enigmáticamente, a los que también solemos llamar lluvia.

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Hernán S.B.

Tamarindo, Costa Rica.

(gracias !!!)

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La pintura que ilustra esta poesía se llama “DESPEGUE”, del año 1990, en acrílico sobre cartón de 70 x 100 cm.

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