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Soja, agroquímicos y enfermedades: La mano del hombre

Detrás del dengue y la Gripe A, que produjeron víctimas en distintos puntos del país y llegaron para quedarse, aparecen los agrotóxicos y el modelo productivo del campo. Un estudio revela lo que muchos medios saben pero prefieren callar

Hace algunos meses atrás, la localidad de Charata en el centro oeste de la provincia de Chaco brillaba como un diamante y se regocijaba con los beneficios de haber apostado al boom sojero. Sin embargo, todo lo que brilla no es oro. En poco tiempo pasó de la riqueza a ser considerada “la capital nacional del dengue”. Esta situación no es pura coincidencia, algunos especialistas sostienen que la soja sería una de las causas de esta epidemia.

Un trabajo reciente del ingeniero agrónomo Alberto Lapolla vincula la epidemia de dengue con la sojización. “Por un lado el complejo de agrotóxicos utilizados para el sistema de la Siembra directa-sojaRR, se basa en el uso masivo de glifosato, endosulfán, clorpirifos, 2-4-D, atrazina, paraquat, y otros pesticidas. Todos poseen una fuerte acción devastadora sobre la población de peces y anfibios, predadores naturales de los mosquitos, transmisores del dengue y la fiebre amarilla”.

Para Lapolla esta epidemia coincide como en años anteriores, con que la multinacional Syngenta llamaba la República Unida de la Soja, es decir la región comprendida por las zonas de Bolivia, Paraguay, Argentina, Brasil y Uruguay sembradas con el mágico poroto transgénico forrajero producido por la multinacional

Monsanto, y rociado con abundantemente glifosato (Round up) y otros herbicidas.

El Dr. Nicolás Schweigmann es Director del Grupo Estudios de Mosquitos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires e Investigador del Conicet, para él no existe una vinculación directa entre el uso de glifosato y el mosquito del dengue ya que este agrotóxico se usa en ambientes rurales mientras que el mosquito Aedes aegypti es exclusivamente domiciliario. Sin embargo sostiene que el uso de

los insecticidas que se utilizan mata también a los predadores de los mosquitos: a las hormigas que se comen los huevos del Aedes, a los predadores de larvas, a los peces y a los sapos.

la aplanadora

El brote tuvo su origen en la propagación de la epidemia que afectó a Bolivia. Y tuvo su causa principal en el calentamiento global que afecta a nuestro planeta, que al producir el aumento de las temperaturas mínimas y medias extiende las enfermedades tropicales como el paludismo, fiebre, amarilla, dengue y malaria, entre otras, hacia las regiones templadas, es decir hacia Argentina.

La agricultura, al realizarse sobre el desmonte y quema de árboles, significa más producción de dióxido de carbono que sumado a otros gases generados por la utilización de fertilizantes, determina la creación de una capa que impide la salida de energía. Ese escudo hace que la tierra se mantenga más caliente. Eso determina temperaturas más elevadas y cambios en los regímenes de lluvias que pueden favorecer el desarrollo y crecimiento de insectos, entre ellos los vectores de enfermedades.

Lapolla afirma que esta es la razón principal de por qué volvió el dengue a nuestro país; sin embargo, considera que hay otras relaciones causales del múltiple complejo ambiental que afecta a la expansión de una enfermedad como el dengue.

“A las políticas de destrucción del Estado y sus controles aplicados durante los noventa, que cesaron las fumigaciones preventivas, y a la falta de nuevos productos químicos para combatir al insecto vector Aedes aegypty, debemos en el caso argentino sumar la tremenda expansión del área sojizada en Pampa Húmeda y extensas regiones del NEA y del NOA, lindantes con Bolivia, Brasil y Paraguay” puede leerse en el reciente trabajo.

El Ingeniero Agrónomo Javier Souza Casadinho, miembro de la Red de Acción en plaguicidas y sus alternativas de América Latina (RAPAL), de Pesticide Action Network (PAN) y docente de la Facultad de Agronomía de la

Universidad de Buenos Aires, coincide con que el modelo productivo basado en el monocultivo de soja transgénica, la utilización de herbicidas, fungicidas e insecticidas posee su impacto en la tasa de reproducción y supervivencia del vector. “La utilización de plaguicidas generan resistencias genéticas que pasan de generación en generación.

Cuando esto sucede los productores incrementan las dosis, la cantidad de aplicaciones o utilizan productos cada vez más tóxicos”.

El modelo sojero no sólo impacta en las condiciones de acceso al trabajo, sino también en la salud y vivienda de los trabajadores. “Los campesinos expulsados de sus tierras, no sólo por desalojo sino por malvender sus propios predios, viven en malas condiciones de salubridad e infraestructura sanitaria y saneamiento ambiental que impactan en la salud y se constituyen en factores que pueden predisponer la reproducción de los insectos”, sostiene Souza Casadinho.

Un segundo elemento de la relación entre la sojización y la epidemia de dengue es la enorme deforestación producida en las áreas boscosas y de monte de las regiones del NEA y del NOA. La tala y quema de bosques y montes para dedicar las tierras al cultivo de soja, ha determinado la migración de los mosquitos hacia otras zonas donde han encontrado condiciones óptimas para su supervivencia, afirma Souza Casadinho.

“Es imposible negar la relación entre la destrucción de los predadores de los mosquitos que provoca la sojización por vía de los venenos que se usan para su cultivo, como por obra de la depredación de los montes y bosques nativos que produce su cultivo descontrolado, y por ende su responsabilidad central en la existencia de la actual epidemia de dengue. Una mancha más a cargar en el disparate sojero”, finaliza Lapolla.

¿virus artificial?

En los últimos meses, una nueva enfermedad irrumpió en el mundo: Gripe A (H1N1). En México algunos especialistas señalan que ese virus tiene responsables concretos: la empresa estadounidense Smithfield Foods Inc., la productora de carne porcina más importante del mundo.

El pasado 11 de mayo, el esposo de la primera estadounidense fallecida por Gripe A, Steven Trunnell, inició una demanda contra la empresa por daños y perjuicios por la “muerte injusta de Judy provocada por Smithfield Foods”. Marc Rosenthal, abogado de la familia, reveló que esa compañía posee más de un millón de cerdos hacinados en las 200 porquerizas situadas en los alrededores de La Gloria, un pueblito mexicano perteneciente

al municipio de Perote, en el Estado de Veracruz. Se propone denunciar el horror de los insalubres criaderos industriales de puercos y aportar pruebas de que la Gripe A (H1N1) tuvo su origen en esas inmundas pocilgas de La Gloria, desde donde se está propagando a todo el planeta.

Según un artículo escrito por Ignacio Ramonet para Le Monde Diplomatique, la empresa Smithfield Foods niega cualquier relación entre sus instalaciones y la aparición de un foco de nueva gripe a las puertas de sus granjas. Sin embargo, sostiene Ramonet, un informe reciente de la ONG española GRAIN alerta que “el aumento en gran escala de zahúrdas industriales creó las condiciones perfectas para el surgimiento y dispersión de nuevas formas de gripe altamente virulentas.

Tales criaderos constituyen bombas de tiempo listas para desencadenar epidemias mundiales”. En 2006, unos investigadores del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos habían declarado: “La alta concentración de enormes cantidades de animales apretujados en muy poco espacio facilita la rápida transmisión y mezcla de los virus”.

En marzo de 2003, la revista Science ya había advertido que la gripe porcina estaba evolucionando en fase rápida a causa del aumento del tamaño de los criaderos industriales y del uso generalizado de antibióticos y vacunas.

Para la periodista austríaca Jane Bürgermeister, “no hay ningún virus que represente una amenaza para la población”. En una denuncia presentada ante el FBI en Austria el 10 de junio, presenta pruebas que conducen a creer que “el virus de la gripe aviar y la gripe porcina han sido creados por laboratorios de bioingeniería”.

Para la periodista el virus se creó y fue puesto en libertad con la ayuda de la OMS a quien señala como responsable de la abrumadora pandemia.

Tierra arrasada

Problemas de salud y desalojo compulsivo de campesinos avanzan al compás de los grandes productores de soja. Hace una década que el modelo de monocultivos a gran escala diezma a los pequeños productores y comunidades rurales de todo el país

Ojos irritados, alergias, mareos, problemas respiratorios y dérmicos son sólo algunas de las consecuencias del uso indiscriminado de agrotóxicos y del avance de la producción sojera en nuestro país.

En la década del ’90, el entonces secretario de Agricultura de Carlos Menem, Felipe Solá, autorizó la siembra de semillas modificadas genéticamente y el uso intensivo de glifosato, el agroquímico más usado por los productores sojeros y que representa el 37% del total de herbicidas utilizados.

A partir de ese momento, el monocultivo comenzó una escalada sin precedentes desplazando al trigo y al maíz.

En 1997, en Argentina se cosecharon 11 millones de toneladas de soja transgénica y se utilizaron 6 millones de hectáreas. En la campaña 2007-2008, la cosecha llegó a los 47 millones de toneladas y abarcó 18 millones de hectáreas que consumieron millones de litros de glisofato. Su uso pasó de un millón de litros en 1991 a 200 millones en 2007.

De esta manera, nuestro país se transformó en el segundo productor mundial de transgénicos del mundo, el tercer exportador mundial de grano de soja (luego de Estados Unidos y Brasil), el primero de aceite y por sobre todo, en un país altamente fumigado con Roundup Ready, nombre comercial del glisofato producido por la empresa Monsanto en Zárate.

“El problema del glifosato es grave por las cantidades que se utilizan, por el modo de aplicación y por su impacto en la salud, pero no es el único. En la actualidad se utilizan una serie de plaguicidas extremadamente tóxicos con capacidad de producir daños en la salud a corto plazo.

Es el caso de los insecticidas Endosulfán, Carbofuran, de los herbicidas dos, 4D y Paraquat”, explica el Ingeniero Agrónomo Javier Souza Casadinho, docente de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires y miembro de la Red de Acción en plaguicidas y sus alternativas de América Latina (RAPAL), organismo no gubernamental que trabaja para advertir la peligrosidad de los agroquímicos.

llega con el viento

Hace 30 años atrás vivir en un pequeño pueblo rural argentino, disfrutar de su paz y de aire puro, era una excelente idea. Hoy se transformó en una práctica casi suicida.

La mayoría de los pueblos y ciudades del interior bonaerense se basan en la agricultura, siendo en muchos de ellos la soja el principal cultivo.

Los Toldos, San Nicolás, Trenque Lauquen, Bayauca, partido de Junín, y Chacabuco son las principales zonas afectadas por las fumigaciones con agroquímicos.

Jorge Herse es médico pediatra y desde hace 20 años trabaja en Los Toldos. Luego de algunas investigaciones observó el aumento de enfermedades respiratorias y algunas enfermedades de la piel en las zonas periféricas de la ciudad. “Si se ahonda más se descubre que en una familia donde los niños se brotaron o tienen problemas en la piel, también se les secó una planta de 20 años y el avión fumigador sobrevuela sus viviendas todos los días”, afirma.

Bayauca no es ajena a lo que viene sucediendo en miles de pueblos de alta producción sojera. Desde fines de diciembre del 2007 hasta abril del 2008 sobre una pequeña población de 400 habitantes, fallecieron 14 personas de cáncer y hay una gran cantidad de habitantes del lugar sufriendo los avatares de los agrotóxicos.

Desde el Movimiento Campesino Nacional acusan a la industria de los agronegocios de contaminar aire, agua, alimentos y suelos, y sus denuncias se sustentan con estudios médicos que puntualizan en efectos agudos. Una recopilación de estudios realizada por el médico Jorge Kaczewer, especializado en ecotoxicología asegura “los síntomas de envenenamiento incluyen irritaciones dérmicas y oculares, náuseas y mareos, edema pulmonar, descenso de la presión sanguínea, reacciones alérgicas, dolor abdominal, vómitos, destrucción de glóbulos rojos, quemaduras, diarrea, falla cardíaca y daño renal”.

malformaciones y abortos

Malabrigo es una ciudad al noroeste de la provincia de Santa Fe y tiene unos siete mil habitantes. En 1988 el pediatra Rodolfo Páramo llegó a la ciudad y al poco tiempo observó que aumentaba considerablemente la cantidad de chicos que nacían con malformaciones congénitas. Para 1995, en Malabrigo había entre 15 y 20 nacimientos por mes y en menos de un año hubo 12 chicos nacidos con malformaciones.

El mismo fenómeno se repitió años después en San Cristóbal. En el primer semestre del 2005, su intendente Edgardo Martino, denunció que se habían producido once nacimientos con malformaciones congénitas.

Para Páramo “el Round-Up o glifosato se diluye en agua y la contamina rápidamente. Y en su contacto con el suelo no se degrada en materiales naturales. No nos damos cuenta que nos están matando de manera lenta y profunda con el fin absoluto de ganar dinero”.

Un estudio de la Universidad de Caen, Francia, sobre la toxicidad del RoundUp demuestra que las células de la placenta humana son muy sensibles al herbicida aún a niveles inferiores a los usados en la agricultura, y esto explica las causas de nacimientos y abortos prematuros en áreas rurales de Argentina.

Malformaciones, cáncer y problemas reproductivos tienen vinculación directa con el uso y la exposición a contaminantes ambientales. Así lo demuestra un estudio científico realizado durante dos años y encabezado por el Dr. Alejandro Oliva del Hospital Italiano de Rosario. El trabajo abarcó seis pueblos de la pampa húmeda y confirmó que cuatro de cada diez hombres que consultaron por infertilidad habían sido expuestos a químicos agropecuarios.

Además señala que el efecto sanitario de los agrotóxicos puede manifestarse en las generaciones futuras. “Hijos o nietos de los trabajadores rurales y las poblaciones cercanas, son los que dentro de décadas pueden sufrir las consecuencias”, advierte.

“Nos quieren sacar”

Como si no fuera poco la contaminación, las familias campesinas también deben lidiar con la expulsión de sus tierras por parte de empresarios que piensan en el campo sólo como un negocio.

“El avance de la frontera agropecuaria es una amenaza para nuestros pueblos”, resumen desde el Movimiento Campesino de Santiago del Estero – Vía Campesina (MOCASE-VC) que desde hace 20 años lucha por la territorialidad.

“Muchas familias sufren diariamente intentos de desalojo, de asesinato y quemas de ranchos por parte de los terratenientes,

con complicidad de jueces y policías”, señala Ángel Strapazzón, miembro del Movimiento.

Las familias campesinas indígenas en su mayoría producen para autoconsumo.

Con la utilización del glisofato muchas han perdido semillas criollas, cultivos diversificados y animales de corrales. “Esta práctica de monocultivo de soja transgénica en estas zonas promete un futuro con mucho hambre para generaciones venideras”.

Según el MOCASE-VC familias enteras tuvieron que trasladarse forzadamente a los pueblos y abandonarlo todo.

“Se convirtieron en mano de obra barata para el terrateniente, quien los semiesclaviza, incluidos los niños”, advierten.

En Córdoba la situación es similar, las familias campesinas continúan perdiendo territorio. “Las empresas agrícolas sojeras han desplazado y conquistado todo el noreste de la provincia, lo que hace 15 años era monte y vida campesina, hoy es en gran parte territorio de los agronegocios, desalojos y empleo precario”, afirma Juan Herrero de la Asociación de Productores del Noroeste de Córdoba (APENOC) y agrega “en estos años de lucha, han habido más de 70 compañeros procesados penalmente, algunos incluso condenados por el hecho de haber resistido irse del lugar donde varias generaciones reprodujeron la economía campesina”.

Pueblos fumigados

La problemática que vive el campo no comenzó a principios del 2008 con los cortes de ruta y la indiscriminada represión que padecen a diario los trabajadores rurales. No comenzaron con la Resolución 125, los problemas de salud, los desalojos compulsivos de campesinos y la expulsión violenta de numerosas familias de la mano de los grandes agropecuarios de la soja. Todo comenzó desde hace más de diez años con el modelo de producción basado en monocultivos a gran escala y el uso masivo de agroquímicos.

Ojos irritados, alergias, mareos, irritación respiratoria y dérmica son sólo algunas de las consecuencias del uso indiscriminado de agrotóxicos y del avance de la producción sojera.

En la década del ’90, el entonces secretario de Agricultura de Carlos Menem, Felipe Solá, autorizó la siembra de semillas modificadas genéticamente y el uso intensivo de glifosato, el agroquímico más usado por los productores sojeros y que representa el 37% del total de herbicidas utilizados. A partir de ese momento el monocultivo comenzó una escalada sin precedentes desplazando al trigo y al maíz.

En 1997, en Argentina se cosecharon 11 millones de toneladas de soja transgénica y se utilizaron 6 millones de hectáreas. En la campaña 2007-2008, la cosecha llegó a los 47 millones de toneladas y abarcó 18 millones de hectáreas que consumieron millones de litros de glisofato. Su uso pasó de 1 millón de litros en 1991 a 200 millones en 2007.

De esta manera, nuestro país se transformó en el segundo productor mundial de transgénicos del mundo, en el tercer exportador mundial de grano de soja (luego de Estados Unidos y Brasil), el primero de aceite y en un país altamente fumigado con Roundup Ready, nombre comercial del glisofato producido por la empresa Monsanto, que desde 1956 fabrica en Zárate. “El problema del glifosato es grave por las cantidades que se utilizan, por el modo de aplicación y por su impacto en la salud, pero no es el único. En la actualidad se utilizan una serie de plaguicidas extremadamente tóxicos con capacidad de producir daños en la salud a corto plazo enfermedades. Es el caso de los insecticidas Endosulfán, Carbofuran, Bromuro de metilo, de los herbicidas 2, 4 D y Paraquat aunque poseen una clasificación toxicológica menor” explica el Ing. Agr. Ms. Sc. Javier Souza Casadinho, docente de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires y miembro de la Red de Acción en plaguicidas y sus alternativas de América Latina (RAPAL), organismo no gubernamental que trabaja para advertir la peligrosidad de los agroquímicos.

Desde el Grupo de Reflexión Rural (GRR), su presidente Jorge Rulli resume la problemática en pocas palabras “vamos camino a que no quede nadie en el campo”.

El veneno que llega con el viento

Hace 30 años atrás vivir en un pequeño pueblo rural argentino, disfrutar de su paz y de aire puro, era una excelente idea. Hoy se transformó en una práctica casi suicida.

La mayoría de los pueblos y ciudades del interior bonaerense se basan en la agricultura, siendo en muchos de ellos la soja el principal cultivo. Los Todos, San Nicolás, Trenque Lauquen, Bayauca partido de Junín y Chacabuco son las principales zonas afectadas por las fumigaciones con agroquímicos.

Jorge Herse es médico pediatra y desde hace 20 años trabaja en Los Toldos. Luego de algunas investigaciones observó el aumento de enfermedades respiratorias y algunas enfermedades de la piel como eczemas en las zonas periféricas de la ciudad. “Si se ahonda más se descubre que en una familia donde los niños se brotaron o tienen problemas en la piel también se les seco una planta de 20 años y que el avión fumigador sobrevuela sus viviendas todos los días”, afirma.

Bayauca no es ajena a lo que viene sucediendo en miles de pueblos de alta producción sojera. Desde fines de diciembre del 2007 hasta abril del 2008 sobre una pequeña población de 400 habitantes, fallecieron 14 personas de cáncer y habría una gran cantidad de habitantes del lugar sufriendo los avatares de los agrotóxicos.

Desde el Movimiento Campesino Nacional acusan a la industria de los agronegocios de contaminar aire, agua, alimentos y suelos, y sus denuncias se sustentan con estudios médicos que puntualizan en efectos agudos. Una recopilación de estudios realizada por el médico de la UBA Jorge Kaczewer, especializado en ecotoxicología asegura “los síntomas de envenenamiento incluyen irritaciones dérmicas y oculares, náuseas y mareos, edema pulmonar, descenso de la presión sanguínea, reacciones alérgicas, dolor abdominal, pérdida masiva de líquido gastrointestinal, vómito, pérdida de conciencia, destrucción de glóbulos rojos, cambios de coloración de piel, quemaduras, diarrea, falla cardíaca, electrocardiogramas anormales y daño renal”.

Malformaciones y abortos

Malabrigo es una ciudad al noroeste de la provincia de Santa Fe, en el Departamento General de Obligado con unos siete mil habitantes. En 1988 el pediatra Rodolfo Edgardo Páramo llegó a la ciudad y se encontró con un panorama preocupante. Al poco tiempo de estar trabajando en el hospital, comenzó a observar que aumentaba considerablemente la cantidad de chicos que nacían con malformaciones congénitas. Para 1995, en Malabrigo había sólo 15 a 20 nacimientos por mes y en menos de un año hubo 12 chicos nacidos con malformaciones.

En mismo fenómeno se repetía años después en San Cristóbal. En el primer semestre del 2005, su intendente Edgardo Martino denunció que se habían producido once nacimientos con malformaciones congénitas y tres habían fallecido a los pocos días.

Para Páramo “el Round-Up o glifosato se diluye en agua y la contamina rápidamente, y en su contacto con el suelo no se degrada en materiales naturales, eso es mentira. Se degrada en sustancias que son de 8 a 10 veces más cancerígenas que el mismo glifosato. Nosotros no nos damos cuenta de que nos están matando de manera lenta y profunda con el fin absoluto de ganar dinero”.

Un estudio de en la Universidad de Caen en Francia sobre la toxicidad del RoundUp demuestra que las células de la placenta humana son muy sensibles al herbicidas aún a niveles inferiores a los usados en la agricultura, y esto explica las causas de nacimientos y abortos prematuros en áreas rurales de Argentina.

Malformaciones, cáncer y problemas reproductivos tienen vinculación directa con el uso y la exposición a contaminantes ambientales. Así lo demuestra un estudio científico, realizado durante dos años y encabezado por el Dr. Alejandro Oliva del Hospital Italiano de Rosario. El trabajo abarcó seis pueblos de la Pampa Húmeda y confirmó que cuatro de cada diez hombres que consultaron por infertilidad habían sido expuestos a químicos agropecuarios y alerta que el efecto sanitario de los agrotóxicos puede manifestarse en las generaciones futuras. “Hijos o nietos de los trabajadores rurales, y las poblaciones cercanas, son los que dentro de décadas pueden sufrir las consecuencias”, advierte la investigación.

“Nos quieren sacar”

Como si no fuera poco la contaminación, las familias campesinas también deben lidiar con la expulsión de sus tierras por parte de empresarios que piensan en el campo sólo como un negocio.

“El avance de la frontera agropecuaria es una amenaza para nuestros pueblos” resumen desde el Movimiento Campesino de Santiago del Estero – Vía Campesina (MOCASE-VC) que desde hace 20 años lucha por la territorialidad. “Muchas familias sufren diariamente intentos de desalojos, de asesinato y quemas de ranchos por parte de los terratenientes, con complicidad de jueces y policías” agrega Ángel Strapazzón, miembro del Movimiento.

Las familias campesinas indígenas en su mayoría producen para autoconsumo. Se cría muchas cabras, aves de corral, chanchos y yegüerizos en tierras comunitarias. Con la utilización del Glisofato muchas familias han perdido semillas criollas, sus cultivos diversificados y animales de corrales. “Ésta practica de monocultivo de soja transgénica en estas zonas comprometen o prometen un futuro con mucho hambre para generaciones futuras”.

Según el MOCASE-VC familias enteras tuvieron que trasladarse forzadamente a los pueblos y abandonarlo todo. “Se convirtieron en mano de obra barata para el terrateniente quien los semi-esclaviza, incluidos los niños”, advierten.

En córdoba la situación es similar, las familias campesinas continúan perdiendo territorio. “Las empresas agrícolas sojeras han desplazado y ‘conquistado’ todo el noreste de Córdoba, lo que hace 15 años era monte y vida campesina, hoy es en gran parte territorio de los agronegocios, desalojos, empleo precario y peligroso” afirma Juan Herrero de la Asociación de Productores del Noroeste de Córdoba (APENOC) y agrega “en estos años de lucha, han habido más de 70 compañeros procesados penalmente, algunos incluso con condena en juicio, solo por el hecho de haber resistido irse del lugar donde varias generaciones reprodujeron la economía campesina”.

Las consecuencias concretas que padecen las familias campesinas son desalojos, contaminación y envenenamiento en las zonas agrícolas, achicamiento de las áreas de pastoreo porque se cierran grandes extensiones de tierra, migración constante de los más jóvenes a las ciudades y pueblos, trabajo de manera temporaria, precaria y estacional. A todo ese tormento se agrega la falta de educación en todos los niveles, más visible en lo que hace a la escuela media; la falta de puestos de salud y atención primaria,

El Movimientos Nacional Campesino Indígena está compuesto por organizaciones de Córdoba (Movimiento Campesino de Córdoba), Mendoza (Unión de Trabajadores Sin Tierra-UST), Jujuy (Red Puna), BS As (SERCUPO), Santiago del Estero (MOCASE-VC) y Salta (Encuentro Calchaquí y CUM). Todos ellos coinciden que las grandes transnacionales de los agronegocios se ven beneficiadas con los sucesivos gobiernos que son cómplices de graves violaciones a los derechos humanos de miles y miles de familias campesinas e indígenas.

“Creemos que esta es la hora de pensar y encontrarnos para seguir construyendo como sujetos históricos, un modelo agrario que contenga todas las expresiones; dejando de lado el asistencialismo, el clientelismo y el paternalismo. Generando la participación activa y directa de todas las expresiones: Agrupaciones, Organizaciones y Movimientos Campesinos y Pueblos Originarios”, reflexionan desde el Movimiento.

El planeta está enfermo

Huracanes, inundaciones, olas de calor, sequías… la Tierra se calienta y el responsable es el hombre. No solo se ven afectadas las plantas, los animales y demás seres vivos, las economías de los países también sufren la desinteligencia de todos

Año 2050. Madrid es un desierto. Más de la mitad del suelo fértil español está muerto. 2040. El gran mar de hielo desapareció de los mapas. Sólo permanece una pequeña superficie de hielo en las costas de Groenlandia y Canadá. 2030. Ha muerto en Uganda el último gorila salvaje que quedaba en el mundo. Estas parezcan tan vez escenas de una película futurista al estilo “El Día después de mañana” del director Roland Emmerich, que busca concientizar sobre el calentamiento global del planeta que podría desencadenar un repentino y catastrófico cambio climático de la Tierra. Ficción o realidad, lo cierto es que los científicos del Panel Intergubernamental de Cambio climático sostienen que esta situación es posible si no se actúa de inmediato.

En los últimos años, regiones de África, Asia, América y Europa fueron atacadas por fenómenos devastadores. El paso de la tormenta tropical “Stan” por Guatemala afectó a más de 44.500 personas y causó varios centenares de muertos. Los huracanes de tipo 4 y 5 se han duplicado en los últimos 30 años. El “Katrina” fue el peor desastre natural sufrido por EE.UU. en su historia. En 2005, 26 tormentas tropicales arrasaron las costas del Caribe, Centroamérica y EE.UU.

En octubre de 2005, por primera vez una tormenta tropical, “Vince”, surgida en aguas del Atlántico Norte, tocó tierra en la Península Ibérica, un fenómeno que no se había registrado antes en Europa y que llegó a España con vientos que superaron los 60 kilómetros por hora. Quince meses más tarde “Kyrill”, una tormenta de lluvia y viendo formada también en el Atlántico, dejó más de 30 muertos y daños millonarios en el centro y norte de Europa.

Japón vivió récords de tifones en la última década. Solo en 2004 sus habitantes sufrieron más de diez. El tifón “Durian” golpeó con fuerza el archipiélago filipino de Manila y causó cientos de muertos. Mientras que en India central, las lluvias amazónicas extremas se han hecho más frecuentes entre 1951 y 2000, según el Instituto de Meteorología Tropical de Pashan.

Más cerca en el tiempo, la hermosa Venecia bajo el agua por el fenómeno “Acqua alta” alcanzó 1,56 metro sobre el nivel del mar, récord para los últimos 22 años. La última vez que Venecia se inundó fue en febrero de 1986, con 1,58 metro. Pero el récord sigue siendo el del 4 de noviembre de 1966, cuando la marea alcanzó 1,94 metro. Investigadores presumen hace un tiempo que el cambio climático podría empeorar el problema. El nivel del mar ya es unos 24 centímetros más alto que hace cien años y, en la actualidad, el agua sube un promedio de tres milímetros por año. Además, las columnas de madera sobre las que está basada la ciudad se van hundiendo lentamente. En los últimos años hubo cada vez más inundaciones. Mientras que en 1925 apenas se registraban siete al año, en los últimos años fueron más de 50.

Estas son solo algunas de las catástrofes provocadas por el calentamiento global y no serán las únicas si no se toman medidas de inmediato. Así lo expresa un informe del Gobierno británico, elaborado por Nicholas Stern, asesor económico de la Administración británica y ex economista del Banco Mundial.

El informe “Stern”, presentado el 30 de octubre 2006 en Londres, vislumbra un panorama desalentador. De ignorar los cambios climáticos la Tierra puede tener consecuencias “desastrosas” para la economía. Puede costar al mundo más que la Primera o Segunda Guerra Mundial o despertar una crisis a un nivel similar a la Gran Depresión de 1930. De no actuar ahora se podría producir una fuerte recesión económica. Los mayores costes debidos a los daños producidos por condiciones climáticas extremas contrarrestarán algunos de los beneficios iniciales del cambio climático y su incremento será rápido a temperaturas más altas. Sobre la base de sencillas extrapolaciones, el coste de las condiciones meteorológicas extremas podría alcanzar por sí solo entre el 0,5 y el 1% del PIB anual para mediados de siglo, cifra que está llamada a aumentar, si el calentamiento mundial sigue su marcha (…) Con un calentamiento de 5-6ºC, que es una posibilidad real para el próximo siglo, modelos actuales han calculado pérdidas medias de 5-10% del PIB mundial, con costes para los países pobres superiores al 10% del PIB. Existen ciertos indicios de pequeños pero significativos aumentos térmicos aun por encima de dicha gama, aumentos que nos colocarían en un territorio totalmente desconocido por el hombre y que llevarían a cambios radicales en el mundo que nos rodea”. Para evitar esto, el gobierno británico instó a líderes mundiales a invertir 1% del PBI para evitar las peores consecuencias del cambio climático.

El texto pronostica que si no se adoptan a corto plazo medidas para reducir las emisiones, la temperatura global puede aumentar entre 2 y 3 grados centígrados en los próximos cincuenta años, o incluso más. Las consecuencias serían muy graves, especialmente para los países más pobres: numerosos daños ocasionados por inundaciones, aumentos del nivel del mar, deshielos, sequías, hambrunas, movimientos migratorios masivos, falta de agua potable, transformación de zonas cultivables en tierras secas y estériles, etc.

En el caso de América Latina, para el 2055 la producción de maíz en los países andinos y de América Central “puede caer un promedio cercano a 15%”.

Perderlo todo por la sequía

“Alejandro Lasarte cree que en diez días perderá el emprendimiento familiar que comenzó su abuelo en 1914. No depende de él. Depende del cielo. El tambo San Cayetano ocupa 124 hectáreas en Estación Egaña, a 25 kilómetros de Rauch, a 45 de Tandil. Veinte de esas hectáreas fueron sembradas el 8 de noviembre con maíz. La idea era que los granos que se cosechasen allí sirvieran para alimentar a las 120 vacas del tambo. Pero algo no funcionó. Hoy ese maíz tendría que llegar a los dos metros de altura, con mazorcas repletas de granos. Apenas alcanza los 70 cm y ni asomo de maíz. No llovió. Tan simple y sencillo como eso. No llovió. (…) Se había entusiasmado con una semilla más resistente, patentada en los Estados Unidos y ahí se le fueron los mil pesos por hectárea para que sus vacas, bien alimentadas, pudieran darle los 1.800 litros que Alejandro o su familia ordeña cada día a las 7 de la mañana y a las 6 de la tarde. (…) Con lo mal alimentada que vienen las vacas por la sequía, apenas llegan a ordeñar 1.000 litros. A 0,65 pesos el litro. También por la mala alimentación es difícil que las vacas queden preñadas. Se convertirán por un año en lo que se conoce como ‘vaca vacía’”. Este es solo uno de los tantos testimonios que los medios argentinos difundieron desde que la lluvia se olvidó de nuestras tierras.

Desde hace mucho tiempo que un fenómeno climático no alteraba las grandes cuentas nacionales. Esta seca, la peor desde 1961, dejará su huella en el PBI y en otras variables. Sólo en la Provincia de Buenos Aires las pérdidas por la sequía, que afecta al 70 por ciento de su territorio, ascienden a $3600 millones. Al cierre de esta edición 71 de los 134 distritos de la provincia de Buenos Aires están declarados en emergencia o desastre agropecuario por sequía.

Las pérdidas de cosechas nacionales rondan entre 3600 y 4300 millones de dólares en la facturación de trigo, maíz y soja, mientras que ya murieron casi medio millón de vacas. A 400 pesos por animal, la pérdida rondaría en otros 200 mil millones de pesos.

La terrible escasez de lluvias reducirá en esta Campaña agrícola 2008-2009 la producción de maíz en un 36,4%; la de trigo, en un 30,8% y la de soja, en un 10,9%, de acuerdo por los datos difundidos por el INTA. El año pasado se produjeron 95 millones de toneladas de granos, hoy los especialistas pronostican que quedarán en el camino entre 10 y 30 millones de toneladas; mientras que la caída de las exportaciones agrícolas podría ser de 3000 a 9000 millones de dólares.

Las tierras de la región pampeana también sufren las consecuencias: por primera vez en seis años su valor cayó hasta un 10%. En las localidades de Pergamino, Salto y Rojas hectárea del mejor campo agrícola cotizó el mes pasado a US$ 11.000, contra los 12.000 de mediados de 2008. En la zona de 9 de Julio, Lincoln y Bragado, donde se combina agricultura con ganadería, la caída fue algo mayor, de US$ 8.500 a 7.400 por hectárea.

Las perdidas totales del campo pueden llegar a los $ 7800 millones de dólares si se suma la mortandad del ganado vacuno, según surge de la Confederaciones Rurales Argentinas (CRA). Según el informe que presentaron unas 250.000 al medio millón son los animales muertos por la sequía pero los daños no son exclusivos de la ganadería bovina. “En Chubut se perdieron 1 millón de ovejas –sobre un stock de 4,5 millones- y se produjo una caída del 30% de la producción de lana”.

Emergencia agropecuaria

Al cierre de esta edición, el Ministerio de Producción se encontraba en la fase final de la evaluación de las medidas para la declaración de la Emergencia Agropecuaria en un total de quince provincias. Las provincias involucradas, algunas de las que ya obtuvieron la declaración, son Buenos Aires, Córdoba, Río Negro, La Pampa, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Chaco, Santiago del Estero, Formosa, Chubut, Salta, San Juan, Neuquén y Tucumán.

La mayoría de esos distritos ya declararon sendas emergencias provinciales para numerosos departamentos afectados por la escasez de lluvias. Eso implica la postergación del pago de impuestos provinciales, como el inmobiliario, y, en algunos casos, la asignación de recursos para los productores afectados.


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