Pueblos fumigados
La problemática que vive el campo no comenzó a principios del 2008 con los cortes de ruta y la indiscriminada represión que padecen a diario los trabajadores rurales. No comenzaron con la Resolución 125, los problemas de salud, los desalojos compulsivos de campesinos y la expulsión violenta de numerosas familias de la mano de los grandes agropecuarios de la soja. Todo comenzó desde hace más de diez años con el modelo de producción basado en monocultivos a gran escala y el uso masivo de agroquímicos.
Ojos irritados, alergias, mareos, irritación respiratoria y dérmica son sólo algunas de las consecuencias del uso indiscriminado de agrotóxicos y del avance de la producción sojera.
En la década del ’90, el entonces secretario de Agricultura de Carlos Menem, Felipe Solá, autorizó la siembra de semillas modificadas genéticamente y el uso intensivo de glifosato, el agroquímico más usado por los productores sojeros y que representa el 37% del total de herbicidas utilizados. A partir de ese momento el monocultivo comenzó una escalada sin precedentes desplazando al trigo y al maíz.
En 1997, en Argentina se cosecharon 11 millones de toneladas de soja transgénica y se utilizaron 6 millones de hectáreas. En la campaña 2007-2008, la cosecha llegó a los 47 millones de toneladas y abarcó 18 millones de hectáreas que consumieron millones de litros de glisofato. Su uso pasó de 1 millón de litros en 1991 a 200 millones en 2007.
De esta manera, nuestro país se transformó en el segundo productor mundial de transgénicos del mundo, en el tercer exportador mundial de grano de soja (luego de Estados Unidos y Brasil), el primero de aceite y en un país altamente fumigado con Roundup Ready, nombre comercial del glisofato producido por la empresa Monsanto, que desde 1956 fabrica en Zárate. “El problema del glifosato es grave por las cantidades que se utilizan, por el modo de aplicación y por su impacto en la salud, pero no es el único. En la actualidad se utilizan una serie de plaguicidas extremadamente tóxicos con capacidad de producir daños en la salud a corto plazo enfermedades. Es el caso de los insecticidas Endosulfán, Carbofuran, Bromuro de metilo, de los herbicidas 2, 4 D y Paraquat aunque poseen una clasificación toxicológica menor” explica el Ing. Agr. Ms. Sc. Javier Souza Casadinho, docente de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires y miembro de la Red de Acción en plaguicidas y sus alternativas de América Latina (RAPAL), organismo no gubernamental que trabaja para advertir la peligrosidad de los agroquímicos.
Desde el Grupo de Reflexión Rural (GRR), su presidente Jorge Rulli resume la problemática en pocas palabras “vamos camino a que no quede nadie en el campo”.
El veneno que llega con el viento
Hace 30 años atrás vivir en un pequeño pueblo rural argentino, disfrutar de su paz y de aire puro, era una excelente idea. Hoy se transformó en una práctica casi suicida.
La mayoría de los pueblos y ciudades del interior bonaerense se basan en la agricultura, siendo en muchos de ellos la soja el principal cultivo. Los Todos, San Nicolás, Trenque Lauquen, Bayauca partido de Junín y Chacabuco son las principales zonas afectadas por las fumigaciones con agroquímicos.
Jorge Herse es médico pediatra y desde hace 20 años trabaja en Los Toldos. Luego de algunas investigaciones observó el aumento de enfermedades respiratorias y algunas enfermedades de la piel como eczemas en las zonas periféricas de la ciudad. “Si se ahonda más se descubre que en una familia donde los niños se brotaron o tienen problemas en la piel también se les seco una planta de 20 años y que el avión fumigador sobrevuela sus viviendas todos los días”, afirma.
Bayauca no es ajena a lo que viene sucediendo en miles de pueblos de alta producción sojera. Desde fines de diciembre del 2007 hasta abril del 2008 sobre una pequeña población de 400 habitantes, fallecieron 14 personas de cáncer y habría una gran cantidad de habitantes del lugar sufriendo los avatares de los agrotóxicos.
Desde el Movimiento Campesino Nacional acusan a la industria de los agronegocios de contaminar aire, agua, alimentos y suelos, y sus denuncias se sustentan con estudios médicos que puntualizan en efectos agudos. Una recopilación de estudios realizada por el médico de la UBA Jorge Kaczewer, especializado en ecotoxicología asegura “los síntomas de envenenamiento incluyen irritaciones dérmicas y oculares, náuseas y mareos, edema pulmonar, descenso de la presión sanguínea, reacciones alérgicas, dolor abdominal, pérdida masiva de líquido gastrointestinal, vómito, pérdida de conciencia, destrucción de glóbulos rojos, cambios de coloración de piel, quemaduras, diarrea, falla cardíaca, electrocardiogramas anormales y daño renal”.
Malformaciones y abortos
Malabrigo es una ciudad al noroeste de la provincia de Santa Fe, en el Departamento General de Obligado con unos siete mil habitantes. En 1988 el pediatra Rodolfo Edgardo Páramo llegó a la ciudad y se encontró con un panorama preocupante. Al poco tiempo de estar trabajando en el hospital, comenzó a observar que aumentaba considerablemente la cantidad de chicos que nacían con malformaciones congénitas. Para 1995, en Malabrigo había sólo 15 a 20 nacimientos por mes y en menos de un año hubo 12 chicos nacidos con malformaciones.
En mismo fenómeno se repetía años después en San Cristóbal. En el primer semestre del 2005, su intendente Edgardo Martino denunció que se habían producido once nacimientos con malformaciones congénitas y tres habían fallecido a los pocos días.
Para Páramo “el Round-Up o glifosato se diluye en agua y la contamina rápidamente, y en su contacto con el suelo no se degrada en materiales naturales, eso es mentira. Se degrada en sustancias que son de 8 a 10 veces más cancerígenas que el mismo glifosato. Nosotros no nos damos cuenta de que nos están matando de manera lenta y profunda con el fin absoluto de ganar dinero”.
Un estudio de en la Universidad de Caen en Francia sobre la toxicidad del RoundUp demuestra que las células de la placenta humana son muy sensibles al herbicidas aún a niveles inferiores a los usados en la agricultura, y esto explica las causas de nacimientos y abortos prematuros en áreas rurales de Argentina.
Malformaciones, cáncer y problemas reproductivos tienen vinculación directa con el uso y la exposición a contaminantes ambientales. Así lo demuestra un estudio científico, realizado durante dos años y encabezado por el Dr. Alejandro Oliva del Hospital Italiano de Rosario. El trabajo abarcó seis pueblos de la Pampa Húmeda y confirmó que cuatro de cada diez hombres que consultaron por infertilidad habían sido expuestos a químicos agropecuarios y alerta que el efecto sanitario de los agrotóxicos puede manifestarse en las generaciones futuras. “Hijos o nietos de los trabajadores rurales, y las poblaciones cercanas, son los que dentro de décadas pueden sufrir las consecuencias”, advierte la investigación.
“Nos quieren sacar” Como si no fuera poco la contaminación, las familias campesinas también deben lidiar con la expulsión de sus tierras por parte de empresarios que piensan en el campo sólo como un negocio. “El avance de la frontera agropecuaria es una amenaza para nuestros pueblos” resumen desde el Movimiento Campesino de Santiago del Estero – Vía Campesina (MOCASE-VC) que desde hace 20 años lucha por la territorialidad. “Muchas familias sufren diariamente intentos de desalojos, de asesinato y quemas de ranchos por parte de los terratenientes, con complicidad de jueces y policías” agrega Ángel Strapazzón, miembro del Movimiento. Las familias campesinas indígenas en su mayoría producen para autoconsumo. Se cría muchas cabras, aves de corral, chanchos y yegüerizos en tierras comunitarias. Con la utilización del Glisofato muchas familias han perdido semillas criollas, sus cultivos diversificados y animales de corrales. “Ésta practica de monocultivo de soja transgénica en estas zonas comprometen o prometen un futuro con mucho hambre para generaciones futuras”. Según el MOCASE-VC familias enteras tuvieron que trasladarse forzadamente a los pueblos y abandonarlo todo. “Se convirtieron en mano de obra barata para el terrateniente quien los semi-esclaviza, incluidos los niños”, advierten. En córdoba la situación es similar, las familias campesinas continúan perdiendo territorio. “Las empresas agrícolas sojeras han desplazado y ‘conquistado’ todo el noreste de Córdoba, lo que hace 15 años era monte y vida campesina, hoy es en gran parte territorio de los agronegocios, desalojos, empleo precario y peligroso” afirma Juan Herrero de la Asociación de Productores del Noroeste de Córdoba (APENOC) y agrega “en estos años de lucha, han habido más de 70 compañeros procesados penalmente, algunos incluso con condena en juicio, solo por el hecho de haber resistido irse del lugar donde varias generaciones reprodujeron la economía campesina”. Las consecuencias concretas que padecen las familias campesinas son desalojos, contaminación y envenenamiento en las zonas agrícolas, achicamiento de las áreas de pastoreo porque se cierran grandes extensiones de tierra, migración constante de los más jóvenes a las ciudades y pueblos, trabajo de manera temporaria, precaria y estacional. A todo ese tormento se agrega la falta de educación en todos los niveles, más visible en lo que hace a la escuela media; la falta de puestos de salud y atención primaria, El Movimientos Nacional Campesino Indígena está compuesto por organizaciones de Córdoba (Movimiento Campesino de Córdoba), Mendoza (Unión de Trabajadores Sin Tierra-UST), Jujuy (Red Puna), BS As (SERCUPO), Santiago del Estero (MOCASE-VC) y Salta (Encuentro Calchaquí y CUM). Todos ellos coinciden que las grandes transnacionales de los agronegocios se ven beneficiadas con los sucesivos gobiernos que son cómplices de graves violaciones a los derechos humanos de miles y miles de familias campesinas e indígenas. “Creemos que esta es la hora de pensar y encontrarnos para seguir construyendo como sujetos históricos, un modelo agrario que contenga todas las expresiones; dejando de lado el asistencialismo, el clientelismo y el paternalismo. Generando la participación activa y directa de todas las expresiones: Agrupaciones, Organizaciones y Movimientos Campesinos y Pueblos Originarios”, reflexionan desde el Movimiento.
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