HISTORIAS DE CIERTO TIPO. 11- REPARANDO EL PASADO (1)
La cañería del baño se rompió. No, no es el comienzo de un bolero tipo “la puerta se cerró detrás de ti”, sino de otro cuento tipeano. A partir de ese insignificante suceso, se desencadenaron los siguientes hechos. Tipo, mas inútil que techo de bicicleta, tuvo que recurrir a la sección Reparaciones de la guía barrial de ese año. Ahí buscando un plomero, notó algo raro, típico de su devenir. En la guía, luego de la página 46, que reunía a los profesionales de la llave inglesa, le sucedía la 46 bis, en vez de la 47. En apariencia, más que un error tipográfico, parecía como si alguien se hubiera tomado la molestia de agregar la hoja, pegándola con alguna clase de engrudo barato. Su curiosidad pudo más, y por un momento eligió ver que contenía la hoja bis, a buscar quien repararía la pérdida hídrica. En primera instancia, notó que se trataba de la continuación lógica de la guía, pero mirando más exhaustivamente encontró algo. Aparecían rubros nunca antes vistos o publicados por una guía amarilla o de cualquier color. Uno podía hallar toda clase de reparadores: de corazones, de sueños, de historias, de reputaciones, etc. En este último caso, era uno de lo que mas oferentes tenía. “Lógico”, pensó, “hasta yo me puedo dar cuenta, de que en este país, con el tiempo cualquiera vuelve de todo, hasta del ridículo”.
N del A: Esto que a simple vista puede pasar como otra verdad de Perogrullo, en realidad conllevaba toda una explicación científica. Alguien que conocimos en otra historia, el profesor MC Mon, sostenía, que los argentinos sufríamos de un tipo de desorden memorioso. Esto producía una especie de amnesia colectiva, que producía que prescribieran, aun los más deslesnables delitos y macanas varias. El catedrático basada su teoría, luego de analizar los gases provenientes, de los escapes de los micros de determinadas líneas. Así cualquier personaje público, sobre todo, después de un breve ostracismo, podía retornar al ruedo, sin que nadie recuerde lo hecho anteriormente.
Pero lo que atrapó a nuestro personaje, fue leer en el compendio que aparecía un “reparador del pasado”. Anotó el número de teléfono del anunciante, que no se identificaba bajo ningún nombre, y fue en busca de un trapo y secador, porque el agua ya le mojaba los pies.
Luego del llamado pertinente, lo único que figuraba en su anotador, era una dirección y una hora. Tan solo eso. Un contestador automático se le había provisto, luego de presionar el 1, que significaba conformidad en aceptar el servicio, sin detalle alguno. El 2, se presionaba en caso de tener dudas, a lo que seguía una tonada conocida por muchos infantes. Era la voz del Gallo Claudio cantando “duda duda duda du, duda duda”, de ahí hasta que el solicitante decidiera cortar la comunicación., sintiéndose burlado. Y el 3 decía “en caso de no ser este el destino solicitado, espere a la otra vida. Por ahí tiene suerte”.
Aun sin saber a ciencia cierta, a que iba, se encontró a la hora pactada en el sitio indicado. Recordó ahí, que en ese sitio años atrás, funcionaba el Cine Maipú, pero ahora vendían soluciones para el alma. “Usted pone su dinero y su alma quedará reconfortada” (y nuestros bolsillos también).
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Pipercoz:
Siempre te comento lo mismo, me gusta como escribis.
En este caso en especial…ME ATRAPÓ la tematica.Porfa podrias adelantar el posteo.
voto.
gracias.
PD:reparador del pasado…genial!