HISTORIAS DE CIERTO TIPO. 8- LAS MAXIMAS DEL TIO PEPE (3)

 Inspirarle sentimiento de respeto hacia todas las religiones.

 Nunca le quede debiendo a Don Moisés, trate bien al tintorero y cómprele la alfalfa al Turco Nasif. 

 Dulzura con los criados, pobres y viejos.

 Si se queda a vivir en el pueblo, sea dulce con todos, porque solo quedarán criados, pobres y viejos. 

 Que hable poco y lo preciso.

 Tome de ejemplo a su tía Albina, pero no la imite. 

 Acostumbrarla a estar formal en la mesa.

 No haga como su tío Benito, en fiestas de guardar. El pan era para comer, no para jugar a la guerra. 

 Amar el aseo y desprecio al lujo.

 Ande limpito por la vida, y si lava ropa, use el Eslabón de Lujo de su abuela. 

 

Aparte de este glosario de sandeces, encima se tomó la libertad de agregar alguna más.

 

 

 Viaje en auto a menos de 100 y no en ambulancia a más de 120.

 

 Nunca se siente en el cordón de la vereda con traje.

 

 Si discute, trate de no hacerlo en el pasillo, así no lo escuchan los vecinos.

 

 No duerma boca arriba, con las manos cruzadas, a ver si lo confunden con un muerto, y

 

 lo entierran.

 

 

Y por último parafraseando al cura en la misa, en la parte donde Jesús dice. “Haced esto en memoria mía”, le solicitó a su sobrino, que hiciera algo para preservar ese legado, que llevaba con él.

 

Esto es una nueva pieza del rompecabezas, que nos ayuda a entender, el porque de la vida de nuestro personaje. Seguir a rajatabla las máximas, no fue tarea fácil para Tipo, durante su existencia. Durante varios años anduvo buscando, la forma de resolver de cumplir con la voluntad de su amado tío. De algún modo, ya se estaba cumpliendo la misma, porque en pos de su logro, su sobrino se iba empapando de la historia del prócer. Leyendo libros y biografías, se hizo tan o mas conocedor de nuestra epopeya patria, que el mismo Pepe.

 

Sin intervención divina, pero con ayuda del destino, su problema tuvo solución. Se sabe que San Martín perteneció a una logia de ese tiempo, al igual que Zapiola, Alvear y Pueyrredón, entre otros., allá por 1812.

Muchos años después, Tipo supo que al conocer a su Enano, que aparte del amor hacia el niño y su madre, íntimamente estaba también dando fin al mandato de su Tío Pepe.

Ese hecho mágico o casual, sucedió al escuchar el primer nombre del pequeño. Al igual que la Logia, el pequeño se llamaba Lautaro.


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