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CÓMO LIGAR GRATIS UN RÍO Y TRES REPRESAS.


Una medida de la que no habla nadie podría ahorrar tanta electricidad como la que producen las represas Nihuil I, II y III sobre el Atuel.

La bruta disparada del precio de la electricidad quizás obligue a cierta Argentina que vive en las nubes a derrocharla menos, pero no nos sacará de vivir al borde del apagón. La recesión importada que Wall Street nos obsequió generosamente (a nosotros y al resto del planeta) quizás baje la demanda eléctrica argentina, pero es de cajón que también va a frenar la construcción de nuevas centrales. Y seguiremos en el horno. Pero una medida de la que no habla nadie, y que al estado no le haría gastar un centavo, podría producir un excedente eléctrico anual equivalente al lo que entregan las represas Nihuil I, II y III sobre el Atuel, un impetuoso río mendocino de montaña.

Bastaría un decreto de CK que imponga el control por parte del INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) de los sistemas de “stand-by” de electrodomésticos y equipos de oficina. Por su mal diseño, casi todos los que se ven en la Argentina despilfarran electricidad francamente a la marchanta.

Vos, argentino de clase media, tenés en tu casa varios electrodomésticos de esos que se “apagan y sólo queda prendida una luz roja testigo, o eso te dijeron, je, je. El nombre de ese sistema es “stand-by”, o “apagado en espera”, y asegura un prendido instantáneo a toque de botón. Ya prácticamente no hay televisores que tengan un botón de apagado real. El fabricante se ahorra ponerlo, y si no estás mirándolo, sólo te queda la opción de dejarlo en stand-by. Y te vas tan tranquilo, creyéndolo apagado.

El doctor Gustavo Bianchi, químico, especialista en materiales y energía, ex investigador de la Comisión Nacional de Energía Atómica, ex jefe de desarrollo de varias petroleras (incluída YPF), hoy desarrollador de tecnología para varias empresas de ingeniería, sugiere que tu televisor tal vez no está tan apagado.

Como referencia, Bianchi dice que un electrodoméstico en Europa sólo puede consumir 1 kilovatio por hora en stand-by, pero en la Argentina, aunque no lo creas, el estado jamás reguló nada al respecto. Y el resultado son, por ejemplo, algunos minicomponentes chinos que consumen 36 kilovatios/hora prendidos… y 30 apagados. Nunca la apalabra “apagado” mintió tanto. Es un cuento chino.

Mientras el argentino tipo y su esposa laburan duramente (entre otras cosas, para pagar las nuevas tarifas eléctricas) y en tanto los chicos están en el colegio, en la casa vacía hay computadoras, televisores, equipos de audio, DVDs, horno a microondas y otros aparatos presuntamente apagados. Pero caramba, resulta que no estaban tan apagados, y generan un gasto de electricidad increíble. Y al cuete. ¿De cuánto?

Mirá, el Instituto Catalán de Energía calcula que la familia barcelonesa promedio, que vive en un departamento de 90 metros cuadrados, incluso con esos electrodomésticos tan ahorrativos que impone la legislación europea, gasta en “modo de espera” el 4% de su consumo eléctrico total.

Aquí es todo bastante peor, y el consumo de un aparato “apagado en espera” durante 22 horas puede llegar a ser mucho mayor que el de ese mismo equipo las 2 o 3 horas en que está efectivamente prendido. Tal cual.

Según cálculos de Bianchi, el departamento tipo del argentino tipo, con un televisor CTR, una video, un decodificador, un audio a minicomponentes, una computadora con monitor de 17 pulgadas y una impresora, todos ellos puestos “en espera” y sin ser usados, puede gastar la friolera de 570 kilovatios/hora anuales sólo en prender esas lucecitas rojas que dicen “aquí estoy”, y calentar inútilmente sus carcasas, y el aire encima de sus carcasas. Estamos hablando de 47,5 kilovatios/hora por mes, ¿sí?

Para entender el impacto del dato sobre tu vida práctica, si tenés un heladera con freezer y un par de aires acondicionados y venías gastando muy tranquilo unos 952,5 kilovatios/hora por mes, el maldito “stand-by” de la tele, el deco, la video, la compu y la impresora hoy te hace pasar arriba de la cifra mágica de 1000 por mes, y Edenor, Edesur o quien sea te hacen puré con las tarifas.

Una oficina muy precaria, una verdadera porquería de oficina, con apenas dos computadoras, dos monitores, una impresora y un plotter, puede gastar casi 320 kilovatios/hora por año en “stand” by, sin siquiera trabajar. Bueno, la recesión global está logrando que muchas oficinas así no trabajen en absoluto. Pero es interesante saber que paradas y todo siguen recaudando para Edenor, Edesur… o quien sea.

A la hora de las cuentas, medio millón de casas y medio millón de oficinas chicas como la descripta gastan en “stand by” casi 890 mil megavatios/hora por año. Que, agarrate Catalina, viene a ser toda la producción anual de las centrales hidroeléctricas mendocinas Nihuil I, II y III, sobre el mencionado río Atuel.

Por supuesto, tenemos mucho más de un millón de casas y oficinas gastando electricidad inútilmente “en espera”, y sin siquiera saberlo sus dueños, y sin que el estado se entere. Mucho más de dos millones. Seguro que más de tres. ¿Cuántas tenemos? Esto requeriría una mayor investigación de datos del INDEC. Que haré en otra ocasión.

Entre tanto, habría que examinar con más seriedad el programa de ahorro de energía y discriminar el trigo de la (perdón por la inevitable disemia) paja. Es una imbecilidad brillante poner al país durante la temporada cálida en el uso horario de las islas Azores, como si la Argentina estuviera en el medio del Atlántico. Como ya sucedió en el pasado, ir tan a contramano de los ritmos circadianos naturales en algunas provincias cordilleranas y patagónicas que caen dentro del huso horario de Chile genera mayor consumo y además problemas de tipo biomédico en la población. Y eso porque no se puede vivir tan a contramano del reloj biológico humano, que está “seteado” por el sol. Esto ya es tan “vox populi” que lo saben hasta los gobernadores, y varios se han rebelado (con toda la razón) y ya tenemos al país en división horaria, otra idiotez.

Sería bárbaro, en cambio, apagar de noche las luces de los edificios públicos y la cartelería publicitaria. Sería estupendo evitar el football nocturno, y ni hablemos de regular el alumbrado público municipal, de modo que las luminarias estén bien diseñadas e iluminen el suelo, hacia abajo, y no las nubes o la humedad troposférica, para darnos esos cielos rojizos que hoy techan nuestras noctámbulas megalópolis argentinas. Sería lindo volver a tener cielos negros y ver las estrellas de noche, en lugar de cuando nos llega la cuenta de la luz.

Está muy bien distribuir lámparas de bajo consumo domiciliario. Es genial prohibir la venta de las viejas lámparas de filamento de tungsteno incandescente. Después de todo, representan una tecnología prodigiosamente ineficiente que Thomas Alva Edison desarrolló hace más de 130 años, y que transforma la electricidad básicamente en luz infrarroja, o radiación térmica (totalmente inútil a los fines de iluminación), y de yapa da un pequeñísimo porcentaje de luz visible, que es lo que usamos para ver. Eso está bárbaro, vamos CK todavía.

Y aunque vos, lector, me odies, está bien que la electricidad salga cara. Porque particularmente aquí en la Argentina, se genera con gas que se nos acabó hace rato y petróleo que estamos importando desde 2008, a un precio económico y ecológico muy alto que hasta hoy se escamoteaban por arte de subsidio. Pero siempre llega el día en que estos costos ya no se los puede ocultar más. Y los tarifazos. Que hoy, como llovido sobre mojado, nos caen en medio de una recesión.

Pero dentro de lo poco espectacular aunque redituable a largo plazo, a la presidenta CK le alcanzaría sencillamente con decretar que el INTI certifique que los aparatos domésticos y de oficina autorizados a venderse en la Argentina tengan un consumo en stand-by que no exceda el permitido según normas europeas.

Dicho de otro modo: si excedés el 4% en stand-by, llevate tu equipo y a llorar a Beijing, o la capital sudasiática que corresponda. Y no me importa si el equipo se armó aquí, en una de esas maquiladoras patagónicas donde el valor agregado local consiste en pegarle a un aparato extranjero la estampilla que dice “Made in Argentina”. Fuera con ese artefacto. Aquí no se vende. Normas europeas, y a otra cosa.

Ningún gobierno debería pestañear siquiera para imponer una medida tan ínfima, contra la que casi nadie va a protestar, y si lo hace, estará solamente gastando energía suya, no nuestra, porque ¿quién lo va a escuchar? Una medida tan chiquita como ponerle el gancho a un decreto, pero a la larga, tan buena para todo el país.

Es que hoy en día, muy a diferencia de cuando yo era chico (eso fue hace mucho), los electrodomésticos rara vez duran una década. Se los reemplaza mucho antes, entre otras cosas, porque están deliberadamente diseñados para romperse rápido. Y los equipos de oficina tienen una obsolesencia aún más rápida.

De modo que si la presidenta CK lee mi artículo y por una vez decide hacerme caso –no lo hace jamás-, el ahorro de consumo obtenido, a medida que los aparatos derrochones vayan siendo reemplazados por otros ahorrativos, equivaldría a que a la Argentina le regalaran cada dos o tres años todo un río como el Atuel, con sus tres diques construídos, sus embalses llenos, sus centrales hidroeléctricas funcionando, y las líneas de alta tensión ya tendidas y distribuyendo corriente por todo el país. Ah, y sin deberle por ello un gomán al Banco Mundial, sus consultoras y sus empresas de ingeniería.

Pucha, como regalos, los he visto peores.

DANIEL ARIAS