Cohete Tronador: escalera argentina al cielo

Hace dos meses la Argentina, cuya población cree que dejó atrás toda pretensión de construir cohetes en 1990, se sorprendió de saber que en 2008 había lanzado, sin mayor ruido mediático y exitosamente un par de cohetes experimentales de diseño propio, el Tronador I y el II.

Y va por más: la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, motor de este desarrollo, quiere hacer más vehículos de potencia siempre creciente hasta que en 2012 se llegue a un Tronador 2.2 de casi 20 metros de altura y más de 57 toneladas de peso, una bestia capaz de inyectar en órbita un satélite de 200 kilos a unos 500 kilómetros sobre la Tierra. Cuando esto suceda –y probablemente sucederá-, seremos el octavo país del mundo en tener capacidad propia de satelización, y un posible competidor en el mercado de la puesta en órbita.

Siguiendo tradiciones de su director, el Dr. Conrado Varotto, la CONAE no hizo mayor secreto del asunto Tronador, pero no avisó a los medios. La cosa se supo mucho más tarde en el curso de un taller para 35 sorprendidos periodistas científicos organizado por el Ministerio de Ciencia de Córdoba en el Centro Espacial de la CONAE en Falda del Carmen; donde tratamos el tema el doctor José Astigueta, por parte de la CONAE, y luego yo como periodista independiente invitado. La Voz del Interior sacó el asunto en tapa, al día siguiente lo hizo La Nación, y durante dos o tres días fue un tema nacional.

Es que ésta es la historia de un triunfo de la voluntad, esas cosas que en la Argentina suceden más bien poco. Si hoy, cuando este desarrollo está sucediendo, cuesta creerlo, hace una década, cuando todavía el país era esclavo del –valga la contradicción- pensamiento menemista, era impensable.

Sin embargo, la idea de que la Argentina volviera a tener una escalera propia al cielo nació en lo más hondo de ese período llamado el “Apocalipsis cholulo”. En 1998 Varotto se sometió a que yo lo reporteara por parte de la entonces llamada revista XXI –con la misma alegría con la que uno va al dentista– y le pregunté sobre su proyecto de cohete, que entonces no se llamaba Tronador sino VENG (Vehículo Espacial de Nueva Generación). El diálogo se dio así:

–¿Qué va a tener de avanzado el VENG?

– Todo. El sistema de propulsión, el de guiado, los materiales. Todo.

–Clarín habló de combustible líquido. ¿No será hidrógeno, verdad? ¿O se trata de hidrocarburos almacenables a temperatura ambiente?

–No descartamos nada. Es todo lo que te voy a decir.

–¿Y el sistema de guiado?

–No te pienso decir nada. Va a ser avanzado. Punto.

–¿Y los materiales? ¿Plásticos compuestos? ¿Metales reforzados? ¿Cerámicas especiales?

–Nada. No te voy a decir absolutamente nada, Arias.

Y así quedaron las cosas.

Vale volver a insistir: esto fue publicado en 1998, con una industria nacional arrasada, el país ya reconvertido a sultanato sojero con vista a la City porteña, el programa nuclear desmantelado por tres gobiernos al hilo (Alfonsín, Menem y más Menem), el programa aeronáutico destruído y entregado a la Lockheed Martin, los sistemas educativo y científico en sus máximos históricos de inopia, disgregación e inefectividad. ¿Quién lo iba a creer?

Peor aún, el doctor Conrado “Franco” Varotto, quien decía sin dudar que iba a construir un cohete, estaba al frente de la primer agencia espacial del mundo hecha para NO hacer un cohete. En efecto, la primera misión de la CONAE fue sustituir decorativamente a la vieja Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE). Aquel organismo de la Fuerza Aérea tenía tres décadas de experiencia en cohetería de combustibles sólidos, y fue clausurado –las instalaciones casi fueron dinamitadas– en uno de aquellos ataques de relaciones carnales del canciller Guido Di Tella. Y eso porque la CNIE se había atrevido a desarrollar los misiles Cóndor I y II.

LLEGAN UN ZORRO Y UN FIERRERO.

Nacida la CONAE bajo tan malos signos, reconozco que a lo sumo yo esperaba que se dedicara a la decoración interior de congresos con posters satelitales. Nunca habría creído que tendría suficiente cabeza y cintura como para romper el molde criollo de “la ciencia por la ciencia misma”, y disciplinara las fuerzas dispersas del sistema nacional de investigación tras un proyecto estratégico y útil, un “fierro” concreto que le diera competitividad al país y dejara know-how en ingeniería. Y sin embargo, sucedió. Sólo que muy de a poco y sin levantar polvareda.

La historia sucedió así. Uno de los primeros administradores de CONAE, el astrónomo Jorge Sahade, desempolvó el proyecto de satélite científico SAC-B (un detector de grandes fuentes explosivas cósmicas de rayos X), viejo proyecto alfonsinista. Obviamente, La Embajada –que había presionado desde 1983 por el desmantelamiento total del proyecto Cóndor de la CNIE- no tenía nada en contra de este aparato, que no le daba pie a la Argentina ni siquiera para volverse un jugador marginal en el mercado de la observación de la superficie terrestre.

Pero Sahade era un zorro viejo: hizo construir el tal aparato por INVAP, la firma barilochense de tecnología nuclear, último bastión del know-how atómico del país, que en aquel momento se desangraba por dos tajos terminales en yugular y carótida: el doctor Carlos Menem, siguiendo lo iniciado por el doctor Raúl Alfonsín, había hundido a la CNEA (primer mercado de INVAP) y luego Di Tella le había cerrado el acceso a Medio Oriente (su segundo mercado).

El SAC-B, y luego el C, contribuyeron a salvar a la única firma de alta ingeniería del país. Ésta ya sabía hacer reactores, pero el diseño y construcción de ambos satélites le significaron algo más de 15 millones de dólares, lo que en momentos de apuro terminal le permitieron evitar el cierre. Pero de yapa, aprendió arquitectura de satélites. Hoy INVAP avanzó de tal modo en ese nuevo negocio que además de estar construyendo y diseñando tres aparatos gigantes para la CONAE (al SAC-D Aquarius, y los SAOCOM I Y II), de paso y cañazo recibió contratos para armar dos satélites de comunicaciones (los más complejos de todos, a 200 millones de dólares por pieza) para la firma AR-SAT.

Entre tanto, la CONAE se dispone a construir “en casa” (es decir en Falda del Carmen) su línea satelital compacta, la de los satélites SARE. La capacitación total dejada en el país es simplemente enorme. Es para sacarse el sombrero. Y se ignora, pero sucedió.

Cuando se fue Sahade entró a la CONAE Varotto, fundador de Invap, director del proyecto de enriquecimiento de uranio de Pilcaniyeu de la CNEA, el hombre decisivo en la exportación de los primeros reactores nucleares argentinos a Perú y Argelia. Varotto hizo lanzar al espacio el SAC-B heredado de su predecesor y se encogió de hombros cuando el satélite murió en órbita por falla del cohete experimental que nos habían endilgado los Estados Unidos, el Pegasus XL.

“El Petiso”, nombre casi oficial de Varotto, a esa altura de su carrera ya un “fierrero” legendario, se encogió de hombros, porque tiene otro tipo de cabeza. En oposición a la ciencia dispersa típica de la Argentina, lo de Varotto son los grandes proyectos estratégicos, audaces, aplicados, concretísimos y terminados. Entró, husmeó y “dio vuelta” a la CONAE: la puso a mirar para abajo. Desde su llegada, en pleno menemismo, toda la línea de satélites planificada por la casa (SAC, SAOCOM y SARE) se diseña para observar la Tierra y generar información de utilidad directa para la economía, las empresas y el gobierno.

Cómo hizo Varotto para venderle al gobierno más vendepatria que recuerda la historia argentina un proyecto tan a contrapelo de su filosofía, es un misterio. Pero lo hizo.

¿VAMOS AL ESPACIO A DEDO?

Con su satélite SAC-C, Varotto inventó además dos cosas rarísimas: cómo ir al espacio “a dedo” y “en vaquita”. Con las tres novedosas cámaras que le puso a bordo (diseño by INVAP), Varotto le vendió el SAC-C a la NASA como un posible generador complementario de información óptica sobre agricultura y medio ambiente, capaz de funcionar en red con los satélites yankis Landsat 7, Eos y Terra.

Convencida, la NASA “se puso” con el lanzamiento (12 millones de dólares gratis, qué tal). Simultáneamente, para embretar a más países en el SAC-C y diluir costos para la Argentina, Varotto logró que no sólo los Estados Unidos sino también Italia, Francia y Dinamarca pusieran sensores a bordo de la plataforma. Y con esta “vaquita satelital” creó uno de los aparatos orbitales más complejos de la historia: tiene once sensores a bordo, cuando la media en la industria es de dos y gracias. En INVAP, donde maldecían en japonés cada vez que “El Petiso” se llegaba con un nuevo país-socio y sus sensores, se volvieron locos para empaquetar tantas cosas en 480 kilos de satélite, y que todas funcionaran sin interferirse entre sí.

En lo político y organizativo, a la CONAE hoy le viene al pelo formar parte de la Cancillería (lugar donde la puso Di Tella para tenerla vigilada), porque su abordaje del modo de ir al espacio (en vaquita y a dedo) depende mucho de la diplomacia argentina. Es más, se ha vuelto una rama nueva de la misma. No es lo mismo –como lo descubrió Cristina Kirchner- irse al norte de África a fomentar comercio bilateral con esa región cuando uno ya tiene vendidos un par de reactores nucleares en la zona, y además puede ofrecer satélites. Y en la posición de país respetable en este rubro nos colocó el SAC-C. Lanzado a fines de 2000, este multisatélite ya ha durado tres años más de lo esperable; debe estar bien hecho. Si los satélites fueran autos, éste es un Mercedes Benz o un Volvo.

Tras semejante seguidilla de goles, cuesta, o más bien duele volver mentalmente a 1998, cuando Varotto anunció el cohete VENG (hoy Tronador). El SAC-B había fallado, el SAC-C no existía y había que tener la fé de un santo para pensar que alguna vez se construiría. A la CONAE no la conocía ni su madre y, ventanas afuera de la agencia, reinaban unas relaciones carnales que otra que el Kama-Sutra. Y Varotto, en semejante año, hablando de hacer un cohete argentino. Mi artículo en XXI lo leyó muy poca gente y no lo creyó nadie. A duras penas, yo. Y algunos otros que sabemos que El Petiso rara vez habla al cuete, incluso hablando de cuetes.

Hoy estamos en otro mundo. La primera novedad es que la CONAE ya hizo tres de esos cohetes Tronador. La segunda es que funcionaron. Y la tercera es que se vienen más, uno en 2009, otro en 2010, otro más en 2011 y el que probablemente termine siendo nuestro “jeep” espacial multipropósito: el Tronador 2.2, en 2012.

La Argentina viene subiendo cosas a órbita desde 1998, pero ya no tendrá que llegar ahí a dedo.

UN CUÉTE NADA MILICO

Los cohetes pueden usar combustibles sólidos o líquidos. Los militares aman los primeros: son livianos, portátiles y se disparan a toque de botón. Como contra, una vez encendidos no se pueden apagar, de modo que lo único controlable es la dirección, pero el tiempo de vuelo y el alcance o altura máximas vienen “preseteados”. En plan de una puesta en órbita de precisión, los cohetes sólidos tienen entonces las mismas desventajas que un hacha para la neurocirugía. Nacido como misil militar y por ende más cerca del hacha que del bisturí, el Cóndor II tampoco era un buen hacha, es decir un buen misil: poco preciso por la falta de un buen sistema de guiado, no le podía pegar a nada. Esto no significa, a mi entender, que abortar el proyecto haya sido bueno para el país.

Los cohetes de combustible líquido, a diferencia de los sólidos, se pueden encender y apagar a voluntad: son muy controlables. En revancha, como misiles resultan bastante inútiles. Eso lo descubrió Saddam Hussein en 1991: sus Scud soviéticos eran pulverizados a bombazos en tierra en las dos o tres horas que tomaba irlos cargando –con los dedos cruzados– de líquidos altamente volátiles, tóxicos e inflamables como la hidracina. Aún subidos en camiones que los dispersaron por todo Irak, ocho de cada diez Scud de Hussein fueron “embocados” en tierra sin llegar al disparo.

En realidad, los últimos misiles líquidos de la historia que tuvieron cierto éxito militar fueron también los primeros: las bombas voladoras V-2 de Werner Von Braun en el ’44 y el ‘45. Pero el propio Von Braun, tras una seguidilla de explosiones en torre de lanzamiento durante el desarrollo de este arma, decía que el secreto estaba en volver la V-2 un poco más peligrosa en el sitio de aterrizaje que en el de disparo.

Los Tronadores tienen propelentes líquidos almacenables a temperatura ambiente (hidracina como combustible y ácido nítrico como oxidante): nada nuevo bajo el sol. Hay otras mezclas líquidas, las criogénicas (hidrógeno líquido enfriado a 271 grados bajo cero, y oxígeno líquido, a 160) que dan mucha mayor potencia por kilo de combustible y oxidante, pero le quedan muy lejos a la industria y la tecnología locales. Y es que la idea de la CONAE es la de tener un cohete nack & pop, 100% argentino, un fierro “cincuentoso” por los líquidos que quema, pero muy moderno por electrónica y materiales, algo que se pueda construir sin que naides nos deje en tierra al negarnos algún componente crítico importado. Y si ésa es la idea, cierra por todos lados.

El Tronador 2.2 está, además, muy pensado en relación a la próxima moda satelital. En materia de observación terrestre, en lugar de pocos aparatos que andan cerca de la tonelada de peso o arriba, se empieza ver es que es mejor tener varios satélites mucho más livianos, sencillos y sin tanto sistema duplicado, sin tanto back-up. ¿Y por qué? Porque cuando muchos minisatélites funcionan en red, el dueño multiplica la capacidad de observación: mientras duren, ven más y mejor y con más frecuencia dos aparatitos que uno solo grande. Y si se te cuelga uno, te queda el otro. Así nace conceptualmente la línea de satélites livianos SARE de la CONAE, que andarán por los 200 kilos la pieza. Y el Tronador en su versión 2.2, el que Varotto quiere lanzar en 2012, está pensado a medida para la tarea

Dicho todo esto, se entiende que cuando la CONAE lanzó sus Tronadores T1, T1b y VS-30 con combustibles líquidos, el mensaje no expresado de su organismo rector, la Cancillería, es bastante claro: “Boys, estamos en la industria de la puesta en órbita. Y sin pisar ninguna delgada línea roja, ¿ok?”.

En esto de no ofender a los países condoricidas se llega a la exageración. Cuando en junio del año pasado y mayo del corriente se lanzaron los Tronador I y IB desde las inmediaciones de la Base Naval de Puerto Belgrano, La Embajada (sí, ésa) figuraba en la lista de invitados. La segunda vez, ni se calentaron en venir. No somos una preocupación.

En el interín, en diciembre de 2007, se ensayó desde Natal, Brasil, un “combo” argento-brasuca: un Tronador líquido montado como segunda etapa sobre una primera brasileña de combustible sólido. Los brasileños usaron el dúo para mandar una carga científica a una altura suborbital de 140 kilómetros, y la CONAE aprovechó para testear los sistemas de guiado y control de la etapa líquida. Destaco el asunto, porque es uno de los pocos campos en que los brasileños, en general remisos a meterse en asuntos espaciales con la Argentina, nos tienen que tratar como a iguales, les guste o no.

Y es que ellos están muy lejos de tener la vaca atada. El desarrollo de cohetes líquidos tiene sus yeites: en 2003 un VLS brasileño estalló en la base de Alcántara al momento del lanzamiento y mató a 23 miembros del programa espacial de nuestros vecinos. Cosas que pasan en este tipo de emprendimientos. El que no quiera pagar el precio del algún accidente –y esto es mejor decirlo ahora- tiene la opción es hacer la plancha y quedarse afuera de la industria, como comprador bobo.

Y no vale la pena serlo porque la Argentina resulta, quiera o no, un sitio espacial, y no porque haya puesto a Gardel en la Luna sino por ser el octavo país del mundo en superficie, y también una economía muy agrícola, y de paso también uno de los países más proclives del planeta a catástrofes naturales, y como remate, el dueño de una población escasa, cuya pésima distribución genera grandes vacíos geográficos de información. Para enterarse de en qué anda su agricultura o cuál es el contenido de humedad de sus suelos, o qué bosque se está por incendiar, y dónde y cuánto, la Argentina necesita de información generada por satélites propios, cuyo tiempo de uso esté disponible al toque y que no haya que andar mangueando a otros países.

Eso explica por qué hay que tener satélites propios, ok. ¿Pero cohetes también? Miremos las cuentas. Alquilar lanzadores de otros países anda por los 12 millones de dólares el viaje, y eso si se consigue pasaje, que puede haber demoras de años. En contraposición, como dijo el doctor “Pepe” Astigueta, a cargo del proyecto Tronador, el desarrollo completo desde el primer prototipo flaquito suborbital de 2007 hasta el monstruo 2.2, capaz de satelizar 200 kilos de 2012, costará 4 millones de dólares.

¿Es negocio?

Es negocio.

Daniel E. Arias


Escribí tu comentario

, , Marcela dijo

Muy interesante la nota, hace falta que alguien hable de esto! Felicitaciones!

, , horoskopo dijo

Daniel,
me encanta que te hayas aggiornado y ahora estés entre los bloggers
¡ un gusto poder leer tus super- interesantes trabajos !
un abrazo
Patricia

, , CACHO VIEJO dijo

UNA SORPRESA, YO, COMO TANTOS, CREI QUE EL APATRIDA DE ALI BABA Y LOS 40 LADRONES, LO HABIA DESTRUIDO TODO, DEBIDO A NUESTRAS ¨RELACIONES CARNALES¨. GRACIAS POR ESTA INFORMACIÓN, ME CUESTA CREER, PERO GRACIAS POR DARLE ESPERANZAS A TANTOS JOVENES ARGENTINOS QUE SE INTERESAN POR SU PAIS, Y A LOS CUALES LES SOBRA INTELIGENCISA Y CAPACIDAD PARA DESARROLLARSE EN SU TIERRA. UN ABRAZO

, , Luis dijo

No suelo leer periodismo científico, pero por suerte caí en este blog. Que una nota de divulgación científica te haga sonreír, y más de una vez, no es poco mérito. Y si además te informa de manera clara y divertida de cosas de las que uno no tiene idea y son de la mayor importancia, más todavía.
Divulga un proyecto que transmite optimismo `porque demuestra que es mucho lo que se puede hacer en este país. Muchas gracias.

, , Daniel Madeo dijo

Felicitaciones profe por su parto blogero, y por el tema elegido.
El lector Enrique comentó: “solamente con iniciativa, cabeza y ganas.”
Iniciativa y cabeza siempre tuvimos, porque pudimos, podemos (P.Solanas).
En la década de los ´70 (73-74-75) el organismo puntero de aquéllos entonces (I.I.A.E.) había comenzado yá el desarrollo de un portasatélite (como se lo llamaba) al calor del área material cordoba, que aún siendo milicos, recordemos el signo político de esos años. En mi adolescencia, como resultado de una actividad de cohetería juvenil que desarrollabamos en común con un cordobés (fuí ganador de dos torneos de cohetes de 2 etapas), tuve oportunidad de estar delante de una maqueta-prototipo de 2a etapa (con control de dirección) que obviamente quedó en casi nada, como casi todos los buenos proyectos.
De paso quiero sondear a la comunidad respecto a nuestra actitud de permanente aclaración del “origen y motivación pacífica” de nuestros desarrollos. Salvando algunas trasnochadas fantasías de origen añejo escocés en mente (¿?) de un general, la Argentina a dado muestras sobradas de sus intereses científicos, desde hace mucho poseemos tecnologías que pueden ser mal usadas, y no fué así. Quizás sea eso lo que mas molesta al establishment industrial-militar, la demostración que implica tomar la punta del conocimiento sin tomar ventajas mal habidas.
Que opinan, la diplomacia implica seguir brindando explicaciones no pedidas?,
no alcanza que la misma empresa Argentina que construye reactores y satélites, también equipa salas de radioterapia y diagnóstico por imagenes en Latinoamérica.
Felicitaciones a los Argentinos, . . . profe, de nuevo felicitaciones.

, , Diego Arguidi dijo

Daniel, pinta interesante aunque un tanto largona (veo si puedo bajar el contenido para leerla con el tiempo que se merece). Que la Argentina esté especializado en lo líquido es casi un karma, aunque esta vez nos venga bien (je).
Sobre el acceso es menos complicado de lo que lo pintaste; te aclaro que el link que pusiste en un mail lleva a un lugar donde es imposible leer la nota… (y la página también: es fondo rojo con letras negras… salvo tu breve autoprontuario, no se lee un sorongo y ninguno de los links da acceso a nada). Lo mejor es entrar al url de Clarin.com, ahí entrar al sitio de los blogs, y usar el motor de búsqueda de la página general de los blogs-clarin, con tu nombre “daniel arias”, y de inmediato accede (se ve que las páginas están preparadas para funcar así desde el portal).
Un gran abrazo y felicitaciones
diego

, , natbag dijo

Me parecio excelente el articulo, abre los ojos sobre un tema poco conocido y tratado, que esta “en edad de merecer”.
Gracias, y espero que a este le sigan otros articulos del mismo rango,
Natbag

, , lili s. dijo

No suelo leer artículos científicos, pero éste logró interesarme. Felicitaciones! Espero que haya más!

, , eugenia dijo

No sabía nada de cohetes. Solo que me dan ganas de subirme a alguno, aveces. Ahora después de leer el artículo veo que hay quienes trabajan en la argentina sobre el tema. Está muy bueno tener un espacio virtual para leer y fantasear sobre los enigmas de la ciencia. Gracias!

, , Jorge de Boston dijo

Super interesante. Muy claro y preciso. Escribi’ mucho

, , Alejandro dijo

Daniel: excelente el cambio de la estetica del blog, y lo mismo la nota.
Me alegra que te hayas incorporado a la onda de los blogs, son una excelente herramienta de comunicación.
Espero muchos más post como éste.
Un abrazo.

Alejandro.

, , Marina dijo

Un artículo de divulgación científica interesante y divertido es tan sorprendente como que la Argentina pueda ser la 8ª potencia mundial en cohetería.
Espero que este blog siga existiendo y que sigas escribiendo.

, , Maia dijo

La verdad es que el artículo dice cosas sorprendentes y, al menos para mí, nada conocidas. Gracias por el optimismo.

, , Máximo dijo

Muuuuuy interesante! ¿Por qué estas cosas no se publican en la prensa.

, , mar-c dijo

Muy interesante, Dani! Me encantó el toque de humor : )

, , Ricardo dijo

Es bueno saber que el espíritu emprendedor de los argentinos sigue vivo y que haya quien se preocupa en divulgarlo en forma didáctica y amena a la vez, difícil combinación, si las hay.
Muchas gracias. Y hasta la próxima…

, , Enrique dijo

Es increible lo que se puede hacer solamente con ganas, cabeza y gente competente. Y esto no es nada sofisticado, es simplemente bueno. Solo queda imaginar lo que sería con los presupuestos adecuados. Muy buena idea abrir este blog. Gracias.

, , Tomás dijo

Este blog me parece una acertada fenomenal.
En cuanto al tema, quisiera generalizarlo: la Argentina es un país que durante toda su historia ha vivido del campo. Pero ese no es un camino viable: lo que funcionó bien hace 100 años, cuando éramos diez veces menos y se labraba la tierra con un arado tirado por un caballo, ahora es una industria que necesita diez veces menos gente: los que “sobran” son los excluídos.
Por lo tanto, debemos reforzar un camino que iniciamos en los 1930, de desarrollo industrial, con el máximo valor agregado. Tontos, no somos: aunque usamos más neuronas para perjudicarnos los unos a los otros que para hacer avanzar al conjunto. Lamentablemente – por lo menos hasta ahora – el mayor esfuerzo en este sentido estuvo siempre en manos del Estado o empujado por voluntaristas como Sabato o Varotto – y no surge de un desarrollo natural de nuestra economía, que en su mayoría sigue atada al campo.
Ojalá este blog pueda ser un lugar de debate de estos temas – de ellos depende nuestro futuro – tanto como de combatir la corrupción y el delito de guantes blancos.

, , Juan Monzón Gramajo dijo

Daniel:
Me gustó el material y la forma amena en que lo armaste. Tiene la dosis justa de info científica y los entretelones que este tipo de proyectos posee. Felicitaciones por el blog y avanti!

, , guillermo dijo

Señor Arias, a pesar de tratarse de un tema que no llamó nunca mi atención, me pareció una nota muy interesante, con abundante información y excelentemente escrita como todos los arículos suyos que he tenido el placer de leer. Estoy gratamente sorprendido de que estos emprendimientos se realicen en Argentina y siento que mientras sigan existiendo estos desarrollos y, casi condición sine qua non, quienes puedan informarnos de ellos, no todo está perdido en este querido país a veces tan olvidado de la mano de Dios. Mis sinceras felicitaciones !!!

, , Leonardo Moledo dijo

Si bien m,e gusta más la teoría que la tecnología, me parece que el artículo de Daniel Arias deja bien en claro el rpoblema, su historia, y sus posibilidades.

, , Ronnie dijo

Daniel, tema muy interesante – sorprendente viabilidad si el 12:4 es sustainable-producto no tradicional mirando para abajo = complemento genial al dulce de leche y los alfajores – aunque el coure quiere que sea mas conocido quizas la falta de instant gratification con divulgacion a rajacincha permite un desarrollo sano, que CNN se despavile cuando el psotre este servido – last but not least envidio tu habilidad para amenizar lo tecnocratico.

, , Carlos dijo

Muy interesante. Vivo fuera del Pais desde hace 20 a~os y mi impresion era que la coheteria Argentina habia pasado a la historia luego de las Malvinas. Me alegra ver que estaba equivocado y ojala exista el apoyo continuo que este emprendimiento sea uno de los ‘despegues’ tecnologicos que necesita la Argentina para crecer.
Peace

, , Julia Sol dijo

Quiero viajar en cohete…. !!!! Como hago?

, , raul dijo

espetacular,ojala que veamos a nuestro tronador muy pronto en el espacio,como sueñan los propulsores de este proyecto.

, , Mauriicio dijo

esta mui buena la informacion i mas para hacer la tarea del colegio

, , _Marcelo_ dijo

Coincido con vos en varios puntos de la politica de los años `90 y del contexto cientifico nacional de ese momento. Pero me parece que exajeras mucho en la descripción de la información.

, , alberto del peru dijo

me alegra mucho que argentina se este desarrollando en el campo de la coheteria y otros proyectos tecnologicos y me gustaria que nuestros gobiernos se unan y hagan que nuestros cientificos trabajen conjuntamente para obtener logros a corto plazo.

, , Juan Carlos dijo

La verdad, me decepciona un poco la nota. Varotto es bien conocido desde hace decadas ya por frenar la tecnologia de coheteria. Queria inventar algo revolucionario y ahora dice que quiere hacer un cohete con hidrazina y acido nitrico, que es algo que no se usa desde hace siglos en el resto del mundo. La estan errando de nuevo, como la erraron en el SAC B y subsiguientes. Por otro lado, decir que los combustibles solidos son solo para tecnologia militar es una mentira, sin ir mas lejos miren en transbordador espacial que usa dos motores solidos, y el nuevo ARES tripulado de la NASA tambien es un cohete de combustible solido. Esa es la linea de la Conae, que no quieren saber nada con los motores solidos que son mucho mas economicos, y Argentina tiene decadas de experiencia. Deciden empezar con los liquidos, sin tener recursos ni experiencia para desarrollarlos.
Esta bien el entusiasmo de Arias, que debo decir, a traves de mucho tiempo ha escrito demasiadas notas favorable a Varotto, pero de ahi a pensar que la CONAE tiene la capacidad de construir un cohete con capacidad de satelizacion hay un largo camino.

, , pocho dijo

excelente articulo. me emociona. veo que el nido sigue vigente para cosas gratas
saludos

, , Daniel Arias dijo

Gracias a todos los elogiosos por elogiar mi elogio de algunas cosas elogiables que mal que mal logra hacer la Argentina, como es el caso del programa Tronador. A Juan Carlos, algunas objeciones y preguntas: 1) Nunca escuché a nadie que dijera que Varotto frena la tecnología cohetera. 2) Inventar algo revolucionario puede ser un cohete cincuentoso por los combustibles con electrónica y materiales nuevos. 3) “Le están errando de nuevo, como le erraron con el SAC-B y subsiguientes”… No entiendo. ¿En qué le erraron? El SAC-B fue lo único que se atrevió a hacer la CONAE parada sobre la tumba de la reciente CNIE, un políticamente inofensivo satélite astronómico… pero sirvió de base para aprender la ingeniería de plataformas satelitales con las que luego construir aparatos bastante más útiles para el país. ¿Con qué se le sigue errando? ¿Con el SAC-C, por ejemplo, que da servicios a la industria, el campo, el estado y la educación, y debía durar 5 años y ya aguanta 9 en servicio de puro bien construído? 4) El Taxi Espacial es básicamente un cohete de combustibles líquidos criogénicos, flanqueado por dos gruesos “boosters” sólidos como auxiliares de lanzamiento, que se desprenden a unos 45 kilómetros de altura. De ahí para arriba, hasta órbita baja, es todo a combustible líquido criogénico. No me imagino una inyección precisa y finita en órbita con cohetes que no podés prender o apagar… y la NASA tampoco. 5) ¿El ARES es todo sólido? A los libros… 6) Sí, claro, los cohetes sólidos son más económicos. Ya quisiera yo que hubiéramos conservado el Cóndor II para usarlo como “booster” o primera etapa de un Tronador líquido. Bueno, La Rata y su canciller de relaciones carnales no nos dejaron. ¿Hay que echarle la culpa a Varotto, cuando tuvo el valor de planter en pleno 1998 que la Argentina no debía renunciar a tener cohetería propia? 6) No he escrito demasiadas notas favorables a Varotto. Por el contrario, no escribí las suficientes. 7) Es cierto que hay un largo camino hasta que la CONAE tenga capacidad de satelización propia. Lo que digo es que se está avanzando por el mismo, despacito y con monedas, como se hace todo aquí. 8) Ahora, si lo que querés es resultados rápidos, en lugar de la CONAE, que es una agencia argentina con limitaciones de presupuesto y sujeta a presiones diplomáticas feroces, deberías tocar la puerta en la NASA o la ESA. Es más, hasta podrías pedir nacionalidad yanki o europea. 9) Me encantó lo de la hidrazina y ácido nítrico que “desde hace siglos no se usa en el resto del mundo”. Explicáselo a los rusos, que tienen el mejor y más confiable vehículo de puesta en órbita de todos los tiempos, el Protón IV, y si te contestan que quema hidrazina y ácido nítrico, como en los ‘50, no les creas: son rusos y te quieren confundir.

, , sanmartin2009 dijo

La nota destila optimismo y todos sabemos que este gobierno no va a poner un mango para algo que no sirva para llenarse los bolsillos. En cuanto a los cohetes de combustible liquido, eran la segunda etapa del Condor 2. Que no invento Argentina sino los alemanes occidentales y como no podian exportar directamente a paises en conflicto, lo triangularon con Argentina (sino mira el Tecnologia Militar de los años 1980 y 81). Despues vino la Guerra de laS MAlvinas y se pudrio todo. Ademas todo lo que era inteligente era extranjero: los navegadores inerciales eran franceses y los yankis pidieron que se entreguen cada uno, antes de que se cerrara Falda del Carmen. Y los cohetes se mandaron a España, para no ofendernos: pidamos a los gallegos que nos muestren donde estan los Condor 2 que les mandamos.
Pero es mas romantico hablar de la tecnologia de punta. Si hasta el Pulqui fue un proyecto de Kurt TAnk, un ingeniero aleman.
Me parece que eso es aprovechar la tecnologia de otros paises pero no nos cuenten cuentitos como a los nenes. Ya somos grandes.

, , dearias dijo

Perdón por la tardanza en contestar. Dejé el blog en el freezer durante un tiempo. Creo que en algún lado tengo una copia de aquella nota de 1987, pero quedó bastante desactualizada, y como futurología, bueh, sucedió que no se cumplió ninguno de mis pronósticos.

, , dearias dijo

Prefiero el status actual: todo el mundo sabe que si la Argentina quisiera, podría desarrollar una bomba y no lo hace. La primera ventaja es que no estamos invadidos por los Marines, y la segunda es que con tal de que sigamos sin hacerla, nuestra cancillería puede conseguir algunas concesiones.

, , dearias dijo

Es cierto, pero qué bien que lo terminó.

, , dearias dijo

El Petiso es complejo. Ni él mismo sabe lo que está pensando…

, , dearias dijo

Tenés razón. Pero mirá todo el blog y no sólo este artículo. Creo que los puntos a favor de la inversión científica del gobierno están bien anotados.

, , dearias dijo

Debo tener el original encarpetado en algún lado. Pero lo notorio -admito con pena- es que mi aviso futurológico no se cumplió: en aviación comercial, todavía sigue vigente el turbofan, que es más bien un enorme compresor entubado, no una hélice verdadera.

, , dearias dijo

Creo que los costos políticos y militares serían mucho más fuertes que las eventuales ganancias. Pero estoy totalmente a favor de que desarrollemos un submarino de propulsión nuclear. Si sumás las costas pampeanas, patagónico-fueguinas y antárticas, tenemos un litoral a custodiar casi infinito, en proporción a la población existente. Ah, además le provocaríamos veinte años de mala digestión a los kelpers, costo colateral que no me inquieta tanto, dado que esos vecinos sólo tienen petróleo imaginario y viven de la pesca, con la caída vertical de Europa, que incluye a Inglaterra, en un par de décadas se estarán quedando sin el paraguas militar de su Majestad. Serán súbditos muy caros de mantener, y tendrán que volver a conversar con nosotros con un tablero de ajedrez menos favorable que el de hoy. Son unos tontos en no negociar hoy, pero nadie está obligado a ser inteligente en política, y somos una muestra casi perfecta de ello.

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No sé cuál pregunta contestar primero, y la verdad tampoco sabría cómo contestarlas, je. Daniel

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Bueno, si el par de misiles del 25 de mayo de 1982 le hubieran dado al Hermes (estuvieron cerca de hacerlo), y si el ataque combinado FAA-CANA contra el Invincible hubiera tenido lugar al día siguiente, no tengo dudas de que ese invierno la guerra se paraba en Malvinas, y el barrio de la aviación de Córdoba empezaba a comerse misiles Trident con carga explosiva convencional. Digamos que en ese sentido la guerra estaba perdida antes de empezar, de modo que lo mejor hubiera sido no hacerla. Lo dice un ciudadano que reivindica soberanía sobre las Malvinas, y que cría hijos que también la reivindican, pero también les enseña que -salvo peligro de muerte- sólo hay que dar peleas que uno pueda ganar, y con la razón moral totalmente del lado propio. En ese sentido, me preocupa mucho que algunos de nuestros compatriotas sigan pensando en expulsar a los kelpers, el día que eso sea política, militar y económicamente viable. Sinceramente, preferiría que se queden adonde están desde hace 2 siglos, y manejando por la izquierda y hablando inglés, pero aceptando que van a tener que convivir de algún modo con una administración argentina.

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Te lo dice otro zorro canoso, el Petiso es un ser complejo, y ni él mismo sabe lo que está pensando. Pero si tuviéramos cien como él, este país sería Canadá, en nivel de vida y desarrollo.

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Federico, léalo de nuevo y con menos desconfianza: todo mi blog es un elogio del renacimiento de las áreas nuclear y espacial, incluyendo la radarística, todo obra EVIDENTE del gobierno surgido en 2003. ¿O alguien puede pensar que estoy elogiando a De la Ruina? ¿O a Duhalde? Y si todavía no pongo elogios en lo que esté en cocina en biotecnologías, es porque no me llegó información por parte del Ministerio de lo que se hace esos lares del conocimiento. Con la vaca que da leche maternizada todavía no me da para alharaca. Ahora que si logran convencer a una vaca, oveja o ratón para que secrete leche con tPA o alguna hormona del sistema inmune, ahí barajamos y volvemos a dar. ¿CAREM en Mendoza? No lo veo. Una tecnología todavía experimental en un sitio tan sísmico… Hmmm… Desde ya que el CAREM me merece mucha confianza, por su formidable batería de defensas pasivas en profundidad, y eso en forma casi independiente del siting. ¿Pero por qué hacérsela tan difícil, en términos políticos, a la CNEA y tan fácil a los antinucleares? Por ahora me conformo con el proyecto actual: el de 25 megas en Lima, y luego otro de 200 o cifra cercana en la llanura chaqueña, sitios sismológicamente “very safe”.


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