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El poder económico no condicione la ciencia para lucrar

El Papa recibe en el Vaticano al comité italiano de bioseguridad y biotecnología

10 abril 2017

(ZENIT – Ciudad del Vaticano, 10 Abr. 2017).- La ciencia y la tecnología está puesta al servicio del hombre, no el hombre para la ciencia y la tecnología. Y cuando hay una relación estrecha entre tecnología y poder económico, el peligro es que se condicione estilos de vida para favorecer el lucro de grupos industriales, dañando a las poblaciones más pobres.

El Papa Francisco hizo estas consideraciones al recibir este lunes al Comité nacional de bioseguridad y biotecnología y las ciencias de la vida, del gobierno de Italia, al recibirlos en el Vaticano en la Sala de los Papas.

Vuestra tarea, dijo el Sucesor de Pedro, es importante para hombre contemporáneo, sea como individuo que en la sociedad y la familia, pero también a nivel internacional para el cuidado de la creación, sin olvidar el texto bíblico que nos invita a custodiar el jardín del mundo, en una relación de reciprocidad responsable entre el ser humano y la naturaleza.

Entretanto advirtió el Papa, ustedes tienen que “prevenir las consecuencias negativas que puede provocar un uso equivocado del conocimiento y de las capacidades de manipulación de la vida”.

“El principio de responsabilidad -prosiguió el Pontífice- es un eje imprescindible para la actuación del hombre, que de sus propios actos y omisiones debe responder delante de sí mismo, de los otros y al final ante Dios”.

El riesgo es que no se advierta plenamente la seriedad de los desafíos que se presentan. Y cuando “la relación ente poder tecnológico y poder económico se vuelve más estrecho, entonces los intereses pueden condicionar los estilos de vida y las orientaciones sociales en la dirección del lucro de ciertos grupos industriales y comerciales, dañando a las poblaciones y a las naciones más pobres”.

El Papa concluyó sus palabras señalando que “la ciencia y la tecnología es hecha para el hombre y para el mundo, y no el hombre y el mundo para la ciencia y la tecnología”. Deseó además que estas “estén al servicio de una vida digna y sana para todos, en el presente y en el futuro, y vuelvan nuestra casa común mas habitable y solidaria. Les invitó también a individuar estrategias de sensibilización de la opinión pública sobre estos temas.

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Clonación y sus consecuencias

Posición de diferentes religiones ante la clonación

Por: ZENIT | Fuente: zenit.org

Líderes de religiones condenan el experimento de clonación
«Son aprendices de brujo que no saben dónde irán a parar»

Los representantes de las diversas religiones se han expresado sobre el anuncio de un experimento de clonación humana realizado por la empresa estadounidense «Avanced Cell Technology».

La Iglesia Ortodoxa, al condenar la clonación de seres humanos, evoca «crímenes contra la humanidad de marca nazi».

«La destrucción de un embrión equivale a un aborto, es decir un homicidio», afirmó el padre Antoni Ilin, portavoz del Patriarcado de Moscú y de todas las Rusias.

«Condenamos la clonación humana, tanto con fines terapéuticos como reproductivos. El embrión, desde el momento de su concepción está revestido de la dignidad humana y bendecido con el don de la vida. La llamada clonación terapéutica no es otra cosa sino la peor instrumentalización de un ser humano, sacrificado en provecho de otros».

Por su parte la Unión de las Comunidades Islámicas en Italia ha dicho: «Condenamos de modo neto y absoluto cualquier intento de modificar o imitar la creación».

«Incluso si dicen que no pretenden la clonación reproductiva sino la terapéutica –ha dicho el secretario, Roberto Hamza– son aprendices de brujo que no saben donde irán a parar: es un desafío contra Dios que llevará a desastres graves».

Por su parte el nuevo rabino jefe de Roma, quien además es médico (jefe de Departamento de Radiología), Riccardo Di Segni, ha declarado seguir «con gran atención todos los avances relativos a las técnicas de procreación y las posibles aplicaciones en el campo humano. Se abren escenarios angustiosos, difíciles de controlar por lo que es necesaria extrema cautela».

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Estudio neurológico recoge efectos positivos en una semana de retiro con misa, silencio y adoración

Los retiros son emocionalmente positivos

Este descubrimiento nos ayuda a entender que los retiros resultan ser, una experiencia emocionalmente poderoso y positiva.


Por: Redacción | Fuente: Religión en Libertad

Un estudio basado en tomografías y cuestionarios a 14 participantes en un retiro ignaciano de una semana, con misa diaria, silencio, adoración y meditación reflexionando temas, y un encuentro diario con un orientador, muestra que esta práctica tiene efectos positivos constatables a nivel neurológico.

El estudio lo realizaron investigadores del Instituto Marcus de Salud Integrativa en la Universidad Thomas Jefferson de EEUU, y se publicó en la revista científica “Religion, Brain & Behavior”.

Se analizó a un grupo de 14 voluntarios de 24 a 76 años en un retiro ignaciano de una semana observado por los investigadores. Se utilizaron tomografías computarizadas de emisión de fotón único de DaTscan (SPECT) en los participantes, y se les pidió rellenar una encuesta al finalizar el retiro.

El retiro seguía la estructura básica de los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola, en su versión de una semana: una misa cada mañana, pasar la mayor parte del día en contemplación silenciosa, adoración y reflexión y acudir a una reunión diaria con un orientador espiritual.

Mejora la dopamina y serotonina

El estudio constató que hay cambios en los niveles de dopamina y de serotonina en el cerebro de los participantes en esos siete días. Se observaron disminuciones significativas en la unión del transportador de dopamina en los ganglios basales y disminuciones significativas en la unión del transportador de serotonina en el mesencéfalo después del retiro.

También se constataron cambios significativos en una serie de medidas psicológicas y espirituales. El estudio mostraría por primera vez los efectos neurofisiológicos, en particular los relacionados con la dopamina y la serotonina, que un retiro de siete días desencadena en los participantes.

Algunos neuropsiquiatras apuntan que la dopamina facilita sentimientos como el amor y otros que generan bienestar, placer. Por su parte, cuando falta la serotonina muchas personas declaran sentir soledad e incluso depresión.

Los retiros son emocionalmente positivos

“Dado que la serotonina y la dopamina forman parte del sistema de recompensa y de los sistemas emocionales del cerebro, este descubrimiento nos ayuda a entender por qué estas prácticas (retiros) resultan experiencias emocionalmente poderosas y positivas” para las personas que las viven, explica Andrew Newberg, MD, Director de Investigación del Instituto Marcus de Salud Integrativa, en un comunicado.

Exploraciones posteriores realizadas a los participantes en el retiro revelaron disminuciones en el enlace transportador de dopamina (5-8 por ciento) y en el transportador de serotonina (6,5 por ciento), lo que podría hacer que más neurotransmisores estuvieran disponibles para el cerebro.

Esto se asocia con emociones positivas y vivencias espirituales. En particular, la dopamina es responsable de mediar en la cognición, la emoción y el movimiento, mientras que la serotonina está involucrada en la regulación emocional y el estado de ánimo.

Los participantes en el estudio respondieron a una serie de encuestas que mostraron mejoras significativas en su percepción de salud física, tensión y fatiga. También informaron de un aumento de los sentimientos de trascendencia que se correlaciona con el cambio en la dopamina vinculante

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¿Qué causa exactamente la mejoría?

Los resultados, aunque preliminares, sugieren que estos retiros pueden tener un impacto a corto plazo en la dopamina del cerebro y en la función de la serotonina, y que esto podría relacionarse con diversas reacciones emocionales y espirituales.  “De alguna manera, nuestro estudio plantea más preguntas de las que responde”, dijo Newberg. “Nuestro equipo está intrigado respecto a qué aspectos del retiro causaron los cambios en los sistemas de neurotransmisores y si diferentes retiros producirían resultados diferentes.” Espero que los estudios futuros puedan responder a estas preguntas”, concluyó.

Referencia: Effect of a one-week spiritual retreat on dopamine and serotonin transporter binding: a preliminary study. Religion, Brain & Behavior, Pages 1-14. DOI:http://dx.doi.org/10.1080/2153599X.2016.1267035 y Tendencias21.net para el texto en español.

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Venciendo el Cáncer.

Fe y “familiaterapia” para vencer al cáncer

La palabra cáncer dispara las alarmas, el apoyo de familia y amigos, en conjunto con la Fe, transforman la enfermedad.

Por: Redacción | Fuente: Revista Misión

La palabra cáncer dispara las alarmas. Sin embargo, en paralelo a la vía médica, la aceptación y la fortaleza sostenidas en Dios, unidas al apoyo de familiares y amigos, pueden transformar la enfermedad en una lección de vida.

Cristina, con 40 años, fue diagnosticada de un agresivo cáncer de colon con metástasis en el hígado. Recibió la noticia al poco de nacer su segunda hija, así que la alegría por el nacimiento se fundió con el mazazo del diagnóstico. “Antes de quedarme embarazada –explica– me detectaron una anemia muy fuerte, pero apenas me dio tiempo a hacerme pruebas cuando me enteré del embarazo. Según avanzaba la gestación, el malestar era mayor”.  Tras dar a luz se sintió tan débil “que cada día pensaba: ‘literalmente, hoy me muero’”, cuenta. Un chequeo para saber qué le sucedía reveló la enfermedad.

El mejor aliado


Al cansancio por la enfermedad y al miedo tras el diagnóstico se sumó la impotencia de no poder ocuparse de su recién nacida. En medio de este difícil proceso, recibió la mejor ayuda antes de su primera operación. “La tía de mi marido –relata– me trajo un sacerdote al hospital, que me dio la Unción de los Enfermos. Después de recibir el sacramento, sentí una paz muy grande, justo antes de entrar en quirófano”. Tras la intervención empezó a recibir varios tipos de quimioterapia y, más tarde, entró a formar parte de un ensayo clínico. Hoy, dos años y medio después, Cristina no pierde su sonrisa y afronta su día a día con tranquilidad:  “No es un camino fácil y hay muchos días que no me levantaría de la cama”, reconoce. Pero destaca que la oración se ha convertido en su aliado más poderoso:  “Es como si Dios me hubiera dado esta oportunidad para que mi historia ayude a otros”. Hoy continúa con medicación y vive cada momento como un regalo. “He aprendido a disfrutar de estar con mis hijos y a exprimir cada momento a su lado”, recalca esta madre luchadora.

La clave es la aceptación


En 2015 fueron diagnosticados casi 248.000 nuevos casos de cáncer en España, según el último informe de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). Una cifra que supone 32.000 casos más que en 2012, e implica que 1 de cada 2 hombres y 1 de cada 3 mujeres padecerán cáncer a lo largo de su vida. Sin embargo, “no hay que tener miedo, porque cualquier adversidad nos puede hacer mucho bien aunque en sí sea algo malo”, afirma la doctora Rafaela Santos, neuropsiquiatra y presidenta del Instituto Español de Resiliencia. Ella fue diagnosticada, hace unos meses, de cáncer de pulmón, lo que le ha servido para contemplar la vida con otra mirada: “La enfermedad –dice– me ha enseñado a vivir con menos prisas y con el deseo de que nada desplace a Dios del centro de mi vida”. La doctora Santos ha pasado de ayudar a otros enfermos a vivir la enfermedad en primera persona, y por eso matiza que “cuando dejas de tener miedo al miedo, te haces más fuerte”.
Esta psiquiatra granadina, autora de Levantarse y luchar (Editorial Conecta, 2013) resalta que ser feliz no es tener una vida libre de problemas, sino encontrarles sentido: “El sufrimiento es algo que no podemos evitar y es necesario para crecer. Estadísticamente, está comprobado que a lo largo de la vida todos vamos a sufrir, al menos, dos o tres acontecimientos potencialmente traumáticos”. Y la confianza en que podemos salir adelante, contando también con la gracia de Dios, es fundamental para lidiar esas batallas, “cambiando el ‘¿por qué me ocurre esto?’, por el ‘¿para qué?’”.

Más casos, más curaciones


¿A qué se debe el actual incremento de los casos de cáncer? Según los expertos, la respuesta es aún incierta, aunque sí se han detectado cuatro factores que influyen en la escalada de este diagnóstico: “El envejecimiento de la población; factores de riesgo cada vez más presentes en la sociedad; unas técnicas de diagnóstico cada vez más precisas; y una mayor conciencia social, gracias a la cual, cuando la gente siente algo, va más rápido al médico”, afirma el doctor Javier Cortés, jefe de la Unidad de cáncer de mama y tumores ginecológicos del Servicio de Oncología del Hospital Ramón y Cajal. Además, el incremento en los diagnósticos va de la mano con el aumento de curaciones, sobre todo en los cánceres más comunes, como el de mama o colon, según el informe de la SEOM.

Datos como estos dan esperanza a pacientes como María Dolores, a quien detectaron un cáncer de ovario en estado muy avanzado hace cuatro años. En esta madre y abuela de 73 años, lo que parecía una simple molestia en la vejiga se tradujo en un tumor maligno. Los especialistas no albergaban grandes esperanzas de supervivencia: la enfermedad había avanzado tanto que necesitaba de un tratamiento fuerte de quimioterapia para reducir el tumor y poder operarla. “La noticia cayó como un jarro de agua fría en la familia”, recuerda con lágrimas en los ojos.

Vivir con limitaciones


Tras dos cirugías y numerosos ciclos de quimioterapia, le ha plantado cara a la enfermedad con serenidad y fe. “Hay días mejores y otros muy malos, pero tengo que seguir batallando. Si Dios me tiene todavía aquí será porque hago falta y todavía mi misión no se ha cumplido”, dice.
El cansancio es el síntoma que más destacan los enfermos de cáncer. “Un cansancio –aclara María Dolores– con el que cuesta convivir. La enfermedad me ha cortado las alas, pero, poco a poco, he aprendido a vivir con limitaciones. Dios, y toda la gente que reza por mí, me dan la fuerza para encontrar alegría en la lucha”. Esta abuela, en plena carrera de fondo, defiende que ante los problemas “podemos optar por revelarnos contra la realidad o intentar superarlos dándoles un sentido”. En su caso, “la fe es mi llave maestra para encontrar la paz. Y el apoyo de toda mi familia ha sido fundamental”, finaliza.
Cristina, Rafaela y María Dolores coinciden en que, gracias a su combate contra el cáncer, afrontan ahora la vida con una mirada más nítida, que les permite contemplarla como lo que es: un regalo. La enfermedad se ha convertido en su viaje más desafiante; y la fe y el cariño de los suyos, en sus mejores apoyos.

Yo estoy sujeta al Rosario
El cáncer no solo cambia la vida del paciente, sino también la de toda la familia. Lo sabe bien Ana. Su hermana fue diagnosticada de cáncer de mama, y unos meses después, a su madre le detectaron un cáncer de pulmón con metástasis cerebral. “Cuando aparece esta enfermedad en casa es como si te llegara un tsunami de dolor, que a su vez es atacado con otro tsunami, más poderoso aún, de oración y de amor”, subraya Ana. Su madre lleva cuatro operaciones y continúa batallando. Una lucha en la que “el rezo del Rosario en familia y ponernos mi madre y yo en silencio delante del Sagrario nos proporciona una tranquilidad y una paz inmensas”, recalca. Aunque la batalla continúa, esta situación ha servido a toda su familia para “aprender a vivir de verdad”, a hablar de las cosas importantes, y “a escuchar, no solo al que está enfermo, sino a todos los que están a mi alrededor”, concluye Ana.

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La píldora del día después es causa de aborto

Un anticonceptivo es un producto que impide la concepción.

Por: Anna Fusina | Fuente: ZENIT Roma

Un estudio conducido por un grupo de científicos españoles guiados por el doctor Emilio Jesús Alegre del Rey y publicado por el European Journal of Clinical Pharmacy reitera el potencial efecto abortivo del Levonorgestrel, la píldora del día después.

El doctor Alegre del Rey es farmacéutico en el Servicio de Farmacia del Hospital Universitario Puerto Real, en Cádiz, España, y realiza estudios desde hace varios años sobre la llamada “anticoncepción de emergencia”.

¿Cuándo comienza la vida?
— Doctor Alegre del Rey: Comienza en la concepción, cuando el espermatozoide y el óvulo forman el cigoto. Esta es una observación científica.

Se dice que el embarazo empieza con la implantación del embrión en el útero. ¿Se manipula el lenguaje para esconder la realidad?

— Doctor Alegre del Rey: Sí. Por ejemplo, se ha repetido hasta la saciedad que la píldora del día después no es abortiva. Para afirmar esto, se supone que el aborto pone fin al embarazo y que este empieza en el momento de la implantación del embrión en el útero. Pero esto es un sutil juego de palabras, que oculta la realidad.
En primer lugar, no es que el embarazo empiece en el momento de la implantación, es que es a partir de ahí cuando es posible detectarlo. Pero en segundo lugar, y más importante todavía, lo que es éticamente relevante no es poner fin a un embarazo, sino poner fin a la vida de un ser humano.  Por tanto, lo que cuenta no es cuándo queremos decir que empieza el embarazo, sino cuándo empieza la vida humana. La manipulación del lenguaje tiene mucho de “magia”: desvía la atención de los oyentes con el fin de que no miren el punto clave de la cuestión. Tertuliano, ya en el siglo III, dijo: “Homo est qui futurus est” (si será humano, ya lo es). Curiosamente, es interesante notar que esta simple y sabia observación es también un principio fundamental de la embriología del siglo XXI.

¿El Levonorgestrel, la llamada “píldora del día después” reduce los embarazos en más del 80% cuando se toma tres días después de la relación sexual? ¿Cuáles son las conclusiones de su estudio?

— Doctor Alegre del Rey: Nuestro estudio se concentra en el mecanismo de acción del Levonorgestrel. Hemos comparado los datos procedentes de distintos estudios que han sido publicados, aplicando una análisis cuantitativo. El resultado muestra que en la mitad de los casos en que los embarazos fueron impedidos por el Levonorgestrel, hubo fecundación, hubo concepción del embrión, pero la carga hormonal de la píldora impidió al embrión continuar su proceso de desarrollo, su vida.

La píldora del día después es catalogada como medio de anticoncepción de emergencia. Esto es lo que dicen los medios y la versión científica “oficial”…

— Doctor Alegre del Rey: No hay una versión científica “oficial”, sino diversas publicaciones sobre el tema. En la ficha técnica original del Levonorgestrel, al principio era reconocido también este efecto de impedir la implantación. Dos trabajos científicos apuntaban en la misma dirección  (Fertil Steril. 2007 Sep;88(3):565-71. Epub 2007 Feb 22; Ann Pharmacother. 2002 Mar;36(3):465-70). Después se difundió una nueva versión del productor y el posicionamiento de la FIGO (Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia), que no es independiente. Este último posicionamiento, que negó el efecto abortivo, se basó en datos procedentes de estudios en animales, cuyo ciclo hormonal no tiene nada que ver con el de la mujer, y sobre un estudio sobre mujeres sin validez estadística.
Hemos demostrado que, con las evidencias actuales, nadie puede continuar negando el efecto contragestivo, abortivo, de esta píldora. Un anticonceptivo es un producto que impide la concepción. En el caso del Levonorgestrel, es verdad, pero es solo una media verdad, literalmente. En la otra mitad de los casos, su efecto se ejerce impidiendo a un embrión ya existente continuar su desarrollo y su vida. Este efecto se denomina “contragestivo”, una palabra que pocas personas conocen.

Por tanto, tomando Levonorgestrel se pueden producir abortos embrionarios. ¿Por qué los medios no dicen nada sobre esto?
— Doctor Alegre del Rey: La desinformación crea una falsa sensación de seguridad. Se omiten informaciones clave para los usuarios, que tienen el derecho de conocer el potencial efecto abortivo de esta píldora. El motivo por el que no se difunde esta información creo que es en parte comercial y en parte ideológico. Se da por hecho que las mujeres no necesitan saber aquello que a ellas no les interesa saber. Sin embargo, en un estudio del equipo de Jokin de Irala realizado con mujeres españolas, se les preguntó si tomarían la píldora sabiendo que era abortiva. La mayor parte de las mujeres dijo que no. Las mujeres que inconscientemente toman ese producto y descubren después que se trata de un abortivo, pueden sentirse engañadas y cargadas injustamente con este problema en su conciencia.
Cuando la píldora se comercializó hubo un notable rechazo; la ficha técnica del Levonorgestrel no omitía el posible efecto anti-implantatorio, por tanto, abortivo. Así, el producto tuvo mucha dificultad para ser difundido, y también para ser aprobado en países que protegen la vida humana desde el inicio, como en Hispanoamérica. Los productores, por tanto, usaron más tarde la estrategia de negar el efecto abortivo, y fue modificada la ficha técnica del Levonorgestrel.
Ahora, también los productores de otro “anticonceptivo de emergencia”, el Ulipristal acetato (EllaOne, la llamada “píldora de los cinco días después”) parecen haber aprendido la lección, y niegan que tenga un posible efecto abortivo. Sin embargo, es evidente que lo tiene, impidiendo el embarazo incluso si se toma cinco días después de la relación. Hace falta solo un poco de sentido común para darse cuenta que no es creíble que tenga solamente efecto anticonceptivo.

También para el personal sanitario es necesaria una cuidada y completa información sobre estas píldoras…
— Doctor Alegre del Rey: Cierto. Para tomar cualquier decisión ética, sea individual o colectiva, es esencial primero tener las mejores informaciones científicas sobre el problema, sin prejuicios de ningún tipo. El personal sanitario lo necesita por dos motivos: para informar correctamente a los usuarios y para tomar las propias decisiones éticas y, si es necesario, presentar objeción de conciencia. De esto era muy consciente el genetista francés Jerome Lejeune: una buena ética surge de la mejor información científica disponible. Esta es la razón de nuestro trabajo. Tenemos que aportar información libre de condicionamientos comerciales, ideológicos o de otros tipos, ni en un sentido ni en el otro. En nuestro equipo colaboran investigadores de distintos puntos de vista, pero todos buscamos mostrar la realidad, con el método científico.

La píldora del día después es utilizada principalmente por adolescentes, incluso varias veces. ¿Cuáles son las consecuencias y los riesgos?
— Doctor Alegre del Rey: Los estudios clínicos sobre esta píldora no los ha hecho la industria farmacéutica, sino la Organización Mundial de la Salud, con dinero público. Se pensó que podía utilizarse habitualmente, pero los estudios de seguridad con administración continuada fueron desastrosos: frecuentes y graves trastornos menstruales, dolor de cabeza, problemas vasculares…
Lógico, porque para obtener el efecto deseado con una sola dosis, estas píldoras contienen una cantidad de hormonas 10-20 veces superior a la píldora anticonceptiva diaria. Por eso, la píldora del día después fue lanzada para uso excepcional. Quien usa repetidamente esta píldora se expone a un riesgo serio. Lamentablemente en algunos países este producto ha sido aprobado también sin receta médica.
Quiero también comentar que el uso de la píldora del día después no reduce los embarazos no deseados o los abortos en términos reales. Se ha demostrado en numerosos estudios en varios países, con elevado nivel de evidencia.

La publicación de su estudio fue rechazado por varias revistas científicas ¿verdad?

— Doctor Alegre del Rey: Los primeros rechazos nos estimularon a mejorar el artículo, la forma de exposición de los resultados. Pero nos sorprendimos un poco de que otro estudio previo, con conclusiones contrarias, pero sin un elemental análisis estadístico, fue publicado sin problemas. Hemos hablado con otros grupos de investigación que han tenido complicaciones como las nuestras cuando las conclusiones de su estudio no eran “políticamente correctas”. En realidad, ha habido dificultades en todas las épocas. Aún así, esto es ciencia, y afortunadamente hay revistas que examinan solo la calidad científica de lo que se les envía. De hecho, recientemente se ha aceptado una aplicación de nuestro mismo análisis en otra revista. No se puede tapar el sol con un dedo.

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¿Te irritan las personas tóxicas?

| Abr 01, 2017

Centro Nagual Madrid-CC

Vivir con alegría la debilidad de los que me rodean lo cambia todo, pero ¿cómo lograrlo?

Me cuesta a veces entender que desde mi carencia y desde mi pecado pueda construir una obra de arte. No lo hago yo solo. Él lo hace conmigo. Él en mí.

Y mi herida es el espacio abierto, la gruta en la que yace mi cuerpo muerto, y de donde brota la vida. No niego mi herida. No la oculto. También me cuesta creer que las carencias y debilidades de los que tengo más cerca me complementen y enriquezcan.

¿Cómo puede ser eso posible? Si vivo clamando al cielo por los defectos ajenos. Criticando, juzgando. Y reclamando a Dios por las injusticias que sufro a causa de la debilidad de los hombres… Cuando experimento con dolor la carencia del que me ama, de aquel a quien yo amo, sufro.

Y no sólo experimento el dolor, también me entristece la carencia de lo que no recibo. Me duele esa fragilidad humana que entorpece mis pasos y no me deja ser mejor. ¿Cómo se puede hacer para que la debilidad de los demás sea un bien en mi vida? Es un milagro.

Pero vivir con alegría la debilidad de los que me rodean me hace cambiar. Amarlos débiles, quererlos frágiles. Abajarme a esa lucha que ellos sostienen contra su propio pecado. En ese gesto hondo de amor yo aprendo tolerancia, paciencia y alegría. Al final me enriquezco, cambio yo y aprendo a amar. Y al amarlos, cambian ellos.

¡Qué difícil me parece vivir con paz las heridas de los otros! Tal vez necesito cambiar mi mirada que brota de mi corazón herido, duro, rígido. Una nueva visión del mundo, del corazón humano. Necesito un corazón más paciente, más transigente, más libre, más blando.

Sé que una cosa es mi firme propósito de amar bien, de liberar a quien amo de su culpa, de sostenerlo cuando se reconoce frágil ante mí. Pero muchas veces compruebo mi propia herida. Veo que de mi interior brotan sombras oscuras. No acabo de conocerme. Y me confronto con sentimientos que no quiero.

Leía el otro día: “Todo hombre se lleva a sí mismo adondequiera que vaya. En todo momento llevamos nuestros aspectos sombríos con nosotros. Participan de todos nuestros actos y a menudo los determinan aun en contra de nuestros propósitos. Deseamos amar a todos los seres humanos. Pese a la firme voluntad de querer bien a todos los hombres, nos comportamos con impaciencia, rechazo o agresividad. A menudo nos sorprenden nuestras reacciones, pues nos negamos a reconocer el origen de nuestro comportamiento. Así es que muchas veces no vemos en nosotros lo que otros sí perciben a través de nuestros actos, y es que estamos marcados por nuestros aspectos sombríos”[1].

Quiero hacer el bien, quiero amar bien, acoger con alegría al que cae, perdonar al que me hiere, ser paciente con el que no actúa como yo espero.

Quiero entender que en los defectos de los que me rodean se encuentra el amor de Dios, oculto, escondido. Ese amor que viene a mí a desinstalarme de mis pretensiones. A confrontarme con los pecados de los demás, para que vea en ellos mi propio pecado. A desvelarme mi fragilidad.

Y mostrarme el camino que he de recorrer para que, al querer al que no me sabe querer, aprenda yo a querer como Jesús me quiere. Me hace ver mi debilidad para entregarme sin freno al que no es como yo quiero que sea. Me siento muy frágil. Tropiezo con mi indigencia. Me cuesta ver en las carencias de los demás mi camino de santidad.

¿Qué hago yo por acoger y ayudar al que no se comporta como yo creo que se debería comportar? Surgen mis propias sombras, mi pecado, juzgo y exijo. Me cuesta aceptar la lentitud del que me ama, su torpeza, su incapacidad para demostrarme su amor.

Exijo otras actitudes. Le pido que cambie. Surgen en mí la impaciencia, el rechazo, la agresividad. Sus olvidos y negligencias me duelen. Sus torpezas para vivir la vida a mi lado. No quiero ser un educador que corrige siempre. Pero acabo resaltando con violencia lo que los demás no hacen bien.

Quiero aprender a vivir las carencias de los demás sin juzgarlas. Quiero dejarme educar por sus debilidades. Y así reconocer mi propio pecado.

Decía Damián Karo: “Es momento de plantearnos: dejar la lupa y tomar el espejo. Nos molestan muchas cosas de los demás. Dejemos la lupa que examina a los otros constantemente y tomemos el espejo para ocuparnos de nosotros. Esto, a su vez, nos ayudará a que veamos de mejor modo a los demás. Podríamos pensar que de esa manera nada va a cambiar en el mundo; sin embargo va a cambiar todo en nosotros. Cuando algo de otro nos molesta y afecta tanto, es porque lo que estamos viendo es la devolución de nuestra imagen reflejada.

El espejo me permite mirarme como soy. Y ver mi pecado, mi lado sombrío, mi fragilidad, mi propia muerte. No me entristezco. Me da ánimo para luchar. Dios me quiere como soy.

Decía el padre José Kentenich: “Hoy en día es muchísimo lo que se juega para el hombre, en el hecho de que aprendamos nuevamente a presentarnos ante Dios tal como somos. ¡Fuera con el velo! ¡Fuera con la máscara! Mostrarnos ante el rostro de Dios en total desnudez. En la imagen de Pablo: cuando soy débil, entonces soy fuerte”[2].

Me miro en mi desnudez. En mi fragilidad. Entonces la fragilidad del otro me afecta menos. Porque yo mismo en el espejo veo mi desnudez imperfecta. Y me siento pequeño al lado de lo que sueño y anhelo.

Me desnudo a los ojos de Dios, sin miedo, sin pudor. Dios me quiere así. Débil, inmaduro, torpe, incapaz, voluble, inconstante. Claro que desea que crezca, que ame mejor, que sea más feliz. Pero constatar su amor incondicional por mí, me da fuerzas.

[1] Franz Jalics, Ejercicios de contemplación, 52

[2] J. Kentenich, Textos pedagógicos

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misericordia

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Los hechos y no la ideología de género determinan la realidad

Por: Nicolás Jouve de la Barreda | Fuente: bioeticaweb.com

Hace unos meses conocíamos un importante, extenso y documentado informe del ámbito de la psiquiatría, firmado por los americanos Paul R. McHug y Lawrence S. Mayer, titulado “Sexualidad y género. Conclusiones de la Biología, la Psicología y las Ciencias Sociales”. Este informe fue publicado en la revista americana de tecnología y sociedad The New Atlantis [1].

En el informe se señala que algunas de las afirmaciones más frecuentemente oídas sobre sexualidad y género carecen por completo de evidencia científica y que la orientación sexual y la identidad de género se resisten a cualquier explicación teórica simplista. El informe de los Dres. Paul R. McHug y Lawrence S. Mayer es concluyente: las pruebas científicas no respaldan la visión de que la orientación sexual es una propiedad innata y biológicamente fija del ser humano (la idea de que los individuos “nacen así”). El informe revela además que existen índices más altos de problemas de salud mental en poblaciones de personas que se definen como lesbianas, gays, bisexuales o transexuales (LGBT), y se pregunta sobre la base científica del tratamiento de los niños que no se identifican con su sexo biológico. Cada una de las conclusiones del informe está basada en la evidencia científica existente desde los distintos campos de investigación que confluyen en este campo, multidisciplinar, incluyendo la epidemiología, la genética, la endocrinología, la psiquiatría, la neurociencia, la embriología, la pediatría, la psicología y la sociología.

Los primeros interesados en tener en cuenta este documento deberían ser aquellos a los que se les llena la boca con la defensa de los intereses sociales. Es decir, a nuestros políticos nacionales y autonómicos, que en una delirante carrera por apuntarse a lo postmoderno, y dedicados al corto y pego y a la imitación demagógica de ver quién da más, llevan tiempo dedicados a legislar sin reparar en las consecuencias para las personas y la sociedad en su totalidad y desde luego al margen de la ciencia, y a aprobar unas leyes contra la vida, la familia y la salud.

La imposición de la “ideología de género” desde las administraciones públicas españolas, a través del sistema educativo y mediante duras sanciones económicas, es ya una realidad operativa en buena parte del territorio nacional, siendo ya once de las 19 autonomías las que han aprobado leyes en ese sentido en los últimos años.

A la hora de legislar en este tema se ignoran los datos de la ciencia, como se ignoraron antes de la implantación de la ley del aborto. Allí se ocultó la realidad de que el ciclo vital de un ser humano empieza tras la concepción y que, una vez terminada ésta, estamos ante una nueva vida que, en contra de lo legislado, debería ser protegida como lo que es, una realidad humana en sus primeras fases de desarrollo. Aún tenemos que oír que la Ley del Aborto de 2010 ha supuesto una reducción del número de abortos, simplemente porque desde 2009 a 2014 se ha pasado de 111.482 abortos a 98.144, sin reparar en factores como el descenso general de la natalidad, la disminución de emigrantes y el sórdido hecho de que antes de 2010 los abortos eran justificados mayoritariamente por una falsa alegación a los riesgos para la salud física o la vida de la embarazada y tras la Ley de 2010, 9 de cada 10 abortos se realizan “a petición de la mujer” y sin aducir ningún tipo de causa.

Más recientemente se ha hecho público otro informe, muy importante y que debería ser inexcusablemente tenido en cuenta antes de deslizarse por la pendiente de la ingeniería social a favor de la ideología de género. En este caso, son sus autores los pediatras Michelle A. Cretella y Quentin Van Meter, presidente y vicepresidente, respectivamente, del Colegio Americano de Pediatría y el psiquiatra Paul McHugh. El informe se ha hecho público a través de la web del Colegio Americano de Pediatría y del mismo se ha adelantado un resumen estructurado en 8 puntos, por el que se insta a educadores y legisladores a rechazar todas las políticas que condicionan a los niños a aceptar como normal una vida de suplantación química y quirúrgica del sexo opuesto. En él se afirma que “los hechos –no la ideología– determinan la realidad” [2].

En este informe se señalan puntos tan obvios como que la sexualidad humana es un rasgo biológico binario objetivo: “XY” y “XX” son marcadores genéticos de varón y mujer, respectivamente, no marcadores genéticos de un trastorno. La sexualidad humana es binaria por diseño con el propósito obvio de la reproducción y el florecimiento de nuestra especie. Nadie nace con un género. Todo el mundo nace con un sexo biológico. El género (conciencia y sentido de uno mismo como hombre o mujer) es un concepto sociológico y psicológico; no una realidad biológica. Una persona que cree que él o ella es algo que no es, en el mejor de los casos, muestra un signo de pensamiento confuso [3]. La pubertad no es una enfermedad y el bloqueo de la pubertad mediante hormonas puede ser peligroso. Es importante la afirmación de que el 98% de los casos de confusión de género en niños y el 88% en niñas es transitorio, y finalmente aceptan su sexo biológico después de pasar de forma natural su pubertad [4]. Por ello, el forzamiento de cambio de sexo mediante hormonas (testosterona y estrógenos) en los niños y niñas que tienen esa confusión transitoria es un error, ya que estos tratamientos están asociados a peligrosos riesgos para la salud, que incluye, entre otros, presión arterial alta, coágulos sanguíneos, accidente cerebro-vascular y cáncer. En el mismo informe se reitera que los índices de suicidio son 20 veces mayores entre los adultos que usaron hormonas y se sometieron a cirugía de reasignación de sexo y califica de “abuso infantil” el adoctrinamiento de los niños en la creencia de que la suplantación química y quirúrgica del sexo opuesto es normal y saludable.

Este importante informe del Colegio de Pediatría de EE.UU plantea una inquietante pregunta que deberían responder los responsables políticos que han respaldado leyes como la de ?Protección integral contra la LGTBIfobia y la discriminación por razón de orientación e identidad sexual en la Comunidad de Madrid?, o cualquiera otra de las ya vigentes en España: ¿Qué persona razonable y compasiva condenaría a los niños a los peligrosos riesgos para su salud de los tratamientos de cambio de sexo, sabiendo que después de pasar de forma natural su pubertad el 88% de las niñas y el 98% de los niños terminarán aceptando su sexo biológico?

Bien está el objetivo de establecer un marco normativo adecuado para garantizar el derecho de toda persona a no ser discriminada por razón de su orientación sexual o identidad y/o expresión de género. Pero téngase en cuenta lo señalado en estos importantes informes a la hora de aplicar leyes que, bajo la apariencia de garantía de un tratamiento adecuado en materia de salud, acepta decidir a someter a terceras personas (caso común tratándose de menores) a tratamientos hormonales o quirúrgicos, bajo el señuelo de que lo contrario coartaría su libertad de autodeterminación de género. Si bien todo profesional de la salud o que preste sus servicios en el área sanitaria está obligado a proyectar la igualdad de trato a las personas LGTBI, por encima de ello debe conocer y aplicar los principios deontológicos propios de su profesión, que en el caso de España están claramente expresados en el art. 5.3, del Código de Deontología Médica, actualizado en julio de 2011: “La principal lealtad del médico es la que debe a su paciente y la salud de éste debe anteponerse a cualquier otra conveniencia”.


[1] Mayer, L.S., McHugh, P.R. (2016). “Sexualidad y género. Conclusiones de la Biología, la Psicología y las Ciencias Sociales”. The New Atlantis, 50 (Otoño 2016)
[2] Informe del American College of Pediatricians. Publicado en la Web Acpeds.org el 17 de Agosto de 2016.
[3] Zucker, Kenneth J. and Bradley Susan J. “Gender Identity and Psychosexual Disorders.” FOCUS: The Journal of Lifelong Learning in Psychiatry. Vol. III, No. 4, Fall 2005 (598-617).
[4] American Psychiatric Association: Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition, Arlington, VA, American Psychiatric Association, 2013 (451-459). See page 455 re: rates of persistence of gender dysphoria.image004.jpg

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Venciendo el Cáncer.

Fe y “familiaterapia” para vencer al cáncer

La palabra cáncer dispara las alarmas, el apoyo de familia y amigos, en conjunto con la Fe, transforman la enfermedad.


Por: Redacción | Fuente: Revista Misión

La palabra cáncer dispara las alarmas. Sin embargo, en paralelo a la vía médica, la aceptación y la fortaleza sostenidas en Dios, unidas al apoyo de familiares y amigos, pueden transformar la enfermedad en una lección de vida.

Cristina, con 40 años, fue diagnosticada de un agresivo cáncer de colon con metástasis en el hígado. Recibió la noticia al poco de nacer su segunda hija, así que la alegría por el nacimiento se fundió con el mazazo del diagnóstico. “Antes de quedarme embarazada –explica– me detectaron una anemia muy fuerte, pero apenas me dio tiempo a hacerme pruebas cuando me enteré del embarazo. Según avanzaba la gestación, el malestar era mayor”.  Tras dar a luz se sintió tan débil “que cada día pensaba: ‘literalmente, hoy me muero’”, cuenta. Un chequeo para saber qué le sucedía reveló la enfermedad.

El mejor aliado


Al cansancio por la enfermedad y al miedo tras el diagnóstico se sumó la impotencia de no poder ocuparse de su recién nacida. En medio de este difícil proceso, recibió la mejor ayuda antes de su primera operación. “La tía de mi marido –relata– me trajo un sacerdote al hospital, que me dio la Unción de los Enfermos. Después de recibir el sacramento, sentí una paz muy grande, justo antes de entrar en quirófano”. Tras la intervención empezó a recibir varios tipos de quimioterapia y, más tarde, entró a formar parte de un ensayo clínico. Hoy, dos años y medio después, Cristina no pierde su sonrisa y afronta su día a día con tranquilidad:  “No es un camino fácil y hay muchos días que no me levantaría de la cama”, reconoce. Pero destaca que la oración se ha convertido en su aliado más poderoso:  “Es como si Dios me hubiera dado esta oportunidad para que mi historia ayude a otros”. Hoy continúa con medicación y vive cada momento como un regalo. “He aprendido a disfrutar de estar con mis hijos y a exprimir cada momento a su lado”, recalca esta madre luchadora.

La clave es la aceptación


En 2015 fueron diagnosticados casi 248.000 nuevos casos de cáncer en España, según el último informe de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). Una cifra que supone 32.000 casos más que en 2012, e implica que 1 de cada 2 hombres y 1 de cada 3 mujeres padecerán cáncer a lo largo de su vida. Sin embargo, “no hay que tener miedo, porque cualquier adversidad nos puede hacer mucho bien aunque en sí sea algo malo”, afirma la doctora Rafaela Santos, neuropsiquiatra y presidenta del Instituto Español de Resiliencia. Ella fue diagnosticada, hace unos meses, de cáncer de pulmón, lo que le ha servido para contemplar la vida con otra mirada: “La enfermedad –dice– me ha enseñado a vivir con menos prisas y con el deseo de que nada desplace a Dios del centro de mi vida”. La doctora Santos ha pasado de ayudar a otros enfermos a vivir la enfermedad en primera persona, y por eso matiza que “cuando dejas de tener miedo al miedo, te haces más fuerte”.
Esta psiquiatra granadina, autora de Levantarse y luchar (Editorial Conecta, 2013) resalta que ser feliz no es tener una vida libre de problemas, sino encontrarles sentido: “El sufrimiento es algo que no podemos evitar y es necesario para crecer. Estadísticamente, está comprobado que a lo largo de la vida todos vamos a sufrir, al menos, dos o tres acontecimientos potencialmente traumáticos”. Y la confianza en que podemos salir adelante, contando también con la gracia de Dios, es fundamental para lidiar esas batallas, “cambiando el ‘¿por qué me ocurre esto?’, por el ‘¿para qué?’”.

Más casos, más curaciones


¿A qué se debe el actual incremento de los casos de cáncer? Según los expertos, la respuesta es aún incierta, aunque sí se han detectado cuatro factores que influyen en la escalada de este diagnóstico: “El envejecimiento de la población; factores de riesgo cada vez más presentes en la sociedad; unas técnicas de diagnóstico cada vez más precisas; y una mayor conciencia social, gracias a la cual, cuando la gente siente algo, va más rápido al médico”, afirma el doctor Javier Cortés, jefe de la Unidad de cáncer de mama y tumores ginecológicos del Servicio de Oncología del Hospital Ramón y Cajal. Además, el incremento en los diagnósticos va de la mano con el aumento de curaciones, sobre todo en los cánceres más comunes, como el de mama o colon, según el informe de la SEOM.


Datos como estos dan esperanza a pacientes como María Dolores, a quien detectaron un cáncer de ovario en estado muy avanzado hace cuatro años. En esta madre y abuela de 73 años, lo que parecía una simple molestia en la vejiga se tradujo en un tumor maligno. Los especialistas no albergaban grandes esperanzas de supervivencia: la enfermedad había avanzado tanto que necesitaba de un tratamiento fuerte de quimioterapia para reducir el tumor y poder operarla. “La noticia cayó como un jarro de agua fría en la familia”, recuerda con lágrimas en los ojos.

Vivir con limitaciones


Tras dos cirugías y numerosos ciclos de quimioterapia, le ha plantado cara a la enfermedad con serenidad y fe. “Hay días mejores y otros muy malos, pero tengo que seguir batallando. Si Dios me tiene todavía aquí será porque hago falta y todavía mi misión no se ha cumplido”, dice.
El cansancio es el síntoma que más destacan los enfermos de cáncer. “Un cansancio –aclara María Dolores– con el que cuesta convivir. La enfermedad me ha cortado las alas, pero, poco a poco, he aprendido a vivir con limitaciones. Dios, y toda la gente que reza por mí, me dan la fuerza para encontrar alegría en la lucha”. Esta abuela, en plena carrera de fondo, defiende que ante los problemas “podemos optar por revelarnos contra la realidad o intentar superarlos dándoles un sentido”. En su caso, “la fe es mi llave maestra para encontrar la paz. Y el apoyo de toda mi familia ha sido fundamental”, finaliza.
Cristina, Rafaela y María Dolores coinciden en que, gracias a su combate contra el cáncer, afrontan ahora la vida con una mirada más nítida, que les permite contemplarla como lo que es: un regalo. La enfermedad se ha convertido en su viaje más desafiante; y la fe y el cariño de los suyos, en sus mejores apoyos.

Yo estoy sujeta al Rosario


El cáncer no solo cambia la vida del paciente, sino también la de toda la familia. Lo sabe bien Ana. Su hermana fue diagnosticada de cáncer de mama, y unos meses después, a su madre le detectaron un cáncer de pulmón con metástasis cerebral. “Cuando aparece esta enfermedad en casa es como si te llegara un tsunami de dolor, que a su vez es atacado con otro tsunami, más poderoso aún, de oración y de amor”, subraya Ana. Su madre lleva cuatro operaciones y continúa batallando. Una lucha en la que “el rezo del Rosario en familia y ponernos mi madre y yo en silencio delante del Sagrario nos proporciona una tranquilidad y una paz inmensas”, recalca. Aunque la batalla continúa, esta situación ha servido a toda su familia para “aprender a vivir de verdad”, a hablar de las cosas importantes, y “a escuchar, no solo al que está enfermo, sino a todos los que están a mi alrededor”, concluye Ana.

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La transexualidad y su clasificación diagnóstica: cambios en su definición

La pretensión de los grupos LGTBI es que la transexualidad salga de los manuales de clasificación de enfermedades


Por: Julio Tudela | Fuente: Análisis y Actualidad

Leemos en la prensa digital lo que los grupos LGTBI consideran como una “victoria parcial”: la reclasificación de la transexualidad en el manual de Calificación Internacional de Enfermedades en su próxima edición (ICD-11), que verá la luz en 2018.[1]

El diagnóstico de la transexualidad debe basarse en datos médicos pluridisciplinares, criterios que se han plasmado en guías médicas, como el “Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders”, en su quinta edición (DSM-5), elaborado por la Asociación Americana de Psiquiatría (1) o el “International Statistical Classification of Diseases and Related Health Problems”, en su décima edición, que es la vigente (ICD-10)(2). La primera, el DMS-5, la incluye como un trastorno al que denomina “disforia de género”. Este diagnóstico se centra menos en determinar la incongruencia de género, que en la “disforia de género”. También se establece un nuevo criterio que consiste en comprobar que la alteración no coexista con una enfermedad intersexual. Este criterio ya estaba presente en los anteriores manuales, pero en el apartado del diagnóstico diferencial.

En cambio en la segunda, el ICD-10, que ha sido ya traducido a 41 idiomas, y que es el sistema de clasificación de las enfermedades psiquiátricas más utilizado por los especialistas de este campo médico (3), incluye el DCS en su capítulo 5, titulado “Desórdenes mentales y de  la conducta” y dentro de él en la sección “Desordenes de la personalidad del adulto” (4).

La propuesta de la OMS para el ICD-11, objeto de la noticia periodística que nos ocupa, consiste en incluir las categorías “Incongruencia de género en el niño y en el adulto” en otro capítulo que explícitamente integre las perspectivas médicas y psicológicas: “Condiciones relativas a la salud sexual”.

La pretensión de los grupos LGTBI es que la transexualidad salga de los manuales de clasificación de enfermedades (“despatologización”), porque, según ellos, no constituye ningún trastorno y, por tanto, no requiere diagnóstico. No obstante, sí requiere tratamiento, complejo y costoso.

Esta pretensión sigue sin ser atendida en la nueva edición que prepara la OMS para el próximo año, dado que su inclusión en el “Manual Internacional de Clasificación Estadística de Enfermedades” implica que no se ha cedido a la pretensión despatologizadora antes mencionada.

Lo que se viene observando en las últimas ediciones de estos manuales son cambios de denominación y clasificación, evitando utilizar los términos “enfermedad” o “trastorno” para pasar a utilizar el de “incongruencia”, con el fin de no favorecer el posible estigma social que conlleva la enfermedad mental, que puede agravar más la situación de las personas afectadas por esta incongruencia de género.

Una de las razones esgrimida –además de lo que supone la propia incongruencia de género y los problemas que conlleva- para mantener la transexualidad en el manual de clasificación de enfermedades es que la necesidad de recurrir a costosos tratamientos de reasignación de sexo y su pretendida financiación por la sanidad pública y aseguradoras privadas, requiere que hablemos de un problema de salud –llámese como se quiera-, y no de una intervención cosmética. Si el cambio en los caracteres sexuales externos, (no confundir con cambio de sexo, que no es biológicamente posible) mediante tratamiento psicológico, hormonal y quirúrgico, no responde al intento de resolver un problema de salud que perturba la vida de una persona y se quiere remediar, sino a un simple cambio estético sin más, estaríamos ante tratamientos cosméticos cuya financiación difícilmente podría ser asumida por la sanidad pública o aseguradoras privadas.

Pero el tema de fondo no es el económico, sino el clínico: la experiencia íntima de pertenecer a un sexo diferente del biológico supone, sin duda, una incongruencia entre lo físico y lo psíquico, cuyas consecuencias hacen necesarias intervenciones terapéuticas que alivien, tanto la posible disforia que conlleva, como otros trastornos que pueden coexistir con la propia incongruencia de género, utilizando la nueva terminología propuesta. Esta comorbilidad no es infrecuente y debe ser valorada en todo caso. (5)(6)

Pero hay más. Junto a la nueva denominación que propone la ICD-11, se establecen restricciones claras en cuanto al momento de iniciar los tratamiento de reasignación, el periodo mínimo que debe transcurrir desde la aparición del comportamiento y preferencias incongruentes de género en la infancia para establecer el diagnóstico (2 años), que no será nunca antes de los cinco años de edad, y la necesidad de establecer este diagnóstico y no basarse exclusivamente en la manifestación y comportamiento de los afectados. Algunas regulaciones autonómicas hacen caso omiso, por cierto, de estas últimas recomendaciones de la OMS.

En conclusión, los continuos cambios en la denominación que la OMS asigna a la transexualidad y los procesos relacionados, no modifican la realidad de fondo que expresa la existencia de un problema de salud, que perturba la vida y el equilibrio de los afectados y que requiere de acompañamiento y tratamiento clínico pluridisciplinar para tratar de superar los síntomas que conlleva.

Referencias
1. American Psychiatric Association. Diagnostic and statistical manual of mental disorders Washington DC; 2013.
2.World Health Organization. International statistical classification of diseases and related health problems; 2014.
3. Reed G, Correa JM, Esparza J, Saxena S, Maj M. The WPA-WHO global survey of psychiatrists’ attitudes towards mental disorders classification. World Psychiatry. 2011; 10: p. 118-31.
4.Kohler R, Recher AEJ. Legal gender recognition in Europe. Transgender Europe. 2013.
5. Grossman AH, D’Augelli AR. Transgender youth and life-threatening behaviours. Suicide Life Threat Behav. 2007; 37: p. 527-537.
6. Spack N, Leeper L, Feldman H, Leibowitz S, Mandel F, Diamond D, et al. Children and Adolescents With Gender Identity Disorder Referred to a Pediatric Medical Center. Pediatrics. 2012; 129: p. 418-25.

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¿Los seres humanos somos meros “algoritmos”?

Una reflexión crítica sobre el libro “Homo Deus. Breve historia del mañana” (Parte I)

La visión materialista del ser humano ofrece un horizonte cerrado y limitado que no puede nunca responder a los anhelos de fondo de la persona humana.

Por: Jorge Nicolás Lafferriere | Fuente: www.centrodebioetica.org

“Las personas ya no se verán como seres autónomos que guían su vida en consonancia con sus deseos, y en cambio se acostumbrarán a verse como una colección de mecanismos bioquímicos que está constantemente supervisada y guiada por una red de algoritmos electrónicos” (p. 361). La idea de que los seres humanos son organismos guiados por algoritmos y las consecuencias que se siguen de ese presupuesto es uno de los grandes ejes del nuevo libro que el historiador Yuval Noah Harari ha publicado recientemente titulado“Homo Deus. Breve historia del mañana” (Debate, Buenos Aires, 2016, 496 páginas).

La finalidad de la obra es investigar “quién es realmente Homo Sapiens, cómo el humanismo se convirtió en la religión dominante en el mundo y por qué es probable que intentar cumplir el sueño humanista cause su desintegración” (p. 81). En este sentido, en continuidad con la primera obra del autor titulada “Sapiens. De animales a dioses”(un best-seller que fue lectura recomendada por diversas personalidades, entre las que se encontraba el creador de Facebook), el libro realiza una inteligente aunque arbitraria selección de hechos y procesos históricos íntimamente vinculados con los debates suscitados por las biotecnologías y se esfuerza por ofrecer una síntesis de los desarrollos a los que nos conduce la conjunción de los descubrimientos de las ciencias de la vida y los logros de la informática. De allí que podamos afirmar que la obra tiene un indudable interés bioético y ofrezcamos a continuación una breve reseña crítica, abierta al debate y el intercambio.

La nueva agenda humana

En apretada síntesis, podemos decir que para Harari el Homo Sapiens, luego de conseguir los poderes para controlar el hambre, la peste y la guerra, reconduce sus esfuerzos hacia tres nuevos objetivos que conforman lo que él llama la nueva “agenda humana”: buscar la inmortalidad, la felicidad y la divinidad.

a) La inmortalidad: La inmortalidad sería el fruto de la ingeniería genética, la medicina regenerativa y la nanotecnología (p. 36). Para lograr ese objetivo, “la medicina necesitará rediseñar las estructuras y procesos más fundamentales del cuerpo humano, y descubrir cómo regenerar órganos y tejidos” (p. 40). Esto estará potenciado por la creencia en la santidad de la vida, la institución científica y la economía capitalista (p. 40).

b) La felicidad: Para el logro de la felicidad individual, considera que está en marcha la “solución bioquímica”, que consiste en “desarrollar productos y tratamientos que proporcionen a los humanos un sinfín de sensaciones placenteras, de modo que nunca nos falten” (p. 55).

c) La divinidad: En cuanto al acceso de los humanos a los poderes divinos de creación y destrucción, pasando del Homo Sapiens al Homo Deus, el autor considera que es posible a través de tres caminos: “ingeniería biológica, ingeniería cyborg e ingeniería de seres no orgánicos” (p. 56). Por la ingeniería biológica, se reescribirá el código genético, se reconectarán circuitos cerebrales, se modificará el equilibrio bioquímico o incluso se crearán nuevas formas corporales (p. 56). La ingeniería cyborg “fusionará el cuerpo orgánico con dispositivos no orgánicos, como manos biónicas, ojos artificiales, o millones de nanorrobots” (p. 57). Y finalmente se podrían crear seres “totalmente inorgánicos” de modo que las redes neuronales sean sustituidas “por programas informáticos con la capacidad de navegar tanto por mundos virtuales como no virtuales, libre de las limitaciones de la química orgánica” (p. 58).

La persona humana, ¿sólo un algoritmo?

Una de las ideas centrales que atraviesa el libro es que los organismos, entre los que se encuentran los seres humanos, son algoritmos. Así lo resume Harari en uno de los pasajes de la obra: “1. Los organismos son algoritmos, y los humanos no son individuos: son ‘dividuos’. Es decir, los humanos son un conjunto de muchos algoritmos diferentes que carecen de una voz interior o un yo únicos. 2. Los algoritmos que conforman un humano no son libres. Están modelados por los genes y las presiones ambientales, y toman decisiones, ya sea de manera determinista, ya sea al azar, pero no libremente. 3. De ahí se infiere que un algoritmo externo puede teóricamente conocerme mucho mejor de lo que yo nunca me conoceré. Un algoritmo que supervisa cada uno de los sistemas que componen mi cuerpo y mi cerebro puede saber exactamente quién soy, qué siento y qué deseo. Una vez desarrollado, dicho algoritmo puede sustituir al votante, al cliente y al espectador. Entonces el algoritmo será quien mejor sepa lo que le conviene, el algoritmo siempre tendrá la razón y la belleza estará en los cálculos del algoritmo” (p. 360). Al tiempo que recuerda que “un algoritmo es un conjunto metódico de pasos que pueden emplearse para hacer cálculos, resolver problemas y alcanzar decisiones” (p. 100), el autor repite la idea en otros pasajes, como por ejemplo cuando afirma que “las emociones son algoritmos bioquímicos vitales para la supervivencia y la reproducción de todos los mamíferos” (p. 100).

En las raíces de esta postura Harari ubica a la teoría de la evolución,que derriba el “relato” del alma y de la libertad, de modo que “la palabra sagrada ‘libertad’ resulta ser, al igual que ‘alma’, un término vacuo que no comporta ningún significado discernible. El libre albedrío existe únicamente en los relatos imaginarios que los humanos hemos inventado” (p. 313).Y luego explica: “En realidad, solo hay una corriente de conciencia, y los deseos surgen y transcurren dentro de dicha corriente, pero no hay un yo permanente que posea los deseos, de modo que no tiene sentido preguntar si elijo mis deseos de manera determinada, aleatoria o libre” (p. 315). “Si los organismos en verdad carecen de libre albedrío, ello implica que podemos manipular e incluso controlar sus deseos mediante el uso de drogas, ingeniería genética y estimulación directa del cerebro” (p. 316).

Para el autor, hay que prestar atención a tres procesos concentrados: “1. La ciencia converge en un dogma universal, que afirma que los organismos son algoritmos y que la vida es procesamiento de datos.2. La inteligencia se desconecta de la conciencia.3. Algoritmos no conscientes pero inteligentísimos pronto podrán conocernos mejor que nosotros mismos” (p. 431).

Una valoración antropológica del pensamiento de Harari

Más allá de las justificadas críticas que cabría hacer a Harari por incurrir en el llamado “determinismo genético”, podemos profundizar en una valoración antropológica del tema.

El hecho de que el ser humano tenga las herramientas para penetrar hasta los secretos más precisos y concretos de la vida biológica no significa que la vida humana se reduzca a esos componentes “materiales”. Justamente, la expresión “dignidad humana” viene a expresar el reconocimiento de una excelencia en el ser de la persona humana que abarca y excede a los componentes corporales, implicando una necesaria dimensión espiritual. Esa dimensión se expresa en las potencias espirituales, inteligencia y voluntad, capacidad de conocer y amar. De allí que la principal crítica que puede formularse a la visión del libro es el materialismo que reduce al ser humano a sus componentes materiales y desconoce los dinamismos espirituales.

De hecho, el autor reconoce que “la ciencia sabe muy poco acerca de la mente y la conciencia… Nadie tiene ni idea de cómo una diversidad de reacciones bioquímicas y de corrientes eléctricas en el cerebro generan la experiencia subjetiva de dolor, ira o amor” (p. 126). Y también “es la mayor laguna en nuestra comprensión de la vida” (p. 128). “¿Por qué tienen los humanos experiencias subjetivas de hambre y miedo?” (p. 129). “A pesar del enorme conocimiento que hemos reunido en los ámbitos de las matemáticas y de la informática, ninguno de los sistemas de procesamiento de datos que hemos creado necesita experiencias subjetivas para funcionar, y ninguno siente dolor, placer, ira o amor” (p. 132).

La visión materialista de la persona aparece en toda su evidencia cuando el autor, hablando del objetivo de la “inmortalidad”, reconoce que en realidad serán superhumanos “amortales”, que “podrán morir todavía en alguna guerra o accidente, y nada podrá hacerlos volver del inframundo. Sin embargo, a diferencia de nosotros, los mortales, su vida no tendrá fecha de caducidad” (p. 37). Es una “inmortalidad” inmanente, centrada en este mundo y por tanto limitada y finita. Difícilmente pueda pensarse como feliz y plena una inmortalidad que se limite a este mundo. Corresponde aquí confrontar esta visión de la inmortalidad con aquella que es propia del cristianismo, que sostiene que Jesucristo resucitó y está vivo junto a Dios Padre. De la fe en la Resurrección se deriva una fe en que todos los seres humanos estamos llamados a participar de esa resurrección. Este punto es muy bien tratado por Benedicto XVI en la encíclica SpeSalvi, donde distingue adecuadamente la pretensión de una vida eterna aquí en la tierra: “Seguir viviendo para siempre –sin fin– parece más una condena que un don. Ciertamente, se querría aplazar la muerte lo más posible. Pero vivir siempre, sin un término, sólo sería a fin de cuentas aburrido y al final insoportable” (Benedicto XVI, Carta Encíclica SpeSalvi, 2007, n. 10).

Reflexionar sobre el carácter contingente y limitado de la persona no significa negarse a buscar la salud y la curación de la persona humana, pero dentro de los cauces de su condición de creatura y del orden que surge de las cosas. En este sentido, la visión materialista del ser humano ofrece un horizonte cerrado y limitado que no puede nunca responder a los anhelos de fondo de la persona humana.

El enfoque materialista de la persona, a su vez, resulta funcional a las tendencias ideológicas que reducen a la persona a mero sujeto de relaciones de consumo o a mero engranaje de mecanismos sociales de circulación de bienes y servicios. Además, si la vida humana es mero algoritmo, se debilitan socialmente las razones para luchar por la dignidad de cada uno. ¿Cuáles serían las razones para defender la dignidad de cada persona humana? Ni siquiera la dignidad de la especie humana como tal aparece defendible ante esta impronta materialista.

Justamente en relación a estas consecuencias sociales de la visión materialista de la persona, Harari llama correctamente la atención sobre la posibilidad de que surja una selecta clase de superhumanos, que deje a millones de seres humanos en la irrelevancia y en una pobreza extrema sin las condiciones más básicas de la vida. Y señala que existe una fuerte tentación a que ello se produzca, si tenemos en cuenta el cambio operado en la medicina: “La medicina del siglo XX aspiraba a curar a los enfermos. La medicina del siglo XXI aspira cada vez más a mejorar a los sanos. Curar a los enfermos fue un proyecto humanitario, porque daba por hecho que existe un estándar normativo de salud física y mental que todos pueden y deben disfrutar. Si alguien caía por debajo de la norma, era tarea de los médicos resolver el problema y ayudarle o ayudarla a ‘ser como todo el mundo’. En cambio, mejorar a los sanos es un proyecto elitista, porque rechaza la idea de un estándar universal aplicable a todos, y pretende conceder a algunos individuos ventajas sobre los demás” (p. 380-381).Sin embargo, al asumir un enfoque materialista que anula la libertad, Hararicierra las “opciones” para revertir ese proceso y dar una justa respuesta a cada persona en su inalienable dignidad.

Si todos los organismos son algoritmos y procesos irrefrenables, ¿por qué existen opciones para la humanidad? Si no existe el libre albedrío ni el alma, ¿por qué plantear la posibilidad de poner límites y actuar ante esta nueva “agenda humana”? Aquí se encuentra una de las contradicciones de esta obra.

Deslumbrado por las conquistas biotecnológicas, Harari lleva hasta sus últimas consecuencias una visión materialista y determinista del ser humano. Sin embargo, soslaya la innegable dimensión espiritual que tiene la persona humana y que, justamente, está en la base de las aspiraciones a la inmortalidad, la felicidad y la divinidad. Sólo el ser humano tiene esa dignidad ontológica y moral que lo lleva a buscar su perfección.

Como hemos dicho muchas veces, junto con el extraordinario poder que tiene el ser humano de conocer y dominar los procesos biológicos y materiales, debe garantizarse y desarrollarse una proporcionada capacidad de descubrir y respetar la inalienable dignidad de cada persona humana, en su condición de participación en el ser, creada a imagen y semejanza de Dios. De no cumplirse esta condición, el ser humano perderá las razones vitales, éticas y jurídicas básicas para garantizar el respeto a cada persona y a sus derechos fundamentales.

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