Los hechos y no la ideología de género determinan la realidad

Por: Nicolás Jouve de la Barreda | Fuente: bioeticaweb.com

Hace unos meses conocíamos un importante, extenso y documentado informe del ámbito de la psiquiatría, firmado por los americanos Paul R. McHug y Lawrence S. Mayer, titulado “Sexualidad y género. Conclusiones de la Biología, la Psicología y las Ciencias Sociales”. Este informe fue publicado en la revista americana de tecnología y sociedad The New Atlantis [1].

En el informe se señala que algunas de las afirmaciones más frecuentemente oídas sobre sexualidad y género carecen por completo de evidencia científica y que la orientación sexual y la identidad de género se resisten a cualquier explicación teórica simplista. El informe de los Dres. Paul R. McHug y Lawrence S. Mayer es concluyente: las pruebas científicas no respaldan la visión de que la orientación sexual es una propiedad innata y biológicamente fija del ser humano (la idea de que los individuos “nacen así”). El informe revela además que existen índices más altos de problemas de salud mental en poblaciones de personas que se definen como lesbianas, gays, bisexuales o transexuales (LGBT), y se pregunta sobre la base científica del tratamiento de los niños que no se identifican con su sexo biológico. Cada una de las conclusiones del informe está basada en la evidencia científica existente desde los distintos campos de investigación que confluyen en este campo, multidisciplinar, incluyendo la epidemiología, la genética, la endocrinología, la psiquiatría, la neurociencia, la embriología, la pediatría, la psicología y la sociología.

Los primeros interesados en tener en cuenta este documento deberían ser aquellos a los que se les llena la boca con la defensa de los intereses sociales. Es decir, a nuestros políticos nacionales y autonómicos, que en una delirante carrera por apuntarse a lo postmoderno, y dedicados al corto y pego y a la imitación demagógica de ver quién da más, llevan tiempo dedicados a legislar sin reparar en las consecuencias para las personas y la sociedad en su totalidad y desde luego al margen de la ciencia, y a aprobar unas leyes contra la vida, la familia y la salud.

La imposición de la “ideología de género” desde las administraciones públicas españolas, a través del sistema educativo y mediante duras sanciones económicas, es ya una realidad operativa en buena parte del territorio nacional, siendo ya once de las 19 autonomías las que han aprobado leyes en ese sentido en los últimos años.

A la hora de legislar en este tema se ignoran los datos de la ciencia, como se ignoraron antes de la implantación de la ley del aborto. Allí se ocultó la realidad de que el ciclo vital de un ser humano empieza tras la concepción y que, una vez terminada ésta, estamos ante una nueva vida que, en contra de lo legislado, debería ser protegida como lo que es, una realidad humana en sus primeras fases de desarrollo. Aún tenemos que oír que la Ley del Aborto de 2010 ha supuesto una reducción del número de abortos, simplemente porque desde 2009 a 2014 se ha pasado de 111.482 abortos a 98.144, sin reparar en factores como el descenso general de la natalidad, la disminución de emigrantes y el sórdido hecho de que antes de 2010 los abortos eran justificados mayoritariamente por una falsa alegación a los riesgos para la salud física o la vida de la embarazada y tras la Ley de 2010, 9 de cada 10 abortos se realizan “a petición de la mujer” y sin aducir ningún tipo de causa.

Más recientemente se ha hecho público otro informe, muy importante y que debería ser inexcusablemente tenido en cuenta antes de deslizarse por la pendiente de la ingeniería social a favor de la ideología de género. En este caso, son sus autores los pediatras Michelle A. Cretella y Quentin Van Meter, presidente y vicepresidente, respectivamente, del Colegio Americano de Pediatría y el psiquiatra Paul McHugh. El informe se ha hecho público a través de la web del Colegio Americano de Pediatría y del mismo se ha adelantado un resumen estructurado en 8 puntos, por el que se insta a educadores y legisladores a rechazar todas las políticas que condicionan a los niños a aceptar como normal una vida de suplantación química y quirúrgica del sexo opuesto. En él se afirma que “los hechos –no la ideología– determinan la realidad” [2].

En este informe se señalan puntos tan obvios como que la sexualidad humana es un rasgo biológico binario objetivo: “XY” y “XX” son marcadores genéticos de varón y mujer, respectivamente, no marcadores genéticos de un trastorno. La sexualidad humana es binaria por diseño con el propósito obvio de la reproducción y el florecimiento de nuestra especie. Nadie nace con un género. Todo el mundo nace con un sexo biológico. El género (conciencia y sentido de uno mismo como hombre o mujer) es un concepto sociológico y psicológico; no una realidad biológica. Una persona que cree que él o ella es algo que no es, en el mejor de los casos, muestra un signo de pensamiento confuso [3]. La pubertad no es una enfermedad y el bloqueo de la pubertad mediante hormonas puede ser peligroso. Es importante la afirmación de que el 98% de los casos de confusión de género en niños y el 88% en niñas es transitorio, y finalmente aceptan su sexo biológico después de pasar de forma natural su pubertad [4]. Por ello, el forzamiento de cambio de sexo mediante hormonas (testosterona y estrógenos) en los niños y niñas que tienen esa confusión transitoria es un error, ya que estos tratamientos están asociados a peligrosos riesgos para la salud, que incluye, entre otros, presión arterial alta, coágulos sanguíneos, accidente cerebro-vascular y cáncer. En el mismo informe se reitera que los índices de suicidio son 20 veces mayores entre los adultos que usaron hormonas y se sometieron a cirugía de reasignación de sexo y califica de “abuso infantil” el adoctrinamiento de los niños en la creencia de que la suplantación química y quirúrgica del sexo opuesto es normal y saludable.

Este importante informe del Colegio de Pediatría de EE.UU plantea una inquietante pregunta que deberían responder los responsables políticos que han respaldado leyes como la de ?Protección integral contra la LGTBIfobia y la discriminación por razón de orientación e identidad sexual en la Comunidad de Madrid?, o cualquiera otra de las ya vigentes en España: ¿Qué persona razonable y compasiva condenaría a los niños a los peligrosos riesgos para su salud de los tratamientos de cambio de sexo, sabiendo que después de pasar de forma natural su pubertad el 88% de las niñas y el 98% de los niños terminarán aceptando su sexo biológico?

Bien está el objetivo de establecer un marco normativo adecuado para garantizar el derecho de toda persona a no ser discriminada por razón de su orientación sexual o identidad y/o expresión de género. Pero téngase en cuenta lo señalado en estos importantes informes a la hora de aplicar leyes que, bajo la apariencia de garantía de un tratamiento adecuado en materia de salud, acepta decidir a someter a terceras personas (caso común tratándose de menores) a tratamientos hormonales o quirúrgicos, bajo el señuelo de que lo contrario coartaría su libertad de autodeterminación de género. Si bien todo profesional de la salud o que preste sus servicios en el área sanitaria está obligado a proyectar la igualdad de trato a las personas LGTBI, por encima de ello debe conocer y aplicar los principios deontológicos propios de su profesión, que en el caso de España están claramente expresados en el art. 5.3, del Código de Deontología Médica, actualizado en julio de 2011: “La principal lealtad del médico es la que debe a su paciente y la salud de éste debe anteponerse a cualquier otra conveniencia”.


[1] Mayer, L.S., McHugh, P.R. (2016). “Sexualidad y género. Conclusiones de la Biología, la Psicología y las Ciencias Sociales”. The New Atlantis, 50 (Otoño 2016)
[2] Informe del American College of Pediatricians. Publicado en la Web Acpeds.org el 17 de Agosto de 2016.
[3] Zucker, Kenneth J. and Bradley Susan J. “Gender Identity and Psychosexual Disorders.” FOCUS: The Journal of Lifelong Learning in Psychiatry. Vol. III, No. 4, Fall 2005 (598-617).
[4] American Psychiatric Association: Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition, Arlington, VA, American Psychiatric Association, 2013 (451-459). See page 455 re: rates of persistence of gender dysphoria.image004.jpg

Venciendo el Cáncer.

Fe y “familiaterapia” para vencer al cáncer

La palabra cáncer dispara las alarmas, el apoyo de familia y amigos, en conjunto con la Fe, transforman la enfermedad.


Por: Redacción | Fuente: Revista Misión

La palabra cáncer dispara las alarmas. Sin embargo, en paralelo a la vía médica, la aceptación y la fortaleza sostenidas en Dios, unidas al apoyo de familiares y amigos, pueden transformar la enfermedad en una lección de vida.

Cristina, con 40 años, fue diagnosticada de un agresivo cáncer de colon con metástasis en el hígado. Recibió la noticia al poco de nacer su segunda hija, así que la alegría por el nacimiento se fundió con el mazazo del diagnóstico. “Antes de quedarme embarazada –explica– me detectaron una anemia muy fuerte, pero apenas me dio tiempo a hacerme pruebas cuando me enteré del embarazo. Según avanzaba la gestación, el malestar era mayor”.  Tras dar a luz se sintió tan débil “que cada día pensaba: ‘literalmente, hoy me muero’”, cuenta. Un chequeo para saber qué le sucedía reveló la enfermedad.

El mejor aliado


Al cansancio por la enfermedad y al miedo tras el diagnóstico se sumó la impotencia de no poder ocuparse de su recién nacida. En medio de este difícil proceso, recibió la mejor ayuda antes de su primera operación. “La tía de mi marido –relata– me trajo un sacerdote al hospital, que me dio la Unción de los Enfermos. Después de recibir el sacramento, sentí una paz muy grande, justo antes de entrar en quirófano”. Tras la intervención empezó a recibir varios tipos de quimioterapia y, más tarde, entró a formar parte de un ensayo clínico. Hoy, dos años y medio después, Cristina no pierde su sonrisa y afronta su día a día con tranquilidad:  “No es un camino fácil y hay muchos días que no me levantaría de la cama”, reconoce. Pero destaca que la oración se ha convertido en su aliado más poderoso:  “Es como si Dios me hubiera dado esta oportunidad para que mi historia ayude a otros”. Hoy continúa con medicación y vive cada momento como un regalo. “He aprendido a disfrutar de estar con mis hijos y a exprimir cada momento a su lado”, recalca esta madre luchadora.

La clave es la aceptación


En 2015 fueron diagnosticados casi 248.000 nuevos casos de cáncer en España, según el último informe de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). Una cifra que supone 32.000 casos más que en 2012, e implica que 1 de cada 2 hombres y 1 de cada 3 mujeres padecerán cáncer a lo largo de su vida. Sin embargo, “no hay que tener miedo, porque cualquier adversidad nos puede hacer mucho bien aunque en sí sea algo malo”, afirma la doctora Rafaela Santos, neuropsiquiatra y presidenta del Instituto Español de Resiliencia. Ella fue diagnosticada, hace unos meses, de cáncer de pulmón, lo que le ha servido para contemplar la vida con otra mirada: “La enfermedad –dice– me ha enseñado a vivir con menos prisas y con el deseo de que nada desplace a Dios del centro de mi vida”. La doctora Santos ha pasado de ayudar a otros enfermos a vivir la enfermedad en primera persona, y por eso matiza que “cuando dejas de tener miedo al miedo, te haces más fuerte”.
Esta psiquiatra granadina, autora de Levantarse y luchar (Editorial Conecta, 2013) resalta que ser feliz no es tener una vida libre de problemas, sino encontrarles sentido: “El sufrimiento es algo que no podemos evitar y es necesario para crecer. Estadísticamente, está comprobado que a lo largo de la vida todos vamos a sufrir, al menos, dos o tres acontecimientos potencialmente traumáticos”. Y la confianza en que podemos salir adelante, contando también con la gracia de Dios, es fundamental para lidiar esas batallas, “cambiando el ‘¿por qué me ocurre esto?’, por el ‘¿para qué?’”.

Más casos, más curaciones


¿A qué se debe el actual incremento de los casos de cáncer? Según los expertos, la respuesta es aún incierta, aunque sí se han detectado cuatro factores que influyen en la escalada de este diagnóstico: “El envejecimiento de la población; factores de riesgo cada vez más presentes en la sociedad; unas técnicas de diagnóstico cada vez más precisas; y una mayor conciencia social, gracias a la cual, cuando la gente siente algo, va más rápido al médico”, afirma el doctor Javier Cortés, jefe de la Unidad de cáncer de mama y tumores ginecológicos del Servicio de Oncología del Hospital Ramón y Cajal. Además, el incremento en los diagnósticos va de la mano con el aumento de curaciones, sobre todo en los cánceres más comunes, como el de mama o colon, según el informe de la SEOM.


Datos como estos dan esperanza a pacientes como María Dolores, a quien detectaron un cáncer de ovario en estado muy avanzado hace cuatro años. En esta madre y abuela de 73 años, lo que parecía una simple molestia en la vejiga se tradujo en un tumor maligno. Los especialistas no albergaban grandes esperanzas de supervivencia: la enfermedad había avanzado tanto que necesitaba de un tratamiento fuerte de quimioterapia para reducir el tumor y poder operarla. “La noticia cayó como un jarro de agua fría en la familia”, recuerda con lágrimas en los ojos.

Vivir con limitaciones


Tras dos cirugías y numerosos ciclos de quimioterapia, le ha plantado cara a la enfermedad con serenidad y fe. “Hay días mejores y otros muy malos, pero tengo que seguir batallando. Si Dios me tiene todavía aquí será porque hago falta y todavía mi misión no se ha cumplido”, dice.
El cansancio es el síntoma que más destacan los enfermos de cáncer. “Un cansancio –aclara María Dolores– con el que cuesta convivir. La enfermedad me ha cortado las alas, pero, poco a poco, he aprendido a vivir con limitaciones. Dios, y toda la gente que reza por mí, me dan la fuerza para encontrar alegría en la lucha”. Esta abuela, en plena carrera de fondo, defiende que ante los problemas “podemos optar por revelarnos contra la realidad o intentar superarlos dándoles un sentido”. En su caso, “la fe es mi llave maestra para encontrar la paz. Y el apoyo de toda mi familia ha sido fundamental”, finaliza.
Cristina, Rafaela y María Dolores coinciden en que, gracias a su combate contra el cáncer, afrontan ahora la vida con una mirada más nítida, que les permite contemplarla como lo que es: un regalo. La enfermedad se ha convertido en su viaje más desafiante; y la fe y el cariño de los suyos, en sus mejores apoyos.

Yo estoy sujeta al Rosario


El cáncer no solo cambia la vida del paciente, sino también la de toda la familia. Lo sabe bien Ana. Su hermana fue diagnosticada de cáncer de mama, y unos meses después, a su madre le detectaron un cáncer de pulmón con metástasis cerebral. “Cuando aparece esta enfermedad en casa es como si te llegara un tsunami de dolor, que a su vez es atacado con otro tsunami, más poderoso aún, de oración y de amor”, subraya Ana. Su madre lleva cuatro operaciones y continúa batallando. Una lucha en la que “el rezo del Rosario en familia y ponernos mi madre y yo en silencio delante del Sagrario nos proporciona una tranquilidad y una paz inmensas”, recalca. Aunque la batalla continúa, esta situación ha servido a toda su familia para “aprender a vivir de verdad”, a hablar de las cosas importantes, y “a escuchar, no solo al que está enfermo, sino a todos los que están a mi alrededor”, concluye Ana.

La transexualidad y su clasificación diagnóstica: cambios en su definición

La pretensión de los grupos LGTBI es que la transexualidad salga de los manuales de clasificación de enfermedades


Por: Julio Tudela | Fuente: Análisis y Actualidad

Leemos en la prensa digital lo que los grupos LGTBI consideran como una “victoria parcial”: la reclasificación de la transexualidad en el manual de Calificación Internacional de Enfermedades en su próxima edición (ICD-11), que verá la luz en 2018.[1]

El diagnóstico de la transexualidad debe basarse en datos médicos pluridisciplinares, criterios que se han plasmado en guías médicas, como el “Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders”, en su quinta edición (DSM-5), elaborado por la Asociación Americana de Psiquiatría (1) o el “International Statistical Classification of Diseases and Related Health Problems”, en su décima edición, que es la vigente (ICD-10)(2). La primera, el DMS-5, la incluye como un trastorno al que denomina “disforia de género”. Este diagnóstico se centra menos en determinar la incongruencia de género, que en la “disforia de género”. También se establece un nuevo criterio que consiste en comprobar que la alteración no coexista con una enfermedad intersexual. Este criterio ya estaba presente en los anteriores manuales, pero en el apartado del diagnóstico diferencial.

En cambio en la segunda, el ICD-10, que ha sido ya traducido a 41 idiomas, y que es el sistema de clasificación de las enfermedades psiquiátricas más utilizado por los especialistas de este campo médico (3), incluye el DCS en su capítulo 5, titulado “Desórdenes mentales y de  la conducta” y dentro de él en la sección “Desordenes de la personalidad del adulto” (4).

La propuesta de la OMS para el ICD-11, objeto de la noticia periodística que nos ocupa, consiste en incluir las categorías “Incongruencia de género en el niño y en el adulto” en otro capítulo que explícitamente integre las perspectivas médicas y psicológicas: “Condiciones relativas a la salud sexual”.

La pretensión de los grupos LGTBI es que la transexualidad salga de los manuales de clasificación de enfermedades (“despatologización”), porque, según ellos, no constituye ningún trastorno y, por tanto, no requiere diagnóstico. No obstante, sí requiere tratamiento, complejo y costoso.

Esta pretensión sigue sin ser atendida en la nueva edición que prepara la OMS para el próximo año, dado que su inclusión en el “Manual Internacional de Clasificación Estadística de Enfermedades” implica que no se ha cedido a la pretensión despatologizadora antes mencionada.

Lo que se viene observando en las últimas ediciones de estos manuales son cambios de denominación y clasificación, evitando utilizar los términos “enfermedad” o “trastorno” para pasar a utilizar el de “incongruencia”, con el fin de no favorecer el posible estigma social que conlleva la enfermedad mental, que puede agravar más la situación de las personas afectadas por esta incongruencia de género.

Una de las razones esgrimida –además de lo que supone la propia incongruencia de género y los problemas que conlleva- para mantener la transexualidad en el manual de clasificación de enfermedades es que la necesidad de recurrir a costosos tratamientos de reasignación de sexo y su pretendida financiación por la sanidad pública y aseguradoras privadas, requiere que hablemos de un problema de salud –llámese como se quiera-, y no de una intervención cosmética. Si el cambio en los caracteres sexuales externos, (no confundir con cambio de sexo, que no es biológicamente posible) mediante tratamiento psicológico, hormonal y quirúrgico, no responde al intento de resolver un problema de salud que perturba la vida de una persona y se quiere remediar, sino a un simple cambio estético sin más, estaríamos ante tratamientos cosméticos cuya financiación difícilmente podría ser asumida por la sanidad pública o aseguradoras privadas.

Pero el tema de fondo no es el económico, sino el clínico: la experiencia íntima de pertenecer a un sexo diferente del biológico supone, sin duda, una incongruencia entre lo físico y lo psíquico, cuyas consecuencias hacen necesarias intervenciones terapéuticas que alivien, tanto la posible disforia que conlleva, como otros trastornos que pueden coexistir con la propia incongruencia de género, utilizando la nueva terminología propuesta. Esta comorbilidad no es infrecuente y debe ser valorada en todo caso. (5)(6)

Pero hay más. Junto a la nueva denominación que propone la ICD-11, se establecen restricciones claras en cuanto al momento de iniciar los tratamiento de reasignación, el periodo mínimo que debe transcurrir desde la aparición del comportamiento y preferencias incongruentes de género en la infancia para establecer el diagnóstico (2 años), que no será nunca antes de los cinco años de edad, y la necesidad de establecer este diagnóstico y no basarse exclusivamente en la manifestación y comportamiento de los afectados. Algunas regulaciones autonómicas hacen caso omiso, por cierto, de estas últimas recomendaciones de la OMS.

En conclusión, los continuos cambios en la denominación que la OMS asigna a la transexualidad y los procesos relacionados, no modifican la realidad de fondo que expresa la existencia de un problema de salud, que perturba la vida y el equilibrio de los afectados y que requiere de acompañamiento y tratamiento clínico pluridisciplinar para tratar de superar los síntomas que conlleva.

Referencias
1. American Psychiatric Association. Diagnostic and statistical manual of mental disorders Washington DC; 2013.
2.World Health Organization. International statistical classification of diseases and related health problems; 2014.
3. Reed G, Correa JM, Esparza J, Saxena S, Maj M. The WPA-WHO global survey of psychiatrists’ attitudes towards mental disorders classification. World Psychiatry. 2011; 10: p. 118-31.
4.Kohler R, Recher AEJ. Legal gender recognition in Europe. Transgender Europe. 2013.
5. Grossman AH, D’Augelli AR. Transgender youth and life-threatening behaviours. Suicide Life Threat Behav. 2007; 37: p. 527-537.
6. Spack N, Leeper L, Feldman H, Leibowitz S, Mandel F, Diamond D, et al. Children and Adolescents With Gender Identity Disorder Referred to a Pediatric Medical Center. Pediatrics. 2012; 129: p. 418-25.

¿Los seres humanos somos meros “algoritmos”?

Una reflexión crítica sobre el libro “Homo Deus. Breve historia del mañana” (Parte I)

La visión materialista del ser humano ofrece un horizonte cerrado y limitado que no puede nunca responder a los anhelos de fondo de la persona humana.

Por: Jorge Nicolás Lafferriere | Fuente: www.centrodebioetica.org

“Las personas ya no se verán como seres autónomos que guían su vida en consonancia con sus deseos, y en cambio se acostumbrarán a verse como una colección de mecanismos bioquímicos que está constantemente supervisada y guiada por una red de algoritmos electrónicos” (p. 361). La idea de que los seres humanos son organismos guiados por algoritmos y las consecuencias que se siguen de ese presupuesto es uno de los grandes ejes del nuevo libro que el historiador Yuval Noah Harari ha publicado recientemente titulado“Homo Deus. Breve historia del mañana” (Debate, Buenos Aires, 2016, 496 páginas).

La finalidad de la obra es investigar “quién es realmente Homo Sapiens, cómo el humanismo se convirtió en la religión dominante en el mundo y por qué es probable que intentar cumplir el sueño humanista cause su desintegración” (p. 81). En este sentido, en continuidad con la primera obra del autor titulada “Sapiens. De animales a dioses”(un best-seller que fue lectura recomendada por diversas personalidades, entre las que se encontraba el creador de Facebook), el libro realiza una inteligente aunque arbitraria selección de hechos y procesos históricos íntimamente vinculados con los debates suscitados por las biotecnologías y se esfuerza por ofrecer una síntesis de los desarrollos a los que nos conduce la conjunción de los descubrimientos de las ciencias de la vida y los logros de la informática. De allí que podamos afirmar que la obra tiene un indudable interés bioético y ofrezcamos a continuación una breve reseña crítica, abierta al debate y el intercambio.

La nueva agenda humana

En apretada síntesis, podemos decir que para Harari el Homo Sapiens, luego de conseguir los poderes para controlar el hambre, la peste y la guerra, reconduce sus esfuerzos hacia tres nuevos objetivos que conforman lo que él llama la nueva “agenda humana”: buscar la inmortalidad, la felicidad y la divinidad.

a) La inmortalidad: La inmortalidad sería el fruto de la ingeniería genética, la medicina regenerativa y la nanotecnología (p. 36). Para lograr ese objetivo, “la medicina necesitará rediseñar las estructuras y procesos más fundamentales del cuerpo humano, y descubrir cómo regenerar órganos y tejidos” (p. 40). Esto estará potenciado por la creencia en la santidad de la vida, la institución científica y la economía capitalista (p. 40).

b) La felicidad: Para el logro de la felicidad individual, considera que está en marcha la “solución bioquímica”, que consiste en “desarrollar productos y tratamientos que proporcionen a los humanos un sinfín de sensaciones placenteras, de modo que nunca nos falten” (p. 55).

c) La divinidad: En cuanto al acceso de los humanos a los poderes divinos de creación y destrucción, pasando del Homo Sapiens al Homo Deus, el autor considera que es posible a través de tres caminos: “ingeniería biológica, ingeniería cyborg e ingeniería de seres no orgánicos” (p. 56). Por la ingeniería biológica, se reescribirá el código genético, se reconectarán circuitos cerebrales, se modificará el equilibrio bioquímico o incluso se crearán nuevas formas corporales (p. 56). La ingeniería cyborg “fusionará el cuerpo orgánico con dispositivos no orgánicos, como manos biónicas, ojos artificiales, o millones de nanorrobots” (p. 57). Y finalmente se podrían crear seres “totalmente inorgánicos” de modo que las redes neuronales sean sustituidas “por programas informáticos con la capacidad de navegar tanto por mundos virtuales como no virtuales, libre de las limitaciones de la química orgánica” (p. 58).

La persona humana, ¿sólo un algoritmo?

Una de las ideas centrales que atraviesa el libro es que los organismos, entre los que se encuentran los seres humanos, son algoritmos. Así lo resume Harari en uno de los pasajes de la obra: “1. Los organismos son algoritmos, y los humanos no son individuos: son ‘dividuos’. Es decir, los humanos son un conjunto de muchos algoritmos diferentes que carecen de una voz interior o un yo únicos. 2. Los algoritmos que conforman un humano no son libres. Están modelados por los genes y las presiones ambientales, y toman decisiones, ya sea de manera determinista, ya sea al azar, pero no libremente. 3. De ahí se infiere que un algoritmo externo puede teóricamente conocerme mucho mejor de lo que yo nunca me conoceré. Un algoritmo que supervisa cada uno de los sistemas que componen mi cuerpo y mi cerebro puede saber exactamente quién soy, qué siento y qué deseo. Una vez desarrollado, dicho algoritmo puede sustituir al votante, al cliente y al espectador. Entonces el algoritmo será quien mejor sepa lo que le conviene, el algoritmo siempre tendrá la razón y la belleza estará en los cálculos del algoritmo” (p. 360). Al tiempo que recuerda que “un algoritmo es un conjunto metódico de pasos que pueden emplearse para hacer cálculos, resolver problemas y alcanzar decisiones” (p. 100), el autor repite la idea en otros pasajes, como por ejemplo cuando afirma que “las emociones son algoritmos bioquímicos vitales para la supervivencia y la reproducción de todos los mamíferos” (p. 100).

En las raíces de esta postura Harari ubica a la teoría de la evolución,que derriba el “relato” del alma y de la libertad, de modo que “la palabra sagrada ‘libertad’ resulta ser, al igual que ‘alma’, un término vacuo que no comporta ningún significado discernible. El libre albedrío existe únicamente en los relatos imaginarios que los humanos hemos inventado” (p. 313).Y luego explica: “En realidad, solo hay una corriente de conciencia, y los deseos surgen y transcurren dentro de dicha corriente, pero no hay un yo permanente que posea los deseos, de modo que no tiene sentido preguntar si elijo mis deseos de manera determinada, aleatoria o libre” (p. 315). “Si los organismos en verdad carecen de libre albedrío, ello implica que podemos manipular e incluso controlar sus deseos mediante el uso de drogas, ingeniería genética y estimulación directa del cerebro” (p. 316).

Para el autor, hay que prestar atención a tres procesos concentrados: “1. La ciencia converge en un dogma universal, que afirma que los organismos son algoritmos y que la vida es procesamiento de datos.2. La inteligencia se desconecta de la conciencia.3. Algoritmos no conscientes pero inteligentísimos pronto podrán conocernos mejor que nosotros mismos” (p. 431).

Una valoración antropológica del pensamiento de Harari

Más allá de las justificadas críticas que cabría hacer a Harari por incurrir en el llamado “determinismo genético”, podemos profundizar en una valoración antropológica del tema.

El hecho de que el ser humano tenga las herramientas para penetrar hasta los secretos más precisos y concretos de la vida biológica no significa que la vida humana se reduzca a esos componentes “materiales”. Justamente, la expresión “dignidad humana” viene a expresar el reconocimiento de una excelencia en el ser de la persona humana que abarca y excede a los componentes corporales, implicando una necesaria dimensión espiritual. Esa dimensión se expresa en las potencias espirituales, inteligencia y voluntad, capacidad de conocer y amar. De allí que la principal crítica que puede formularse a la visión del libro es el materialismo que reduce al ser humano a sus componentes materiales y desconoce los dinamismos espirituales.

De hecho, el autor reconoce que “la ciencia sabe muy poco acerca de la mente y la conciencia… Nadie tiene ni idea de cómo una diversidad de reacciones bioquímicas y de corrientes eléctricas en el cerebro generan la experiencia subjetiva de dolor, ira o amor” (p. 126). Y también “es la mayor laguna en nuestra comprensión de la vida” (p. 128). “¿Por qué tienen los humanos experiencias subjetivas de hambre y miedo?” (p. 129). “A pesar del enorme conocimiento que hemos reunido en los ámbitos de las matemáticas y de la informática, ninguno de los sistemas de procesamiento de datos que hemos creado necesita experiencias subjetivas para funcionar, y ninguno siente dolor, placer, ira o amor” (p. 132).

La visión materialista de la persona aparece en toda su evidencia cuando el autor, hablando del objetivo de la “inmortalidad”, reconoce que en realidad serán superhumanos “amortales”, que “podrán morir todavía en alguna guerra o accidente, y nada podrá hacerlos volver del inframundo. Sin embargo, a diferencia de nosotros, los mortales, su vida no tendrá fecha de caducidad” (p. 37). Es una “inmortalidad” inmanente, centrada en este mundo y por tanto limitada y finita. Difícilmente pueda pensarse como feliz y plena una inmortalidad que se limite a este mundo. Corresponde aquí confrontar esta visión de la inmortalidad con aquella que es propia del cristianismo, que sostiene que Jesucristo resucitó y está vivo junto a Dios Padre. De la fe en la Resurrección se deriva una fe en que todos los seres humanos estamos llamados a participar de esa resurrección. Este punto es muy bien tratado por Benedicto XVI en la encíclica SpeSalvi, donde distingue adecuadamente la pretensión de una vida eterna aquí en la tierra: “Seguir viviendo para siempre –sin fin– parece más una condena que un don. Ciertamente, se querría aplazar la muerte lo más posible. Pero vivir siempre, sin un término, sólo sería a fin de cuentas aburrido y al final insoportable” (Benedicto XVI, Carta Encíclica SpeSalvi, 2007, n. 10).

Reflexionar sobre el carácter contingente y limitado de la persona no significa negarse a buscar la salud y la curación de la persona humana, pero dentro de los cauces de su condición de creatura y del orden que surge de las cosas. En este sentido, la visión materialista del ser humano ofrece un horizonte cerrado y limitado que no puede nunca responder a los anhelos de fondo de la persona humana.

El enfoque materialista de la persona, a su vez, resulta funcional a las tendencias ideológicas que reducen a la persona a mero sujeto de relaciones de consumo o a mero engranaje de mecanismos sociales de circulación de bienes y servicios. Además, si la vida humana es mero algoritmo, se debilitan socialmente las razones para luchar por la dignidad de cada uno. ¿Cuáles serían las razones para defender la dignidad de cada persona humana? Ni siquiera la dignidad de la especie humana como tal aparece defendible ante esta impronta materialista.

Justamente en relación a estas consecuencias sociales de la visión materialista de la persona, Harari llama correctamente la atención sobre la posibilidad de que surja una selecta clase de superhumanos, que deje a millones de seres humanos en la irrelevancia y en una pobreza extrema sin las condiciones más básicas de la vida. Y señala que existe una fuerte tentación a que ello se produzca, si tenemos en cuenta el cambio operado en la medicina: “La medicina del siglo XX aspiraba a curar a los enfermos. La medicina del siglo XXI aspira cada vez más a mejorar a los sanos. Curar a los enfermos fue un proyecto humanitario, porque daba por hecho que existe un estándar normativo de salud física y mental que todos pueden y deben disfrutar. Si alguien caía por debajo de la norma, era tarea de los médicos resolver el problema y ayudarle o ayudarla a ‘ser como todo el mundo’. En cambio, mejorar a los sanos es un proyecto elitista, porque rechaza la idea de un estándar universal aplicable a todos, y pretende conceder a algunos individuos ventajas sobre los demás” (p. 380-381).Sin embargo, al asumir un enfoque materialista que anula la libertad, Hararicierra las “opciones” para revertir ese proceso y dar una justa respuesta a cada persona en su inalienable dignidad.

Si todos los organismos son algoritmos y procesos irrefrenables, ¿por qué existen opciones para la humanidad? Si no existe el libre albedrío ni el alma, ¿por qué plantear la posibilidad de poner límites y actuar ante esta nueva “agenda humana”? Aquí se encuentra una de las contradicciones de esta obra.

Deslumbrado por las conquistas biotecnológicas, Harari lleva hasta sus últimas consecuencias una visión materialista y determinista del ser humano. Sin embargo, soslaya la innegable dimensión espiritual que tiene la persona humana y que, justamente, está en la base de las aspiraciones a la inmortalidad, la felicidad y la divinidad. Sólo el ser humano tiene esa dignidad ontológica y moral que lo lleva a buscar su perfección.

Como hemos dicho muchas veces, junto con el extraordinario poder que tiene el ser humano de conocer y dominar los procesos biológicos y materiales, debe garantizarse y desarrollarse una proporcionada capacidad de descubrir y respetar la inalienable dignidad de cada persona humana, en su condición de participación en el ser, creada a imagen y semejanza de Dios. De no cumplirse esta condición, el ser humano perderá las razones vitales, éticas y jurídicas básicas para garantizar el respeto a cada persona y a sus derechos fundamentales.

Organoides cerebrales humanos: nuevo desafío para la bioética

Los “mini-cerebros” o “Human brain organoid” serían similares a un cerebro humano de 20 semanas de desarrollo.

Por: Leonardo Pucheta | Fuente: www.centrodebioetica.org

En el ámbito del Petrie Flom Center de la Universidad de Harvard, abocado al estudio de políticas públicas en materia de salud, biotecnologías y Bioética, se ha planteado un escenario desafiante para bioeticistas y abogados especializados, pues de la mano de estudios recientes asociados a la utilización de células madre se reavivan las discusiones en torno al modo en que deben ser regulados tales desarrollos.

El debate refiere a un estudio reciente que habría concluido que sometidas a determinadas condiciones, células madre derivadas de la piel podrían convertirse en tejido cerebral y eventualmente dar lugar a la creación de un cerebro artificial completo. Se trataría de un estudio en el que se pretende “hacer un cerebro en el laboratorio”.

Los “mini-cerebros” o “Human brain organoid” serían similares a un cerebro humano de 20 semanas de desarrollo y según afirmó el Dr John Aach del Departamento de Genética en la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, poseerían un alto potencial para desarrollar novedosas investigaciones y tratamientos médicos.

No obstante, el especialista destacó también que debe repararse en los aspectos éticos involucrados, pues los organoides cerebrales humanos podrían llegar a sentir dolor. Si bien el mentado desarrollo no estaría comprendido en la definición tradicional de embrión, Aach planteó dudas acerca de la aplicabilidad de las regulaciones relativas a la investigación con embriones humanos. Si bien el tema ha merecido el desarrollo de diversos criterios, Aach destaca la regla del día, según la cual en base a la aparición de la estría primitiva se impondrían limitaciones éticas en la investigación con embriones humanos. Por nuestra parte, si bien hemos afirmado en diversas oportunidades que asociar la protección del embrión a un momento determinado del desarrollo celular no resulta compatible con la regulación jurídica apropiada –la que debería instarse desde el momento mismo de la unión de los gametos– no puede sino celebrarse la reflexión ética aludida.

En este punto es importante destacar que en el caso Brüstle c. Greenpeace el Tribunal de Justicia de la Unión Europea rechazó la patentabilidad de todo proceso o invención que suponga la destrucción de embriones humano, afirmando que “el Derecho de patentes se ha de ejercer respetando los principios fundamentales que garantizan la dignidad y la integridad de las personas, que es preciso reafirmar el principio según el cual el cuerpo humano, en todos los estadios de su constitución y de su desarrollo incluidas las células germinales, así como el simple descubrimiento de uno de sus elementos o de uno de sus productos, incluida la secuencia o la secuencia parcial de un gen humano, no son patentables”.

La determinación del momento exacto en el que se da el comienzo de la existencia de la persona humana y la protección de la vida humana constituyen algunas de las cuestiones más polémicas y de difícil resolución, en tanto ponen de manifiesto las tensiones entre los adelantos biomédicos, los intereses económicos y los derechos de los sujetos involucrados.

La aparente utilidad diagnóstica y terapéutica del desarrollo comentado y la necesaria protección de todos los seres humanos en efecto exigen la correspondiente valoración ética y una regulación jurídica adecuada, lo que supone reexaminar los criterios bioéticos imperantes a la luz de las más recientes novedades tecnológicas.

Cómo la primera experiencia con la muerte que tuvo mi hijo de 7 años

| Mar 26, 2017

Godong / Robert Harding Premium

Nuestro encuentro accidental con un ataúd trajo a nuestro hogar la belleza de nuestra fe

Mi hijo y yo salimos corriendo a la misa matinal a principios de esta semana con la intención de pasar luego por el confesionario y tener nuestras almas limpias y ordenadas para el comienzo de la Cuaresma. Éramos segundo y tercera en una fila bastante larga y, después de salir del confesionario, nos sentamos en la oscuridad de la iglesia para hacer nuestra penitencia. Según parece el sacerdote me había mandado a mí más oraciones que a mi joven hijo, así que el muchachito ya estaba retorciéndose de inquietud mientras me esperaba. Le di permiso para ir a encender una vela en el fondo de la iglesia.

Cuando volvió (mi penitencia era larga), me informó de que parecía que iba a haber un funeral porque había un ataúd en la entrada. Me contó que había como una monja dentro porque tenía un rosario en las manos y algún tipo de velo sobre la cabeza.

Volví la mirada y vi que, efectivamente, había personal de una funeraria preparando el féretro. Le dije a mi hijo que nos pararíamos por el camino para decir una oración.

Terminé mi penitencia y avanzamos por el pasillo hacia la puerta principal. Cuando llegamos a la entrada, me di cuenta que mi hijo, desde su altura, había viso solo una parte del revestimiento del ataúd, que había confundido con el velo de una monja, y la punta de un crucifijo sobresaliendo de entre las manos del fallecido. De hecho, la persona dentro del ataúd era un hombre.

Cogí en brazos a mi hijo para que pudiera ver mejor y empecé a explicarle lo que estábamos viendo. Era la primera vez que veía un cuerpo sin vida (de hecho, para empezar no estoy segura de cómo ni por qué supo reconocer la caja negra como un ataúd), y observé su rostro cuidadosamente mientras le hablaba de que, una vez se marchan nuestras almas, nuestros cuerpos se quedan fríos y rígidos y toman un color poco natural.

Lo asumió todo con calma; ya entiende mucho del reino animal por sus dibujos animados de Los Hermanos Kratt y otros programas del estilo, así que reconoció que el cuerpo estaba empezando el proceso de descomposición… que empezaba a volver a ser polvo, ceniza, un fenómeno que sabe que destacamos el Miércoles de Ceniza con las cruces en nuestra frente.

Lo que llamó la atención de mi hijo fue que mis ojos empezaron a humedecerse mientras le recordaba que podíamos decir una oración por este señor… y pedirle también que rezara por nosotros y que saludara al abuelo Billy de nuestra parte. Mi hijo asintió, sin duda imaginándose a los dos señores que, tras superar la distancia de varios años y varios miles kilómetros, ahora se hacían amigos en el Paraíso.

“Bienvenido a casa, caballero”, recé ante el féretro con voz entrecortada, mientras pedía por él la misericordia de Dios y, confiando en esa misericordia, le pedía que intercediera por nosotros.

Te encomiendo, querido hermano mío, a Dios todopoderoso, y te confío a tu Creador. Que regreses a Él, que te formó del polvo de la tierra. Que Santa María, los ángeles y todos los santos acudan a recibirte…

Cuando nos marchábamos, me vino a la mente algo que escribió Benedicto XVI sobre otra gran época del año eclesiástico: la Navidad.

La venida de Jesús “no es una fábula para niños”, dijo el sabio pontífice. Es “la respuesta de Dios al sufrimiento de la humanidad en busca de la paz. ¡Él mismo será su paz!”.

La primera experiencia de mi hijo de 7 años con un cadáver y un féretro estuvo profundamente imbuida de paz… e incluso de dicha. Es lo que hace la fe por nosotros. Había algo del sentimiento humano natural de tristeza (una tristeza indirecta por la familia, ya que ni siquiera conocíamos a esta persona, y por la persistente tristeza desde que enterrara a mi padre hacía ya 16 años). Pero todo eso se veía ensombrecido por la tremenda certidumbre de que Dios mismo siempre estará con nosotros y que “Él [nos] enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir”, según nos dice Apocalipsis 21.

La fe no es un cuento de hadas. El Cielo y la Comunión de los Santos y la Resurrección del Cuerpo son algo real. Podemos aceptarlo con seguridad porque el Uno que es Verdad, el Uno digno de confianza infinita, así lo ha dicho.

La humanidad sufre y buscamos la paz. Morimos y lloramos a nuestros muertos. Pero Dios es nuestra paz. Y Él renueva todas las cosas.

Tomé la mano de mi hijo y salimos de la iglesia, agradecidos de ser creyentes.

“Me trasladó en espíritu a un monte grande y alto y me mostró la Ciudad Santa de Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, y tenía la gloria de Dios. Su resplandor era como el de una piedra muy preciosa, como jaspe cristalino”.

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La niña que murió de hambre, el caso que sacude a Bolivia

| Mar 22, 2017

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Falleció sin que nadie se diera cuenta; tenía desnutrición severa y era epiléptica

Para muchos se trata de un penoso caso de indolencia social con el gran tema de la pobreza extrema que sacude a varios países de América Latina, entre ellos Bolivia.

En esta oportunidad, el hecho que conmocionó a la opinión pública tiene que ver con la muerte de Eva, una niña de 12 años, y la situación de su familia, inmersa en medio de la miseria absoluta en la ciudad de El Alto (La Paz), uno de los lugares más pobres del país sudamericano.

“LA NIÑA FALLECIÓ A CAUSA DE LA EXTREMA POBREZA EN LA QUE VIVÍA TODA SU FAMILIA. EVA QUINO, Q.E.P.D”, rezaba sin tapujos una pancarta puesta sobre el cajón en la sala velatoria durante el fin de semana.

Efectivamente, la autopsia determinó que Eva murió a casusa de una desnutrición crónica, aunque además sufría de ataques de epilepsia, indica La Razón de Bolivia.

Esta niña vivía con sus padres, ambos postrados en una cama debido a inconvenientes de salud, y otros cinco hermanos, entre ellos Alan, el mayor de 19 años, quien al mismo tiempo hacía las veces de sustento de la familia a través de salidas temporales para trabajar y llevar algo de comer a la casa.

Debido a esta situación los hermanos tuvieron que dejar la escuela y todos estaban condenados a comer cuando se podía.

“Desde el 2013 mi hermana sufría convulsiones (por epilepsia) a causa de una lesión en el cerebro, creo que se cayó de las gradas del colegio. Le daba hasta ocho convulsiones cada día. En la última semana ha perdido el apetito”, expresó Alan a los medios de prensa bolivianos que asistieron al velorio, prosigue La Razón.

Pero otro, de los aspectos dolorosos de este caso tiene que ver con que nadie se percató de la muerte de Eva hasta la visita de un funcionario municipal al lugar por otros asuntos.

De momento, los otros hermanos fueron trasladados a un hogar municipal para evaluar aspectos de salud y los padres de Eva también fueron hospitalizados.

Por su parte, la Iglesia en Bolivia lamentó la situación y expresó tristeza por la indiferencia de los vecinos hacia Eva y su familia.

“Este hecho no solo es lamentable. Hasta dónde perdemos el sentido de la humanidad, tanto que ni los vecinos se percataron de esta situación, ese sentimiento humano se va perdiendo y esa es una de las cosas que lamentamos”, expresó a El Deber el obispo auxiliar de la Arquidiócesis de la Paz y secretario de la Conferencia Episcopal de Bolivia, Aurelio Pesoa.

“El no percatarse del vecino, el no preocuparse por el otro es una de las cosas que nos entristece como Iglesia y sobre todo que la vida de esta niña haya terminado de esta manera”, prosiguió.

De esta manera, mientras la vorágine informativa lleva a que ahora los medios bolivianos estén inmersos en el conflicto internacional que tiene este país con Chile, un nuevo drama humano logró trascender y hacerse público al menos por unas horas.

Mientras tanto, tuvo que pasar esta tragedia para que algunas medidas para colaborar con esta familia se hicieran explícitas. Por ejemplo, a nivel gubernamental se anunció el apoyo a esta familia con vivienda y trabajo. Pero la gran pregunta es, ¿hasta cuándo se seguirán suscitando situaciones como éstas? Todo parece indicar que el tema requiere de medidas de fondo, en un país donde paradójicamente los datos estadísticos indican que en 10 años (entre 2005 y 2015) la pobreza extrema en las ciudades bajó de 36.7% a 16.8%.

Pero estos, en definitiva, son números y todo cambia cuando el tema hace tangible con situaciones como la de Eva y su familia.

Y en medio del dolor, un testimonio conmovedor: “La Eva está en el cielo, con Dios, está mejor, hermano”, expresó Alan, mientras era saludado con pesar por sus compañeros del colegio.

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Transhumanismo: ¿se puede eliminar la muerte?

| Mar 24, 2017

De la naturaleza biológica a la naturaleza de base tecnológica, ¿qué hay detrás de este movimiento?

El transhumanismo o H+ (Humanidad Plus) es un movimiento cultural e intelectual que afirma la posibilidad y necesidad de mejorar la condición humana, basándose solo en el uso de la ciencia y las tecnologías más avanzadas. Estas tecnologías conseguirían  aumentar las capacidades físicas, intelectuales y psicológicas de los seres humanos y alargar la vida de modo indeterminado o, incluso para algunos, hacer al hombre inmortal en la Tierra.

Estas tecnologías son la ingeniería genética, las tecnologías de la información, la farmacología, así como tecnologías que se encuentran en fase experimental como la nanotecnología, la inteligencia artificial y la colonización espacial.

El transhumanista Nick Bostrom afirma que “será posible utilizar terapias del tipo genético y otros métodos biológicos para bloquear el proceso del envejecimiento y estimular el rejuvenecimiento y la reparación de los tejidos en forma indefinida y es posible que una tarea de este tipo solo pueda ser llevada a cabo por la nanotecnología. Mientras tanto solo existen tratamientos en base a hormonas”, que son muy caras.

El transhumanismo quiere cambiar la naturaleza biológica del hombre para hacer una naturaleza de base tecnológica. El hombre no envejecerá, pues la tecnología mantendrá una lucha contra la muerte y tal vez vencerla, según dicen.

Inspirándose en la Ilustración del Siglo XVIII, eliminan a Dios y ponen en su lugar la ciencia, el conocimiento. Pero cabe preguntarnos: ¿las tecnologías de futuro harán que los hombres sean más iguales? ¿Y más felices?  ¿Y más libres? Esto es una discusión filosófica y científica en que se basó una jornada titulada “Inteligencia artificial y transhumanismo” organizada por la Federación Internacional de Médicos Católicos (FIAMC) en Barcelona (España) con la participación de expertos europeos de diversas disciplinas.

La conferencia magistral inaugural fue a cargo del profesor de Teología y Bioética de la Universidad Católica de Milán, Dr. Michele Aramini. Con él nos sentamos para hablar e informar a los lectores de Aleteia sobre este fenómeno mundial, muy extendido en América Latina, que es el Transhumanismo.

Preguntamos al profesor Aramini si las transformaciones del hombre y del género humano que pretenden los transhumanistas llevarán a una mayor igualdad entre los hombreds: “no es posible, responde, porque habrá que aplicar al hombre una tecnología muy cara y pocos hombres estarán en condiciones económicas para comprarla. Tampoco será una sociedad democrática porque solo una élite de habitantes del mundo occidental podrá pagarse la tecnología y esto lleva a una discriminación fuertísima entre los hombres, entre los que se pueden pagar las tecnologías y los que no”. Y los que pueden, dominarán al resto condenándolos a formar una clase social baja y oprimida.

¿Y la felicidad? ¿Serán más felices? El profesor Aramini afirma que una cuestión preliminar es preguntarse “sobre el sentido de la vida”. Esto se lo preguntan teólogos y filósofos, creyentes y ateos (el ideario transhumanista es ateo). “El ateísmo moderno –dice el profesor– se ha lanzado desesperadamente a los brazos del dios ciencia (cientifismo) pidiendo a la ciencia un significado de la propia vida”. Y añade: “sería contradictorio que una vida privada de sentido y fruto de la casualidad” llegara a ser deseable hasta el punto de hacerla inmortal.

El profesor Ermanno Pavesi, secretario general de la FIAMC, dijo en esta jornada que el hombre no puede prescindir de Dios y citó al papa Francisco en su encíclica “Laudato sí´” (n. 221) donde dice que “Dios ha creado el mundo inscribiendo en él un orden y un dinamismo que el ser humano no tiene derecho a ignorar”. O sea que la intervención humana debe estar en el orden de la creación, sin manipulaciones.

El transhumanismo cree que puede construir una vida muy larga, y hasta algunos aseguran que el hombre llegará tener una vida inmortal en la Tierra. Esta teoría se confronta con el cristianismo que predica también la inmortalidad del hombre. “Ciertamente –dice el profesor Aramini—el hombre quiere una vida verdadera, plena, una vida que valga la pena, que sea alegre y gozosa”, lo que conseguirá en la visión beatifica de Dios. La vida eterna predicada por Jesucristo no es la inmortalidad de la vida terrena, sino la “existencia en una nueva dimensión”, la comunión con Dios, que necesita la muerte del cuerpo.

Jesucristo resucita a Lázaro, no para que viva eternamente, sino para que siga viviendo y muera y pueda acceder a la eternidad en comunión con Dios. Los transhumanistas, sin embargo, no creen en la trascendencia de una vida cuya meta es estar junto a Dios. No quieren la muerte, la rechazan. Por eso creen que la ciencia les hará “como dioses”.

El hombre nuevo que proponen los transhumanistas ¿será más libre? Ellos creen que sí, pero “es una libertad falsa”, dice el profesor Aramini. ¿Quién va a preservar la dignidad del hombre, el amor, el cariño, la amistad y la capacidad auténtica de elegir entre una cosa u otra?

A lo largo de los siglos, quien ha liberado al hombre es Dios, desde la liberación de su Pueblo en Egipto, hasta Jesucristo que ocupa el ápice de esta liberación. “Él es el fundador de la libertad del hombre, dice Aramini, porque consiente al hombre tomar la decisión más alta, en relación con Dios mismo, cuando dice (Jn, 6, 67): “¿también queréis iros vosotros?” (Muchos le abandonan al anunciar la Eucaristía).

Y añade Aramini: “El hombre contemporáneo, curiosamente, ha entrado en una situación paradoxal: reivindica la libertad pero teme usarla, porque la libertad comporta un riesgo que es decidirse por una causa y ser fiel a la misma con coherencia dándose una identidad. La elección de esta causa (ser o no ser tal cosa, hacer o no hacer tal otra) no puede basarse en garantías científicas”. Es imposible. La decisión del hombre estará basada en el sentido de la vida y elegirá sobre lo que conoce con certeza, esto es la fe que le da una identidad.

El transhumanismo hoy “se mueve en el terreno más hipotético que realista”, dice Michele Armanini. En la nanotecnología se quiere construir una especie de “robot” permanente dentro de nuestro organismo y monitorizarlo y llegar a la “digitalización del yo”. ¿El hombre transformado en un robot, con tanta inteligencia artificial y tanta manipulación genética? En muchas cosas el transhumanismo está instalado en la ciencia ficción y en el ateísmo.

“Si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios”

| Mar 23, 2017

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Día litúrgico: Jueves III de Cuaresma

Texto del Evangelio (Lc 11,14-23): En aquel tiempo, Jesús estaba expulsando un demonio que era mudo; sucedió que, cuando salió el demonio, rompió a hablar el mudo, y las gentes se admiraron. Pero algunos de ellos dijeron: “Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios”. Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo. Pero Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: “Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?, porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul. Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios. Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama.

Comentario por Josep GASSÓ i Lécera (España)

Hoy, en la proclamación de la Palabra de Dios, vuelve a aparecer la figura del diablo: “Jesús estaba expulsando un demonio que era mudo” (Lc 11,14). Cada vez que los textos nos hablan del demonio, quizá nos sentimos un poco incómodos. En cualquier caso, es cierto que el mal existe, y que tiene raíces tan profundas que nosotros no podemos conseguir eliminarlas del todo.

También es verdad que el mal tiene una dimensión muy amplia: va “trabajando” y no podemos de ninguna manera dominarlo. Pero Jesús ha venido a combatir estas fuerzas del mal, al demonio. Él es el único que lo puede echar.

Se ha calumniado y acusado a Jesús: el demonio es capaz de conseguirlo todo. Mientras que la gente se maravilla de lo que ha obrado Jesucristo, “algunos de ellos dijeron: ‘Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios’” (Lc 11,15).

La respuesta de Jesús muestra la absurdidad del argumento de quienes le contradicen. De paso, esta respuesta es para nosotros una llamada a la unidad, a la fuerza que supone la unión. La desunión, en cambio, es un fermento maléfico y destructor.

Precisamente, uno de los signos del mal es la división y el no entenderse entre unos y otros. Desgraciadamente, el mundo actual está marcado por este tipo de espíritu del mal que impide la comprensión y el reconocimiento de los unos hacia los otros.

Es bueno que meditemos cuál es nuestra colaboración en este “expulsar demonios” o echar el mal. Preguntémonos: ¿pongo lo necesario para que el Señor expulse el mal de mi interior? ¿Colaboro suficientemente en este “expulsar”? Porque “del corazón del hombre salen las intenciones malas” (Mt 15,19). Es muy importante la respuesta de cada uno, es decir, la colaboración necesaria a nivel personal.

Que María interceda ante Jesús, su Hijo amado, para que expulse de nuestro corazón y del mundo cualquier tipo de mal (guerras, terrorismo, malos tratos, cualquier tipo de violencia). María, Madre de la Iglesia y Reina de la Paz, ¡ruega por nosotros!

Artículo originalmente publicado por evangeli.net

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3 experiencias de premuerte que te harán plantearte la existencia del Paraíso

| Mar 22, 2017

Son los casos de los que habla el doctor Theillier, médico que ha estudiado los milagros de Lourdes

El doctor Patrick Theillier conoce bien los fenómenos sobrenaturales. Católico convencido y comprometido, ha trabajado durante 10 años como médico de la Oficina de Constataciones Médicas del Santuario de Lourdes. Junto a otros médicos, no necesariamente creyentes, se ha esforzado por verificar científicamente el carácter humanamente inexplicable de las curaciones obtenidas por intercesión de Nuestra Señora de Lourdes.

Y es precisamente a partir de las conclusiones elaboradas por esta oficina que le fue posible a la Iglesia llegar al reconocimiento de algunos milagros. Una curación inexplicable se declara milagro cuando la autoridad eclesiástica competente reconoce un signo del poder y el amor de Dios presente en la vida de los hombres, capaz de fortalecer la fe del pueblo cristiano.

En “Quando la mia anima uscì dal corpo” (ediciones San Pablo) – Cuando mi alma salió del cuerpo – el doctor Theillier estudia las experiencias de premuerte, o acaecidas “en los límites de la muerte” (conocidas con la sigla inglesa NDE, Near-Death Experience).

1 – “Hice un viaje al Cielo”

En 2010 Todd Burpo, un pastor de la iglesia metodista de Nebraska, en Estados Unidos, escribió un pequeño libro, Heaven Is for Real, (El Paraíso es real) en donde contó la NDE de su hijo Colton: “Hizo un viaje al Cielo” durante una operación de peritonitis en la que sobrevivió. La historia es particular porque Colton tenía sólo 4 años cuando sucedió, y les contó su experiencia a sus padres, quienes quedaron impactados, pues lo hizo de forma casual y fragmentada. La NDE de los niños son las más conmovedoras porque son las menos contaminadas, las más verdaderas; se podría decir: las más vírgenes.

Premuerte más auténtica en los niños

El pediatra Melvin Morse, director de un grupo de investigación de las experiencias de premuerte en la Universidad de Washington, dice:

“Las experiencias de premuerte de los niños son sencillas y puras, no están contaminadas por ningún elemento de carácter cultural o religioso. Los niños no quitan experiencias como hacen a menudo los adultos, y no tienen dificultad en integrar las implicaciones espirituales de la visión de Dios”.

“Ahí me cantaron los ángeles”

Este es el resumen de la historia de Colton como aparece en el libro Heaven Is for Real. Cuatro meses después de su operación, al pasar en coche cerca del hospital donde fue operado, su mamá le preguntó si se acordaba, Colton respondió con una voz neutra y sin excitación: “Sí, mamá, me acuerdo. Ahí me cantaron los ángeles”. Y con un tono serio añadió: “Jesús les dijo que cantaran porque yo tenía mucho miedo. Y luego estuve mejor”. Impresionado, su padre le preguntó: “¿Quieres decir que estaba también Jesús?” El niño haciendo ademán afirmativo con la cabeza, como si confirmara algo muy normal, dijo: “Sí, también estaba él”. El papá le preguntó: “Dime, ¿dónde estaba Jesús?”. El niño le respondió: “Yo estaba sentado en sus piernas”.

La descripción de Dios

Es fácil imaginarse a los padres preguntarse si todo esto es verdad. Ahora, el pequeño Colton cuenta que dejó su cuerpo durante la operación, y lo demuestra describiendo con precisión lo que cada uno de los padres estaba haciendo en ese momento en otra parte del hospital.

Impactó a sus padres al describir el Cielo con particularidades inéditas, correspondientes a la Biblia. Describió a Dios como realmente grande y dijo que nos ama. Dijo que es Jesús quien nos recibe en el Cielo.

Ya no tiene miedo de la muerte. Lo dijo a su papá una vez que le dijo que corría el riesgo de morir si atravesaba la calle corriendo: “Que hermoso. Quiere decir que volveré al Cielo”.

El encuentro con la Virgen María

Después, respondió con la misma sencillez a las preguntas que le hicieron. Sí, vio animales en el Cielo. Vio a la Virgen María arrodillada frente al trono de Dios, y muchas veces cerca de Jesús, y que ama como lo hace una madre.

2 – El “túnel” del neurocirujano

El doctor Eben Alexander, neurocirujano estadounidense, especialista del cerebro, no creía absolutamente en una vida después de la muerte. Era escéptico: para él, todas las historias de NDE eran delirios y estupideces. En 2008 tuvo una meningitis fulminante que le hizo cambiar de idea. Contó su experiencia de premuerte primero en un artículo del semanario estadounidense Newsweek, y luego en un libro. Un viaje que lo convenció de la existencia de una vida después de la muerte.

“Estaba en una dimensión más amplia del universo”

Hace cuatro años los médicos del hospital general de Lynchburg, en Virginia, donde él trabajaba, le diagnosticaron una rara forma de meningitis bacteriana, que normalmente ataca a los recién nacidos. Las probabilidades de salir sin entrar en un estado vegetal eran pocas, y se volvieron casi nulas en las urgencias.

“Pero mientras las neuronas de mi corteza se reducían a la inactividad completa, mi consciencia, liberada del cerebro, recorrió una dimensión más amplia del universo, una dimensión que no había soñado y que habría sido feliz de poder explicar científicamente antes de hundirme en el coma. Hice un viaje a un ambiente lleno de grandes nubes rosas y blancas… Muy por encima de estas nubes, en el cielo, giraban en círculo seres cambiantes que dejaban tras de sí largas estelas. ¿Pájaros? ¿Ángeles? Ninguno de estos términos describe bien a estos seres que eran distintos de todo lo que he visto en la Tierra. Eran más evolucionados que nosotros. Eran seres superiores”.

Un canto celestial

El doctor Eben Alexander se acuerda de haber oído un sonido en pleno desarrollo, como un canto celestial, que venía de arriba, y que le dio gran alegría, y de ser acompañado en su aventura por una joven mujer.

Después de esta NDE, el doctor Alexander no tuvo más dudas: la consciencia no es ni producida ni limitada por el cerebro, como el pensamiento científico dominante sigue considerando, y se extiende más allá del cuerpo.

Nueva idea de consciencia

“Ahora, para mí es – dice Alexander – cierto que la idea materialista del cuerpo y el cerebro como productores, más que como vehículos, de la conciencia humana, ha sido superada. En su lugar ya está naciendo una nueva visión del cuerpo y del espíritu. Esta visión, a su vez científica y espiritual, dará lugar a la verdad, que es el valor que los más grandes científicos de la historia siempre han buscado”.

3 – El fusilamiento

He aquí una carta de don Jean Derobert. Es un testimonio certificado con ocasión de la canonización de Padre Pío.

“En aquel tiempo – explica don Jean – trabajaba en el Servicio Sanitario del ejército. El Padre Pío, que en 1955 me había aceptado como hijo espiritual, en los momentos cruciales de mi vida siempre me había hecho llegar una nota en donde me aseguraba su oración y su apoyo. Así fue antes de mi primer examen en la Universidad Gregoriana de Roma, así fue cuando entré en el ejército, así fue también cuando tuve que ir a combatir a Argelia”.

Una nota de Padre Pío

“Una noche, un comando F.L.N. (Frente de Liberación Nacional Argelino) atacó nuestra ciudad. Fui arrestado, me pusieron frente a una puerta junto a otros cinco militares, fuimos fusilados (…). Esa mañana había recibido una nota del Padre Pío con dos líneas escritas a mano: “La vida es una lucha pero conduce a la luz” (subrayando lucha y luz)”.

La subida al cielo

Inmediatamente don Jean vivió la experiencia de salir del cuerpo. “Vi mi cuerpo a mi lado, acostado y ensangrentado, en medio a mis compañeros asesinados también. Comencé una curiosa ascensión hacia lo alto dentro de una especie de túnel. De la nube que me rodeaba distinguía rostros conocidos y desconocidos. Al principio estos rostros eran tétricos: se trataba de gente poco recomendable, pecadores, poco virtuosos. Poco a poco, mientras subía los rostros que encontraba se volvían más luminosos”.

El encuentro con los padres

“De repente mi pensamiento se dirigió a mis padres. Me encontré cerca de ellos en mi casa, en Annecy, en su habitación, y vi que dormían. Intenté hablar con ellos sin éxito. Vi el departamento y observé que habían cambiado un mueble. Muchos días después, al escribir a mi mamá, le pregunté por qué había cambiado ese mueble. Ella me respondió: “¿Cómo lo sabes?”. Luego pensé en el papa Pio XII, que conocía bien porque fui estudiante en Roma, y enseguida me encontré en su habitación. Se había apenas acostado. Nos comunicamos intercambiando pensamientos: era un gran espiritual”.

“Chispa de luz”

De repente don Jean se encontró en un paisaje maravilloso, invadido por una luz azul y dulce. Habían cientos de personas, todas con treinta años aproximadamente. “Encontré a gente conocida (…). Dejé este “paraíso” lleno de flores extraordinarias y desconocidas para mí, y ascendí un poco más alto… Allá perdí mi naturaleza de hombre y me volví una “chispa de luz”. Vi muchas otras “chispas de luz” y sabía que eran san Pedro, san Pablo, san Juan, un apóstol, tal santo tal otro”.

La Virgen y Jesús

“Luego vi a santa María, bella más allá de lo increíble con su manto de luz. Me acogió con una sonrisa increíble. Detrás de ella estaba Jesús maravillosamente bello, y todavía más atrás había una zona de luz que sabía que era el Padre, y reconocí ahí la felicidad perfecta, como una cierta experiencia de la eternidad”.

La primera vez que vi al Padre Pío después de esta experiencia, el fraile le dijo: “¡Oh, el trabajo que me diste tú, pero lo que viste fue muy bello!”.

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