Astrónomo del Vaticano: Partícula de Dios emociona pese a nombre equivocado

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ROMA, 09 Jul. 12 / 12:01 am (ACI/EWTN Noticias).-

El sacerdote jesuita Guy Consolmagno, astrónomo y vocero del Observatorio Vaticano, señaló que, a pesar de que no tiene directa relación con la teología o la revelación, el descubrimiento científico llamado por algunos como “la partícula de Dios” es un logro importante.

En entrevista con ACI Prensa, el P. Consolmagno afirmó que el hallazgo es “una maravillosa pieza de ciencia”.

El sacerdote jesuita aclaró que el descubrimiento, a pesar de su apodo, “no tiene nada que ver con teología o con Dios”, en ningún sentido directo.

“El nombre ‘la partícula de Dios’ fue dado por Leon Lederman como una broma”, recordó el astrónomo del Vaticano. “Era básicamente un título provocativo para un libro que él estaba escribiendo sobre física de partículas”.

El P. Consolmagno señaló que Lederman “dijo que si hubiera una partícula que podría existir, que pueda explicar todas las pequeñas cosas que queríamos explicar, eso sería un regalo de Dios. Es una metáfora y no tiene nada que ver con la teología”.

El 4 de julio, la Organización Europea para Investigación Nuclear (CERN), publicó los resultados de sus experimentos subatómicos realizados en su laboratorio de Ginebra, los que sugieren que han encontrado la evasiva partícula del “bosón de Higgs”, la que podría explicar la masa física de los objetos en el universo,

El P. Consolmagno dijo que el aparente descubrimiento del bosón de Higgs era un “deleite” particularmente debido al progreso gradual de la mayoría de investigación científica, y a los recursos invertidos en poner en marcha el acelerador de partículas suizo.

“Es bueno ver que ocurra un paso tan grande que todos pueden celebrar”, señaló el astrónomo vaticano, que felicitó a los investigadores, quienes “finalmente consiguieron algo de los años, tiempo y esfuerzo que pusieron en eso”.

A pesar de que las autoridades de la CERN no han afirmado definitivamente que hallaron la partícula, el director general del grupo., profesor Rolf Heuer, dijo que los investigadores han “observado una nueva partícula consistente con el bosón de Higgs”.

En la conferencia de prensa en la que se anunció el descubrimiento, Heur afirmó que “como un laico, diría que pienso que la tenemos”.

El bosón de Higgs, apodado “la partícula de Dios” por el físico Leon Lederman, fue postulado por el físico británico Peter Higgs durante la década de 1960, como un componente necesario en el “modelo estándar” del universo.

El modelo estándar comprende cuatro fuerzas distintas: el electromagnetismo, la “fuerza nuclear fuerte”, la “fuerza nuclear débil” y la gravedad. Mientras que los científicos han hecho progresos en su entendimiento de las primeras tres, se cree que la comprensión de la fuerza de gravedad dependerá del antes no observado bosón de Higgs.

Se cree que los diversos tipos de partículas subatómicas, tales como quarks, leptones, y los así llamados “portadores de fuerza” constituyen el mundo observable, de acuerdo al modelo estándar. Mientras estas partículas representan muchos fenómenos observables, se cree que el bosón de Higgs es necesario para darles su masa.

Mientras que los resultados recientes del CERN apuntan al descubrimiento de este componente perdido del modelo estándar, el P. Consolmagno indicó que hay “un indicio de que algo está sucediendo” en los resultados, “lo que siempre es emocionante”.

Pontificio Consejo de la Cultura lanza documental sobre origen del hombre

Treinta expertos opinan sobre la evolución, la creación y la fe

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ROMA, jueves 15 septiembre 2011 (ZENIT.org).-

Bajo los auspicios del Pontificio Consejo para la Cultura, y como parte del Proyecto STOQ (Science, Theology and the Ontological Quest), acaba de ver la luz la versión trilingüe, italiana, española e inglesa del DVD “El Origen del Hombre”.

Se trata de una serie de nueve documentales en torno a la evolución, la creación y la fe, elaborados con el asesoramiento de profesores de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz y de otras universidades. Recogen opiniones de más de treinta científicos, entre ellos, los premios nobel Christian De Duve y Werner Arber. Algunos de ellos son creyentes, católicos, protestantes o judíos, y otros no.

Estos documentales, realizados por Goya Producciones, investigan el desarrollo del Universo desde el “Big Bang” hasta los primates, los homínidos, y el triunfo del “Homo Hapiens”. Responden a las preguntas ¿cómo nació el universo? ¿surgimos por azar?, ¿hubo una inteligencia que guió la evolución?

El premio nobel Christian de Duve afirma que la teoría de que el mundo es eterno, inventada por Fred Hoyle, demostró ser falsa y tuvo razón su maestro Lemaitre al descubrir la teoría del “Big Bang”, la explosión que dio origen al universo.

El profesor belga Michel Ghins cree que la teoría de “los universos múltiples” fue ideada para escapar a la hipótesis de que Dios creó nuestro mundo. Pero esto no es una escapatoria porque “es imaginable que Dios Todopoderoso crease esta profusión de múltiples universos”.

Para el profesor italiano Evandro Agazzi, el azar no explica la existencia del mundo. Los que creen explicarlo todo a partir de alguna ciencia positiva caen en una “actitud reduccionista anticientífica”.

El profesor de Boston Thomas Glick cree que estos fundamentalistas del materialismo se fabrican una especie de religión o metafísica, “pero nadie confunde esto con ciencia”.

Para el profesor Arana, de la Universidad de Sevilla “nunca hubo oposición entre fe y razón. Pero siempre hubo oposición entre dos ‘fes’: la fe cientista, por decirlo así, y la fe religiosa”.

¿Es pues la Biblia compatible con la ciencia? El premio nobel suizo Werner Arber responde: “Yo puedo leer en el Génesis, al comienzo del Antiguo Testamento, que el mundo fue creado en varios periodos, y para mí, esos varios periodos son precisamente evolución”.

En opinión del investigador holandés Cees Dekker “el método de la ciencia por sí mismo no es cristiano ni es ateo. Ciencia y religión no están en conflicto. Y la ciencia en sí misma encaja muy bien con la visión cristiana del mundo”.

La serie “El Origen del Hombre”, afirma la productora, “pone al desnudo una cierta explotación ideológica de la ciencia, y en particular del darwinismo. Darwin fue manipulado a favor del racismo, tanto por parte del marxismo como en la Alemania nazi y en Estados Unidos. La Iglesia católica, por su parte, no condenó a Darwin. La evolución podría haberse dado dentro de la creación”.

Esta serie audiovisual, añade, expone “la inconsistencia de posiciones ateas como las de Stephen Hawking o Richard Dawkins en un extremo, y la de los fundamentalistas bíblicos y creacionistas en el otro”. Concluye que “no es científico negar lo sobrenatural. La ciencia natural no capta lo que cae fuera de la esfera material”.

Esta nueva versión del DVD ha contado con una ayuda de la John Templeton Foundation y de otros patrocinadores. En Italia la distribuye Diffusione San Paolo bajo el título “L’Origine dell’Uomo”.

Más información en: www.goyaproducciones.com.

La conversión de Voltaire

voltaireEl catedrático de Filosofía Carlos Valverde escribe un sorprendente artículo en el que documenta históricamente la conversión de uno de los más celebres enemigos de la Iglesia católica: VOLTAIRE.

Un 30 de mayo del año 1778

La investigación de documentos antiguos siempre depara sorpresas. La última me ha salido al paso mientras hojeaba el tomo Xll de una vieja revista francesa, Correspondance Littérairer, Philosophique et Critique (1753-1793), monumento inapreciable y riquísimo para conocer el siglo de las luces y los comienzos de la gran Revolución.

Todos sabemos quién fue Voltaire: el peor enemigo que tuvo el cristianismo en aquel siglo XVIII, en el que tantos tuvo y tan crueles. Con los años crecía su odio al cristianismo y a la Iglesia. Era en él una obsesión. Cada noche creía haber aplastado a la infame y cada mañana sentía la necesidad de volver a empezar: el Evangelio sólo había traído desgracias a la Tierra.

Manejó como nadie la ironía y el sarcasmo en sus innumerables escritos, llegando hasta lo innoble y degradante. Diderto le llamaba el anticristo. Fue el maestro de generaciones enteras incapaces de comprender aquellos valores superiores al cristianismo, cuya desaparición envilece y empobrece a la humanidad.

Pues bien, en el número de abril de 1778 de la revista francesa antes citada (páginas 87-88) se encuentra uno nada menos que con la copia de la profesión de fe de M. Voltaire. Literalmente dice así:

«Yo, el que suscribe, declaro que habiendo padecido un vómito de sangre hace cuatro días, a la edad de ochenta y cuatro años y no habiendo podido ir a la iglesia, el párroco de San Sulpicio ha querido añadir a sus buenas obras la de enviarme a M. Gautier, sacerdote. Yo me he confesado con él y, si Dios dispone de mí, muero en la santa religión católica en la que he nacido esperando de la misericordia divina que se dignará perdonar todas mis faltas, y que si he escandalizado a la Iglesia, pido perdón a Dios y a ella.

Firmado: Voltaire, el 2 de marzo de 1778 en la casa del marqués de Villete, en presencia del señor abate Mignot, mi sobrino y del señor marqués de Villevielle. Mi amigo». Firman también: el abate Mignot, Villevielle. Se añade: «declaramos la presente copia conforme al original, que ha quedado en las manos del señor abate Gauthier y que ambos hemos firmado, como firmamos el presente certificado. En París, a 27 de mayo de 1778. El abate Mignot, Villevielle».

Que la relación puede estimarse como auténtica lo demuestran otros dos documentos que se encuentran en el número de junio de la misma revista —nada clerical, por cierto—, pues estaba editada por Grimm, Diderot y otros enciclopedistas.

Voltaire murió el 30 de mayo de 1778. La revista le ensalza como «el más grande, el más ilustre, quizá, ¡ay!, el único monumento de esta época gloriosa en la que todos los talentos, todas las artes del espíritu humano parecían haberse elevado al más alto grado de perfección»

La familia quiso que sus restos reposaran en la abadía de Scellieres. El 2 de junio, el obispo de Troyes, en una breve nota, prohibe severamente al prior de la abadía que entierre en sagrado el cuerpo de Voltaire. El 3 responde el prior al obispo que su aviso llega tarde, porque —efectivamente— ha sido enterrado en la misma abadía.

La carta del prior es larga y muy interesante por los dalos que aporta. He aquí los que más nos interesan ahora: La familia pide que se le entierre en la cripta de la abadía hasta que pueda ser trasladado al castillo de Ferney. El abate Mignot presenta al prior el consentimiento firmado por el párroco de San Suplicio y una copia —firmada también por el párroco— «de la profesión de fe católica, apostólica y romana que M. Voltaire ha hecho en las manos de su sacerdote, aprobado en presencia de doa testigos, de los cuales uno es M. Mignot, nuestro abate, sobrino del penitente, y el otro, el señor marqués de Villevielle (…) Según estos documentos, que me parecieron y aún me parecen auténticos —continúa el prior—, hubiese creído faltar a mi deber de pastor si le hubiese rehusado los recursos espirituales (…) Ni se me pasó por el pensamiento que el párroco de

San Suplicio hubiese podido negar la sepultura a un hombre cuya profesión de fe él había legalizado (…).

Pienso que no se puede rehusar la sepultura a cualquier hombre que muera en el seno de la Iglesia (…) Después de mediodía, el abate Mignot ha hecho en la iglesia la presentación solemne del cuerpo de su tío. Hemos cantado las vísperas de difuntos; el cuerpo permaneció toda la noche rodeado de cirios. Por la mañana, todos los eclesiásticos de los alrededores (…) han dicho una misa en presencia del cuerpo y yo he celebrado una misa solemene a las once, antes de la inhumación (…) La familia de M. Voltaire partió esta mañana contenta de los honores rendidos a su memoria y de las oraciones que hemos elevado a Dios por el descanso de su alma. He aquí los hechos, monseñor, en la más exacta verdad».

Así parece que pasó de este mundo al otro aquel hombre que empleó su temible y fecundo ingenio en combatir ferozmente a la Iglesia.

La Revolución trajo en triunfo los restos de Voltaire al panteón de París —antigua iglesia de Santa Genoveva—, dedicada a los grandes hombres. En la oscura cripta, frente a la de su enemigo Rousseau, permanece hasta hoy la tumba de Voltaire con este epitafio:

«A los Manes de Voltaire. La Asamblea Nacional ha decretado el 30 de mayo de 1791 que había merecido los honores debidos a los grandes hombres».

Carlos VALVERDE
Catedrático de Filosofía

www.arvo.net

Homilía del Papa en la procesión del Corpus Christi

Ayer en San Juan de Letrán

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes 24 de junio de 2011 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación la homilía que el Papa Benedicto XVI pronunció ayer durante la Misa celebrada en San Juan de Letrán, en la solemnidad del Corpus Christi Corpus Domini, antes de la procesión que recorrió la Vía Merulana hasta Santa María la Mayor.

El primer encuentro espacial de un papa impulsa la alianza fe-ciencia

En una conexión con la Estación Espacial promueve la paz y el respeto del ambiente

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 22 de mayo de 2011 (ZENIT.org).-

La conversación que mantuvo este sábado Benedicto XVI con los astronautas abordo de la Estación Espacial Internacional sirvió para ilustrar la necesidad de una alianza entre fe y ciencia al servicio de la paz.

Una paz, coincidieron tanto el papa como los miembros de la tripulación, que será promovida por un auténtico respeto del ambiente y sus recursos, gracias al progreso de la ciencia y a la responsabilidad que ofrece la fe en Dios Creador, que ha dado al hombre el “planeta azul”.

Fue un acontecimiento histórico, no sólo porque era la primera vez que un obispo de Roma interactuó, gracias a la conexión por satélite, con el espacio exterior, sino porque en esta ocasión, a diferencia de lo que siempre sucede, quien planteó las preguntas de la conversación fue el mismo pontífice.

El papa  se encontraba en la Sala Foconi del Palacio Apostólico Vaticano, mientras que en la Estación Espacial se agruparon ante una cámara dos tripulaciones, en el momento en que se pasaban el relevo.

En el encuentro, que tuvo lugar con motivo de la última misión de la nave espacial Endeavour, el Santo Padre podía ver a los astronautas en una pantalla de televisión, mientras que éstos sólo podían escuchar su voz por el canal audio.

La conversación se basó en cinco preguntas planteadas por el papa a los astronautas sobre fe, ciencia y ética, a las que intercaló referencias afectuosas a las vicisitudes familiares, en ocasiones dramáticas, de sus oyentes en el espacio exterior.

Manifestó, por ejemplo, su cercanía al astronauta estadounidense Mark Kelly, cuya esposa se recupera de una grave agresión; así como al italiano Paolo Nespoli, quien mientras estaba en órbita recibió la noticia del fallecimiento de su madre.

En su primera pregunta a los astronautas, Benedicto XVI preguntó: “Cuando contempláis la tierra desde arriba, ¿os habéis preguntado cómo viven aquí abajo las naciones y las personas o cómo la ciencia puede contribuir a la causa de la paz?”.

Mark Kelly respondió que desde el espacio no se ven las fronteras entre los países, que en muchas ocasiones han sido motivo de violencia, y que la dimensión científica que tiene la misión espacial podría ser una contribución a la paz.

“En la tierra la gente se pelea por la energía; en el espacio utilizamos la energía solar y en la estación espacial tenemos pilas de combustible –dijo el astronauta–. La ciencia y la tecnología que hemos aplicado en la estación espacial para desarrollar la energía solar nos da prácticamente una cantidad ilimitada de energía. Y si algunas de estas tecnologías pudieran adaptarse más a la Tierra, quizá podríamos reducir en algo esa violencia”.

El papa subrayó “la responsabilidad que todos tenemos ante el futuro de nuestro planeta”,  recordando “los serios riesgos que afronta el ambiente y la supervivencia de las futuras generaciones. Los científicos nos dicen que debemos tener cuidado y que desde el punto de vista ético tenemos que educar nuestras conciencias”.

El astronauta Ron Garan de Estados Unidos constató “cómo es inenarrablemente bello el planeta que se nos ha dado” y al mismo tiempo “lo frágil que es”.

El papa preguntó a los astronautas si desde el espacio han meditado en estas verdades y si han dirigido su oración a Dios. Respondió Roberto Vittori, astronauta italiano, asegurando que al ver la belleza de la tierra “sí, rezo: rezo por mí, por nuestras familias, por nuestro futuro”.

El astronauta había recibido antes de partir para el espacio una medalla de Benedicto XVI, en la que se representa la creación de Miguel Ángel (una reproducción del fresco de la Capilla Sixtina) y explicó al obispo de Roma que acostumbra a dejarla flotando en la estación orbital. El astronauta Nespoli  devolverá esta medalla  al papa, tras su estancia en el espacio.

Es posible leer la transcripción de la conversación entre el papa y los astronautas en: http://www.zenit.org/article-39343?l=spanish

Por Jesús Colina

La exaltación de la luz en la materia

Por Rodolfo Papa*

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ROMA, martes 17 de mayo de 2011 (ZENIT.org).-

En el artículo anterior (www.zenit.org/article-39141?l=spanish), ofrecimos algunos puntos de reflexión sobre la cuestión de la luz en las artes, desde el punto de vista historiográfico y teórico, para observar las cuestiones de las artes, leyendo el pasado a la vez que el presente. Ahora procedamos a analizar algunas implicaciones, profundizando en lo que este tema implica, concretamente en el arte sacro.

La idea de fondo es que la luz es el elemento indispensable para construir una representación apreciable de la belleza; por consiguiente es un elemento indispensable para leer las obras de arte realizadas por ella y con ella. De un modo particular, la luz es indispensable e insustituible para narrar y ofrecer la verdad en la contemplación, a través de la belleza proporcionada por los signos. En el transcurso del Medievo y después continuando y llegando a su plenitud en el Renacimiento, hasta los extremos resultados del tardo-Barroco, el uso de la luz natural en la proyectación arquitectónica, en la composición plástica y en la búsqueda pictórica, refleja una visión trascendente de las artes al servicio de la Fe. El cuidado de la luz natural explica, de hecho, la visión compleja del mundo en los siglos en los que el Cristianismo abarca toda actividad creativa artística.

Los artefactos y los materiales eran trabajados, los metales como también las piedras más o menos preciosas, eran cortadas, cinceladas y talladas con el fin de poder capturar la luz. La luz era el medio para hacer brillar y dar esplendor a los materiales y a la vez el fin de la acción artística. La luminosidad de una determinada materia indicaba su papel y posición en el interior de una estructura jerarquizada de elementos, colocadas en tal modo que exaltase al máximo la luz. Ejemplar es el caso del abad Suger di Saint Denis (1137-1151), que transformó su abadía reorganizándola en todos los aspectos y en especial en el tratamiento de la belleza de la luz; él afirmaba, por ejemplo, que la belleza de las piedras multicolores y esplendorosas de la Casa de Dios lo inducía a pensar que “por gracia de Dios, puedo ser transportado de este mundo inferior a uno superior por un medio anagógico”; como comenta Panofsky: “el entero universo material se convierte en una gran ‘luz’ compuesta por innumerables luces pequeñas como linternas; todas las cosas que se pueden percibir, hecha por el hombre o natural, se convierte en símbolo de lo que no se puede percibir, una piedra de apoyo en el camino al Cielo; la mente humana se abandona a ‘la armonía y la luminosidad’, que es el criterio de la belleza terrestre, se encontraba “conducida por lo alto”, hacia la causa trascendente de esta ‘armonía y luminosidad’ que es Dios”(E. Panofsky, Suger Abate di Saint-Denis, [1946], trad.it Palermo 1992, p. 44).

Las catedrales estaban construidas principalmente sobre la luz y con la luz, en todas sus partes. Y esto sucedía por la íntima conexión entre las catedrales góticas y la visión del mundo que encontramos expresada en la gran teología escolástica; Continúa diciendo Panofsky: “La catedral del gótico maduro, como la  Summa de la escolástica clásica, tenía en cuenta, antes que nada, la totalidad y a ella tendía a aproximarse, a través de la síntesis y de la eliminación, solución perfecta y definitiva; por tanto es posible hablar de una planta y de un sistema del gótico maduro con una seguridad mayor que la posible en cualquier otro periodo. En su lenguaje figurado la catedral del gótico maduro intentó incorporar la totalidad del saber cristiano, teológico, moral, natural y histórico, con cada cosa en su sitio exacto” (E. Panofsky, Arquitectura gótica y filosofía escolástica [1951], trad.it. Napoli 1986, pp. 24-25).

También en una iglesia barroca, a través de diversas modalidades, se aplican los mismos principios y la misma finalidad. El sistema de los órdenes arquitectónicos, de hecho, no se usa simplemente como una medida proporcionada del espacio, sino como instrumento capaz, a través de las múltiples posibilidades decorativas ofrecidas por los particulares y por la vasta variedad de los materiales, de recoger la luz y reverberarla en los espacios internos, o difundirla a través de infinitos reflejos, brillos y destellos. En otras palabras, si observamos estas arquitecturas desde el punto de vista de la luz y de la luminosidad del espacio generado, nos damos cuenta de que el uso del orden arquitectónico es directamente funcional para este objetivo, o bien provee de un sistema concebido y ordenado para organizar un lugar capaz de crear una visión ascendente y descendente: del sumo grado de luminosidad al más bajo grado de sombra. El espacio estaba subdividido no sólo en determinadas y proporcionadas medidas, con una relación recíproca entre ellas, sino que estaba esculpido por las sombras y por la luz, a través de metopas, pilastras, triglifos, rollos de hojas de acanto, dinteles, etc… con una infinita variedad de tonos de sombra propia y llevada, de penumbra suave y de reflejos de colores. La luz era controlada también por el diverso comportamiento de los distintos materiales de estucos, mármoles decorativos de colores, travertinos y estatuas de mármol lijadas, pulidas y enceradas, o bien ásperas y granuladas o definidas y limadas con un escofino. Por no hablar de las pátinas que los escultores y arquitectos, como los que trabajaban el yeso y los decoradores, usaban para modular la suavidad de las sombras, con el fin de exaltar en contraste con la sombra, la luz. Todo se dirigía a la fuente natural de la luz, portadora de un significado trascendente. Además, el espacio resultaba viable, en su penumbra luminosa.

La arquitectura se concebía como metáfora de una luminosidad jerarquizada según los principios físicos y metafísicos, por tanto la valencia funcional era asumida e incorporada a la metafórica, capaz de hablar al corazón, al alma y a la mente. Esta sabiduría organizadora del espacio iluminado y luminoso se va perdiendo cuando las distintas valencias son aisladas y parceladas, y la función y el significado se separan, así como el volumen de la materia y la luz. Se niega todo valor a la decoración y el ornamento, cuyo significado no se llega a comprender. A principios del siglo XX, Adolf Loos escribía; “esto constituye la grandeza de nuestro tiempo, el hecho de que no es capaz de producir un ornamento nuevo. Nosotros hemos superado el ornamento, con dificultades nos hemos liberado del ornamento”(A. Loos,Ornamento y delito [1908] en Palabras en el vacío [1962], trad.it, Milán 1972, p. 219). El abandono del ornamento está hecho en favor de una linealidad y de una pureza de la forma entendida como volumen puro, concebido en una óptica sólo material del objeto arquitectónico, concebido en sí mismo, en la búsqueda de una objetividad cuantitativa, casi sin relación con el entorno y desvinculado completamente de una visión jerárquica del universo creado. De hecho, la arquitectura del siglo XX transluce una visión filosófica que une, paradójicamente, al materialismo con el idealismo, en una visión que podemos definir como anti-metafísica y toda intra-física.

El sistema luz-color y luz-sombra, propio de toda la teoría artística desarrollada en el interior del pensamiento cristiano del los siglos X al XVII, es sustituido con un sistema que pone en el centro de la propia búsqueda única y exclusivamente la materialidad, matemática, numérica, óptica y física, trasladando toda la atención, no sólo sobre las propiedades de comportamiento de la materia con respecto a la luz, sino sólo sobre la materia, como si esta fuese el fin último del trabajo artístico. Se asisten, entonces, a muchos reduccionismos; a propósito de la arquitectura Gropius escribe: “Sólo la armonía perfecta de sus funciones técnicas como de sus proporciones puede desembocar en la belleza” (W. Gropius, Arquitectura integrada [1955],trad.it. Milán 1963, p. 20), reduciendo así la belleza a su sola funcionalidad y proporción (aunque paradójicamente, él pretende la capacidad de concebir la “totalidad” y exalta a “los hombres de amplia visión”). Paralelamente Le Corbusier reconduce la estética a la geometría de los volúmenes: “Problema de la época y la estética contemporánea: todo lleva a la restauración de los volúmenes sencillos: las calles, las fábricas, los grandes almacenes, todos los problemas que se presentarán mañana en forma sintética, en visiones del todo que ninguna otra época ha conocido nunca. La superficie, perforada por la necesidad de destino, debe servirse de las generadoras que hacen resaltar estas formas simples […] No siguiendo un criterio arquitectónico, sino que simplemente guiadas por la necesidad de un programa imperativo, los ingenieros de hoy toman posesión de los elementos que generan y hacen resaltar los volúmenes; estos muestran el camino y crean efectos plásticos, claros y límpidos que apagan la mirada e infunden al espíritu la alegría de la geometría (Le Corbusier, Hacia una arquitectura [1921], trad.it. Milán 1984, pp. 28-29 ). También en este caso parece evidente la reducción de la arquitectura a un puro volumen geométrico, sin consideración alguna de la luz (aunque paradójicamente continúa Le Corbusier: “los ingenieros de hoy están de acuerdo con los principios que Bramante y Raffaello habían aplicado hace ya mucho tiempo”)

También en el ámbito de la pintura sucedió un proceso análogo: del cuidado del color como expresión de la luz, se pasó a la exaltación de la sola materialidad del pigmento, como medio y fin de toda búsqueda estética. Consideramos, como ejemplo de un modo complejo y no reduccionista de afrontar la cuestión de la pintura el periodo histórico de finales del siglo XVI y principios del XVII, cuando las reglas técnicas de la pintura, ya elaboradas por Leonardo, Tiziano y Raffaello, son replanteadas de forma sistemática a partir de la reelaboración artística de Caravaggio, difundiéndose en toda Europa en el siglo XVII. Analizando estas reglas en término no simplistas, se comprende como la elección de un fondo oscuro y de una definición de las masas a través de una iluminación progresiva de las partes, propia del “estilo” (es decir “escuela”) que lidera Caravaggio, no sólo provee de un método narrativo, sino que resuelve técnicamente el problema de la visión de las figuras en el interior de un sistema de iluminación de las iglesias mediante luz natural. Las capillas laterales, a menudo privadas de una fuente autónoma de luz, inmersas en un penumbra muy acentuada, iluminadas solo por lámparas o velas, podían garantizar una visión más intensa de las pinturas de los altares y de los laterales, si estaban concebidas con el sistema del “fondo oscuro”, en cuanto a que las figuras emergían directamente de la penumbra y por tanto creaban una continuidad espacial con la sombra natural del edificio arquitectónico y, por tanto, permitían paradójicamente ver mejor las historias que se narraban en ellas, como realmente inscritas en aquellos espacios y que sucedían realmente ante los ojos de los espectadores.

A menudo he intentado sugerir a los turistas que visitan constantemente la Capilla Contarelli en San Luis de los Franceses, que aprovechen los momentos de menor flujo para adaptar el ojo a la penumbra e intentar ver así las famosas pinturas de Caravaggio del ciclo de San Mateo. Se producen muchas reticencias y el desgrado se expresa a menudo en fuertes protestas, porque se afirma que es imposible apreciar las pinturas sin luz artificial, pero después de un rato, alguno comienza a ver y a entender. Entonces los ojos, adaptados a la penumbra y despojados de los prejuicios, comienzan a gustar de alguna tímida aproximación a una pintura que no han visto nunca, porque siempre está sofocada con la luz artificial. El resultado es impresionante y se repite en toda pintura concebida de esta manera, en otras iglesias romanas y europeas.
[Traducción del italiano por Carmen Álvarez]
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* Rodolfo Papa es historiador de arte, profesor de historia de las teorías estéticas en la Facultad de Filosofía de la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma; presidente de la Accademia Urbana delle Arti. Pintor, miembro ordinario de la Pontificia Insigne Accademia di Belle Arti e Lettere dei Virtuosi al Pantheon. Autor de ciclos pictóricos de arte sacro en diversas basílicas y catedrales. Se interesa en cuestiones iconológicas relativas al arte del Renacimiento y el Barroco, sobre el que ha escrito monografías y ensayos; especialista en Leonardo y Caravaggio, colabora con numerosas revistas; tiene desde el año 2000 un espacio semanal de historia del arte cristiano en Radio Vaticano.

La consciencia como una forma más sutil de materia

Michael Talbot explora el concepto de David Bohm, de la unidad del universo por medio del llamado “orden implicado” que se encontraría presente en todos los seres y las cosas

David Bohm, (20 de diciembre de 1917, Pennsylvania – 27 de octubre de 1992, Londres) fue un físico que hizo importantes contribuciones en los campos de la física teórica, la filosofía y la neuropsicología, y además participó en el Proyecto Manhattan. Experto en teoría cuántica, descubridor del efecto Bohm-Aharonov y colega de Einstein en Princeton, es uno de los pensadores más revolucionarios de la segunda mitad del siglo XX. Su relación espiritual con Krishnamurti, sus estudios pioneros al lado de Einstein, así como el trabajo conjunto que ha sostenido con Pribram en la construcción de la teoría holográfica (en 1971 propuso un modelo holográfico del universo que se ajustaba de una manera sorprendente con la teoría del cerebro holográfico propuesto por Pribram en 1969) se han evidenciado como significativas en el rumbo que han tomado sus investigaciones.

[...] Además de explicar por qué los teóricos de la física cuántica encuentran tantos ejemplos de interconexión cuando se sumergen en las profundidades de la materia, el universo holográfico de Bohm explica otros muchos misterios.

Uno de ellos es el efecto que parece tener la consciencia en el mundo subatómico. Como hemos visto, aunque Bohm rechaza la idea de que las partículas no existen hasta que son observadas, en principio no se opone al intento de unir la física y la consciencia. Cree simplemente que la mayoría de los físicos lo abordan de manera equivocada, tratando de fragmentar la realidad una vez más y afirmando que una cosa independiente como la consciencia interactúa con otra cosa independiente como una partícula subatómica.

Como todas esas cosas son aspectos del holomovimiento, Bohm opina que no tiene sentido hablar de interacción entre la consciencia y la materia.

En cierto sentido, el observador es el observado. El observador es también el aparato medidor, los resultados de los experimentos, el laboratorio y la brisa que sopla fuera del laboratorio. De hecho, piensa que la consciencia es una forma más sutil de materia y que la base de toda relación entre las dos no se encuentra en nuestro nivel de realidad, sino en las profundidades del orden implicado.

La consciencia está presente en diversos grados del envolvimiento y del desenvolvimiento de la materia y tal vez sea ésa la causa de que los plasmas posean características de cosas vivas.

Como dice Bohm,

«la capacidad de la forma para ser activa es el rasgo más característico de la mente, y con el electrón ya tenemos algo semejante a la mente».

De manera similar, cree que tampoco tiene sentido dividir el universo en cosas vivas y cosas no vivas.

La materia animada y la materia inanimada están entretejidas inseparablemente y la vida también está envuelta en la totalidad del universo. Hasta una roca está viva en cierto modo, afirma Bohm, porque la vida y la inteligencia están presentes, no ya en toda la materia, sino también en la «energía», en el «espacio», en el «tiempo», en «el tejido del universo entero» y en todo lo demás que sacamos del holomovimiento y contemplamos erróneamente como cosas independientes.

La idea de que la consciencia y la vida (y, de hecho, todas las cosas) son conjuntos envueltos en todo el universo tiene un lado secundario igualmente asombroso.

Al igual que cada trocito de un holograma contiene la imagen del todo, cada porción del universo contiene el todo. Esto significa que podríamos encontrar la galaxia Andrómeda en la uña del dedo gordo de nuestra mano izquierda si supiéramos cómo acceder a ella.

Asimismo, podríamos encontrar a Cleopatra cuando se reunió con César por primera vez, porque, en principio, todo el pasado y las repercusiones para todo el futuro también están encubiertos en cada pequeña región del espacio y del tiempo. El cosmos entero está envuelto en cada célula de nuestro cuerpo.

Y lo mismo hace cada hoja, cada gota de lluvia, cada mota de polvo, lo cual da un significado nuevo al famoso poema de William Blake:

Ver un mundo en un grano de arena
Y un cielo en una flor silvestre,
Abarcar el infinito en la palma de la mano
Y la eternidad en una hora.
[...]

Extracto de libro “El universo holográfico”, de Michael Talbot

La violencia en la Biblia se pone nuevamente de moda entre ateos

Dios como un monstruo y el Antiguo Testamento como oscurantismo

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ROMA, domingo, 27 de febrero de 2011 (ZENIT.org).-

La última acusación de la nueva oleada de ateos consiste en afirmar que la religión promueve la violencia y la injusticia, tesis supuestamente documentada por pasajes del Antiguo Testamento que contrastan bastante con los valores modernos.

Paul Copan responde a estas acusaciones en un libro de reciente publicación, “Is God a Moral Monster? Making Sense of the Old Testament God (¿Es Dios un Monstruo Moral? Encontrar Sentido al Dios del Antiguo Testamento) (Baker Books).

El título del libro está sacado de un ataque del ateo Richard Dawkins, que llamaba a Dios “monstruo moral”. Dawkins acusaba a Dios de ser celoso, mezquino, injusto y vengativo, observaba Copan, citando algunas de sus declaraciones.

Su colega ateo Christopher Hitchens sostiene que el Antiguo Testamento proporciona justificación al tráfico de seres humanos, a la esclavitud y a las masacres. Daniel Dennet, por su parte, presenta a Dios como insaciable de alabanzas, al decir que creó a los seres humanos a su imagen revela su vanidad.

Copan responde precisando que al crear a los seres humanos Dios está expresando su amabilidad y nos permite relacionarnos con él, pensar racionalmente y ser creativos. “Esto es un privilegio, no una esclavitud”, exclamaba.

Lejos de ser una manifestación de egoísmo, el deseo de Dios de nuestra adoración refleja su voluntad de que no nos alejemos de la realidad última, explicaba Copan. Nuestra adoración es una expresión de saber cuál es nuestro verdadero lugar.

Nuestra adoración fluye naturalmente de nuestro disfrute de Dios. Adorar a Dios viene de nuestro gozo por la presencia de Dios y por la toma de conciencia de lo que es lo más valioso en nuestras vidas.

Copan también apuntaba que podemos ver la humildad de Dios en la encarnación de Cristo, que asumió nuestra naturaleza humana, y que, además, murió en la cruz por nosotros.

Pasajes “raros”

Varios capítulos del libro examinan lo que los ateos denominan carácter “extraño” de la Biblia al tratar leyes sobre la alimentación, la esclavitud, el trato a las mujeres y otros temas.

Copan citaba Mateo 19, 8, en donde Jesús explica que Moisés permitió el divorcio por la dureza de los corazones de la gente. Una sociedad patriarcal, la esclavitud, la primogenitura y otras costumbres eran la norma de la época.

La ley mosaica se pensó como algo que sería temporal y si las leyes eran extrañas o crueles, aún así, eran una mejora en las costumbres y estructuras sociales del Oriente Medio de aquella época.

Por ejemplo, el Antiguo Testamento limitaba los castigos que podían imponerse a los esclavos, al contrario de la situación de los países circundantes, en los que los esclavos estaban completamente a merced de sus amos. Además, en Israel debían acogerse los esclavos extranjeros fugitivos.

Códigos como el de Hammurabi tenían mucho menos respeto por la vida humana que el código mosaico. Además, muchas de las leyes eran restringidas por otras leyes. El Antiguo Testamento prescribía la pena de muerte por 16 crímenes, por ejemplo, pero en 15 de ellos, un juez podía imponer una pena menor. Por tanto, en general la ley mosaica es menos estricta que los códigos orientales cercanos, concluía Copan.

Otra diferencia entre los códigos, identificada por Copan, era la del valor de la vida no nacida. Algunos pasajes del Antiguo Testamento afirman el valor intrínseco del niño no nacido.

Violencia

Copan observa que algunos ateos afirman que la religión, por su propia naturaleza, es violenta, por lo que sostienen que se necesitan más valores de la Ilustración y menos de la religión. En realidad necesitamos más religión, replicaba, no menos.

Nuestra fe bíblica apoya de verdad la tolerancia y, a pesar de nuestros desacuerdos, afirmamos que todos los seres humanos están hechos a imagen de Dios. Por eso San Pablo proclama que Cristo ha roto las divisiones de raza, clase y género (Gálatas 3, 28; Efesios 2, 11-22) y que estamos llamados a vencer el mal con el bien (Romanos 12, 21).

Debemos tener en mente, sin embargo, que no todas las religiones son iguales, añadía Copan. Los cristianos eran perseguidos por los politeístas, que adoraban a los emperadores romanos, por su rechazo a adorar otros dioses.

Al tratar la violencia cometida por naciones cristianas, Copan sostiene que es simplista reducir la causa de la misma a un factor puramente religioso. Es necesario tener en cuenta las influencias políticas y sociales, junto a los abusos políticos de la religión. Aunque la guerra se pueda emprender en nombre de la religión, puede también ser una forma de justificar conflictos que tienen otras causas.

Es verdad que en el Antiguo Testamento encontramos prácticas que no llegan al ideal presentando en los dos primeros capítulos del Génesis, que afirma el principio de igualdad y dignidad humanas, admitía Copan. No tenemos que defender estas prácticas, y podemos presentar el Nuevo Testamento, donde se hallan testimonios contrarios a las mismas.

Dios no impuso a Israel leyes para las que no estaba preparado. En su lugar, les hizo avanzar de modo gradual a lo largo del camino de la mejora moral, continuaba Copan. Así, por ejemplo, cuando leemos las masacres de los enemigos de Israel, no tenemos que justificar tales actuaciones. Estos actos tuvieron lugar en circunstancias culturales de menos refinamiento moral. Además, nos muestran que Dios puede llevar a cabo su meta redentora a pesar de tales limitaciones.

Antiguo y Nuevo Testamento

La Iglesia católica ha afrontado lo que se consideran pasajes “oscuros” de la Biblia en “Verbum Domini”, la exhortación apostólica postsinodal sobre la “Palabra de Dios en la Vida y en la Misión de la Iglesia”, del 30 de septiembre del año pasado (números 41-42).

El Nuevo Testamento reconoce al Antiguo Testamento como palabra de Dios, explicaba Benedicto XVI, por lo que lo cita con frecuencia y lo utiliza como prueba de sus afirmaciones.

Las raíces del cristianismo se encuentran en el Antiguo Testamento y debemos nutrirnos de ellas, afirmaba la exhortación. Además, la enseñanza cristiana siempre se ha resistido a los intentos de poner el Antiguo Testamento en oposición al Nuevo, continuaba el Papa.

Sin embargo, es en la vida y enseñanzas de Cristo en las que las escrituras del pueblo judío han encontrado su cumplimiento. La exhortación observaba que este concepto de cumplimiento se compone de tres dimensiones.

El primero es el aspecto de continuidad; también hay una discontinuidad y, finalmente, está el aspecto de trascendencia.

“El misterio pascual de Cristo es plenamente conforme -de un modo que no era previsible – con las profecías y el carácter prefigurativo de las Escrituras; no obstante, presenta evidentes aspectos de discontinuidad respecto a las instituciones del Antiguo Testamento”, señalaba el Papa.

“El Nuevo Testamento está escondido en el Antiguo y el Antiguo es manifiesto en el Nuevo”, afirmaba, citando a san Agustín.

Revelación de Dios y cultura

Al llegar a los pasajes del Antiguo Testamento que muestran su dificultad debido a que presentan violencia o inmoralidad, la exhortación explicaba que es necesario recordar que la revelación tiene sus raíces en la historia.

“El plan de Dios se manifiesta progresivamente en ella y se realiza lentamente por etapas sucesivas, no obstante la resistencia de los hombres”, observaba la exhortación.

Dios se revela así dentro de un particular nivel cultural y moral y hay una descripción de hechos y costumbres de aquella época. Esta es la razón por la que en el mundo de hoy pueden causar rechazo por los hechos “oscuros” descritos.

Aún así, la exhortación precisaba que los profetas del Antiguo Testamento se enfrentaban constantemente a todo tipo de injusticias y esta era la forma en que Dios preparaba a su pueblo para recibir el Evangelio.

“Por eso, exhorto a los estudiosos y a los pastores, a que ayuden a todos los fieles a acercarse también a estas páginas mediante una lectura que les haga descubrir su significado a la luz del misterio de Cristo”, concluía el Papa. Algo a tener e cuenta cuando tenga lugar el próximo ataque superficial de un ateo.

Por el padre John Flynn, L. C., traducción de Justo Amado

Papa Benedicto XVI: Universo no es resultado de la casualidad

VATICANO, 06 Ene. 11 / 10:14 am (ACI)

Al presidir esta mañana la Misa por la Solemnidad de la Epifanía del Señor, el Papa Benedicto XVI señaló que “el universo no es el resultado de la casualidad, como algunos nos quieren hacer creer” y en él se puede ver a Dios y su “infinito amor por nosotros”.

En la homilía de la Misa que celebró en la Basílica de San Pedro, el Santo Padre se refirió a las investigaciones que durante siglos muchos científicos como Kepler han tratado de hacer sobre la estrella de Belén. Sin embargo, dijo, sus descubrimientos o afirmaciones “no nos guían a lo que es esencial para comprender aquella estrella”.

Los Reyes Magos que quieren adorar al Niño Dios recién nacido, prosigue, “buscaban las pistas de Dios, buscaban leer su ‘firma’ en la creación, sabían que ‘los cielos narran la gloria de Dios’, estaban seguros de que Dios puede ser vislumbrado en lo creado”.

“Como hombres sabios entendían que no es con un telescopio cualquiera, sino con los ojos profundos de la razón en búsqueda del sentido último de la realidad y con el deseo de Dios movido por la fe, que es posible encontrarlo, pues de hecho se hace posible que Dios se acerque a nosotros. El universo no es el resultado de la casualidad, como algunos nos quieren hacer creer”.

Contemplando el universo, dijo luego el Papa, “estamos invitados a leer algo profundo: la sabiduría del Creador, la inagotable fantasía de Dios, su infinito amor por nosotros. No deberíamos dejarnos limitar la mente por teorías que llegan siempre solo hasta cierto punto y que – si vemos bien – no están en concurrencia con la fe y no logran explicar el sentido último de la realidad”.

Benedicto XVI señaló además que “en la belleza del mundo, en su misterio, en su grandeza y en su racionalidad no podemos no leer la racionalidad eterna, y no podemos hacer menos que dejarnos guiar por ella hasta el único Dios, creador del cielo y de la tierra”.

“Si tenemos esta mirada, veremos que quien ha creado el mundo es quien ha nacido en una gruta en Belén y sigue viviendo en medio de nosotros en la Eucaristía, es el mismo Dios viviente, que nos interpela, nos ama y quiere conducirnos a la vida eterna“.