25 de mayo de 1810

 

El 25 de mayo de 1810

Nos ocuparemos ahora de los sucesos del día 25 de mayo de 1810, día que se conmemora en la República Argentina como el que dio comienzo al proceso de Independencia de la Nación. En realidad, la junta de gobierno que se designó en ese día inició una administración independiente de España, aunque juró fidelidad al rey cautivo Fernando VII. En los hechos, todos los gobiernos provisionales que se sucedieron hasta la declaración formal de la independencia el 9 de julio de 1816, lo hicieron en forma autónoma de la Península.

 

Tomas Guido, nos relata en sus memorias que la elección del día 24 de mayo de una junta de gobierno presidida por el virrey Cisneros pareció satisfactoria al pueblo “y los españoles se felicitaban de haber salvado del peligro de un trastorno fundamental viendo triunfante la autoridad del virrey.”[1] Pero muy diferente fue la reacción de los patriotas. Se reunieron a la ocho de la noche en casa de Nicolás Rodríguez Peña desde donde se entabló comunicación con los jefes de patricios y cada uno de ellos reunió a sus amigos quienes apoyaron la resolución de no reconocer la junta proclamada ese día. Una comisión se dirigió a casa del síndico doctor Leiva a las doce de la noche para pedir “otro llamamiento al pueblo para destruir lo que pocas horas antes se había sancionado.” Ante la vehemencia del pedido accedió a llamar al pueblo nuevamente.[2]

 

Con la seguridad de que se convocaría a un nuevo congreso, la reunión en casa de Rodríguez Peña continuó hasta el alba. Los reunidos se dedicaron a confeccionar listas de candidatos para integrar a la nueva junta de gobierno. No podían ponerse de acuerdo hasta que —según el relato de Guido— Antonio Luis Beruti pidió papel y tintero y confeccionó una lista con los nombres que el día siguiente formarían la Primera Junta de gobierno. La lista fue aceptada y se la hizo circular entre los dispuestos a cooperar para el triunfo.[3]

 

El 25 de mayo amaneció con una gran agitación del pueblo. El acta del Cabildo, compuesto con miembros que eran españoles europeos, para restar importancia al acontecimiento dice que se había reunido “alguna parte del pueblo”[4], e insistió en la conservación de la junta designada el día 24. Requirió a los comandantes militares reprimir a los descontentos con el uso de la fuerza. Se congregó una multitud en los corredores del Cabildo exigiendo la renuncia del virrey. Ante el tumulto, el Cabildo decidió consultar a los comandantes acerca de si “podían contar con las armas para sostener el gobierno establecido.” Contestaron que el pueblo y las tropas estaban en “una terrible fermentación”, y que no era posible contenerlo. En ese momento se oyeron golpes el la puerta mientras duraba esta sesión y se pronunció  conocido reclamo:

 

—“El pueblo quiere saber de qué se trata”.

 

El comandante Martín Rodríguez tuvo que salir a aquietarlos. Aseguró que pedirían la renuncia del virrey. Una delegación del Cabildo se dirigió al fuerte donde se encontraba Cisneros a pedirle su renuncia, a la cual accedió.[5] Pero los patriotas no se conformaron con ello e irrumpieron en el Cabildo con el pedido de designar una nueva junta con los nombres aprobados la noche anterior en casa de Rodríguez Peña. El acta redactada por el Cabildo consigna lo siguiente:

 

En este estado ocurrieron otras novedades: algunos individuos del pueblo a nombre de éste se personaron en la sala, exponiendo que para su quietud, y tranquilidad, y para evitar cualesquiera resultas en lo futuro, no tenía por bastante el que el excelentísimo señor presidente se separase del mando; sino que habiendo formado idea de que el excelentísimo Cabildo en la elección de la Junta se había excedido de sus facultades, y teniendo noticia cierta de que todos los señores vocales habían hecho renuncia de sus respectivos cargos; había el pueblo reasumido la autoridad que depositó en el excelentísimo Cabildo, y no quería existiese la Junta nombrada, sino que se procediese a constituir otra eligiendo para presidente vocal, o comandante general de armas al señor don Cornelio de Saavedra, para vocales a los señores doctor Juan José Castelli, licenciado don Manuel Belgrano, don Miguel de Azcuénaga, doctor don Manuel Alberti, don Domingo Matheu, y don Juan de Larrea, y para secretarios a los doctores don Juan José de Paso, y don Mariano Moreno [...] en la inteligencia de que ésta era la voluntad decidida del pueblo, y que con nada se conformaría que saliese de esta propuesta; debiendo tener en caso contrario resultados muy fatales. Y los señores después de algunas discusiones con dichos individuos, les significaron que para proceder con mejor acuerdo, representase el pueblo aquello mismo escrito, Sin causar el alboroto escandaloso que se notaba; con lo que se retiraron.[6] 

 

El cabildo no estaba dispuesto a aceptar el reclamo del pueblo y por ello pedía que se presentara la propuesta de la nueva junta por escrito, posiblemente con el propósito de dificultar el desenlace. Los patriotas hicieron circular el texto por toda la ciudad obteniendo un gran número de firmas de “vecinos, religiosos, comandantes y oficiales de los cuerpos”, con el mismo pedido que habían realizado más temprano a viva voz. Entonces el síndico doctor Leiva salió al balcón y encontró reducido número de vecinos en la plaza. Pero in mediatamente se congregó el pueblo que se había retirado exigiendo que el Cabildo cumpla con la solicitud y que en caso contrario “sufriría la ciudad lo que hasta entonces se había procurado evitar.” Salió al balcón el escribano del Cabildo, Justo José Núñez, quien leyó el petitorio presentado con las firmas del pueblo y “si era aquella su voluntad.” Una aclamación partió del pueblo manifestando que esa era su voluntad.[7]

 

Inmediatamente el Cabildo llamó a los nuevos integrantes de la junta para prestar juramento. Comparecieron los vocales Cornelio Saavedra, Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Domingo Matéu, Juan Larrea, y los secretarios Juan José Paso y Mariano Moreno. Estaban presentes los miembros de la junta del 24 de mayo, los miembros del Cabildo y nutrida asistencia de público: “prelados, jefes comandantes, y personas de distinción”. La nueva junta prestó juramento y finalizada la ceremonia Cornelio Saavedra pronunció unas palabras ante el público congregado en la plaza desde el balcón del Cabildo. El presidente y los demás miembros de la junta se dirigieron al fuerte, que era la sede del gobierno ante numeroso público que llenaba la plaza mientras sonaban las campanas de las iglesias y se oían salvas de artillería. En ese momento sobrevino la lluvia.[8]

 

Quiero terminar este breve trabajo acerca de la revolución pacífica del 25 de mayo de 1810 en la cuidad de Buenos Aires con un comentario de un testigo, Juan Manuel Beruti, que nos cuenta su sensación luego de los sucesos de mayo.

 

No es posible que mutación como la anterior se haya hecho en ninguna parte con el mayor sosiego y orden, pues ni un solo rumor de alboroto hubo, pues todas las medidas se tomaron con anticipación a efecto de obviar toda discordia, pues las tropas estuvieron en sus cuarteles, y no salieron de ellos hasta estar todo concluido, y a la plaza no asistió más pueblo que los convocados para el caso, teniendo éstos un cabeza que en nombre de ellos, y de todo el pueblo daba la cara públicamente y en su nombre hablaba; cuyo sujeto era un oficial Segundo de las reales Cajas de esta capital don Antonio Luis Beruti. Verdaderamente la revolución se hizo con la mayor madurez y arreglo que correspondía no habiendo corrido ni una sola gota de sangre, extraño en toda conmoción popular, pues por lo general en tumultos de igual naturaleza no deja de haber desgracias, por los bandos y partidos que trae mayormente cuando se trata de voltear los gobiernos e instalar otros; pero la cosa fue dirigida por hombres sabios, y que esto se estaba coordinando algunos meses hacía; y para conocerse los partidarios se habían puesto una señal que era una cinta blanca que pendía de un ojal de la Casaca, señal de la unión que reinaba, y en el sombrero una escarapela encarnada y un ramo de olivo por penacho, que lo uno era paz y el otro sangre contra alguna oposición que hubiera, a favor del virrey.[9]

 

 

Nos queda una observación para hacer. El 25 de mayo apareció un nuevo actor político en el escenario del Río de la Plata: el pueblo. En contraste con el criterio del antiguo régimen donde el actor político era el vecino, y se convocaba a la parte más “sana del vecindario”, que eran una elite de comerciantes, propietarios, militares, funcionarios y eclesiásticos, al pueblo común, que salió a manifestarse en la plaza en dos ocasiones, el 21 y el 25 de mayo y de este modo pudo torcer la voluntad de la elite peninsular dominate.

 

 

 


[1] Tomás Guido, “reseña histórica”, en Biblioteca de Mayo, op. cit. Tomo V, p. 4317.

[2] Ibidem, Tomo V, p. 4318-4319.

[3] Ibidem, Tomo V, p. 4320.

[4] Biblioteca de Mayo, op. cit. Tomo XVIII, p. 16109.

[5] Ibidem, Tomo XVIII, p. 16111-16112.

[6] Ibidem, Tomo XVIII, p. 16112.

[7] Ibidem, Tomo XVIII, p. 16113.

[8] Ibidem, Tomo XVIII, p. 16119-16120.

[9] Juan Manuel Beruti, Memorias curiosas, op. cit. p.141.


Escribí tu comentario

, , liliana-mizrahi dijo

me gusta tu blog y como lo desarrollas, no me gusta la foto que elegiste porque no se te ve la cara y entonces no sé si sos French y Beruttti, Belgrano o Cisneros o quizás Fernando 7.

te mando mis felicitaciones y avanti. deberías mandarlo a colegios.

, , Rodolfo Acosta Castro dijo

Lo que dice quien escribe es insignificante para el título, además qué podían decir esos señores si no sabían que querían. ¿La idea de apoyar a Fernando VII era o no era el movil de la Semana de Mayo? o ¿Había otros motivos más profundos manejados por los intelectuales: Moreno, Belgrano, Castelli, Paso? ¿Qué valía lo que querían unos comerciantes? ¿Qué sabían de Patria? Pensaron los lectores alguna vez en eso. No corrió sangre en Buenos Aires, ya había corrido en otras partes del Virreinato, Buenos Aires sola no era el Virreinato, se extendía hasta cerca a las márgenes del Amazonas y allá nació la idea de libertad, ¿de quién? del Virreinato del Río de la Plata.

, , pabloa dijo

Estimado Rodolfo A. Castro: 1.- no entiendo qué significa lo de insignificante del título. 2.- La idea de apoyar a Fernando VII no era la de los revolucionarios que mencionas, fue una escusa para no romper los lazos con España, convencer a las provincias, cosa que sí se hizo el 9 de julio de 1816. Hay muchos ejemplos de ello en mi trabajo. Ricardo Levene desarrolla muy bien este tema. 3.- La Patria no existía en 1810, la Nación Argentina fue una construcción histórica que se desarrolló durante todo el siglo diecinueve. Podés encontrar los argumentos en los libros de Chiaramonte citados. Coincido que en Buenos Aires nació la Independencia. Un cordial saludo

, , Rodolfo Acosta Castro dijo

Estimado Pablo: ahora sé que usted fue el autor de hermosos trabajos históricos que leí con mucho deleite, aunque y pido disculpas por ello, están no mal informados, sino con hechos omitidos. A su primera observación: considero que el título de Antes del 25 de Mayo, debía tener más condimento en el relato. A la segunda, la excusa era parte del silogismo de los abogados de Chuquisaca que, desde muy largo tiempo atrás, desde que estudiaba por ejemplo Mariano Moreno ya se fue pergeñando con apoyo de un patriota que también la Historia Oficial de la Argentina omite: el presbítero de Sicasica el tucumano doctor José Antonio Medina, también teólogo y abogado de Chuquisaca y primo de Bernardo Monteagudo, que fue el principal miembro de la comisión de abogados que redactó la proclama de la Junta Tuitiva que debía hacerse conocer en Chuquisaca, pero que no fue posible por la reacción realista inmediata. La proclama dice, por que ya los revolucionarios de La Paz se despojaron de la “careta” y dieron la “cara”, por primera vez en la América española: “Hasta aquí hemos tolerado una especie de destierro en el seno de nuestra propia patria …”. En Buenos Aires, donde la mayor población era de españoles empresarios, con buena cantidad de criollos, negros, mulatos y mestizos como empleados, si se hubiese actuado dando la “cara”, los godos hubieran terminado muy rápido con la Junta. Castelli en su famoso alegato de respuesta al Obispo Lué de Buenos Aires, del día martes 22 de Mayo, repitió el silogismo que tenía en mente, pero sin dar la “cara”, porque no era conveniente. En cuanto a la tercera observación sólo digo que lamentablemente los primeros historiadores argentinos: López, hijo de López y Planes el autor del Himno Nacional y Mitre, escribieron una historia exclusiva para justificar las batallas de Caseros y Pavón. Estimado Pablo, si me da su dirección le enviaré de regalo mi novela histórica: “Oíd el Ruido de Rotas Cadenas”, desde ya le ofrezco estrecha amistad. Mi e-mail es: rodolfoacostacastro@hotmail.com

, , pabloa dijo

Rodolfo: gracias por tu comentario. Lo que dices amplía la información y esclarece algunos temas. Podemos seguir en contacto.

, , Descargar de Taringa dijo

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encontre interesante el artículo y lo he añadido al blog descargas de Taringa :) , un abrazo…

, , cinthia dijo

muy enseriooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

, , sol dijo

muy buena la infoo!! es un poco larga, pero sirve igual.
ahora tengo que estudiar!! solo tengo que resumir un poco y nada!! mas
gracias! besos!!

, , cacaa dijo

largo pero igual a eztado buenicimo lo quiero leer de vuelta