La semana de mayo

La Semana de Mayo

 

El virrey Cisneros había publicado un impreso el día 18 de mayo en el que se informaba de la conquista de Andalucía por los ejércitos de Napoleón. La Junta Central se había trasladado a la isla de León, cerca de Cádiz, por motivos de protección, y finalmente había dispuesto su propia disolución. Nombró un Consejo de Regencia en el que delegó sus funciones. En vista de esta noticia, los revolucionarios de la Capital del Virreinato del Río de la Plata consideraron que había llegado la hora de deponer a las autoridades peninsulares pues no existía más la Junta Central, autoridad que había nombrado al virrey Cisneros. Por consiguiente, en mayo de 1810 se constituyó en Buenos Aires una junta de gobierno independiente del gobierno español pero siempre en nombre del rey prisionero, Fernando VII. Veremos a continuación los sucesos de esos días tomando en cuenta los testimonios de los protagonistas y los documentos, en especial las actas del Cabildo de Buenos Aires.

 

Manuel Belgrano nos relata que, mientras se encontraba en el campo, lo mandaron a llamar sus amigos diciendo que “era llegado el caso de trabajar por la patria para adquirir la libertad e independencia deseada”. Se encaminó entonces a Buenos Aires y “muchas y vivas fueron entonces nuestras diligencias para reunir los ánimos y proceder a quitar a las autoridades.” Continúa más adelante:

 

No puedo pasar en silencio las lisonjeras esperanzas que me había hecho concebir el pulso con que se manejó nuestra revolución, [...] El congreso celebrado en nuestro estado para discernir nuestra situación, y tomar un partido en aquellas circunstancias, debe servir enteramente de modelo a cuantos se celebren en todo el mundo.[1]

 

 

Otro de los protagonistas, Cornelio Saavedra, que era el comandante del cuerpo de Patricios, relata que se encontraba en el pueblo de San Isidro cuando fue llamado a la ciudad por Juan José Viamonte, sargento mayor de ese cuerpo, porque había novedades de consecuencia. Se encaminó a la casa de Nicolás Rodríguez Peña donde había “una gran reunión de americanos que clamaban por que se removiese del mando al virrey y se crease un nuevo gobierno americano.” Allí se acordó solicitar a los miembros del Cabildo y al virrey Cisneros de llamar a un cabildo abierto “al que concurriese el pueblo a deliberar y resolver sobre su suerte.” El día 19 de mayo Cisneros citó a todos los comandantes militares y les preguntó si lo sostendrían como lo habían hecho con Liniers el 1 de enero de 1809. Ante la respuesta negativa, Cisneros accedió a convocar a un cabildo abierto.[2]

 

En una carta anónima remitida a Francisco Juanicó, residente en Montevideo, escrita por un partidario realista, cuenta los incidentes de la semana de Mayo. El domingo  “fue una diputación del Cabildo a manifestar al Virrey que el pueblo estaba en fermentación y que habiendo cesado la Junta Central y no reconocido legítimo el nombramiento del Consejo de Regencia [...] debía S. E. Renunciar al mando. El 21 de mayo se agolpó una multitud en la plaza Mayor, (denominada hoy Plaza de Mayo), los comandantes French y Beruti repartían cintas blancas para distinguir a los patriotas. La multitud exigía la suspensión del virrey.[3]

 

El acta elaborada por el Cabildo de Buenos Aires nos da cuenta de los sucesos de ese día: “se agolpó un número considerable de gentes a la plaza Mayor, explicando a voces [...] sus deseos.” Por este motivo, el alcalde de primer voto, Juan José Lezica, y el síndico, don Julián de Leiva, acordaron insistir ante el virrey que se “digne conceder a este Cabildo permiso franco para convocar por medio de esquelas la principal y más sana parte del vecindario, a fin de que un congreso público exprese la voluntad del pueblo.”[4]

 

Cisneros accedió a la solicitud y se procedió a citar al Cabildo Abierto para el martes 22 de mayo. La multitud seguía reunida en la plaza frente al Cabildo. Cornelio Saavedra fue llamado para que intentara aquietar a la multitud. Las voces del pueblo solicitaban que se presente el síndico, Leiva, y que quería saber lo que había acordado el virrey. Leiva trató de calmar a la multitud que reclamaba la suspensión de Cisneros. Cornelio Saavedra desde el balcón del Cabildo se dirigió al pueblo diciendo que se estaba tratando los asuntos que convenían a la felicidad del país y que el día siguiente se celebraría un Cabildo Abierto.[5] 

 

El día 22 se celebró el Cabildo Abierto. Ese día no hubo pueblo en la plaza pues llovía.[6] Además, se habían apostado centinelas en las entradas de la plaza y podían ingresar solamente los que tenían la invitación. La esquela de la citación era la siguiente:

 

El Excelentísimo Cabildo convoca a V. para que se sirva asistir precisamente mañana 22 del corriente a las 9 sin etiqueta alguna, y en clase de vecino al Cabildo abierto, que con anuencia del Excelentísimo Sr. Virrey ha acordado celebrar, debiendo manifestar esta esquela a las Tropas que guarezcan las avenidas de esta Plaza, para que se le permita pasar libremente.[7]

 

 

El 22 de mayo se reunió el Cabildo abierto. Concurrieron los vecinos más destacados de la ciudad. Entre los patriotas asistieron Hipólito Vieytes, Juan José Viamonte, Nicolás Rodríguez Peña, Juan Ramón Balcarce, Cornelio Saavedra, Manuel Luzuriaga, Miguel de Irigoyen, Joaquín Belgrano, Martín Thompson, Miguel de Azcuénaga, Florencio Terrada, Cosme Argerich, Martín Rodríguez, Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Bernardino Rivadavia, Mariano Moreno, Vicente López, Juan Francisco Seguí, Antonio Luis Beruti, Domingo French, y muchos otros.[8]

 

El procedimiento fue el siguiente: se hacían proposiciones las que eran apoyadas o rechazadas con nuevas propuestas. Comenzó con la proposición del obispo de Buenos Aires, Lue y Riega, quien manifestó que proponía la continuidad del virrey y permanecer en comunicación con las ciudades interiores. Contestó Pascual Ruiz Huidobro que propuso que “debía cesar la autoridad del excelentísimo señor virrey, y reanimarla el excelentísimo Cabildo.” De formas similar fueron expresando los distintos vecinos sus opiniones. Cornelio Saavedra propuso que debía caducar la autoridad del virrey, delegar la elección de la junta que ejercerá el poder en el Cabildo. Manuel Belgrano adhirió a la moción de Saavedra. Castelli adhirió al voto de Saavedra y agregó que la elección de los vocales de la junta “se haga por el pueblo junto al Cabildo General sin demora.” De esta forma fueron consignando sus votos los asistentes a favor de una o de otra proposición. La deliberación había durado la hasta las doce de la noche. Luego de que todos los asistentes emitieron su voto, se suspendió el congreso para las tres de la tarde del día siguiente.[9]

 

Durante el debate de ese día, 22 de mayo, expusieron muchos oradores, algunos apoyando la continuidad del virrey como el fiscal Villota y el obispo Lué, otros proclamando la caducidad de las autoridades, pues la Junta Central de España ya no existía y no tenía autoridad al nombrar al Consejo de Regencia, y entonces correspondía el retorno de la soberanía al pueblo, entre estos últimos se encontraban Castelli, Cornelio Saavedra y Juan José Paso. También, los que apoyaban al virrey, decían que la ciudad de Buenos Aires no tenía autoridad para establecer por sí una junta sin la consulta de los pueblos del interior. Las deliberaciones terminaros a media noche y se resolvió hacer el recuento de votos al día siguiente a las tres de la tarde y delegaron en el Cabildo la conformación de la nueva junta.[10]

 

Juan Manuel Beruti, testigo de los sucesos nos relata que una diputación del Cabildo, el 23 de mayo, se apersonó al virrey y le indicó que por mayoría de votos, el congreso del día anterior había votado por que debía dejar el mando en manos del Cabildo, lo cual aceptó.[11] Luego se reunió el Cabildo y suspendió la reunión pactada para la tarde y publicó un bando en el que se reconocía la decisión del Cabildo Abierto de suspender en sus funciones al virrey Cisneros y que pasaría a elegir la junta que se encargaría del mando hasta que se reunieran los diputados de las provincias interiores.[12]

 

En efecto, el día 23 de mayo se reunió el Cabildo. Consideró que no era necesario la continuación de la reunión del día anterior que estaba citada para las tres de la tarde y mandó a suspenderla. A continuación se pasó al recuento de votos el que resultó por mayoría que el virrey cesara el mando y que asumiera una junta designada por el Cabildo. Además, convinieron que aunque el virrey debía dejar el mando, se crearía una junta que sería presidida por Cisneros en calidad de vocal. Una delegación partió del Cabildo para comunicar esta resolución al virrey. Cisneros aceptó, pero impuso la condición de que fueran consultados los comandantes de los cuerpos militares de la ciudad. El Cabildo convocó inmediatamente a los jefes militares quienes manifestaron que debido a la agitación reinante, “lo que ansiaba el pueblo era el que se hiciese pública la cesación en el mando del excelentísimo señor virrey, y reasunción de él en el excelentísimo Cabildo, que mientras no se verificase esto de ningún modo se aquietaría.” El cabildo procedió a fijar un bando que declaraba la cesación del virrey Cisneros en el mando.[13]

 

El 24 de mayo el Cabildo tomó la determinación de nombrar una junta de gobierno presidida por Cisneros sin tener en cuenta lo decidido por el congreso celebrado el día 22 de mayo. El historiador Ricardo Levene calificó estos sucesos como que el “Cabildo consumó la nueva burla.”[14] El texto del acta del día 24 de mayo expresa lo siguiente:

 

Que considerando los graves inconvenientes y riesgos que podrían sobrevenir contra la seguridad pública, si conforme a lo resuelto a pluralidad de votos en el congreso general del día veintidós del corriente, fuese absolutamente separado del mando el excelentísimo señor virrey de estas provincias don Baltasar Hidalgo de Cisneros, pues que ellas podrían, o no, sujetarse a semejante resolución, o al menos suscitar dudas sobre el punto decidido, en cuyo caso serían consiguientes males de la mayor gravedad; y procediendo con arreglo a las facultades que se han conferido a este Cabildo a pluralidad de votos en el citado congreso general, debían mandar y mandaron, lo primero: Que continúe en el mando el excelentísimo señor virrey don Baltasar Hidalgo de Cisneros, asociado a los señores el doctor don Juan Nepomuceno Solá, cura rector de la parroquia de Nuestra Señora de Montserrat de esta ciudad, el doctor don Juan José Castelli abogado de esta Real Audiencia pretorial, don Cornelio Saavedra comandante del cuerpo de patricios y don José Santos Inchaurregui de este vecindario y comercio.[15]

 

 

Por la tarde del día 24 de mayo juraron los miembros de la junta presididos por el Virrey Cisneros. Estas designaciones enfurecieron a los patriotas que se creyeron burlados pues el Cabildo no había respetado lo resuelto por en congreso del día 22 de mayo. Fue entonces que se preparó la Revolución de Mayo.

 

 

 

 

 

 


[1] Manuel Belgrano, “Autobiografía …”, en Biblioteca de Mayo, op cit. Tomo II, p. 967.

 

[2] Cornelio Saavedra, “Memoria autobiográfica”, en Biblioteca de Mayo, op cit. Tomo II, p. 1051.

[3] Mayo Documental, op. cit. Tomo XI, p. 226. Este relato difiere de la historia relatada en las escuelas. Las cintas no eran celeste y blanco sino solamente blancas. Hay otros testimonios que confirman esto.

[4] Biblioteca de Mayo, op. cit. Tomo XVIII, p. 16066.

[5] Ibidem, Tomo XVIII, p. 16068.

[6] Mayo documental, op. cit., Tomo XI, p. 227.

[7] La revolución de Mayo…, op. cit. Tomo I, p. 341.

[8] Biblioteca de Mayo, op. cit. tomo XVIII, p. 16071-16075.

[9] Ibidem, Tomo XVIII, p. 16075-16091.

[10] Ricardo Levene, Historia de la Nación Argentina, Editorial El Ateneo, Buenos Aires, 1941, Tomo V, segunda sección, p. 23-33.

[11] Juan Manuel Beruti, Memorias curiosas, Emecé Editores, Buenos Aires, 2001, p. 139. (No confundir con Antonio Luis Beruti, que el día 21 y 25 de mayo repartía cintas que distinguían a los patriotas)

[12] La revolución de Mayo…, op. cit. Tomo I, p. 347.

[13] Biblioteca de Mayo, op. cit. Tomo XVIII, p. 16094- 16095.

[14] Historia de la Nación Argentina, op. cit. Tomo V, segunda sección, p. 38.

[15] Biblioteca de Mayo, op. cit. Tomo XVIII, p. 16097.


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