Acciones revolucionarias a comienzos de 1810

 

Acciones revolucionarias a comienzos de 1810

Durante los primeros meses de 1810 continuaba la acción revolucionaria de los partidarios de la independencia de América Española. El 17 de enero de ese año, Francisco Miranda le escribía desde Londres a Felipe Contucci instándolo a continuar con los planes de independencia: “es necesario apresurarse a llevar a debido efecto el plan que me decía usted estaba ya acordado, para la independencia de esas provincias del argentino”.[1] También desde Córdoba, ciudad central del Virreinato del Río de la Plata, el deán Gregorio Funes le escribía a la princesa Carlota el 15 de febrero de 1810 que se había ocupado de preparar los ánimos de mis compatriotas a favor de una regencia de la princesa en Buenos Aires. Agrega además que “yo he tenido el consuelo de ver alistados en el bando de V. A. cuantos son los que han podido escucharme.” Finalmente afirmó que “estas pequeñas conquistas [fueron] hechas en el silencio y la oscuridad.”[2] Vemos que en esta carta de comienzos del año 1810 que el deán Funes todavía abrigaba esperanzas en la posibilidad de una regencia de la princesa Carlota. Además nos transmite la forma sigilosa y encubierta en que debían realizar los patriotas su acción proselitista a favor de algún tipo de independencia pues de ser descubiertos podían ser llevados a prisión por las autoridades del virreinato o escapar al exterior como fueron los casos de Saturnino Rodríguez Peña y Juan Martín de Pueyrredón, prófugos en Río de Janeiro.

Circulaban periódicos como El Colombiano, Publicado por Miranda en Londres y El Español, escrito por José Blanco White también desde en Londres, que aparecieron en los primeros meses de 1810. Estos escritos que instaban a la independencia llenaban de preocupación a las autoridades españolas. En una carta enviada al embajador español en Londres, Juan Ruiz de Apodaca, por Manuel Abella, le comunicaba que “en esta ciudad se había empezado a publicar un periódico español titulado El colombiano, no para venderse en ella sino para enviarlo a nuestras Américas exhortándolas a la independencia.”[3]

Manuel Belgrano recuerda en su Autobiografía los días previos a la Revolución de Mayo al conocerse la noticia de la caída de Andalucía en manos del ejército francés: “Muchas y vivas fueron nuestras diligencias para reunir los ánimos y proceder a quitar las autoridades” y continúa más adelante “pues no hubiese un español que no creyese ser señor de América, y [a] los americanos los miraban entonces con poco menos estupor que los indios en los principios de sus horrorosas carnicerías, tituladas conquistas.[4]

Cornelio Saavedra, en sus memorias nos cuenta que ante la noticia de la caída de Andalucía, fue llamado por un grupo de americanos que le informaron de estos acontecimientos y le preguntaron si pensaba que todavía no era tiempo, a lo que contestó: “Señores, ahora digo que no sólo es tiempo, sino que no se debe perder una sola hora”[5]

José Ignacio Gorriti, en su Autobiografía Política nos informa según su parecer las causas de la revolución:

La revolución de América no fue un suceso repentino que debía sorprender a un sujeto medianamente pensado.

El sistema inquisitorial de la política del gabinete observada en las colonias; las tabas que sugería a la industria y a la cultura; el monopolio tan escandaloso del comercio peninsular; la postergación tan general y descarada que en toda la extensión de la monarquía sufrían los americanos; eran causas que se quejaban en voz muy alta, se murmuraba con acrimonia y se manifestaban síntomas de violencia que preparaban una explosión.[6]

 

Juan Ramón Balcarce, en su Relación Autobiográfica, nos informa que luego de las invasiones de los ingleses de 1807, “se ramifican más en Buenos Aires las ideas de la independencia” Los militares Balcarce y Martín Rodríguez, consustanciados con esos sentimientos, se reúnen con otros ciudadanos y jefes militares, “y principian a formar opinión de los oficiales del cuerpo de su mando”[7]

En Buenos Aires existía un ánimo contrario al gobierno español y la rebelión ya trascendía en los comentarios de café, anónimos y panfletos que circulaban y hasta se remitían a las ciudades del interior. Ante estas circunstancias el virrey Cisneros creó un “Juzgado de vigilancia” que debía descubrir a quienes producían estos escritos. También procedió a expulsar a los extranjeros de la ciudad pues entendía que muchos de ellos eran un peligro para la estabilidad del gobierno. En una carta dirigida a Martín de Garay, secretario de la Junta Central española fechada el 3 de enero de 1810, le transmitía lo siguiente:

La fermentación en que últimamente se había puesto este pueblo según manifesté a V. E. En fecha de 25 del pasado, promoviéndose especies sediciosas contra el gobierno, de que públicamente se hablaba en los cafés y tertulias, me puso en la precisión de establecer un juzgado de vigilancia [...] con tan buenos resultados que no sólo se ha logrado cortar aquel pernicioso cáncer, si que se ha descubierto (cosa no común) el autor de varios anónimos seductivos y diabólicos que se esparcían en esta ciudad y se remitían a las interiores.[8]

 

Según vemos en estos testimonios, en los primeros meses del año 1810, los ánimos de los criollos se encontraban preparados para intentar la independencia de la Península. Circulaban panfletos contra el gobierno que también llegaban a las ciudades del interior. Se hablaba libremente a favor de la independencia en las reuniones de los cafés, en las pulperías y en las tertulias en casa de familia, pese a la vigilancia de las autoridades españolas, quienes. tenían pleno conocimiento de estos asuntos. Esto es lo que se revela en las noticias intercambiadas por las autoridades virreinales con España. Además, con el objeto de evitar estos hechos se implementaron medidas represivas como la creación de un juzgado de vigilancia y la expulsión de extranjeros que podían intercambiar ideas subversivas con los criollos.

Podemos afirmar entonces que a comienzos del año 1810, en Buenos Aires, así como en otras capitales de los dominios españoles en América, existía un fuerte descontento de la población criolla con las autoridades españolas. Bastaba una chispa para encender la mecha, y esa chispa llegó en el mes de mayo de 1810.

 

 


[1] Mayo documental, op cit. Tomo XI, p. 59.

[2] Ibidem, Tomo XI, p. 92.

[3] Ibidem, Tomo XI, p. 148 y 207.

[4] Manuel Belgrano, “Autobiografía…”, en Biblioteca de Mayo, op. Cit. Tomo II, p. 967.

[5] Cornelio Saavedra, “Memoria Autógrafa”, en Biblioteca de Mayo, op. cit. Tomo II, p. 1051.

[6] Juan Ignacio Gorriti, “Autobiografía política”, en Biblioteca de Mayo, op. cit. Tomo II, p. 1673.

 

[7] Juan Ramón Balcarce, “Relación Autobiográfica”, en Biblioteca de Mayo, op. cit. Tomo II, p. 1767.

 

[8] Mayo documental, op. cit. Tomo X, p. 327


Escribí tu comentario

, , Reportar este Comentario Murray Castro dijo

Político argentino, nacido en Buenos Aires el 23 de septiembre de 1778. Jugó un papel crucial en la creación de la Argentina independiente. En 1809 escribió “Representación de los hacendados”, obra que supuso una feroz denuncia de las restricciones comerciales impuestas por España a sus colonias sudamericanas. Tras la Revolución de Mayo de 1810, pasó a ser secretario de la Junta de Buenos Aires, como responsable de los asuntos políticos y militares, pero pronto se convirtió en el máximo dirigente de la Junta. Garantizó la libertad de prensa, la integración de indígenas y blancos en el Ejército y la creación de una biblioteca nacional. Como director del periódico “La Gaceta de Buenos Aires” fomentó la difusión de los objetivos revolucionarios a las provincias y luchó por la total independencia del territorio argentino como república democrática. Sin embargo, su radicalismo alarmó a los elementos conservadores de la Junta y, en diciembre de 1810, se vio obligado a dimitir. Tomó posesión de un cargo diplomático en Brasil y, después, en Gran Bretaña. Falleció en alta mar el 4 de Marzo de 1811.

, , Reportar este Comentario Julie I. Kirk dijo

Señor, son muy diversas las épocas del 1º de enero de 1809 y la de mayo de 1810, en que nos hallamos. En aquella existía la España, aunque ya invadida por Napoleón; en ésta, toda ella, todas sus provincias y plazas están subyugadas por aquel conquistador, excepto solo Cádiz y la isla de León, como nos aseguran las gacetas que acaban de venir y V.E. en su proclama de ayer. ¿Y qué, señor? ¿Cádiz y la isla de León son España? (…) ¿Los derechos de la Corona de Castilla a que se incorporaron las Américas, han recaído en Cádiz y la isla de León, que son una parte de las provincias de Andalucía? No señor, no queremos seguir la suerte de la España, ni ser dominados por los franceses, hemos resuelto reasumir nuestros derechos y conservarnos por nosotros mismos. El que a V.E. dio autoridad para mandarnos ya no existe; de consiguiente usted tampoco la tiene ya, así que no cuente con las fuerzas de mi mando para sostenerse en ella.