Pedro

En el telar de la existencia se teje la historia con hilos de sonrisas, taninos de dolor, puntos de esperanza y tramas de desencanto. Tal vez aquella prenda que elaboramos en nuestro andar de caminante sea la mortaja que nos abrigue en el viaje o contribuya a nuestra putrefacción.

Muchas veces espiamos al costado con aire distraído para ver la labor ajena, en algunos metemos puntada y algún hilillo. En otras ocasiones hubiéramos preferido no ver, pues extrañamente, vaya uno a saber por qué, las mortajas ajenas influyen en la textura y conformación de la nuestra. La comparación es inevitable, ya sea para diferenciarnos o para identificarnos en el otro.

Como fuere, existen historias que me han calado hondo, esta es una de ellas. Seré breve no por falta de tiempo, sino por respeto o piedad a ustedes. Las construcciones de su imaginación son su responsabilidad y ciertamente ínfimas cotejadas con la realidad.

Pedro nació hermano de tres, sano y rozagante; las amantes de las telenovelas de la tarde alababan su blonda cabellera y sus ojos de cielo. Creció en un barrio de casas “tanas”, de esfuerzos y solidaridad, donde la familia era núcleo e identidad, silencio y respeto.

Pedro compartió su hermosura desde pequeño con un tío que le tapaba la boca para aminorar las suplicas y secaba con la lengua las lágrimas de desgarro.

Pedro compartió las yagas y hematomas de su madre, las curaciones del alma en la sumisión, la resistencia en el mutismo.

Pedro compartió su cuerpo con los puños de su padre que ajustició hasta la agonía su tendencia desviada.

Pedro compartió su sexo con adinerados desconocidos cuando su hogar fue la urbe, las seccionales y los centros de detención.

Pedro compartió el sabor de la lectura universitaria con Martín hasta que el HIV se lo quitó, junto con la esperanza.

Pedro compartió un café con sus hermanos, quienes también habían compartido su sexo con su tío y el cuerpo con su padre.

Pedro compartió el funeral de su madre devenida en una bolsa de huesos y sangre … “parecía una morcilla” graficó.

Pedro compartió el hierro caliente con los ojos, el ano y las axilas de su tío.

Pedro compartió la Bersa con la boca de su padre.

Pedro se sentó frente a mí y supe que no había concejo, consuelo o castigo.

Sueños.

.

Sueño con cristales cuando me rompo,
juntándome, de pronto, encastrando los pedazos
cuando a la imagen del ocaso
le pongo luces de fondo.
Sueño con montañas cuando me repongo,
escalando sus alturas
con fuerza y, hasta casi, con cordura,
con soltura
y por añadidura,
alcanzo cimas de macondos.
Sueño que resuelvo,
expeditiva y eficiente,
cuando los recovecos de la mente
empiezan a caminar en círculo,
trazo un camino centrífugo
que me aleje de la fuente.
Cuando la alegría es inminente,
sueño con premura
que rayo esa locura
que la felicidad provoca en la gente,
y me envuelvo en la codicia
de atrapar esa sonrisa
que se dibuja ascendente.

.

Suelo soñar despierta
a cada rato de mis días
para ” vivir otras vidas”,
para “probarme otros nombres”
como reza Sabina cuando habla de
“todos los hombres
que nunca seré”,
porque los sueños dormidos mueren al amanecer,
como los vampiros, que a media mañana
ya no se pueden volver a ver.

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Crónica de un encuentro causal.

Nada estaba previsto.

Nada se planeó.

La ví de casualidad, y solo atiné a llamarla, y estacionar el auto.

No tengo el recuerdo firme, o la foto en mi cabeza. La imagen es borrosa, como si se tratara de un ángel, o alguien irreal.

El saludo sonó a “de toda la vida”. Se sintió amistoso y contenedor.

El niño al lado, sonrío, como sabiendo de la emoción de su padre.

Nadie imagina, ni nunca dá por supuesto, de cómo puede reaccionar la otra parte. Ni tampoco está escrito que las personas deben ser simpáticas y amables, por el solo hecho de la imagen que venden a través de una voz, o una cara. No fué este el caso.

Como decía antes, la polaroid que llevo siempre en mi mente, está vez no funcionó. No pude retener su expresión, ni su cara, ni como iba vestida. Tal vez, poco importe eso. En el álbum de mi vida, faltará esa foto. Pero el futuro dirá. Y quizás otra narración comience, con ese encuentro casual. O se transforme en anécdota graciosa. Quien sabe.

Solo algo permanecerá. El eterno agradecimiento. A esos gestos que no abundan en este tiempo. Al hacer un pequeño esfuerzo, para que otro pueda conseguir un logro, se dé o no. Como te dije, tuve mi oportunidad, y la aproveché. El resto ya no depende de mí, o de vos.

Y es eso, lo que nos hace criaturas, del caprichoso destino.

 

Escuchá el cuento narrado por Daisy May Queen en Curiosa Noche por FM Vale.
http://www.goear.com/listen/8c74ed1/cronica-de-un-encuentro-causal-pipercoz

Un sueño de arena (por Daniel Cirer)

Con un giro de ala, mientras llega la noche y el recuerdo, en silencio, ocupa el vacío que el sueño perdona, volcando en el blanco de negro mi alma, rosas palabras y sentires de oro, busco la luz que siempre me falta, por no ser sólo el Sol para mi suficiente.

Cuando desnudo la vida de niebla y perfumes, la luna me cabe en la palma de la mano, y las estrellas, como puntos suspensivos, dejan al aire poco más que la duda. La corriente del tiempo se define cuadrada, como espacio enclaustrado entre cuatro paredes, sin ser ya capaz de mellar mi voz, regalada a quienes escuchan y entienden al viento. Las manos me tiemblan, hace frío, pero mi pecho arde en el fuego que prenden los versos con cada suspiro, para hacer de mi cuerpo un poquito de hogar, para que el jardín que no tengo se llene de rosas, de fresa y jazmín, de gatos que juegan y sus formas se vuelvan palabras que escapan como gritos y risas, entre puntos y comas.

Dice el horizonte de día que no hay nada más… pero en la noche… no dice nada. Si las sirenas duermen en alguna orilla, acerco mi barca de tinta y papel, para que canten canciones de amor y cariño, mientras me tumbo cansado por remar hasta ellas. Cantan conmigo, bailan conmigo y cuando amanece se marchan, pero siguen sus huellas marcando la arena, y parto en mi barca a buscar otra orilla. Con un giro de ala, mientras llega la noche y el recuerdo, en silencio, ocupa el vacío que el sueño perdona, volcando en el blanco de negro mi alma, de rosas palabras y sentires de oro, busco la luz que siempre me falta, por no ser sólo el Sol para mí suficiente… pues tuve la luna… en la palma de mi mano.

K A M A Z

Para Mauricio era otro sábado más de hastío. Todos sus amigos de las chacras lindantes habían emigrado a la Capital. Después de la muerte prematura de su padre tuve que hacerse cargo del campo.

Lo detestaba desde niño cuando la lectura de los libros de la colección Robin Hood habían implantado en su corazón la semilla de la aventura y soñaba con abandonar aquel yermo desolador y maldecido donde nada parecía prosperar más de dos años seguidos.

La única distracción de la rutina diaria, del trabajo monótono y estéril, era recorrer las tres leguas a caballo hasta el pueblo y codearse con la paisanada que se juntaba en el baile organizado por el club Esperanza.

Pero en realidad no era esa su principal motivación. Su esmerado acicalado era evidencia de que iba al baile solo para ver a la Amalia, la chinita más linda de todo el partido. El estaba lleno de esperanzas en cuanto a los sentimientos de ella pero no tenía ninguna prueba. Este sábado en particular estaba decidido a declarle su amor. Desde temprano se dedicó a cepillar el alazán, lustrar las botas, y recortarse el bigote.

Cuando llegó al club notó de buen humor a Don Ledesma y Don Ibañez, dos de los hacendados masricos de la provincia. Le pareció extraño de primer momento pero enseguida ante la vista de Amalia se olvidó de ellos. Tendría que haber prestado atención y darse cuenta de que había también un brillo especial en los ojos de la hermosa joven, que hacía juego con las vistosas flores que portaba en el cabello.

Justo en el momento que dió su primer paso decidido y seguro para acercarse a Amalia e invitarla a bailar, la música se detuvo abruptamente. Don Ledesma, de pie con un vaso de vino en la mano, sonriente y colorado de felicidad quería hacer un anuncio. Su hijo Francisco iba a contraer matrimonio con Amalia Ibañez y así se forjaría un beneficioso lazo entre familias amigas y poderosas.

Siguió Don Ledesma con su discurso unos minutos más pero Mauricio no escuchaba nada. Una desolación sorda arañaba su alma y sentía congelarse su corazón. Moviéndose como un sonámbulo se acercó al buffet y acodado en la barra pidió una ginebra. El ñato Ortiz lo miró extrañado, jamás en los 25 años que conocía a Mauricio lo había visto tomar a pesar de las constantes bromas de las que era víctima. Pero el estaba para servir y no se iba a poner con remilgos, después de todo ya era hora que bebiera como un hombre.

Ahí se equivocó, Mauricio bebió no como un hombre sino como una esponja hasta que casi no podía estarse en pie. Sin decir nada a nadie se fué del club rumbo a su rancho envuelto en una nube alcohólica que hizo olvidar atado al palenque su preciado alazán.

Había caminado mas o menos durante una hora por la ruta cuando vió acercarse una luz. Su andar zigzagueante lo llevaba de la banquina al asfalto constantemente. Cuando la luz casi estuvo encima de él Mauricio se paralizó y haciendo vicera con su mano solo alcanzó a distinguir una extrañan máquina de dos ruedas que pasaba raudamente a su lado.

Su mente anclada hacía días en la imagen ahora inalcanzable de la sonrisa de Amalia no había prestado atención a la novedad de que ese día el Rally Dakar transitaba por esa ruta.

Tan solo un minuto después otra luz se divisó en el horizonte. Entonces la guapeza alimentada a ginebra se posesionó de Mauricio quien pelando el facón iba a hacerle frente a esta otra máquina del demonio. Eso lo salvó de ser arrollado porque el brillo de la hoja advirtió al motociclista que alguien estaba parado en la calzada y alcanzó a desviarse a tiempo.

Unos metros más adelante un gran caño de cemento cruzaba bajo la ruta conectando las banquinas para aliviarlas del agua de lluvia. Pero con la sequía larga y persistente solo había polvo. Mauricio bajó y se acurrucó dentro del tunel mascullando sobre su mala suerte con la Amalia. El ruido de otra moto que pasó por la ruta lo saco de sus cavilaciones y lo hizo enojar.

Mauricio se juró a sí mismo que la próxima luz mala que apareciera lo iba a encontrar bien plantado y le iba a hacer frente. Y no tuvo que esperar mucho. El ruido anunciaba el arribo de otra máquina. Asomando la cabeza fuera de su agujero vió dos potentes luces que venían directo a él como respondiendo su desafío.

En actitud quijotesca envolvió su poncho en el antebrazo izquierdo, tomo el facón con la diestra, echó el sombrero para atrás y mientras salía intepestivamente corriendo torpemente hacia el asfalto gritó: “¡No me importan que vengan en yunta! ¡Di a dos les peleo de igual a igual!”.

Su respiración se convirtió en jadeo y sus ojos vidriosos vieron durante una fraccion de segundo la insignia que portaba el enorme camión Kamaz de apoyo técnico en medio del capot antes de que el golpe los cerrara…

Despedida. (un puente al encuentro)

Encontré la mirada perdida pero plácida,

el gesto frio pero en calma,

el espíritu erguido y en sus anchas…


Corría el mediodia y la sorpresa no se gasta;
hay huevos que uno nunca cambia de canasta,
que por naturaleza no tienen mas destino
que toda la jugada.
Un alma se elevaba al infinito
y el mio se desarma.

Sin embargo,

el hilo de plata no descosía sus amarras.

Un dios profecía anuncia su vuelo

llevándome encarnada;

no mide distancias,

no hay paredes ni trabas,

me juega a las escondidas

y desafía revancha.

… Mi vista descansa en un silencio profundo,

con un humor iracundo

y lo mas cierto del desconcierto

que se había desplegado un desierto

en mi propia casa

….

Camino descalza recorriendo sus marcas,
no quiero perder el tiempo

ni que se aleje su cara,
le doy una luz a mis pupilas

para acostumbrar la mirada

y lo veo…


desde aquel dia lo veo,

todos los dias,

en cada rincon, en cada calle, en cada herida

y en cada palabra…

Dediqué un rosario de puteadas a esa despedida

hasta atravezar la galaxia;

me quedé con él de por vida, de por muerte,

de por cualquier instancia.
… un padre no deja adioses,
para eso le enseñó a su hija a usar las alas.

……….

Carta de un suicida a su tortuga

Y si, digámoslo sin amagues, me ha faltado el coraje. La vida como un tsunami levantó con sus aguas tormentosas de existencia el imperio de mis logros y la ventura de mis sueños, dejando reducido a escombros el esqueleto de mi cordura y desnudando mis fantasmas y miedos.

Vanos han sido los intentos. Las palabras de aliento ya no son mas que un inútil dispendio. El agua se ha ido transformando todo en harapos y desechos; mis pocas sonrisas y mis miles de yerros. Tu bien los conoces, has estado allí estoico mirando con tus ojos cansados de elefante como el horizonte dejó de ser distante para transformarse en pasado. Has estado presente cuando el faro encegueció. No hace falta que haga un repaso tedioso de lo que te es bien conocido.

Mi decisión ha sido profundamente meditada. El cristal de mi existencia mortal se ha quebrado irremediablemente y carece de todo valor para mi o para el mercado. He decidido  evitar a mis deudos el asistir al desagradable espectáculo de horror y espanto, por ello me haré al mar con fuertes anclas en los tobillos que me aferren al lecho pues en el cielo no seré bien recibido.

Lamento el abandonarte, mas confío en que mi sobrino habrá de adoptarte, ya a dado sobradas muestras de desearlo. Recuérdame cuando el siglo se dibuje en las escamas de tu refugio, no como a un viejo amigo sino como a un cobarde al que le ha faltado el coraje…¡carajo!.

PARTIDAS VARIAS (POR PIPERCOZ)

Cuando me solicitaron escribir sobre las partidas, olvidé pedir detalles específicos. Entonces comencé a recordar la diversidad, que las acepciones de la palabra, me permitía.
Con alegría pensé en mi partida de nacimiento, y con dolor en las partidas de defunción de mis padres. Meros escritos que certifican la estadía, en un caso, y el fin del recorrido, en otro, por este mundo, como si para uno no bastara ya con la pena como tatuaje marcado en el corazón.
También evoqué, memorables y olvidables, partidas de ajedrez, naipes y demás. Que nunca entendí porque la diferencia de sexo, entre una partida de bolos y un partido de tenis, fútbol, etc. (mejor no averiguar).
Hay redundancias lingüísticas (si se me permite el término), ejemplo: Partida quedó mi vida, el día que partiste (hablando mal y pronto, me partiste al medio, cuando yo solo pensaba partirte como un queso).
Luego, emparenté el término con su prima hermana, despedida. Despedida de soltero y de casado. Despedida de compañeros que se van del trabajo. Mas atrás en el tiempo, la despedida de 6to a 7mo, cada año en el lugar correspondiente. Y luego, la correspondiente a la escuela secundaria.
Si analizamos el término, en casi todos los casos, nos habla de división o alejamiento. Siendo así, ¿deberíamos tomarla como una palabra triste? No siempre, porque al igual que los cambios, muchos son para bien, otros son inevitables, algunos se aceptan, otras cuestan demasiado, quizás toda nuestra vida, y por ahí sin éxito.
Parece mentira, y casi sin darnos cuenta, las palabras y sus significados diversos, marcan momentos de nuestra vida, alegres y tristes por igual. Nos acompañan, son parte de nuestro bagaje invisible (menos mal, lo que sería cargar con otra mochila más, para venir a trabajar).
Bueno, tras tan exhaustivo estudio (y modesto), procedo a partir. Espero que esto no les haya resultado un parto (pariente cercano), y les agradezco la atención prestada (no esperen que se las devuelva).

Se fue (por Daniel Cirer)

En mi mesa preparados había dejado un par de platos con la esperanza de llevarla a que comiera para mí. La cocino lo que gusta ya que tengo buenas manos y siempre dice que acerté con el menú que la elegí… Al llegar me iré a la cama… de comer o de beber, la verdad, no tengo ganas. Soñaré esta vez con ella sin sentir hoy su calor y despierte convencido de que anoche sí bajó. No estoy triste. Para nada. Me ilusiona imaginarla recordando enamorada los momentos que le brinda su lobito en la montaña. Me pregunto por qué aquellos que un día aullaron a sus lunas quedan mudos de repente al lograr que sean “suyas”… incluso hay quien las insulta o las maltrata… “El que daña a una mujer es un cobarde que no ama cuya forma de vivir no la quieren ni las ratas” …Yo jamás lo haría…no podría… hacer sufrir a Luna siendo yo su triste cruz y que deje de ser ella no irradiando ya su luz…….no……es más: Trataría de ofrecerla lo mejor que yo tuviera, cuidaría, halagaría…..: deslumbraría a quien la viera. Como me deslumbro yo. Y el tiempo no me haría dudar un solo instante que el aullarla cada noche sería necesario o que el traerla flores frescas que acompañen su belleza no lo hiciera yo a diario por desidia o por pereza. Tal vez lo que la preocupa es que pasados ya los años nos veamos ya cansados de aguantar el convivir y que hartos acabemos peleados, que no sea ya su lobo y ella luna para mí.

He vivido y disfrutado, he sufrido y he llorado, he tenido y envidiado, he querido y he odiado, he llegado y he marchado, he ganado y he perdido, he olvidado y conocido pero no me he arrepentido de lo que libre he decidido… y la quiero amar….para siempre… porque sé como es mi pecho y cuando habla nunca miente y si trajera el tiempo un día en el que ella no querría al que la escribe en la mañana, quedaría en la montaña para aullarla y contemplarla porque el perderla sí sería el no hacerla ya feliz…así….con mis palabras… sin heridas que se abran por echar cosas en cara o decir que en esta lucha yo fui el que más sufrí… Si eligiera a otro lobo para vestirla por la noche no sería yo el reproche que la hiciera discutir consiguiendo que me aparte de su vida por la envidia y lucharía por lo suyo… aunque hubiera de morir.

Mirando al Mar

Mirando al Mar

Fue que mirando al mar, descubrí lo que sentías…
Es, que mirando al mar… encontré lo que tenía.

Fue que como siempre, tus ojos dijeron lo que el resto de vos escondía.
Es, que mis ojos delatan lo que verte inspiran.

Fue que caí enredado por el sol; y lento; dejé de intentar encontrarte en mí.
Es, que enredado por el sol; lento; me encuentro en mí.

Fue que nunca supe para qué, ni por qué estaba ahí,
Es, que descubrí que lo que sirve, es sentir que estoy aquí.

Fue que quise llevarte,
Es que entendí que habría valido; sencillamente acompañarte.

Fue, que cuando casi te morías; me creí muerto en un instante.
Es, que cuando casi me mataste; me descubrí vivo, distinto y mirando adelante.

Fue que tus labios dijeron… y no quise, no supe, no pude escucharte.
Es, que mi labios sintieron… y no quisiste, no supiste, no pudiste escucharme.

Fue que mirando al mar, descubrí lo que perdía.
Es, que mirando al mar… encontré lo que tenía.