Pequeña Italia – Stephen Bishop

Todos tenemos un pasado.

El que niegue esto, miente, o ha empezado a perder la memoria o ese pasado es tan traumático que el olvido funciona como una salvaguarda de la cordura del presente.

No es mi caso.

Me hago cargo.

No me voy a poner en revisionista absoluto porque mi pasado es grande, pero al menos vamos a sacarle brillo a un botón que sirva de muestra.

Cuando llevaba escritos la intro y dos de estos ensayos, se los di a mi hermano para que los leyera, junto a la lista de canciones que había armado y que harían el corpus de la obra. Me llamó para darme su opinión y para decirme que a su entender faltaban dos canciones que él había visto formar parte de mi vida. Una era Roxanne de Police y la otra, con una especie de risa de sorna, era Pequeña Italia. Nos reímos, le dije que siempre pienso que hay que contar las ganadas y las perdidas, y que Pequeña Italia entraba. Después llegué a casa y, entre risas le empecé a contar a Diana, mi mujer. Copio de la cinta testigo: “…Tincho me dijo Roxanne de Police ¿y a que no sabés qué otra?…” Sin dudar, dijo qué otra. Me conoce, la muy perra.

Vayamos a los hechos.

A principios del año 83 escuché en la playa a un amigo tocando en su guitarra una canción que me hechizó (bueno “hechizó” es un verbo un poco comprometido desde el punto de vista varonil, pero no se me ocurre otro, y si estamos revisando a conciencia, hay que ir hasta el descarne: “hechizó” queda). Hartos que estábamos de Padre e hijo de Cat Stevens y de All out of love de Air Supply, que eran los estándares de este muchacho, le pedimos otra distinta y se lanzó con Little Italy. Me quedé encantado con esa melodía que tenía una dulzura que nunca había escuchado (otra frase comprometida). Tenía cierta afinidad con las canciones de David Gates y su grupo Bread, esa fábrica de lentos mortales como Goodbye girl, Guitar man, Hooked on you, Lost without our love, Everything I own y otras. Me lancé a la búsqueda de algo de la discografía de ese tal Bishop. Nada se conseguía en Necochea esos años, y durante el invierno me enfrié. Pero fueron llegando setiembre, octubre y por estar yo en quinto año tenía que encontrar una canción para mi baile de egresados. De repente, como un toro que ve todo rojo o ve que todo se mueve, lo único que quería era Pequeña Italia para bajar las escaleras del Club Rivadavia gritándole al mundo que yo había elegido esa canción sublime para despedir mi secundario. Así de fuerte.

Imposible de conseguir. Imposible. En las disquerías no lo conocían, nadie lo tenía ni registrado a Stephen Bishop.

Se iba acercando el día y yo no pensaba cambiar de canción.

Hagamos un alto aquí mismo y subrayemos que estoy hablando de mí, la misma persona que se pasó gran parte de su secundaria escuchando Queen y casi jactándose de ello; que ya había decidido estudiar publicidad, una carrera supuestamente ligada a lo más vanguardia; que ya había leído todos los cuentos de Borges y Poe; que con Alexis Fischman cantábamos a dúo (y aún cantamos) Family Snapshot de Peter Gabriel y con Gabriel Delgado cantábamos a dúo Pantalla del mundo nuevo de Riff; que mis películas favoritas eran El resplandor y Blade Runner; etc. Quiero decir que miro hacia atrás y siento que patiné sin control por una canción que hoy casi quiero esconder, aunque me siga gustando. Yo me hice a los golpes.

Encima mi mujer no pierde ocasión de remarcarme el desdoro que representa en mi legajo haber egresado con esta canción. Claro, ella tiene la vaca atada: bajó con Viento en contra de Bob Seger. Temón. Pero, aparte del buen gusto que tiene, corría con la ventaja de tener todos amigos grandes, escuchaba Creedence y cosas así.

La cuestión es que un compañero del colegio, Pablo Mansilla, tenía un pedazo de la canción grabado en un cassette a punto de desintegrarse. Y como si fuera un ingeniero de sonido de la CIA me di a la tarea de regrabar ese pedazo roto, creyendo que lo mejoraba en una deck Technics que hoy sabe Dios por dónde andará.

Y bajé con Little Italy nomás, feliz, con el único esmoquin y el único moño que usé en mi vida, del brazo de mi madre. Me recuerdo ese día, aún al borde de esa escalera, con mi vieja al lado listos para bajar, el orgullo que sentí al escuchar Pequeña Italia, una canción que nunca le entendí la letra, demasiado suave para remarcar un día de gloria, una canción que es poca canción para tanta responsabilidad.

Y saben qué, no me arrepiento.


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, , Reportar este Comentario Moira dijo

Decile a Diana que yo creci escuchando Against the wind, y junto con temas de creedence, dylan, lynnard skynnard, formaron el soundtrack de mi vida a partir de los 12, o 13….(y muchos mas tambien)- esa lista nunca varia en mi ipod, el resto va, viene, me canso, pero me sorprende mucho porque aca no lo conocia nadie!

, , Reportar este Comentario Santiago Villarreal dijo

A mi tambien me pasa. Soy un fan contemporaneo a vos y realmente me encantaria que Bish pudiera venir pòr estas costas a enseñar algo de sensibilidad, musicalidad, genialidad y creatividad a algunos musicoides locales.
santivil@yahoo.com

, , Reportar este Comentario Patricia dijo

Coincido plenamente la sensación que causa esta hermosísima canción. LLegué a esta página buscando y buscando, cómo encontrar Pequeña Italia, ya que no la consigo. Si tenes idea cómo llegar a ella, por favor te pido me lo comentes. Por lo menos, recordé aquí el nombre del cantante. Gracias!!!