Karen, Mucho más que una mermelada, segunda versión

El proyecto de elaboracion de mermelada de naranjas, fue una experiencia que lleve a cabo en mi primer experiencia como maestra suplente en la escuela N19, arrollo Las Cañas, Islas. Fue y es para mi muy valioso, sobre todo por el modo en que se dieron las cosas, la forma en que surgio. Estaba muy entusiasmada con la idea de trabajar en islas, pero al mismo tiempo, no sabia con que me iba a encontrar, y si realmente estaba preparada para aquello con lo que me encontrase. Como es natural en este contexto, la escuela cuenta con un parque muy grande, lleno de arboles frutales, en especial naranjos. Todos los mediodias, despues del almuerzo, saliamos a caminar con los chicos en el recreo y ellos me mostraban y me enseñaban todo lo que habia alrededor ya que tienen muchisimos conocimientos acerca de la naturaleza del lugar, conocen todos los arboles, los tipos de plantas, las plantas medicinales, en que epoca da frutos cada arbol, etc.. en esos paseos, me llamo mucho la atencion que habia en el suelo una gran cantidad de naranjas caidas, y les pregunte por que pasaba eso, que se hacia con esas naranjas, por que permanecian tiradas en el suelo y nadie las aprovechaba. lo que sucede, es que el arbol de naranjas es muy comun en las inmediaciones de la escuela, y los alumnos tambien tienen naranjos en sus casa, por lo que lo frutos terminan cayendo solos de los arboles y se echan a perder, produciendo asi un gran desperdicio de un recurso que podria ser perfectamente aprovechado. entonces les propuse pensar una alternativa para evitar el desperdicio, y propusieron la elaboracion de mermelada de naranjas para ser vendido en el festival de fin de año y poder asi, juntar algunos fondos para cubrir algunas necesidades de la escuela. me parecio una excelente idea para llevar a cabo un proyecto integrado, de manera tal que se puedan valorar, aprovechar y explotar los recuersos naturales que este contexto ofrece, La totalidad del proyecto fue adaptado a las cracterísticas de un contexto muy particular que ofrece recursos tales como el contacto directo con la naturaleza, variada forestación y espacio verde, así como a características propias del establecimiento y de la comunidad eductiva muchas de las cuales limitan y dificultan la tarea docente y algunas otras (muchas menos) que la facilitan, algunas de estas características son: tres horas de lancha separan la EPB Nº 19 del puerto de Tigre, los niños que concurren a la escuela provienen de hogares de muy bajos recursos, los alumnos son recogidos de sus hogares por la lancha colecivo y llegan a la escuela a las 10:00 hs, alli desayunan, almuerzan y meriendan, la jornada termina a las 14:00 hs, por lo tanto el tiempo con el que se cuenta para trabajar con ellos es muy reducido, la escuela cuenta con una muy reducida matricula, diez alumnos en total, cinco en primer ciclo y cinco en segundo ciclo (con quienes se llevo a cabo el proyecto) y todos ellos (dos en cuarto año, uno en quinto y dos en sexto año) presentan un nivel de aprendizaje que se encuentra por debajo de las expectativas de logro esperadas para cuarto año, y presentan muchas dificultades de lecto escritura y comprensión de textos.
Este proyecto abarcó conenidos propios de todas las áreas, desde Lengua se recurrió al texto instructivo para confeccionar la receta y al texto apelativo para el diseño de las etiquetas de los frascos que, a su vez, fueron confeccionados en el área de Educación Artística; los alumnos pudieron llevar a cabo una elaboración de costos partiendo de diferentes operaciones con números naturales hasta llegar a apropiarse del algoritmo de las operaciones y cálculos de proporcionalidad; ampliaron y sistematizaron conocimientos acerca del funcionamiento de cada una de las partes de la planta partiendo de la observación directa y de sus conocimientos previos, reforzando y ampliándolos a partir de la experimentación, la confrontación, la puesta en común y el trabajo en equipo; en el área de Ciencias Sociales fueron participes directos del circuito productivo, pudieron reconocer el recorrido de los alimentos en su propio trabajo y también reconocer en él los factores de la producción, los cuales fueron tenidos en cuenta la hora de establecer costos y fijar un precio final para el producto.
Los chicos trabajaron muy comprometidamente sobre una problemática real y pudieron poner en práctica aspectos como la valoración de lo propio, del trabajo en equipo, del compromiso, de la solidaridad entre compañeros, pudieron reconocer los distintos recursos que el contexto ofrece, y necesitaron recurrir a los contenidos propios de cada área para resolver diferentes problemas, como porejemplo, cuántos ingredientes se necesitarán para determinada cantidad de mermelada, qué tener en cuenta para fijar un precio, de qué manera se puede hacer una operación para que resulte mas fácil y rápida, de qué manera estructurar la receta para que sea mas entendible, qué tener en cuenta para que las etiquetas resulten llamativas, cómo organizar la venta y administración del dinero, etc..
una de las principales causas que me motivó a llevar a cabo este proyecto es poder observar de manera real cuánta distacia existe entre lo “ideal”, entre lo que me enseñaron, entre las críticas que uno hace como futuro docente y la realidad, entre la teoría y el aula, entre lo que espero de mi y lo que soy capaz de hacer, y por otra parte, el deseo de dejarles “algo”, algo que verdaderamente les sirva a ese grupo de chicos, en ese contexto y en ese momento. Fue muy importante como primera experiencia porque fue una instancia mas de aprendizaje para mi formación en la que pude reconocer ciertas debilidades y detalles a pulir que quizá no hubiera descubierto sino lo hubiera llevado a cabo. El titulo al proyecto lo decidimos entre todos, creo que fue efectivamente para todos los que participamos en el, mucho mas que una mermelada..

Nicolás, Culpables, tercer versión

La historia que se presentará en el presente relato sucedió en una escuela del Gran Buenos Aires a principios de la década del 90. Por aquellos años, empezaron a circular entre los niños videos juegos portátiles que generaban mucha atención a su alrededor.

El día que Facundo, alumno de sexto grado, notó sorprendido que su “jueguito” no estaba donde lo había dejado desató un conflicto que puso en tensión las relaciones entre autoridades, docente y alumnos.

La maestra al tomar conocimiento de la situación, pidió a los niños que si alguien lo había tomado lo devuelva de inmediato. Se acerco lentamente a la puerta y con un seco, pero sutil golpe cerro las puertas del Tribunal. La hipótesis del robo se había apoderado del Honorable Recinto. Todos los que se encontraban en el aula eran presuntos autores materiales del delito. Las miradas iban y venían en toda dirección. “Hábeas corpus”, se escucho casi como un eco. Las especulaciones en general cerraban el número de sospechosos a no más de tres alumnos. El principal acusado, debido a algunos antecedentes de mala conducta, repetía una y otra vez su inocencia. Las agujas del reloj, que reposaba en la pared, acompañaban sigilosamente el latir del aula. Luego de una hora de acusaciones y apelaciones, la situación no había progresado. El objeto había desaparecido y no existían pruebas para terminar de condenar a quien parecía culpable. Este Tribunal acababa su tarea.

El docente sin más recursos, llamó a la directora que rápidamente se hizo presente en el curso. Entra en funciones la Corte Suprema de la Escuela nº 6. Su primera medida fue la orden de revisar mochila por mochila hasta ver aparecer el aparato en cuestión. Los niños no ofrecieron resistencia, dejando que la maestra abriese sus bolsos y comprobase, uno por uno, que la prueba del delito no estaba. La hipótesis del robo había caído.

El juego electrónico fue encontrado en el parque de la escuela. Facundo lo había perdido.

Durante el episodio antes mencionado se pone de manifiesto que más allá de contenidos y sus didácticas el docente requiere una cuota de sentido común que por estos días pareciera el menos común de los sentidos.

Esta historia sucedida hace más de diez años, creo haberla visto hace algunos días atrás, cambiada en tiempo y espacio, pero la misma naturaleza

En el aula se generan múltiples conflictos que el docente debe estar preparado para afrontar, y al hacerlo además de ofrecer una resolución, generar valores a sus alumnos que lo guíen en su vida presente y futura. La pregunta se convierte en inevitable, ¿los docentes están preparados para resolver conflictos de la manera correcta, sin reproducir viejos prejuicios y sin vulnerar derechos que los alumnos nunca sentirán adquiridos?

Yesica, Los pasillos de un barrio, segunda versión

De líneas empedradas y pastizales que la bordean esa es la vereda que más transito; donde dejé con mi paso diario aquella visión ignorante de mirar a no mas de diez metros de mi; Una realidad que no era real, una realidad individual, una realidad donde por callar y no participar fui cómplice del egoísmo social.

Pase cerca tantas veces! e hice ausencia de mi presencia y opinión, sin saber o no querer ver lo que guardaban aquellos pasillos en su interior.

Un espacio se abrió en el tiempo y me di cuenta que lo que sentía no era mas que miedo, miedo con aires del ´76, pánico de represión, de libertad censurada y un grito reprimido por ser uno mas del montón, de esa masa inactiva al cambio y con sueños de cartón. Esta es la razón por la cual usé la razón con el corazón y empecé a caminar…

De casas bajas y puertas de chapa, miradas de barro, abandono y dolor. Caritas tristes y pies descalzos pidiendo a gritos abrazos de contención; seguí recorriendo y observe a lo lejos un niño que cargaba en su espalda una mochila de exclusión. En su mano derecha tenia una bolsita de nylon en la cual no precisamente llevaba pan sino su condena por marginación.

Con pasos quebrados y mareos constantes, así caminaba un joven; con su nariz nevada y un cigarrillo a medio terminar que con cada pitada que daba se consumía el faso y su vida. Esa llena de sueños truncos por ser víctima de este paradigma de injusticia e inequidad.

Por suerte no estaba desanimada mi mente pudo soportar y no me rendí al cambio esperado, algo nuevo tenia que hallar. Entré a un edificio que se situaba en el corazón de la manzana y allí encontré al fin lo que tanto deseaba…

Era increíble lo que ese lugar escondía; grafitis de sueños y cuadros de alegría; niños y jóvenes felices; libros abiertos y sabiduría y un grupo de personas que no niegan sus manos tibias, manos que consuelan lágrimas y entregan caricias y con mucha dedicación regalan tiempo y sonrisas. Gente que brinda un espacio de contención y crecimiento para prevenir el abandono, la marginación y la droga.

Así fue como descubrí ese lugar encantado que es donde quiero estar; para transmitir a los jóvenes y niños todo lo que pueden lograr, si solo se disponen a empezar a caminar porque todos los caminos nos llevan a un lugar y esos nos pueden ayudar a transportarnos a un mayor grado de lucidez y equilibrio mental y así tejiendo redes de sueños lograr un desarrollo humano mas digno para todos…

Gabriela, La Caverna, segunda versión

Reconstruir una caverna rupestre para entender mejor el arte paleolítico.

Era la intención de los directivos hacer una actividad que incluyera a la familia. Teniendo en cuenta algunas actividades que se estaban realizando, se convoca a un docente de artística para que genere la secuencia de actividades.

Muchos docentes de la escuela queríamos darle un lugar de protagonismo, al área de artística, para que las toda la comunidad educativa redescubriera a el área , como una posibilidad pedagógica importante.

De la reunión entre directivos y docentes, surge lo siguiente:

RECONSTRUIR UNA CAVERNA RUPESTRE PARA ENTENDER MEJOR EL ARTE PALEOLÍTICO Y COMPARTIR UNA EXPERIENCIA. Convocar a padres y familiares en dos horarios optativos, para realizar una actividad (no se aclaraba cuál). Debiendo asistir con: alambre galvanizado, pinzas para doblarlo y cortarlo, papel de madera y cartón, cinta de enmascarar, sogas o piolín. Ropa cómoda y que se pueda ensuciar.

Previamente y con la ayuda de un padre que tenía una camioneta, llevamos a la escuela: estanterías exhibidoras de un almacén que no las necesitaba, dos sombrillas de otro local, bastidores artísticos sin sus telas, un maniquí en desuso, cartones y telgopor del embalaje de una heladera y un lavarropas, y trabajos que recreaban bisontes y otros animales antiguos, al estilo paleolítico, realizados por estudiantes de historia del arte, de otra institución, donados para la experiencia.

Los primeros padres llegaron antes de las 8,30 hs. Horario en el cual se los había citado, estaban ansiosos y curiosos por la actividad.

Ocho y treinta en punto iniciamos la actividad. Les di la bienvenida a la escuela y los invite a pasar al lugar del patio que habíamos seleccionado previamente para emplazar la cueva. Una importante columna que además de sostener el primer piso, estaba asociada con una viga que por algún motivo desconocido, para mi, tenía ganchos firmemente adosados. De ellos se colgarían los alambres que serían la parte más alta de la cueva. Los exhibidores,se ubicaron en forma irregular. Con tizas marcamos los márgenes sobre los que se pondrían los bastidores de, casi tan altos como las mujeres. Y las sombrillas que formarían los voladizos, indispensables para construir una verdadera cueva. Con los embalajes de la heladera y el lavarropas se armó un túnel, accesos exclusivo para personas de pequeño tamaño. Por supuesto, también hubo entrada y salida para personas altas y excedidas de peso.

En menos de 2hs tuvimos la estructura armada y casi forrada por completo con cartón y papel madera o similar intercalando las imágenes cedidas de bisontes y otros animales.

Durante los recreos los niños demostraron mucho interés. La estructura iba tomando forma minuto a minuto. Pero ¿podríamos generar una situación de aprendizaje? El tiempo se nos escapaba de las manos y tendríamos que esperar al día siguiente.

Eso si, ningún estudiante curioso se fue de la escuela sin pasar por los diferentes rincones de la construcción. Incluidos los niños de jardín del turno tarde, que compartían con la E.P.B de la mañana, el mismo espacio de juego.

Al otro día, todos los años, dejaron su impronta en la construcción.

Luego de pasar a vivenciar la CAVERNA, y de comparar la distribución del espacio y de las imágenes con los libros, los niños tendrían la oportunidad de dejar su huella.

Con tierras rojizas aportadas por el viaje de estudio del, entonces Polimodal, y una mezcla de harina y jugo de remolachas, realizamos las manos en positivo. Con los chicos de primero. Más tarde y libro en mano, vimos que las manos también se marcaban en negativo. Debían, entonces dejar sus huellas de esta manera, para darle mayor verosimilitud a la cueva.

Los recreos se sucedían en forma implacable, y tocar la construcción era una sana y lógica tentación. Por tal motivo, y, como siempre que se pega algo con cinta en una escuela, el tiempo y la ley de gravedad hacían lo suyo. Algunos papeles se empezaban a despegar, y los estudiantes de mayor edad que habían visto el crecimiento de la estructura, pero que por cuestiones de horario, no tenían actividades asignadas, expresaron su queja. Por suerte, la misma fue capitalizada a favor del proyecto. Estudiantes voluntarios de primero y segundo de Polimodal, que no tenían Ed. Artística. Se convirtieron en el equipo de mantenimiento. Sujetando nuevamente los bordes despegados.

Cuando llegó el turno de cuarto año, la actividad programada era pintar con carbón. Podrían superponer los dibujos (tal cual pasaba en las antiguas creaciones) y también pintarían en el piso, pues eran un grupo numeroso. Para ellos fue sumamente divertido, para mi no lo fue en absoluto. El carbón daba la posibilidad de cubrir amplios espacios con un mínimo esfuerzo, al promediar la mitad del tiempo estimado para la actividad, un radio de diez metros alrededor de la estructura estaba cubierto, y nadie quería los espacios periféricos. Igual que miles de años atrás las peleas por los considerados mejores espacios, se empezaron a generar. En una escalada progresiva, al principio fueron empujones, luego insultos, viejos rencores del aula, surgían a borbotones ¡EL SIEMPRE QUIERE SER PRIMERO!, ¡PORQUE LLORA LE DAN TODOS LA RAZÓN! Etc! Etc!

La caverna del trabajo en armonía se había convertido en la hoguera de las vanidades.

Y en campo de batalla improvisado, y con un elemento utilizado como proyectil, que yo misma les había entregado alegremente a cada uno mientras salían del salón. Mis pedidos de orden pasaban desapercibidos en la amplitud del patio, sobre todo porque muchos no querían escucharlos. Como toda situación complicada esta también tuvo su fin, ya que mi clase era la última y no podrían salir si no se calmaban y limpiaban. Por supuesto, ese día, salimos tarde, con la consecuente queja de aquellos padres que conocían el proyecto, o que a pesar de conocerlo debían cumplir con otros horarios.

A pesar de mi desazón momentánea, los estudiantes estaban fascinados por la experiencia, y junto a los directivos se decidió que permaneciera dos días más, hasta la Expologros, fiesta anual de la escuela en la que todos los cursos y materias espaciales, muestran algún trabajo significativo.

Y así fue, lo programado se cumplió. Los profesores de Plástica seguimos haciendo actividades en la cueva, los chicos de polimodal siguieron pidiendo permiso para salir del aula a mantener en condiciones los papeles. Y la inspectora vino de visita sorpresa y se encontró con lo trabajado. Cuando se desarmó, guardamos unas bolsas con cartones y pedazos de papel, para realizar señaladores, con el nombre de la escuela, el año y la frase ARTE DE ACCIÓN. Que intentaba resumir la idea del proyecto. Los mismos fueron regalados en este orden: personal de limpieza (porque vieron triplicado su trabajo), personal directivo (porque nos permitió desarrollar un proyecto de artística que implicara a toda la institución y porque fueron sus brazos los que acarrearon muchos de los elementos de peso). Y a los egresados: para que tuvieran un recuerdo realizado a mano de la escuela.

De toda la experiencia: hubo tres aspectos que me impactaron: de los alumnos, la emoción al descubrir un espacio diferente. De un adulto: la frase “habría que meter a …(los niños con problemas de conducta) y quemar la cueva con ellos incluidos”.

De un directivo: “la experiencia, fue muy buena, pero… cuantas situaciones de aprendizaje habremos desperdiciado en las áreas de ciencias, sociales, lengua y matemática, por no tener la suficiente fluidez para relacionar contenidos.

Liliana, Una Jornada, segunda versión

¿Cómo hacer para que los alumnos accedieran al pensamiento completo de Freire sin tener que leer todos sus libros, (tarea imposible en el marco de una capacitación pedagógica)?.

¿Cómo hacer para que vivenciaran su ideología en acción?

¿Cómo hacer para que pusieran en práctica la multiplicidad de inteligencias descripta por Howard Gardner?

¿Cómo hacer para experimentar caminos pedagógicos alternativos para el estudio y presentación de textos?

¿Cómo hacer para demostrar que la calificación no es ni puede ser la motivación para el trabajo?

¿Podrían los alumnos elegir el libro del autor brasileño que más les interesara y traducirlo a un formato con el que se sintieran más identificados para presentarlo a sus compañeros?:

¿Podrían el video, la página web, los títeres, los rompecabezas, las dramatizaciones, los programas radiales, las presentaciones de power point, la composición e interpretación de canciones, los collages, las láminas, las historietas, servir de vehículo al pensamiento complejo de Freire?

¿Podrían los alumnos interpretar el texto sin ser corregidos previamente?

¿Podrían lograrlo a través del trabajo solidario y grupal?

¿Sería posible desplegar tamaña obra en todo su esplendor durante escasas 4 horas?

¿Sería posible hacer trascender el trabajo compartiéndolo con otros alumnos en otros profesorados?

¿Sería posible aprender con felicidad, creatividad, amor y respeto?

Este 29 de marzo nos enteramos de que sí, es posible.

Bruno, Dícese de…, tercer versión

Conviene en tiempos de pena inclinarse a la alegría, y si sujeto a cadenas
desatar la fantasía, volver al humus al guardapolvo. Conviene amigos cantar cuando el ojo humedecido está punto de llorar y el corazón malheridlo , por exámenes a medio corregir o notas que no respetan la esperanza. Conviene no abandonarse en manos del abandono: y, al caerse, levantarse y luchar con más fuerza por ser los protagonistas del crecimiento persona de nuestros chicos. Conviene no darse nunca por vencido de antemano y, si la carrera es trunca, dar un salto sobrehumano.
Conviene considerar que no hay nada permanente, que nuestra vida es pasar.
No lo hagamos tristemente. Conviene pues, no enredarse a infelices ataduras,
y sí conviene librarse de hieles y de amarguras.Defender con el alma esta profesión de base que quiere insertar dentro del “sistema” almas que sortean claves para un mundo mejor.
Conviene en tiempos de penas dejar las penas a un lado y ver las cosas terrenas
con ojos de enamorado. Conviene, en fin, entender que aquel que juega a la vida habrá de perder para ganar la partida.

Lunes, mi primer día de clase fue en trazos de tiza a medio secar. Entré al aula. Los alumnos esperaban de pie a que puedan sentarse, y en seguida preguntándome si era por una cuestión de poder o de respeto.

Me puse a dar paseítos de un lado a otro del aula esperando ganarme su confianza, su afecto, hasta que uno de ellos preguntó por mi nombre … Pero era muy temprano para empezar a ser “ su amigo”.

Siempre he soñado con escribir libros en mi cabeza que solucionen mis inquietudes, mis dudas, mis sueños, pero ya desde chico mi vocación se sentaba cada tarde a preguntarme, qué quería hacer…Entonces creo que me interrumpía el teléfono, con la vida que de forma equivocada se dispuso a hablar…

La vida es curiosamente paradójica. Nunca quise estar becado, y ahora pasaba gran parte del día en una escuela de “internos”. Me levantaba de la cama a las cinco y media de la mañana para ir a trabajar, y llegaba a casa poco antes o después de las ocho de la noche. Amanecía hacia la escuela; luego veía anochecer a mi regreso. Durante años me convertí en una “camineota” yendo y viniendo de mi casa, a todo terreno. A la escuela a través de trenes, bondis, autos y un mar de gente. No sé por qué no me aburrí de ver lo mismo.

Sentí la escuela en mi pecho. Tanto que me propuse ser un gran maestro, el mejor. En la primera visita al aula me descubrí un tipo apasionado y cordial que quería educar las 24 horas, porque era mi llamado, “me sentía en casa”.

Pero la vida es como la suerte… loca. Cuando parecía que ya todo estaba dicho, se me había acabado mi práctica.
Los muchachos, tenían su forma de apreciar el mundo, tan diferente a los anteojos de mi tiempo, pero el aumento cambio.

A veces, sentado en mi mesa de trabajo , me detenía a mirar la infinitud del “campo de acción”, éste se ofrecía como un emotivo panorama a través de surcos, cultivos, rosas y espinas, que se ajustaban con una lejana cordillera cubierta por un romántico verde.

En otras ocasiones me asomaba por mi barrio, al solitario mirador del río, donde se divisaban, distantes unos de otros, seis estudiantes “encendidos” que daban la impresión de ser barcos anclados en la espesura de la noche. Y cómo no pensar en ellos…

La escuela tenía su magia. Sabía cautivar de algún modo a sus sueños. Pero yo, en rigor, no lo era.

La auténtica maestra de la familia era la “vieja”.Sería pues entonces poder transferir el clima de contención a la escuela. Ese abrazo de la madre, en un abrazo educativo, resucitando los valores que desde la cuna nos vistieron y poder entonces reproducir “vida” para re-alimentar el ciclo…

Nos somos cajoneras que se complementan, sino que también respiramos y amamos, los chicos no son ajenos a esa dimensión…y me pregunto por el sentido de la vida no Frankl?

El éxodo de maestros es como una arteria sangrante. Muchos compañeros, destiñen sus ideas, sus sueños, por factores políticos, socio-económicos que tocan el bolsillo, sí…destiñen sus ideas, sus sueños..su raíz. Y la mano deja manca a la vocación y declara fuera de juego al partido del corazón…

Entonces me pregunto si sabe Dios cuántos se fueron por aquella abertura, que debió cauterizarse a tiempo, pues gran parte de ellos, no regresarían a las aulas. Nadie pudo detener aquel torrente evasivo de profesionales con admirable aptitud para el magisterio. Nadie pudo. ¿Realmente nadie? No hay ley ni razón que nos obligue a quedarnos.

En verdad estaba en nuestro derecho. Pero aun así es un hecho triste, un vació, es arena entre los dedos.

Traigo mi mano izquierda desgarrada y mi mano derecha entristecida, traigo solo una muerte y una vida y unos sueños que al fin no serán nada.
Traigo mi voz de hombre apasionado que nunca escucha nadie, y esta herida
donde canta mi sangre enardecida esperando una sombra enamorada.
Traigo mi soledad y mi tristeza, mi corazón en flor de rebeldía y mi frente con polvo de esperanza.Traigo en mi morral mi sed antigua de belleza y este barro que sufre cada día poniendo en la canción su confianza.

El maestro nace, pero no nace un maestro todos los días…

Nicolás, Culpable, segunda versión


La historia que se presentará en el presente relato sucedió en una escuela del Gran Buenos Aires a principios de la década del 90. Por aquellos años, empezaron a circular entre los niños videos juegos portátiles que generaban mucha atención a su alrededor.

El día que Facundo, alumno de sexto grado, notó sorprendido que su “jueguito” no estaba donde lo había dejado desató un conflicto que puso en tensión las relaciones entre autoridades, docente y alumnos.

La maestra al tomar conocimiento de la situación, pidió a los niños que si alguien lo había tomado lo devuelva de inmediato. La hipótesis del robo era la única que se había planteado. Todos los que estaban en el aula eran presuntos autores materiales del delito. Las miradas iban y venían en toda dirección. Las especulaciones en general cerraban el número de sospechosos a no más de tres alumnos. El principal acusado, debido a algunos antecedentes de mala conducta, repetía una y otra vez su inocencia. Luego de 30 minutos de acusaciones y apelaciones, la situación no había progresado. El objeto había desaparecido y no existían pruebas para terminar de condenar a quien parecía culpable.

El docente sin más recursos, llamó a la directora que rápidamente se hizo presente en el curso. Su primer medida fue la orden de revisar mochila por mochila hasta ver aparecer el aparato en cuestión. Los niños no ofrecieron resistencia, dejando que la maestra abriese sus bolsos y comprobase, uno por uno, que la prueba del delito no estaba. La hipótesis del robo había caído.

El juego electrónico fue encontrado en el parque de la escuela. Facundo lo había perdido.

Durante el episodio antes mencionado se pone de manifiesto que más allá de contenidos y sus didácticas el docente requiere una cuota (gran) de sentido común que por estos días pareciera el menos común de los sentidos. Esta historia sucedida hace más de diez años, creo haberla visto hace algunos días atrás, cambiada en tiempo y espacio, pero la misma naturaleza.

En el aula se generan múltiples conflictos que el docente debe estar preparado para afrontar, y al hacerlo además de ofrecer una resolución, generar valores a sus alumnos que lo guíen en su vida presente y futura. La pregunta se convierte en inevitable, ¿los docentes están preparados para resolver conflictos de la manera correcta, sin reproducir viejos prejuicios y sin vulnerar derechos que los alumnos nunca sentirán adquiridos?

Bruno, Dícese de… Apuntes que sueñan, segunda versión

Mi primer día de clase fue en trazos de tiza a medio secar. Entré al aula. Los alumnos esperaban de pie a que puedan sentarse, y en seguida preguntándome si era por una cuestión de poder o de respeto.

Me puse a dar paseítos de un lado a otro del aula esperando ganarme su confianza, su afecto, hasta que uno de ellos preguntó por mi nombre … Pero era muy temprano para empezar a ser “ su amigo”.

Siempre he soñado con escribir libros en mi cabeza que solucionen mis inquietudes, mis dudas, mis sueñas, pero ya desde chico mi vocación se sentaba cada tarde a preguntarme, qué quería hacer…Entonces creo que era cuando me interrumpía el teléfono, con la vida que me buscaba para conversar mejor…

La vida es curiosamente paradójica. Nunca quise estar becado, y ahora pasaba gran parte del día en una escuela de “internos”. Me levantaba de la cama a las cinco y media de la mañana para ir a trabajar, y llegaba a casa poco antes o después de las ocho de la noche. Amanecía yendo hacia la escuela; luego veía anochecer a mi regreso. Durante algunos años me convertí en una “4×4” yendo y viniendo de mi casa, a todo terreno. A la escuela a través de trenes, bondis, autos y un mar de gente. No sé por qué no me aburrí de ver lo mismo.

Sentí la escuela en mi pecho. Tanto que me propuse ser un gran maestro, el mejor. En la primera visita al aula me descubrí un tipo apasionado y cordial que quería educar las 24 horas, porque era mi llamado, “me sentía en casa”.

Pero la vida es como la suerte… loca. Cuando parecía que ya todo estaba dicho, se me había acabado mi práctica.
Los muchachos, tenían su forma de apreciar el mundo, tan diferente a los de mi tiempo, pero estar cambio.

A veces, sentado en mi mesa de trabajo , me detenía a mirar la infinitud del “campo de acción”, éste se ofrecía como un emotivo panorama a través de surcos, cultivos, rosas y espinas, que se ajustaban con una lejana cordillera cubierta por un romántico verde.

En otras ocasiones me asomaba por mi barrio, al solitario mirador del río, donde se divisaban, distantes unos de otros, seis preuniversitarios encendidos que daban la impresión de ser barcos anclados en la espesura de la noche. Y cómo no pensar en ellos…

La escuela tenía su magia. Sabía cautivar de algún modo a sus sueños. Pero yo, en rigor, no lo era.

La auténtica maestra de mi familia era la “vieja”.Sería entonces poder transferir el clima de contención a la escuela. Ese abrazo de la madre, en un abrazo educativo, resucitando los valores que desde la cuna nos vistieron y poder entonces reproducir “vida” para re-alimentar el ciclo…Nos somos cajoneras que se complementan, sino que también respiramos y amamos, los chicos no son ajenos a esa dimensión…y me pregunto por el sentido de la vida no Frankl?

El éxodo de maestros es como una arteria sangrante. Es decir que muchos compañeros, destiñen sus ideas, sus sueños, por factores políticos, socio-económicos que tocan el bolsillo, destiñen sus ideas, sus sueños. Alejando la mano de la vocación y la de su corazón…

Entonces me pregunto si sabe Dios cuántos se fueron por aquella abertura que debió cauterizarse a tiempo, pues gran parte de ellos no regresarían a las aulas. Nadie pudo detener aquel torrente evasivo de profesionales con admirable aptitud para el magisterio. Nadie pudo. ¿Realmente nadie? No hay ley ni razón que nos obligue a quedarnos. En verdad estaba en nuestro derecho. Pero aun así es un hecho triste, un vació, es arena entre los dedos.

El maestro nace, pero no nace un maestro todos los días…

Liliana, Dos mundos: ¿un puente?, primera versión,

DOS MUNDOS: ¿UN PUENTE?

Había una vez una profesora de piano a la que no le gustaba ser tan elitista. Pero esta condición parecía insalvable (¿Cuántas familias en situación de pobreza pueden acceder a esta formación para sus hijos?) hasta que un buen día fue invitada a participar de la Fundación El otro (¿qué feo nombre!, pensó) pero peor aún eran las siglas: FEO. Sin embargo, la propuesta era muy tentadora: formar pianistas pero a su vez, formar pedagogos musicales que replicaran inmediatamente sus saberes con los chicos de su entorno. La población atendida serían alumnos de los barrios La cava y Bajo Boulogne, barios muy carenciados y altamente discriminados.

Se trabajó también con el resto de los alumnos de otros instrumentos en armar talleres que, basados en la música, pudieran animar eventos, fiestas, etc., como salida laboral para los alumnos. Ellos mismos fueron proponiendo las actividades y produciendo maravillosos cuentos para sonorizar y otras actividades altamente creativas.

El trabajo fue tomando una dimensión impensada para todos, de allí salió un invento: los talleres de animación musical, que luego se llevaron a colegios privados y públicos de la zona (en alguno de ellos un alumno había trabajado de ayudante de cocina y ahora volvía como maestro de música).

Tanto fue valorado el trabajo que se presentó en dos jornadas del Foro Latinoamericano de educadores musicales, en la Universidad del Salvador, en la carrera de musicoterapia, en un encuentro de la fundación Saberes sobre educación popular en Bariloche.

Mientras tanto, el programa de arte fue tomando tal envergadura que decidió separarse de la fundación El otro y, ahí sí, apareció un nombre mucho más a gusto de la profesora: Crear vale la pena.

Se vuelve una obsesión de la profesora la acreditación de los saberes de sus alumnos para que puedan entrar a trabajar en el sistema educativo.

En este contexto y utilizando contactos con el gobierno del momento, se consiguió que el BID viniera a visitarnos. No sabemos si por los contactos o por la calidad del programa la fundación recibió un subsidio de 1.000.000 de dólares para ejecutar en tres años. Ese fue el principio del fin: se contrataron funcionarios en lugar de aplicar ese dinero al pago de las horas de clase que daban nuestros alumnos, no se aplicó tampoco el dinero a la compra de los locales que alquilábamos.

La profesora de piano entró en crisis, discutió, peleó y finalmente fue invitada a retirarse: “su perfil no se correspondía con el nuevo enfoque pedagógico”.

Algunos de sus alumnos más antiguos siguieron estudiando piano durante algunos años en casa de la profesora hasta que poco a poco la fundación les fue poniendo nuevos profesores.

La profesora llena el vacío dejado por esta tarea tan trascendente estudiando Ciencias de la educación en la Universidad de Luján: tal vez podrá hacer algo útil en otra parte.

Pasan los años, la profesora de piano es ahora también profesora de prácticas de EPB. Cambia el diseño curricular, El nuevo propone vincularse con organizaciones sociales. Y todo vuelve a empezar, sus alumnos, ya hombres y mujeres, han organizado una asociación civil : Engranajes, al desvincularse de la fundación y sus dueños. Han viajado por el mundo contando su experiencia, han formado familias…

Se produce el reencuentro: las emociones, los recuerdos, los sueños compartidos, todo renace: parecería ser que la semilla echada hace tantos años dará nuevos frutos.

¿Podrán realmente tenderse puentes entre ambos mundos? ¿Podrá cumplirse el artículo de la Ley de educación que propone acreditar saberes adquiridos fuera del sistema?

La expectativa renace, los viejos sueños vuelven a teñir almohadas.

Mariano, Incomprendido, primera parte, segunda versión

Incomprendido

Las personas están llenas de defectos. Maldad, injusticia, discriminación, mentira. Pero hay un defecto particularmente especial, y es la incomprensión. Y es especial porque puede llegar a ser muy cruel, sin siquiera ser intencionado. Porque alguien que no comprende algo, tiende a condenarlo de las maneras más variadas posibles. Nadie está excento de ser incomprensivo… los niños tampoco.

Y allí estaba Tomás, condenándome una vez más. Molestando desde el último rincón del fondo de la clase, como lo había hecho durante las últimas dos semanas de nuestro taller de poesía. Es increíble hasta donde puede llegar a hacerme mal el solo hecho de que no le interese lo que estoy proponiendo. Uno se siente rechazado, y ni siquiera puede enojarse o tomar medidas al respecto, porque es un rechazo implícito. Tomás no sabe lo que le cuesta a un docente preparar un taller como este. No puede saberlo, por eso es que no comprende.

El resto del alumnado trabajaba normalmente. Facundo, Belén y Sabrina parecían realmente muy entusiasmados. A veces me preguntaba si realmente tenían tantas ganas de trabajar o solamente exageraban para mí. De todas maneras cumplían. Estudiaban y aprobaban. Pero también se divertían como los demás. Que los chicos se divirtieran en las clases que preparaba me hacía sentir realmente un buen maestro. No era algo que lograba siempre, pero lo estaba logrando en ese momento. Ese día todos se divertían y todos trabajaban. Todos menos Tomás.

Cada vez que lo miraba, se reía. Cada vez que lo reprendía me desafiaba. Obviamente no eran esas las únicas herramientas que tenía para restablecer el orden de mi clase, pero lo que me importaba en ese momento no era el orden, sino su indiferencia, su incomprensión. ¿Cómo no puede entender lo mal que me hace sentir? Porque si después de tantos intentos no pude hacer que un alumno mío intente siquiera motivarse un poco con una clase, era porque no era tan buen maestro después de todo. Tal vez me había equivocado de profesión, pensaba a veces, pero me retractaba inmediatamente convenciéndome de que sólo estaba siendo víctima de la desgarradora conducta de un chiquito de diez años. Claro: podía dejarlo sin recreo o mandarlo a dirección si quería hacerle creer que conmigo no se jugaba. Pero, muy a mis adentros hacía ya rato que sentía que no podía hacer nada con él más que sentarme a ver como arruinaba su futuro y mi presente. Me preocupaba por él obviamente. Pero lo que más me molestaba era la creciente sensación de que era un incompetente incapaz de manejar a un grupo… incapaz de ser comprendido. Una sola cosa me consolaba, y era saber que el resto de mis alumnos me seguía. Y había que ver que bravos eran algunos… como Diego que no paraba de agarrarse a piñas con los chicos del otro 4to, pero quedó absolutamente fascinado el día que hicimos la representación de una obra teatral para los padres. A todos pude interesarlos por lo menos por un momento a participar de mis clases. A todos menos a Tomás.

Había sido un día muy agitado por lo que esperé hasta la última hora para sentarme un momento a tomar asistencia. Los chicos tenían tarea, y al menos por el momento no me necesitaban. Me encantaba lograr que trabajen solos. Y no sólo porque descansaba la mente, cosa que por cierto necesitaba hacer en algunas ocasiones. Significaba que la clase funcionaba sin mí, que los chicos me habían entendido.

Estaba ya por la mitad de la lista de asistencia. Noté que Agustín había faltado los últimos tres días, y buscaba un lugar para anotar a modo de recordatorío que debía llamar a su madre para corroborar que todo estaba en orden. Antes de empezar a escribir la nota tuve la necesidad de levantar la cabeza para ver si el grupo trabajaba con normalidad. Pero al hacerlo pude observar como un proyectil blanco y del tamaño de un puño se acercaba a una velocidad descomunal con toda la intención de impactar dolorosamente contra mi humanidad. Intenté sin éxito esquivar el golpe, debido al pánico que se había apoderado de mí. Quedé estático, sin reacción, no pude moverme. El inofensivo bollo de papel pasó a no menos de 30 centímetros de mí.

Inmediatamente dirigí mi vista al alumnado y pude distinguir a Tomás realizando la fugaz finalización del asombroso gesto técnico correspondiente al lanzamiento del papel. Simplemente por elegancia, y aún con la certeza de conocer la respuesta pregunté con voz sobreactuadamente colérica quién fue. Como era de esperar, casi la totalidad del alumnado lo señaló, lo nombro o por lo menos lo entregó con la mirada.

¿Qué debía hacer? ¿Tenía que admitir que me superó y presentar la renuncia al finalizar el día? ¿Tenía que mandarlo a otro curso u otro colegio donde un maestro más capacitado que yo le pueda enseñar a querer aprender? Había otro problema menos grave aunque mucho más inmediato: ¿Cómo lo sancionaría por haberme tirado ese bendito bollo de papel? Si lo mandaba a dirección a la postre se descubriría que el culpable de todo era yo por no haberme hecho respetar ni entender. Ese es el karma del incomprendido: ser culpable de todo cuando en realidad todo radica en que no lo entienden.

En una brillante idea de último momento que me iba a ayudar a patear los problemas para adelante, y sobreponiéndome una vez más a la honda tristeza que significaba para mí fracasar nuevamente como maestro, le ordené a Tomás sin abandonar mi voz de bronca que se acercara a firmar el cuaderno de mala conducta.

¿Cuántos funcionarios corruptos, maridos infieles o asesinos seriales desearían con el alma que su única sentencia fuera firmar un cuaderno de mala conducta? Es probablemente la pena mas intrascendental que puede tener una persona a lo largo de toda su vida. No es más que una firma en un papel dentro de un libro al que nadie le suele prestar atención. Pero para la mayoría de los chicos de diez años (y particularmente –y por motivos que sinceramente desconocía- para los de esa escuela), firmar el famoso y nunca bien ponderado libro de disciplina era como un boleto de ida a la marginalidad estudiantil. Un pasaje más alla del horizonte de la dignidad y la buena reputación, cuyas fronteras eran insospechadas pero decididamente funestas. Yo firmé ese cuaderno una vez. Rompí el vidrio de una ventana en invierno. Fue un accidente, una torpeza, y no un atentado contra la institución como mi maestra se lo quiso hacer creer a la directora, a mis compañeros y a mis padres. ¡Que injusta había sido conmigo! Me dejó del lado de los “futuros delincuentes”, por una cuestión azarosa, o a lo sumo de descuido. Firmar ese cuaderno significó una enorme vergüenza, algo que intenté ocultar durante toda mi niñez, hasta que me di cuenta (muy entrada mi adolescencia) de que realmente era una sanción totalmente hueca y carente de todo significado.

Cuando empecé a enseñar una de las cosas que me propuse a mí mismo fue no ser injusto con mis alumnos. Lo último que quería era sancionar a alguien que no merecía ser sancionado. Por supuesto que Tomás lo merecía. Todos sus compañeros lo sentenciaron, amén de que yo mismo lo había pescado in fraganti. Ni siquiera intentó discutir: ya se había parado y caminaba lentamente hacia mi escritorio donde lo esperaba ya parado. Tenía la cabeza gacha, y aunque no le podía ver los ojos, podía sentir su mirada compungida. El ruido del silencio ya había empezado a aturdir en el aula.

Imposible era no conmoverse ante una postal así. Pero no podía dejar que un chico juegue con mis sentimientos. Al fin y al cabo, si hubiese tenido éxito en su operación, habría quedado en ridículo intentando descubrir al culpable del “papelazo”, mientras el se salía con la suya. Me había propuesto ser un maestro justo, y la justicia también comprende la sanción de los culpables. ¿Cómo iba a hacer que Tomás quedara igual de impune que un chico de conducta ejemplar? Eso no es justicia, eso es exceso de bondad. Y en esos excesos también hay perjudicados.


IMPORTANTE. Los contenidos y/o comentarios vertidos en este servicio son exclusiva responsabilidad de sus autores así como las consecuencias legales derivadas de su publicación. Los mismos no reflejan las opiniones y/o línea editorial de Blogs de la Gente, quien eliminará los contenidos y/o comentarios que violen sus Términos y condiciones. Denunciar contenido.
AgenciaBlog