Desde hace más de una década, se escucha hablar de las células madre. No solo en el terreno científico; la gente en la calle se refiera a ellas, y hasta se ha osado decir que la clonación humana está a un paso de concretarse. No es tan así. Por eso, siempre que se trata el tema, es preciso “refrescar” qué son las también llamadas stem cells y qué tipos existen. “Son células que tienen dos características fundamentales: se dividen de manera casi indefinida y pueden diferenciarse, es decir, transformarse en cualquier célula del cuerpo. En general, todos tenemos células en el cuerpo que se mueren todos los días y que son regeneradas a partir de las células madre que tenemos en casi todos los órganos. Pero, ante un daño o una enfermedad importante, el cuerpo pierde esa capacidad de regenerar las células”, explica el doctor Claudio Chillik, presidente de ABC Cordón (Asociación de Bancos de Cordón Umbilical de Argentina) y asesor científico de Matercell.
Hay stem cells de distintos tipos: “La célula madre con mayor potencialidad es la obtenida de un embrión humano, lo cual conlleva una serie de dilemas éticos, producto de su origen; existe el riesgo de que su aplicación genere tumores dada su gran capacidad de dividirse. En la médula ósea y en la sangre que se obtiene del cordón umbilical, hay una célula madre que desde hace muchos años se utiliza para regenerar la médula ósea en una serie de enfermedades sanguíneas, linfáticas y metabólicas. La obtención de estas células madre no plantea problemas éticos, ya que incluso la Iglesia apoya el uso de células madre obtenidas del cordón umbilical para medicina regenerativa”, explica el especialista.
Con respecto a las células madre embrionarias, que son las más controvertidas, vale la pena destacar que en Europa se han interrumpido recientemente muchas líneas de investigación con este tipo de stem cells, debido a que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (UE) prohibió patentar procedimientos científicos vinculados al uso de estas células si para conseguirlas es necesario destruir embriones humanos, lo que “viola la protección de la dignidad humana”.
Separar la paja del trigo
Hace algunos meses, en nuestro país, el conductor de televisión y productor teatral Gerardo Sofovich se sometió a una complejísima cirugía cardíaca que consistió en la extracción de células madre de su médula ósea y su inyección en el miocardio. A partir de una simple noticia, se multiplicaron los “dimes y diretes” respecto de las células madre y la esperanza de curar a los cardíacos. Esto es una falacia. En esta práctica quirúrgica, las stem cells se utilizaron para reconstruir tejido cardíaco y no para curar la cardiopatía ya existente. Por este motivo, se hace necesario separar la paja del trigo, que, en este caso, sería separar la ingeniería de tejidos de la medicina regenerativa.
“La ingeniería de tejidos es la asociación de células a matrices, andamios o redes para que se pueda obtener una organización tridimensional. Se han logrado varios de estos andamiajes para producir tejidos relacionados con hueso o cartílago, con la función primordial de sostén, de amortiguación o motora. Este tipo de logros de la ingeniería de tejidos funciona muy bien”, aclara Pablo Argibay, director del Instituto de Ciencias Básicas y Medicina Experimental del Hospital Italiano de Buenos Aires. Y sigue: “En este sentido, el McGowan Institute for Regenerative Medicine de la Universidad de Pittsburgh es un modelo, sobre todo en el uso de matrices para reparar pérdidas musculares importantes. Sin embargo, el tema no termina ahí; en Boston se han logrado muy buenos desarrollos en construcción de vejigas y otras partes relacionadas con la urología, aplicando ingeniería de tejidos. Nosotros, en el Hospital Italiano, estamos trabajando en ingeniería de tejidos con dos propósitos: para la regeneración de la uretra y para tratar problemas de la pared abdominal, en el caso de grandes defectos post-cirugía, como hernias y eventraciones”.
Respecto de lo que hoy se llama medicina regenerativa, Argibay aclara que el tema es un poco más complejo. “Se basa en las capacidades regenerativas naturales que tiene el organismo a partir, sobre todo, de las células madre. Estas células, en el adulto y en ciertos lugares (médula ósea, grasa), tienen la capacidad de diferenciarse en otros tejidos. En estudios de laboratorio esto funciona muy bien pero, por el momento, no ha tenido más que escasos éxitos en el tratamiento de enfermedades reales. Esto significa que no hay utopía, aunque, por ahora, sin ser ciencia ficción, la medicina regenerativa está en pañales y le falta crecer antes de que se la use como práctica corriente en medicina humana. Uno de los problemas es lo que se llama “nicho”, que sería el lugar y el conjunto de señales necesarias en tiempo y espacio para que una célula se diferencie en el tejido que queremos, y no en otro. Por otra parte, parecería que cuando se aplican en enfermedades humanas los pocos éxitos de las células madre se deben más a factores que secretan que a propiedades de diferenciación. Creo que antes de pasar a seres humanos falta todavía mucha investigación básica por miles de problemas que no entendemos. Nosotros, por ejemplo, en el laboratorio estamos tratando de entender cómo se puede obtener una neurona a partir de células de la grasa, y de ver si podemos favorecer ese proceso”, explica quien es, además, investigador independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).
A esto Chillik agrega: “Últimamente están surgiendo numerosos trabajos que avalan el uso de células madre para regeneración de cartílago y de hueso, y para algunos problemas cardíacos, como la insuficiencia cardíaca y el infarto de miocardio. En ambos casos, las células son extraídas de la médula ósea del mismo paciente (células madre autólogas) para que no haya riesgo de rechazo. Aún no han sido demostrados por completo los beneficios de la aplicación de las células madre en otras enfermedades”. El especialista es optimista, aunque prudente, en cuanto al futuro de las células madre en el tratamiento de enfermedades específicas. “La medicina regenerativa es la medicina de este siglo; es aquella que permitirá la mejoría o la cura de enfermedades que, hasta el día de hoy, son incurables. Las células madre no son milagrosas, son simplemente una herramienta para combatir y tratar enfermedades. La célula madre ideal es aquella que es joven, pertenece al mismo individuo (autóloga), presenta una extracción exenta de riesgos y una aplicación inocua. La célula madre, obtenida del cordón umbilical en el momento del parto, reúne todas estas características”.
¿Qué pasa en neurología?
Si bien cuando se habla del cerebro se lo califica de “máquina perfecta”, se sabe que presenta fallas que cuentan con alternativas terapéuticas cada vez más sofisticadas. En este sentido, las células madre se presentan como una promesa futura para dar tratamiento a patologías del sistema nervioso que aún tienen a mal traer a millones de pacientes en todo el mundo. “La posibilidad de la utilización de las células madre como forma de tratamiento de las enfermedades neurológicas ha despertado particular interés no solo en el mundo de los pacientes, sino en el público general y en la prensa. Enfermedades como el Parkinson, el Alzheimer, la esclerosis lateral amiotrófica, la esclerosis múltiple, las distrofias musculares y otras son objeto de intensa investigación en este terreno. La carencia de tratamientos efectivos para estas dolencias asociadas al deterioro enorme que producen, tanto en funciones intelectuales como en funciones motoras, alientan las expectativas. Varios tipos de células se han probado en modelos animales con resultados alentadores y ya se han comenzado algunas pruebas muy controladas en humanos”, adelanta Alberto Dubrovsky, jefe del Departamento de Neurología y Unidad de Enfermedades Neuromusculares del Instituto de Neurociencias Fundación Favaloro.
El principal obstáculo para utilizar stem cells en neurología radica en que el sistema nervioso, como red de tejidos, presenta características que lo hacen casi impenetrable para este tipo de células. “Por sus particularidades, enfrenta desafíos propios que lo distinguen de otros tejidos, como su complejidad y conectividad, su metabolismo, la existencia de una barrera hematoencefálica –que es un sistema que aísla el cerebro y la médula espinal de la sangre, lo que dificulta el pasaje de las células madre al tejido nervioso–, y la multiplicidad de células que contiene el tejido nervioso (no solo neuronas, sino también células gliales). Para que estas terapias sean una realidad, deberán resolverse aún muchos problemas, como la elección del tipo de células madre que se van a utilizar, la forma de llegar al tejido nervioso y al segmento particular del sistema nervioso que se halla involucrado en la enfermedad en cuestión, la elección del modelo experimental (en el que se hagan las pruebas y los experimentos), y muchísimos otros que sería imposible enumerar. Mientras tanto, digamos que esta área se encuentra en una fase de investigación. No existe aplicación clínica alguna en el momento actual para ninguna enfermedad neurológica. Conviene dejar esto en claro, ya que individuos inescrupulosos tanto del ámbito nacional como del extranjero seducen, a pacientes desesperanzados y portadores de enfermedades neurológicas, con supuestas promesas de mejoría o curación que constituyen verdaderas estafas, no solo económicas sino morales”, concluye Dubrovsky, quien es también profesor titular de Neurociencias de la Universidad Favaloro y profesor adjunto de Neurología de la Universidad de Buenos Aires.
En síntesis, las posibilidades reales de las stem cells son aún escasas aunque promisorias, mientras que las promesas terapéuticas son infinitamente superiores. |
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