PLAQUETAS

Mientras esperaba en el pasillo de la planta principal del ministerio para tomar el ascensor giró accidentalmente la vista hacia su izquierda y se volvió a encontrar con esas plaquetas de bronce que recordaban a colegas difuntos y donaciones de empresas varias colgadas en la pared…

Por más que oprimiera varias veces el botón llamando al elevador éste parecía haberse quedado trabado en alguno de los 9 pisos del recorrido. El café que llevaba en la mano recién preparado en Delicity tal vez habría de enfriársele, arriba lo esperaban planillas, informes, programas que había que ejecutar lo antes posible, la demora lo fastidiaba y no tuvo más remedio que leer lo que decían aquellas plaquetas para pasar el tiempo.

En algunas se destacaban dignos funcionarios, equipamientos costeados por las damas del Rotary, asesores, contadores, técnicos… todas ellas estaban relacionadas directa o al menos indirectamente con la institución.

Hubo una que no comprendió o que lo asombró y concentró su atención, porque parecía que el trabajo no era el lugar indicado para su exposición… la misma decía “A Don Gregorio Baez quien fuera una gran persona. Sus compañeros”.

Se preguntó si había conocido a Don Gregorio, por la fecha de su fallecimiento había coincidido en algún período con él, pero no lo recordaba a ciencia cierta, tal vez se lo cruzó en un corredor o mesa de entradas.

Sintió la sensación de felicidad de los compañeros del homenajeado por su bondad, la contempló como algo exquisito, extraordinario… contrastó la calidez y el afecto con el ámbito competitivo y progresista en el que estaba inmerso…

Llegó a preguntarse si él mismo era una buena persona, qué hacía para serlo, más allá de la corrección de cederle el asiento a las ancianas en el subte, se preguntó si algunos de sus compañeros sentirían satisfacción por su forma de relacionarse con ellos…

Concluyó que el Sr. Baez no debía haber sido una buena persona con el fin de quedar inmortalizado en el bronce, esas acciones no suelen merecer tal recompensa, y a la inversa, las conductas probas se realizan discretamente, no para ganar un premio.

“¿Qué es una buena persona?”-se dijo a sí mismo mientras el ascensor había abierto las puertas a su costado y volvía ahora a subir sin él- Aparentemente lo había olvidado, tal vez por perder la práctica.

El primer ejemplo que se le vino a la mente fue el de su vecino de la infancia, un señor algo bajo, callado y de buenos modales que siempre le devolvía la pelota sin quejarse -hasta en horas de la siesta- cuando la misma quedaba en el jardín delantero de su casa o colgada en la terraza después de varios pelotazos que retumbaban contra la puerta de entrada que usaban de arco de la cancha con sus amigos del barrio…
Encontró muchos más ejemplos de los que esperaba más allá de discusiones y peleas, tantos como almas receptivas de conductas piadosas…

No, él no era de esa clase de personas benévolas, apacibles, pacientes, algo sufridas… más bien se caracterizaba por ser lúcido y aguerrido y por haberse hecho un buen currículum como profesional, quizás con la secreta ambición de quedar grabado algún día su nombre en una plaqueta de bronce al costado del ascensor…

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