RESULTADOS (OBJETIVOS) ELECCIONES PRIMARIAS

Sobre un padrón electoral algo inflado por menores de 18 años agregados que estuvieron habilitados para emitir el voto (el 4% del padrón), hacemos la siguiente lectura objetiva de los resultados en categoría precandidatos a presidente de la nación

Ausentismo 23%

Votos negativos (nulos, en blanco e impugnados) 4%

Votos positivos 73%

De los votos positivos, es decir del 73% del total del padrón, Cristina Kirchner

50%, Duhalde y Alfonsín 13%, Binner 10%, Rodríguez Saa 7%, Carrió 3%, Altamira 3%, otros 1%.

Por lo tanto, una lectura fría, matemática y objetiva (sin fotos emotivas familiares) indica que Cristina Kirchner ha ganado holgadamente la elección pero no con el 50% de los votos totales, sino con el 50% de los votos positivos, cifra equivalente al 34% del total de votos (10.000.000 de votos sobre 29000000 de electores totales), total de votos que se compone de los votos positivos, negativos y del ausentismo registrado (padrón electoral).

Cristina está muy lejos de sus seguidores y es una legítima ganadora (mejoró sus números en comparación al 2007), ya que el sistema permite la victoria al que saque más votos, sin embargo la legitimidad (cantidad de electores reales, sustento básico de la democracia) es mucho menor a la que superficialmente y en forma intencionada en favor de la clase política y dirigencial se quiere mostrar (34% no es lo mismo que 50%).

Sólo 3,4 de cada 10 electores efectivamente el 14 de agosto de 2011 votaron a Cristina, sólo 3,4 de cada 10 electores sostendrán su gobierno en los próximos 4 años, el resto será opositor o acompañará constructivamente velando por el cumplimiento del mandato constitucional del elegido, o se resistirá corporativamente como el campo en 2008, o marchará a la Plaza de Mayo a pedir su renuncia como le ocurriera a De la Rúa en 2001.  No es lo mismo gobernar apoyado por un tercio de los electores que por la mitad. La solidez y fortaleza no son las mismas.

Suerte futura presidenta! Suerte Argentina! Con semejante distancia de la oposición la elección de octubre es un paseo, el tema más complicado con una base electoral real no tan amplia, como la que se quiere promocionar, va a ser mantenerse y gobernar.

SOBRE EL AUSENTISMO ELECTORAL

Cuando hablamos de ausentismo/presentismo electoral nos estamos refiriendo a la cantidad de gente habilitada (empadronada) para votar que asistió o no asistió efectivamente a emitir su voto el día del acto electoral.

Cuanta más gente participe del comicio en forma presencial más legitimidad se le otorgarán a sus resultados y a los que hayan ganado los cargos en disputa. Por legitimidad entendemos la sustancia del concepto de democracia, el verdadero gobierno del pueblo, las reales mayorías populares.

Un gobierno que haya surgido de una elección cuyo porcentaje de ausentismo fuera muy alto carecerá del principal justificativo democrático de sus acciones: ser elegido por el pueblo. Los sistemas electorales, previendo estas situaciones críticas y para que no se caiga el sistema, se contentan con proclamar ganador al partido más votado (hasta el balotaje al final se inclina por esta solución), por más que la base y la legitimidad fuera escasa y pobre. Si bien el sistema sigue (EEUU es un buen ejemplo de democracia regular con baja participación de sus ciudadanos, salvo en momentos excepcionales) no será lo mismo para el gobierno electo desarrollar sus políticas partiendo de un amplio respaldo que de uno muy reducido, se puede salir airoso igual pero es probable que surjan crisis en el camino. No es lo mismo ser un gobierno de mayorías que de minorías. Las probabilidades de crisis se potencian en países con baja cultura cívica y de respeto por las instituciones o en las que las ambiciones de poder y las fragmentaciones y conspiraciones, así como las pobres realizaciones de los gobiernos en comparación a sus promesas electorales están a la orden del día.

En la Argentina el voto no sólo es un derecho sino que en cuanto a la asistencia comicial significa también un deber cívico, su inasistencia injustificada está sancionada con multas (aunque nunca se han aplicado), demoras y obstáculos en trámites de migraciones o impedimentos para ingresar a cargos públicos.

Sin embargo, que el voto sea obligatorio es una contradicción democrática muy grande, medianamente salvada con la posibilidad de votar en blanco. Siempre se ha criticado desde la democracia a las dictaduras por impedir las elecciones, con lo cual los actos electorales deberían valer por sí mismos sin refuerzos de obligación alguna. Una elección es ante todo un derecho, una conquista de la libertad política, más allá de la seriedad o el compromiso social de cada elector. No se vota ni se decide el voto en conjunto sino individualmente. Muy por el contrario, la obligación electoral ha servido en muchos casos para impedir la libertad electoral, ejemplos de esto son las manipulaciones, voto clientelista o cautivo.

El porcentaje de ausentismo a las elecciones ha oscilado desde 1983 en adelante, desde algo menos del 20 % de los electores hasta el 35 %, existiendo un menor ausentismo en los años iniciales de la actual etapa democrática y uno mayor en la década actual. En promedio podríamos hablar de un 27 % de ausentismo (73% de presentismo). Si bien la idea es que vayan a votar todos, dicha situación es poco realista ya que siempre hay excepciones a la regla (incluso el código electoral admite algunas como la distancia o la enfermedad). Por lo tanto, un 73 % de presentismo es una interesante base para otorgar legitimidad a cualquier gobierno surgido de dichas urnas, aunque no hay que olvidar que la asistencia es obligatoria.

Las razones para pegar el faltazo, que no están justificadas, pueden ser muchas y muy diferentes, algo parecido pasa en este tema con los votos en blanco, salvo que el que no va a votar está, para nuestra ley, cometiendo una infracción, mientras que el que vota en blanco evita dicho perjuicio. Desde este punto de vista es un elector (en potencia y habilitado) más rebelde e indócil – más inconsciente- que el votante en blanco.

La mayoría de los ausentes no asisten por causas injustificadas para la ley electoral, es decir ideológicas, de disconformidad con todos los partidos o el sistema, o por liso y llano desinterés y comodidad. Por lo tanto de la media de inasistencia del 27% suponemos que las razones del 20% para no asistir no son las justificadas por la ley, un porcentaje muy amplio que equivalente al de una segunda o tercera fuerza que ninguno de los políticos pueden captar para sí.

Lamentablemente, los encuestadores que saben tanto de partidos, no han hecho trabajos o no los publican en forma más clara sobre el perfil del inasistente, quiénes son, de dónde provienen, si su ausencia es circunstancial o tradicional. Entender a esta porción de electores llevaría a entender mejor al país y a gobernar mejor o para mayorías más amplias.

Para sintetizar, mayor participación ciudadana en una elección otorga mayor legitimidad al ganador de la misma a la hora de gobernar. Y para que se transparente dicha legitimidad es preciso que el voto sea facultativo u opcional, un verdadero derecho político para ser ejercido como corresponde en forma individual, de otro modo (obligación) siempre quedará algo turbia la lectura de la deseosa participación electoral. Igualmente, para sortear esta situación ilegal del ausentismo injustificado está el atajo del voto en blanco.

SOBRE LA FORMA DE LEER RESULTADOS ELECTORALES

1) Cantidad de habitantes del distrito. (Ejemplo CABA 3.000.000 hab.) No todos son ciudadanos.

 

2) Padrón electoral: es el registro de electores del distrito compuesto por los ciudadanos mayores de 18 años. (Ej: CABA 2.500000 electores)

 

3) Presentismo: es la cantidad de electores que fueron a votar, la mayoría que no asiste sin justificativo es pasible de multas u otras sanciones administrativas, una minoría que se ausenta lo hace en virtud de las excepciones (salud, distancia, etc.) y puede justificar luego su no voto. El promedio de asistencia a los comicios desde 1983 en adelante es levemente superior al 70% del padrón. (Ej: CABA 1.800.000 electores).

 

4) Votos negativos: son los votos en blanco, nulos e impugnados. Suele variar su cantidad dependiendo del contexto político y social, por lo general no es un porcentaje muy significativo y no supera el 5 % de los electores que se presentaron (Ej: CABA 100.000 votos)

 

5) Total de votos positivos, son los votos por partidos políticos, su cantidad total constituye la base para el cálculo de los promedios de los paridos que se presentaron a elecciones (Ej: CABA 1.700.000 votos)

 

6) Total de votos por partido para la categoría de cargos de que se trate (EJ: CABA, el partido “A” sacó el 35% de los votos positivos, 600.000 votos) Es importante destacar que este 35% no es extraído del total de electores sino que es el 35% del total de los que se presentaron a votar y lo hicieron positivamente (por boletas). No es lo mismo el 35% del padrón electoral (875.000 electores) o el 35% de los electores presentes (630.000) que el 35% de los votos positivos para el partido “A” (600.000 votos).  En otras palabras, 600.000 votos reales y positivos del partido “A” significan apenas el 24% del padrón electoral.

 

 

*Para la mayor claridad de este trabajo se utilizaron cifras redondas.-

SOBRE EL VOTO EN BLANCO

En primer lugar, el voto en blanco (o con sobre vacío) es un derecho, una opción más que tiene el elector al momento de sufragar. El voto en blanco está dentro de los votos válidos.

La justificación de este derecho a votar en blanco es más fuerte en los sistemas electorales en los que el voto es obligatorio, ya que al ciudadano que prefiere no votar a nadie y no puede quedarse en su casa sin asistir al comicio (como sí puede hacerlo en los EEUU) es la única posibilidad que le queda para expresar sus ideas (también el voto nulo, aunque en principio el voto nulo quedaría reservado para situaciones de error o confusión, y no de intención).

Las razones íntimas del votante en blanco quedan reservadas a todo tipo de subjetividades, cada “blanco” solamente sabe por qué votó así, de hecho el voto está en blanco y no hay nada escrito al respecto.

Para hacer un análisis más profundo del voto en blanco habrá que recurrir a algunos elementos auxiliares que nos brinden información, principalmente al contexto político y social de la elección. De allí surgirá si dicho voto es por simple desinterés o conformismo (como muchas veces ocurrió en los EEUU) o como respuesta ética o castigo a la clase política (como en algunos casos de voto masivo de este tipo en Latinoamérica, más precisamente en Argentina en la elección de senadores de Octubre del 2001).

En cuanto a la forma de computarse el voto en blanco para el sistema electoral actual argentino, se los cuenta como “votos negativos” junto con los nulos y los impugnados ypor separado de los “positivos” que son los votos que se inclinaron por algún partido (con boleta).

La razón de ser llamados negativos provendría de la interpretación de en principio se convoca a una elección para votar por partidos y no para no votar a nadie o prácticamente no votar. Por ejemplo: resulta lógico hacer campaña por un partido e incentivar la participación, mientras que sería incoherente llamar a votar para no votar.

Sin embargo, si hurgamos la raíz del voto en blanco, podemos considerarlo también un voto antisistema o bien en contra de los contubernios, esto ha ocurrido en la primera etapa de precaria democracia en  Argentina cuando la UCR se negó por mucho tiempo de participar en las elecciones llamando a la abstención y criticando de esta forma las bases, estructura y condiciones de los comicios. El Partido Justicialista llamó a la abstención a sus votantes cuando fuera proscripto por 1963.

Aquí entramos también en ideas políticas y sociales si consideramos que el voto en blanco o toda forma de denunciar un comicio no tiene por qué ser considerada destructiva sino constructiva de una nueva base y estructura política y social, en otras condiciones más democráticas.

Volviendo al cómputo de los votos en blanco, o si se prefiere llamárselos negativos, estos no suman a los porcentajes de los votos positivos, quedando excluidos de dichos promedios. Por ejemplo: si los resultados mostraron un 10% de votos negativos y un 90% de votos positivos, para los porcentajes que habilitan el acceso a los cargos en disputa se transforma el 90% real en una base del 100%. Por lo tanto cuando se dice que el partido “X” sacó el 35% de los votos, no es exactamente así, sino que es el 35% de los VOTOS POSITIVOS. En cifras más realistas –y menos proclives a los paridos políticos- el porcentaje de los votos obtenidos por “X” sería algo menor ya que la base por la cual se promedia sería mayor (está incluido el 10% de los votos negativos). Este sistema poco realista se comenzó a utilizar en la Argentina en la década de los 90 con el beneplácito de casi todos los partidos (oficialismo y oposición).

Por, ello, si queremos hacer una lectura más precisa de los resultados electorales es necesario obtener información acerca de la cantidad de los votos negativos a pesar de que no computen entre los valores de los positivos, lo mismo habría que hacer con el ausentismo electoral. Así veríamos que si un partido obtuvo el 65% de los votos, lo que nos da la sensación de que dos de cada tres electores lo votaron, la cifra real sería uno de cada tres ya que entre ausentismo y votos negativos hay una buena porción de electores que no son considerados a los efectos de los números de la elección positiva.

Si bien el sistema permite que gane el que tenga más votos (salvo los casos de balotaje), cuanto más voto positivo haya existirá una base de legitimidad mucho mayor en el gobierno del partido ganador.

Existe una idea errónea –o un prejuicio- que indica que el que vota en blanco favorece al ganador. En primer lugar, hemos visto que en ningún momento del escrutinio se realiza ningún traspaso de votos en blanco a nadie, ni siquiera al ganador, sino que se los separa de los positivos. En segundo lugar, que el que no vota a nadie favorezca al ganador es una idea muy poco objetiva, ya dijimos que nadie sabe verdaderamente las razones del votante blanco para hacerlo así, en realidad es un voto neutral que no beneficia ni perjudica a nadie, ni al ganador ni al perdedor, apenas podríamos aceptar que en determinados contextos políticos y sociales y en elecciones muy parejas el voto en blanco y sólo en forma indirecta puede beneficiar al ganador, aunque sostener esto sería lo mismo que decir que los partidos chicos que no tienen chances de ganar se presentan para beneficiar al ganador (incluso los partidos grandes que no crean alianzas competitivas).

Por último, antes de elucubrar teorías descabelladas acerca de la nocividad o el conformismo del voto en blanco habría que preguntarle a los políticos por qué no pueden captarlos a su favor. Un político debiera cultivar la empatía y la persuasión tratando de ampliar su base electoral.

DOS ESPIRITUS

Se miran, se miden, se rodean… una y otra vez la zamba les corre por las venas.

Agitar de pañuelos, cuerpos y corazones, el mágico encuentro que los funde y los subleva.

Ella pisa ágil y suave con sus pies hechos para andar con sigilo, él la mira girar y no puede dejar de acompañarla.

La zamba confunde la alegría con la tristeza, la belleza de lo que se ansiaba tanto y tal vez mañana no volverá… aunque quedan esperanzas, proyecciones, deseos, rezos.

Los dos espíritus ceden su luz a los cuerpos, la materia se encarga de que no encandilen, que apenas se difuminen los perfiles.

Los corazones están repletos, aunque no se lo hayan contado con palabras, apenas con miradas y algunos gestos de las manos, la música y las figuras unirán el resto…

Los dos espíritus se han atrevido a dejar el más allá.

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