Final de año del “Optimista del gol”
No se toma vacaciones
Martín Palermo no descansa: a pesar de estar licenciado hasta el 4 de enero, el Loco se entrena en Boca para ponerse a punto en lo físico. Un verdadero optimista. HORACIO GARCIA | hgarcia@ole.com.ar
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Suele decir que no se puede vivir de recuerdos, que el pasado es sólo eso, un buen recuerdo. Por esa misma creencia es que Martín Palermo intenta revalidar sus pergaminos cada vez que puede. Este semestre, como ningún otro, mantener su vigencia goleadora le costó. Logró instalarse en la Selección diez años después de la última vez, gracias al grito heroico ante Perú, pero en Boca sus goles (o la falta de ellos) fueron puestos bajo la lupa. Sólo seis dejaron con sed a muchos. Y más a él. Avido de volver a ser quien fue, el Loco no se tomó vacaciones. Se entrenó antes del partido con Catalunya y lo sigue haciendo ahora, a seis días de comenzar la pretemporada. Está claro: él quiere vivir del presente.
Si bien dice que no le preocupan los cuestionamientos que le llueven cada vez que lo acosan los tiempos de sequía, porque asegura estar acostumbrado, en este semestre superó su peor marca sin meter goles (alcanzó los 748 minutos sin convertir) y, al ponerse en duda su continuidad en el club, parece estar más alerta. Hace apenas dos semanas anunció que pretende continuar su carrera después del Mundial (y más allá de lo que suceda en Sudáfrica, claro), en Boca nadie se desesperó por ofrecerle ya un nuevo contrato hasta el 2011. Los dirigentes más importantes están a la expectativa de lo que pueda llegar a rendir en este corto semestre (el Clausura se jugará del 31 de enero al 15 de mayo) para luego evaluar el futuro con datos más precisos. Y él sabe que, justamente, de estos tres meses y medio depende no sólo su permanencia en Boca sino también su convocatoria a la Selección. Casi todo.
Consciente de la situación, Palermo no quiere dar ventajas ni tampoco relajarse. Y por esa razón es que pasa todos los días por Casa Amarilla, lejos esta vez de las vacaciones en Cariló, de las playas de Mar del Plata o de tomarse aviones al exterior buscando destinos exóticos. Su entrenamiento es siempre el mismo. Trota alrededor de las canchas del complejo, pasa por el consultorio médico para realizar sesiones de kinesiología y después se va al gimnasio un buen rato. Una rutina de mantenimiento exigente, para llegar al 4 de enero a punto. Arrancó con ese plan una vez que terminó el campeonato, luego de celebrar los dos goles ante Banfield. Aquel partido lo terminó con un fuerte traumatismo en el empeine del pie derecho (del que aún se recupera) y por eso, al día siguiente ya estaba en el club intentando rehabilitarse. Se entrenó allí hasta que se sumó al equipo que viajó a Barcelona para el partido ante la selección de Catalunya, el 22. Y, a su regreso, cuando todos pensaban que era su momento de descansar, Palermo siguió yendo a trabajar físicamente. Sin parar.
Se juega todo. Su futuro y su presente. Y aunque nadie discuta su pasado, él no se duerme en esos laureles. Quiere más. Le restan seis goles para alcanzar a Roberto Cherro, el máximo anotador xeneize. Pero no será suficiente. Necesita ser el optimista del gol. Y se entrena para eso.
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