Deposité las valijas en la habitación del Hotel Fivos y bajé a merodear los alrededores en busqueda del menor indicio de vida ateniense. Eran cerca de las tres de la tarde, el cielo se había cerrado por completo, y la inminente amenaza de tormenta era ya un hecho.
Lo primero que vi y que me llamaron la atención fueron los carteles escritos en griego, ya que no sólo hacían imposible cualquier interpretación que pudiera hacer, sino que,curiosamente, me parecían divertidos. Apenas hice unas cuadras por la Avenida Atenas (zona denominada “El Bazar” debido a la gran cantidad de vendedores callejeros y mercados de los más extraños) se largó el aguacero. La ciudad se vistió por completo de negro y la gente, como sucede en esos casos, comenzó a correr intentando un improvisado refugio, lo cual transformo la clásica estampa callejera en un film de Carlitos Chaplin.
Desde una esquina un turco dobló presuroso con dos quesos gigantes debajo del brazo. Una señora vestida al modo parisino que paseaba su caniche, lo alzó rápidamente en una mano y abrió un paraguas gigante plagado de figuras humanas dóricas tomadas de los brazos y, desde una de las pescaderías del mercado, un sesentón regordete comenzó a gritar en griego algo que, supuse, era un intento de ayuda para que no se le mojara la preciada mercancía.
Luego de buscar con la vista un lugar para refugiarme decidí que lo mejor era pararme delante de un cajero automático que tenía techo y, en cuanto me dirigí allí, una decena de personas me siguió al instante. Así es como en cuestión de segundos, casi por arte del destino, quede apretujado entre medio de un montón de griegos que hablaban, se reían y vociferaban sin que yo pudiera adivinar ni siquiera que estaban diciendo.
Yo había imaginado otra forma para empezar a descubrir Atenas. En mi imaginario estaba la fantasía de que inmediatamente que bajara del hotel me iba a encontrar con cualquier hecho, objeto o referencia que me hiciera caer en la cuenta de que estaba en Grecia y no en otro lugar. Pero lo cierto es que ahí estaba, viendo correr el agua a borbotones por el costado de la acera, la gente corriendo y rodeado de ciento de voces hablando en griego, árabe, turco y quien sabe cuantas otras que no reconocí.
Los viajes tienen esas cosas. A veces nos ponen frente a situaciones inesperadas que – si se las sabe comprender y disfrutar – en muchos casos, dicen mas que los millones de caracteres que pueblan las guias especializadas y que sólo acumulan información técnica, fría y despojada de cualquier vivencia personal.
¿Cómo sería la ciudad? Comencé a preguntarme en el mismo momento en que desde la cabina de mando, el piloto pedía que nos ajustáramos los cinturones por que en menos de quince minutos comenzaría el aterrizaje al aeropuerto internacional de Atenas. Las imágenes de los dioses griegos y los comentarios que me hiciera una amiga que ya había estado hacía un tiempo se agolpaban en mi cabeza queriendo encontrar una respuesta.
Mientras yo hacía esfuerzos por imaginarme como sería la que para todos es la cuna de la civilización, un grupo de estudiantes italianos (en viaje de egresados de la escuela media) se preguntaban en perfecto romano si podrían conseguir pasta fácilmente o si estarían condenados a comer la inexplicable pero encantadora comida griega.
El avión aterrizó e hicimos el paso por migraciones. El policía aeroportuario miró el pasaporte y al ver que era argentino sonrió y vociferó en un inglés chapuceado lo que yo no quería escuchar – ¡Aryentina, Maradona, El Che… Evita!. Le sonreí como para no deberle el cumplido y recogí mi pasaporte sellado con la máxima rapidez que pude.
Al salir busqué el bus que une el centro de la ciudad con el aeropuerto y allí divisé a la horda de estudiantes romanos que, ya no hablaban de los fideos, sino que se pegaban, tironeaban del pelo y hacían uso de la desfachatez e impunidad que les da la adolescencia y ese pequeño ensayo de libertad que significa un viaje de egresados.
Subimos al autobús. Los adolescentes romanos gritaban. Mucho. Una señora (romana también) acompañada por toda su familia se abanicaba en medio de un día que con viento a favor promediaba los 4 grados. El bus inició la marcha. Comencé a observar a los pasajeros y vi que era muy facil identificar cuales eran los griegos, por que, sentados en sus asientos y con aire sereno, miraban el espectáculo italiano digno de cualquier comedia de Goldoni a la vez que se mordían los labios anhelando que se callen o que pusieran fin de una vez por todas a tanta pantomima.
En una esquina el bus frenó de golpe. Los adolescentes romanos disfrutaron de la inercia y aprovecharon para empujarse aún más. La señora acalorada comenzó a mover su abanico de un modo cada vez más frenético y su hija, totalmente entretenida en una conversación gesticulada en exceso con otra pasajera italiana, comenzó a quejarse en italiano por que el centro de la ciudad estaba demasiado alejado del aeropuerto.
- Quando arrivamo in centro? Questo bus é la morte! decía la señora acalorada a la vez que los adolescentes se sumaban con comentarios como: - Ci vogliono scendere di questo bus! Quando arrivamo? O Quanto manca per arrivare alla Piazza Syntagma?. Lo cierto es que en medio de tanta algarabía, una mujer que no soportaba más la situación se paró de su asiento y en un inglés prolijo pero lento les explicó que faltaban solo dos paradas. La señora del abanico, sorprendida por el gesto de la griega, lanzó una risotada y le retrucó: - Noi siamo italiani, non parliamo inglese! A la vez que los adolescentes – quizás por primera vez en sus vidas- coincidieron con la anciana y comenzaron a aplaudir.
El bus finalmente llegó a la Plaza Syntagma. Cuando la puerta se abrió tomé la valija e intenté bajar, pero mi deseo se vio frustrado ante la ráfaga de jóvenes que se empujaban y pegaban para bajar primero y luego, ayudada por sus familiares, hizo lo mismo la señora acalorada. Cuando todos ya habían bajado recién descendí. Tomé mi valija y comencé a atravesar la plaza en dirección a Monastiraki, que era donde se encontraba mi hotel. Créanme que había hecho unos metros y a mis espaldas, aún resonaban las risotadas de los jóvenes y el ruido ensordecedor que hacían sus valijas rodantes al estrellarse contra el empedrado.
Mi estadía en la ciudad ya era un hecho, pero inexplicablemente, la duda acerca de cómo seria la ciudad se había disipado. Quizás por que en mi cabeza solo había espacio para un solo pensamiento: Atenas, la cuna del saber y de búsqueda del bien común como fin último, una vez más no podía mostrarse ampulosa al verse opacada por la invasión de los romanos.
Casi veinte días han pasado ya desde que volví del lejano este europeo y, poco a poco, algunos momentos vividos comienzan a acomodarse y a tomar la forma de recuerdos. Durante un mes viví una experiencia fascinante, única, indescriptible. Quienes siguen esta bitácora de viajes desde los inicios dirán: “esa frase ya la escuchamos”. Y eso es cierto, ya que siempre, dicha frase fue la antesala antes de lanzarme a escribir otras crónicas de viaje. Pero también es cierto que esta vez, a diferencia de las anteriores, me veo en la obligación de usarla ya que no encontré otra forma que pueda describir mejor a este viaje.
La travesía fue mas o menos así. El 3 de marzo, después de ocho años de no visitar Roma, aterricé en el aeropuerto de Fiumicino y durante cuatro días caminé incansablemente por cada una de sus calles y rincones imperiales. Si bien allí el paisaje estaba bastante cambiado como consecuencia de la incipiente crisis mundial que está haciendo estragos en casi todo el planeta, Roma me demostró una vez más que ni siquiera estando vacía de turistas y con mucha menos alegría que de costumbre, ha perdido el inefable “fascino” del que tanto hablan los italianos y por el cual tan conocida se hizo en el mundo.
Luego de esa corta pero intensa semana, el siguiente destino fue Atenas, la capital griega. Alli descubrí una de las ciudades mas enigmáticas y ambiguas que jamas he visto, ya que si bien se encuentra dentro del marco de Europa, es imposible no reconocerle esa extraña capacidad que tiene de ser un punto de inflexión entre el mundo occidental y el lejano oriente. El plato fuerte, sin lugar a dudas, fue la monumental acrópolis y las joyas arquitectónicas e históricas que se atesoran en el Museo Arqueológico Nacional, un sitio por demás conmovedor si se tiene en cuenta que brinda la posibilidad de estar cara a cara con los objetos y bienes culturales que en nuestra adolescencia, poblaban los libros de historia antigua que todos hemos leído, estudiado y también fantaseado con conocer algún día en vivo y en directo.
La tercera parada en el viaje fue Bucarest, capital de Rumania y, lejos, uno de los mejores sitios para desentrañar el modo y estilo de vida de aquellos países que, desde la segunda guerra mundial, vivieron bajo la órbita del comunismo hasta casi finalizado el siglo XX. Plagada de edificios descomunales, plazas kilométricas y parques con aires imperiales, la ciudad se muestra hoy a los visitantes, como uno de los vestigios más interesantes del este europeo y que mejor testimonia un pasado que quiso igualarla al nivel de las grandes capitales del mundo pero que, por las paradojas del destino y de la historia, jamás llegó a serlo.
Praga fue la cuarta. Capital imperial por antonomasia y bautizada por los amantes del arte y de la cultura como “la perla de Centroeuropa”, en ella recorrí los sitios tradicionales pero también aquellos que, lejos de figurar en las clásicas guías, dejan al descubierto muchas de las razones que llevaron a Kafka, el hijo predilecto de la ciudad, a restarle la importancia de urbe y definirla nada más y nada menos que como un “estado del alma”.
El último punto fue Polonia. Llevado por la curiosidad y la fascinación que me producían aquellos relatos que en mi familia se transmitían en forma de cuentos, durante casi 10 días recorrí los empedrados y fachadas del ghetto de Varsovia, admiré las casitas de colores de la preciosa Stare Miasto y conviví con los fantasmas de una ciudad que, aún hoy, sigue pareciendo la escenografía de una de las obras teatrales más terribles de la humanidad: la segunda guerra mundial.
Luego me trasladé hasta Cracovia, y allí, enmarcado por los más bellos edificios medievales y los cientos de estudiantes que hacen de ella uno de los centros educativos mas prestigiosos de Europa del este, descubrí un costado mitológico (repleto de leyendas de hadas, dragones y sirenas) y otro menos atractivo, cargado de espanto y dolor, ya que durante los terribles años de la guerra, por ella pasaron miles de judíos que dejaron su presencia mientras eran trasladados hacia los campos de concentración de Auschwitz y Birkenau, catalogados por los mismos polacos como los dos “museos del horror más grandes de la humanidad”.
A partir de hoy comenzaré a publicar en orden cronológico los relatos, anécdotas y todas las vivencias que experimenté a lo largo de un mes. También habrá artículos con recomendaciones, consejos y toda la información necesaria para todos aquellos que quieran visitar esas ciudades, ya que es muy difícil encontrar bibliografía o guías, dado que, al no formar parte de los circuitos turísticos tradicionales es muy poco el material editado e incluso investigado.
Los invito a que disfruten de los relatos y espero sus comentarios, inquietudes y todo aquello que quieran compartir con otros lectores. Bienvenidos a Bitácora de Viajes. Bienvenidos a las crónicas del este.
Desde Buenos Aires no existen vuelos directos a Rumania, por lo cual la mejor opción es conseguir algún vuelo domésticos desde cualquier capital europea (aconsejamos Roma o Atenas, dada la cercanía). La otra opción es llegar en tren, también desde cualquier capital europea, a la Gara Nord que es la estación a la cual arriban los trenes internacionales.
Cuando ir:
La mejor época para conocer la ciudad es la comprendida entre los meses de abril a septiembre, ya que allí se encuentran los días más largos y con ellos, aparece la posibilidad de aprovechar al máximo no solo la estadía, sino también, el sinfín de actividades culturales que los rumanos preparan para esas fechas. Si decides viajar en los meses de invierno, tendrás que tener en cuenta que las temperaturas son muy bajas (promedio de 0 a 5 grados) y que los días suelen ser lluviosos, húmedos y con grandes bancos de niebla que en ocasiones persisten hasta el mediodía, con lo cual es probable que no puedas disfrutar al máximo tu estadía.
Documentación requerida para argentinos
Argentina firmó convenios de cooperación cultural con Rumanía, así que en principio el único requisito requerido para ingresar al país es ser poseedor de un pasaporte vigente y un billete de regreso con fecha cerrada (esto es de acuerdo a la solicitud de requisitos que establece el Espacio Schengen, el cual se encuentra comprendido por los países de la Comunidad Europea). Además, las autoridades migratorias pueden solicitar la credencial que acredite cobertura de un servicio médico internacional y dinero en efectivo para solventar la estadía turística.
Cuanto dinero llevar
Teniendo en cuenta que Rumania es un país que hace relativamente poco que ingreso a la Comunidad europea, los precios son mucho mas bajos que en otras capitales del continente, estando casi iguales a los precios argentinos en cuanto a la paridad del euro. El presupuesto dependerá del nivel de viaje que se quiera realizar, aunque como idea aproximada te aconsejamos que calcules 30 euros diarios para tu estadía en Bucarest.
Presupuesto económico: 30 euros (calculado sobre la base de un alojamiento económico, 4 comidas y una entrada a museo) Presupuesto normal: 40 a 60 euros Presupuesto súper: Más de 70 euros
Los 10 imprescindibles de Bucarest
1.Arcul del Triumf y Blvd Kisseleff
2.Casa de Ceauceascu o Casa Presei Libere
3.Casco histórico o Centro cívico
4.Piata Revolutieii
5.Piata Unirii
6.Parlamentului
7.Calea Victoriei (desde Piata Victoriei hasta el Bulevardul Regina Elisabeta)
8.Museo Histórico Nacional
9.Puentes de Piata Natiunile Unite
10. Ateneul Roman y Teatrul National
Con las nuevas tecnologías y el avance de las comunicaciones, el mundo dejó de estar tan lejos y hoy lo podemos tener en nuestra computadora con tan solo hacer un click. Es por eso que desde Bitácora de Viajes hemos decidido incorporar una nueva sección en la cual tendrás la posibilidad de tener, desde la ventana de tu ordenador, algunos de los sitios más bellos e interesantes de este planeta durante un minuto.
Para algunas cosas un minuto puede resultar poco. Para otras mucho. Pero sabemos que cuando o se está en otras latitiudes y abierto a las misteriosas sensaciones que producen los viajes los minutos corren de otra forma, y aquello que se nos presenta como imágenes instantáneas, al regreso a casa puede transformarse en el mas bello y anhelado de los recuerdos.
Un minuto en… se inicia con Un minuto en la Acrópolis. Ajústense los cinturones y disfruten de la sensación de tener el mundo en casa.
Desde tiempos inmemoriales, el hombre no solo ha tenido la necesidad de explicar a traves de figuras mitologicas todo aquello que escapaba a su aprehension racional, sino que ademas, en todas las epocas, confio en seres superiores a los cuales les atribuyo cualidades protectoras y que en el fondo, de una forma u otra, representaban un modo valido para justificar su existencia en esta tierra.
Asi es como podemos ver que desde los griegos hasta hoy, la mayoria de los pueblos (ya esten formados por millones de personas o bien sean grupos minoritarios aislados) continuan con la tradicion de respetar y seguir a determinados dioses, rindiendoles culto y alabandolos para que los proteja de las diferentes injusticias a las que estan sometidos en la vida terrenal.
Lo cierto es que, a medida que el mundo fue avanzando y comenzaron a darse las diferentes conquistas en diversos lugares del globo, en algunos casos se produjeron algunas modificaciones en la forma de interpretar la religion y, por ende, se impusieron ademas, algunos dioses que los pueblos receptores de las nuevas culturas ni siquiera conocian. Uno de los ejemplos mas claros que hay de la imposicion de un nuevo dios y el sinfin de santos que lo acompanan, fue el del catolicismo, ya que durante los negros anos de la conquista de America logro acabar con las creencias de los pueblos originarios (aztecas, mayas o incas) y los obligo a que, de forma sincretica, comenzaran a incorporar el culto por nuevos dioses en su vida cotidiana.
De todos los casos de fusion entre las creencias originarias y la imposicion por creer en nuevo dioses, el de Guatemala quizas sea uno de los mas particulares e interesantes que se pueda ver en America Central. Cuando Pedro de Alvarado llego a la region acompanado por los jesuitas encargados de llevar a cabo el proceso de evangelizacion, se encontro con que gran parte de la poblacion maya aun seguia oficiando rituales y diferentes actos liturgicos tal cual como lo habian marcado sus ancestros.
Pero mas alla de que a los espanoles no les fue nada dificil suplantar la religion maya por el catolicismo, buena parte de la poblacion indigena logro burlar ese designio y comenzo a adaptar algunos santos propuestos por el dogma romano atribuyendoles los caracteres de muchos de los dioses que veneraban desde los dorados anos del imperio.
Sin lugar a dudas, uno de los que ha podido trascender en el tiempo y ,en la actualidad, ya se ha erigido como un verdadero icono de la cultura quiche es Maximon, un santo al que se le rinde culto en varios pueblos de Guatemala y que cuenta con una historia sumamente rica y mas que interesante.
EL MISTERIOSO SENOR DE BIGOTES QUE HABITA EN CASI TODOS LOS RINCONES DEL PAIS
Cuando se llega a la Antigua Guatemala, Solola o Chichicastenango (tres de las ciudades con mayor atractivo cultural para ver en el pais) una de las cosas que mas llaman la atencion es la cantidad de estatuas de un hombre vestido de negro, con sombrero y bigotes, al que los indigenas (casi la mayor parte de la poblacion guatemalteca) le rinden especial culto y respetan como uno de sus maximos protectores.
Por eso es que, al presenciar semejante acto de fe, la primera pregunta que inevitablemente asalta al viajero es ¿Quien es el senor de bigotes al que todos tanto respetan y veneran con tan enceguecida devocion?. Y lo cierto es que las respuestas son varias. Segun el antropologo Edelberto Tomas Rivas (uno de las maximas eminencias en la materia), el culto a esta imagen pretende adorar a Simon el mago, o San Simon patrono de los brujos, quien llego a America perseguido por la inquisicion. Por su parte, Miguel Angel Asturias (premio Nobel de literatura) dice que, en realidad, Maximon no es mas que la representacion que hizo la poblacion indigena del mismo Pedro de Alvarado.
Pero lo cierto es que la verdadera historia es bien distinta de estas dos interpretaciones. Segun algunos estudiosos del sincretismo americano, declaran que Maximon no es ni mas ni menos que la representacion de K´Maximon, uno de los lideres politicos que tenian los mayas en el momento de la llegada de Alvarado y que murio en la hoguera como castigo por rebelarse a entregar lo poco que quedaba del imperio. (Esta es la version mas aceptada, aunque otra rama dentro de este grupo asegura que la verdadera identidad de Maximon es la de un santo indigena que tomo su nombre prestado del San Simon Catolico)
Segun sea el pueblo en que se lo vea, Maximon adquiere diferentes fisonomias, ya que, a lo largo del tiempo, cada grupo etnico le ha ido imprimiendo su impronta particular. Asi, por ejemplo, mientras que en San Jorge Laguna tiene una expresion de ahorcado y en San Simon de Zunil lleva lentes oscuros (y reloj digital), en algunos pueblos en los que hubo una marcada actividad guerrillera, lo visten con ropas militares y , hasta incluso, se le llega a poner varias condecoraciones en el pecho como un claro signo de omnipotencia.
Quienes lleguen a cualquiera de esas tres ciudades en las que el santo es venerado, podran ver que entre algunos de los rituales que se le llevan a cabo, figuran el de prenderle un cigarro, ofrecerle diferentes bebidas alcoholicas y tambien, en algunos casos, colocarle unos cuantos quetzales entre sus ropas para que brinde la proteccion necesaria a todos aquellos que fielmente la requieran.
El culto oficial se lleva a cabo en Santiago de Atitlan (en Solola) durante el mes de octubre. Por esas fechas, muchas de las cofradias que se reunen como seguidores de su figura, llevan a cabo diferentes rituales en su honor y en algunos casos, lo van rotando por varios de los hogares de sus fieles, para que les proporcione todos aquellos deseos que le confian ciegamente amparados en su fe.
El Palacio Nacional es uno de los sitios del DF al que nadie que se encuentre de visita en la ciudad de México puede dejar de asistir. Hoy, el edificio funciona como la sede del Poder Ejecutivo Federal, pero en realidad, su construcción y su importancia se remontan a los primeros tiempos de la historia mexicana. En épocas en las que el actual territorio de la ciudad era la imponente urbe de Tenochtitlán, en el mismo espacio que hoy ocupa el palacio, estaba asentado uno de los más importantes aposentos del emperador Moctezuma.
En 1563, se construyó el edificio tal como se lo ve en la actualidad y en el período de la conquista, Hernán Cortés lo utilizó como lugar de residencia durante el tiempo que duró su estancia en México. Es por eso que, teniendo en cuenta la riquísima historia que aconteció en cada uno de sus rincones, no es casual que Diego Rivera (uno de los tres grandes muralistas que dió México junto a Siqueiros y Orozco) se decidiera por él para plasmar en las amplias paredes , los hechos más relevantes que hicieron a la historia del país.
Los trabajos comenzaron en el año 1929 y los acabó en 1951, exactamente veintidós años más tarde. Como obra final, en las gigantescas paredes del Palacio, Rivera dejó una excelente iconografía en la que cubrió el período histórico que va desde el auge de la cultura precolombina (con especial énfasis en escenas de la vida cotidiana que sucedían en Tenochtitlán y Teotihuacán) hasta la modernidad, pasando por los oscuros años de la conquista, el Porfiriato y la Revolución.
1. Este fragmento del segundo mural del patio del Palacio, representa una escena en la que se puede ver el esplendor del imperio azteca. En primer plano, aparecen el emperador y un sacerdote en actitud de aparente preparación para un sacrificio. A un costado de ellos, se encuentran los ciudadanos comunes rodeados de elementos de la vida cotidiana (tales como alimentos,mascotas y utensilios). Al fondo, los soldados dispersos entre las Pirámides del Sol y de la luna demuestran la grandeza del imperio.
2. En esta imagen, Rivera recrea el desembarco de Hernán Cortés en la Ciudad de Veracruz. En ella se pueden observar, la inclusión del elemento extranjero en la vida cotidiana y los primeros sometimientos a los que redujeron a los indígenas. En el centro de la pintura, en perspectiva, pueden verse diferentes grupos de indios realizando tareas para las cuales no estaban acostumbrados tales como la excavación en busca de metales, el arado de la tierra o la construcción de viviendas en las que luego habitarían los conquistadores.
3. Primera iconografía bélica de la obra de Rivera, en la que de algún modo el pintor vaticina las rencillas posteriores que surgirán entre criollos y aborígenes. Sobre la margen superior izquierda puede verse una mano que se asoma desde afuera elevando una cruz como símbolo de la evangelización cristiana. Al fondo, los indígenas, totalmente sumidos en la dominación de los nuevos dueños del territorio, cavan pozos en la tierra sin oponer resistencia.
4. Este mural representa uno de los períodos más negros de la historia moderna de México: el Porfiriato y los albores de la Revolución. Sobre un costado, Porfiro Díaz (con la banda presidencial tricolor y guantes blancos) empuña un sable haciendo alarde de su poder. De frente, los campesinos armados y con Emiliano Zapata y Pancho Villa a la cabeza, contrarrestan la sarcástica demostración de poder del dictador, levantando el Plan de San Luis de Potosí de 1905 y el registro de algunas de las movilizaciones que propiciaron el terreno para la Revolución. En el centro de la imagen, unos hombres sostienen un cartel rojo con letras blancas en el que se puede leer “Tierra, libertad y pan para todos” (eslogan abiertamente comunista) y sobre el fondo, una mordaz crítica al capitalismo, representada por las fábricas humeantes con nombres extranjeros.
Una de las escenas más comunes cuando se está en cualquiera de los destinos tradicionales de Guatemala, es la ansiedad y el fervor de los viajeros del mundo por averiguar cuál es la forma más conveniente para llegar a la Antigua, ciudad signada por la conquista, el color y un sinfín de posibilidades que la han elevado a la categoría de “sitio más bello del país”.
Rodeada de volcanes y a escasos 50 kilómetros de distancia de la capital, la Antigua se erige como uno de los sitios más fascinantes que tiene la tierra del quetzal para ofrecer. Sus orígenes se remontan al año 1542, fecha en que fue fundada por los españoles como La Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Santiago de los Caballeros de Goathemala y en poco tiempo comenzó a perfilarse como una ciudad de una gran belleza, casi tal cual como se la puede ver en la actualidad.
Durante años, esta urbe funcionó como la capital del país, pero luego de sufrir 16 devastadores terremotos, las autoridades oficiales decidieron trasladarla al actual territorio de Guate City, dejando a la Antigua como un sitio histórico para ser admirado por todos los ciudadanos del mundo (incluso años más tarde, la UNESCO decidió nombrarla como Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad)
UN FESTIVAL CROMÁTICO EN EL QUE CONVIVEN EMPEDRADOS, CASAS COLONIALES, SANTOS Y VOLCANES
El ojo del viajero tarda un tiempo en comenzar a distinguir los elementos que se encuentran todos apiñados en el barroquismo visual de la ciudad. Con una arquitectura recargada y con cientos de santos exhibidos en columnas, negocios y ferias artesanales, el impacto que produce esta bellísima ciudad invita a que se le dediquen al menos cinco días para poder descubrirla en casi todo su esplendor.
Como siempre recomendamos a la hora de visitar cualquier ciudad de Centroamérica, en este caso también el sitio elegido para comenzar una recorrida es la Plaza principal (conocida como el Jardín del Centenario), la cual es muy fácil distinguir ya que se ubica junto a la magnífica catedral, obra barroca del siglo XVII y que constituye una de las piezas arquitectónicas más importantes de la Antigua.
Una vez visto el monumental edificio religioso (el cual les aconsejo que lo vean también de noche, para disfrutar de su fastuosa iluminación) los puntos importantes para conocer son La Iglesia de San Francisco (joya barroca, segunda en importancia después de la catedral) y el Arco de Santa Catalina Mártir, un verdadero icono antigüeño que ofrece la mejor vista que se pueda tener de la ciudad, ya que detrás de él y sobre el final de una calle empedrada puede verse como se erige el gigantesco Volcán de Agua secundando la ciudad como un tótem.
Al llegar al arco lo mejor es tomarse un tiempo para disfrutar de los locales, ferias, mercados, restaurantes y bares que se encuentran allí, ya que alrededor de él se concentra la vida cultural y turística de la ciudad. Por las noches, los turistas eligen ese sitio como el punto de encuentro para comenzar una recorrida nocturna y terminar luego en algunos de los bares, pubs o discos que alegran la zona durante las madrugadas.
Entre algunas de las manifestaciones culturales que pueden verse a cualquier hora del día sobre sus clásicas calles empedradas, figuran no sólo la venta de artesanías (hechas manualmente por grupos indígenas, los cuales conforman casi el 80% de la población nativa de la ciudad) o de elementos religiosos cargados de sincretismo, sino que además, a diario decenas de artistas eligen sus veredas para darle ritmo y color cuando cae la noche (saxofonista, guitarristas, cantantes o indígenas que llevan a cabo números musicales)
Si bien cualquier momento del año es propicio para conocer esta inquietante y maravillosa ciudad, no caben dudas de que la época más llamativa sea la semana santa, ya que en ese momento puede verse las procesiones de nazarenos vestidos de violeta (encapuchados de la misma forma en que se lleva a cabo el rito en ciudades españolas como Valencia o Sevilla) y portan la virgen sobre sus hombros, paseándola por casi todo el casco histórico de la ciudad.
Además, en esas mismas fechas, los lugareños toman las calles y disfrutan de las coloridas alfombras hechas de polvos, un verdadero espectáculo nunca visto en otras latitudes. También quienes decidan visitar la ciudad en esa fiesta religiosa, tendrán la oportunidad de comer el fiambre, una sabrosa preparación autóctona (preparada sobre la base de embutidos, verduras, pollo, carne, papas y decorado con hojas de lechuga rociadas con un condimento especial denominado chile chamborote) a la cual le atribuyen la cualidad de ser un símbolo que representa la fusión entre la cultura prehispánica y la española.
Como puede verse, la Antigua Guatemala es una ciudad pequeña pero que atesora miles de sitios y secretos, así como una gran diversidad de planes para descubrirla según las preferencias del viajero. Quienes lleguen al territorio de Guatemala no deben dejar de pasar unos días allí, ya que no sólo es una de las poblaciones coloniales que mejor conserva su acervo cultural, sino que además, es quizás la que mejor ha logrado el delicado equilibrio entre arte, cultura y entretenimiento, tres constantes que la definen y que la han posicionado ante los ojos del mundo como uno de los lugares más bellos del planeta.
Guatemala se hizo conocida a nivel mundial como el país que atesora los mayores vestigios de la cultura maya y en ese sentido es donde mayor hincapié han hecho los entes oficiales para promocionarlo al turismo internacional. Pero lo cierto es que el país, además de ser un escenario donde reposan maravillosas obras arquitectónicas, escultoricas y piezas arqueológicas que pueblan sus museos, existen otros lugares de ensueño, cargados de una naturaleza pocas veces vistas en Centroamérica y que bien vale la pena que sean descubiertos por los viajeros que andan por allí.
Uno de esos sitos, sin lugar a dudas, es el Monterrico, una agradable playa ubicada en la costa del Pacífico guatemalteco, a la que se puede acceder en poco tiempo desde la ciudad de Guatemala y que representa una excelente oportunidad para pasar unos días frente a las cálidas aguas caribeñas enmarcadas por un increíble paisaje de palmeras y casas de colores.
AGUA TURQUESA, ARENA NEGRA Y UNA MENTALIDAD CERCANA AL HIPPISMO
Quienes decidan pasar unos días en esa agradable playa chapina, deberán partir de la Ciudad de Guatemala y viajar en dirección hacia un poblado llamado La Avellana. Una vez que arriban allí deberán cargar el vehículo en una de las gigantescas embarcaciones de madera que atraviesan a diario los enjambrados manglares, para poder así comenzar a disfrutar de las bondades que el lugar tiene para ofrecer.
Al llegar al lugar sobrevienen dos aspectos que llaman poderosamente la atención de los viajeros, y tienen que ver con que, por un lado, casi no hay sitios para alojarse (sólo un pequeño complejo con 14 habitaciones y una pequeña piscina frente al mar) y por el otro, que se puede hacer uso de casi todo lo que se encuentra ubicado en la playa (mesas, sillas, reposeras, hamacas, etc) de una forma totalmente gratuita, exigiendo nada más que el cuidado lógico de esos elementos.
Pero no solo la gratuidad de los servicios es lo que hace que el Monterrico se alce como un sitio digno de visitar, ya que además, es uno de los pocos puntos geográficos del país donde se puede apreciar una de las más agradables temperaturas (casi nunca llueve y es donde se registran los menores niveles de humedad) sin dejar de tener en cuenta lo paradisíaca de la conjunción de la arena negra (producto de su origen eminentemente volcánico) y un agua que nunca deja de estar tibia, dada su cercanía al Océano Pacífico.
Pegado al pequeño complejo de habitaciones con vista al mar, se encuentra el Café del Sol, único bar del lugar y que suele ser un interesante punto de encuentro de los pocos visitantes que pueblan la costa, ya que además de disfrutar de la mejor música y poder alquilar tablas de surf o bicicletas, se pueden degustar algunos de los platos típicos de la comida guatemalteca (para quienes vayan, les recomiendo probar la abundante copa de frutos de mar crudos hechos en ceviche) y todas las especialidades cerveceras de origen chapín.
EL TORTUGARIO, UN SITIO PARA DESCUBRIR Y PRESERVAR LA VIDA DE LAS TORTUGAS MARINAS
Uno de los lugares que más llaman la atención dentro del complejo que forma la cara visible del Monterrico es el Tortugario o Santuario de las Tortugas. El lugar fue creado hace algunos años por un grupo de biólogos dependientes de la Universidad San Carlos (universidad estatal) con la idea de preservar las diferentes especies de tortugas marinas que, a consecuencia de la caza indiscriminada por parte del hombre, las puso en aparente peligro de extinción.
En el lugar pueden verse algunas pocas especies de quelonios que aparecen esporádicamente en las costas del lugar y también, un buen número de esqueletos de especies que han sido aniquiladas para comercializar con ciertas partes de su cuerpo (especialmente el caparazón y la rugosa piel que recubre las extremidades), las que suelen ser usadas como elementos decorativos en piezas de adorno o bien exóticas joyas que se cotizan muy bien dado el intrercambio existente entre turistas norteamericanos y europeos.
Otro de los sitios interesantes para ver es aquel donde se encuentran algunas de las especies que se encuentran en período de ovulación y que son protegidas por los biólogos para que puedan desarrollar la gestación de las crías, y de esa forma, poder paliar los efectos del peligro de extinción al que son sometidas muchas de ellas.
La entrada a este sitio es totalmente gratuita, pero se debe abonar la entrada si se quiere acceder al recinto donde se conservan además de tortugas exóticas (algunas de tamaños gigantescos) un buen número de reptiles, insectos y otras especies que pueblan los manglares y ciertos puntos de la costa del lugar.
Por todo eso, el Monterrico es uno de los sitios más bellos que pueda verse en Guatemala y constituye una buena opción si se quieren pasar algunos días alejados del mundanal ruido al que están acostumbradas ciudades como Guatemala o bien La Antigua, las cuales además de encontrarse abarrotadas de turistas viven con el acelerado ritmo al que son sometidas las grandes urbes del mundo.
Si se deciden a pasar más de un día en las apacibles y fabulosas playas del Monterrico, les recomiendo que no lo hagan por mucho tiempo, ya que si bien el lugar es tranquilo e invita al descanso y al disfrute de no hacer nada, al término de algunos días puede resultar algo aburrido y tedioso, ya que no cuenta con demasiados sitios para dispersarse o salir por las noches. Por eso, en caso de querer planear una estadía un poco más amplia, pueden aprovechar para visitar dos lugares que se encuentran muy cerca de allí: Santa Lucía (donde se encuentra una importante colección de esculturas de estilo olmeca enmarcadas en un paisaje de campos azucareros) y La Democracia (actualmente allí se lleva a cabo una interesante excavación arqueológica y está la posibilidad de ver algunas de las piezas que recientemente encontraron y aguardan ser analizadas para luego ser puestas en algunos de los museos más importantes del país)
Bitácora de Viajes es un espacio dedicado a compartir experiencias de viaje con una visión basada en el aspecto humano y anecdótico de los mismos. Su autor, Nicolás Pasiecznik, es Periodista y aquí recopila las experiencias vividas en más de 40 ciudades de los cinco continentes.
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