La actividad museística en la capital rumana no es una de las bondades que más sobresale cuando el viajero se decide a conocer la ciudad. Con una oferta bien escasa e inclusive – en algunos casos- poco atrayente para dedicarle un tiempo de visita, el Museul Nacional de Historia se alza como una de las opciones más interesantes para aquellos amantes del pasado y del arte que quieran inmiscuirse e indagar en el interesante y misterioso legado de la cultura rumana.
Siguiendo los más estrictos cánones del clasicismo francés, el Museo Nacional de Historia se encuentra ubicado en la Calea Victoriei Nº 12 y ocupa uno de los edificios más bellos que puedan verse en el casco cívico de la capital.
Apenas se atraviesa la puerta de entrada – la cual se alza soberbia y ornamentada- sobreviene la sensación de que algo no encuadra, ya que la taquilla principal es de una austeridad tal que sorprende y desentona con la estructura principal, aunque claro está, no es conveniente llevarse por apariencias por que, si bien el museo en su interior no es lujoso (incluso algunas salas se encuentran en plena refacción) atesora una colección de piezas más que importantes en la historia de la humanidad.
UNA SALA REPLETA DE FRAGMENTOS
El Museo no tiene un gran número de salas, más bien se puede decir que para exhibir los elementos que lo componen, sus organizadores han optado por la clásica división espacial por plantas, siendo la baja por la cual se empieza la visita y luego se pueden visitar las otras dos por separado (la del subsuelo y el primer piso), dado que cada una de ellas mantiene una unidad temática bien diferenciada del resto.
Así es como engalanando el espacio que bordea a la entrada se encuentran restos de Frisos de Samotracia y un medallón de Micia del siglo II d.c. encontrados cerca de Transilvania y que pertenecieron a los pobladores de origen romano cuando Bucarest aún no existía como tal y formaba parte del increíble y extenso Imperio romano.
Siguiendo el recorrido, y ubicados al lado de estos frisos, se encuentran muy bien acomodada y prolijamente referenciada una colección de Capiteles bizantinos extraídos tanto de palacios góticos del S. XV como de diferentes construcciones rumanas, las cuales los incorporaron como objeto de arte durante muchos años, hasta que finalmente fueron entregados a la colección del museo para su exhibición como patrimonio histórico.
En el lado opuesto de la sala -y en un rincón menos iluminado- se encuentra un sector al que se podría denominar abiertamente como “sala mortuoria” ya que en un pequeño espacio exhibe un fragmento de tumba (que data del 1556 y que perteneció a la Princesa Despina, esposa de Basarabs, rey de Valachia) y dos sarcófagos que representan en sí mismos la mentalidad del hombre medieval y la cosmovisión que por entonces tenían de la muerte. Uno de ellos, perteneciente a Sofía Potocky (fechado en 1583) tiene en su tapa la figura esculpida del cuerpo entero de la difunta y sorprende el excelente estado en el que se mantiene, aunque, el rostro de la mujer es la única parte que parece haber claudicado frente al paso del tiempo, seguramente como consecuencia de la erosión o los errores cometidos desde su lugar de origen al museo.
La otra pieza mortuoria es un sarcófago que habría pertenecido a Balasa Cantacuzino, y a diferencia de la figura humana que representaba el anterior, en éste pueden apreciarse los vestigios del medioevo, ya que sobre la amplia y pesada tapa de piedra, reposa soberbia un águila de dos cabezas y una inscripción en lengua antigua, a la vez que todo el diseño se ve coronado por la flor de lis, símbolo de la hegemonía política y claro signo del poder imperial dominante por entonces.
Antes de abandonar la sala para dirigirse al subsuelo, es recomendable detenerse ante dos Inscripciones, dadas su importancia, tamaño e interesante iconografía: la de la Iglesia Maxineni del S. XVII y la de la Torre Coltei, fechada en 1714. La primera de ellas tiene un cisne con la corona sobre su cabeza y dos ángeles en claro signo de protección celestial. En cada una de las esquinas, 3 leones alados y un ángel en la margen superior del recuadro enmarcan la escena dejando al descubierto el poder que Roma ejerció sobre el territorio rumano.
La otra inscripción si bien es de menor tamaño e importancia aunque se destaca tanto como la otra debido al excelente estado de conservación y el destacable trabajo de restauración que los arqueólogos hicieron sobre ella.
LA HISTORIA DE ROMA RESUMIDA EN TRES PLANTAS
En el subsuelo del museo reposa una de las mejores copias que se haya hecho de la Columna de Trajano, aquella que se encuentra en pleno centro histórico de Roma y que cuenta a lo largo de toda su circunferencia, las conquistas obtenidas por el imperio romano.
Si bien esta copia –casi perfecta, según los estudiosos de la historia del arte- muestra gran parte de la historia del imperio tal como la original, difiere de aquella dado que en la actualidad no esta completa ya que debido a los traslados y al paso del tiempo perdió gran parte de su longitud hasta quedar tal cual como se la ve en la sala del subsuelo.
A lo largo del perímetro y casi como envolviendo la estructura cilíndrica, los altorrelieves perfectamente esculpidos exhiben escenas de la vida romana (tales como los encuentros de gobernantes y ciudadanos en el Foro, los marines de la flota imperial en plena acción, escenas de luchas durante el período de colonización y, hasta incluso, algunas de tipo propagandístico en las cuales se ve a Trajano dirigiéndose a la masa popular en algunos de sus discursos públicos.
Para aquellos amantes de la historia recomendamos comenzar por el subsuelo y luego ir subiendo cada una de las plantas, así pueden obtener una vista acabada y correlativa de la colosal columna que se alza como el centro más importante del edificio.
Una vez recorridas estas dos salas, aún queda una mas por conocer: la de orfebrería y joyas imperiales. Ubicada en el segundo piso del edificio y rodeada de unas paredes extrañamente coloreadas de violeta púrpura, se puede ver una de las colecciones de joyas, piezas de orfebrería y de elementos reales más completas de Rumania. En este espacio, los objetos que se destacan son una biblia impresa en tiempos de Gutemberg
(y con su encuadernación totalmente pintada en oro) y la serie de coronas y collares que usaron las mujeres que durante décadas formaron parte de la monarquía, ya sea como reinas o bien como nobles aristócratas ligadas al poder.
Como corolario final, el museo es interesante y con algunos objetos que bien valen la pena detenerse un par de horas para descubrirlas. Eso sí, quienes quieran largarse a la aventura del descubrimiento –y a diferencia en museos de otras ciudades del mundo- deberán sortear algunas cuestiones que, como bien me explicó un empleado “ya forman parte del folklore rumano”, y que tienen que ver con una infraestructura descuidada , escasísima iluminación en la mayoría de las salas, deficiente información acerca de las piezas exhibidas, ausencia de guías en diferentes idiomas, la no presencia de una cafetería o sitio de descanso para los visitantes y también, la falta de personal para atender la tienda de recuerdos y de merchandising del museo, ya que en varias ocasiones se debe esperar varios minutos hasta que aparece algún empleado que se digna a atender.
El valor de la entrada es de 7 leis (unos 7 pesos argentinos) y no se pueden tomar fotografías en el interior del museo, ni siquiera pagando un suplemento por la máquina y el derecho de fotografía. Aconsejamos chequear con algún ente de turismo los horarios y los días de apertura, dado que dependiendo la época del año en que se lo visite varía el horario de apertura y cierre.
Ningún viajero debería abandonar Atenas sin antes haber pasado el Museo Nacional de Arqueología , puesto que en él descansan las obras más representativas de la cultura griega y que tanto enorgullece a los lugareños, ya que está considerado uno de los museos más interesantes y mejor diagramado del mundo.
El recinto esta dividido en siete colecciones principales (Arte neolítico, cicládico, micénico, escultura geométrica y arcaica, escultura clásica, escultura romana y helenística, la colección de cerámica y los frescos de Tera) pero además, cuenta con algunas otras que si bien son consideradas menores (como las de objetos de alfarería y joyas Statathou) bien valen la pena visitarlas dado que proporcionan una buena idea del modo de vida de los antiguos pobladores.
Cuando se ingresa al Museo, la primera sensación que sobreviene es que se lo abandonará sin poder ver la mitad de lo que exhibe, cosas que no sucede, dado que si bien son cerca de 50 salas, muchas de ellas son muy pequeñas y otras (según el interés personal) se pasarán casi de largo dado que abundan en objetos repetidos del mismo género o bien del mismo período histórico (tal es el caso de la sala dedicada a objetos de cerámica ubicada en la planta baja)
Para quienes quieran recorrerlo en su totalidad, deben saber que tendrán que disponer al menos de cuatro horas, ya que si bien las salas no son ampliamente extensas (como las del Museo del Louvre o el Prado) suelen estar recargadas de objetos minúsculos que llaman la atención y merecen una observación profunda de muchos de los que allí se exhiben. Pero si por el contrario, se encuentran con poco tiempo y quieren visitar sólo las piezas más emblemáticas de este maravilloso arcón de la humanidad, aquí les dejamos una lista con las joyas que bajo ningún punto de vista pueden obviar:
Máscara de oro de Agamenón: hallada en el círculo de tumbas de la antigua Micenas y transformada en verdadero ícono del mundo occidental. Si bien algunos historiadores y arqueólogos dudan de que haya pertenecido al Rey Agamenón, han decidido tomar por cierto ese personaje homérico, dado que en la cultura griega es muy difícil a veces, establecer la línea que separa el mito de la realidad.
El pequeño jinete: sin dudas es una de las estatuas mejor conservadas del museo. Representa a un niño sobre un caballo, ambos hechos en bronce y está dotada de una dinámica y un movimiento realmente asombrosos. La pieza fue encontrada en el mismo sitio en el que se apareció la escultura en honor al Poseidón, y se cree que data del siglo IV ac.
El Poseidón: es la segunda escultura en bronce más importante del museo. Del mismo modo que el Vitruvio de Da Vinci fue un ejemplo para el modo de ver al hombre renacentista, con este personaje mítico (dios de los mares) se cree que los griegos ingresaron en la historia del arte como verdaderos maestros a la hora de representar la figura humana, ya que la perfección y el acabado de sus detalles asombran aún hoy, veinticinco siglos después.
Hombre tocando una lira: escultura que a simple vista dice poco pero para muchos especialistas, anticipa los lineamientos del movimiento cubista, ya que está realizada con un solo material pero expone una mirada multifocal, al mostrar al personaje desde varios puntos de vista.
Piezas de Frescos con escenas de tauromaquía del Palacio de Cnosos y Santorini: se cree que estos dos bloques de piedra que reproducen escenas de la cultura micénica (en uno de ellos se ve a dos jóvenes rodeados de toros y elementos de la vida cotidiana) fueron encontrados en las cercanías al monumental palacio que engalanaba la pequeña y fructífera isla de Creta.
Estela de un joven guerrero: se cree que pertenece a una representación de Aristión, joven guerrero del período jónico y que hoy demuestra la capacidad de los escultores de antaño para realzar la figura humana y para trabajar con cincel hasta los más mínimos detalles (ejemplificado en el rizado de los cabellos o en los pliegues de la túnica)
Si se deciden por la opción de hacer una visita completa ( a la cual adhiero y aconsejo) les recomiendo que cerca del mediodia, se hagan un alto en la recorrida y se dirijan a la cafetería ubicada a un costado de la sala de acceso principal, ya que allí podrán degustar algunos platos típicos griegos, además de poder realizar compras de recuerdos dado que también allí funciona un negocio de souvenirs más que interesante.
Esta opción también pueden dejarla para el final. Si así lo hacen, les aseguro que una vez que hayan hecho el viaje por lo mejor de la historia griega, jamás podrán olvidar la deliciosa taza de café que disfrutarán mirando hacia los jardines internos, recargados de leones, sarcófagos y otros elementos que darán la sensación de estar viviendo, aunque sea por un rato, en una de las historias de Homero.
Teniendo en cuenta que los romanos acuñaron el famoso dicho popular que dice que todos los caminos conducían a Roma, los atenienses bien podrían decir lo mismo respecto de la Acrópolis. Ubicada sobre uno de los montes mas bellos de la ciudad, este antiguo recinto se alza como la gema más buscada por los miles de turistas que a diario la visitan.
Si se le preguntara a cualquier persona que indique los diez lugares que quisiera conocer antes de morir, no sería para nada extraño que entre el marasmo de respuestas se encuentre la Acrópolis ateniense como una de las posibilidades. Es por eso que, teniendo en cuenta esa tendencia, quizás se pueda encontrar una pista que explique por que, año tras año, millones de personas en el mundo engullen guías turísticas en diferentes idiomas y teclean ciento de veces las palabras claves en el Google buscando información que les amplíe los conocimientos acerca de ese colosal y curioso icono de la cultura occidental (Según las estadísticas brindadas por los organismos culturales de Grecia, por año son casi tres millones los turistas que llegan al país en busca de los vestigios históricos y culturales concentrados en ella)
UN MONTE MISTERIOSO QUE SIMULA SER LA MÁQUINA DEL TIEMPO
Como bien dijimos anteriormente, a la Acrópolis se puede llegar desde cualquier punto de la ciudad, aunque uno de los circuitos más recomendables, es tomar cualquiera de las callejuelas que atraviesan el Barrio de Plaka en dirección hacia el monte, o bien seguir algunos de los tantos carteles exhibidos en las fachadas de las casas que bordean el casco urbano de Monastiraki.
Si bien ambas opciones son muy atractivas la primera resulta mucho mas seductora, ya que en el camino que se debe recorrer para llegar hasta la taquilla de entrada, se debe pasar obligatoriamente por algunos de los espacios más bellos del moderno barrio ateniense, en el cual abundan desde los típicos perros callejeros (un espectáculo digno para un capítulo aparte), algunas de las clásicas tabernas que por las noches se transforman en verdaderos templos de la diversión, blancas casas con sus jardines abarrotados de geranios y cerca de una decena de cafés y bares donde se respira el aire vanguardista y ecléctico de los jóvenes nativos.
Al llegar a la entrada del recinto lo mejor es tomar algunas fotografías de las construcciones y de la muralla de la acrópolis desde abajo, ya que a medida que se empiece a ascender por la ladera principal, se va a ir perdiendo notablemente la óptica de lo que se ve y luego, al llegar al hotel, seguro sobrevendrá el reproche por no haberlas tomado a tiempo.
Apenas se empieza a ascender por la ladera este del monte, el paisaje ofrece algunas vistas y elementos que bien parecen un adelanto de las maravillas arquitectónicas que se verán en la cima de la Acrópolis. Así es como recien cruzado el pórtico de entrada, sorprende ver las ruinas del antiguo Teatro de Dionisios, uno de los primeros de la cultura occidental y que dío origen a una de las artes mas fecundas de toda la historia, como es el teatro. La vista actual del teatro se encuentra distorsionada de lo que fue en sus orígenes (pensemos que sobre él pesan casi 5 siglos de historia) pero aún así mantiene una belleza indescriptible y una perfección pocas veces vistas en otros monumentos. Y a un costado del teatro, entre los pastizales, una decena de trozos de columnas de mármol que alguna vez engalanaron el espacio se muestran como el vestigio mejor guardado de los albores de una civilización ya perdida, pero no por eso menos magnífica.
Mientras se sigue con el ascenso, ante nuestros ojos aparece otro teatro, mucho más bello y con reminiscencias del período clásico: el Teatro de Herodes Ático (conocido mundialmente como el Odeón). Ocupando un sitio de verdadero privilegio (dada su ubicación sobre la ladera del monte y por la fabulosa vista de Atenas que brinda) este espacio cultural aún sigue siendo utilizado como anfiteatro público y de vez en cuando, pasan por sus escenarios al aire libre algunos de los más reconocidos artistas de la música tanto nacional como internacional.
Pero no caben dudas de que para los turistas, el plato fuerte es aquel que aguarda en la cima de la montaña, donde se erigen las ruinas del antiguo Partenón ateniense y las misteriosas cariátides.
A estos dos íconos de la civilización ateniense se llega luego de atravesar el pórtico dórico de la Puerta Beulé, una entrada derruida que en el siglo de Pericles oficiaba de entrada principal al complejo de edificios y templos en el cual hoy reposan las ruinas actuales.
A la derecha de la puerta, el Partenón exhibe su magnificencia, tal cual como lo hizo en sus orígenes cuando se alzó como símbolo de la hegemonía ateniense. Según especialistas en arte e historia, el coloso es uno de los edificios mas perfectos del mundo, ya que no sólo fue creado teniendo en cuenta algunos efectos ópticos que mejoran la percepción (sobre todo en el ensanche y en la construcción de sus columnas) sino además, por que en él trabajaron algunos de los mas grandes artistas de la historia y la cultura griega.
Otro aspecto que lo hace interesante es la dualidad de opiniones acerca de la funcionalidad que tuvo el Partenón en la vida ateniense, dado que si bien para algunos fue un templo en el cual habitaron muchos de los dioses que forman la frondosa mitología griega, para otros en cambio, nunca fue un templo de adoración, dado que allí habría residido la escultura más colosal de la época, que no era otra que un gigante de mármol, marfil y oro con las formas de la diosa Palas Atenea, protectora del pueblo ateniense.
Enfrente de él y próximo a la colina este del monte se encuentra el Templo del Erecteion exhibe a las seis cariátides, deidades con forma femenina que -según algunos investigadores de la civilización griega- lejos de haber sido semidiosas, sólo fueron unas doncellas que al origen de la cultura minoica servían a los gobernantes de entonces (dado que el Erecteion fue antiguamente un palacio micénico en el cual Atenea y Poseidón –dios de los mares- se disputaron el protectorado de la actual Atenas)
Las seis estatuas que sostienen el arquitrabe del Templo son copias exactas de las originales, dado que estas últimas, por cuestiones de deterioro y seguridad se encuentran en el interior del museo de la acrópolis, ubicado detrás del Partenón.
Quienes quieran ingresar a cualquiera de los templos que conforman el complejo de la Acrópolis (ya sea para visualizarlos o para tomar fotografías), deberán tener en cuenta la ordenanza nacional que, desde 1975, establece la prohibición de ponerse debajo de las ruinas, un poco por seguridad y otro poco por monopolio, ya que muchas de las vistas que se pueden tener desde allí fueron concesionadas a algunas de las empresas que soportan económicamente el mantenimiento del lugar.
Si tienen tiempo y son amantes de la historia, les recomiendo no abandonar el recinto sin visitar el Museo de la Acrópolis, ya que la entrada viene incluída en el ticket de ingreso que se paga en la base del monte y bien vale la pena (Aunque previamente les recomiendo que averiguen los días y horarios en que se encuentra abierto, ya que estos varían según las diferentes temporadas del año).
Si deciden hacer el recorrido completo y visitar cada uno de estos geniales sitios del complejo arqueológico, será inevitable que, a la hora de emprender el descenso a la ciudad, tengan la sensación de haber experimentado – aunque sea unos momentos- un encuentro con los dioses, aquellos mismos que alguna vez poblaron las páginas de los relatos de Homero.
Cuando se planea una visita a Atenas es casi imposible no relacionar a la ciudad con sus colosales monumentos clásicos, y sobre todo, con aquellos que reposan en la acrópolis. Pero lo cierto es que, para sorpresa de quienes llegan a ella en busca de los vestigios de un pasado prodigioso, existen otros que si bien están menos publicitados, no dejan de tener una gran importancia dada la historia y significancia que sobre ellos pesan.
EL FORO ROMANO Y LA TORRE DE LOS VIENTOS
Mientras se da un paseo por las coloridas y sonoras calles de Monastiraki, el mejor lugar para comenzar a descubrir la ciudad antigua es el Foro Romano y la Torre de los vientos, dos sitios que testimonian los tiempos de la conquista romana, la cual dejó un legado prodigioso y muy prometedor en la clásica geografía ateniense. Al foro se accede a través de la Calle Virisakiou, justo donde se encuentra ubicado un complejo de columnas que en el siglo I a.c. albergó la colosal e imponente Biblioteca de Adriano. Luego de realizar una parada en este aglomerado escultórico, lo mejor es rodear la callejuela que abraza el foro, y acceder a él desde la colina de Plaka.
A simple vista el Foro guarda un gran parecido con el original de Roma, aunque claro está, varía en dimensiones y en funcionalidad. Su construcción fue encargada por el emperador Julio Cesar y años mas tarde, fue modificado por el emperador Adriano, quien hizo de Atenas un lugar de descanso aunque también de conocimiento, ya que mientras estaba allí se inició en los grandes secretos de la perfecta cultura clásica.
Teniendo en cuenta la concepción de una y otra cultura (la romana y la griega) el foro se alzó ante los ojos de los atenienses como una verdadera novedad, ya que ellos originalmente utilizaban los espacios públicos para dedicarse a la difusión de las ideas políticas o bien para albergar a los grandes pensadores que impartían sus conocimientos entre hombres (entre los cuales sobresalió Sócrates como uno de los principales oradores).
Pero lo cierto es que el Foro romano tuvo una finalidad bastante diferente, ya que para los romanos, implicó el espacio en el cual no sólo se impartía justicia, sino que además, se hacía de público conocimiento el contenido de las leyes y disposiciones que se dictaban en Roma, y que debían ser acatadas en todas aquellas prolongaciones del imperio, tal era el caso de Atenas.
Hoy en día sólo quedan en pie una letrina pública, varias tiendas y un propileo escalonado, además de ciento de pedazos de piedras rotas, restos de columnas y trozos de edificaciones que en otras épocas engalanaban la verde zona que ocupaba el foro.
Siguiendo el círculo que forma la plaza del foro se llega a la Torre de los vientos, la que es, sin lugar a dudas, el lugar mejor conservado de aquel complejo y también el que más influencia tuvo de la cultura clásica ateniense, ya que si bien fue ordenada por los romanos, se diseñó y construyó por ideólogos nativos. Su creación data el siglo I a.c. y fue erigida para servir como brújula, reloj de sol, veleta de los vientos y clepsidra . En su forma es octogonal (para identificarla con los 8 vientos que soplan en los cuatro puntos cardinales) y llama la atención la excesiva cantidad de altorrelieves que presenta en cada una de sus caras, entre las cuales se pueden observar desde deidades mitológicas hasta escenas de la vida cotidiana de entonces.
Particularmente les aconsejo visitar estos dos espacios por la mañana bien temprano, dado que si hay un buen día se pueden tomar fotografías de modo tranquilo, puesto que cerca del mediodía el lugar suele atestarse de turistas que pasan por él, ya que es de paso casi obligatorio cuando recorren el Barrio de Plaka o las callejuelas de Monastiraki. Si desean descender al Foro e ingresar al espacio mismo del complejo (algo que no recomiendo ya que es mucho mas interesante la vista panorámica que se tiene desde fuera) pueden ingresar por la Calle Eolou, en el horario de 9 a 15 horas.
EL ÁGORA: UN ESPACIO DE PENSADORES, POLÍTICOS Y ARTISTAS
Una vez recorrido el Foro y la Torre de los Vientos, lo que sigue en el camino es una visita al Antiguo Ágora, ubicado frente a las bellas casas de Plaka y a un costado de una de las tantas entradas de acceso a la Acrópolis.
El Ágora es poco monumental y mucho mas austero que la acrópolis o el foro pero cuenta con la capacidad de ser el sitio que atesora entre sus piedras y columnas los fantasmas de algunos de los personajes mas importantes de la historia del pensamiento. En ella Sócrates exclamó su famoso “Sólo se que no se nada” y genios como Heródoto , Homero o Aristófanes contaron sus historias transmitidas de boca en boca haciendo uso y verbigracia de sus cualidades de rapsodas.
Algunos años mas tarde, con la llegada de la democracia y la participación incipiente de los ciudadanos, allí se llevaron a cabo las primeras apariciones políticas de la historia y también se dieron los primeros debates sobre cuestiones públicas, tendientes a discutir y acordar los lineamientos de convivencia en la que fue la primera y mas perfecta forma de socialización del mundo occidental.
Si bien en la actualidad la fisonomía del lugar ha cambiado notablemente desde aquellos dorados años de Pericles (hoy es un parque al cual los atenienses acceden buscando un descanso y sosiego en medio del extenuante ruido citadino) aún quedan algunos monumentos y espacios que permiten revivir el espíritu y la estética que alguna vez tuvo el lugar. Hoy, los dos que más sobresalen entre las pilas de mármoles derroídos y contrastando con el verde de la vegetación que los circundan son el Templo de Hefestos (de estilo clásico y a simple vista muy similar al Partenón) y el Templo de San Jorge (especie de iglesia bizantina excelentemente conservada y verdadero ícono de la influencia oriental en la zona).
El antiguo Ágora puede ser visto desde cualquier colina cercana a Monastiraki (aunque les recomiendo bordear la callejuela de la Fundación Melina Merkouri y desde allí observarla, ya que es el punto desde el cual mejor se divisa) o bien ingresando a sus jardines por la Calle Adhrianou, que nace a un costado del Areópago. Un consejo que les doy es que se guarden este paseo para hacer en la mañana bien temprano o bien cuando comienza a caer el sol, ya que al ser un lugar extremadamente abierto y preciosamente bien cuidado les brindará la posibilidad de tomar fotografías soñadas, además convertirse en un recuerdo inolvidable.
Con las nuevas tecnologías y el avance de las comunicaciones, el mundo dejó de estar tan lejos y hoy lo podemos tener en nuestra computadora con tan solo hacer un click. Es por eso que desde Bitácora de Viajes hemos decidido incorporar una nueva sección en la cual tendrás la posibilidad de tener, desde la ventana de tu ordenador, algunos de los sitios más bellos e interesantes de este planeta durante un minuto.
Para algunas cosas un minuto puede resultar poco. Para otras mucho. Pero sabemos que cuando o se está en otras latitiudes y abierto a las misteriosas sensaciones que producen los viajes los minutos corren de otra forma, y aquello que se nos presenta como imágenes instantáneas, al regreso a casa puede transformarse en el mas bello y anhelado de los recuerdos.
Un minuto en… se inicia con Un minuto en la Acrópolis. Ajústense los cinturones y disfruten de la sensación de tener el mundo en casa.
Una de las escenas más comunes cuando se está en cualquiera de los destinos tradicionales de Guatemala, es la ansiedad y el fervor de los viajeros del mundo por averiguar cuál es la forma más conveniente para llegar a la Antigua, ciudad signada por la conquista, el color y un sinfín de posibilidades que la han elevado a la categoría de “sitio más bello del país”.
Rodeada de volcanes y a escasos 50 kilómetros de distancia de la capital, la Antigua se erige como uno de los sitios más fascinantes que tiene la tierra del quetzal para ofrecer. Sus orígenes se remontan al año 1542, fecha en que fue fundada por los españoles como La Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Santiago de los Caballeros de Goathemala y en poco tiempo comenzó a perfilarse como una ciudad de una gran belleza, casi tal cual como se la puede ver en la actualidad.
Durante años, esta urbe funcionó como la capital del país, pero luego de sufrir 16 devastadores terremotos, las autoridades oficiales decidieron trasladarla al actual territorio de Guate City, dejando a la Antigua como un sitio histórico para ser admirado por todos los ciudadanos del mundo (incluso años más tarde, la UNESCO decidió nombrarla como Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad)
UN FESTIVAL CROMÁTICO EN EL QUE CONVIVEN EMPEDRADOS, CASAS COLONIALES, SANTOS Y VOLCANES
El ojo del viajero tarda un tiempo en comenzar a distinguir los elementos que se encuentran todos apiñados en el barroquismo visual de la ciudad. Con una arquitectura recargada y con cientos de santos exhibidos en columnas, negocios y ferias artesanales, el impacto que produce esta bellísima ciudad invita a que se le dediquen al menos cinco días para poder descubrirla en casi todo su esplendor.
Como siempre recomendamos a la hora de visitar cualquier ciudad de Centroamérica, en este caso también el sitio elegido para comenzar una recorrida es la Plaza principal (conocida como el Jardín del Centenario), la cual es muy fácil distinguir ya que se ubica junto a la magnífica catedral, obra barroca del siglo XVII y que constituye una de las piezas arquitectónicas más importantes de la Antigua.
Una vez visto el monumental edificio religioso (el cual les aconsejo que lo vean también de noche, para disfrutar de su fastuosa iluminación) los puntos importantes para conocer son La Iglesia de San Francisco (joya barroca, segunda en importancia después de la catedral) y el Arco de Santa Catalina Mártir, un verdadero icono antigüeño que ofrece la mejor vista que se pueda tener de la ciudad, ya que detrás de él y sobre el final de una calle empedrada puede verse como se erige el gigantesco Volcán de Agua secundando la ciudad como un tótem.
Al llegar al arco lo mejor es tomarse un tiempo para disfrutar de los locales, ferias, mercados, restaurantes y bares que se encuentran allí, ya que alrededor de él se concentra la vida cultural y turística de la ciudad. Por las noches, los turistas eligen ese sitio como el punto de encuentro para comenzar una recorrida nocturna y terminar luego en algunos de los bares, pubs o discos que alegran la zona durante las madrugadas.
Entre algunas de las manifestaciones culturales que pueden verse a cualquier hora del día sobre sus clásicas calles empedradas, figuran no sólo la venta de artesanías (hechas manualmente por grupos indígenas, los cuales conforman casi el 80% de la población nativa de la ciudad) o de elementos religiosos cargados de sincretismo, sino que además, a diario decenas de artistas eligen sus veredas para darle ritmo y color cuando cae la noche (saxofonista, guitarristas, cantantes o indígenas que llevan a cabo números musicales)
Si bien cualquier momento del año es propicio para conocer esta inquietante y maravillosa ciudad, no caben dudas de que la época más llamativa sea la semana santa, ya que en ese momento puede verse las procesiones de nazarenos vestidos de violeta (encapuchados de la misma forma en que se lleva a cabo el rito en ciudades españolas como Valencia o Sevilla) y portan la virgen sobre sus hombros, paseándola por casi todo el casco histórico de la ciudad.
Además, en esas mismas fechas, los lugareños toman las calles y disfrutan de las coloridas alfombras hechas de polvos, un verdadero espectáculo nunca visto en otras latitudes. También quienes decidan visitar la ciudad en esa fiesta religiosa, tendrán la oportunidad de comer el fiambre, una sabrosa preparación autóctona (preparada sobre la base de embutidos, verduras, pollo, carne, papas y decorado con hojas de lechuga rociadas con un condimento especial denominado chile chamborote) a la cual le atribuyen la cualidad de ser un símbolo que representa la fusión entre la cultura prehispánica y la española.
Como puede verse, la Antigua Guatemala es una ciudad pequeña pero que atesora miles de sitios y secretos, así como una gran diversidad de planes para descubrirla según las preferencias del viajero. Quienes lleguen al territorio de Guatemala no deben dejar de pasar unos días allí, ya que no sólo es una de las poblaciones coloniales que mejor conserva su acervo cultural, sino que además, es quizás la que mejor ha logrado el delicado equilibrio entre arte, cultura y entretenimiento, tres constantes que la definen y que la han posicionado ante los ojos del mundo como uno de los lugares más bellos del planeta.
Quienes nos siguen desde los inicios, saben que este blog siempre se caracterizo por no incluir dentro de sus contenidos ningun tipo de informacion destinada a promocionar hoteles, paquetes o servicios turisticos, dado que la idea siempre fue compartir las experiencias de viaje desde un lado mas humano antes que comercial. Pero esta vez, dado que venimos publicando articulos relacionados con la Antigua Guatemala, creemos necesario hacer una excepcion en nuestra regla para poder hablarles de la Casa Santo Domingo, un llamativo hotel-museo que se encuentra en pleno centro de la ciudad y que realmente vale la pena conocer, ya que es un verdadero icono dentro de la cultura antigüena y que atesora en sus interiores, buena parte de la cultura del pais.
El edificio en el que actualmente se encuentra este hotel, en sus origenes pertenecio a la Orden de los Seguidores de Santo Domingo Guzman, una de las congregaciones religiosas mas importantes de America Central. Con los anos, la construccion se fue deteriorando (debido a la falta de mantenimiento y a los terremotos que abundan en la zona) ,pero en 1989, finalmente fue adquirido por capitales privados y se lo restauro casi en su totalidad, hasta dejarlo tal cual como se lo puede ver hoy en dia.
Cuando se decide hacer una visita a este interesante convento hoy devenido en hotel de lujo, ya desde su entrada, el viajero tiene la sensacion de que a medida que avance en los diferentes ambientes, tendra la posibilidad de encontrarse con lo mejor de la cultura guatemalteca, ya que tanto en los jardines, pasillos, salas de estar y restaurantes que forman el interior del edificio, se encuentran recargados de cientos de objetos de arte que datan de tiempos tan lejanos como el siglo XVII, XVIII y XIX.
ARTE Y ARQUEOLOGIA PUESTAS AL SERVICIO DEL TURISMO
Luego de atravesar un amplio corredor de lajas negras celosamente enceradas y decenas de fuentes coloniales que dan vida a la entrada, se llega a la recepcion del hotel, que esta ubicada ni mas ni menos que en un antiguo retablo catolico, el que seguramente en epocas de la evangelizacion de America habra servido de altar en alguna iglesia de la region. Una vez que se pasa por alli, lo primero que sobreviene a la vista es un amplio jardin muy bien cuidado y recargado de columnas griegas en estado ruinoso, las cuales denotan un pasado de apogeo cultural posterior a la epoca de la conquista.
A un costado del inmenso jardin en el cual ademas, abundan especies autoctonas de aves (tales como loros, guacamayos o tucanes), se encuentra una interesante capilla de estilo clasico en la que es muy comun que se celebren oficios matrimoniales, ya que es una de las elegidas por las parejas de clase alta para llevar a cabo sus bodas. En ella, sobre uno de los gigantescos paredones en ruinas llama mucho la atencion un rosario en tamano hiperrealista que engalana uno de los costados del altar y que se constituye como el sitio elegido por los turistas para tomarse una fotografia.
A la izquierda de la capilla e inmerso en un amplio espacio que antano sirvio como claustro mayor de los sacerdotes que habitaron alli, se encuentra el museo de arte y arqueologia, el cual cuenta con una importante coleccion de objetos coloniales que fueron donados por algunos pobladores de la Antigua, quienes se encontraron con ellos en el mismo momento en que comenzaron la construccion de sus viviendas en algunas de las zonas aledanas a la Antigua.
Pero ademas de los objetos de arte tales como estatuas barrocas (entre las que abundan los querubines, los cristos, las virgenes y algunos otros santos catolicos), objetos religiosos y pinturas (estas tambien dedicadas a representar algunos de los misterios y dogmas de la iglesia mas representativos) se encuentran cerca de 50 piezas arqueologicas de diferentes periodos de la cultura maya.
Asi es como perfectamente identificadas y luego de haber sido sometidas a un riguroso trabajo de restauracion y conservacion, pueden apreciarse objetos hechos en ceramica y piedra, tales como figurillas femeninas, vasos, vasijas, urnas funerarias, platos, cuencos, incensarios y hachas, casi en su mayoria, utilizados para llevar a cabo rituales y sacrificios en las ceremonias mayas durante el periodo clasico (el cual se extendio desde el 200 al 900 dc.)
Quienes se animen a una visita a este interesante hotel (o por que no, a pasar alguna noche en algunas de sus habitaciones, especialmente decoradas en estilo colonial) podran encontrarse con un sitio realmente curioso, de gran nivel y recargado de objetos de arte, pero vistos estos de una forma diferente a la que generalmente se los muestra en los museos, ya que aqui conviven con los huespedes de una forma menos sacra, logrando interactuar con la decoracion tradicional que ofrece el espacio.
Tambien todos aquellos que quieran aprovechar la visita para realizar compras o ver algun espectaculo, en algunos de los ambientes del hotel, podran encontrarse con una de las mas grandes fabricas de jade de la Antigua, un amplio restaurante, casas de ropa, tiendas de recuerdos, salas de exposiciones y hasta un escenario en el cual a menudo se llevan a cabo conciertos y recitales con lo mejor de la musica tradicional.
Desde 1995, este interesante lugar fue declarado por Conde Nast Travelercomo el mejor hotel de Centroamerica y Mexico, pasando a integrar la lista dorada de alojamientos en el mundo de esa prestigiosa revista dedicada el universo de los viajes y el turismo.
Si eres de esos viajeros que prefieren las “rutas con historia” y estas pensando en hacer una recorida por la península ibérica en los próximos meses, no descartes la posibilidad de conocer la fascinante Ruta Bética, cargada de arte, historia y pueblos que evocan al imperio más grande de todos los tiempos. Desde el siglo III a.C hasta el siglo V de la era cristiana, esta ruta fue uno de los territorios anexados al Imperio Romano. Bajo su dominio, este espacio fue reconocido por su producción minera, oleícola, cerealera y por el altísimo nivel de intercambio cultural entre sus habitantes y los romanos. La subida al poder de Trajano y Adriano (ambos de origen itálico) a fines del siglo II a.C es sólo una muestra del grado de romanización alcanzado por esta provincia.
Hoy, la Ruta pasa por trece ciudades de las provincias de Sevilla, Cádiz y Córdoba. En su camino, atraviesa la provincia más meridional de la Hispania Romana y abarca las tierras por las que pasaba la mítica Vía Augusta. En este trayecto, se pueden encontrar paisajes de gran valor natural como lo son el Parque Natural de la Subbética Cordobesa, la Campiña, el Parque Natural de la Bahía de Cádiz y el Valle del Guadalquivir.
La oferta turística que estos municipios brindan al viajero es variada y diversa. Si te decides a recorrer esta fascinante ruta, podrás visitar la Puerta de Sevilla en Carmona, la ciudad de Itálica, la catedral de Cádiz o las murallas de Marchena, entre tantos otros sitios que engalanan el camino y lo hacen único.
Nadie se atrevería a discutir que uno de los grandes efectos que dejó la conquista española, fue sin lugar a dudas, la implementación del cristianismo en una región del planeta en la cual los pobladores originarios ya tenían sus mitos y creencias, bien diferenciados de los que luego les impusieron por la fuerza. Así es como el choque cultural entre los misioneros católicos y los indígenas americanos, dieron como consecuencia, una de las mayores muestras de sincretismo que se haya visto jamás en la historia de la humanidad.
Lo cierto es que si bien las muestras de sincretismo religioso pueden verse en diferentes ciudades de América Latina, muchos aseguran que es en Cholula (un pequeño pueblo situado a 6 kilómetros de Puebla) donde reposan las dos mas grandes joyas construidas durante el barroco hispanoamericano, de las cuales una de ellas (la Tonanzintla) está considerada por numerosos críticos de arte como la octava maravilla del mundo.
SANTA MARÍA TONANTZINTLA: UNA IGLESIA DISEÑADA CON PLANO ESPAÑOL Y CONSTRUÍDA CON CORAZÓN INDÍGENA
La fachada exterior de la iglesia es una pequeña muestra de lo que verá el viajero una vez que atraviese los grandes portones de algarrobo labrado. De aspecto sencillo y totalmente revestida con pequeños azulejos (en colores primarios) ofrece la sensación de estar asistiendo a un lugar sencillo pero que no por eso deba ser considerado menos importante.
Una vez dentro, la primer imagen que sobreviene a la vista del espectador, es la de una horda de ángeles semidesnudos (con grandes ojos, cabellos rubios y ensortijados) que ocupan cada uno de los rincones – incluso hasta aquellos imperceptibles a simple vista – y penden en actitud descendiente como si estuvieran bajando de las alturas para compartir con los mortales el espacio terrenal.
Cada uno de estas figurillas fueron laboriosamente creadas con una mezcla de barro, paja y una sustancia viscosa extraída de la hoja del maguey, y luego horneadas y coloreadas especialmente para ser una pieza más dentro del engranaje visual que ofrece el interior de la iglesia.
Debajo de la recargada cúpula que custodia el altar mayor, los indígenas han querido esconder allí, uno de los secretos mejor guardados y que aún hoy, pocos han descubierto. Quien se pare debajo de la cúpula (de espaldas al altar, de frente a la entrada) y levante la vista intentando hacer foco justo en el centro de ella, verá que entre los pequeños querubines y angelitos de barro, emerge regordeta la cara del niño Jesús. Si sobre el mismo eje de los pies (y sin levantar la vista) gira en 180 grados, verá que además de la cara, en pocos minutos aparecen los brazos y los glúteos del niño, dando la sensación de que se acomoda en el aire para ser recibido por quien lo está observando.
Este juego visual – que a los ojos de la mayoría parece una exageración – en realidad no es una deliberada muestra de creatividad de los indios, sino que muy por el contrario, fue algo impuesto por los conquistadores que la diseñaron y está relacionado con un típico concepto barroco que es el del temor al vacío (horror vacui) por lo cual tendieron a recargar cada uno de los rincones de las fachadas, columnas y pórticos, asegurándose de esa forma que ninguna forma maligna se instalara allí.
Una excelente forma para experimentar lo que esta maravilla religiosa representa para los cholulenses, es visitarla un sábado por la tarde, ya que ése es el día en que los catequistas dictan sus clases a los niños que se preparan para su primera comunión, y junto a ellos, al finalizar la teoría, dedican entre todos un rosario (totalmente cantado) en honor a su patrona protectora, la Virgen de Tonanzintla.
SAN FRANCISCO ACATEPEC: LA IGLESIA QUE RESURGIÓ DE LAS CENIZAS
De las dos iglesias, ésta es la que los estudiosos consideran como la más hispana de las dos, ya que tanto en su fachada externa como en su interior, responde más al estilo clásico hispano que al de las sobrecargadas molduras y figuras indígenas.
Su construcción duró menos que la de la Tonanzintla, pero a principios de los años 30, el olvido de una vela prendida hizo que se quemara casi en su totalidad, debiendo comenzar una ardua tarea de reconstrucción, trabajo que duró largos años, hasta que la dejaron en el mismo estado en el que se encuentra en la actualidad.
Sobre la entrada principal (bordeada por un sendero de césped muy bien cuidado) -y a diferencia de otras iglesias – reposan los panteones de algunos de los sacerdotes que pasaron por ella oficiando sus ministerios. En su interior, la luz se hace mucho más profusa que en la Santa María Tonanzintla (iluminada en su totalidad por luz artificial) y si bien hay figurines de ángeles y santos custodiando los rincones, el hecho de que la mayoría estén coloreados en la escala de los blancos, amarillos y dorados, producen una sensación de paz y tranquilidad muy distinta a los de la otra.
Uno de los aspectos más interesantes de esta iglesia, son los grandes azulejos y baldosones de estilo poblano que tapian casi todo el exterior, y que asemejan en su mayoría, los diseños sevillanos que decoran los alcázares de la metrópoli española. Además, si se tiene la oportunidad, ver si se puede subir al campanario ubicado a un costado, ya que desde allí se tiene una de las mejores panorámicas del empedrado barrio de San Francisco.
Visitar estas dos iglesias es una experiencia que nadie que llegue a México puede dejar de ver, ya ambas constituyen el mejor ejemplo de lo que fue el sincretismo hispano y de cómo los indios, a su manera, aprendieron a adorar nuevos dioses que hasta el momento, nada tenían que ver con sus creencias y que desde entonces, les modificó la forma de comprender la vida.
A escasos 50 km de la Ciudad de México, se encuentra el sitio arqueológico de Teotihuacan, uno de los lugares más fascinantes del país y que fue antes de la conquista, el centro más importante de la historia precolombina.
Los investigadores de la cultura azteca aseguran que Teotihuacan en lengua náhuatl, es una combinación de palabras que significa “Lugar donde los hombres se hacen dioses” y explican a quienes llegan al sitio sagrado, que el vocablo surgió (según registros legendarios) luego de que antiguos pobladores de la región decidieran inmolarse en el fuego, para conseguir que el sol volviera a reinar en la tierra, ya que según parece, por entonces, el astro rey había desaparecido y ante el peligro de que con ello se acabara la vida en la región, ese grupo de “elegidos” ofrecieron sus vidas al ser supremo, convirtiéndose en dioses y pasando a ser aceptados como tales para los pobladores teotihuacanos. De esa forma, durante años, el sitio de Teotihuacan significó el más importante centro ceremonial de la cultura teotihuacana y además, fue el sitio de residencia de la clase aristocrática (aquella que administraba el comercio entendido como intercambio de mercancías) ya que eran quienes más emparentados estaba con las castas sacerdotales.
LA CIUDADELA Y EL TEMPLO DE QUETZALCOÁTL
Apenas se ingresa en el sitio arqueológico de Teotihuacan, el primer espacio al que se accede es a la Antigua Ciudadela (lugar donde residían las familias comunes) y en su perímetro, reposa el fastuoso Templo al Dios Queztalcoatl (deidad representada por una serpiente emplumada, la misma que forma parte de la bandera de México) máxime divinidad de la mitología azteca y supuesta razón creadora del universo. Construido bajo la típica forma piramidal teotihuacana, en cada uno de los escalones que llevan hacia la cima en la cual se llevaban a cabo los sacrificios, puede verse un minucioso trabajo de escultura sobre piedra, en el que han logrado dibujar varias serpientes emplumadas y otras tantas cabezas de jaguares, animal considerado uno de los pilares de la mitología azteca. Asimismo, a cada costado de las escalinatas, ubicaron unos mascarones que representan a Tlaloc, el dios del agua, también muy venerado por su correlato con la figura de Queztalcoátl (según la leyenda, éste último fue enviado a la tierra para “limpiar” el camino y propiciar la venida de Tlaloc).
LA CALZADA DE LOS MUERTOS Y LA MAGNÍFICA PIRÁMIDE DEL SOL
Mientras se desciende lentamente del Templo de Quetzalcoátl (de una forma muy particular, con la espalda pegada a la piedra, intentando mantener el equilibrio) la emoción y la ansiedad invaden al viajero, ya que desde la escalinata se recortan en el paisaje, las siluetas de la Pirámide del Sol y la Pirámide de la Luna, dos de las construcciones más importantes y emblemáticas del sitio de Teotihuacan.
Ya una vez debajo de la mole de piedra, lo más aconsejable es caminar a paso lento por la calzada de los muertos (avenida de casi 4 kilómetros de longitud), y desde allí, intentar hacer el esfuerzo por recrear el bullicio de los habitantes que en las épocas del imperio la transitaban con los cuerpos de los difuntos o que asistían a las ceremonias religiosas en las que seguramente no faltaba algún sacrificio humano que (la mayoría de las veces) tenía como protagonistas a preciosas muchachas que subían hasta la punta de la pirámide mayor y se les arrancaba el corazón con la punta de un utensilio de obsidiana, creado para tal fin.
Antes de llegar al centro de la calzada, se debe atravesar un pequeño río (arteria fundamental sin el cual no hubiera sido posible la supervivencia de la sociedad teotihuacana) y un pequeño museo en el cual se exhiben utensilios, indumentarias y demás elementos de la vida cotidiana de los pobladores.
La Gran Pirámide del Sol está ubicada a menos de 1 kilómetro del río, y en altura supone el equivalente a un edificio de 20 pisos. Su construcción data del siglo II d.C y los elementos que se usaron para su armado fueron ladrillos, adobe, tierra y estudiosos aseguran que posteriormente, pudo haber estado recubierta de grava, piedra y estuco. Subirla hasta su base lleva unos 30 minutos aproximadamente y supone no solo un gran esfuerzo físico sino la necesidad de contar un excelente estado atlético.
Una vez realizado el descenso (y luego de recuperar el ritmo cardíaco y la presión arterial) lo mejor es retomar la Calzada de los Muertos y dirigirse al Palacio de Tepanitla o –si no se quiere caminar demasiado – pasar por el Mural del Jaguar, uno de los frescos mejor conservados que pueden verse en el sitio, y que representa a un jaguar con un fondo de motivos acuáticos.
PIRÁMIDE DE LA LUNA: EL ESPACIO DONDE REINABA LA MUERTE
Mientras redactaba los primeros párrafos de este artículo, en la edición de octubre de la revista National Geographic, aparecío en tapa un interesante dossier titulado “Teotihuacan Secreto: La Pirámide de la Muerte”, y de más está decir que luego de leerlo, decidí incorporar cierta información que exponían en el artículo.
Según la revista, las últimas excavaciones efectuadas en la Pirámide (a cargo de un equipo en el que trabajaron en conjunto antropólogos del Instituto de Historia de México y de una universidad japonesa) permitieron identificar en su interior unos 5 emplazamientos funerarios y dentro de ellos, cerca de 14 esqueletos (de los cuales la mayoría se encontraban decapitados) y que aparentemente fueron asesinados brutalmente en libaciones ceremoniales u otros rituales. Además, como si el horror fuera poco, al lado de los restos humanos pudieron reconocer huesos de animales mamíferos (lobos, pumas), aves de rapiña y reptiles venenosos, que aparentemente se los colocaba alli para que oficiaran de compañía para el muerto.
Como es seguro que estos nuevos descubrimientos no van a estar abiertos al público (y aunque lo hicieran nadie querría atravesar los 43 metros por un pequeño túnel en el cual no corre una gota de oxígeno), desde nuestra experiencia les recomendamos que se conformen con contemplar su ampulosa escalinata y fachada principal, y que no dejen de asistir a la Plaza de la Luna (ubicada frente a la entrada de la pirámide) y al Recinto Palacial de Quetzalpapálotl, en el cual pueden verse importantes esculturas y pinturas de gran belleza.
Bitácora de Viajes es un espacio dedicado a compartir experiencias de viaje con una visión basada en el aspecto humano y anecdótico de los mismos. Su autor, Nicolás Pasiecznik, es Periodista y aquí recopila las experiencias vividas en más de 40 ciudades de los cinco continentes.
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