Museo Nacional de Bucarest, la austeridad y magnificencia de un grande

La actividad museística en la capital rumana no es una de las bondades que más sobresale cuando el viajero se decide a conocer la ciudad. Con una oferta bien escasa e inclusive – en algunos casos- poco atrayente para dedicarle un tiempo de visita, el Museul Nacional de Historia se alza como una de las opciones más interesantes para aquellos amantes del pasado y del arte que quieran inmiscuirse e indagar en el interesante y misterioso legado de la cultura rumana.

Siguiendo los más estrictos cánones del clasicismo francés, el Museo Nacional de Historia se encuentra ubicado en la Calea Victoriei Nº 12 y ocupa uno de los edificios más bellos que puedan verse en el casco cívico de la capital.

Apenas se atraviesa la puerta de entrada – la cual se alza soberbia y ornamentada- sobreviene la sensación de que algo no encuadra, ya que la taquilla principal es de una austeridad tal que sorprende y desentona con la estructura principal, aunque claro está, no es conveniente llevarse por apariencias por que, si bien el museo en su interior no es lujoso (incluso algunas salas se encuentran en plena refacción) atesora una colección de piezas más que importantes en la historia de la humanidad.

UNA SALA REPLETA DE FRAGMENTOS

El Museo no tiene un gran número de salas, más bien se puede decir que para exhibir los elementos que lo componen, sus organizadores han optado por la clásica división espacial por plantas, siendo la baja por la cual se empieza la visita y luego se pueden visitar las otras dos por separado (la del subsuelo y el primer piso), dado que cada una de ellas mantiene una unidad temática bien diferenciada del resto.

Así es como engalanando el espacio que bordea a la entrada se encuentran restos de Frisos de Samotracia y un medallón de Micia del siglo II d.c. encontrados cerca de Transilvania y que pertenecieron a los pobladores de origen romano cuando Bucarest aún no existía como tal y formaba parte del increíble y extenso Imperio romano.

Siguiendo el recorrido, y ubicados al lado de estos frisos, se encuentran muy bien acomodada y prolijamente referenciada una colección de Capiteles bizantinos extraídos tanto de palacios góticos del S. XV como de diferentes construcciones rumanas, las cuales los incorporaron como objeto de arte durante muchos años, hasta que finalmente fueron entregados a la colección del museo para su exhibición como patrimonio histórico.

En el lado opuesto de la sala -y en un rincón menos iluminado- se encuentra un sector al que se podría denominar abiertamente como “sala mortuoria” ya que en un pequeño espacio exhibe un fragmento de tumba (que data del 1556 y que perteneció a la Princesa Despina, esposa de Basarabs, rey de Valachia) y dos sarcófagos que representan en sí mismos la mentalidad del hombre medieval y la cosmovisión que por entonces tenían de la muerte. Uno de ellos, perteneciente a Sofía Potocky (fechado en 1583) tiene en su tapa la figura esculpida del cuerpo entero de la difunta y sorprende el excelente estado en el que se mantiene, aunque, el rostro de la mujer es la única parte que parece haber claudicado frente al paso del tiempo, seguramente como consecuencia de la erosión o los errores cometidos desde su lugar de origen al museo.

La otra pieza mortuoria es un sarcófago que habría pertenecido a Balasa Cantacuzino, y a diferencia de la figura humana que representaba el anterior, en éste pueden apreciarse los vestigios del medioevo, ya que sobre la amplia y pesada tapa de piedra, reposa soberbia un águila de dos cabezas y una inscripción en lengua antigua, a la vez que todo el diseño se ve coronado por la flor de lis, símbolo de la hegemonía política y claro signo del poder imperial dominante por entonces.

Antes de abandonar la sala para dirigirse al subsuelo, es recomendable detenerse ante dos Inscripciones, dadas su importancia, tamaño e interesante iconografía: la de la Iglesia Maxineni del S. XVII y la de la Torre Coltei, fechada en 1714. La primera de ellas tiene un cisne con la corona sobre su cabeza y dos ángeles en claro signo de protección celestial. En cada una de las esquinas, 3 leones alados y un ángel en la margen superior del recuadro enmarcan la escena dejando al descubierto el poder que Roma ejerció sobre el territorio rumano.

La otra inscripción si bien es de menor tamaño e importancia aunque se destaca tanto como la otra debido al excelente estado de conservación y el destacable trabajo de restauración que los arqueólogos hicieron sobre ella.

LA HISTORIA DE ROMA RESUMIDA EN TRES PLANTAS

En el subsuelo del museo reposa una de las mejores copias que se haya hecho de la Columna de Trajano, aquella que se encuentra en pleno centro histórico de Roma y que cuenta a lo largo de toda su circunferencia, las conquistas obtenidas por el imperio romano.

Si bien esta copia –casi perfecta, según los estudiosos de la historia del arte- muestra gran parte de la historia del imperio tal como la original, difiere de aquella dado que en la actualidad no esta completa ya que debido a los traslados y al paso del tiempo perdió gran parte de su longitud hasta quedar tal cual como se la ve en la sala del subsuelo.

A lo largo del perímetro y casi como envolviendo la estructura cilíndrica, los altorrelieves perfectamente esculpidos exhiben escenas de la vida romana (tales como los encuentros de gobernantes y ciudadanos en el Foro, los marines de la flota imperial en plena acción, escenas de luchas durante el período de colonización y, hasta incluso, algunas de tipo propagandístico en las cuales se ve a Trajano dirigiéndose a la masa popular en algunos de sus discursos públicos.

Para aquellos amantes de la historia recomendamos comenzar por el subsuelo y luego ir subiendo cada una de las plantas, así pueden obtener una vista acabada y correlativa de la colosal columna que se alza como el centro más importante del edificio.

Una vez recorridas estas dos salas, aún queda una mas por conocer: la de orfebrería y joyas imperiales. Ubicada en el segundo piso del edificio y rodeada de unas paredes extrañamente coloreadas de violeta púrpura, se puede ver una de las colecciones de joyas, piezas de orfebrería y de elementos reales más completas de Rumania. En este espacio, los objetos que se destacan son una biblia impresa en tiempos de Gutemberg
(y con su encuadernación totalmente pintada en oro) y la serie de coronas y collares que usaron las mujeres que durante décadas formaron parte de la monarquía, ya sea como reinas o bien como nobles aristócratas ligadas al poder.

Como corolario final, el museo es interesante y con algunos objetos que bien valen la pena detenerse un par de horas para descubrirlas. Eso sí, quienes quieran largarse a la aventura del descubrimiento –y a diferencia en museos de otras ciudades del mundo- deberán sortear algunas cuestiones que, como bien me explicó un empleado “ya forman parte del folklore rumano”, y que tienen que ver con una infraestructura descuidada , escasísima iluminación en la mayoría de las salas, deficiente información acerca de las piezas exhibidas, ausencia de guías en diferentes idiomas, la no presencia de una cafetería o sitio de descanso para los visitantes y también, la falta de personal para atender la tienda de recuerdos y de merchandising del museo, ya que en varias ocasiones se debe esperar varios minutos hasta que aparece algún empleado que se digna a atender.

El valor de la entrada es de 7 leis (unos 7 pesos argentinos) y no se pueden tomar fotografías en el interior del museo, ni siquiera pagando un suplemento por la máquina y el derecho de fotografía. Aconsejamos chequear con algún ente de turismo los horarios y los días de apertura, dado que dependiendo la época del año en que se lo visite varía el horario de apertura y cierre.

12:08, al este de Bucarest

El avión de Olympic Airlines tocó suelo rumano en medio de un aguacero que auguraba un temporal para el resto de los días. La humedad y el frío seco (uno de los más secos que había sentido jamás) se hacían sentir en cada paso que daba a medida que nos alejábamos, con los otros pasajeros, de la protectora manga del avión.

Luego de atravesar la imperiosa lluvia invernal recogí la valija y me dirigí hacia el sector de policía aeroportuaria, en el cual me esperaba una señora cincuentona con peinado muy a la moda de hacía dos décadas atrás y que se sorprendió notablemente cuando luego de preguntarme cuál era el motivo de mi estadía en Bucarest le exclamé: – Por turismo ( y ella anonadada intentó reafirmar mi respuesta diciéndome en inglés: -¿Por Turismo?)

El rumano es un idioma difícil. Mienten quienes dicen que hablando italiano se entiende rumano. Yo pasé cuatro años en las aulas de la Dante y en ningún momento y bajo ninguna circunstancia pude descifrar una sola palabra de las que se exhibían en carteles, formularios o publicidades. Incluso mentí cuando asentí con la cabeza quien sabe que frase dicha por la señora policía que se me presentaba como el calco de una de las actrices de Bucarest 12:08, película que ví varias veces antes de iniciar mi viaje al este europeo.

Teniendo en cuenta el mal tiempo y las pocas ganas de perderme en una ciudad que se presentaba como oscura y poco amigable para el turismo (para el cual definitivamente sus nativos aún hoy no están preparados) decidí subirme a un taxi que me llevara hasta el hotel que precavidamente había reservado unos días antes en una agencia turística de Atenas, la cual estaba regenteada por un agente griego casado con una rumana hacía mas de 15 años y que me prometió que el hotel en el cual me había hecho la reserva se encontraba en el “corazón de la movida de Bucarest”.

El chofer que me aguardaba adentro del vehículo no entendió ni media palabra de lo que le dije, y luego de tomar en sus manos la reserva en la cual figuraba la dirección del hotel, encendió el limpiaparabrisas y, como intentando cortar la lluvia torrencial, aumentó la velocidad a la vez que las luces del aeropuerto comenzaron a quedar cada vez más atrás. Pero extraña fue mi sorpresa cuando apenas recorridos escasos metros del aeropuerto, el hombre de rostro poco amigable que manejaba el taxi se paró frente a un edificio muy iluminado, con reminiscencias de motel americano (muy parecido a esos que salen en las road-movies en las que mujeres venturosas escapan de sus maridos buscando una ansiada libertad) y allí, bajo el aguacero frenético que no cesaba, me entregó la valija y se fugó velozmente sin poder siquiera preguntarle en qué bendito lugar de la capital me había dejado.

Sólo permanecí allí unos instantes, ya que desde dentro del moderno pero sobrio edificio salió un botones y me cubrió con un paraguas a la vez que otro empleado tomó mi maleta raudamente para quitarla de la copiosa lluvia que caía cada vez con más fuerza. Una vez adentro del hotel, y en virtud de tal recibimiento, me di cuenta de que algo no estaba bien en aquella escena en la cual había quedado como protagonista y que no entendía de que se trataba.

El recepcionista me pidió el pasaporte. Se lo dí. Corroboró los datos y me entregó -con una sonrisa mas que amable- una tarjeta con el número 115, exactamente el mismo número de habitación que figuraba en mi reserva. Apenas recibí la tarjeta, en un inglés totalmente improvisado, le pregunté si aquel lugar desolado era el centro de la ciudad de Bucarest, a lo que el empleado respondió que no, y que el centro de la ciudad se encontraba a nada menos que quince kilómetros de donde estábamos. Que no puede ser fue la primera respuesta que atiné a darle, e intenté explicarle que en Atenas, el empleado de la agencia me había hecho la reserva en un sitio de privilegio para que no tuviera que transitar por las “ajetreadas” calles bucarestinas las cuales , a la vista y los dichos de la mayoría de los europeos, son poco menos idénticas a cualquier reducto de la India o al peor de los barios de Estambul.

Ante mi cara de asombro, el empleado me explicó que seguramente había habido un error y que, al existir dos hoteles con el mismo nombre, el agente se había confundido y por eso hizo la reserva en el que estaba, al igual que la película, al este de la ciudad.

Con pocas posibilidades de que me hicieran un cambio de hotel y teniendo en cuenta de que en pocos minutos más el reloj marcaría la medianoche, tomé mi valija y me dirigí a la habitación que me habían consignado. Al llegar allí corrí las largas cortinas de gobelino blanco que enmarcaban los inmensos ventanales panorámicos y me quedé un largo rato observando como la lluvia se estrellaba sobre el pavimento roto de la entrada. Detrás de la arboleda, apenas visible entre la niebla y el vaho de humedad que producen las tormentas, las pequeñas e intermitentes luces de los radares del aeropuerto se encendían y apagaban como si se trataran de las luminarias que decoran los árboles de navidad. En ese mismo instante un avión se elevó soberbio en el aire y se perdió entre el espeso humo gris dejando a su paso una estela ruidosa que tardó unos minutos en disiparse.

Los viajes tienen esas cosas. Una vez mas la teoría de la imprevisión me hizo dar cuenta de que cuando de diagramación se habla, el viajero propone y el viaje dispone. Quizás por eso será que esa noche me entregué a un sueño reparadoramente confortante, mientras afuera, entre truenos y relámpagos fulgurantes, los aviones cruzaban el tormentoso cielo rumano intentando un arribo o buscando la ruta que los alejara de una de las tierras más extrañas y dicotómicas del este europeo.

Rumania, un país de intrigante belleza

Rumania es un destino poco elegido por aquellos que se deciden a conocer los principales países del mundo. Los duros años en los que estuvo sumido bajo la órbita del comunismo ruso quizás haya sido una de las causas principales por las cuales quedó a un margen de los circuitos turísticos tradicionales y hoy, para suerte de sus habitantes, comienza a mostrar al mundo algunas de las maravillas que tiene para ofrecer.

Hoy, a dos décadas de la caída del Muro de Berlín y habiendo ingresado al mundo capitalista (e incluso a la Comunidad Europea) Rumania sigue siendo una gran asignatura pendiente en el concierto internacional y un gran hueco en la bibliografía especializada en turismo, ya que aún no se han editado guías oficiales y es por eso que quienes se decidan a visitar este interesante país, deberán llevar a cabo un exhaustivo trabajo de investigación previo, si es que quieren aprovechar al máximo su estadía en la bella e intrigante tierra del mítico Conde Drácula.

A partir de mañana les ofreceremos toda la información necesaria para desplazarse por Bucarest , la capital del país y uno de los sitios más pintorescos e interesantes para visitar en el bloque de naciones que forman el llamado “Este europeo”. Descubran Bucarest. Descubran el corazón de Rumania.

Consejos útiles para visitar Atenas

Cómo ir:

Desde Buenos Aires no existen vuelos directos a Grecia, por lo cual la mejor opción es conseguir algún vuelo domésticos desde cualquier capital europea (aconsejamos Madrid, Roma o París). Los trenes no son aconsejables para conocer la zona, ya que los que llegan a Atenas en general provienen de países de los Balcanes o bien del este europeo, aunque si se planea una visita desde algunos de esos puntos no duden en tomarlos, ya que son muy eficientes y brindan la posibilidad de atravesar hermosos paisajes, sobre todo si se toman trayectos diurnos.

Cuando ir:

La mejor época para conocer la ciudad es la comprendida entre los meses de abril a septiembre, ya que allí se encuentran los días más largos y con ellos, aparece la posibilidad de aprovechar al máximo no solo la estadía, sino también, el sinfín de actividades culturales que los griegos preparan para esas fechas. Si decides viajar en los meses de invierno, tendrás que tener en cuenta que las temperaturas son bajas (promedio de 5 a 10 grados grados) y que los días suelen ser lluviosos, húmedos y recargados de tránsito, algo muy usual en Atenas que es una ciudad pequeña y que en los últimos tiempos tuvo una gran demanda del parque automotor.

Documentación requerida para argentinos

Argentina firmó convenios de cooperación cultural con Grecia , así que en principio el único requisito requerido para ingresar al país es ser poseedor de un pasaporte vigente y un billete de regreso con fecha cerrada (esto es de acuerdo a la solicitud de requisitos que establece el Espacio Schengen , el cual se encuentra comprendido por los países de la Comunidad Europea). Además, las autoridades migratorias pueden solicitar la credencial que acredite cobertura de un servicio médico internacional y dinero en efectivo para solventar la estadía turística.

Cuanto dinero llevar

En casi toda Grecia los precios son mucho mas bajos que en otras capitales del continente pese a haber adoptado el euro como moneda oficial. El presupuesto, como siempre decimos, dependerá del nivel de viaje que se quiera realizar, aunque como idea aproximada te aconsejamos que calcules 40 euros diarios para tu estadía en Atenas, teniendo que calcular un poco más si quieres incluir una escapada a las Islas, sobre todo en época de verano.

Presupuesto económico: 40 euros (calculado sobre la base de un alojamiento económico, 4 comidas y una entrada a museo)
Presupuesto normal: 50 a 70 euros
Presupuesto súper: Más de 70 euros

Qué comprar:

A la hora de hacer compras Grecia es uno de los países más amigables de Europa del este, ya que no solo cuenta con precios muy razonables a la hora de vender, sino por que además, ofrece un sinfín de posibilidades para todos los intereses. Para aquellos que amen la gastronomía y el arte del buen beber, los Ouzos (generalmente acompañados de los vasitos para servirlo) son la mejor opción si se quiere llevar un recuerdo autóctono y original a la vez.

Para quienes prefieran los pequeños objetos de arte, encontrarán en Atenas una amplia oferta de estatuillas, copias de vasijas, souvenirs (abundan las máscaras griegas en todos los materiales y tamaños) tableros de ajedrez con personajes históricos y hasta incluso, joyas realizadas con piedras preciosas autóctonas que evocan elementos de adoración y culto a los diferentes dioses de la mitología (los más populares son unos colgantes, pendientes y collares que representan ojos y que ya se han transformado en un verdadero clásico entre los turistas)

Los 10 imprescindibles de Atenas

1.Plaza Syntagma
2. Barrio de Monastiraki
3.Barrio de Plaka
4.Agora griega y Foro Ateniense
5.Plaza Omonia
6.La Academia de Platón
7. Museo Arqueológico Nacional
8.Acrópolis y Templo de Zeus
9.El Pireo
10. Una visita a una taberna griega

Museo Arqueológico Nacional de Atenas

Ningún viajero debería abandonar Atenas sin antes haber pasado el Museo Nacional de Arqueología , puesto que en él descansan las obras más representativas de la cultura griega y que tanto enorgullece a los lugareños, ya que está considerado uno de los museos más interesantes y mejor diagramado del mundo.

El recinto esta dividido en siete colecciones principales (Arte neolítico, cicládico, micénico, escultura geométrica y arcaica, escultura clásica, escultura romana y helenística, la colección de cerámica y los frescos de Tera) pero además, cuenta con algunas otras que si bien son consideradas menores (como las de objetos de alfarería y joyas Statathou) bien valen la pena visitarlas dado que proporcionan una buena idea del modo de vida de los antiguos pobladores.

Cuando se ingresa al Museo, la primera sensación que sobreviene es que se lo abandonará sin poder ver la mitad de lo que exhibe, cosas que no sucede, dado que si bien son cerca de 50 salas, muchas de ellas son muy pequeñas y otras (según el interés personal) se pasarán casi de largo dado que abundan en objetos repetidos del mismo género o bien del mismo período histórico (tal es el caso de la sala dedicada a objetos de cerámica ubicada en la planta baja)

Para quienes quieran recorrerlo en su totalidad, deben saber que tendrán que disponer al menos de cuatro horas, ya que si bien las salas no son ampliamente extensas (como las del Museo del Louvre o el Prado) suelen estar recargadas de objetos minúsculos que llaman la atención y merecen una observación profunda de muchos de los que allí se exhiben. Pero si por el contrario, se encuentran con poco tiempo y quieren visitar sólo las piezas más emblemáticas de este maravilloso arcón de la humanidad, aquí les dejamos una lista con las joyas que bajo ningún punto de vista pueden obviar:

Máscara de oro de Agamenón: hallada en el círculo de tumbas de la antigua Micenas y transformada en verdadero ícono del mundo occidental. Si bien algunos historiadores y arqueólogos dudan de que haya pertenecido al Rey Agamenón, han decidido tomar por cierto ese personaje homérico, dado que en la cultura griega es muy difícil a veces, establecer la línea que separa el mito de la realidad.

El pequeño jinete: sin dudas es una de las estatuas mejor conservadas del museo. Representa a un niño sobre un caballo, ambos hechos en bronce y está dotada de una dinámica y un movimiento realmente asombrosos. La pieza fue encontrada en el mismo sitio en el que se apareció la escultura en honor al Poseidón, y se cree que data del siglo IV ac.

El Poseidón: es la segunda escultura en bronce más importante del museo. Del mismo modo que el Vitruvio de Da Vinci fue un ejemplo para el modo de ver al hombre renacentista, con este personaje mítico (dios de los mares) se cree que los griegos ingresaron en la historia del arte como verdaderos maestros a la hora de representar la figura humana, ya que la perfección y el acabado de sus detalles asombran aún hoy, veinticinco siglos después.

Hombre tocando una lira: escultura que a simple vista dice poco pero para muchos especialistas, anticipa los lineamientos del movimiento cubista, ya que está realizada con un solo material pero expone una mirada multifocal, al mostrar al personaje desde varios puntos de vista.

Piezas de Frescos con escenas de tauromaquía del Palacio de Cnosos y Santorini: se cree que estos dos bloques de piedra que reproducen escenas de la cultura micénica (en uno de ellos se ve a dos jóvenes rodeados de toros y elementos de la vida cotidiana) fueron encontrados en las cercanías al monumental palacio que engalanaba la pequeña y fructífera isla de Creta.

Estela de un joven guerrero: se cree que pertenece a una representación de Aristión, joven guerrero del período jónico y que hoy demuestra la capacidad de los escultores de antaño para realzar la figura humana y para trabajar con cincel hasta los más mínimos detalles (ejemplificado en el rizado de los cabellos o en los pliegues de la túnica)

Si se deciden por la opción de hacer una visita completa ( a la cual adhiero y aconsejo) les recomiendo que cerca del mediodia, se hagan un alto en la recorrida y se dirijan a la cafetería ubicada a un costado de la sala de acceso principal, ya que allí podrán degustar algunos platos típicos griegos, además de poder realizar compras de recuerdos dado que también allí funciona un negocio de souvenirs más que interesante.

Esta opción también pueden dejarla para el final. Si así lo hacen, les aseguro que una vez que hayan hecho el viaje por lo mejor de la historia griega, jamás podrán olvidar la deliciosa taza de café que disfrutarán mirando hacia los jardines internos, recargados de leones, sarcófagos y otros elementos que darán la sensación de estar viviendo, aunque sea por un rato, en una de las historias de Homero.

Acrópolis, una cita con los dioses

Teniendo en cuenta que los romanos acuñaron el famoso dicho popular que dice que todos los caminos conducían a Roma, los atenienses bien podrían decir lo mismo respecto de la Acrópolis. Ubicada sobre uno de los montes mas bellos de la ciudad, este antiguo recinto se alza como la gema más buscada por los miles de turistas que a diario la visitan.

Si se le preguntara a cualquier persona que indique los diez lugares que quisiera conocer antes de morir, no sería para nada extraño que entre el marasmo de respuestas se encuentre la Acrópolis ateniense como una de las posibilidades. Es por eso que, teniendo en cuenta esa tendencia, quizás se pueda encontrar una pista que explique por que, año tras año, millones de personas en el mundo engullen guías turísticas en diferentes idiomas y teclean ciento de veces las palabras claves en el Google buscando información que les amplíe los conocimientos acerca de ese colosal y curioso icono de la cultura occidental (Según las estadísticas brindadas por los organismos culturales de Grecia, por año son casi tres millones los turistas que llegan al país en busca de los vestigios históricos y culturales concentrados en ella)

UN MONTE MISTERIOSO QUE SIMULA SER LA MÁQUINA DEL TIEMPO

Como bien dijimos anteriormente, a la Acrópolis se puede llegar desde cualquier punto de la ciudad, aunque uno de los circuitos más recomendables, es tomar cualquiera de las callejuelas que atraviesan el Barrio de Plaka en dirección hacia el monte, o bien seguir algunos de los tantos carteles exhibidos en las fachadas de las casas que bordean el casco urbano de Monastiraki.

Si bien ambas opciones son muy atractivas la primera resulta mucho mas seductora, ya que en el camino que se debe recorrer para llegar hasta la taquilla de entrada, se debe pasar obligatoriamente por algunos de los espacios más bellos del moderno barrio ateniense, en el cual abundan desde los típicos perros callejeros (un espectáculo digno para un capítulo aparte), algunas de las clásicas tabernas que por las noches se transforman en verdaderos templos de la diversión, blancas casas con sus jardines abarrotados de geranios y cerca de una decena de cafés y bares donde se respira el aire vanguardista y ecléctico de los jóvenes nativos.

Al llegar a la entrada del recinto lo mejor es tomar algunas fotografías de las construcciones y de la muralla de la acrópolis desde abajo, ya que a medida que se empiece a ascender por la ladera principal, se va a ir perdiendo notablemente la óptica de lo que se ve y luego, al llegar al hotel, seguro sobrevendrá el reproche por no haberlas tomado a tiempo.

Apenas se empieza a ascender por la ladera este del monte, el paisaje ofrece algunas vistas y elementos que bien parecen un adelanto de las maravillas arquitectónicas que se verán en la cima de la Acrópolis. Así es como recien cruzado el pórtico de entrada, sorprende ver las ruinas del antiguo Teatro de Dionisios, uno de los primeros de la cultura occidental y que dío origen a una de las artes mas fecundas de toda la historia, como es el teatro. La vista actual del teatro se encuentra distorsionada de lo que fue en sus orígenes (pensemos que sobre él pesan casi 5 siglos de historia) pero aún así mantiene una belleza indescriptible y una perfección pocas veces vistas en otros monumentos. Y a un costado del teatro, entre los pastizales, una decena de trozos de columnas de mármol que alguna vez engalanaron el espacio se muestran como el vestigio mejor guardado de los albores de una civilización ya perdida, pero no por eso menos magnífica.

Mientras se sigue con el ascenso, ante nuestros ojos aparece otro teatro, mucho más bello y con reminiscencias del período clásico: el Teatro de Herodes Ático (conocido mundialmente como el Odeón). Ocupando un sitio de verdadero privilegio (dada su ubicación sobre la ladera del monte y por la fabulosa vista de Atenas que brinda) este espacio cultural aún sigue siendo utilizado como anfiteatro público y de vez en cuando, pasan por sus escenarios al aire libre algunos de los más reconocidos artistas de la música tanto nacional como internacional.

Pero no caben dudas de que para los turistas, el plato fuerte es aquel que aguarda en la cima de la montaña, donde se erigen las ruinas del antiguo Partenón ateniense y las misteriosas cariátides.

A estos dos íconos de la civilización ateniense se llega luego de atravesar el pórtico dórico de la Puerta Beulé, una entrada derruida que en el siglo de Pericles oficiaba de entrada principal al complejo de edificios y templos en el cual hoy reposan las ruinas actuales.

A la derecha de la puerta, el Partenón exhibe su magnificencia, tal cual como lo hizo en sus orígenes cuando se alzó como símbolo de la hegemonía ateniense. Según especialistas en arte e historia, el coloso es uno de los edificios mas perfectos del mundo, ya que no sólo fue creado teniendo en cuenta algunos efectos ópticos que mejoran la percepción (sobre todo en el ensanche y en la construcción de sus columnas) sino además, por que en él trabajaron algunos de los mas grandes artistas de la historia y la cultura griega.

Otro aspecto que lo hace interesante es la dualidad de opiniones acerca de la funcionalidad que tuvo el Partenón en la vida ateniense, dado que si bien para algunos fue un templo en el cual habitaron muchos de los dioses que forman la frondosa mitología griega, para otros en cambio, nunca fue un templo de adoración, dado que allí habría residido la escultura más colosal de la época, que no era otra que un gigante de mármol, marfil y oro con las formas de la diosa Palas Atenea, protectora del pueblo ateniense.

Enfrente de él y próximo a la colina este del monte se encuentra el Templo del Erecteion exhibe a las seis cariátides, deidades con forma femenina que -según algunos investigadores de la civilización griega- lejos de haber sido semidiosas, sólo fueron unas doncellas que al origen de la cultura minoica servían a los gobernantes de entonces (dado que el Erecteion fue antiguamente un palacio micénico en el cual Atenea y Poseidón –dios de los mares- se disputaron el protectorado de la actual Atenas)

Las seis estatuas que sostienen el arquitrabe del Templo son copias exactas de las originales, dado que estas últimas, por cuestiones de deterioro y seguridad se encuentran en el interior del museo de la acrópolis, ubicado detrás del Partenón.

Quienes quieran ingresar a cualquiera de los templos que conforman el complejo de la Acrópolis (ya sea para visualizarlos o para tomar fotografías), deberán tener en cuenta la ordenanza nacional que, desde 1975, establece la prohibición de ponerse debajo de las ruinas, un poco por seguridad y otro poco por monopolio, ya que muchas de las vistas que se pueden tener desde allí fueron concesionadas a algunas de las empresas que soportan económicamente el mantenimiento del lugar.

Si tienen tiempo y son amantes de la historia, les recomiendo no abandonar el recinto sin visitar el Museo de la Acrópolis, ya que la entrada viene incluída en el ticket de ingreso que se paga en la base del monte y bien vale la pena (Aunque previamente les recomiendo que averiguen los días y horarios en que se encuentra abierto, ya que estos varían según las diferentes temporadas del año).

Si deciden hacer el recorrido completo y visitar cada uno de estos geniales sitios del complejo arqueológico, será inevitable que, a la hora de emprender el descenso a la ciudad, tengan la sensación de haber experimentado – aunque sea unos momentos- un encuentro con los dioses, aquellos mismos que alguna vez poblaron las páginas de los relatos de Homero.

Atenas antigua: los vestigios de un legado compartido

Cuando se planea una visita a Atenas es casi imposible no relacionar a la ciudad con sus colosales monumentos clásicos, y sobre todo, con aquellos que reposan en la acrópolis. Pero lo cierto es que, para sorpresa de quienes llegan a ella en busca de los vestigios de un pasado prodigioso, existen otros que si bien están menos publicitados, no dejan de tener una gran importancia dada la historia y significancia que sobre ellos pesan.

EL FORO ROMANO Y LA TORRE DE LOS VIENTOS

Mientras se da un paseo por las coloridas y sonoras calles de Monastiraki, el mejor lugar para comenzar a descubrir la ciudad antigua es el Foro Romano y la Torre de los vientos, dos sitios que testimonian los tiempos de la conquista romana, la cual dejó un legado prodigioso y muy prometedor en la clásica geografía ateniense. Al foro se accede a través de la Calle Virisakiou, justo donde se encuentra ubicado un complejo de columnas que en el siglo I a.c. albergó la colosal e imponente Biblioteca de Adriano. Luego de realizar una parada en este aglomerado escultórico, lo mejor es rodear la callejuela que abraza el foro, y acceder a él desde la colina de Plaka.

A simple vista el Foro guarda un gran parecido con el original de Roma, aunque claro está, varía en dimensiones y en funcionalidad. Su construcción fue encargada por el emperador Julio Cesar y años mas tarde, fue modificado por el emperador Adriano, quien hizo de Atenas un lugar de descanso aunque también de conocimiento, ya que mientras estaba allí se inició en los grandes secretos de la perfecta cultura clásica.

Teniendo en cuenta la concepción de una y otra cultura (la romana y la griega) el foro se alzó ante los ojos de los atenienses como una verdadera novedad, ya que ellos originalmente utilizaban los espacios públicos para dedicarse a la difusión de las ideas políticas o bien para albergar a los grandes pensadores que impartían sus conocimientos entre hombres (entre los cuales sobresalió Sócrates como uno de los principales oradores).

Pero lo cierto es que el Foro romano tuvo una finalidad bastante diferente, ya que para los romanos, implicó el espacio en el cual no sólo se impartía justicia, sino que además, se hacía de público conocimiento el contenido de las leyes y disposiciones que se dictaban en Roma, y que debían ser acatadas en todas aquellas prolongaciones del imperio, tal era el caso de Atenas.

Hoy en día sólo quedan en pie una letrina pública, varias tiendas y un propileo escalonado, además de ciento de pedazos de piedras rotas, restos de columnas y trozos de edificaciones que en otras épocas engalanaban la verde zona que ocupaba el foro.

Siguiendo el círculo que forma la plaza del foro se llega a la Torre de los vientos, la que es, sin lugar a dudas, el lugar mejor conservado de aquel complejo y también el que más influencia tuvo de la cultura clásica ateniense, ya que si bien fue ordenada por los romanos, se diseñó y construyó por ideólogos nativos. Su creación data el siglo I a.c. y fue erigida para servir como brújula, reloj de sol, veleta de los vientos y clepsidra . En su forma es octogonal (para identificarla con los 8 vientos que soplan en los cuatro puntos cardinales) y llama la atención la excesiva cantidad de altorrelieves que presenta en cada una de sus caras, entre las cuales se pueden observar desde deidades mitológicas hasta escenas de la vida cotidiana de entonces.

Particularmente les aconsejo visitar estos dos espacios por la mañana bien temprano, dado que si hay un buen día se pueden tomar fotografías de modo tranquilo, puesto que cerca del mediodía el lugar suele atestarse de turistas que pasan por él, ya que es de paso casi obligatorio cuando recorren el Barrio de Plaka o las callejuelas de Monastiraki. Si desean descender al Foro e ingresar al espacio mismo del complejo (algo que no recomiendo ya que es mucho mas interesante la vista panorámica que se tiene desde fuera) pueden ingresar por la Calle Eolou, en el horario de 9 a 15 horas.

EL ÁGORA: UN ESPACIO DE PENSADORES, POLÍTICOS Y ARTISTAS

Una vez recorrido el Foro y la Torre de los Vientos, lo que sigue en el camino es una visita al Antiguo Ágora, ubicado frente a las bellas casas de Plaka y a un costado de una de las tantas entradas de acceso a la Acrópolis.

El Ágora es poco monumental y mucho mas austero que la acrópolis o el foro pero cuenta con la capacidad de ser el sitio que atesora entre sus piedras y columnas los fantasmas de algunos de los personajes mas importantes de la historia del pensamiento. En ella Sócrates exclamó su famoso “Sólo se que no se nada” y genios como Heródoto , Homero o Aristófanes contaron sus historias transmitidas de boca en boca haciendo uso y verbigracia de sus cualidades de rapsodas.

Algunos años mas tarde, con la llegada de la democracia y la participación incipiente de los ciudadanos, allí se llevaron a cabo las primeras apariciones políticas de la historia y también se dieron los primeros debates sobre cuestiones públicas, tendientes a discutir y acordar los lineamientos de convivencia en la que fue la primera y mas perfecta forma de socialización del mundo occidental.

Si bien en la actualidad la fisonomía del lugar ha cambiado notablemente desde aquellos dorados años de Pericles (hoy es un parque al cual los atenienses acceden buscando un descanso y sosiego en medio del extenuante ruido citadino) aún quedan algunos monumentos y espacios que permiten revivir el espíritu y la estética que alguna vez tuvo el lugar. Hoy, los dos que más sobresalen entre las pilas de mármoles derroídos y contrastando con el verde de la vegetación que los circundan son el Templo de Hefestos (de estilo clásico y a simple vista muy similar al Partenón) y el Templo de San Jorge (especie de iglesia bizantina excelentemente conservada y verdadero ícono de la influencia oriental en la zona).

El antiguo Ágora puede ser visto desde cualquier colina cercana a Monastiraki (aunque les recomiendo bordear la callejuela de la Fundación Melina Merkouri y desde allí observarla, ya que es el punto desde el cual mejor se divisa) o bien ingresando a sus jardines por la Calle Adhrianou, que nace a un costado del Areópago. Un consejo que les doy es que se guarden este paseo para hacer en la mañana bien temprano o bien cuando comienza a caer el sol, ya que al ser un lugar extremadamente abierto y preciosamente bien cuidado les brindará la posibilidad de tomar fotografías soñadas, además convertirse en un recuerdo inolvidable.

Perros de Atenas

Si la India institucionalizó la santificación de las vacas y los suizos la explotación de sus osos con fines turísticos, los griegos deberían pensar algo parecido para los cientos de perros callejeros que conviven con ellos en todos los rincones de la ciudad.

Dormidos en las plazas (He visto dos descansando a los pies del Partenón en la Acrópolis), espantando a los turistas, aguardando en algún semáforo para cruzar la calle o bien acompañando a los pintorescos vendedores turcos, estas mascotas han sabido hacerse un espacio en la atiborrada urbe ateniense, alzándose como un elemento más dentro del paisaje.

Esta fotografía fue tomada a media mañana frente al edificio de la Academia. A metros de allí, el ruido ensordecedor de los autos y el trajín de la Plaza Omonia hacían imposible cualquier posibilidad de descanso, algo que no parece haber surtido efecto en los protagonistas de la foto.

Fotografía: Nicolás Pasiecznik

Plaka y Anafiótika: Vanguardia y clasicismo al pie de la Acrópolis


Circundando la cosmopolita Plaza de Monastiraki se alzan Plaka y Anafiótika, dos barrios que, cargados de tabernas, bares, restaurantes y lugares especializados en la venta de ouzo , marcan el pulso de la moderna vida ateniense. Pero lo cierto es que esa no es la única peculiaridad que presentan estos interesantes espacios ya que, sumado a sus bellezas y el movimiento que presentan a diario, tienen la característica de estar ubicados justo al pie de la Acrópolis, con lo cual se posicionan como un sitio obligado para quienes quieran tener una de las mejores vistas del Partenón y de los monumentos que lo acompañan.

Dada la proximidad de uno y otro (que a simple vista parecen ser un solo barrio) en muchas de las guías de viajes y en los folletos que se entregan en sitios de información turística se aconseja visitarlos simultáneamente, ya que así se podrá tener de una sola vez una visión clara y precisa del desarrollo económico y cultural que sufrió la ciudad tras ser incorporada a la Comunidad Europea.

Para conocer estos significativos barrios atenienses, la mejor forma es comenzar por Plaka, al cual se puede acceder desde la Plaza de Monastiraki, tomando la Calle Adhrianou en línea recta. A medida que se comienza a transitar esta callejuela, se podrá observar un sinfín de negocios especializados en artículos típicos griegos (máscaras, estatuillas, vasijas, reproducciones de columnas de diferentes estilos) así como joyerías, disquerías, librerías e incluso locales de ropa de jóvenes diseñadores atenienses que han encontrado en sus lujosos escaparates, una excelente forma para ser vistos por los miles de turistas que transitan esas calles a diario.

Al llegar a la Calle Lisikratous vale la pena visitar el famoso Monumento a Lisicrates. Esta zona es también conocida como la Calle de los Trípodes, recinto arqueológico en el cual antaño, los vencedores de los antiguos concursos dramáticos dedicaban su premio a Dionisios . El monumento que lleva el nombre de uno de esos vencedores, es una estructura de 4 metros de altura sobre la cual reposan seis columnas en estilo corintio que culminan en una cúpula de mármol en la cual se puede leer la insignia: “Lisicrates de Cicinia,hijo de Lisiteides, fue Corego (corista): la tribu de Acamante ganó la victoria con un coro de jóvenes ; Ceón tocaba la flauta; Lisiades de Atenas dirigía el coro; Evainetos era Arconte”.

Cerca de allí, se puede ver la Calle denominada Víronos, nombre en griego que significa Byron, ya que en ella vivió buena parte de su ajetreada y misteriosa vida Lord Byron , uno de los escritores románticos más importantes de la literatura, quien produjo allí buena parte de su obra, inspirado seguramente por el aire antiguo que desde siempre se respiró en la zona.

Descendiendo en dirección a Monastiraki, les recomiendo que se detengan unos minutos en cualquiera de los negocios callejeros que exhiben alfombras orientales y tapices provenientes de Esmirna, considerados verdaderas obras de arte si se tiene en cuenta que cada una de ellas son diseñadas artesanalmente y que importan un proceso de confección no menor a los 6 meses.

Un consejo a tener en cuenta es que, si bien en Plaka abundan los negocios de recuerdos y artesanías griegas, es preferible no tomarlo como un lugar propicio para hace compras, ya que los precios suelen ser considerablemente más caros que los de los negocios de Monastiraki y ni que hablar si se los compara con los del mercado de Pulgas (aunque sí es aconsejable utilizarlo para comprar artículos específicos de diseño o bien para la moderna bijouterie hecha sobre la base de cristal coloreado, muy de moda por estos días).

ANAFIOTIKA, EL CORDÓN QUE BORDEA EL FORO ROMANO Y ANTECEDE A LA ACRÓPOLIS

Descendiendo barranca abajo desde el Monumento a Lisicrates se encuentra Anafiotika, una pequeña prolongación de Plaka que con sus callejuelas y atractivos rincones recorre el Foro Romano y corona parte del antiguo Agora en el cual los filósofos como Sócrates o Platón impartían sus conocimientos al resto de la Polis. Pero lo cierto es que hoy, poco ha quedado de esos años del esplendoroso siglo de Pericles y la zona se muestra como un reducto decadente, descuidado y con claras muestras de lo que el vandalismo juvenil puede hacer cuando se adueña de sitios poco transitados.

Sobre la calle Anafiotika se encuentran algunas de las casas mas bellas del barrio (repletas de flores, con fachadas típicamente clásicas y recargadas de estatuillas que evocan los tiempos de esplendor) y sobre la otra margen del Foro romano, aparecen entre la vegetación las calles y casas semidestrídas y totalmente transformados por los botes de aerosol de los grafiteros atenienses.

Los dos sitios que más llaman la atención en esa zona son el de la Fundación Melina Mercouri (uno de los mas afectados por las pintadas callejeras) que se dedica a la promoción y desarrollo de las actividades culturales de Atenas, y el otro, es una antigua casa – fácilmente reconocible también por su estado deplorable – en la cual hace más de un siglo vivió uno de los monjes ortodoxos griegos más populares de la ciudad.

Cerca de allí, en dirección a Monastiraki, se encuentra un sinfín de bares, restaurantes y ouzerías, muy recomendables todos si se quiere hacer un alto en la ajetreada caminata. Allí, en la gran mayoría de ellos, a cambio de unos pocos euros se pueden comer algunos de los platos más tradicionales de la cocina griega o bien probar alguno de los exóticos cafés grecos, los cuales si se animan a indagar en los sabores orientales pueden significar en si mismos una aventura inolvidable.

Descubriendo Atenas: de la sobriedad de la Plaza Syntagma a la vertiginosa Monastiraki

Atenas es una de esas ciudades a las cuales se les debería dedicar el tiempo total del viaje solamente a ella, dada la infinidad de sitios que ofrece para recorrer. Pero como generalmente los viajeros que se deciden por un periplo europeo cuentan con poco tiempo y muchas ansias de conocimiento, es necesario fijar una hoja de ruta estricta, ya que así no sólo se optimizará tiempo, sino que además, al final del viaje se tendrá la sensación de que se ha aprovechado al máximo la corta estadía.

Para comenzar a descubrir el casco histórico de Atenas nada mejor que partir desde la emblemática y popular Plaza Syntagma, verdadero ícono en la historia de los atenienses y auténtico corazón de la ciudad, ya que desde allí, se puede estar en casi todos los puntos más importantes del centro en menos de veinte minutos a pie.

Pero antes de atravesar la Plaza Syntagma en dirección a la Peatonal Ermou (itinerario recomendado) es preciso hacer una parada aunque sea corta en el Parlamento griego, ya que allí, a diario, cientos de turistas y ciudadanos atenienses pasan delante de los soldados que montan guardia en el edificio y además de admirar los curiosos atuendos que portan, no pierden ocasión para tomarse una foto con ellos a modo de recuerdo infaltable para cualquiera que se precie de haber pasado por la ciudad (recomendamos averiguar en información turística los dias en los que los soldados realizan el cambio de guardia, ya que es uno de los espectáculos con mas afluencia de público luego de los de Londres y Amsterdam)

Así es como una vez visitado el parlamento, lo aconsejable es bajar las empinadas escaleras de mármol y dirigirse a la misma Plaza Syntagma, que se encuentra como en un pozo en el medio de la ciudad. En sí misma la Plaza no tiene demasiados atractivos para ver, y en general suele estar atiborrada de atenienses que la atraviesan rápidamente, ya que es un sitio importante a la hora de acortar distancias y de paso obligado, como ya dijimos, para dirigirse hacia cualquier punto del centro.

Una vez atravesada la Plaza, lo mejor es tomar la Calle Ermou, una atractiva peatonal en la cual se concentra buena parte de la movida ateniense. Allí, quienes sean amantes de las compras se encontrarán más que a gusto, ya que sobre su irregular empedrado y las iglesias bizantinas que la circundan se encuentran las principales tiendas de ropa, casas de electrónica, así como mueblerías, casas de decoración y una importante cantidad de agencias turísticas que se dedican a la venta tanto de paquetes dentro de Grecia, como también de destinos internacionales.

MONASTIRAKI: UN TRÍPTICO DEL MODO DE VIDA ATENIENSE

Después de verificar la sobriedad de Syntagma y el frenético ritmo de la Calle Ermou, la Plaza de Monastiraki se exhibe, mas allá de la Iglesia Kapnikarea, como una pequeña muestra de un oriente no tan lejano que le ha impreso no sólo un estilo sino además, un sello característico. Coronada por un antiguo monasterio medieval y la cercanía al Foro ateniense, esta zona se alza como una de las mas interesantes, cosmopolitas y atractivas de todo el casco histórico.

Si algo caracteriza a esta zona (además de su cercanía a la Acrópolis y los personajes que la pueblan) es su importancia como epicentro comercial, ya que sobre la Plaza principal (justo en la salida del metro del mismo nombre), a diario, tiene lugar uno de los mercados ambulantes con mas afluencia de público y, a un costado de ella, sobre la Calle Odhros Pandhrossou, se encuentra el Mercado de Pulgas, un verdadero reducto oriental de casi un kilómetro en el cual se puede conseguir desde una botella de ouzo hasta los objetos mas excéntricos que jamás hayan imaginado (he visto algunos tan extraños como botas de pelo de camello y carteras de cuero con formas de gato).

Para quienes decidan perderse entre los multicolores y variopintos perfumes del mercado de pulgas, les recomiendo que sobre la misma Calle Odhros Pandhrossou, en el número 89, visiten la Tienda de Stavros Melissinos, un zapatero-poeta que durante los años del hippismo se hizo famoso por ser quien diseñaba las sandalias que lucieron los Beatles, Jackie Onassis y que además, compartió una amistad con John Lennon hasta el momento de su muerte.

Como puede verse, Monastiraki es una de las zonas más alegres de la ciudad y sólo puede ser igualada en afluencia de público y movimiento turístico al moderno y colorido barrio de Plaka. Pero además de ser una parada obligada en una visita a Atenas, ténganlo en cuenta para efectuar compras, ya que es una de las mejores opciones que ofrece la ciudad para conseguir interesantes recuerdos a cambio de unos pocos euros, entre los que se pueden encontrar botellas de ouzo, tazas con motivos históricos, naipes temáticos (los hay de dioses mitológicos, postales atenienses e incluso unos con el Kamasutra en versión dórica más que divertidos si se quiere hacer un regalo original) máscaras griegas, un sinfín de reproducciones de esculturas famosas, remeras, buzos e incluso los tapices más bellos de toda Europa del este.


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