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Conversaciones: Fernando Sassone, fotógrafo

Sí, es largo de leer pero creame que valdrá la pena


Nos conocimos en grupos de fotografía, rodeados de fotógrafos más y menos comprometidos con su arte, gente muy abierta a la experimentación y otra
más purista. Te identifico como un tipo muy conocedor no solo sobre fotografía sino sobre arte, diseño y comunicación que además ayuda a los demás a descubrir su camino.

A mí me sucede que muchas veces tengo una visión más clara de la obra de los demás que de la mía, ¿Te pasa eso?

Hay que tener en cuenta que a la obra misma no le importa más nuestra visión sobre ella que la de otro, la obra tiene vida propia y lo que comunica es independiente de lo que el autor se haya propuesto. Muchos artistas tienen un ego muy desarrollado y no pueden ver más que con gafas de corto alcance. Otros simplemente no tienen demasiado claro qué comunicar, o incluso no les interesa mucho, se dejan llevar por sus instintos, intuiciones y motivaciones dejando que la obra vaya tomando forma por si misma.

Si de ver nuestra propia obra se trata entra en juego una cuestión íntima. Uno sabe lo que quiere o busca, y por lo tanto le puede resultar fácil verlo reflejado en lo que hacemos natural o espontáneamente. No es igual de fácil ver la obra con los ojos de otro, nos falta imparcialidad porque no podemos desembarasarnos de nuestra cultura y escala de valores. Ese es el principal obstáculo para ser “objetivo” al analizar la propia obra. Por otro lado, la visión o percepción sobre un hecho cultural o de comunicación siempre es subjetiva, con “subjetiva” quiero decir principalmente “distinta”. Los diversos significados que se interpretan en una obra dependerán siempre del receptor y de su baño cultural, idiosincrasia, formación, educación, etc… Lo cual no quiere decir que por ello toda interpretación sea desdeñable por subjetiva, poque si hay algo de lo que no cabe duda es de que que a pesar de las subjetvidades hay una generalidad, es decir, una visión promedio sobre un hecho concreto, esa generalidad se identifica con la objetividad, una objetividad relativa, pero es lo más cercano que tenemos.

Poca gente tiene esa capacidad de visión según la generalidad del otro, es un ejercicio intelectual, una especialidad típica de los comunicadores o diseñadores gráficos.

Luego sigue el tema de los niveles de lectura en una obra, las segundas y teceras lecturas… mensajes implícitos que subyacen de ella, solo perceptibles para aquellos de percepción más sutil o profunda. Esto es fácil de ejemplificar en el cine, donde hay una primera lectura netamente anecdótica o narrativa, y luego puede haber mensajes que tienen que ver con los contextos, con ética, moral, etc., todo esto puede existir incluso sin haber sido buscado por el autor. Juan Valera, en la dedicatoria de su novela “Morsamor” (1899), aclara:
“Nada más inocente que componer un libro de entretenimiento aunque no entretenga. Con no leerlo evitará toda persona discreta el mal que pudiera yo causarle. Yo no trato de enseñar nada ni de probar nada. Si alquien deduce consecuencias o moralejas de la lectura de este libro, él, y no yo, será responsable de ellas” Eso ilustra más o menos lo que quiero decir, la obra tiene vida propia y no es su autor quien delimita el alcance de su significado.


En cuanto a si a mi me cuesta ver objetivamente (desde la generalidad) mi obra, creo que no. Mis fotografías son bien simples y acotadas, y no tienes más pretención que la de ser documentales, el género menos comprometido con las diversas percepciones. Así y todo, muchas veces asigno a algunas fotos valores estéticos que no son secundados por la mayoría de los que la ven, y otras veces me encuentro con algunas personas que la valoran igual que yo mismo lo hice. La valoración estética es y será siempre una cuestión relativa.

¿Qué tipo de inconvenientes encontrás vos con la propia interpretación?

Anibal Pees Labory
A mí me pasa que hay temas que se me presentan como si tuvieran varias puertas para atravesar y cuando opto por una de ellas no tengo la seguridad de haber elegido la más indicada. En ese punto “dejo descansar la obra”, la cajoneo un tiempo, puede ser un día, una semana o más. Recién después de ese proceso es que continúo o lo abandono.
Entiendo lo que decís acerca de la interpretación que hace cada uno pero si el autor no está convencido, al menos en mi caso que nadie revisa mi obra, la obra no verá la luz porque lo que no me convence no lo muestro.
Pero cuando veo el trabajo de otro es que me siento con más claridad para juzgar si su autor dió un siguiente buen paso.

Yo veo en vos, ese don de ver más allá del discurso presente del autor para visualizar lo próximo. Por ejemplo cuando preparábamos la muestra fotográfica sobre la Biblioteca Nacional, tuvimos una muy buena guía en vos para lograr cosas interesantes sin solaparnos entre nosotros.

Fernando Sassone
El tiempo es un buen decantador de la percepción, muchas cosas caen en su sitio luego de un tiempo, con el tiempo uno adquiere certezas, porque internamente va madurando la visión de lo que pensamos, buscamos y queremos.

En el ensayo fotográfico de la Biblioteca Nacional, me resultó interesante coordinarlo sin participar como fotógrafo, creo que eso me permitió despegarme del tema para abordarlo desde un punto más objetivo. De todas maneras yo sabía muy bien lo que estaba buscando, debía ser un enfoque libre y desprejuiciado, personal y sensitivo, pero sin por ellos dejar de hacer incapié en lo arquitectónico. La cuestión era mostrar la calidad espacial del edificio y la poética arquitectónica de Clorindo Testa.


Traté de no forzar ningún enfoque, más bien seguir la corriente que cada fotógrafo esbozaba. En total fueron siete fótógrafos, de los cuales terminaron solo cinco, pero cada enfoque fue específico y único, es cierto. No estoy seguro de que haya sido un mérito mío, lo que hice fue interpretar lo que los fotógrafos hacían y marcarles límites dentro de lo hecho por cada uno, no imponiendo conceptos. Es común que los fotógrafos plasmen sus intereses y visión en cada foto que hacen, lo que no es común es que tomen conciencia de la línea conceptual que guía sus propias fotos, no lo expresan, al menos no verbalmente, lo cual impide reflexiona y ahondar en lo conceptual, y esto era inevitable en este caso, porque la idea de los ensayos era explicitar los enfoques, no solo contemplar fotografías. Una vez asignados los conceptos para cada ensayo todos se trabajaron con mucha facilidad y especificidad.

Tus fotos eran muy potentes porque habías logrado transmitir la fuerza de la masa arquitectónica de la obra, su volumen, su valor escultórico. Esto es uno de los emergentes más evidentes, sin embargo yo nunca había visto fotos que manifestasen eso tan bien como las tuyas,

Anibal Pees Labory
Creo que guiar a un grupo de artistas es de por sí un gran logro, eso habla de tu buen criterio como conductor.

Fotografía, dibujo o pintura tienen los mismos elementos: composición, proporción, punto de vista, color, luz, etc. sin embargo el fotógrafo no se siente integrado a otras artes, y tampoco hace mucho por mantenerse cercano por eso es el debate acerca de la manipulación digital que en su estado más elemental sería el filtrado, balance de tonos, etc. y la intervención fotográfica.
Sin embargo esto no sucede con el cine, que es hermano de la fotografía, y que en algún punto hasta es tanto o más vanguardista que la plástica.
Es decir, una fotografía intervenida es repudiada por la gran mayoría de los fotógrafos, sin embargo el cine, estando manipulado hasta el hartazgo, gana óscares por sus efectos digitales.

Fernando Sassone
La fotografía es hija de la tecnología. La pintura, escultura, arquitectura y el resto de las bellas artes, son hijas de la inspiración, la técnica, la transpiración,,, es natural que esten disociadas. No veo como un pintor, un escultor o un arquitecto puede sentirse afín con un fotógrafo. El pintor tiene una relación directa con el soporte donde trabaja, actúan e interactúa en forma íntima y directa, sin mediar tecnología, solo un pincel. Fijate que ya hubo problemas con la aerografía, porque si bien tan cercana a la pintura, el efecto logrado devenía de la propia herramienta, se llegó a decir que con el aerógrafo no se hacía contacto con la tela y eso lo ubicaba fuera de la categoría pictórica.

Con la fotografía la diferencia es aún mayor, hay una elección temática, una selección de una porción de una visión de la realidad, una elección de un tipo de género discursivo (color, sepia, blanco y negro). La fotografía podría llegar a ser una especia de arte a la carta. Uno elige unas opciones y descarta otras, luego la herramienta tecnológica termina el trabajo.

El resultado formal de la fotografía no es producido por el fotógrafo, sino por una técnica mecánica o electrónica. Es evidente que los fotógrafos no son artistas en el sentido ortodoxo de la palabra. Esto no quiere decir que no tengan sensibilidad artística, la que usan para elegir los temas y la forma de comunicarlos. Para mi la fotografía está más ligada al periodismo, a la literatura si se quiere, hasta a la poesía en algún caso, es decir a las artes literarias, que no carecen de forma. Desde principios de siglo hasta la década del 50 había un fuerte debate instalado entre fotógrafos y pintores. Los primeros pujaban por ser incluídos en la categoría artística pictórica. Era un debate vano y típico de una nueva disciplina, la fotografía, que no sabía bien donde acomodarse ni de qué sentirse parte.

Hoy la fotografía es autónoma, un género en si mismo, no necesita de la pintura ni de ningun otro arte. Rolan Barthes decía que veía a la fotografía más ligada al teato que al cine, el teatro es un hecho estético que puede sobepasar lo meramente narrativo, el cine no puede prescindir de lo narrativo, tal vez el video arte pueda hacerlo, pero en todo caso, siguen sin interesarme las clasificaciones. La fotografía es lo que es, y no le debe nada a ninguna otra disciplina.

La fotografía retocada es un género muy antiguo, nació al mismo tiempo que la fotografía, en laboratorios químicos. Las imágenes productos de la manipulación química o digital son imágenes artísticas, no son fotos, y no veo que haya ningún inconveniente en reconocer que no son fotos, aunque mantengan el status visual de una fotografía, de la misma manera que una aerografía hiperrealista puede tener ese status sin ser una foto, y sin desmercerserse por ello.

Si es verdaderamente cierto que la mayoría de los fotógrafos repudian una fotografía intervenida, tal vez sea simplemente por ignorancia, falta de cultura, falta de conocimiento de la historia, o simplemente porque ellos mismos son víctimas de la confusión que provoca el que las imágenes mantengan la apariencia significante de la fotografía. Incluso podría tratarse también de mezquina envidia por ver reflejado fotográficamente cosas que desde la técnica fotográfica ellos no pueden lograr. De todos modos, sigo pensando que son debates vanos. No sirven a nadie ni para nada. Si a un fotógrafo no le gustan los montajes fotográficos, que no los mire de la misma manera que un pintor que no gusta de la fotografía no se interesa en ella.

Lo que considero que es importante, a nivel artístico, ético e incluso moral y estético, es que los montajes fotográficos deben ser declarados, no se puede engañar al espectador pretendiendo que son fotografías, hacerlo es incurrir en el engaño y el fraude. Conozco casos de fotógrafos que han trucado fotografías y las han presentado como tales, conozco también a un fotógrafo argentino que ha publicado un libro de fotografía, plagado de montajes fotográficos, montajes que ni siquiera él mismo ha realizado (conozco a quien los hizo). Es realmente una vergüenza, un fraude. Una foto trucada pasa a ser un montaje fotográfico y así debe publicarse y darse a conocer.

Supongo que con el tiempo, las fotografías intervenidas podrían ganar un status propio a condición de que logren más alto nivel significativo o simbólico del que hasta hoy han logrado. Se tiende naturalmente a menospreciar lo logrado en este tipo de imágenes debido a lo relativamente fácil de lograr las trucas mediante él dominio técnico de los programas editores (aplicación de filtros prearmados, etc), pero principalmente por la ausencia de un mensaje fuerte que justifique su existencia más allá de lo meramente anedótico del hecho de componer “imágenes imposibles” de carácter realista. En cuanto a los montajes que no intentan componer “imágenes imposibles”, ellos se categorizan como fotos trucadas, no hay arte en ellos, solo destreza en una depurada técnica de retoque.

Anibal Pees Labory
Comparto tu opinión. Creo que hay diferencia entre filtrado, retoque, truco y fotomontaje. Todas estas técnicas se aplican en fotografía publicitaria; hacerlo en periodismo es manipular información y fraude si se hace en fotografía artística.

No hay arte solo por alterar una imagen con Photoshop y mucho menos con los cientos de filtros y actions que se obtienen gratis por Internet. Tampoco es arte una foto “rara” si no hay un discurse que lo justifique. Esa sensación me invade ultimamente cuando veo muchos trabajos del grupo Man Ray(*) y sobre todo con las obras premiadas; tengo la impresión de que cuanto más raro, delirante o irónico, mejor.

Mi imagen “Misil cultural”, del concurso Nro. 43 muestra a los elefantes de Aníbal cruzando Francia cargando el tiburón en formol de David Hirts ; intervención que hice en media hora pero que elucubré durante varios días. Sin embargo solo dos de los tantos participantes la votó; eso me dió la pauta de que en Europa y EEUU están de acuerdo con la obra de Hirts o no tienen idea de qué se trata.

Durante siglos se hizo arte en Argentina mirando hacia Europa, entonces me pregunto qué decisión tomar? Aceptar sin espíritu crítico el producto europeo, o hacer caso a lo que nos dice el intelecto?
¿Para qué estudié?¿Para qué intercambié y debatí ideas con mis colegas?
Creo que la intervención fotográfica hay que tomarla con seriedad y sustentarla con ideas, discursos, hipótesis y elegir con espíritu crítico las influencias para no caer en la foto rara que es una tentación fuerte.

Fernando Sassone
Yo creo que el arte está pasando un buen momento y un pésimo momento a la vez. Por un lado, hay una gran libertad creativa, no hay academias, se reinvidicó el arte de las ideas, el arte conceptual y hay mucho respeto por cada disciplina, por otro hay mucha superficialidad y forma vacia de contenido. En algún sentido también se está viviendo algo similar a lo que sucedió a fines del S XVIII, cuando los artistas, luego de siglos de ser y trabajar como sirvientes, comenzaron a tomar plena conciencia de si mismos como actores sociales, si a esto sumamos el hecho de que los medios masivos de comunicación nos venden empaquetados con fórmulas de cómo ser artista y cómo es que un artista debe comportarse y actuar en la sociedad, tenemos como resultado una gran, ambigua y contradictoria vacuedad. Ya hay programas como american idol o art star, que trivializan a aspirante talentoso. Así y todo, siempre habrá espíritus libres y anárquicos dispuestos a redefinir el rol del artista en esta sociedad tan decadente que todo lo compra y todo lo vende. No se enseña a ser artista, como tampoco se enseña a ser sensible y comprometido.

Fernando Sassone es consultor de branding e imagen corporativa y en fotógrafo documental en su tiempo libre.
Fotografía: www.fs.singularidad.org
Profesional: www.elbosco.net
Blog: www.finisafricae.com.ar

(*) Man Ray es un grupo de fotografía intervenida del portal Flickr.

Reportaje on line: Grupo “Porteña” de safaris fotográficos en Bs Aires.

Porteña es un grupo “Flickr” de aficionados a la fotografía que organiza salidas periódicas por la ciudad.

No es simple esta tarea, reunir tantas voluntades para elegir un lugar “apto fotográficamente”. Tampoco es simple mantener “la onda”, escuchar todas las opiniones y durar más de un año.

“Porteña” lo ha logrado, por eso está con nosotros su fundadora, “Adri Porteña” (así es su nick) para contarnos como es su grupo.


El reportaje se realiza en la modalidad “on line” es decir que se formulan las preguntas en el área “comentarios” y el entrevistado responde.


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