Crónica de un día Martes
Me harté de lo que estaba haciendo porque no daba pie con bola. Había estado programando durante cuatro horas y el correo electrónico no llegaba a la casilla deseada. Me pudrí.
Agarré mi bronca y me fui a diluirla por ahí con las cálidas brisas de Caseros. Si, me las tomé; me fui al carajo como se dice comunmente.
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| El 237. La cagaron con el verde aerografiado con compresor oscilante, porque verde con blanco es linda combinación |
Hacía un calor de locos y caminar hasta la estación del tren era como una prueba de superación personal. Llegué a la estación y me quedé viendo la plaza: parecía que Dios le estaba apuntando con una lupa. Me tomé el 237 y que me llevara a cualquier lado; tenía ganas de andar sentado en una coctelera bonaerense y para eso qué mejor que ese bondi.
El código fuente ya se me estaba diluyendo del mate a esa altura de los acontecimientos cuando ví el mural en la pared de una fábrica. Era la versión al pincel de una foto peronista, “la renunciación de Eva Perón”. Nombre que suena a “anunciación” o algo así ¿no?
Conocía esa foto y el mural estaba bastante bien logrado aunque había una exageración en la mano de Eva tomando el brazo de Perón. No le dí bola. No soy peronista y Eva nunca fue santa de mi devoción a pesar de que en mi familia son todos peronistas.
Una hora después, despabilado al fin, regresaba en el bondi y nuevamente pasamos por el mentado mural.
¿Qué tiene esa imagen que tanto me llama la atención? Sin duda era la mano de Eva. Llegué a casa y en vez de seguir programando me metí en la web a buscar esa foto.
Creo que es una de las grandes fotos de Argentina. Impresionante. Me cambió todo lo que pensaba de Eva porque ella renunciaba a su candidatura de fórmula, estaba enferma, sabía que se moría.
| Al margen de las ideologías, acá yo veo una fotasa registrando un momento histórico y una mujer condenada a muerte despidiéndose de su pueblo. |
¿Imagina Ud. a alguien que sepa que morirá, que no hiciera con pasión lo último que pudiera hacer?
No deberíamos poner esa misma pasión?, la del condenado, cada vez que concebimos una obra?
Hacer una obra no como si fuera untar con manteca la tostada de todos los días sino como la última oportunidad de hacerla. Sacar todo el resto que tenemos y apostarlo en la última vuelta de la ruleta.
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Entonces Eva no tendría que haber renunciado debería haber puesto toda esa pasión en el poco tiempo de gobierno que tendría por delante.