pagina personal – Mudanza del blog

Ud. encontrará más articulos y las entradas de este blog en mi pagina personal

esalvucci.wordpress.com

los articulos aqui publicados pueden ser utilizados siempre ycuando se cite al autor y fuente a la página mencionada:

Dr. Emiliano Salvucci – esalvucci.wordpress.com

  • Sin Comentarios
  • Sin votos

Darwin, Wallace y el Laissez faire

Es conocido que el darwinismo debe su éxito a ser una proyección del libre mercado a la naturaleza. Más de cien años de estudios evolutivos fueron soslayados para erigir como genio a un subgraduado en teología que desconocía los avanzados trabajos en evolución. Darwin, aristócrata victoriano les dio un justificativo biológico de la existencia de razas superiores a la conservadora sociedad victoriana.

El concepto nada original de selección natural – conocido desde Aristóteles y Empdocles, y acuñado en los trabajos de Wells, Blyth, Mathew, y otros – es una tautología que no tiene ningún valor científico.  Wallace, reconocido como codescubridor de la selección natural, tenía pensamientos muy diferentes en cuanto a política y economía.

El trabajo de Darwin, copiando lo ya conocido en evolucion – de Lamarck, Tremaux, Lyell, Buffon, Saint Hilaire, etc. etc. – y sumando la selección natural ya conocida, no aporta ningun adelanto cientifico y debe su éxito al capitalismo y al libre mercado que lo impusieron como teoría única e intocable.

Pensamientos diferentes. Darwin, aristocrata victoriano, era eugenista, antiobrerista y xenofobo.

Pensamientos diferentes. Darwin, aristocrata victoriano, era eugenista, antiobrerista y xenofobo.

  • Sin Comentarios
  • Sin votos

Wallace, Darwin y el Laissez faire

Es conocido que el exito del darwinismo se debio a que es una poyección de las teorias del mercado a la naturaleza. La sociedad victoriana enocontro en la segunda parte del titulo del libro de Darwin un justificativo biológico a la existencia de razas superiores. Ya hacia tiempo (mucho) que se conocía el concepto de selección natural, desde Aristoteles y Empedocles, en la antigua grecia hasta los trabajos de Wells, Blyth,  Cowles Prichard,  Lawrence y Mathew, entre otros.

El trasfondo ideológico es el que posibilita su propagación a la sociedad, la imposición de teoria única y que explica “todo”. Wallace, reconocido como “codescubridor” de la seleccion natural, sin ser original, se cree que no lo entendio como una proyeccion económica. Mas alla de que no tiene valor cientifico (es una tautologia), la seleccion natural proveniente de un conservador, aristocrata, eugenista y ligado al laissez faire, Charles Darwin, tuvo la proyección inmediata porque era util al sistema capitalista y de libre mercado. Además de otorgar, sin fundamentos biologicos, una naturaleza competitiva donde los mas aptos y fuertes, sobrevivirían.

El siguiente cuadro, compara lso pensamientos politícos y económicos de Wallace y Darwin

Distintos pensamientos. Darwin, como aristocrata vixtoriano, era xenófobo y antiobrerista

Distintos pensamientos. Darwin, aristocrata victoriano, era xenófobo y antiobrerista

  • Sin Comentarios
  • Sin votos

VI Fin y medio.

V

Fin y medio.

“Un producto organizado de la naturaleza es aquél en que todo es fin, y, recíprocamente, también medio (…), nada acontece por azar”. (Crítica de la Facultad de Juzgar, 1995, 307).

En su Crítica de la Facultad de Juzgar (CFJ)(E. Kant, 1790), Immanuel Kant llega a plantear sus concepciones acerca de lo orgánico. Kant primero da un paso crucial: introduce la causalidad por fines al lado de la causalidad mecánica. Considera insuficiente la perspectiva mecanicista para explicar el organismo, que es un objeto de la naturaleza, cuyas partes se relacionan entre ellas y producen un todo por su causalidad y, al mismo tiempo, el todo es causa final de la organización de las partes (“todo es recíprocamente fin y medio”). La sola existencia de los productos naturales parece requerir de una explicación teleológica. Necesariamente tenemos que introducir este otro principio, el de finalidad, cuya función reguladora es esencial para la explicación de la mera existencia de los seres vivos. Escribe: “una cosa existe como fin natural cuando es de suyo causa y efecto (si bien en un doble sentido); pues hay aquí una causalidad tal que no puede ser enlazada con el simple concepto de una naturaleza sin atribuirle un fin a ésta, pero que puede,  entonces, y sin contradicción, ser pensada, mas no concebida.”(CFJ,302). Mas adelante explica: “Un ser orgánico, pues, no es mera máquina, que tiene exclusivamente fuerza motriz, sino que posee en sí fuerza formadora, y una que él comunica a materias que no la tienen (las organiza); posee pues, una fuerza formadora que se propaga, la cual no puede ser explicada por la sola facultad de movimiento (el mecanismo).”(CFJ, 305).

Hacia finales del siglo 18, Kant observa la incapacidad del mecanicismo para explicar y comprender a los organismos. Y además, deja en claro en tiempos previos a que Lamarck escriba su “Filosofía Zoológica”, y antes que la biología tome forma como ciencia, que la vida consiste en autoorganización. Para explicarla, Kant reestablece la teleología como ciencia explicativa útil.

En la teleología tenemos que reflexionar para poder encontrar el concepto adecuado a un objeto empírico, y, en este sentido es que se requieren nuestras facultades creativas. “La contribución de kant habría consistido en ofrecer no sólo el núcleo, a saber, el conjunto de supuestos fundamentales que sirven de base a los principios centrales de la concepción de la naturaleza de lo orgánico, sino también el proyecto de algunas directrices para conducir la investigación, especialmente “un rasgo central de todos los enfoques telo-mecanicistas, a saber, el concepto de morfotipo” o plan de organización.” (Álvarez, 1998, 53).

Lo que Kant observaba fue posteriormente (actualmente) complementado por varios científicos, que continuaron una “línea lamarckiana” de pensamiento critico y una crítica, en el sentido kantiano, de la naturaleza (crítica como conocimiento) y establecieron teorías holísticas, como Lynn Margulis (endosimbiosis), Maturana y Varela (autopoiesis y autoorganización) y Zilber-Rosenberg y Rosenberg (hologenoma).

  • 1 Comentario
  • Sin votos

La batalla con los microorganismos y el agotamiento del Bioma

La batalla con los microorganismos y el agotamiento del Bioma

Sin embargo, pese a las pruebas, la visión mercantilista, prima sobre la interpretación honesta de la naturaleza. El mercado dirigiendo las investigaciones y generando ganancias a partir de la ciencia, lleva a que la biología y por consiguiente las industrias farmacéuticas comiencen y promuevan una guerra contra bacterias y virus, instalando un relato en el cual los microorganismo tiene una tendencia natural a agredirnos.

En el mundo actual, (insisto en los paralelismos con la política y la ideología que gestó al darwinismo, que siempre busca señalar un enemigo para autoproclamarse los luchadores de la paz y el orden) existe una guerra contra los microorganismos, siempre hostiles y perjudiciales desde la óptica dominante. En esta guerra desatada a eliminar a las bacterias y virus que, en este escenario, desarrollan continuamente estrategias para atacarnos, parece normal la explosión de comerciales vendiéndonos todo tipo de jabones y desinfectantes que eliminan el 99.9999% de bacterias y virus, para asegurar con ellos que los niños prácticamente estén resguardados estas supuestas amenazas. Las bacterias pueden desarrollar infecciones, sí claro, pero debemos preguntarnos qué significa evolutivamente este estado de infección y no adjudicarle una conducta armamentística imperialista y sajona a los microorganismos. Los competidores, individualistas, profetas del exterminio y continuos propaladores de la explotación de otros, es el mercado, el imperialismo a través de ciertos hombres. De ellos a la naturaleza hay un abismo.

El mercado, aprovecha esa visión guerrerista trasmitida desde la biología secuestrada, para hacer lo que ha hecho siempre: Vender, capitalizar. La tarea desde una honestidad casi ingenua es repasar todos los datos, toda la enorme bibliografía, todos los continuos descubrimientos, y comprender que el darwinismo, no se sostiene ya. Simplemente se repite y se cita y re-cita entre los acérrimos defensores de esta nueva religión que vino a reemplazar al creacionismo.

La compulsiva intromisión de estos productos a la vida cotidiana es resultado de una apreciación errónea de la naturaleza y la sumisión al mercado. Nuevamente, la incomprensión lleva a aplicaciones de las que no podemos predecir sus consecuencias. En el ejemplo citado se puede especular un escenario posible: la resistencia bacteriana aumentará, por esta “selección artificial” de regar antibióticos por todas partes y los niños estarán menos expuestos al contacto necesario con los antígenos que van a dar fortaleza a su sistema inmune.

¿Las armas o las verdaderas funciones de las sustancias antimicrobianas?

Ahora, notemos hasta que punto las aceptaciones históricas de comprender la naturaleza están totalmente sesgadas y cargadas de prejuicio bajo una visión que, atreviéndome a poner un nombre, podríamos llamar imperio-céntrica, que los conocidos antibióticos fueron siempre citados como los prototipos de aquellas “armas” que todos los contrincantes tienen para utilizar en el campo de batalla que es la naturaleza darwiniana. Finalmente, hay investigadores que nos informan que aquellas armas no eran tales. No había armas tan terribles que justifiquen un ataque tan feroz contra las pobres bacterias, ni ellos son nuestros enemigos. Una vez más, todo parecido con la realidad puede ser más que una simple coincidencia.

Investigaciones recientes han llevado a reinterpretar los populares antibióticos, los cuales han comenzado a ser vistos como señales de comunicación entre bacterias y no, como armas letales sintetizadas para exterminar competidores (no considero casual, que estas nuevas formas de comprender los proceso y las resultados provengan de investigadores españoles, es decir, no angloparlantes). La definición de antibióticos de Brock, es la siguiente: “un agente químico capaz de producir daño en otros microorganismos”. Los antibióticos se definen como tales a partir de una observación en el laboratorio en que a ciertas concentraciones pueden inhibir el crecimiento de otro microorganismo. Pero a bajas concentraciones, es decir a concentraciones halladas naturalmente en el ambiente donde vive el microorganismo productor dado que, los principales efectos se observan el metabolismo general, cambiando los patrones de transcripción de una manera dosis dependiente  (Shen y col., Martinez y col.) Este fenómeno de diferentes actividades según la concentración se ha denominado hormesis. Y este mecanismo regulatorio se observa tanto en la población productora como en el microorganismo señalado como blanco (el antibiótico como arma), dado que esta seria la función primordial. Como toda sustancia, el exceso puede provocar efectos tóxicos, de ahí que fuesen llamados antibióticos, estas moléculas cuando esto es solo una descripción parcial de su bioactividad.

El caso es que los antibióticos, producidos en condiciones normales, en la naturaleza, por microorganismos que están en un estado similar a lo que en el laboratorio se llama fase estacionaria, e incluso en condiciones denominadas de “stress”, tienen una función de señal y aquellos genes relacionados a la resistencia, son entonces genes que se activan para producir proteínas que extruyen el “antibiótico”. Aquellas moléculas, enzimas, sintetizadas en genes de resistencia, tienen primordialmente una función metabólica, como fosforilar precursores del “antibiótico”.

Pero el uso de antibióticos como armas de destrucción, que es como la usa el hombre y NO los microorganismos, genera una selección, artificial, y el desequilibrio generado provoca la movilización de genes que pueden ser adquiridos por cepas que produzcan el antibiótico o no, pero cambiando el contexto bioquímico, metabólico y regulatorio en donde se desconoce las respuestas posibles en esas condiciones. Y es en este punto donde nuevamente nos encontramos con esta constante: la manipulación de lo que no se conoce y, peor aún, la mal interpretación de lo poco que se conoce, genera consecuencias impredecibles.

El agotamiento del bioma

Para llegar a comprender esta situación en la que el mercado esté dirigiendo qué es producto necesario y de qué es necesario defenderse, imponiéndose en una sociedad que ignora los trasfondos, que no puede tomar las distancia y los conocimientos necesarios para tener una posición crítica del fenómeno, tenemos que remontarnos a nuestro lugar en la biosfera, en la naturaleza, en ese gran planeta vivo construido por etapas de integración, desde los organismos más antiguos a los más modernos, y que conviven en una red integrada en sistemas dentro de sistemas. Y en esa red de la vida, nuestro lugar como primate, comenzó a salirse de aquel equilibrio que puede ser considerado como el lugar inicial del ser humano.

En términos de tiempos geológicos, la aparición del hombre es muy reciente, y mas reciente aun es su establecimiento en ciudades, cada vez más pobladas, y sumado a ello el proceso de industrialización. La dieta principal de un primate silvestre es de bajas calorías pero de óptima nutrición (frutas y verduras, principalmente) y dado nuestro lugar en la naturaleza como primate “superior” nos fuimos alejando de nuestra condición natural, para dar lugar a cambios en comportamiento y dieta a lo largo de la evolución social del hombre y la industrialización de la sociedad en que está inmerso.

Hoy por hoy el concepto de sano y normal son muy diferentes al de aquel primate que fuimos, dado que nuestro cuerpo opera fuera de los indicadores fisiológicos que lo constituyeron y estructuraron a los largo de miles de años. Nuestro valor normal de 90 mg/dl promedio de glucosa en sangre es diferente al 50 mg/dl de nuestro parientes mas cercanos, por ejemplo, y sumado a los cambios en la dieta a lo largo del tiempo, también debemos agregar que la industrialización trajo consigo la proliferación de numerosos alimentos bastante alejadas de nuestra dieta primitiva. El primate que quedo alla lejos en el tiempo producía mayor cantidad de somatotropina al “trabajar” en la búsqueda de alimento, hecho que le demandaba una actividad física constante,

El cuerpo humano es el resultado de la integración de su estructura definida en su genoma y de la convivencia con millones de microorganismos a lo largo de miles de años. Estos microorganismos asociados, constituyen el microbioma humano.  Pero así como un cierto numero de parámetros fisiológicos, aquel microbioma humano que construyó al ser humano, fue gradualmente atacado, dada la interpretación darwinista de cualquier organismo como un individuo que lucha por su propia existencia y no como el resultado, observable, palpable, de que el hecho de que exista es debido a un complejo proceso de integración y convivencia con los constituyentes del ecosistema que lo rodea, lo conforma y define.

Los humanos no evolucionamos como una sola especie, sino que los seres humanos y los microbiomas asociados con nosotros han evolucionado como un “superorganismo”, y nuestra evolución como especie y la evolución de nuestros asociados microbiomas siempre han estado entrelazados

Es conocido que animales gnotobióticos (libre de microorganismos) separados de su microbioma asociado produce un sistema inmunológico poco desarrollado que es una mera sombra de su contraparte natural y no es posible que se alcance un intestino maduro. El intestino humano es el resultado de la estructura humana y los organismos de la flora asociada. Igualmente astronautas que reciben durante cierto tiempo un a dieta irradiada, presentan alteraciones en su microbiota que resultan en una perturbación en su sistema inmunológico.

El sistema inmunológico, y todo el organismo en general, ha sido construido en base a una integración y asociación con microorganismos y con helmintos, de manera  que puede interpretarse al sistema inmunológico como una interfaz con organismos simbióticos más que con una defensa contra invasores. Esta integración es observada en todos los animales, pero solo el hombre fue separándose de su asociación con parte de su bioma.

Es relativamente reciente la incorporación en el comportamiento del ser humano el uso de agua corriente, la medicina moderna, y el establecimiento en ambientes cada mes más asépticos. Al separarse de parte de su contraparte simbionte el organismo humano fue enfrentando alteraciones permanentes en su sistema inmunológico, resultando en la era post-industrial en un aumento constante de enfermedades autoinmunes, alergias e inflamaciones intestinales.

La hipótesis de la higiene o hipótesis del agotamiento del bioma describe el impacto en la salud del ser humano que tuvo y tiene nuestra continua separación de nuestros organismos asociados. Una vez separados de aquel primate en equilibrio con su ambiente, la aplicación de distintas terapias medicas para solucionar alguna enfermedad específica y el desarrollo tecnológico que ahora damos por normal y necesario, llevó al ser humano a una situación de hipersensibilidad e hiperreactividad del sistema inmunológico.

La utilización de drogas inmunosupresoras viene a complementar la pérdida de nuestros socios helmintos que actuaban como inmunosupresores, y la utilización actual de alimentos funcionales y probióticos permiten restablecer un equilibrio perdido fruto del mismo autoagresión a lo largo de años de la visión competitiva e individualista de la ciencia darwinista.

Una vez roto aquel equilibrio, la ciencia ahora recurre, aun sin perder su visión darwiniana, a tratar de resolver el daño que provocó. William Parker, inmunólogo de Duke University, USA, aclara: Es difícil imaginar que vamos  ser capaces de restaurar el sistema inmune a la normalidad con un fármaco que se dirige a un engranaje en el aparato inmunológico, cuando todo e aparato está fuera de sincronía con su naturaleza. Esto equivale a tratar a una viuda abatida con un ungüento que contiene la forma recombinante expresando el complejo MHC II del compañero ausente. Productos farmacéuticos no pueden recapitular efectivamente la biología obtenida por cientos de millones de años”. Agrego: millones de años de integración.

El agotamiento del bioma ha dejado un sistema inmune hiperreactivo, y el tratamiento con helmintos y organismos considerados tradicionalmente como parásitos está dando resultados en enfermedades como la fiebre del heno, la enfermedad de Crohn y la esclerosis múltiple. La asociación con nuestro bioma influyó en el desarrollo de todo el organismo, incluyendo el cerebro, y se entrelaza con el sistema inmunológico de una manera compleja que solo podrá comenzarse a entender con una visión integradora, holística, en contraposición a la visón competitiva e individualista que llevó a esta situación. La asociación del autismo y la inflamación por ejemplo, apuntan a  la teoría del agotamiento del bioma.

Todo esto nos lleva a reflexionar sobre los abusos y la compulsiva necesidad de promover la venta de sustancias antimicrobianas en la ficticia batalla contra los microorganismos. Muchos científicos están comprendiendo que la visión darwiniana debe ser dejada de lado para empezar a solucionar los problemas que esta cosmovisión nos trajo y para ello un nuevo paradigma es necesario, uno que comprenda que los organismos que componemos la biósfera estamos estrechamente relacionados y la complejidad reside en la continua asociación y autoorganización de la vida.

  • Sin Comentarios
  • Sin votos

IV – Simbiogénesis, un nuevo principio de la evolución

– Simbiogénesis, un nuevo principio de la evolución

La terminología darwinista ha llegado a contaminar toda la percepción de la naturaleza e, incluso, de las relaciones sociales. El darwinismo, como consagrada “teoría popular”, ha instalado la tranquilidad de que, aún teniendo escaso conocimiento del mundo que nos rodea, todo está explicado y, de esta manera, ha naturalizado una explicación simplificadora de los procesos extremadamente complejos que constituyen la vida. Alfred Hoyle, desconfiaba de estas teorías por dar explicaciones muy sencillas pero que son fáciles de “visualizar” y, sobre todo, que se ajustan a las concepciones culturales y sociales dominantes de la realidad, lo que da una sensación de que “todo está claro”, sin reconocer nuestro limitado conocimiento de los procesos biológicos fundamentales (Sandin, 2001).

Esa victoria de la que puede jactarse el darwinismo, surgida a partir de la imposición de una ideología, y partir de la extrapolación de las teorías maltusianas y neoliberales, se regó a toda la sociedad. Y la biología, tranquilizadoramente, reveló que aquellas reglas venían a ser un reflejo de lo que sucedía en la naturaleza. Se cerró un círculo. La sociedad se encerró en él y romper este círculo vicioso de total servilismo a una cosmovisión mercantilista es una tarea que requiere un esfuerzo, y lugares para decirlo, que ya es decir mucho. Esto no es sorprendente si se piensa que el capitalismo como sistema económico naturalizó la expoliación, la opresión del hombre por el hombre y la sociedad asimiló los mecanismos de este sistema, sus reglas adoptando una visión acrítica, en consonancia, con el adormecimiento político en que esta sumida. Y sin crítica se anula toda praxis transformadora, porque se necesita una visión crítica, que se logra con un distanciamiento adecuado del orden dado, para poder interpretar objetivamente.

La idea negativa que encierra el término salvaje en la naturaleza, es un ejemplo de esta situación, mostrándola como un escenario de lucha incansable, de exterminio, de eliminación del otro, termina de formar la concepción darwinista (reduccionista, simple, falaz) que es llevada a todos los ámbitos de la existencia, como condición natural de la sociedad.

En este escenario, los virus y las bacterias constituyen siempre una amenaza. Si bien el descubrimiento de las bacterias y los virus, se debió al carácter patógeno de algunos de ellos, la gran mayoría de las bacterias y virus no son patógenos, muy por el contrario, constituyen una porción fundamental de la biósfera, manteniendo el equilibrio entre las especies, y permitiendo nuestra existencia. Las asociaciones de bacterias y el resto de los organismos son interacciones fundamentales para la existencia de la vida en el planeta. Así lo demuestran numerosas evidencias.

Una de las evidencias de los procesos integrativos, lo constituye la simbiosis, estrechas asociaciones no solo entre organismos de una misma especie sino también, y de acuerdo a una tradicional y estricta definición de simbiosis, entre organismos de especies diferentes que se observan en la naturaleza. En estas observaciones se basa la teoría de la simbiogénesis. Fue desarrollada desde principios del siglo XX por distintos evolucionistas: Konstantín Merezhkovski en 1909 desde Rusia, E. Wallin en 1927 desde EE.UU. y Paul Portier desde Francia. En 1967 Lynn Margulis, microbióloga estadounidense de la Universidad de Massachusetts retoma esta teoría y describe el surgimiento de la célula eucariota a partir de la asociación endosimbiótica entre procariotas. Inicialmente refutada y resistida (el trabajo de Margulis fue rechazado en 14 ocasiones) es hoy una teoría que tiene  sustento científico para permitir que Lynn Margulis proponga que la simbiosis es el mecanismo que ha generado, al igual que las células eucariotas, la mayoria de las adquisiciones de caracteres de los organismos pluricelulares y por lo tanto también la diversidad de especies de la naturaleza (teoría de la simbiogénesis seriada). Esto es resistido aun por el darwinismo ortodoxo (valga la redundancia) que, siempre fiel al dogmatismo es capaz de crear las historias más ficticias, recurriendo a metáforas y fantasmas semánticos, para adecuar todos los descubrimientos y alternativas al rígido y poco fundamentado mecanismo de mutacion al azar más selección natural como motores evolutivos. Un ejemplo de esto lo constituye lo que escribe John Maynard Smith en “Ocho hitos de la evolucion”: “Lynn Margulis ha afirmado que la simbiosis es la principal fuente de novedad evolutiva y que la selección natural ha sido de menor importancia. Esto es inaceptable (sic). La simbiosis no es una alternativa a la selección natural, mas bien es al revés: necesitamos una explicación darwiniana de la simbiosis (sic)”.

(Me permito un gran paréntesis porque esta frase final resume el carácter religioso del darwinismo. Una teoría basada en un fantasma semántico como lo es la selección natural, creada en las mentes mercantilistas y victorianas de Malthus, Spencer y Darwin, cuando no se conocía ni la existencia de bacterias y con el agregado “moderno” de la mutación aleatoria, no permite la reflexión, el camino lógico de razonar que una idea tan primitiva y simple esté equivocada ante la evidencia más reciente en la que la naturaleza se  muestra como un proceso continuo de asociación e integración. Las manifestaciones de integración pueden encontrarse en las asociaciones simbióticas, en la cantidad de ADN de origen viral en forma de intrones, secuencias repetidas, etc. encontradas en todos los tipos celulares y organismos con notables aspectos funcionales mediante cambios de localización y duplicaciones, produciendo cambios en la expresión y regulación génica; en la emanación de partículas virales en situaciones de “estrés” en distintos tejidos; en que transposones transmitidos por bacterias producen en animales y plantas cambios en células germinales. Y en una serie de hechos que podría explicar, por ejemplo, cómo en una situación de extremas condiciones puedan ocurrir cambios repentinos, bruscos, en las estructuras como la aparición simultánea en el cámbrico de  todos los grandes tipos de organización, todos los grandes Phyla actuales (se han identificado espongiarios, equinodermos, moluscos, poliquetos, onicóforos, artrópodos, e incluso cefalocordados, antecesores, por tanto, de los vertebrados) y es lo que deberá tratar la teoría de la evolución  y no “imaginarnos” a través de un relato de ciencia ficción que las mutaciones al azar, la transferencia horizontal, la simbiosis y otros tantos mecanismos son simples actitudes egoístas que a través de miles y miles de años se seleccionaron (¿por quién?) entre otras (¿Cuáles?¿Donde?) y elaborar, para ajustar la realidad al darwinismo, un sin fin de metáforas y cuentos chinos.)

Ya en el año 1902, Krokoptin escribió el libro titulado El apoyo mutuo. Un factor de la evolución allí expresa: “reconocer la despiadada lucha interior por la existencia en los límites de cada especie, y considerar tal guerra como una condición de progreso, significaría aceptar algo que no sólo no ha sido demostrado aún, sino que de ningún modo es confirmado por la observación directa.” Por su parte Lynn Margulis en Captando genomas, escribe: “La vida en la Tierra no es de ninguna manera un juego en el cual algunos organismos ganan y otros pierden. Es lo que en el campo matemático de la teoría del juego se conoce como un juego «de suma no cero»”.

La historia del darwinismo, y tristemente la de la biología misma, está plagada de injusticias para con naturalistas que pensaron fuera de la jerarquía eclesiástica darwiniana. Así, es necesario decir que a las injustas descalificaciones de Lamarck, la proscripción de Trémaux y una larga lista de naturalistas olvidados, vamos a sumar a Merezhkovsky quien con 27 años cuando murió Darwin, fue el primer autor que propuso la idea de la simbiogénesis, según la cual algunos órganos, e incluso algunos organismos, no surgían en la evolución por el gradual mecanismo de la selección natural, sino mediante asociaciones simbióticas entre una especie animal o vegetal y algún tipo de microbio. Merezhkovsky también postuló que el núcleo de la célula eucariota provenía de un antiguo microorganismo, anticipándose en más de 70 años a Lynn Margulis. Los trabajos Merezhkovsky pasaron inadvertidos.

En 1927 el libro Simbiosis y el orígen de las especies Ivan Wallin argumentaba que las nuevas especies se originaban mediante simbiosis. Wallin puso especial énfasis en la simbiosis entre animales y bacterias, un proceso al que llamaba «establecimiento de complejos microsimbióticos» o «simbiontismo»” (Margulis y Sagan, 2003). Escribió nueve trabajos explicando su teoría y experimentos pero sus conclusiones fueron tenidas por absurdas.

En Francia, el biólogo Paul Portier también llegó a conclusiones parecidas sobre el origen simbiótico de las eucariotas. Otro trabajo que pasó inadvertido fue Simbiogénesis, un nuevo principio de la evolución (1926) de Boris Mihailovich Kozo-Polyansky que “conceptualiza todos los ejemplos y pruebas que sustentan la teoría de la simbiogénesis. Desde las cianobacterias hasta los coleópteros que viven con bacterias en su interior, que se encargan del metabolismo del nitrógeno.” (Margulis, 2009).

La teoría de la simbiogénesis constituye una idea revolucionaria dentro del darwinismo, al poner de manifiesto que los procesos integrativos tienen un valor evolutivo mayor (quizá el único verdaderamente importante) que el de las mutaciones al azar neodarwinianas. Margulis dice al respecto: “Los cambios aleatorios en la base de ADN juegan, sin duda, un papel en el proceso evolutivo. Son como errores de imprenta que se multiplican en cada ejemplar del libro. Raramente contribuyen a clarificar o ampliar el sentido del texto. Tales pequeños cambios aleatorios son casi siempre inconsecuentes —o incluso dañinos— para el conjunto de la obra. No es que estemos negando aquí la importancia de las mutaciones. Únicamente insistimos en que, siendo tan sólo una pequeña parte de la saga evolutiva, la mutación ha estado siendo dogmáticamente sobrevalorada. La parte mucho mayor de la historia de la innovación evolutiva, correspondiente a la unión simbiótica de organismos de linajes distintos”.

Los microorganismos muestran numerosos mecanismos de traspaso de ADN en forma de genes enteramente funcionales. Los cambios en las condiciones que resultan en cambios en el comportamiento y entre esos comportamientos, el intercambio de señales, moléculas y ADN y la tendencia a unirse a otras formas de vida es una condición muy común, mucho más de lo que aún hoy la mayoría de los biólogos comprenden.

Margulis señala que cuanto más estrecha es la asociación simbiótica, más desdibujados aparecen los simbiontes implicados y es la complejidad y la capacidad de respuesta de la vida las que se manifiestan en la aparición de nuevas especies a partir de fusiones entre antepasados distintos. Para citar un ejemplo, real, observable , podemos citar a los líquenes. Estos “nos proporcionan un ejemplo característico de simbiogénesis. Es más, el individuo liquen es algo diferente de sus dos componentes. No es ni un alga verde o una cianobacteria, ni un hongo. Es un liquen. Los líquenes, novedades evolutivas surgidas por medio de la adquisición de genomas de alga o de cianobacteria, tomaron su propio camino y exhiben características distintas a las de sus antepasados” (Margulis, 2003).

Margulis, lamentablemente, se olvida del rol fundamental que tienen los virus y elementos móviles en esta construcción, dado que el ciclo de vida viral implica un estado “vivo” muchas veces no considerado y que es, precisamente, su integración a genomas, bacterias y organelas (hay fagos en mitocondrios, que incluso se “traspasaron” al genoma “central” del núcleo). Allí, los virus nos demuestran su capacidad de ingresar nuevos genes, nuevas regiones reguladoras que insertadas en una línea germinal es capaz de alterar la expresión y de acuerdo al contexto donde los genes e movilicen pueden reaultar en apariciones de nuevas estructuras. Un ejemplo de esto lo constituyen los genes hox, secuencias génicas que “significan” algo. Si un grupo de genes hox que significan ojo son colocados en una región del genoma de la línea germinal pueden hacer aparecer ojos en lugar de, por ejemplo,  alas. Por otro lado si sumamos las evidencias de la movilización génica tan común y la aparición de unas u otras estructuras de acuerdo al contexto genético y metabólico donde se inserten (virus y elementos móviles, en respuesta a condiciones ambientales que varíen bruscamente) podemos construir una teoría evolutiva mas acorde a las observaciones que sustentada en supuestos.

Otro aspecto que me interesa remarcar es que Lynn Margulis, aun planteando una teoría revolucionaria, que es capaz de confrontar a la simple y reduccionista teoría del azar y la mutación, insiste en salvar a la selección natural pese a que claramente no tiene ninguna información o conocimiento que aportar a la comprensión del fenómeno evolutivo.

Por un lado la teoría endosimbiótica revela que la simbiosis es la responsable de la aparición de novedad biológica y no las mutaciones aleatorias (errores genéticos) que son casi siempre dañinas y además entiende que la naturaleza es una construcción de procesos integrativos en los surge o emergen nuevas propiedades no presentes en los componentes que se integraron (propiedad de la vida llamada “Emergencia”) y  contrapone esta imagen a la visión reduccionista, según el cual la naturaleza sería un campo de batalla donde únicamente prevalecería la competencia. Pero por otro lado, Margulis a la vez sostiene que es la selección natural la que fija los procesos simbiogenéticos. Esta necesidad dogmática de salvar a la selección natural, es por un lado un legado de la formación darwiniana y a la vez una imposición del sistema científico que no permitiría la difusión o publicación de cualquier idea que critique fuertemente a la selección natural y su papel de confundir y no explicar los hechos observables.

Mejor quedarse con los mejores párrafos de Lynn Margulis, que propone una visión integradora, holística, del estudio de la naturaleza y bajo este enfoque, sumando los aportes de autores que consideran el papel central de los virus en el proceso de integración, como el virólogo Patrick Fonterre y el biólogo Máximo Sandín, poder llegar a una interpretación, no solo del proceso evolutivo, sino  también de la naturaleza en general. En este sentido, en el próximo capitulo contrapondré cómo una visión mercantilista, reduccionista, darwinista de la naturaleza ha llevado a destruir miles de años de un proceso integrativo que nos ha definido a los seres humanos a ser tal como somos, y cómo una visión holística, que reconoce a la integración como el mecanismo que nos define, poder dar una solución una vez ya asumido el daño inicial.

“Al igual que el disco duro del ordenador, la molécula de ADN almacena información evolutiva pero no la crea. Puesto que no son “entidades” en un sentido coherente, los genes egoístas pueden ser comparados a invenciones de una imaginación hiperactiva, inicialmente anglófona. El verdadero ser es la célula viva, entidad que no puede evitar crear copias de sí misma. Ella es el personaje central. El motor de la evolución se mueve gracias a seres diminutos de cuya existencia apenas somos conscientes. Les tememos y los maldecimos, pero las bacterias, estos seres vivos y diminutos, escapan a nuestra atención salvo en esas ocasiones temibles en que nos alarman o nos amenazan. Ignoramos o desdeñamos el hecho de que tienen vida propia. Pero la tienen. Las acciones de las bacterias y de otros seres invisibles perpetúan y generan especies viejas y nuevas.” (Margulis y Sagan, 2003).

Emiliano Salvucci

  • Sin Comentarios
  • Sin votos

Reivindicar a Lamarck

I propose that our current understanding of epigenetics could partly reinstate Lamarck in the light  of a post-Darwinist model of evolution. Con esta frase finaliza Ivan Landires su correspondencia titulada The post-Darwinist concept of species: a place for Lamarck?, publicada en The Lancet (Vol 375, p. 806, 2010), en donde hace una tibia (y eso ya es bastante, en los tiempos que corren) reivindicación de Lamarck ante los nuevos descubrimientos sobre todo en el área de la epigenética de la cual sabemos que “epigenetic changes were found to be inherited from one generation to the next”, y que “epigenetic marks by DNA methylation can be inherited  cross multiple generations in mice, implying that not only prenatal maternal but also grandmaternal exposures to methyl donors may influence subsequent gene expression in the offspring”.

Por otra parte en la publicación The post-Darwinist rhizome of Life (The Lancet, vol. 375, p.104, 2010) Didier Raoult, proponía el “post-Darwinist concept of the evolutionary pathway as a rhizome instead of a tree, with inheritance occurring not only vertically but also laterally”. Para llegar a esta propisicón , Raoult, que bastante a la vanguardia se encuentra junto a Patrick Fonterre, acercando la biología a una reinterpretación de los descubrimientos y cuestionando el dogma dominante, no hizo más que observar la enorme importancia evolutiva que tiene la transferencia horizontal de genes, no solo en bacterias, sino en todos los organismos vivos, y como ha llevado a la formación de mosaicos génicos en cada organismo. De esta manera, no es posible ya hablar de ancestros comunes para el repertorio génico de cada organismo.

Claro que este lúcido paso en el razonamiento, esta un poco manchado, inevitablemente, por la férrea formación darwiniana de cualquier biólogo promedio. Entre estas lógicas aclaraciones, se mezcla la referencia al egoísmo de los genes, citando al creador, monje, visionario, de este disparate.

roult_the lancet

Rizoma de la Vida (Raoult, 2010)

Mi subjetivo optimismo, hace ver en este tipo de artículos, es decir los escritos por los más atrevidos, y pensantes biólogos, como una alegoría de aquella transición de paradigmas que menciona Kuhn. Solo en los artículos de los biólogos a los que les resta todavía un poco de sentido crítico (en los del resto, solo se repite la misma perorata sin sentido darwiniana) se intenta salvaguardar al darwinismo ante los más que evidentes hechos que lo contradicen. Su honestidad científica y su razonamiento los lleva a publicar, a decir, la verdad pero, cautelosamente, necesitan mostrar que no quieren contradecir a la jerarquía eclesiástica darwinista (“Sugiero respetar la mente  revolucionaria de Darwin y permitir que la teoría de la evolución misma de evolucionar de un árbol a un rizoma”).

Aún así, es lo mejor que se puede leer por estos tiempos.

Acerca de lo de mente revolucionaria de Darwin, por ahora me ahorro comentarios. Solo, por ahora.

  • Sin Comentarios
  • 1 voto

El secuestro de la Biología (III)

(Sigue de  la entrada anterior)

Darwinismo y status quo

Darwin fue el primer crítico de su obra al expresar “admito que en ediciones anteriores (…) atribuí demasiado a la acción de la selección natural o a la supervivencia de los más aptos” (Darwin, 1859). Lamentablemente, en lugar de compartir esta posición crítica, los continuadores del darwinismo, movilizados por concepciones culturales, centralistas, y hasta imperialistas, se aferraron a los conceptos de competencia, destrucción, selección natural, distanciándose de la realidad que se presentaba en las crecientes observaciones que iban a contrapelo del paradigma cada vez más divinizado. Quizá sin querer, Darwin condenó la biología a vivir secuestrada por el Mercado y, además, estableció los fundamentos “naturales”, y falsos, de que existen razas superiores. Una continuación nefasta de esas ideas fue la impulsada por el primo de Charles Darwin, Sir Francis Galton, quien fue el principal propulsor de la eugenesia. Convencido de que las sociedades protegían a los “más débiles” y esto  contradecía la selección natural ya que esta fuerza omnipotente seleccionadora se encargaría naturalmente de extinguirlos, era necesario “ayudar” a este proceso y mejorar las cualidades innatas de la raza y dar “aunque sea en remoto grado a las razas o variedades más aptas una mejor oportunidad de prevalecer más rápidamente sobre los menos aptos de lo que de otra forma habría hecho” (Francis Galton, 1883). Tal es la filosofía eugenésica y en la que se basaron las políticas de ciertos países como Estados Unidos, que llevaron a cabo programas eugenésicos a gran escala que incluían restricciones de matrimonios, reducción de la inmigración, y esterilizaciones forzadas a personas declaradas deficientes mentales por el estado (fueron realizadas 64000 esterilizaciones forzadas solo en Estados Unidos para 1945). La concepción de la existencia de razas superiores y las prácticas purificadoras de esas razas, eliminando los componentes “inadecuados” de la sociedad fue llevada a la atrocidad más extrema en la Alemania nazi. Los padres de la genética de poblaciones (Daventport, Fisher, Pearson), que es la supuesta base empírica del darwinismo, eran eugen istas.

imagesLa concepción darwinista se ha convertido en religión y cosmovisión del status quo. La “explicación científica” ha sido utilizada por el mercado para justificar la explotación de los países “periféricos” o subdesarrollados” a causa del desarrollo ajeno y a establecer como justificación natural el maltrato de las personas como una mercancía más en el mundo capitalista. Se multiplican frases ligadas al darwinismo en periódicos, en las bocas de hombres de negocios, en las empresas multinacionales, en libros de ética de los negocios, entendiendo al libre mercado como un reflejo de lo que ocurre naturalmente, cuando en realidad la teoría darwinista le debe al libre mercado su origen y su éxito. Quizá tan solo un ejemplo de esto es el libro negocios de Greoffrey Moore denominado “Tratando con Darwin” (Moore, 2005). Supongo que en términos mercantilistas, el darwinismo fue la más extraordinaria estrategia de marketing del capitalismo.

Aquella hipótesis, conceptos y términos que fueron puramente especulativos se transformaron en conceptos incuestionables, que se soldaron al lenguaje científico para ser utilizado sistemáticamente para explicarlo todo. La terminología dominante, impuesta también por el propio idioma inglés que conlleva una ideología mercantilista e imperialista, utiliza términos y expresiones como la competencia entre proteínas y entre genes, la presión de selección, el fitness, el costo-beneficio, las estrategias, arsenal armamentístico, guerras, explotación, la eliminación del otro, el “problema “ del altruismo, y muchas expresiones más que pretenden explicar las relaciones entre los organismos y que denotan la continuación de una teoría que nada o poco tiene de científico y mucho de ideológico, siendo funcional a un status quo y un sistema de explotación global. El punto de vista distorsionado, y la “personificación” (se habla de egoísmo de genes)  de los componentes de la naturaleza son moneda corriente en la biología mercantilizada. La premisa actual es, aún con la carencia de un marco teórico científico que nos permita comprender los procesos biológicos, obtener rentabilidad de todo. Así, en las grandes revistas científicas además de sus artículos en donde impera el desorden reinante de la biología están las secciones dedicadas a las noticias del mercado.

Pero una de las tantas situaciones que merecer atención inmediata es que la relación mercado-biología genera situaciones como las orquestadas por las compañías de biotecnología y las farmacéuticas. Colocando siempre la rentabilidad, el mercado, por sobre los conocimientos científicos genuinos, las empresas se han lanzado a patentar genes, a realizar pruebas con xenotrasplantes, a la creación de transgénicos, a la generación de vacunas nuevas, manipulando cosas que no se comprenden debido al sustento teórico falso. Prácticas tales podrían ser la responsable de la aparición del  virus del sida, y el extraño y sospechoso virus H1N1, con el que con la complicidad de los medios masivos, las empresas farmacéuticas (en muchos casos los principales accionistas son funcionarios o gente allegada al poder) han hecho millones con su vacuna o con los antivirales.

Un ejemplo de las consecuencias que este enfoque economicista genera, nos es advertido por Sandín en su último artículo “Virus y Locura (Científica)” donde cuestiona el actual postulado de desarrollar antivirales contra la esquizofrenia publicado recientemente en la revista Schizophrenia research (Schretlen, 2010). El desarrollo de terapias antivirales (una nueva batalla contra la naturaleza) puede causar alteraciones en las actividades de virus endógenos de consecuencias insospechadas dado que las secuencias virales en nuestro genoma participan de innumerables procesos reguladores y naturales de nuestro organismo (Sandín, 2010).

Dedicar el trabajo científico al desarrollo de una base teórica que permita conocer, investigar e interpretar los procesos naturales, reconociendo el origen doctrinario e interesado del paradigma dominante y sus falacias enormes para ser el sustento teórico de las investigaciones científicas, es una labor a la que no podemos ser ajenos. La perspectiva economicista de la naturaleza puede traer más problemas que soluciones. Es momento de comenzar el rescate.

Bibliografía:

ABDALLA, Maurício (2006): “La crisis latente del darwinismo”. Asclepio, LVIII-1. CSIC Madrid.

AGUDELO MURGUÍA, Guillermo (2006): “¿Es el darwinismo una religión?”. Página del Instituto de Investigación sobre Evolución Humana. http://www.iieh.com/index.php/evolucion/87-ies-el-darwinismo-una-religion.

BARTON, Ruth (1998): “ ‘Huxley, Lubbock, and Half a Dozen Others’: Professionals and Gentlemen in the Formation of the X Club, 1851–1864”. Isis, Vol. 89, nº 3, pp.410–444.

BUCHANAN AV, SHOLTIS S, RICHTSMEIER J, WEISS KM (2009): “What are genes `for´ or where are traits `from´? What is the question?” Bioessays; Vol. 31, nº 2, pp. 198–208.

DARWIN, Charles (1859): El origen de las especies (Del origen de las especies por medio de la Selección Natural, o la conservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida). Buenos Aires, Ediciones Libertador, Centro Editor de Cultura, 2003.

GALTON, Francis (1883): Inquiries into Human Faculty and its Development. Londres, Macmillan.

LAMARCK, J.B. de M. (1809): Filosofía Zoológica. (Traducción al español). España, Editorial Alta Fulla, 1986.

MOORE, Geoffrey (2005): Dealing with Darwin: How Great Companies Innovate at Every Phase of Their Evolution.

SANDÍN, Máximo (1997): “Teoría sintética: Crisis y revolución”. Arbor, nº 623-624. Tomo CLVIII. CSIC. Madrid.

SANDÍN, Máximo (2000): “Sobre una redundancia: El darwinismo social”. Asclepio Vol. LII, nº 2, pp. . CSIC Madrid.

SANDÍN, Máximo (2002): “Una nueva biología para una nueva sociedad”. Política y Sociedad, Vol 39, nº 3, pp. 537-573.

SANDÍN, Máximo (2010): “Virus y Locura (Científica)”. Página personal de Máximo Sandín: http://www.uam.es/personal_pdi/ciencias/msandin/.

SCHRETLEN DJ, VANNORSDALL TD, WINICKI JM, MUSHTAQ Y, HIKIDA T, SAWA A, YOLKEN RH, DICKERSON FB, CASCELLA NG (2010): “Neuroanatomic and cognitive abnormalities related to herpes simplex virus type 1 in schizophrenia”. Schizophrenia Research

  • Sin Comentarios
  • 1 voto

El secuestro de la Biología (II)

(Continua del post anterior)

El secuestro.

El darwinismo se gestó a partir de los conceptos y la visión (capitalista, neoliberal) malthusiana de que las enfermedades y la escasez de alimento actúan como reguladores de la población favoreciendo a los mas aptos en una continua lucha por la vida. Darwin escribió su libro “Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o el mantenimiento de las razas favorecidas en la lucha por la existencia” (1859) basado en la teoría de Malthus, y en las expresiones de Herbert Spencer: “como se producen más individuos de los que es posible que sobrevivan, tiene que haber forzosamente, una lucha por la existencia (…) Es la doctrina de Malthus aplicada con multiplicada fuerza a la Naturaleza” (Darwin, 1859). Y en otra parte, escribe: “he llamado a este principio por el cual se conserva toda variación pequeña, cuando es útil, selección natural para marcar su facultad con la selección del hombre. Pero la expresión usada por Herbert Spencer de que sobreviven los más idóneos es más exacta”. Sumó a esto, unas cuantas observaciones realizadas por ciertos investigadores y observadores, y su experiencia en con animales domésticos y plantas cultivadas. Como afirma Sandín: “la idea expresada con más convicción en la obra de Darwin es la extrapolación de las actividades de ganaderos y agricultores a los fenómenos de la naturaleza”. El mismo autor advierte “en la actualidad, el fenómeno se ha acentuado de modo paralelo al afianzamiento del modelo económico basado en la libre competencia y en el azar como director, hasta el punto de que no sólo afecta al marco teórico de la investigación biológica, sino a los objetivos y al uso que se da a los resultados” (Sandín, 1997).

darwin-

En plena revolución industrial, Darwin observaba el crecimiento de la miseria y la pobreza, y estuvo influido y ligado a las políticas de laissez faire, propulsadas por Adam Smith, que proponían la menor intervención estatal (se postulaba hasta dejar de crear escuelas) a fin de que “naturalmente” se elimine a los desposeídos mediante una libre competencia.  La mano invisible del mercado se recreó en la Biología, a partir de Darwin, como la mano invisible de la acientífica selección natural. Con ella se pretendió y se pretende explicar el complejo proceso evolutivo. La economía secuestró de esta manera a la biología. Es debido a esta justificación de la explotación, base de la economía inglesa por aquellos años, la principal fuerza propulsora del darwinismo hasta su estado actual de dogma intocable. De hecho, la política expansionista e imperialista inglesa fue lo que llevó a que barcos como el Beagle, en el que viajó Darwin, inspeccionasen la naturaleza de Sudamérica.

Digámoslo claramente: El libro de Darwin fue un record de ventas (1250 ejemplares en su primera edición) debido a la segunda parte del título (la que generalmente se omite) en el cual la sociedad victoriana de la época encontró una infame explicación biológica a la explotación del hombre por el hombre y la existencia de seres “más aptos” o superiores. El concepto de raza superior era ahora justificado como “ley natural”. Pese a que los dogmáticos darwinistas nos relatan que Darwin encontró rechazo entre la jerarquía eclesiástica, y actualmente se sigue alimentando el falso debate darwinismo-creacionismo, Darwin fue apoyado por el X-club, una agrupación de la época integrada entre otros por Joseph Dalton Hooker, Thomas Henry Huxley, John Lubbock y Herbert Spencer que propulsaban las ideas darwinistas y contaban con un poder notable al controlar la Royal Society (Burton, 1998).

Tras el secuestro, las consecuencias han sido desastrosas para la biología, alejándose del desarrollo de la ciencia como la practicaban los antiguos naturalistas. Entre ellos Jean Baptiste-Pierre Antoine de Monet, chevallier de Lamarck, el creador del término Biología y el primero en formular una teoría acabada de la Evolución en su libro publicado en 1809, Philophie Zoologique. El hecho de que se soslayó el trabajo anterior a Darwin, en el cual la evolución ya era objeto de estudio, y hasta se despreció de manera tan abyecta la tarea de los naturalistas como es el caso de Lamarck, a quien se lo despacha livianamente con el ejemplo de las jirafas, nos habla que el relato oficial esconde algo más que una ingratitud hacia esos científicos. En muchos casos, el ninguneo va acompañado con la ferocidad innecesaria y la descalificación más grosera. ¿Por qué entonces, se nos mintió tanto tiempo? ¿Por qué se inventó a un genio en Darwin y hasta se lo conoce como el “inventor” de la evolución? Podemos entrever parte de la respuesta en los intereses que gestaron y formaron (o deformaron en) la Teoría Sintética de la Evolución, cargada de ideología y sostenida actualmente por intereses bastante alejados de la intención pura y honesta de explicar e investigar los fenómenos de la naturaleza.

  • Sin Comentarios
  • 1 voto

El secuestro de la Biología – (I)

La crisis del Paradigma

La biología se encuentra en crisis. Actualmente carece de un marco teórico que permita explicar los descubrimientos que se multiplican en los diferentes centros de investigación del mundo. El paradigma darwinista dominante, con su visión mercantilista de la naturaleza, provocó un alejamiento de la realidad y los complejos procesos naturales. La Biología se encuentra sin explicaciones frente a la complejidad de la naturaleza puesta en evidencia con cada descubrimiento y sin la posibilidad de controlar las consecuencias de lo que se intenta manipular, llevada hasta aquí por este dogma central de la biología, la teoría darwinista. La necesidad de reformular una explicación de la evolución, sin embargo, es ignorada o peor aún, desacreditada por los férreos defensores de la denominada teoría sintética de la evolución. También conocida como síntesis moderna integra el mecansmo de selección natural de Charles Darwin, la genética de Gregor Mendel como base de la herencia biológica, la mutación aleatoria como fuente de variación y la genética de poblaciones matemática. La teoría sintética atribuye a cambios aleatorios en el material genético, la fuente de variación (todo ocurre por el más completo azar) generando cambios en las especies seleccionadas de manera gradual.

Pero sucede que esta síntesis es incapaz de explicar los complejos procesos que constituyen la evolución, o para decirlo más apropiadamente, la transformación de las especies. Aquí hay que mencionar que es un error igualar los términos evolución y darwinismo: la evolución es un hecho comprobado, en tanto que el darwinismo es una teoría que pretende explicar la evolución, basándose en la selección natural, un mecanismo vagamente definido cuyo origen se remonta a la práctica de los ganaderos y criadores que seleccionaban características anormales en función de sus intereses. Según esta hipótesis, la Naturaleza ejercería una misma selección de los seres “más aptos”. El doctor Máximo Sandín, bioantropólogo de la Universidad Autónoma de Madrid, asegura en su artículo “Teoría Sintética, Crisis y Revolución”, que “a partir de los descubrimientos de la Genética Molecular, y especialmente de la Genética del Desarrollo, la implicación de elementos móviles, virus endógenos, secuencias repetidas, genes homeóticos convirtieron lo que eran discrepancias con el registro fósil y la observación de las especias, en una abierta y clara contradicción entre la basa teórica y los datos observados” (Sandín, 1997).  La teoría darwinista de la selección natural no es científica porque es una tautología. Un artículo muy interesante al respecto es el de Robert Peters, publicado en 1976, titulado “Tautología en evolución y Ecología”. El autor expresa que la teoría de la selección natural, un concepto nunca definido claramente por Darwin, determina que sobreviven los más aptos, pero ¿los más aptos para qué? Para sobrevivir. Lo cual constituye una clara tautología. Peters argumenta además que una teoría debe ser capaz de establecer predicciones acerca de los resultados o posdicciones cuando se trata de inferencias en el pasado, criterio que no cumple la selección natural concluyendo que esta “teoría” no es científica (Peters, 1976).

hd-darwinismo-arwards

Las pruebas evolutivas aportadas por la ontogenia, las aportadas por el registro fósil, los homeoboxes, las novedades morfológicas, la transferencia horizontal, la integración de genomas, la presencia en alto porcentaje de genes bacterianos y virales en los genomas eucariotas, la respuesta al ambiente y los fenómenos epigenéticos, los sistema autoorganizados, son algunos de los aspectos que conforman el cúmulo de conocimientos que no pueden ser explicados por la teoría de la competencia, la selección natural, las mutaciones puntuales y el azar darwinistas. Los continuos descubrimientos confirman que la complejidad de la naturaleza y un proceso tan complejo como es la evolución no pueden explicarse por un mecanismo tan simple como lo es la selección natural. La idea de la selección natural es poderosa por ser tan simple. Las remodelaciones embriológicas y genómicas que construyen la evolución no parecen estar para nada explicadas con la supervivencia de los mas aptos (los menos aptos también reproducen), y con ese escenario guerrerista en que hasta los genes (palabra que hoy no tiene una clara definición dado que una secuencia de nucleótidos aislada y sin un contexto, no significa mucho) compiten. Tal como señala el doctor Sandín en su artículo “Una nueva Biología para una nueva sociedad”, “el más grave daño del darwinismo fue el de convertir unos prejuicios culturales en conceptos científicos” (Sandín, 2009:559). Y el daño de esta visión deformada de la realidad no se ha limitado al ámbito científico. La selección natural va ligada a la concepción darwinista de que en la naturaleza todo es competencia, mientras que en los laboratorios las observaciones de cooperación, asociaciones simbióticas e integración de sistemas que intervienen en cada proceso celular (sistemas complejos) dejan poco margen a los errores aleatorios (Sandín, 2002; Buchanan, 2009).

Entre los científicos críticos del dogma dominante, se encuentran algunos darwinistas que intentaron explicar las falacias de la teoría dominante como Stephen Jay Gould y Lynn Margulis, el primero estableciendo la teoría del equilibrio puntuado y oponiéndose al gradualismo darwinista y la segunda estableciendo el papel fundamental de la simbiosis en los mecanismos evolutivos. Otros científicos que denuncian los orígenes e intenciones tras la máscara científica del Darwinismo se encuentran además de Sandín, Michael Behe, Niles Eldredge, Mauricio Abdalla y Guillermo Agudelo Murguia, entre otros. Algunos de ellos, propusieron y/o proponen la necesidad de establecer un marco teórico que permita explicar la evolución y permitir un nuevo enfoque y abordaje de las investigaciones y descubrimientos (Abdalla, 2006). Los científicos que, con gran espíritu crítico, exponen las falacias del dogma dominante planteando nuevas teorías con sustento científico, han recibido como respuestas por parte de los acérrimos defensores del pensamiento hegemónico, una mezcla de desprecio, ataques personales, y etiquetamientos de sus pensamientos, a fin de evitar una discusión seria, confirmando el vacío del sustento teórico actual y/o la incapacidad de comprensión y apertura por parte de los autodenominados grandes exponentes de la biología. Tales reacciones, sumada al elogio exacerbado de la figura de Darwin, adjudicándole una genialidad, originalidad, y hasta poderes de “iluminación” mental a partir del cual “todo esta ya explicado” rechazando cualquier uso de la razón, pone en evidencia lo que afirma Agudelo Murguia describiendo al darwinismo como la religión derivada del culto a Darwin (Agudelo Murguía, 2006).

Puede resultar decepcionante comprender que el sustento de la biología es una especie de nebulosa, una inercia científica y una imposición de un dogma cuyo origen es el sistema económico liberal. Plantear la necesidad de un sustento teórico nuevo que explique los complejos fenómenos evolutivos es imperioso. De la misma manera que la física sufrió etapas de crisis ante los nuevos descubrimientos y ante la incapacidad del paradigma dominante de explicarlos surgieron nuevas concepciones, nuevos paradigmas, es el momento de que lo mismo ocurra en la Biología, que permanece estancada en tautologías, en el mercantilismo y la soberbia ausencia de autocrítica.

Es curioso que simultáneamente la economía mundial atraviese una de sus mayores crisis, como una ironía de la historia. La historia que enlaza la economía a la Biología, o viceversa, se empezó a trazar en el pensamiento de Thomas Malthus, Adam Smith y Herbert Spencer, y se continuó con la extrapolación, por Charles Darwin, de aquellas teorías a la naturaleza.

(continuará)

ABDALLA, Maurício (2006): “La crisis latente del darwinismo”. Asclepio, LVIII-1. CSIC Madrid.

AGUDELO MURGUÍA, Guillermo (2006): “¿Es el darwinismo una religión?”. Página del Instituto de Investigación sobre Evolución Humana. http://www.iieh.com/index.php/evolucion/87-ies-el-darwinismo-una-religion.

BUCHANAN AV, SHOLTIS S, RICHTSMEIER J, WEISS KM (2009): “What are genes `for´ or where are traits `from´? What is the question?” Bioessays; Vol. 31, nº 2, pp. 198–208.

DARWIN, Charles (1859): El origen de las especies (Del origen de las especies por medio de la Selección Natural, o la conservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida). Buenos Aires, Ediciones Libertador, Centro Editor de Cultura, 2003.

LAMARCK, J.B. de M. (1809): Filosofía Zoológica. (Traducción al español). España, Editorial Alta Fulla, 1986.

Peters, RH. 1976. Tautology in evolution and ecology. American Naturalist 110:1-12.

SANDÍN, Máximo (1997): “Teoría sintética: Crisis y revolución”. Arbor, nº 623-624. Tomo CLVIII. CSIC. Madrid.

SANDÍN, Máximo (2000): “Sobre una redundancia: El darwinismo social”. Asclepio Vol. LII, nº 2, pp. . CSIC Madrid.

SANDÍN, Máximo (2002): “Una nueva biología para una nueva sociedad”. Política y Sociedad, Vol 39, nº 3, pp. 537-573.

  • Sin Comentarios
  • 1 voto