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Patricia Troncoso, un alerta para la bioética

El reciente asesinato del joven mapuche Matías Catrileo en el sur de Chile y la gravísima situación de salud de Patricia Troncoso, dirigente mapuche en huelga de hambre desde hace más de 100 días, nos obligan a las siguientes reflexiones.

La bioética latinoamericana ha ignorado hasta ahora (con honrosas excepciones), el escándalo moral que supone la persistencia de la situación colonial de los pueblos originarios de la región, contribuyendo de hecho a su invisibilización. Esto no es casual ya que

“a medida que se desarrollaba la historia, las elites colonizadas latinoamericanas incorporaron la visión de los conquistadores como propia, replicando así el punto de vista de los colonizadores y colaborando con la dominación colonial. Los círculos académicos y la producción de conocimiento funcionaban como depositarias de la concepción del mundo de la ilustración y proveían a las clases dominantes nativas de una noción de la “cultura” y la “civilización” adecuadas para su rol histórico de administradores locales de la estructura colonial. La mayor parte de las veces las miradas eurocéntricas eran incorporadas de una forma “natural”, como el producto obvio del espíritu de la humanidad…” (5)

Así, se comprende tanto la pregunta sarmientina “¿Qué le queda a esta América para seguir los destinos prósperos y libres de la otra?” como su respuesta “Nivelarse; y ya lo hace con las otras razas europeas, corrigiendo la sangre indígena con las ideas modernas, acabando con la edad media” (la negrita es de BQ). Con gran honestidad intelectual Eduardo Grüner, profesor de Teoría Política en la UBA se pregunta “¿que podíamos decir los argentinos sobre esta cuestión [los 500 años de la conquista], cuando en realidad, culturalmente hablando, formamos parte de los ‘descubridores’ y no de los ‘descubiertos’?” (3).

Reconociendo esta deuda Raúl Fornet Betancourt plantea que la interculturalidad es una “asignatura pendiente en la filosofía latinoamericana”, y lo mismo puede decirse respecto a la bioética. La situación de los pueblos indígenas no ocupa un sitio central en reuniones, congresos y publicaciones en nuestra región. Dice Fornet Betancourt

“Mi sospecha aquí es que la filosofía latinoamericana, como deja claro el título del trabajo, no ha sabido responder todavía al reto del tejido intercultural que caracteriza la realidad cultural de América Latina. Por eso hablo de la interculturalidad como ‘asignatura pendiente´; y la llamo así porque entiendo que, […] la interculturalidad no es un reclamo de ahora, fruto de la difusión de una nueva moda filosófica, sino más bien una demanda de justicia cultural que se viene formulando desde hace siglos en la historia social e intelectual de América Latina.” (2)

Subyace a los diversos planteos desde la bioética una concepción de la ciencia, la cultura y la investigación científica, y en última instancia, una concepción del mundo. Si bien no es el objetivo de esta nota un análisis a fondo del tema, cabe anotar algunas observaciones pertinentes sobre nuestra región. Según Mignolo “la ideología del desarrollo y la modernización en la economía y la política oficial corrieron paralelas a las posiciones críticas que asumieron que la modernización del pensamiento sólo podía darse mediante la importación de pensamiento crítico que respondía a las geopolíticas de las historias de Inglaterra, Francia o Alemania y no a la producción de pensamiento crítico correspondiente con las historias coloniales de las distintas regiones de América Latina”. (6) (7) De la importación acrítica de pensamiento, sobre todo en lo económico, podemos dar triste testimonio los latinoamericanos con nuestras décadas perdidas.

Para Stavenhagen “Las élites latinoamericanas se consideraban parte de la civilización occidental, debido a la religión, el idioma y el ethos cultural. El hecho de que a principios de este siglo la mayoría de la población en numerosos países continuara hablando uno de los cientos de idiomas indígenas existentes y continuara viviendo en comunidades cerradas, semi aisladas o tribales, de acuerdo a costumbres y tradiciones propias (a pesar de que gran parte de esta población había sido convertida por la fuerza al catolicismo a principios de la colonización), no alteró básicamente la percepción nacional que las clases dominantes tenían de sí mismas”.(8)

Álvaro Bello, en un texto imprescindible sobre la etnicidad latinoamericana, alerta sobre la importancia de los reclamos indígenas y su reciente difusión social:

“Durante los años noventa hubo una eclosión de movimientos indígenas en el continente, que surgieron a la luz de las dramáticas transformaciones políticas y económicas iniciadas en las décadas anteriores y que desde un principio fueron considerados como `nuevos movimientos sociales’, un rótulo que limitó su comprensión sumándolos a una serie de otros movimientos sociales que poco tienen que ver con la etnicidad. De cualquier modo, los movimientos indígenas comenzaron a ser caracterizados más que por el fondo de sus demandas, por las formas de éstas, y aunque las formas importan sobremanera en política, muchas de las caracterizaciones sobre los indígenas se quedaron en la superficie. Sólo en los últimos años se comenzó a considerar el estrecho vínculo que existe entre las demandas indígenas y los contextos sociales y políticos en que éstas se han construido. Tal vez lo más importante de esto es que los movimientos indígenas demandan no sólo la restitución de sus bienes materiales, como la propiedad y el goce real de la tierra y los recursos naturales, sino también autonomía territorial y autodeterminación, derecho a expresar y mantener sus identidades colectivas, educación bilingüe intercultural, reconocimiento constitucional como pueblos indígenas, participación política, y derechos preferenciales sobre las aguas y el subsuelo, entre otras demandas”. (1)

Pero el hecho concreto es que los pueblos indígenas de Latinoamérica y el Caribe sufren de una situación signada por las consecuencias del despojo colonial y la discriminación y explotación actuales. Sus derechos humanos son sistemáticamente violados en toda la Región, con escasas excepciones. Su situación general, y en particular su situación sanitaria es peor que la del resto de los habitantes en casi todos los países. Esta situación, a la que hemos llamado más arriba escándalo moral, plantea un sinnúmero de problemas y dilemas éticos, y se inscribe en debates como el que gira en torno a la justicia cosmopolita, el universalismo y el particularisno cultural, las distintas concepciones de los derechos humanos, etc.

El estado de salud de Patricia Troncoso arroja un nuevo cono de sombras en el que, paradójicamente, se iluminan las consideraciones precedentes. Su situación es de extrema urgencia y su actitud personal, mantenida pese a ser sometida a tratos inhumanos, crueles y degradantes como la alimentación contra su voluntad, debería ser un acicate para todos los que creemos que la bioética debe involucrarse en el día a día ético y político de nuestra región, en el que emergen injusticias históricas persistentes que requieren reparación. La búsqueda de un diálogo “multiversal” sobre tradiciones, pasados y presentes en nuestra América parece presentarse como una necesidad. No intentarlo, en tanto se mantiene una mera actitud de protesta contra el “imperialismo ético” resulta, al menos, contradictorio.

BQ

Fuentes de información

Naciones Unidas: Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas http://www.politicaspublicas.cl/declaraciononu/2007_09_07_PROYECTO_DE_RESOLUCION_ONU.pdf

Fernández Retamar R (2006). Pensamiento de nuestra América. Autorreflexiones y propuestas. Buenos Aires: CLACSO. Texto completo en: http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/campus/retamar/retamar.html

Lander E (comp.) (1993) La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas. Santiago Castro-Gómez, Fernando Coronil, Enrique Dussel, Arturo Escobar, Edgardo Lander, Francisco López Segrera, Walter D. Mignolo, Alejandro Moreno, Aníbal Quijano. Buenos Aires, CLACSO. Texto completo en: http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/lander/lander.html

- Azkintuwe periódico digital mapuche – http://www.nodo50.org/azkintuwe/

- Quechua Network – http://www.quechuanetwork.org/

- Aymara Net – http://www.aymaranet.org

Referencias

(1) Bello A (2004). Etnicidad y ciudadanía en América Latina. La acción colectiva de los pueblos indígenas. Santiago, Libros de la CEPAL. Texto completo en http://tinyurl.com/39et8v

(2) Fornet Betancourt R (2003). Interculturalidad: Asignatura pendiente de la filosofía latinoamericana. Para una revisión crítica de la filosofía latinoamericana más reciente. http://www.afyl.org/articulos.html

(3) Grüner E. (2002) La rama dorada y la hermandad de las hormigas. La “identidad” argentina en Latinoamérica: ¿realidad o utopía?. En Filosofía Política Contemporánea, Controversias sobre civilización, imperio y ciudadanía. A. Borón (comp), Buenos Aires, CLACSO.

(4) IWGIA – El Mundo Indígena 2007. Para tener un panorama detallado del estado de cosas en la actualidad ver el informe país por país del Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas.

(5) Justo L. 2004. In a Colonized Voice: towards an Anthropophagic Bioethics? Manuscrito no publicado, rechazado por una revista internacional de bioética por ser demasiado “local”.

(6) Mignolo, Walter. 2000. “Border Thinking and the Colonial Difference.” In: Local Histories/Global Designs: Coloniality, Subaltern Knowledges and Border Thinking. New Jersey: Princeton University Press.

(7) Quijano, Anibal, 2000. “Coloniality of Power, Eurocentrism, and Latin America”. Nepantla: Views from the South – Volume 1, Issue 3, pp. 533-580. Ver, en el mismo número de Nepantla, los trabajos de Dussel, Mato and Lander.

(8) Stavenhagen R. Derecho indígena y derechos humanos en América Latina. Citado por Lander E. en América Latina: Historia, Identidad, Tecnología y Futuros Alternativos Posibles. La ciencia y la tecnología como asuntos políticos. Los límites de la democracia en la sociedad tecnológica. Caracas, Nueva Sociedad, 1994.

Los quilombos en el reparto de la renta ¿propiedad comunal, renta básica, competencia individual?

Uno de los temas cruciales en todas las sociedades es el reparto de la renta. O sea ¿que le corresponde a cada uno de lo que hay? Como latinoamericanos gozamos (¿?) del dudoso privilegio de vivir en la región mas polarizada del mundo, en la que el desequilibrio entre quienes más y quienes menos tienen es el mas pronunciado. Como todo el mundo sabe, esto enferma.

Entre los quilombolas –así como en muchos de nuestros pueblos originarios- la propiedad de los medios de producción era comunal, y su trabajo y beneficios también lo eran. Sin embargo, en gran parte del mundo la propiedad de los medios de producción es de agentes privados, que la han conseguido (lícitamente según Nozick), a través de su trabajo o de la herencia. Dado que la transmisión intergeneracional de la riqueza y la pobreza es un hecho conocido, cabría preguntarse acá en que medida esto no está orientado hacia mantener el estado de cosas existente, en ausencia de una real igualdad de oportunidades (es muy difícil salir de pobre, y es bastante más fácil mantenerse rico). Pero aún dentro de los sistemas que admiten esta propiedad privada los hay más y menos justos en la distribución de las rentas que la misma produce. Una de las propuestas mas importantes en la actualidad de la de la Renta Básica, en la cual cada persona recibiría una cantidad X de bienes (dinero), por el solo hecho de serlo. Veamos de que se trata.

María Julia Bertomeu y Daniel Raventós la definen así:

La Renta Básica es un ingreso pagado por el estado a cada miembro de pleno derecho de la sociedad o residente, incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, sin tomar en consideración si es rico o pobre, o dicho de otra forma, independientemente de cuáles puedan ser las otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quién conviva.”

Se fundamenta en dos convicciones

“Una: que ser libre es estar exento de pedir permiso a otro para vivir o sobrevivir, para existir socialmente; quien depende de otro particular para vivir, es arbitrariamente interferible por él, y por lo mismo, no es libre. Quien no tiene asegurado el “derecho a la existencia” por carecer de propiedad, no es sujeto de derecho propio –sui iuris—, vive a merced de otros, y no es capaz de cultivar ni menos de ejercitar la virtud ciudadana, precisamente porque las relaciones de dependencia y subalternidad le hacen un sujeto de derecho ajeno, un alieni iuris, un “alienado”.
Y la otra: que sean muchos (democracia plebeya) o pocos (oligarquía plutocrática) aquellos a quienes alcance la libertad republicana, ésta, que siempre se funda en la propiedad y en la independencia material que de ella deriva, no podría mantenerse si la propiedad estuviera tan desigual y polarizadamente distribuida, que unos pocos particulares estuvieran en condiciones de desafiar a la república, disputando con éxito al común de la ciudadanía el derecho a determinar el bien público. Como famosamente observó Maquiavelo, cuando el grueso de la propiedad está distribuido entre un puñado de gentilhuomi (de magnates), no hay espacio para instituir república alguna, y la vida política sólo puede hallar algún esperanza en la discreción de un príncipe absolutista.”

Bertomeu y Raventós finalizan afirmando que

“una buena Renta Básica de ciudadanía, entendida como forma de garantizar las condiciones materiales de existencia, aumentaría la libertad de la ciudadanía; haría a los pobres y a los desposeídos más independientes, más capaces para hacer oír su voz; de resistir más articuladamente los procesos de desposesión que tienen lugar en todas partes en el nombre de la globalización. La Renta Básica posibilitaría que no tuvieran que vivir con permiso de otros. Lo que es una buena razón para tomarse muy seriamente la propuesta de la Renta Básica.”

El derecho de existencia y la Renta Básica de ciudadanía: una justificación republicana, Revista Sin Permiso, 12/3/06. Texto completo acá.

María Julia Bertomeu es filósofa por la Universidad Nacional de La Plata. Profesora titular ordinaria de Ética de la Universidad Nacional de La Plata e Investigadora del Conicet, Argentina. Daniel Raventós es economista y profesor titular de Sociología en la Facultad de Económicas de la Universidad de Barcelona, y presidente de la Red Renta Básica (www.redrentabasica.org); autor de El derecho a la existencia (Barcelona, Ariel, 1999). Ambos son miembros fundadores de la revista sinpermiso (www.sinpermiso.info).


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