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De padres e hijos: Alf Lennon, padre de John

El marinero bajó del barco junto con sus amigos, con el mejor de los humores y expectativas respecto al puerto en donde habían atracado. Una ciudad moderna, algo de dinero en los bolsillos y diversión asegurada estaban en el norte inmediato de quienes habían estado viajando a lo largo de algunas semanas cumpliendo funciones dentro de un barco británico de la Royal Mail.

Quedaría muy bien a los fines de esta crónica contar que el marinero pensó por lo menos durante unos minutos, con cierta nostalgia, en su pequeño hijo en la lejana Liverpool. Pero, seguramente, es muy posible que la realidad no haya sido esa.

De carácter afable, alegre y despreocupado, el marinero hacía meses que no veía al pequeño, en gran medida por culpa de las cirscunstancias de su trabajo: las personas que cubrían servicios en buques para la Inglaterra de aquella época debían estar a disposición de cualquier llamado para viajar casi sin aviso previo por semanas.

Luego de una breve recorrida por las calles céntricas, el grupo de compañeros se dirigió a un local bailable. El plan, repetido pero no por ello menos atrayente, era pasar en el sitio hasta el día siguiente en compañía de tragos y señoritas locales para mitigar en parte la larga travesía.

Algo interrumpiría el plan: en cierto momento una redada policial interrumpió la diversión. La policía local, en una inspección de rutina, solicitó documentos a todos los presentes. La acción del dueño del local no pudo o no qiuso impedir la pesquisa, ya que la misma parecía muy tranquila.

De hecho lo fue. Nadie fue molestado demasiado, salvo el marinero de nuestra historia. Al presentar sus documentos, la policía local malinterpretó su nombre y lo asoció con el de un delincuente buscado en la ciudad.

La noche del marinero, y de hecho casi toda su estadía en tierra, terminó en la carcel local hasta tanto se clarificaran sus antecedentes. Fueron dos noches detenido que si bien contaron con un trato relativamente cordial, llevaron lejos sus sueños de placenteras horas de diversión y esparcimiento.

Allí, detenido, es mas que probable que el marinero haya pensado en su familia, movido por la melancolía de las expectativas truncas. Además, apuesto a que no pudo dejar de pensar en todos los contratiempos que lo habían acechado durante su vida, muchos de los cuales habían conspirado para alejarlo de su ser mas querido.

Su hijo John Winston.

La historia de Alfred “Alf” Lennon es bastante insólita independientemente de haber sido el padre de uno de los mayores ídolos del rock de todos los tiempos, y está plagada de curiosidades e historias insólitas que bien podrían merecer un libro por derecho propio. Iremos contando alguna con el paso del tiempo.

Su relación con John es poco conocida, y muchos de los hechos que trascendieron al público han sido contados directamente por John. Es una lástima que John no haya contado las cosas exactamente como fueron, ya que, por un lado no las conocía correctamente, y por el otro siempre guardó un fuerte resentimiento contra el hombre que, equivocadamente, pensaba que había abandonado a él y a su madre Julia.

Es también una lástima que no se sepa, o que John no haya tenido en claro, que una de las personas que él mas quería había sido una de las culpables directas de su crecimiento sin figura paterna.

De todas maneras, el mismo Alf es culpable de varios de los motivos por los que el alejamiento de John se consolidó hasta ya comenzada la Beatlemanía. Una serie de hechos, algunos fortuitos (como el que se relata al comienzo de este post) y otros mas culposos atentaron contra su carrera en la marina y contra su posibilidad de estabilizarse y sentar cabeza.

La anécdota del comienzo no puede, ni quiere, echar la culpa del alejamiento entre padre e hijo a la policía de aquel país, aunque sin dudas puso un pequeño ladrillo en la pared: a su regreso Alf solamente pudo encontrar trabajo en el buque Dominion Monarch como limpiador de zapatos, primero, y como custodio de la platería después.

Muy poco para presentarse ante la exigente familia Stanley, custodios de John, y reclamar con la cabeza en alto su derecho a ser parte de la vida de su hijo.

Nuevamente, lo ocurrido en esa lejana ciudad contribuyó a dar un empujoncito mas en una historia complicada.

Pequeño empujoncito, casi nada, comparado con tantos otros sueños e historias que se truncaron en la ciudad-puerto de Buenos Aires, en la Argentina.