QUIEN SABE ALICIA Cap. Final De las chicas malas que nunca irán al cielo (y… qué?)
Capítulo
Final
Alicia sentía como el suelo se abría debajo de sus pies.
Trataba de controlar su respiración, pero su pecho comenzó a aletear ansioso.
Mientras, intentaba que su rostro no se desfigure por el temor y la incertidumbre.
Procuró relajar los músculos del cuello y se dijo para sí:
-esto, también pasará- .
Observó al chico fumando de costado. Daba profundas caladas nerviosas que remataba con un movimiento con la punta de la lengua. Recorriendo su labio inferior. Una y otra vez, repetía el gesto. Lo observó y se preguntó si tendría madre, si tendría hijos, si tendría hermanos. También se preguntó cuantos dólares ganaría él en esto.
Lo compadeció.
Miró a la chica que mascaba chicle graciosamente, como si estuvieran de paseo en un centro comercial.
Contempló el mechón de pelo que caía sobre su frente, las pecas que le recorrían la nariz, el rubor de sus mejillas. La vio tan frágil y tan sola .
Tan inocente y tan inconsciente.
Con la imprudencia de quien ya no se interesa por sí mismo.
La compadeció.
El oficial de gafas, con los documentos en la mano, dijo:
-Melanie Suarez Castillo, girl, the game is over, go on-
La chica lo siguió con la mirada perdida, con gesto cansado, entregada a su destino. Sin llantos, en silencio.
Alicia y el chico, quedaron solos, un rato sin moverse, al costado del camino.
No se cruzaron ni palabras, ni miradas.
Y al cabo de un tiempo, caminaron agotados hacia el coche.
Al anochecer, el chico la dejó en la Estación de Buses de Odessa.
Casi ni se saludaron al despedirse. Gestos apurados, rehusando mirarse . Como queriendo que pase pronto este episodio de sus vidas. Queriendo dejar atrás la sensación amarga de transitar una frontera que rechaza, esquiva y humilla.
Alicia buscó un hotel. Entró a la habitación, se dejó caer en la cama, rendida, exhausta. Cerró los ojos y recordó uno a uno los episodios del viaje.
Se le puso la piel de gallina y su alma tembló . Comenzó a llorar .
Lloró al comienzo, suavecito y de a poco, el llanto se volvió sollozo, quejido, lamento.
Lloró de pena, de dolor, de soledad, de desencanto, de miedo. Lloró hasta quedarse dormida.
A la mañana siguiente tomó un avión con rumbo a Chicago.
Llegó a casa.
Estaba con prisa, tenía mucho por hacer.
Revisó su ropa y separó alguna.
Armó una valija mediana.
Llamó a sus 3 amigas y les dijo que tenía ropa para ellas.
Que la dejaría en la portería.
Cargó en su camioneta todos los equipos electrónicos, los vendió en la tienda de segunda mano.
Llamó a su jefe para pasar a cobrar un resto que le debía y, de paso, despedirse.
Volvió a su casa, llenó la bañera, se sumergió hasta que el agua arrugó sus dedos.
Luego se vistió despacio.
Se secó el pelo.
Se maquilló cuidadosamente.
Roció su cuello con perfume.
Tomó un taxi hasta el aeropuerto.
Compró un pasaje a Madrid. Y mientras tomaba café en el bar y esperaba la hora de embarcar empezó a soñar.
Planeaba “colonizar” todos los centros comerciales de la Península Ibérica.
Quería ganar dinero, comprarse un coche nuevo, una casa, perfumes y ropa en el Corte Inglés.
Quería una vida parecida a esas vidas que le mostraban las comedias españolas.
Y, si…su vida en España, fue similar a la de una peli.
Algún día, les contaré, jeje.
Cualquier semejanza parcial o total con los personajes de este cuento es mera coincidencia
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Capítulo 1
