Archivo para la categoría ‘yo, la escribidora’

Sal con una chica que no lee.

“[...] Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.”

Sal con una chica que no lee (por Charles Warnke en El Malpensante).

palabras

Adeu, t’estimo.

Autor: Gloria Llopiz

Voy a morir mañana y tú, tan pancho. Me voy a despedir del ancho mundo, sin aviso pero con arte y tú, tan…ancho.

Me “comí” días con ganas de follar, con ganas de salir a la calle del brazo de “mi” hombre (?). Con deseos que llegue el ascensor a mi piso, la puerta se abra, y de él salgas tú y tu sonrisa.

Siempre quise llamar tu atención, a veces lo conseguí y otras quedé fuera. Fuera de tu vida entera. Miento, me diste un bello lugar en el back stage,

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La criatura, el hoyo y la princesa descalza.

Presenta: Gloria Llopiz

para el Club de la Marmota

La criatura vivió en el hoyo y no hay registro desde cuando. La circunstancia que llevó a la criatura a ese sitio se desconoce, lo que está claro es que habitó allí con gran disimulo. Por otro lado, se sabe, que alguna vez, fue un ser humano común y corriente. Tuvo madre, padre, hermana y kindergarten. Nunca fue un  ser humano muy amable y no le interesó caer bien. Mientras vivió en el plano de la normalidad tuvo experiencias de intercambio cotidiano con gente que fue amiga, vecina, compañera de facultad y alguna que otra amante. Si bien ya mostraba señales de ser un ser “extraordinario”, podían interpretarse como excentricidades de alguien un tanto raro.

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Be careful, Gloria Llopiz, editorial de fin de año.

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Este fin de año me “pilla” en la patria, si bien yo tengo varias patrias, Argentina es el pedazo del planeta en donde me reconozco hasta en el último átomo que me da forma.

Aquí todo tiene más intensidad, un vértigo único, un color casi brutal que nos permite distinguir entre la biblia y el calefón (aunque a veces parezca lo contrario).

En medio de piquetes, tomas de espacios públicos, programas bizarros de TV, “guerrilla” entre políticos y gremialistas, anda el argentino medio “graduándose” en salud mental.

Hay que estar muy cuerdo para resistir y superarse después de “cocerse” cada día en este caldo.

Ole tus narices, argentino!

Termina un año fuerte para mí, apasionado, loco, delirante, profundo.

Un año de amor agudo y de despedidas para siempre (tengo una tumba más para visitar en el cementerio de Bragado, la del hombre más importante de mi vida).

Un año bisagra con algunos adioses liberadores.

Un año con reencuentros que reafirman la existencia de lazos eternos (hay seres que serán mis “socios” por siempre).

Un año en el que me choqué de trompa con el diablo (creo, por primera vez) y si bien se tambaleó mi altar adonde tengo a San Expedito y a Lacan, salí ilesa, confirmando una vez más, que voy por el sendero del bien y que soy un buen soldado.

Crecí un palmo y me di cuenta (a veces voy tan rápido que no me entero de nada).

Me conozco y me reconozco. Me confirmo y me reafirmo. Me perdono y si no me gusta, re direcciono.

Tenemos toda la vida para intentar ser lo que haremos de nosotros mismos.

Gloria Llopiz

El buey solo bien se lame.

Instantáneas de Ficción – 9na Convocatoria Literaria

Bicho Letrasbicho

Freedom-by-Wolfram-Schubert

“Ven, mi amor”, me dijo ella, “ven conmigo, nadie te amará como yo”.

Una revelación se apoderó de mi espíritu.

¿Quién me habría mandado a vivir sin amor?

Me volví loco de contento. Flotaba, como “colocado”,  detrás de sus faldas.

¿Quién me habría mandado a vivir sin “su” amor?

Yo la seguí a la cama, a la cocina, al aeropuerto y a la cornisa.

Desde la cornisa se arrojó.

“¿Habré sido yo?” me pregunté llorando y ahí quedé aturdido,

juntando sus pedazos y mis pedazos durante meses.

Un tiempo después, deposité los de ella en su tumba y

puse  los míos dentro de una maleta.

Salí, otra vez a la ruta, repitiendo este mantra:

“El buey solo, bien se lame”.

Autor: Gloria Llopiz

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EL AMOR ES UN DEPORTE DE CONTACTO (De las chicas malas en medio del game)


“El gran hombre modifica como el tigre” Confucio

170 pulsaciones por minuto de un cuerpo húmedo y caliente. La lengua intenta mojarse dentro de la boca que entre abierta echa vientos hacia afuera. El aire que inspiró con ansiedad por la nariz es despedido por los labios agitados. Tienen poco tiempo percibe la carrera de una rival en su espalda y siente miedo de que la alcance. Siente ansiedad por lograr suficiente velocidad. Se sabe sola en un campo lleno de oponentes y ninguna compañera a la vista pero ella conoce muy bien eso de estar sola y esquiva a tiempo el tackle francés de una full back que cae de bruces con las manos vacías. No pudo con ella. Ella siente el “chute” de una descarga de adrenalina, resopla y se escurre aliviada mientras corre más y más veloz. Se recupera en goce y tiene estímulo en su carrera. Al fin la H es un hecho. Cae triunfante y logra el try.

 

El amor es un deporte de contacto. (Hay que entrenarse compañeros.)

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